Medu Art Ensemble (Botsuana), Shades of Change [Matices del cambio], 1982. Obra de teatro para dos personas, ambientada en la celda de una prisión, escrita por Mongane Wally Serote. Créditos: Medu Art Ensemble via Freedom Park

 

Queridos amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

En la antigua época de la liberación nacional, cuando las y los partisanos caminaban entre la gente de los pueblos rurales o de las pequeñas ciudades, llevaban su mensaje en la palma de la mano, el fusil colgado del hombro y periódicos y panfletos en el bolso. Dada la prevalencia del analfabetismo en el mundo colonizado, los partisanos solían reunir a la gente en torno a pequeñas hogueras y leer estos textos en voz alta (es apropiado que la palabra latina para “fuego” sea focus). Esta literatura de liberación nacional compartía teorías sobre la explotación y la opresión que tenían sentido para la gente y la animaban a unirse a la lucha a su manera.

Los periódicos y panfletos compartían no solo información, sino también importantes análisis de la lucha en curso, con poemas originales, obras de teatro, cuentos y dibujos entretejidos. Estas obras creativas se publicaban junto a textos de formación didácticos en publicaciones periódicas como El Moudjahid (‘Los combatientes’), el periódico del Frente de Liberación Nacional de Argelia, Cờ Giải Phóng (‘Bandera de la liberación’), el periódico del Frente de Liberación Nacional de Vietnam, y Al Hadaf (‘La meta’), la revista del Frente Popular para la Liberación de Palestina.

En Al Hadaf y en su novela Umm Sa’ad sobre una mujer palestina que anima a su hijo a unirse a los fedayines (‘guerrilleros’), Ghassan Kanafani (1936-1972) demostró que no puede haber cabeza sin corazón. No puede haber conceptualización del mañana revolucionario sin un salto de la imaginación para hacer el viaje. La cultura es el espacio no solo para transmitir el mensaje, sino también para visualizar el futuro.

 

Medu members Lulu Emmig and Thami Mnyele (seated at the table in the front, from left to right), and others attend a Woman’s Day function at the Swedish Embassy in Gaborone, Botswana, 1981.Credit: Sergio-Albio Gonzalez via Freedom Park

Los miembros de Medu Lulu Emmig y Thami Mnyele (sentados en la mesa, de izquierda a derecha) y otros asistentes a un acto del Día de la Mujer en la Embajada de Suecia en Gaborone, Botsuana, 1981. Créditos: Sergio-Albio Gonzalez via Freedom Park

 

La cultura es un centro vital de lucha. Es donde las personas ven quiénes son, aprenden de lo que son capaces y se atreven a imaginar lo que les gustaría construir en este mundo. El arte en sí no cambia el mundo, pero sin dar vida a la imaginación a través del arte, nos resignaríamos al presente. Los artistas radicales aluden a la realidad, tratando de despertar la conciencia de personas que de otro modo no habrían considerado tal o cual aspecto de su relación con los demás. La función del arte es enfocar la atención de la gente y fomentar su confianza para luchar contra la miseria infligida a las grandes mayorías. Desarrollar esta atención y confianza allana el camino para que las organizaciones populares lleven adelante esta nueva conciencia y construyan un mundo mejor. El eslogan decimonónico de “el arte por el arte” es un grito de desesperación contra el verdadero propósito del arte en nuestra sociedad: inhalar el horror que nos rodea y espirar la belleza que nos inspira para cambiar ese horror.

El último dossier del Instituto Tricontinental de Investigación Social, La cultura como arma de lucha: El Medu Art Ensemble y la liberación del sur de África, adopta esta postura hacia el arte y la cultura. Medu (que significa ‘raíces’ en sesotho) fue un colectivo creado por artistas que participaron en las luchas de liberación del sur de África entre 1979 y 1985. Entre los cerca de sesenta artistas que pertenecían a Medu estaban los influyentes poetas Keorapetse William Kgositsile (primer Poeta Laureado de Sudáfrica) y Mongane Wally Serote (actual Poeta Laureado de Sudáfrica), el escritor Mandla Langa, los músicos Jonas Gwangwa y Dennis Mpale, y los artistas plásticos Thamsanqa ‘Thami’ Mnyele y Judy Seidman.

El dossier entreteje entrevistas originales con muchos de las y los artistas supervivientes e investigaciones que aportan las voces de quienes no sobrevivieron a la brutalidad del régimen del apartheid. Radicados en Gaborone (Botsuana), estos artistas procedían de diversas tradiciones políticas, como el Movimiento de la Conciencia Negra, el partido Congreso Nacional Africano y el Partido Comunista Sudafricano, y se inspiraban en la amplia tradición de los movimientos de liberación nacional, desde Vietnam hasta Chile. Juntos, el colectivo Medu se basó en la idea de Frantz Fanon de que “Es en el corazón de la conciencia nacional donde se eleva y se aviva la conciencia internacional. Y ese doble nacimiento no es, en definitiva, sino el núcleo de toda cultura”.

 

December 16 – Heroes Day, 1983.Credit: Medu Art Ensemble via Freedom Park

Medu Art Ensemble (Botsuana), December 16 – Heroes Day [16 de diciembre – Día de los héroes], 1983. Créditos: Medu Art Ensemble via Freedom Park

 

Medu, al igual que otros colectivos de arte arraigados en la liberación nacional, se inspiró en las luchas populares, como las luchas por hacerse con el control de la tierra, crear un proyecto anticolonial internacional (el movimiento panafricano) y construir un proyecto de liberación nacional (tal como se articuló en la Carta de la Libertad de Sudáfrica de 1955). Estos fueron los recursos que dieron confianza a las y los artistas de Medu cuando pintaban y cantaban entre la gente que participó en las huelgas de Durban de 1973 y en el levantamiento de Soweto de 1976.

A partir de esta energía y de su propia práctica, Medu elaboró una teoría del arte en torno a tres principios clave: el arte es un arma de lucha necesaria; el arte debe producirse en colectivos que trabajen en conjunto con el pueblo; el arte debe hacerse para que el pueblo lo entienda. Estos tres principios se articularon en sus debates internos y en encuentros como el Simposio y Festival de las Artes “Cultura y Resistencia” (celebrado en julio de 1982 en Gaborone), que reunió a cientos o miles de trabajadores culturales de dentro y fuera de Sudáfrica para impulsar la batalla cultural contra el apartheid. En conjunto, Medu construyó un cuerpo diferenciado de pensamiento y teoría del arte socialista.

Poco después, la noche del 13 de junio de 1985, un destacamento militar del Estado sudafricano del apartheid cruzó la frontera con Botsuana y allanó las casas de muchos artistas y activistas sudafricanos exiliados. Dos de las doce personas asesinadas esa noche eran miembros de Medu, entre ellos el importante artista visual y cartelista Thami Mnyele. La capacidad del grupo para continuar su trabajo y hacer avanzar su pensamiento quedó destruida.

Los regímenes del apartheid temen el poder inspirador de las artes y la imaginación. Responden con violencia.

 

Organisers prepare for the first session of the Culture and Resistance Symposium and Festival of the Arts, Gaborone, Botswana, 1982. Credit: Anna Erlandsson via Freedom Park

Los organizadores se preparan para la primera sesión del Simposio y Festival de las Artes “Cultura y Resistencia”, Gaborone, Botsuana, 1982. Créditos: Anna Erlandsson via Freedom Park

 

Treinta y ocho años después, esta guerra contra el arte y la cultura continúa, como estamos presenciando en el genocidio del apartheid israelí contra el pueblo palestino. Entre los numerosos pintores y artistas asesinados durante este bombardeo se encuentran la pintora Heba Zagout (1984-2023), el muralista Mohammed Sami Qariqa (1999-2023), la poeta y novelista Hiba Abu Nada (1991-2023) y el poeta Refaat Alareer (1979-2023). El poema de Alareer “Si he de morir”, escrito en 2011, ha calado hondo en personas de todo el mundo desde que fue asesinado por las Fuerzas de Ocupación israelíes el 7 de diciembre.

Si he de morir
que traiga esperanza
que sea un cuento.

Los israelíes conocen el poder de las palabras. El general Moshe Dayan dijo una vez que leer un poema de Fadwa Tuqan (1917-2003) era como “enfrentarse a veinte comandos enemigos”. En su poema “Mártires de la Intifada”, Tuqan escribió sobre los lanzadores de piedras palestinos. El poema mismo es una piedra arrojada a Israel:

Trazaron el mapa del camino de la vida
lo pavimentaron con piedras preciosas y con sus jóvenes corazones
elevaron sus corazones como piedras sobre sus palmas
brasas y llamas
Y con ellas acribillaron al monstruo del camino,
ahora es el momento de mostrar valor y fuerza,
su voz se oyó fuerte en todas partes
resonó por todas partes
y hubo valor y fuerza
murieron de pie
resplandecientes en el camino
brillando como estrellas
sus labios apretados contra los labios de la vida.

Cordialmente,

Vijay