Las izquierdas de Nuestra América hoy: un mapeo continental
Nuestra América ha tenido históricamente una fuerte presencia política de movimientos y partidos que buscaron el cambio social en beneficio de las mayorías trabajadoras y que pueden ser ubicadas en el campo de las izquierdas. Sin embargo, hasta ahora no nos hemos dado a la tarea de conocer cuál es el mapa actual del campo de izquierda continental, no para la construcción de un inventario de partidos y organizaciones, sino de un esfuerzo por comprender cómo las distintas fuerzas que integran las izquierdas en la región se conciben a sí mismas, entienden su papel histórico, definen sus horizontes estratégicos y, sobre todo, elaboran su relación con la pregunta por el poder.
Introducción
Nuestra América ha tenido históricamente una fuerte presencia política de movimientos y partidos que buscaron el cambio social en beneficio de las mayorías trabajadoras y que pueden ser ubicadas en el campo de las izquierdas. Nuestra historia, llena de luchas y revoluciones, ha ampliado y robustecido dicho campo, dándole un sentido práctico de naturaleza anti-sistémica: fue aquí donde surgieron hitos como la Revolución Cubana o la Revolución Bolivariana, donde experiencias de socialismo que continúan desarrollándose hasta nuestro presente se han imbricado con la tradición latinoamericana y caribeña independentista de nuestros libertadores y libertadoras de las luchas anticoloniales del siglo XIX. También, aquí se ha dado el desarrollo prolífico de un pensamiento crítico de izquierda, que se ha entretejido al calor de las luchas y resistencias de nuestros pueblos y organizaciones a lo largo de la historia.
Las principales preocupaciones a nivel global de por lo menos la última década han estado puestas en la caracterización de las expresiones actuales de la derecha o extremas derechas que han ganado terreno político y social en buena parte de los países de la región. Esta tarea ha sido fundamental para comprender los efectos de las políticas neoliberales que han tenido importante adhesión en los sectores populares y han logrado importantes retrocesos en las conquistas sociales de las grandes mayorías, trayendo a escena memorias cada vez más cercanas de los proyectos fascistas y retardatarios a nivel global y local. Al respecto, desde nuestro Instituto realizamos el dossier sobre el avance del neofascismo y los desafíos de la izquierda en América Latina.
Frente a este escenario, muchas respuestas se han aventurado desde el campo de las izquierdas, que atraviesan todo un amplio espectro de posiciones. Desde aquellos que van del antineoliberalismo moderado al anticapitalismo revolucionario, pasando por el populismo democrático, el indigenismo decolonial y el feminismo popular. Para nosotras y nosotros, lo que unifica ese espectro —y lo que permite, pese a las diferencias, hablar de un campo de izquierda— es el rechazo de las desigualdades producidas por el capitalismo y la colonialidad, y la apuesta por alguna forma de transformación social en favor de los explotados y oprimidos. Todo esto dentro del enorme paraguas que puede denominarse “las izquierdas” en el continente, y que tienen tales divergencias entre sí que vale la pena preguntarnos cómo es entonces el mapa actual de la izquierda en América Latina y el Caribe.
Como Tricontinental, tenemos la fortuna de hacer parte de un ecosistema de articulaciones internacionales de movimientos y organizaciones sociales que, en nuestra región llevan décadas construyendo proyectos continentales que ponen en diálogo y práctica concreta esas izquierdas. Es justamente con ellos y ellas con quienes queremos empezar los primeros pasos de este mapeo, a partir de una metodología cualitativa de entrevistas en profundidad y conversaciones con quienes a diario desarrollan esas expresiones organizadas de nuestros pueblos latinoamericanos y caribeños.
El problema de la definición
El proyecto adopta como punto de partida una revisión conceptual anclada en la tradición del materialismo histórico pero atenta a los aportes que la producción teórica latinoamericana contemporánea ha realizado. Definir “izquierda” es, ante todo, un problema político —y, como tal, un problema histórico—. No se trata de una categoría filosófica abstracta, deducible a partir de principios primeros, sino de una construcción que se transforma a medida que se transforman las correlaciones de fuerza, los sujetos políticos y los horizontes de la época. En la América Latina del siglo XXI, esta definición se ha vuelto particularmente controvertida: el ascenso de gobiernos progresistas a partir del cambio de milenio, el llamado “ciclo progresista” u “ola rosa”, reavivó un debate que, para muchos, parecía zanjado tras el colapso soviético. ¿Qué significaba ser de izquierda en un continente marcado por la dependencia estructural, la herencia colonial y una tradición política irreductible a los esquemas europeos?
Nuestro continente ha sido prolífico en la producción de teoría alrededor de estos debates, poniendo en tensión las denominaciones clásicas con la realidad particular de un continente tan plural y diverso. En ese sentido, podemos encontrar producciones que van desde la concepción de izquierda como antineoliberalismo con Emir Sader y el ciclo progresista; la caracterización de Álvaro García Linera de la izquierda, el Estado y el horizonte de época; la denominada “crítica al extractivismo” de Maristella Svampa, Eduardo Gudynas y los límites del progresismo; la “izquierda como populismo” de Ernesto Laclau, Chantal Mouffe y la razón populista; los aportes de Marta Harnecker sobre la izquierda como construcción de poder popular; de Claudio Katz sobre la centroizquierda y las tipologías de los gobiernos progresistas; la perspectiva de la dependencia de Ruy Mauro Marini y la actualidad de la teoría marxista de la dependencia; la reflexión amplificadora sobre los feminismos y la izquierda desde la lectura de Silvia Federici y Verónica Gago; y la perspectiva decolonial de Aníbal Quijano, la colonialidad del poder y el cuestionamiento eurocéntrico de la izquierda.
Elementos para una definición marxista de izquierda en la América Latina del siglo XXI: qué tipo de izquierda queremos mapear
Buscamos desarrollar esta investigación y elaboración de un mapeo actualizado de la izquierda continental desde una perspectiva marxista con base en los siguientes elementos:
- Centralidad de la contradicción capital-trabajo. La izquierda se define, en última instancia, por la posición que asume frente a la explotación del trabajo por el capital. La izquierda es el campo político que se orienta por la superación de la explotación del trabajo, lo que implica, en perspectiva, la superación del propio modo de producción capitalista.
- Antiimperialismo, anticolonialismo y antipatriarcado. En América Latina, ser de izquierda implica necesariamente confrontar la relación de dependencia estructural que subordina a la región ante los centros imperialistas. El antiimperialismo no es un “agregado” a la lucha de clases, sino una de sus dimensiones constitutivas: la explotación del trabajo en la periferia es mediada por la transferencia de valor, la deuda externa, la presencia militar y la dominación cultural de los centros hegemónicos. La heterogeneidad estructural y la superexplotación del trabajo es un elemento estructural del capitalismo dependiente latinoamericano. La variable colonial designa qué grupos humanos son “sobrantes” o “desechables” para el sector moderno de la economía, confinándolos a los márgenes constitutivos de los mercados de trabajo. Por su parte, la variable patriarcal garantiza la externalización de la reproducción social por parte del capital hacia los hogares y las comunidades. La subproletarización es la manifestación económica de la dependencia, pero su gestión es política y cultural: se usa el racismo colonial para segmentar a esa masa trabajadora y el patriarcado para que el costo de su miseria no recaiga sobre el capital, sino sobre las redes de cuidado e interdependencia histórica y socialmente feminizados. Así, la tríada no es un agregado, sino la descripción completa del mecanismo de acumulación en el Sur Global.
- Protagonismo de los subalternos. La izquierda se define por la apuesta en el protagonismo político de las clases trabajadoras y de los grupos oprimidos — campesinos, indígenas, afrodescendientes, mujeres, trabajadores informales, poblaciones periféricas. Esto implica formas de democracia que vayan más allá de la representación liberal y avancen hacia la participación directa y el poder popular.
- Antineoliberalismo como piso mínimo, anticapitalismo como horizonte. El anti neoliberalismo —entendido como el rechazo de la mercantilización universal y de la financiarización— constituye el piso mínimo de una política de izquierda en la América Latina contemporánea. Sin embargo, es insuficiente si no se articula a un horizonte anticapitalista: la mera gestión “social” del capitalismo dependiente no supera las causas estructurales de la desigualdad y la explotación.
- Transformación de la matriz productiva. La crítica al extractivismo demostró que no basta con redistribuir el excedente generado por la exportación de commodities; es preciso transformar el modo en que ese excedente es producido. La izquierda, en América Latina, necesita articular justicia social y justicia ambiental, lo que implica un cuestionamiento radical del modelo de desarrollo.
- Articulación de clase, raza, género y territorio. La izquierda contemporánea no puede definirse por la subordinación de las luchas antirracistas, feministas e indígenas a la “contradicción principal”, pero tampoco puede disolverlas en una pluralidad fragmentaria sin articulación estratégica. La perspectiva es la de la totalidad concreta: comprender cómo capitalismo, racismo, patriarcado y colonialidad se co-constituyen en la formación social latinoamericana.
- La tradición internacionalista es constitutiva de la izquierda. En América Latina, esto se traduce en la apuesta por la integración regional soberana (contra la integración subordinada a los centros imperialistas) y en la solidaridad con las luchas de los pueblos del Sur Global.
En síntesis, desde una perspectiva marxista, el criterio decisivo sigue siendo la relación con las estructuras de explotación capitalista: una izquierda que administra el capitalismo dependiente sin cuestionarlo puede ser preferible a la derecha neoliberal, pero no constituye, en sentido riguroso, un proyecto emancipatorio. La tarea teórica y política de la izquierda latinoamericana en el siglo XXI es, por tanto, doble: por un lado, resistir la ofensiva reaccionaria que amenaza incluso las conquistas mínimas del ciclo progresista; por otro, radicalizar la crítica al capitalismo dependiente, articulando las múltiples dimensiones de la explotación y la opresión en un proyecto de transformación integral de la sociedad.
Objetivos generales
El objetivo principal de este proyecto es producir un mapa político e intelectual de la izquierda latinoamericana y caribeña contemporánea. No se trata de un inventario de partidos y organizaciones, ni de un recuento de elecciones ganadas o perdidas, sino de un esfuerzo por comprender cómo las distintas fuerzas que integran las izquierdas en la región —movimientos sociales, sindicatos, partidos, organizaciones indígenas y campesinas, feminismos, corrientes intelectuales— se conciben a sí mismas, entienden su papel histórico, definen sus horizontes estratégicos y, sobre todo, elaboran su relación con una pregunta que en América Latina adquiere una densidad particular: la relación entre la izquierda social y la izquierda en el poder. Con este mapeo buscamos contribuir al desarrollo del campo de la izquierda ofreciendo un instrumento de autocomprensión que ayude a identificar tanto las fortalezas como las dificultades que impiden una mayor coherencia y capacidad de acción estratégica.
El proyecto de Mapeo de la Izquierda se propone responder al interrogante de cuál es la caracterización de aquellos sectores que otrora estuvieran todos en escenarios de confluencia como fue la Campaña continental contra el ALCA (2004-2005), y que, a pesar de su heterogeneidad, configuraron el extenso campo de la izquierda latinoamericana y caribeña en un contexto de alza de un proyecto continental antineoliberal, con un claro corte puesto en la defensa de la soberanía y la independencia de la región. Hoy, más de veinte años después, la coyuntura ha cambiado de manera drástica, en particular después del 3 de enero de 2026 con el bombardeo a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro y la diputada Cilia Flores.
En ese marco, buscamos trabajar sobre interrogantes generales y específicos que nos permitan construir esta caracterización: ¿qué significa ser de izquierda?, ¿dónde están los límites -interno o externos- que separan la izquierda de la centroizquierda o del progresismo sin contenido transformador? Estas preguntas no son preliminares al análisis sino parte de su sustancia.
Objetivos específicos primarios
- Identificar qué espacios organizativos se perciben dentro del campo de las izquierdas.
- Identificar qué horizonte histórico persiguen y qué objetivos se proponen: programa, estrategia. Cuál es la definición del enemigo concreto.
- Establecer la tradición en la que se inscriben y las identidades políticas: narrativas históricas, sistema de valores, etc. Definición del enemigo histórico.
- Identificar su quehacer: posicionamiento en la lucha de clases, como se ubican, que declaran, como actúan. Definición del enemigo coyuntural. Correlación de fuerzas.
- Reconocer cuáles son sus formas de organización y qué práctica organizativa interna tienen.
- Identificar cuáles son sus bases sociales y cómo se asientan en ellas, cómo construyen poder popular, y qué tipo de relaciones sociales producen y reproducen.
- Identificar cuál es su orientación, en términos de praxis: comparando sus objetivos, su práctica y las nuevas realidades resultantes.
- Reconocer cómo se relacionan con otros actores: Estado, Mercado, Instituciones y otras organizaciones (izquierda institucional, centros, derechas).
Objetivos específicos secundarios:
- Identificar la relación entre izquierda social e izquierda institucional.
- Reconocer la relación entre las izquierdas y el estado y el mercado y el desarrollo del sistema económico vigente.
- Establecer la relación entre las izquierdas y la democracia como régimen político y como práctica organizativa.
- Identificar la relación de las izquierdas con el problema nacional, el internacionalismo, la globalización y la soberanía.