Angela Davis with DDR Minister of Education Margot Honecker and Soviet cosmonaut Valentina Tereshkova, East Berlin, 1973. Credit: ADN-Bildarchiv.

Angela Davis con la ministra de Educación de la RDA, Margot Honecker, y la cosmonauta soviética Valentina Tereshkova, Berlín Este, 1973. Crédito: ADN-Bildarchiv.

 

Queridos amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Del 28 de julio al 5 de agosto de 1973, ocho millones de personas, entre ellas 25.600 invitados de 140 países, participaron en el 10o Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes en Berlín Este (República Democrática Alemana o RDA). El festival era una actividad clave organizada por la Federación Mundial de la Juventud Democrática (FMJD), creada en la Conferencia Mundial de la Juventud celebrada en Londres (Reino Unido) en noviembre de 1945. El festival de 1973 marcó un momento trascendental: los vietnamitas parecían en marcha contra las fuerzas estadounidenses mientras, de Mozambique a Cabo Verde, los pueblos de las colonias africanas de Portugal se preparaban para tomar el poder, y en Chile el gobierno de la Unidad Popular libraba una gran lucha contra las multinacionales del cobre y Washington.

A medida que se abrían múltiples posibilidades, los jóvenes sentían que tenían un auténtico futuro. Muchos de los participantes en el festival se habían radicalizado durante la campaña para sacar de la cárcel a la militante comunista y de los panteras negras Angela Davis, y allí estaba ella en el escenario de Berlín Este, junto a la cosmonauta soviética y primera mujer en el espacio Valentina Tereshkova. Las y los jóvenes asistentes escucharon música de más de 100 grupos y solistas de 45 países, entre ellos la sudafricana Miriam Makeba y los chilenos Inti-Illimani, que cantaron:

Venceremos, venceremos.
Mil cadenas habrá que romper.
Venceremos, venceremos,
al fascismo sabremos vencer.

Campesinos, soldados, mineros,
La mujer de la patria también,
Estudiantes, empleados y obreros,
Cumpliremos con nuestro deber.

Sembraremos las tierras de gloria.
Socialista será el porvenir.
Todos juntos seremos la historia
A cumplir, a cumplir, a cumplir.

 

10th World Youth Festival opening celebration on East Berlin’s socialist boulevard Karl-Marx-Allee. Credit: Bild und Heimat.

10o Celebración inaugural del Festival Mundial de la Juventud en el bulevar socialista Karl-Marx-Allee de Berlín Este. Créditos: Bild und Heimat.

 

La nuestra es una época muy diferente. Según un reciente estudio del Banco Mundial, de lxs 1.210 millones de jóvenes (entre 15 y 24 años) de todo el mundo, que representan aproximadamente el 15,5% de la población mundial, siete de cada diez «están económicamente desvinculados o poco comprometidos». Estas personas «no estudian, no trabajan y no reciben formación», también conocidas como NINI. Se calcula que en 2021, en todo el mundo, unos 448 millones de jóvenes estaban desvinculados o poco comprometidos, una cifra escalofriante. En América Latina, Asia Meridional y África Subsahariana, las tasas de desvinculación o infrautilización han superado el 70-80%. En conjunto, los jóvenes representan el 40% de la población desempleada del mundo. Sin duda, estos datos pesan mucho sobre las y los jóvenes: entre los 10 y los 19 años, uno de cada siete sufre problemas de salud mental, y el suicidio es la cuarta causa de muerte entre los adolescentes de 15 a 19 años. En Argelia existe una palabra para describir a estos jóvenes: hittis, que significa «muros» y se refiere a los jóvenes apoyados contra las paredes.

Los sentimientos de gran alegría y esperanza que impregnaban Berlín Este en 1973 simplemente no existen entre la mayoría de la juventud del mundo de hoy, quienes tienen alguna participación política están desmoralizados por el fracaso de las grandes potencias a la hora de actuar con rapidez para hacer frente a la catástrofe climática. Otrxs se encuentran atrapados en la vorágine de las redes sociales, donde los algoritmos están diseñados para crear un tipo de política apolítica, frecuentemente una política de malicia e ira en lugar de lucha y esperanza.

Por supuesto, hay focos de entusiasmo, luchas lideradas por la juventud en los frentes de la redistribución y el reconocimiento, en piquetes y marchas, enarbolando sus propias banderas que hacen eco de los lemas de la juventud de 1973. Se ven interrumpidos por las banalidades del neoliberalismo y les ofrecen falsas soluciones como las que se reflejan en las cursilerías de los títulos de los emblemáticos Informes sobre la Juventud Mundial de las Naciones Unidas «Emprendimiento social de los jóvenes» y «Compromiso cívico de los jóvenes». Sin embargo, las consignas juveniles en movimiento son más ricas y plenas que las soluciones que se les ofrecen, marcadas por la comprensión de que una tasa de desvinculación superior al 70% no se arreglará con formación profesional o emprendimiento social.

 

El grupo WIR actúa en Alexanderplatz durante el 10o Festival Mundial Créditos: Imago/Gueffroy.

 

Esta semana, volvemos la vista atrás al Festival Mundial de 1973 para reavivar nuestro sentido de las posibilidades aún disponibles para los jóvenes, el deseo de algo mucho más tentador que la esterilidad de las soluciones capitalistas. Nuestros colegas del Centro Internacional de Investigación DDR (IFDDR), con sede en Berlín, conmemoran el Festival Mundial de 1973 con una campaña del 28 de julio al 5 de agosto de 2023 sobre el impacto del festival en diferentes países, de Vietnam a Cuba, de Guinea-Bissau a Estados Unidos y Chile (puedes seguir la serie en los canales de redes sociales del IFDDR).

Un mes después de que finalizara el festival, un sector de los militares chilenos, dirigidos por el general Augusto Pinochet, salió de sus cuarteles, atacó al gobierno de la Unidad Popular del presidente Salvador Allende (que murió en la refriega) y comenzó a reprimir a todas las fuerzas de izquierda del país. En septiembre, en el 50th aniversario del golpe, el Instituto Tricontinental de Investigación Social junto con el Instituto de Ciencias Alejandro Lipschutz Centro de Pensamiento e Investigación Social y Política (ICAL) de Chile publicará nuestro dossier nº 68, El golpe contra el Tercer Mundo: Chile, 1973. El dossier proporcionará más contexto sobre ese golpe y su impacto global, que fue prefigurado por el tono del festival de la juventud de 1973, descrito en un artículo escrito por el IFDDR que se incluye en el resto del boletín de esta semana.

 

Chileans at the 1973 Festival. Credit: Jürgen Sindermann via Bundesarchiv Bild 183-M0804-0760.

Chilenos en el Festival de 1973. Créditos: Jürgen Sindermann via Bundesarchiv Bild 183-M0804-0760.

 

En 1970, la Unidad Popular, una coalición de fuerzas de izquierda, ganó las elecciones en Chile, y Salvador Allende se convirtió en presidente. La euforia por esta victoria reverberó en otros Estados socialistas, aunque la situación sobre el terreno seguía siendo tensa. El hecho de que el país, rico en recursos, quisiera emprender un camino independiente y tener soberanía sobre sus industrias extractivas —dominadas durante décadas por empresas estadounidenses y europeas— no fue aceptado por Occidente.

Las medidas de Allende, como la nacionalización del sector minero, provocaron a los que más podían perder: las viejas élites chilenas, los grandes terratenientes, las empresas extranjeras y sus gobiernos. Desde el principio, esta amenaza reaccionaria se cernió sobre la alianza progresista como una sombra oscura. Los ataques y asesinatos de representantes del frente popular no eran infrecuentes.

Ante la frágil situación de su patria, Gladys Marín, entonces secretaria general de las Juventudes Comunistas de Chile, subrayó en una entrevista: “El Encuentro de Solidaridad por Chile aquí en Berlín tuvo un peso internacional importante porque se celebró en un momento muy crítico para mi patria”. Encabezó la delegación chilena de 60 personas, compuesta por una muestra representativa de las organizaciones representadas en el Gobierno de coalición, en el 10o Festival Mundial en la RDA. Chile fue uno de los temas centrales del festival, donde la solidaridad con la Unidad Popular frente a la ofensiva imperialista resonó una y otra vez y Venceremos resonó entre la multitud.

Pero la certeza de la victoria experimentó un amargo revés. Poco después de regresar de un largo viaje como representante del nuevo gobierno que llegó hasta Asia, Marín se vio obligada a esconderse tras el golpe de Pinochet del 11 de septiembre de 1973. En Alemania Occidental, el golpe fue acogido con alegría, y el comercio con la dictadura de Pinochet se disparó. En 1974, las exportaciones de Alemania Occidental a Chile aumentaron más de un 40% y las importaciones un 65%. Franz Josef Strauss, político alemán occidental de larga trayectoria y presidente de la Unión Socialcristiana (CSU), comentó cínicamente el golpe en su momento: «En vista del caos que había reinado en Chile, la idea del «orden» de repente vuelve a sonar dulce para los chilenos».

Marín, ya en el exilio, repitió sus viajes a países hermanos. Este camino la llevó de nuevo a través de la RDA, entre otros lugares que ofrecían refugio a chilenos exiliados como Michelle Bachelet (que más tarde se convertiría en presidenta de Chile en 2006). Los sucesos de Chile profundizaron el movimiento de solidaridad en la RDA. Inmediatamente después del golpe, la gente se reunió espontáneamente en las calles de Berlín y expresó su apoyo a la Unidad Popular. El Comité de Solidaridad de la RDA creó el Centro Chile en Berlín, que coordinó la recaudación de fondos y la ayuda a casi 2.000 inmigrantes chilenos. Se lanzan campañas de solidaridad internacional, entre ellas una dedicada a la liberación de Luis Corvalán, secretario general del Partido Comunista de Chile. La visita de la delegación chilena al Festival Mundial a principios de ese año había consolidado el movimiento de solidaridad, que resultaría clave en los años posteriores al golpe de 1973. Como dijo Marín a los entusiastas jóvenes que la recibieron en el festival: «Hemos venido a Berlín con grandes expectativas… El festival reforzará aún más nuestra lucha mundial común contra el imperialismo».

 

Gladys Marin with Inti-Illimani at the Festival. Courtesy: Jorge Coulon.

 Inti-Illimani con Gladys Marín en el 10o Festival Mundial de la Juventud y los Estudiantes. Fotografías cortesía de Jorge Coulon.

 

Jorge Coulon, uno de los fundadores de Inti-Illimani, que viajó desde Santiago para cantar en el festival de Berlín, me contó lo siguiente:

…éramos parte de una delegación muy numerosa, dirigentes sindicales, artistas, trabajadores, organizaciones sociales, periodistas, estudiantes… Pocos meses antes Salvador Allende había definido Chile como un Vietnam silencioso, por la naturaleza solapada con que el gobierno de Nixon atacaba las bases de la economía chilena financiando además a las fuerzas interesadas en derrocar al gobierno de la Unidad Popular. En ese ánimo de resistencia y cobijados por la maravillosa solidaridad de los jóvenes del mundo cantamos en la inauguración el himno de la Unidad Popular y el mundo solidario y consciente coreó con nosotros el estribillo… ¡Venceremos, mil cadenas habrá que romper…!

Cordialmente,

Vijay