Malak Mattar (Palestina), Last Painting Before the 2021 War [La última pintura antes de la guerra de 2021], 2021.

Queridos amigos y amigas,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Esta semana, del 14 al 18 de octubre, la conferencia Dilemas de la Humanidad reunió a líderes políticos, activistas e intelectuales orgánicos de todo el mundo para debatir los problemas centrales que enfrenta hoy la humanidad y fortalecer las propuestas para abordarlos. Reunidos en Johannesburgo (Sudáfrica), las y los participantes contemplaron horrorizados cómo Israel intensificaba su guerra genocida contra el pueblo palestino. El 17 de octubre, undécimo día consecutivo de bombardeos, Israel conmocionó al mundo bombardeando el hospital árabe de al-Ahli, en la ciudad de Gaza, donde miles de civiles recibían tratamiento médico y buscaban refugio de los ataques. Según la estimación inicial del Ministerio de Sanidad de Gaza, más de 500 personas fueron asesinadas, aunque es seguro que esa cifra aumentará en los próximos días. Un día antes de la masacre, el Consejo de Seguridad de la ONU tuvo la oportunidad de aprobar una resolución que pedía un alto el fuego en Gaza, lo que podría haber evitado el bombardeo del hospital. Sin embargo, esta resolución fue bloqueada por Estados Unidos, Reino Unido, Francia y Japón.

Durante la sesión inaugural de la conferencia Dilemas de la Humanidad, en medio de lo que muchos han denominado una segunda Nakba, la militante del Partido Popular Palestino Arwa Abu Hashhash pronunció un apasionado discurso sobre el ataque a su país. El boletín de esta semana contiene su discurso, con las cifras y fuentes actualizadas al 18 de octubre.

 

Malak Mattar (Palestina), Olive Harvest [La cosecha de olivos], 2019.

Permítanme hablar en nombre de la delegación palestina que debía estar ahora entre nosotros pero que no ha podido asistir debido a las difíciles circunstancias y al asfixiante bloqueo que soporta actualmente el pueblo palestino. En este momento, mientras me dirijo a ustedes, el pueblo asediado de Gaza y Palestina se enfrenta a una operación genocida por parte de las fuerzas de ocupación fascistas sionistas. Por decimosegundo día consecutivo, la maquinaria de guerra israelí sigue masacrando personas palestinas, con el resultado de la muerte de niños, mujeres, jóvenes y personas mayores. Desde el 7 de octubre, más de 3.400 palestinos, muchos de ellos niños y niñas, han sido martirizados. Decenas de familias han sido completamente borradas del registro civil tras el martirio de varias generaciones, y se ha producido una terrible destrucción de infraestructuras, como hospitales, escuelas, mezquitas, iglesias, edificios gubernamentales y medios de comunicación. Esto ha provocado el desplazamiento de sus hogares de más de un millón de personas en Gaza, junto con un asedio asfixiante y un intento de matar de hambre a los más de 2 millones de habitantes de la región cortando todos los alimentos, medicinas, suministros de combustible, agua y electricidad.

El genocidio del pueblo palestino cuenta hoy con el apoyo inequívoco de las potencias imperialistas del mundo, principalmente Estados Unidos y algunos países occidentales aliados. Estos países están haciendo un terrible pero inútil intento de redefinir la esencia del conflicto palestino-israelí como una cuestión de terrorismo, comparando al pueblo palestino y su resistencia con ISIS, y poniendo a Hamás y al pueblo palestino en el mismo saco dentro de lo que ellos llaman la “Guerra contra el terror”. En su esfuerzo deliberado por establecer esta narrativa, estas potencias pretenden en primer lugar legitimar las matanzas y los crímenes cotidianos cometidos por Israel. Pretenden cegar al mundo ante la verdad que se esconde tras el actual conflicto y siguen ignorando y eludiendo la realidad de que la causa palestina es una cuestión de liberación nacional.

 

Malak Mattar (Palestina), Mother Nature Embracing the Boy and His Horse [La madre naturaleza abraza al niño y su caballo], 2023.

Al reunirnos hoy desde todas partes del mundo para debatir la crisis del sistema capitalista —para que podamos proponer alternativas para superar este sistema y formular una alternativa socialista— nos enfrentamos a una de las tareas más fundamentales, que requiere que identifiquemos con precisión las herramientas de este sistema. Para comprender la naturaleza del actual conflicto en Palestina, es crucial entender la ocupación israelí en la región árabe y del Magreb como una herramienta fundamental y una base militar avanzada que sirve a los intereses de los imperialistas en la región y asegura su control y hegemonía. Esto forma parte de la batalla de ideas, en la que hemos insistido repetidamente en nuestro trabajo en curso a través de Dilemas de la Humanidad.

Israel, que no existía hace 75 años, se estableció mediante uno de los actos de limpieza étnica más violentos de la historia moderna con el apoyo inquebrantable del imperialismo británico de la época y, más tarde, del imperialismo estadounidense junto con el francés y otras fuerzas europeas. Cuando estas potencias imperialistas trataron de apoderarse de los recursos de nuestra región y explotar sus riquezas, sus intereses convergieron con los del movimiento sionista, que se propuso resolver los problemas del pueblo judío en Europa estableciendo el Estado de Israel y colonizando tierras palestinas, desplazando a su población.

 

Malak Mattar (Palestina), Giving Birth in a Prison Cell [Dando a luz en una celda], 2022.

Estas fuerzas imperialistas, con Estados Unidos a la cabeza, han seguido apoyando y justificando la brutal agresión diaria del Estado de Israel contra las y los palestinos. Esta agresión incluye el robo de tierras, la demolición de viviendas, la construcción de asentamientos ilegales y el arresto, detención, humillación y asesinato diario de jóvenes, mujeres y personas mayores inocentes en Palestina.

Israel, tras apoderarse de la mayor parte de Palestina en 1948 y desplazar a casi 800.000 personas —la inmensa mayoría de la población en aquel momento— [en un acto de limpieza étnica conocido como Nakba] reocupó lo que quedaba de la Palestina histórica al apoderarse de Cisjordania y la Franja de Gaza en 1967. Desde entonces, Israel ha violado persistentemente todos los acuerdos internacionales construyendo más de 200 asentamientos ilegales, cada uno de ellos con miles de viviendas en las que ahora residen más de 700.000 colonos. La construcción de estos asentamientos implica no solo la confiscación de miles de hectáreas de tierra palestina, privando a muchas personas de sus tierras y medios de subsistencia básicos, sino también la separación de ciudades y pueblos palestinos entre sí, dificultando la circulación y movilidad de la población palestina y socavando la posibilidad de establecer un Estado contiguo, incluso en las zonas que todo el mundo reconoce como territorio palestino.

Además, Israel sigue reteniendo a más de 5.000 palestinos, entre ellos 1.264 “detenidos administrativos” recluidos sin cargos ni juicio —práctica prohibida por el derecho internacional—, así como a 170 menores de 16 años y 30 mujeres. Más de 1.000 de estos presos padecen diversos problemas de salud, 200 de ellos enfermedades crónicas, y se enfrentan a una negligencia médica deliberada por parte de las autoridades penitenciarias israelíes. Esto incluye no proporcionar los medicamentos necesarios, negar procedimientos quirúrgicos esenciales y mantener a los detenidos enfermos en confinamiento en lugar de proporcionarles atención médica en clínicas u hospitales.

 

Malek Mattar (Palestine), When Family Is the Only Shelter, 2021.

 

Gaza, a la que Israel somete hoy al genocidio más brutal utilizando cantidades descomunales de explosivos pesados y armas prohibidas internacionalmente, lleva más de dieciséis años sometida a un asedio asfixiante. Durante este asedio y bloqueo, Israel ha emprendido más de seis guerras sangrientas, que han causado miles de muertes, decenas de miles de personas heridas, muchas de las cuales sufrieron discapacidades permanentes, y el desplazamiento de tantas familias. Gaza se ha convertido en una prisión al aire libre para dos millones de palestinos y palestinas. Cientos de hogares, escuelas, universidades, lugares de culto y centros de salud han sido bombardeados y destruidos, lo que ha provocado una persistente crisis de desplazamiento para la población palestina, que en su mayoría ya eran refugiados expulsados de sus tierras durante la Nakba de 1948. En la actualidad, existe un intento explícito por parte de Israel de desplazar por la fuerza a quienes residen en Gaza, intento que no ocultan sino que expresan abiertamente en diversas emisiones de televisión.

Ante las consecuencias de la brutal colonización que el pueblo palestino ha soportado durante más de 75 años, las potencias imperialistas y sionistas occidentales han propagado un sinfín de falsedades para justificar su inquebrantable apoyo [a Israel]. Esto va desde describir la tierra palestina como “una tierra sin pueblo”, intentar describir el conflicto entre palestinos y colonos israelíes como una lucha religiosa y, más recientemente, enmarcar el conflicto como una guerra contra el terrorismo.

Hoy tenemos la tarea fundamental de desmantelar esta narrativa imperialista occidental y sustituirla por la verdadera historia del pueblo palestino, su lucha legítima y su resistencia por su liberación y sus derechos.

Hoy también estamos librando otra batalla, la batalla de las emociones, en la que siempre hemos hecho hincapié en nuestro trabajo en la Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP). En esta batalla, las fuerzas imperialistas tratan de despojar a la humanidad, incluido el pueblo palestino, de su creencia en la viabilidad y el potencial de la resistencia y, en su lugar, difunden un discurso basado en la frustración y la derrota. Lo que ocurrió el 7 de octubre es parte integral de la lucha del pueblo palestino durante los últimos 75 años. La resistencia contra el colonialismo y la ocupación es un derecho humano justo, protegido por todas las leyes internacionales. Cualquier intento de presentar lo ocurrido como un «ataque» o «terrorismo» es encubrir el terrorismo del Estado ocupante y un intento de legitimarlo.

 

Malak Mattar (Palestina), When Peace Dies, Embrace It. It Will Live Again [Cuando muera la paz, abrázala. Volverá a vivir], 2019.

El pueblo palestino necesita hoy urgentemente la solidaridad más amplia posible de todos los pueblos libres. Este llamamiento a la solidaridad no se hace desde una posición de solidaridad humanitaria o simbólica, sino que es parte integrante de nuestra lucha común. Lo que ocurre hoy en Palestina no está aislado de lo que ocurre en India, Irak, Haití, Venezuela, Cuba u otros lugares. La derrota de los ataques imperialistas en una región es una victoria para todos nosotros y nosotras.

Permítanme dar las gracias a todos los movimientos sociales que actúan en solidaridad con el pueblo palestino y hacer extensivo mi agradecimiento a la AIP, que siempre ha abrazado la causa de Palestina. Es cierto que la máquina de matar israelí sigue cobrando vidas, pero creemos que esto no hará sino reforzar nuestra determinación de seguir resistiendo. Permítanme concluir con una cita del poeta comunista palestino Muin Bseiso: “Sí, podemos morir, pero arrancaremos la muerte de nuestra tierra”.

¡Victoria para la resistencia! ¡Libertad para Palestina!

 

Heba Zagout (Palestina), Jerusalem Is My City [Jerusalén es mi ciudad], 2022.

Esperamos que este mensaje de Arwa sea a la vez informativo e inspirador. Gran parte del arte de este boletín es obra de la artista palestina Malak Mattar, que empezó a pintar a los 14 años después de que una cuarta parte de su barrio fuera destruida en un ataque aéreo durante la guerra de Israel contra Gaza en 2014. El último cuadro es de la artista palestina Heba Zagout, que, junto con sus dos hijos, murió el 13 de octubre por los ataques aéreos israelíes sobre Gaza. La terrible violencia contra las y los palestinos debe cesar ya. El pueblo palestino será un pueblo libre. De hecho, ya lo es.

Cordialmente,

Vijay