Kanak Mukherjee

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Kanak Mukherjee (1921-2005)

Mujeres de lucha, mujeres en lucha

Mujeres y laicismo, un libro de la vicepresidenta de la AIDWA en el estado de Tamil Nadu, Mythili Sivaraman. Tanto el texto como la ilustración abordan la importancia del laicismo para los derechos de la mujer.

 

El siglo XX estuvo marcado por las luchas de liberación nacional que surgieron en África y Asia, así como en América Latina, donde las estructuras neocoloniales habían subordinado a países formalmente independientes. Los logros de la Revolución Rusa de 1917 inspiraron al campesinado y a la clase trabajadora en todo el Sur Global. La lucha por la igualdad y la liberación bajo el liderazgo de la clase trabajadora continúan en las luchas antiimperialistas de nuestro tiempo. Las mujeres, en una infinidad de maneras, han dado y continúan dando forma a estas luchas.

En la serie Mujeres de lucha, mujeres en lucha del Instituto Tricontinental de Investigación Social presentamos las historias de lucha de mujeres que contribuyeron no solo al ámbito más amplio de la política, sino que también fueron pioneras en la creación de organizaciones de mujeres, abriendo caminos de resistencia y lucha feministas a lo largo del siglo XX.

La praxis, como conocimiento de la teoría y de los métodos organizativos de lucha a medida que cambian y responden a la historia, da sostén a las luchas en marcha para enfrentar la opresión. Como militantes, estudiamos los diversos métodos organizativos de estas mujeres no solo para entender mejor sus contribuciones políticas, sino también para inspirarnos mientras construimos en la actualidad las organizaciones necesarias para nuestra lucha contra la opresión y la explotación.

En este segundo estudio analizamos la vida y el legado de Kanak Mukherjee, una luchadora del pueblo y las causas populares que nació en 1921 en India, en un estado de Bengala aún no dividido. Su rica trayectoria de activismo nos enseña sobre la historia de las mujeres en las luchas locales, nacionales e internacionales que vincularon los derechos de las mujeres con las luchas anticapitalistas y antiimperialistas a lo largo del siglo XX. En palabras de la propia Mukherjee: “No podemos mirar la cuestión de los derechos de las mujeres aisladamente. Las raíces de la subordinación y la discriminación contra ellas se encuentran en la explotación de clase”.

 

Un compromiso de por vida con la militancia

Kanak Mukherjee nació como Kanak Dasgupta en 1921 en Benda, una pequeña localidad del distrito de Jessoree en el este de Bengala, India (ahora parte de Bangladesh), en el seno de una familia nacionalista educada. Ingresó en el Movimiento de Liberación a los diez años, cuando se unió junto con su familia a la protesta Salt Satyagraha. Durante todo el siglo XIX y la primera mitad del siglo XX en India vibraban movimientos de reforma social en los que los debates sobre género y los derechos de las mujeres ocuparon un lugar central. La provincia de Bengala fue uno de los epicentros de tales actividades. Es evidente que esto marcó profundamente la joven mente de Kanak, ya que se conmovió profundamente y simpatizó con muchas de sus parientes cercanas que enviudaron a muy temprana edad. En su autobiografía, recuerda la agonía de una de sus primas que se vio obligada a vivir como reclusa (Sarkar, 16-18). Este fue tal vez el primer encuentro consciente de Kanak con el patriarcado que opera bajo el ropaje de la tradición y la religión.

Kanak también participó en los movimientos anticoloniales más clandestinos, que buscaron oponerse directamente a la ocupación británica de la India. Su hermano y su primo, ambos miembros de una organización revolucionaria armada, escondían armamento en su casa. De niña, Kanak a veces vigilaba por si venían las autoridades mientras tenían reuniones. En este período las mujeres pasaron de respaldar actividades de sabotaje anticolonial a convertirse en miembros clave en diversas formas de acción directa militante, desde transportar armas hasta distribuir panfletos, escribir artículos y participar activamente en la organización. Hubo muchos grupos armados clandestinos como Yugantar y Anushilan Samiti, activos en Bengala en el primer cuarto del siglo XX. Sus integrantes procedían principalmente de las filas de la juventud urbana, educada y desempleada —incluidas jóvenes solteras—, y llevaban a cabo mayormente asesinatos aislados de funcionarios coloniales británicos. Al darse cuenta gradualmente tanto de las limitaciones de este tipo de actividades para luchar eficazmente contra el colonialismo como de la necesidad de acciones de masas más amplias, muchos de lxs integrantes de estos grupos se unieron al incipiente movimiento comunista de la India en las décadas siguientes a su formación en 1920.

Cuando Kanak estaba en secundaria se unió a círculos de estudio comunistas clandestinos para leer y discutir los textos marxistas fundamentales. En una entrevista realizada en 2001, reflexiona sobre la lucha para conseguir su formación política:

Hubo un período del Partido clandestino: ki kosto amader korte hoyechhe ma [qué dolores tuvimos que pasar, madre]. Hoy en día puedes conseguir todo tipo de literatura política, en inglés y en bengalí, en grandes cantidades, tantos periódicos, tantas reuniones, tantos discursos públicos, se tienen tantas oportunidades para aumentar la consciencia política. A nosotrxs nos dieron un Manifiesto Comunista, que había que tener escondido… que estaba en inglés y yo estaba en octavo o noveno grado… En la noche profunda, cuando los demás dormían, yo leía el Manifiesto a la luz de una lámpara, y con un diccionario al lado (Entrevista con Nag, citada en Marik, 2013).

En 1937, Mukherjee entró al Bethune College en Calcuta (hoy Kolkata), que formaba parte de la Universidad de Calcuta. Como muchas de las lideresas comunistas de este período, comenzó a trabajar en organizaciones comunistas de masas, como la Federación de Estudiantes de toda la India (AISF por su sigla en inglés). Ese fue el camino para Renu Chakravartti y Kanak Mukherjee. En 1938, a los 17 años, Mukherjee se unió al Partido Comunista de la India (PCI) convirtiéndose en una de las primeras integrantes mujeres en Bengala. Renu Chakravartti, otra de las primeras integrantes del PCI que era solo cuatro años mayor que ella, relata su impresión de Mukherjee en esa época como una “chica diminuta, delgada y llena de vida” (Chakravartti, 1980). Ella también era la única mujer en el consejo ejecutivo de la Federación Provincial de Estudiantes de Bengala. Aparte del movimiento de la clase trabajadora, las organizaciones de masas de mujeres y estudiantes de izquierda fueron las dos fuerzas políticas más importantes que contribuyeron a la lucha anticolonial y antiimperialista.

Mujeres comunistas como Latika Sen, Manikuntala Sen y Kalpana Dutta Joshi serían quienes posteriormente asumirían el liderazgo en la construcción del movimiento de masas femenino. Aunque la participación de las mujeres en la vida pública aumentó en los siglos XIX y XX, participar en política y ser militantes a tiempo completo no era fácil para las mujeres, ni era bien aceptado por los miembros de sus familias. Shyamoli Gupta, secretaria estadual de la Asociación de Mujeres Democráticas de Bengala Occidental y editora de Eksathe, un periódico iniciado por Mukherjee, dijo que esto era especialmente complejo en la vida de Mukherjee. A pesar de la falta de apoyo familiar, ella continuó su militancia política por pura convicción y por su compromiso indomable con la política revolucionaria de la clase trabajadora (Sarkar: 50).

Los movimientos comunistas y de masas que simpatizaban con la causa de la clase trabajadora y el campesinado experimentaron un crecimiento sustancial durante las décadas de 1920 y 1930. Calcuta, una de las principales metrópolis coloniales del Imperio Británico, recibió un enorme flujo de inmigrantes de todo el país. Personas de orígenes étnicos, lingüísticos y culturales diversos llegaron a la ciudad en búsqueda de trabajo, educación superior y actividades políticas e intelectuales. Durante dos décadas, la ciudad fue testigo de lo que se ha denominado una “ola de huelgas”, por la fuerte resistencia sindical y militante de la clase trabajadora, especialmente después de la Primera Guerra Mundial. El aumento de los precios de los bienes de primera necesidad, el desempleo masivo, las malas condiciones de vida de los no propietarios, el racismo rampante y la alienación social dieron a estas huelgas una dimensión más amplia (Chattopadhyay, 2012: 50-98). Mukherjee llegó a esta vibrante ciudad no solo en busca de educación superior, sino también para formar parte de la lucha anticolonial de la clase trabajadora. A la vez que continuaba su trabajo de organizar estudiantes en Bengala, Kanak fue voluntaria en la campaña de alfabetización emprendida por los líderes sindicales en Kashipur, uno de los bolsones industriales donde vivían lxs trabajadorxs inmigrantes. Se matriculó en un curso de hindi a tiempo parcial y continuó estudiando el idioma de manera independiente para enseñar a los trabajadorxs inmigrantes a leer y escribir en su propia lengua.

 

 

Portada de un panfleto de la Asociación Democrática de Mujeres de toda la India en el estado de Tamil Nadu, de finales de la década de 1980. La organización lleva mucho tiempo luchando contra los asesinatos por dote mediante quema, que a menudo se atribuyen falsamente a las explosiones de estufas de queroseno. El texto dice: “Nos consume el fuego, ¡que el volcán entre en erupción!”.

Vivir en Calcuta no era fácil para lxs militantes de partidos políticos, especialmente para lxs comunistas. Buena parte del trabajo del Partido Comunista era clandestino. Los propietarios no les permitían alquilar si sabían de su afiliación al partido. Muchxs trabajadorxs comunistas vivían en casas de simpatizantes del partido. Con los gobernantes coloniales persiguiéndolos constantemente, su estadía nunca estuvo exenta de incidentes y debían mudarse frecuentemente. Este acoso se extendía a quienes daban refugio a lxs comunistas. Como resultado, se desarrollaron comunas para proporcionar condiciones de vida estables a los cuadros del partido (Sengupta, 1957).

Como muchos comunistas en esa época, tras llegar a Calcuta, Kanak vivió en casas de trabajadorxs activos del partido. Después se mudó a una comuna en el centro de la ciudad, donde conocería a Muzaffar Ahmad (‘Kakababu’), una de lxs líderes fundamentales del movimiento comunista en India. Kakababu se ocupaba de lxs jóvenes que entraban al partido, y su calidez atraía fácilmente a todxs a su alrededor. Muy pronto surgió una relación de afectuosa camaradería entre Kakababu y Kanak.

A Kanak se le rompió el corazón cuando tuvo que aceptar un empleo como maestra de escuela para sustentar a su familia, pensando que ponía en riesgo su compromiso político por no poder dedicar tanto tiempo al trabajo militante. Rompió a llorar delante de Kakababu, quien la consoló diciéndole que no se estaba retirando de la militancia política por sus dificultades económicas y responsabilidades familiares. No debía sentirse mal por ello, le dijo Kakababu, para un comunista la situación nunca es lo uno o lo otro. Esta relación de cariño, cuidado y respeto mutuo entre Kakababu y Kanak continuó hasta su muerte (Sarkar, 2014).

Kanak vivía en una comuna comunista con su esposo, Saroj Mukherjee —un militante comunista al que conoció en 1939, cuando ambos estaban en la clandestinidad—, otro matrimonio —cada uno de los cuales tenía su propia habitación— y cuatro o cinco mujeres y hombres solteros que vivían en las otras dos habitaciones, separadas por sexo. Mukherjee escribió acerca del rol positivo de las comunas en su autobiografía Mone Mone [En la memoria]: “El ambiente de nuestra vida en conjunta en la comuna era bastante cálido… Los casados no nos sentíamos incómodos por vivir con otros mientras llevábamos una vida conyugal” (Marik, 2013: 93). Los recuerdos de Mukherjee van contra las narrativas dominantes que especulan que estos hogares no convencionales estaban llenos de celos mezquinos e infidelidades.

 

El movimiento de mujeres en la India

La agotadora pero persistente pregunta de si los grupos de mujeres comunistas y de izquierda son parte del movimiento feminista más amplio debe ser resuelta por fin. Las mujeres de los movimientos comunistas han tenido por mucho tiempo demandas explícitas por la igualdad de las mujeres en lo económico, lo político y lo social. Han buscado un liderazgo de y para las mujeres. Las mujeres de izquierda han empujado a todos los movimientos progresistas a apoyar los derechos de las mujeres, desde movimientos campesinos hasta movimientos dalit (la casta más oprimida) y movimientos adivasi (indígenas). Han construido fuertes vínculos entre estos movimientos y las campañas feministas de coalición por la igualdad derechos de las mujeres, los derechos de propiedad y el derecho al divorcio. En el caso de India, durante este período esta solidaridad se movió en ambas direcciones: las militantes comunistas cambiaron tanto los términos de los métodos de organización y liderazgo comunistas, como el sesgo de clase y casta de los movimientos de mujeres indias contra campesinas, trabajadoras y mujeres de comunidades adivasi y dalit. Si el campesinado y la clase trabajadora iban a apoyar los derechos de las mujeres, el movimiento de mujeres tenía que ampliar sus demandas para incluir todas las necesidades de las mujeres, no solo de las de elite o clase media.

En 1927 el Partido Congreso formó una organización de mujeres: la Conferencia de Mujeres de toda India (AIWC por su sigla en inglés). Sin embargo, la AIWC no organizó a las mujeres de comunidades marginadas para que se unieran a su movimiento y lucharan por sus derechos para dar forma a sus demandas. Las integrantes de la AIWC pertenecían principalmente a familias principescas aliadas de los británicos y familias zamindari [grandes terratenientes]. Muchas destacadas lideresas comunistas como Manikuntala Sen, Phulrenu Guha y Renu Chakravartti fueron inicialmente parte de AIWC. Sin embargo, pronto se dieron cuenta de que las mujeres de los sectores marginados —las que pertenecían al campesinado y los rangos inferiores de la sociedad— no tenían membresía o representación en la organización, ni sus intereses de clase estaban reflejados en sus reivindicaciones. Ante todo, no hubo ningún intento por alterar radicalmente la estructura patriarcal fundamental de la sociedad.

 

Organizando a las jóvenes y a las estudiantes

A finales de la década de 1930, las chicas en primeros años de secundaria y las jóvenes que iban a la universidad jugaron un rol fundamental en el movimiento independentista indio. Renu Chakravartti recuerda las razones que impulsaron a Mukherjee a crear la Chhatri Sangh o Asociación de Estudiantes Mujeres (GSA por su sigla en inglés), una filial de la Federación de Estudiantes de Toda India (AISF por su sigla en inglés).

Cuando en 1938 las protestas por la liberación de los prisioneros de Andaman alcanzaron su pico, las estudiantes participaron en grandes números en las enormes reuniones y manifestaciones estudiantiles que se organizaron en todo el país. Fue en este punto que se sintió la necesidad de organizar a las estudiantes. Ellas no habían acudido en grandes cantidades a una organización como la AISF, donde la membresía era permanentemente masculina. Los tabúes sociales seguían siendo fuertes (Chakravartti 1980: 9).

La GSA pretendía contrarrestar la desaprobación social que generaba el hecho de que mujeres jóvenes trabajen con hombres jóvenes en la misma organización, y hacer posible que las jóvenes no solo participaran de las protestas masivas, sino que desempeñaran un papel activo en la construcción del movimiento. Intentaron usar una forma de organización separada por género para romper el tabú de la mezcla de hombres y mujeres en igualdad de condiciones. Con este fin, la GSA desarrolló las habilidades de liderazgo de las jóvenes para hablar en público, organizar reuniones abiertas y navegar las estrategias y tácticas de la política anticolonial radical. También desarrollaron diferentes métodos organizativos y campañas, y asumieron el liderazgo en proyectos para organizar mujeres de las regiones principalmente indígenas de Bengala, incluidas las campesinas. La entrada de estas jóvenes en política nacionalista en la cúspide de la Segunda Guerra Mundial tuvo efectos que impulsaron uno de los movimientos antiimperialistas más radicales del país.

Este informe, “The Brutal Killing of Manjolai Tea Garden Workers” [El brutal asesinato de las trabajadoras de la plantación de te Manojali]  fue publicado por AIDWA en Tamil Nadu a raíz de la demanda de las trabajadoras por mejores salarios y alojamientos, así como permisos de maternidad, y del posterior asesinato de diecisiete trabajadoras en 1999 a manos de la policía.

En enero de 1940, Mukherjee y otras lideresas organizaron la primera conferencia nacional de la GSA en Lucknow, Uttar Pradesh. La conferencia se enfocó en demandas por derechos de divorcio equitativos, abolición de la poligamia y educación gratuita para las niñas (Bhattacharya 1998: 29). En la conferencia, Mukherjee habló a favor del proyecto de ley del Código Hindú que garantizaría los derechos de las mujeres en las leyes referidas a las personas. La invitada de honor fue Sarojini Naidu, una lideresa nacionalista feminista del movimiento independentista. “Únánse a las jóvenes estudiantes”, dijo, “y aporten sangre fresca a la corriente principal de batalla por la libertad” (Chakravartti 1980: 10). Después de la conferencia en Lucknow, las líderes estudiantiles hicieron una gira por todo el país para expandir la GSA, desde Madrás (hoy Chennai), hasta Bombay (hoy Mumbai) y Punjab. Un gran número de mujeres jóvenes participaron en las conferencias regionales y nacionales de la GSA, atrayendo la atención y la ira del gobierno imperialista británico en vísperas de su entrada en la Segunda Guerra Mundial.

 

La guerra de los imperialistas

Las autoridades británicas arrestaron reiteradamente a Mukherjee entre 1939 y 1942 por oponerse a lo que lxs comunistas indixs sostenían que era una guerra entre imperialistas. En 1940 fue arrestada con su hermana y su sobrina. Aunque fue liberada por falta de evidencia después de siete días en prisión, la policía colonial emitió una orden especial contra ella cuando la soltó que la obligaba a dejar Calcuta en 24 horas y abstenerse de visitar las áreas industriales de la ciudad y el adyacente distrito de Howrah. Se mudó a Jamshedpur, donde continuó con su militancia, fue detenida de nuevo, y se le prohibió nuevamente permanecer en esa ciudad. En Barisal, su siguiente residencia, también fue arrestada y se le prohibió la entrada. En ese momento, como trabajadora a tiempo completo del PCI, pasó a la clandestinidad, moviéndose de casa en casa por seguridad.

En julio de 1942, el Estado colonial británico levantó la prohibición contra el PCI que había durado nueve años, de 1934 a 1942. En octubre de 1942, Mukherjee volvió a Calcuta para reanudar su trabajo político, cambiando el enfoque de su militancia hacia la organización política de las mujeres. En este contexto, continuó agitando contra el imperialismo británico y el fascismo.

 

La hambruna de Bengala y Mahila Atma Raksha Samiti

La década de 1940 fue quizás el periodo más agitado y turbulento de la India antes de la independencia, especialmente en Bengala. La gran hambruna de Bengala de 1943 (conocida como tettalisher mannantor en bengalí), los horrorosos disturbios comunalistas[1] de 1946 y la partición de Bengala según fronteras religiosas súbitamente sacaron a la luz las tendencias crueles y odiosas de la psique humana.

La hambruna de Bengala de 1943 produjo pobreza a gran escala y masivas muertes por hambre en el campo. Las epidemias que la acompañaron —como cólera, malaria y viruela—acabaron con una gran parte de la población rural. Una aguda falta de trabajo en el sector agrícola de Bengala forzó a los hombres a emigrar a lugares lejanos para buscar su sustento. Las mujeres y niñxs que sobrevivieron se volvieron vulnerables de muchas formas, incluido el tráfico desenfrenado de personas, ya que la hambruna desató una masiva oleada de violencia de género y agresiones sexuales contra las mujeres.

En este contexto se formó, el 13 de abril de 1942, el Mahila Atma Raksha Samiti [Comité de Autodefensa de las Mujeres o MARS], durante una convención antifascista organizada por mujeres en Calcuta. Mukherjee fue una de las fundadoras de MARS y formó parte del comité organizador. Durante este periodo escribió numerosos y contundentes artículos periodísticos sobre los efectos de la hambruna en las mujeres pobres de las zonas rurales.

MARS llenó el vacío dejado por un Estado colonial indiferente y abordó directamente los efectos devastadores de la hambruna, llevando a cabo trabajo de socorro a gran escala. Durante la hambruna de 1942-43 y a lo largo de la Segunda Guerra Mundial, el ejército británico priorizó la asignación de alimentos para sus tropas antes que para la gente común y corriente, una decisión precipitada por el cese de las importaciones de arroz de Birmania, ocupada por Japón. MARS se organizó contra los distribuidores que estaban acaparando grano para obtener mayores beneficios.

El rol de MARS durante la hambruna de Bengala catapultó a la organización a la primera línea del movimiento independentista. En este período las personas hambrientas llenaron las calles de Calcuta y las zonas circundantes en busca de comida. Las integrantes de MARS decidieron trabajar junto a las mujeres en los barrios marginales urbanos y rurales, así como con la clase media. A menudo, las integrantes de MARS se colocaban al lado de la cola de distribución de alimentos para asegurarse de que las jóvenes no fueran manoseadas o secuestradas mientras esperaban en la fila. Estos sectores más vulnerables de mujeres se convirtieron en el núcleo de MARS y más tarde desempeñarían un papel clave en la expansión y el fortalecimiento del movimiento de mujeres en la India. La lucha por los derechos y la dignidad, así como por acabar con las agresiones sexuales, sigue siendo uno de los asuntos más centrales en la sociedad india actual.

Mukherjee presenció de primera mano los impactos de la hambruna y examinó la lucha y la desesperación de las mujeres en ese tiempo. Una vez vio a una madre vender a su hija de siete años por una pequeña cantidad de grano, que recibió dos meses después de venderla. En otro caso, vio como una joven entraba en los cuarteles de soldados estadounidenses después de recibir una magra ración de alimentos en el centro de distribución (Sarkar, 2014). En esta época de gran sufrimiento muchas mujeres debieron recurrir al trabajo sexual para sobrevivir, y en general la explotación de las mujeres se intensificó. Los soldados, así como los terratenientes y otros hombres, canalizaron brutalmente la desesperación de la población agrediendo sexualmente a mujeres. Como periodista y activista, Mukherjee contribuyó a desarrollar la consciencia sobre estas violaciones, así como sobre la falta de oportunidades laborales para las mujeres pobres más allá del trabajo sexual.

Mukherjee era parte fundamental de la campaña de coalición para unir la organización rural y urbana de mujeres comunistas y nacionalistas en un esfuerzo unificado para luchar contra el hambre y el tráfico sexual de niñas y mujeres desposeídas. Como integrante del comité organizador de MARS, viajó por toda Bengala rural para organizar a las mujeres en la lucha por sus necesidades básicas y contra el colonialismo y el imperialismo. Se trasladó al sector de las plantaciones de té del norte de Bengala y a Dooars, en el distrito de Rangur, actualmente en Bangladesh, que estaban en una profunda pobreza y angustia por la masiva explotación colonial.

La revista trimestral en inglés de la AIDWA, Women’s Equality [Igualdad de las Mujeres], vol. 1, nº 2 (julio-septiembre de 1988).

En una entrevista, Mukherjee describió la devastación causada por la hambruna, así como la respuesta de MARS:

En octubre de 1943, la hambruna causada por el hombre comenzó en Bengala. Las integrantes de MARS se lanzaron al trabajo de socorro y rehabilitación. La experiencia de aquellos días fue desgarradora; vimos mujeres con niñxs muriendo en las calles de Calcuta. Los touts (traficantes) traían a la ciudad a mujeres aldeanas hambrientas y las vendían como prostitutas. La palabra ‘Kalobajar’ [mercado negro] se introdujo por primera vez en nuestro vocabulario. La violación de mujeres aldeanas por soldados estadounidenses y europeos tampoco era desconocida. Así, aunque apoyábamos la guerra contra el fascismo a nivel internacional, nuestra rabia y odio contra el imperialismo británico que creaba la hambruna y causaba un sufrimiento interminable a nuestro pueblo seguían siendo tan fuertes como siempre. En este período e inmediatamente después, concentramos nuestra atención en establecer centros de rehabilitación en los distritos para mujeres víctimas de hambruna o disturbios comunalistas. MARS tuvo un papel central en la rehabilitación social (Bhattacharya, 1998).

MARS combinó el internacionalismo y el nacionalismo anticolonial con campañas locales, como en una de sus primeras campañas, que hizo pública la violación de mujeres bengalíes por parte de soldados aliados que estaban en Bengala. Estas campañas supusieron un llamado radical a la acción, que promovía que las mujeres defendieran la nación contra los ataques militares y contra el colonialismo, y que lucharan por su autodefensa contra la violencia sexual que acompañaba a la ocupación militar y colonial.

 

La partición y los disturbios comunalistas

En 1946, el sufrimiento de las mujeres salió de nuevo a la superficie durante los disturbios comunalistas. La violencia a gran escala en todo el estado fue espoleada por la partición británica de Bengala, que fue dividida en gran medida por líneas religiosas. Solo en Calcuta, se estima que murieron casi 4.000 personas en el transcurso de tres días. Las agresiones sexuales generalizadas contra las mujeres durante los disturbios tomaron un cariz horrible en la Bengala rural, especialmente en la zona de Noakhali. Incluso con su limitada fuerza, el Partido Comunista estuvo al frente de la campaña contra cualquier tipo de división comunal, instando a la paz. Gracias a la campaña de lxs comunistas, algunos sindicatos, como el de ferroviarios y el de tranviarios, mostraron una notable solidaridad obrera y se enfrentaron físicamente a los alborotadores en algunas zonas de Calcuta.

Tanto durante los disturbios como durante la hambruna, MARS desempeñó un papel importante al hacer campaña contra la polarización comunal entre las mujeres rurales. Se formó un comité conjunto de ayuda, como se hizo durante la hambruna. Las voluntarias de MARS fueron enviadas a las zonas rurales de Bengala junto con la AIWC, viajando a pie de un pueblo a otro y distribuyendo leche y otros suministros básicos a pueblos como Chandpur y Haimchar. El impacto de la hambruna, los disturbios comunalistas y la partición de 1947 en los sectores más vulnerables de la sociedad india ha sido una importante lección para el movimiento de mujeres.

 

Bowbazar Street y la represión a lxs comunistas

La independencia de la India en 1947 no puso fin a la persecución de lxs comunistas. El 27 de abril de 1949, MARS organizó una reunión en Calcuta para exigir la liberación incondicional de todxs lxs presxs políticxs que seguían en la cárcel incluso después de que se levantara la prohibición contra el PCI en 1942. Esto marcó un día triste pero memorable para la historia del movimiento de mujeres en la India. Tras la convención, las asistentes marcharon hacia la calle Bowbazar, pero pronto fueron detenidas por la policía. Durante el enfrentamiento, la policía abrió fuego bajo las órdenes del gobierno del Partido Congreso de Bengala Occidental.

Las líderes comunistas Latika Sen, Pratibha Ganguly, Gita Sarkar y Amiya Dutta, que desempeñaron un papel importante en la construcción del movimiento de mujeres en la India, murieron en el acto. Yamuna Das Mahato fue trasladada a un hospital, donde más tarde murió a causa de las heridas sufridas. Kanak Mukherjee pasó muchos días en la cárcel, durante los cuales estuvo separada de su hijo pequeño.

En la cárcel, las mujeres iniciaron una huelga de hambre indefinida, exigiendo su liberación y la de otrxs presxs políticxs. Aunque reprimir el sentimiento de tremenda hambre era a menudo difícil, Kanak recordó la determinación y la energía de algunas de las mujeres más jóvenes:

Estas jóvenes colegialas, Mamata, Nirupama, Usha, Arati Chaya… durante su huelga de hambre cantaban, bailaban, se divertían y también estudiaban con gran entusiasmo. Durante un tiempo Mamata compartió la misma celda conmigo. Cuanta más hambre teníamos, más fuertes eran sus canciones revolucionarias. A menudo charlábamos: “Oh, una vez desperdicié esa deliciosa comida o este es mi plato favorito”. Al final “prohibimos” toda discusión sobre la comida (Sarkar, 2014).

 

La organización de lxs refugiadxs

La década de 1950 marcó otro capítulo de lucha en la historia del movimiento comunista de Bengala. Una oleada de refugiadxs del entonces Bengala Oriental (ahora Bangladesh) comenzó a emigrar a Bengala Occidental tras la partición, dejando atrás todas sus posesiones, casas y tierras. Estxs emigrantes se reasentaron por todo Bengala Occidental. Calcuta, la capital del estado, recibió una enorme afluencia de personas que vivían en asentamientos ilegales —algunos situados cerca de las residencias de vacaciones de la élite de la ciudad—, donde estaban sometidxs a condiciones de vida miserables.

Casi al mismo tiempo, la municipalidad —bajo la dirección del Partido Congreso— desencadenó una constante embestida de estrictos proyectos de ley y ordenanzas con la intención de privar de derechos a lxs pobres urbanos y salvaguardar los intereses inmobiliarios de las élites tradicionales. El gobierno del estado de Bengala no solo no estaba dispuesto a proporcionar a lxs refugiadxs ninguna solución permanente, como una vivienda; también era abiertamente hostil a su presencia y a menudo utilizaba la fuerza policial para reprimir sus demandas. Con el apoyo del Partido Congreso, matones desataron el terror contra las personas refugiadas.

Women’s Equality [Igualdad de las Mujeres] vol. 2 no. 1 (enero-marzo 1989)

Frente al terror sancionado por el estado, lxs comunistas —muchxs de los cuales eran ellxs mismxs refugiadxs migrantes— se organizaron junto a las personas refugiadas para plantear sus reivindicaciones. Como resultado, surgieron muchos nuevos asentamientos a medida que luchaban en conjunto por los derechos y el sustento de lxs refugiadxs. Los hermanos de Kanak emigraron a uno de esos asentamientos de refugiados en Calcuta, donde vivieron junto a Kanak, su hijo y su cuñado enfermo, mientras Saroj Mukherjee seguía viviendo en la clandestinidad.

El movimiento por los derechos de las personas refugiadas fue una de las muchas batallas históricas que libraron lxs comunistas durante ese periodo, junto con otras como el movimiento contra la tarifa del tranvía y el movimiento liderado por las mujeres para aumentar la asistencia estatal a las mujeres refugiadas. En este contexto, muchas mujeres líderes de estos asentamientos se presentaron a las primeras elecciones generales de la India independiente y ganaron escaños.

 

La formación de la Asociación de Mujeres Democráticas de la India

En 1954, Mukherjee ayudó a fundar la Federación Nacional de Mujeres Indias (NFIW), una organización afiliada al Partido Comunista de la India que reunía a grupos feministas de izquierda de todos los estados del país. En junio de 1954, su conferencia fundacional en Calcuta reunió a 602 delegadas que representaban a más de 129.000 mujeres de catorce estados.

En 1964, se formó el Partido Comunista de la India (Marxista) o PCI (M), tras una escisión del Partido Comunista de la India o PCI. Durante mucho tiempo se había desarrollado una lucha ideológica en el seno del partido, en torno al debate sobre las tendencias revisionistas y la verdadera lucha por la emancipación de la clase obrera sobre la base de principios marxistas. En ese contexto, Mukherjee fue una de las líderes del movimiento de mujeres en la India que luchó contra las tendencias revisionistas (Tricontinental, 2020). Estos debates tuvieron un impacto en el movimiento de las mujeres, y muchas líderes audaces y fuertes —como Manikuntala Sen— abandonaron el PCI durante esta época. Fueron años tumultuosos en Bengala Occidental.

A pesar de la escisión del Partido Comunista y de los debates ideológicos internos, la NFIW se mantuvo intacta hasta la década de 1970. En marzo de 1970 se formó una organización femenina de izquierdas afiliada al PCI (M), que se llamó Paschimbanga Ganatantrik Mahila Samiti [Asociación de Mujeres Democráticas de Bengala Occidental].

En junio de 1975, la primera ministra Indira Gandhi declaró estado de emergencia nacional (a menudo denominado la Emergencia), que suspendió una amplia gama de libertades civiles e hizo ilegales las protestas. Aunque la mayoría de lxs comunistas pasaron a la clandestinidad durante este periodo, no dejaron de organizarse. Mukherjee continuó construyendo el recién creado Paschimbanga Ganatantrik Mahila Samiti junto a otras compañeras y se unió al comité estadual del PCI(M) en Bengala Occidental en 1978, una vez finalizada la Emergencia. Además, entre 1989 y 1998 fue miembro del comité central del partido.

En 1981 se fundó la All India Democratic Women’s Association [Asociación de Mujeres Democráticas de la India](AIDWA), una organización de mujeres de masas vinculada al PCI (M), que en su primer año alcanzó la cifra de 590.000 mujeres. Desde sus primeros años, la asociación desarrolló una firme base ideológica y organizativa; hizo hincapié en la relación entre las estructuras socioeconómicas, como la clase, la casta y la religión, con la cuestión de género; y al mismo tiempo organizó a las mujeres de todas las clases y comunidades en una organización de masas disciplinada. La AIDWA mantuvo un enfoque de clase frente a las diversas luchas, por que lo que se centraron en los grupos de mujeres más marginados de toda la India. La asociación intentó organizar a un gran número de mujeres pobres y de clase trabajadora y crear un puente para que las mujeres radicales de clase media se unieran a su lucha.

Mukherjee fue vicepresidenta de la AIDWA de 1981 a 1999. A través de su militancia y sus escritos, insistió en la importancia de situar las luchas feministas en el contexto de una lucha de clases más amplia. Como escribió en su panfleto sobre la emancipación de la mujer: “no podemos ver la cuestión de los derechos de la mujer de forma aislada. Las raíces de la subyugación de las mujeres y las discriminaciones contra ellas se encuentran en la explotación de clase” (1989). También fue fundamental en la elaboración de los estatutos de la AIDWA, que establecen que:

Dado que la opresión de las mujeres indias es parte integral de la explotación del pueblo indio en general, y que la lucha por la emancipación de las mujeres está inseparablemente conectada con las luchas de lxs trabajadores, lxs campesinos, lxs jóvenes y todos los demás sectores de las masas trabajadoras oprimidas que se libran por sus intereses comunes y para lograr un cambio radical en nuestra configuración socioeconómica, la All India Democratic Women’s Association extiende su plena cooperación con todos estos sectores progresistas y democráticos del pueblo (AIDWA, 1981).

Los métodos de organización de la AIDWA durante la década de 1980 se centraron en la realización de campañas de coalición con otros grupos de mujeres y con organizaciones aliadas de jóvenes de izquierda, estudiantes, campesinos, trabajadores y sindicatos de trabajadores agrícolas. La organización fue muy conocida por su postura intransigente ante los asesinatos por dote, en los que las jóvenes son asesinadas o empujadas al suicidio por sus maridos y suegros por disputas relacionadas con su dote. Esta campaña luchó por crear mejores leyes para proteger a las mujeres y garantizarles la independencia económica, proporcionándoles un mejor apoyo material y permitiéndoles así abandonar los matrimonios abusivos.

La AIDWA también luchó contra los asesinatos por dote organizando a las mujeres, incluidas las suegras, y utilizando sus organizaciones fraternales, como los sindicatos de trabajadorxs y los sindicatos de campesinxs, para luchar por el derecho de las mujeres a vivir sin violencia. Las militantes de la asociación dirigieron campañas vecinales en sus unidades de todo el país para presionar a las familias para que pusieran fin a la práctica de la dote y trataran a las nueras con dignidad. Se hicieron conocidas por su valentía, por luchar contra personas e instituciones poderosas y por su tenaz búsqueda de justicia.

Women’s Equality [Igualdad de las Mujeres] vol. 1 no. 3 (octubre-diciembre 1988)

Lo que hizo única a la AIDWA durante la década de 1980 fue la atención que prestó a las mujeres rurales. En 1984, la mayoría de los sectores que proliferaban del movimiento de mujeres de India ignoraban las perspectivas de las mujeres rurales sobre un futuro mejor. Folletos como Some Questions on Feminism and its Relevance in South Asia [Algunas cuestiones sobre el feminismo y su relevancia en el Sur de Asia] (1986), de Kamla Bhasin y Nighat Said Khan, casi no mencionan las diferencias que separan a las mujeres en el sur de Asia. Un feminismo laico que imaginaba una solidaridad unificada entre las mujeres de toda Asia Meridional era insostenible sin abordar el poder de la mayoría hindú en la India, junto con otros desequilibrios de poder de casta, clase y región.

Desde la década de 1940, Mukherjee vio claramente cómo las zonas rurales se veían gravemente afectadas por el fundamentalismo religioso, que dividía a las mujeres en función de su identidad religiosa. El enfoque comunista en la India consistía en inculcar la unidad de clase en la lucha contra el comunalismo y el fascismo. No podía surgir un verdadero movimiento feminista de masas en el país a menos que abordara las numerosas divisiones exacerbadas por la clase dominante, como las divisiones en función de la casta y la religión.

En Nueva Delhi, la AIDWA —junto con otras siete organizaciones nacionales de mujeres— organizó las primeras manifestaciones masivas en 1993 contra las acciones comunales aprobadas por el gobierno del Partido Congreso. Entre ellas, la destrucción de la mezquita de Babri Masjid, que según los fundamentalistas hindúes se había construido sobre un templo dedicado al dios hindú Ram. La AIDWA y otros grupos crearon una coalición multirreligiosa de activistas comprometidos con la lucha por un tejido social laico. Las militantes de la AIDWA también organizaron una delegación conjunta de organizaciones nacionales de mujeres para crear una evaluación imparcial de la violencia antimusulmana.

 

La estrategia de organización intersectorial de la AIDWA

La decisión de la AIDWA de centrar su energía en la India rural en la década de 1980 condujo al desarrollo de nuevas tácticas, como el uso de la investigación activista para movilizar y desarrollar el liderazgo entre las mujeres rurales, así como la educación de todas las activistas de la AIDWA sobre los problemas específicos a los que se enfrentan las mujeres rurales. Su enfoque en las zonas rurales también dio lugar a nuevas estrategias, como lo que la AIDWA denominó “praxis intersectorial”, que fomenta la unidad entre las afiliadas organizándolas e identificando a las aliadas que se han enfrentado a injusticias e historias de opresión específicas en función de la casta, la etnicidad y la religión. Estos métodos se basan en las lecciones que Mukherjee aprendió como activista rural con MARS, que construyó la unidad contra el latifundio y el colonialismo entre las mujeres rurales a través de las diferencias materiales de su religión, estatus de casta, idioma y condición indígena o no.

El concepto de “praxis intersectorial” requiere cierta elaboración. La sociedad está dividida en grupos que mantienen una relación jerárquica entre sí. Ignorar esta diferenciación y tratar a la sociedad como un todo homogéneo podría significar que no se identifican ni abordan las formas particulares de opresión y explotación a las que se enfrentan ciertos grupos o sectores. Por ejemplo, en el contexto del auge del comunalismo hindú, la opresión específica que sufren las mujeres musulmanas debe ser destacada en cualquier lucha. Los partidos políticos de izquierda centran su atención en las luchas de los grupos de personas más desfavorecidos y en sus problemas principales; entre estos grupos se encuentran las comunidades indígenas (adivasis), lxs musulmanes, lxs dalits y las mujeres. Al centrarse en la experiencia y las luchas específicas de estos grupos, los partidos de izquierda —como el PCI (M)— y las organizaciones de masas de izquierda —como la AIDWA— son capaces de integrar a su teoría de la transformación social una comprensión de las vidas y las luchas de estas comunidades clave.

En el caso de la AIDWA, como deja claro Elisabeth Armstrong en su libro Gender and Neoliberalism [Género y neoliberalismo], el método de organización intersectorial situó los problemas y las demandas de las mujeres más desfavorecidas en el centro de los objetivos políticos, los métodos organizativos y las campañas de la AIDWA. La organización intersectorial en el seno de la AIDWA produjo un rico análisis de las diferencias entre las mujeres marginadas, situando la cuestión de la opresión particular junto a las exigencias de la lucha de clases que beneficiarían a todas las mujeres de la clase trabajadora y a las trabajadoras pobres que están en el centro de la organización.

A lo largo de cuarenta años, con el liderazgo de mujeres como Mukherjee, la AIDWA construyó un movimiento interclasista entre las mujeres de la clase trabajadora rural y urbana y las mujeres progresistas de clase media. La organización luchó por la emancipación de las mujeres de la clase trabajadora no como una masa indiferenciada de mujeres que se enfrentan al mismo tipo de explotación y opresión, sino en toda su complejidad como trabajadoras asalariadas agrícolas, como mujeres indígenas, como mujeres dalit y como mujeres musulmanas.

En su vida pública, Mukherjee desarrolló y amplió esta visión a través de su trabajo como miembro de la Rajya Sabha, la cámara alta de la legislatura bicameral de la India, y como concejala en Calcuta. También asumió la responsabilidad editorial de la revista Ghare-Baire, de la que fue editora entre 1957 y 1967, y de la revista en bengalí Eksathe, de la que fue editora fundadora en 1968, y que más tarde se convertiría en la revista bengalí de la AIDWA. En su trabajo como editora, se aseguró de que las vidas de las mujeres trabajadoras estuvieran en el centro de estas publicaciones.

Mukherjee siguió siendo comunista y militante de las luchas de las mujeres hasta su muerte en 2005, momento en el que la AIDWA contaba con más de 10 millones de miembros. Compartió las esforzadas estrategias de la AIDWA para organizar a las mujeres rurales contra las relaciones de género patriarcales que infunden la opresión de casta y el comunalismo religioso ante la creciente escasez neoliberal. Mukherjee dio un ejemplo que sigue siendo importante hoy en día como luchadora incansable por las mujeres urbanas y rurales de clase trabajadora de todos los sectores, religiones y etnias de la sociedad.

 

Tercera Conferencia de la AIDWA en Bengala Occidental, 9-12 de octubre de 1990. Kanak está de pie, segunda por la derecha en la primera fila, de blanco, con otras participantes en la conferencia.

 

Bibliografía

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[1] En el sur de Asia, el comunalismo se refiere a la idea de que las comunidades religiosas son comunidades políticas con intereses seculares que se oponen entre sí. Los partidos políticos que suscriben la visión de mundo comunalista se denominan partidos comunales. Términos como “violencia comunalista” y “disturbios comunalistas” se utilizan para referirse a los enfrentamientos entre personas pertenecientes a diferentes comunidades religiosas en el contexto de una atmósfera cargada de comunalismo.