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	<title>| Instituto Tricontinental de Investigación Social</title>
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	<description>The public mission: To develop academic-quality research towards generating conversations about the pressing problems of our time. The Institute will develop public policies that take into consideration the aspirations and constraints of the vast mass of the people of our planet. spain content</description>
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		<title>Las raíces del capitalismo: la esclavitud y el comercio del azúcar</title>
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		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Aug 2026 08:00:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Materialismo histórico]]></category>
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					<description><![CDATA[El mundo capitalista moderno se construyó no solo a partir de bancos y fábricas, sino también a través de plantaciones, puertos y barcos que convirtieron el azúcar y a los seres humanos esclavizados en fuentes de ganancia global.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--content--acknowledgments"><em>Las raíces del capitalismo</em> es el primer texto de Estudios sobre Materialismo Histórico, una nueva serie del Instituto Tricontinental de Investigación Social. Esta serie analiza el pasado del mundo moderno desde la perspectiva del materialismo histórico, un método que explica la historia a través de las condiciones materiales y la lucha de clases e insiste en que la dialéctica entre el imperialismo y las luchas anticoloniales es fundamental para comprender cómo se construyó el mundo moderno.</div>
<h2 style="margin:3em 0;">Prólogo</h2>
<p class="single-post--content--section-author">Vijay Prashad</p>
<p>Hay cierto consuelo en las historias que los imperios cuentan sobre sí mismos. Son historias de ingenio, de descubrimiento, del avance constante de la razón y la ciencia. En ellas, el capitalismo aparece casi como una inevitabilidad, como el florecimiento natural del progreso humano en Europa occidental, impulsado por la innovación tecnológica y la llamada Ilustración. Lo que estos relatos omiten no es accesorio, sino fundamental: la violencia que forjó el mundo moderno.</p>
<p><em>Las raíces del capitalismo: la esclavitud y el comercio del azúcar</em>, de Prabir Purkayastha, es una intervención en esta amnesia cultivada. Insiste en que miremos directamente el registro histórico y reconozcamos que el capitalismo no surgió del despliegue apacible de los mercados y las máquinas, sino de la brutal reorganización del mundo mediante la conquista, la esclavización y la extracción. Buena parte de este estudio fue escrito en pedazos de papel que iban y venían durante los 225 días de encarcelamiento de Prabir Purkayastha en la cárcel central de Rohini, en Delhi (India) y que discutíamos con quienes lo visitábamos. Nos obliga a repensar qué queremos decir cuando hablamos de los orígenes del capitalismo y a preguntarnos: ¿de quién es la historia que se cuenta?, ¿qué sufrimiento se oculta? y ¿cuál fue el costo?</p>
<p>En el corazón de este estudio está el azúcar, no solo como mercancía, sino como relación social. El azúcar fue una de las primeras mercancías verdaderamente mundiales, que unía continentes en circuitos de producción, intercambio y finanzas. Su cultivo exigió vastas extensiones de tierra, enajenadas mediante el genocidio en las Américas, e inmensas cantidades de trabajo, aportadas por la trata transatlántica de personas africanas esclavizadas<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a>. El azúcar, en este sentido, no solo se producía: su producción era posible gracias a un sistema que trataba a los propios seres humanos como mercancías.</p>
<p>Lo que Purkayastha demuestra con claridad es que la plantación no era una institución arcaica ni precapitalista. Al contrario, fue uno de los primeros espacios de organización capitalista moderna. Allí vemos la integración de la agricultura y la industria, la contabilidad minuciosa de costos y ganancias, el cálculo de la productividad laboral y la despiadada lógica del reemplazo. Las personas esclavizadas quedaban reducidas a unidades de capital, y sus vidas se medían según su precio de mercado. La plantación, como señaló Sidney Mintz, era a la vez campo y fábrica. Las inmensas ganancias generadas por la esclavitud y la agricultura de plantación no fueron periféricas para el desarrollo europeo: fueron centrales. La producción de azúcar, la trata de personas esclavizadas y las industrias asociadas (transporte marítimo, seguros, refinado y finanzas) formaron un sistema interconectado que alimentó la acumulación de capital a escala global. La riqueza generada en el Caribe y las Américas fluyó hacia las ciudades europeas y financió el crecimiento de industrias e instituciones financieras. Las refinerías de azúcar de Londres, Bristol y Liverpool estuvieron entre los primeros centros de trabajo industriales. Procesaban el azúcar crudo producido con trabajo esclavo y lo transformaban en mercancías para el consumo masivo y la reexportación por todo el mundo.</p>
<p>Hablar del capitalismo sin aludir a la esclavitud es, por tanto, contar solo la mitad de la historia. Es aceptar un relato que limpia el pasado y oculta la violencia estructural sobre la que se edificó el mundo moderno. La obra de Purkayastha se inscribe en una larga tradición de pensamiento radical, de Eric Williams a Walter Rodney, que ha buscado restituir esta historia ausente. Pero además hace avanzar la discusión al centrarse de cerca en el azúcar como clave para comprender las dinámicas más amplias del desarrollo capitalista. Lo que emerge es una imagen del capitalismo no como un simple sistema económico, sino como un proyecto global de dominación que implicó la reorganización de la tierra, el trabajo y los recursos a lo largo de los continentes; la destrucción de las sociedades existentes; y la creación de nuevas jerarquías de raza y de poder. La interdependencia entre el azúcar y las personas esclavizadas como mercancías lo ilustra con nitidez: no se puede comprender el uno sin las otras. Esta historia no es solo de interés académico. Los legados de este sistema persisten en las desigualdades que estructuran nuestro mundo actual. La riqueza acumulada mediante la esclavitud y el colonialismo no desapareció: se institucionalizó en los sistemas financieros, las relaciones de propiedad y las divisiones globales del trabajo que siguen moldeando nuestro presente. Comprender los orígenes del capitalismo es, por tanto, entender mejor sus formas contemporáneas y sus injusticias persistentes.</p>
<p>Hay también, en esta obra, un desafío implícito a la forma en que pensamos la resistencia. El sistema que aquí se describe se sostuvo mediante la violencia, pero también fue disputado en cada etapa por las personas esclavizadas que resistieron su cautiverio, por quienes denunciaron la brutalidad de la trata y por los movimientos que buscaron desmantelarlo. Recuperar esta historia no es solo enfrentar los crímenes del pasado, sino también reconocer las luchas que buscaron superarlos.</p>
<div class="single-post--content--media-block p150592--poem" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<p class="p150592--poem-header"><img decoding="async" src="/wp-content/themes/mytheme/resources/assets/slavery-sugar-study/poem-header.png"></p>
<p>El poema satírico y antiesclavista de William Cowper “Pity for Poor Africans” [Compasión por los pobres africanos], impreso y distribuido en 1788 por la Sociedad para la Abolición de la Trata de Esclavos y utilizado como parte de su campaña, comienza con una declaración inequívoca:</p>
<blockquote class="p150592--poem-quote"><p>Confieso que me espanta la compra de esclavizados,<br>
y temo que quienes con ellos trafican son malvados;<br>
cuanto oigo de sus males, torturas y miserias,<br>
casi basta para arrancar piedad de las piedras.</p>
<p>Los compadezco mucho, más guardo mi opinión,<br>
pues ¿cómo pasaríamos sin azúcar ni ron?<br>
Sobre todo el azúcar, tan necesaria, ya se ve:<br>
¿qué?, ¿dejar nuestros postres, el café y el té?</p>
<p>Además, si lo hacemos, franceses, holandeses y daneses<br>
nos lo agradecerán de corazón, sin duda, con creces:<br>
si no compramos nosotros a esas pobres criaturas, ellos lo harán,<br>
y torturas y gemidos aún más se multiplicarán.</p></blockquote>
<p class="p150592--poem-footer"><img decoding="async" src="/wp-content/themes/mytheme/resources/assets/slavery-sugar-study/poem-footer.png"></p>
</div>
<h2 style="margin:3em 0;">El relato convencional: una visión general</h2>
<p>La explicación convencional del ascenso de Occidente, la versión simplista y eurocéntrica de la civilización, sostiene que unos pocos países de Europa occidental llegaron a dominar el mundo gracias a una serie de acontecimientos ocurridos únicamente allí (Wolf, 1982). Según esta visión eurocéntrica, los acontecimientos clave de este período son la Era de los Descubrimientos (de fines del siglo XV al XVII), la Ilustración (de fines del siglo XVII al XVIII) y la Revolución Industrial (de mediados del siglo XVIII a mediados del XIX). Desde esta perspectiva, la Ilustración aceleró el desarrollo científico y tecnológico, y contribuyó a poner en marcha la primera ola de industrialización. Así, el impulso central del progreso en Occidente se presenta como el cambio tecnológico, guiado por la ciencia y la racionalidad capitalista, que se sacudió las cadenas de la producción precapitalista y creó un nuevo sistema económico basado en el trabajo asalariado “libre”. El papel del saqueo, el genocidio y la esclavitud que precedieron y acompañaron a la Revolución Industrial queda borrado de esta historia (Angus, 2023; Berg y Hudson, 2011: 259-281). Si se menciona, aparece a lo sumo como un apéndice desafortunado o un subproducto de esta historia, pero en absoluto como algo central.</p>
<p>Los hechos históricos no respaldan en modo alguno esta explicación mítica del desarrollo capitalista de Occidente. La narrativa convencional también omite tres hechos significativos en la historia del capitalismo: primero, que la economía de plantación en el Caribe y en la América continental (tanto del Norte como del Sur) consolidó el azúcar como una mercancía de producción a gran escala y creó un mercado mundial; segundo, que los cimientos del capital británico eran anteriores a la Revolución Industrial; y tercero, que fue el algodón, producido por personas africanas esclavizadas en el Sur de Estados Unidos, lo que convirtió a este país en una potencia en ascenso y financió la revolución textil de Inglaterra (Baptist, 2014).</p>
<p>No es nuestra intención repetir aquí lo que académicos como C. L. R. James (1938), Eric Williams (1944), Walter Rodney (1970), Joseph Inikori (2009) y muchos otros ya han escrito sobre este tema. En este estudio nos centraremos en un cultivo (la caña de azúcar) y sus productos (como el azúcar, la melaza y el ron) como mercancías para el mercado mundial. El azúcar fue la primera mercancía mundial: creó el mercado capitalista y sentó las bases del sistema financiero global. Estuvo acompañada por una segunda “mercancía”: personas esclavizadas capturadas en África y vendidas en el Caribe y las Américas. El desarrollo del capital británico, holandés y francés, y más tarde del capital estadounidense, es tanto la historia de esta práctica atroz de tratar a los seres humanos como mercancías para el mercado como la del producto de su trabajo.</p>
<p>La idea dominante en la academia y la historiografía occidentales sobre la economía mundial moderna es que sus cimientos se sentaron con la Era de los Descubrimientos: el “descubrimiento” europeo del llamado Nuevo Mundo por figuras como Hernando de Magallanes (1480-1521) y Cristóbal Colón (1451-1506), y el descubrimiento de la ruta marítima a Asia por Vasco da Gama (c. 1460-1524) al rodear África. La Era de los Descubrimientos suele vincularse con la Ilustración, pese a la brutalidad de figuras como Colón y da Gama.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> Luego, según el relato, la Revolución Científica, que acompañó a la Ilustración, condujo a la Revolución Industrial en Gran Bretaña, seguida rápidamente por otras partes de Europa occidental. Fue la expansión de la Revolución Industrial hacia el “Nuevo Mundo”, principalmente hacia América del Norte, con el aumento del trabajo asalariado “libre” y el despojo territorial colonial mediante el genocidio, lo que llevó a los Estados Unidos a convertirse en la principal potencia económica del siglo XX.</p>
<p>En otras palabras, la esclavitud, el genocidio, la expropiación de las tierras de los pueblos indígenas y el saqueo colonial no forman parte de esta imagen edulcorada del desarrollo del capitalismo salvo como aberraciones menores (Beckert, 2015: 83-97). ¿Cómo se “producía”, entonces, el suministro de personas esclavizadas procedentes de África?</p>
<p>El punto de partida de la trata transatlántica suele situarse en el momento en que los mercaderes occidentales –portugueses, británicos, holandeses y franceses– compraban seres humanos esclavizados en los puertos africanos.<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> Así como el genocidio de los pueblos indígenas de las Américas y el Caribe se encubre con el falso relato de que sus tierras estaban vacías, a la espera de que los europeos llegaran a reclamarlas, algunos historiadores han sostenido que, dado que la esclavitud ya existía en África, lo único que hicieron los europeos fue aprovechar los mercados de personas esclavizadas ya existentes (Rodney, 1972: 95; Meillassoux, 1991). Este relato ignora la <em>escala</em> de la trata de personas esclavizadas que Occidente introdujo en África, que transformó cualitativamente lo que era en gran medida una esclavitud doméstica en una “producción” a escala industrial de personas esclavizadas destinadas a las plantaciones del otro lado del Atlántico. Claude Meillassoux describe este proceso como la producción de personas esclavizadas en el “vientre de hierro y oro”, es decir, mediante el nexo armas-personas esclavizadas-oro, en el que las armas de fuego y la pólvora se intercambiaban por personas esclavizadas cuya venta generaba ganancias. El “hierro” de esta fórmula alude al uso de las armas de fuego y la pólvora como mercancías de intercambio por personas esclavizadas y como instrumentos de captura, mientras que el “oro” remite a las ganancias y el capital que esta trata generaba. Esto se sustenta en los registros comerciales, que muestran exportaciones sustanciales de pólvora desde Europa hacia África durante este período (Whatley, 2018: 80-104).</p>
<p>Uno de los resultados de esta trata impulsada por la violencia, al igual que el genocidio en las Américas, fue una catástrofe demográfica. Mientras que la población de Asia y Europa creció un 300% o más entre los siglos XVII y XIX, en marcado contraste, la población africana se mantuvo casi igual y en muchas regiones disminuyó.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> Esto fue consecuencia de la violencia ejercida sobre las estructuras sociales existentes y de la destrucción de las economías locales mediante la captura y venta forzadas de seres humanos. El impacto de la esclavitud sobre la población africana suele pasarse por alto cuando se considera únicamente el número de personas esclavizadas transportadas a las Américas y el Caribe, estimado en al menos diez millones. Sin embargo, como escribe Walter Rodney, esta cifra se refiere solo a las personas que desembarcaron en las Américas y el Caribe. No toma en cuenta la actividad de los traficantes ilegales ni la cantidad de personas africanas que murieron al cruzar el Atlántico y durante el proceso de su “adquisición”, o secuestro, en sus lugares de origen. En conjunto, estas pérdidas sugieren que el número total de personas africanas capturadas para la trata transatlántica –tanto quienes sobrevivieron hasta llegar a las Américas como quienes murieron durante la captura, las marchas, la detención y el Pasaje del Medio– fue considerablemente mayor, probablemente en un rango de 14 a 20 millones (1972: 96). No fue sino hasta la abolición de la esclavitud cuando la población y la economía del continente comenzaron a recuperarse, y un crecimiento más sostenido no se produjo hasta que los países africanos alcanzaron la independencia.</p>
<p>Esta devastación en África fue intrínseca al auge de la producción de azúcar en las plantaciones de trabajo esclavo de las Américas y el Caribe. Comercializada a escala global desde el siglo XVI en adelante, el azúcar sustentó el crecimiento del colonialismo europeo y el desarrollo del mercado mundial de mercancías. De hecho, fue para expandir la producción de azúcar que se estableció el brutal y complejo sistema nuevo para adquirir y comerciar con personas africanas esclavizadas, distinto del sistema preexistente, que consistía en gran medida en la esclavitud doméstica (Rodney, 1972: 60; Inikori, 1982: 24-25). Juntos, el azúcar y las personas esclavizadas se convirtieron en mercancías emparejadas, y los circuitos de producción, crédito y comercio construidos en torno a ellos contribuyeron a sentar las bases del capitalismo moderno. Esta dinámica se aprecia con especial claridad en el complejo de plantación del Caribe<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a> que resultó central para el desarrollo capitalista de Gran Bretaña y constituye una dimensión de lo que Sven Beckert y Seth Rockman llaman “el capitalismo de la esclavitud” (Williams, 1944; Mintz, 1985; Eltis y Richardson, 1997; Eltis y Richardson, 2015; Beckert, 2015).</p>
<p>Impulsados por el comercio extremadamente lucrativo de personas esclavizadas, los productos derivados de la caña de azúcar (azúcar, melaza y ron) estuvieron entre las primeras mercancías producidas para los mercados mundiales. Antes de que la producción de algodón se convirtiera en el emblema tanto de la Revolución Industrial como de los horrores de la esclavitud en el Sur de Estados Unidos, el azúcar fue el eje de un sistema transatlántico de extracción e intercambio de trabajo, que vinculaba la producción de plantación con el comercio a larga distancia y la reexportación. Desde el siglo XVI hasta la abolición de la esclavitud en el siglo XIX, el azúcar y sus subproductos circularon a través de mercados entrelazados y generaron ganancias en el transporte marítimo, los seguros, el almacenamiento y las finanzas, a medida que las mercancías se exportaban, refinaban y reexportaban.</p>
<p>El relato dominante del comercio triangular, el intercambio a tres bandas de personas esclavizadas, materias primas y bienes manufacturados entre Europa, África y el “Nuevo Mundo”, suele pasar por alto otras mercancías esenciales para este sistema, entre ellas los textiles y el salitre (nitrato de potasio, un ingrediente clave de la pólvora).<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> Por ejemplo, durante buena parte de los siglos XVIII y XIX (1750-1850, según Kazuo Kobayashi), los textiles producidos en la India fueron enviados por las Compañías de las Indias Orientales británica y francesa a la costa occidental de África, donde eran intercambiados por personas esclavizadas (2019). De manera similar, los europeos usaban el salitre exportado desde la India para fabricar pólvora, que luego intercambiaban por personas africanas esclavizadas. En sus evaluaciones de la importancia del comercio triangular, Ronald Findlay y Kazuo Kobayashi sostienen que, en el tercer cuarto del siglo XVIII, un porcentaje significativo de las exportaciones británicas a África eran reexportaciones desde la India, no bienes manufacturados europeos.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> Fue el botín colonial de la India, los ingresos por tierras extraídos del campesinado indio, lo que financió la “exportación” de textiles y salitre desde la India (Patnaik y Moyo, 2011).</p>
<p>Los economistas políticos como Adam Smith, por ejemplo, ven este período o bien como mercantilista y, por ende, ineficiente, o bien como una fuente de acumulación originaria: un precursor de la acumulación capitalista que le siguió. Sin embargo, Marx deja en claro que esta “supuesta acumulación originaria” fue expropiación, <em>no</em> acumulación (Angus, 2023). Fue saqueo, lisa y llanamente, no ahorro ni la formación de un fondo de emergencia.</p>
<p>En la producción de azúcar, la esclavitud y sus procesos de trabajo asociados fueron una fuente importante tanto de expropiación como de acumulación de capital. Esta forma de acumulación de capital, arraigada en las plantaciones, sentó las bases de la Revolución Industrial. Resulta engañoso afirmar que el impacto del colonialismo sobre las colonias (en términos de desindustrialización y drenaje de riqueza, por ejemplo) fue un fenómeno separado de la economía de las plantaciones basada en el trabajo esclavo, y de la dinámica más amplia del “Nuevo Mundo”, o que estos factores no fueron importantes para determinar el desarrollo del capitalismo en las metrópolis. Tal afirmación oscurece los cimientos coloniales del capitalismo moderno (Inikori, 1992: 151-157; Inikori, 2002).</p>
<p>A continuación, consideremos cómo se desarrolló el sistema de plantación para producir azúcar, principalmente por medio del trabajo esclavo. Esto exige rastrear el desarrollo del cultivo y el comercio del azúcar en la región mediterránea como precursor del desarrollo de la producción basada en las plantaciones en el mundo atlántico. ¿Cómo moldearon la producción, la exportación y la reexportación de azúcar el capital financiero europeo y el desarrollo industrial? Dado que la producción de azúcar se basaba en el trabajo esclavo, para responder a esta pregunta debemos examinar las dinámicas de la esclavitud y la producción de azúcar en la economía azucarera americano-caribeña, con mayor énfasis en el sistema de plantación caribeño bajo dominio holandés, francés y británico. Esta discusión ilustra que tanto el azúcar como las personas africanas esclavizadas, producidas y vendidas como productos de mercado, fueron cruciales para la expansión mundial del capitalismo temprano y sus estructuras de producción.</p>
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<h2 style="margin:3em 0;">La producción de azúcar en el Mediterráneo: de la agricultura campesina al capitalismo de plantación</h2>
<p>Antes de las Cruzadas, Europa Occidental (salvo su élite) no conocía el azúcar.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> Luego ocurrieron dos transformaciones. Primero, el uso del azúcar, importado del Mediterráneo oriental, siguió aumentando, incluso después de que las Cruzadas no lograran conquistar la “Tierra Santa”. Segundo, el cultivo del azúcar se expandió hacia el oeste, desde el Mediterráneo oriental hacia el Mediterráneo occidental y la Península Ibérica: en primer lugar a islas mediterráneas como Sicilia, Chipre, Rodas y Creta; luego a partes de la Península Ibérica y el norte de África; y más tarde a islas atlánticas como Madeira y las Canarias. Esta geografía estuvo determinada en parte por el clima: la caña de azúcar requiere una temporada de crecimiento larga y cálida, y un período de maduración y cosecha fresco, pero sin heladas. Las heladas pueden matar la caña y dañar sus raíces, lo que significó que el cultivo se limitara en gran medida a las zonas más cálidas del Mediterráneo, el sur de la península ibérica, el norte de África y las islas atlánticas, en lugar del norte y gran parte del oeste de Europa.</p>
<p>A diferencia de la agricultura de base campesina de las llanuras costeras del Mediterráneo oriental y meridional, la agricultura en Europa occidental se basaba en una combinación de trabajo campesino y la corvea (el trabajo no remunerado que los campesinos estaban obligados a realizar en las tierras del señorío feudal, o en las tierras de reserva señorial). En las islas mediterráneas de Sicilia, Chipre, Rodas y Creta, asentar o importar campesinado de Italia o Grecia no era una opción viable, porque la peste negra (1347-1351) había reducido drásticamente la oferta de trabajo campesino en Europa y el Mediterráneo. En su lugar, los gobernantes de Europa occidental de estas islas importaron personas esclavizadas del norte de África para sustituir el trabajo “libre” que proporcionaba la corvea en Europa occidental.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> Esto tuvo una enorme relevancia: la producción de azúcar se transformó de la producción mayormente campesina del mundo árabe a la economía de plantación “moderna” basada en la esclavitud en el Caribe.</p>
<p>Otra característica importante de las plantaciones en las islas del Mediterráneo fue la inversión de capital de las grandes familias mercantiles de Venecia y Génova: fue en estas islas donde comenzó el matrimonio entre el capital mercantil y la esclavitud moderna. Portugal extendió este modelo de plantación azucarera basada en la esclavitud desde las islas atlánticas más cercanas a la península ibérica —Madeira, las Canarias y las Azores— hasta Cabo Verde, frente a la costa de África occidental, y más tarde a Santo Tomé, en el Golfo de Guinea (cerca de la actual Ghana). El paso final en la transformación de la agricultura campesina a las plantaciones azucareras basadas en la esclavitud tuvo lugar en Santo Tomé. Los dueños de las plantaciones, por lo general de la aristocracia, obtenían tierras del rey portugués, capital de Venecia o Génova y personas esclavizadas de África. Los portugueses transportaron este sistema a Brasil. Desde allí, se extendió al Caribe y más tarde a partes de América del Norte.</p>
<p>¿Introdujeron estas islas del Mediterráneo y del Atlántico algún cambio tecnológico importante en la producción de azúcar? Según Ulbe Bosma, la respuesta es no. El error inicial que cometieron los historiadores fue oscurecer la similitud tecnológica de las técnicas de molienda y procesamiento del azúcar en el Mediterráneo oriental y occidental, la Península Ibérica, las islas del Atlántico y, finalmente, el “Nuevo Mundo” (2023:349). En su extraordinaria obra <em>The World of Sugar</em> [El mundo del azúcar], Bosma resume este recorrido:</p>
<blockquote><p>Los productores de azúcar viajaron desde Egipto y Siria hasta Chipre y Sicilia, desde donde sus conocimientos y destrezas pasaron a Valencia y llegaron a Madeira. Los maestros azucareros portugueses aprendieron su arte de los musulmanes de Andalucía, que la gobernaron durante 800 años, y lo llevaron a Madeira y las Canarias.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a></p></blockquote>
<p>El modelo de plantación que se trasplantaría a las Américas prácticamente sin cambios, sobre todo a Brasil y el Caribe, comenzó en Santo Tomé. La caña cultivada en las Américas y el Caribe provenía de las islas del Atlántico, donde a su vez había sido introducida desde el Levante y Egipto. En cuanto al cultivo de la caña de azúcar, hubo pocos cambios importantes. El modelo siguió basándose en la técnica largamente establecida de dejar parte del tallo de la caña en el suelo tras la cosecha para que produjera una nueva cosecha (un proceso conocido como reproducción vegetativa, o “soca”, que aún se utiliza hoy). Incluso cuando se plantaban nuevos cultivos, los brotes de los tallos viejos seguían creciendo.</p>
<p>Las islas del Mediterráneo remodelaron la relación existente entre el campesinado productor de caña de azúcar y quienes participaban en los procesos secundarios y terciarios de moler la caña, producir azúcar a partir del jugo y comerciar con el azúcar. En el nuevo modelo de plantación, la producción de caña de azúcar se integró con los procesos de molienda, cocción y refinación en un solo sitio. Esto creó el nuevo “flujo de trabajo” de emplear trabajo esclavo a lo largo de todo el proceso, desde el cultivo de la caña de azúcar hasta el producto final, ya fuera azúcar morena o azúcar blanca cristalina, que se refinaba en Europa.</p>
<p>Así funcionaba el flujo en las plantaciones de azúcar: durante la temporada de molienda, la caña madura debía cortarse y molerse, y el jugo debía concentrarse antes de cristalizar en azúcar (véase el diagrama 1). Una vez extraído el jugo al moler la caña, se hervía en una serie de grandes tinas o calderas que requerían una gran cantidad de combustible para concentrar el jugo en un jarabe espeso, que luego se enfriaba en conos de barro invertidos. Esto permitía su separación en panes de azúcar y melaza. También se adoptaron procesos de cristalización, o de refinado adicional, para producir cristales de azúcar en lugar de panes.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_151649" class="wp-caption aligncenter"><img decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-151649" class="wp-image-151649 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/20260804_Sugar-production_Web_ES-658x1024.jpg" alt="" width="658" height="1024" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/20260804_Sugar-production_Web_ES-658x1024.jpg 658w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/20260804_Sugar-production_Web_ES-193x300.jpg 193w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/20260804_Sugar-production_Web_ES-768x1195.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/20260804_Sugar-production_Web_ES-987x1536.jpg 987w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/20260804_Sugar-production_Web_ES-1316x2048.jpg 1316w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/20260804_Sugar-production_Web_ES.jpg 1463w" sizes="(max-width: 658px) 100vw, 658px"><p id="caption-attachment-151649" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Diagrama 1. El régimen de trabajo de la producción de azúcar.</small></p></div>
</div>
<h2 style="margin:3em 0;">El azúcar cruza el Atlántico: el complejo de plantación y la trata</h2>
<p>Cuando la producción azucarera se expandió desde el Mediterráneo hacia las islas del Atlántico, Brasil y el Caribe entre los siglos XV y XVII, las técnicas centrales de procesamiento permanecieron relativamente sin cambios, pero la creciente escala de las operaciones de plantación y la expansión de los circuitos de exportación y reexportación transformaron gradualmente los patrones tanto de producción como de comercio. Este sistema de producción y comercio de mercancías, arraigado en la esclavitud, el cultivo de azúcar y los ciclos mundiales de exportación y reexportación, contribuyó a sentar las bases de la economía capitalista moderna. Como veremos, la “innovación” clave consistió en cómo extraer la máxima producción al mínimo costo de las personas esclavizadas antes de que pudieran ser “reemplazadas”, es decir, generar suficiente excedente del trabajo esclavo para cubrir tanto las ganancias como los costos de reemplazo.</p>
<p>Fue la promesa de inmensas ganancias lo que impulsó a los portugueses a llevar el monocultivo del azúcar desde la región mediterránea, primero a las islas atlánticas frente a la Península Ibérica y África occidental en el siglo XV. La incursión portuguesa en la producción de azúcar con trabajo esclavo tuvo lugar en las islas de Madeira, las Azores, Cabo Verde, Santo Tomé y Príncipe (Greenfield, 1979: 85-119). Hacia fines del siglo XVI y comienzos del XVII, el sistema colonial de plantación basado en la esclavitud surgió en Brasil bajo la égida de los portugueses. De 1624 a 1654, los holandeses obtuvieron el control de las plantaciones portuguesas en el norte de Brasil y aprendieron las técnicas de la producción azucarera de plantación, mientras controlaron el territorio. Durante este período, y tras su expulsión por los portugueses, el capital y la pericia holandesa ayudaron a difundir la producción de azúcar hacia sus colonias del Caribe. En el siglo XVII, los británicos y franceses aprendieron de la práctica holandesa e introdujeron el azúcar en sus colonias.</p>
<p>La producción de azúcar en el Caribe supuso una concentración de capital y una intensificación del trabajo esclavo sin parangón en ningún otro monocultivo de una sola región. Las plantaciones de algodón del Sur de Estados Unidos usaron más tarde un modelo similar de trabajo esclavo, pero este surgió al menos 150 años después.</p>
<p>Sidney Mintz, que ha escrito extensamente sobre el azúcar como mercancía y sobre la economía de plantación, sostiene que la producción de azúcar fue profundamente industrial y “moderna” en cuanto al proceso de trabajo, la productividad del capital y los sistemas de gestión empleados (1985). La producción de azúcar era esencialmente industrial y capitalista por naturaleza, salvo que trataba a los seres humanos como capital fijo, es decir, como máquinas, y, por tanto, como reemplazables.</p>
<p class="single-post--content--image-title">Producción de azúcar en el Caribe, siglos XVII-XIX</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<p><img decoding="async" class="wp-image-151585 size-large alignnone" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph1_ES-1024x745.png" alt="" width="1024" height="745" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph1_ES-1024x745.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph1_ES-300x218.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph1_ES-768x559.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph1_ES.png 1470w" sizes="(max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-151593 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph2_ES-1024x745.png" alt="" width="1024" height="745" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph2_ES-1024x745.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph2_ES-300x218.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph2_ES-768x559.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph2_ES.png 1470w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></p>
<div id="attachment_151601" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-151601" class="wp-image-151601 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph3_ES-1024x745.png" alt="" width="1024" height="745" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph3_ES-1024x745.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph3_ES-300x218.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph3_ES-768x559.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Graph3_ES.png 1470w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-151601" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Datos recopilados a partir de Deer, 1949, 1950.</small></p></div>
</div>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-152062 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Map2_ES-1-1024x835.jpg" alt="" width="1024" height="835" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Map2_ES-1-1024x835.jpg 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Map2_ES-1-300x245.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Map2_ES-1-768x626.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Map2_ES-1.jpg 1080w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></div>
<h2 style="margin:3em 0;">Las islas del Caribe: plantaciones, azúcar y personas esclavizadas</h2>
<p>Para rastrear cómo se expandieron las plantaciones azucareras y cómo se organizó la trata de personas esclavizadas entre imperios rivales, esbozaremos el cambiante control colonial de territorios clave del Caribe. Las cinco principales potencias coloniales en el Caribe fueron España, Portugal, los Países Bajos, Francia e Inglaterra. Los primeros colonizadores fueron los españoles, que se apoderaron de Jamaica, Trinidad, Puerto Rico y La Española entre la década de 1490 y comienzos del siglo XVII. Inglaterra reclamó Barbados en 1625 y comenzó su colonización en 1627. En 1655, Inglaterra le arrebató Jamaica a España. Francia estableció colonias en Guadalupe (1635) y Martinica (1635) y, en virtud del Tratado de Rijswijk (1697), obtuvo el tercio occidental de La Española, que rebautizó como Saint-Domingue (el actual Haití). En la cercana costa de las Guayanas, los holandeses establecieron colonias, entre ellas Esequibo, desde 1616; Surinam, que adquirieron más tarde, pasó a conocerse como Guayana Holandesa. Hacia la segunda mitad del siglo XVIII, Gran Bretaña y Francia se habían convertido en la principal presencia colonial en el Caribe.</p>
<p>Pero el azúcar no llegó primero a las Américas a través del Caribe. Llegó a través de Brasil, donde los portugueses importaron el modelo de Santo Tomé de producción de azúcar basada en la esclavitud a las regiones de Pernambuco y Bahía (Coben, 2015: 142-162). Estas regiones tenían un clima adecuado para producir azúcar y tierras que no estaban densamente boscosas y podían despejarse para desarrollar plantaciones de azúcar. Los portugueses necesitaban presencia sobre el terreno para reforzar su reclamo sobre una tierra que, por lo demás, no era más que una línea trazada en un mapa en el tristemente célebre Tratado de Tordesillas (1494), de modo que otorgaron concesiones de tierras a colonos que luego labrarían la tierra con trabajo esclavo. A diferencia de las plantaciones del Caribe, las parcelas de tierra en estas regiones de Brasil eran más pequeñas. Tanto en Brasil como en el Caribe, la producción de azúcar dependió en gran medida de personas africanas esclavizadas, junto con el trabajo de algunas indígenas.</p>
<p>La ventaja de las tierras “gratuitas” que la Corona portuguesa concedía a colonos y hacendados en Brasil, tras la violencia genocida empleada contra los indígenas, era que las plantaciones podían ampliarse sin ningún límite físico significativo. La desventaja de este sistema era que no ofrecía ningún incentivo para mejorar el cultivo. Resultaba más barato ampliar las tierras de plantación que esforzarse por mejorar los rendimientos o la eficiencia de la producción de azúcar, sujeto, por supuesto, a la disponibilidad de personas africanas esclavizadas. En las plantaciones insulares, en cambio, la tierra imponía un límite físico. Por ejemplo, en Barbados, una isla relativamente diminuta y con muy pocos bosques, los hacendados tuvieron que adoptar diversas prácticas para adaptarse a estas limitaciones, como emplear el bagazo (los tallos secos de la caña tras la molienda) a modo de combustible para hervir el jugo y producir azúcar, junto con diversas prácticas para preservar la fertilidad del suelo.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a></p>
<p>En Brasil, por el contrario, había tierra en abundancia. Esto posibilitó métodos que agotan la productividad del suelo, ya que el cultivo podía desplazarse a nuevos campos, y una deforestación impulsada por la expansión. Aunque los holandeses, franceses y británicos sí mejoraron ciertas prácticas —por ejemplo, al introducir molinos más eficientes y estrategias de uso del combustible, y al optimizar la logística de las plantaciones—, también tenían una ventaja importante sobre los portugueses: el acceso a poderosas redes de financiamiento mercantil, seguros y refinación en Europa, capaces de financiar la producción, asegurar los cargamentos, refinar el azúcar y comercializarla a gran escala. Mientras los comerciantes de las ciudades italianas antes habían proporcionado capital y comercialización para el azúcar del Mediterráneo, los portugueses no contaban con una comunidad financiera semejante, pues habían expulsado a los judíos sefardíes y a los árabes que antaño desempeñaban ese papel, entre otras cosas mediante las expulsiones de la Península Ibérica bajo el rey Manuel I en 1496. Incluso durante la guerra que los Países Bajos históricos (los actuales Países Bajos y Bélgica) libraron contra la España de los Habsburgo (cuyo rey había sido declarado por el Papa cabeza del Sacro Imperio Romano Germánico), Amberes y Ámsterdam siguieron siendo las ciudades que refinaban el azúcar para el mercado europeo.</p>
<p>Los holandeses ocuparon el corazón de la economía azucarera de Brasil, Pernambuco, entre 1630 y 1654, cuando los portugueses recuperaron el control. En ese período, los mercaderes holandeses desarrollaron vínculos comerciales con los hacendados portugueses y canalizaron el azúcar brasileño hacia las refinerías de Amberes y Ámsterdam. Esto continuó después de que los portugueses recuperaran la posesión de Pernambuco y Bahía. Sin embargo, los holandeses se apoderaron de algo más que las plantaciones de azúcar: también les arrebataron a los portugueses el comercio de personas esclavizadas y, en 1637, tomaron el castillo de Elmina (en la actual Ghana), un importante centro de compra, confinamiento y embarque de personas africanas esclavizadas.</p>
<p>Los holandeses, que combatían al rey español y se consideraban “más ilustrados”, tenían pocos reparos en entrar en el comercio de personas esclavizadas. Aparecen en las crónicas del azúcar tanto como quienes llevaron las plantaciones de azúcar al Caribe como en calidad de grandes transportistas de personas africanas esclavizadas desde la costa africana hasta las Américas. El modelo de plantación azucarera que los holandeses llevaron a Guyana y a las islas del Caribe fue luego adoptado por los hacendados británicos en Barbados y los hacendados franceses en Saint-Domingue y Martinica. Los holandeses actuaron no solo en función de sus intereses estatales como República Holandesa, sino también como expertos que podían ser contratados por hacendados de otras potencias coloniales.</p>
<p>Los holandeses, franceses y británicos unieron el capital a la práctica de la esclavitud en las plantaciones de azúcar y a la moderna división del trabajo. Cultivaban la caña de azúcar, la procesaban hasta la etapa del pan moreno en las colonias con trabajo esclavo y la transportaban para su procesamiento final, hasta convertirla en azúcar blanco y más refinado, en las ciudades europeas. Los capitalistas británicos, franceses y holandeses ganaban dinero vendiendo azúcar a la clase trabajadora y a la clase media de sus países de origen, y lo convirtieron en un producto de consumo masivo. También lo reexportaban al mercado mundial, con lo que consolidaron el azúcar como una mercancía mundial.</p>
<p>El modelo de plantación para la producción de azúcar, surgido en el Mediterráneo de fines del siglo XV, se adaptó a la organización capitalista de la producción y al comercio colonial en el “Nuevo Mundo”, en particular en las islas del Caribe. La producción capitalista de azúcar se consolidó en las plantaciones tanto mediante el cultivo de la caña de azúcar como a través de la organización de su procesamiento para convertirla en azúcar. En la base tanto de la producción de caña de azúcar como de su conversión en azúcar estaba el trabajo esclavo: un matrimonio impío del capital con la esclavitud atlántica. Esto difería de la producción de azúcar en gran parte de Asia y África, donde el campesinado cultivaba la caña y los pequeños dueños de molinos la molían y convertían el jugo en azúcar.</p>
<div class="single-post--content--media-block" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-150670" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header.png" alt="" width="1024" height="218" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header-300x64.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header-768x164.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></div>
<h2 style="margin:3em 0;">La producción de azúcar en las plantaciones</h2>
<p>La producción de caña de azúcar en las plantaciones coloniales era brutal e intensiva en mano de obra, y se apoyaba en una combinación de oficios especializados y labores de campo, organizada mediante lo que se conocía como el “sistema de cuadrillas”. Bajo este sistema, se hacía trabajar a las personas esclavizadas en cuadrillas supervisadas durante jornadas largas e ininterrumpidas. Contrariamente, el “sistema de tareas”, más común en las regiones productoras de arroz e índigo, como las zonas costeras de Carolina del Sur y Georgia, asignaba una cuota diaria de trabajo, tras la cual podía quedar algo de tiempo, dentro de estrictas restricciones coercitivas, para otras actividades (Cartwright, 2021; Pargas y Roşu, 2017). Los hacendados adoptaron diversos métodos para aumentar la rentabilidad de la economía azucarera basada en el trabajo esclavo, desde la preparación de los campos para el cultivo hasta el riego y la siembra, el corte y la cosecha de la caña, su transporte a los sitios de molienda, su procesamiento, y la producción y refinado del azúcar.</p>
<p>En el cultivo de la caña de azúcar, tanto en el Caribe como en Luisiana, se prefería el sistema de cuadrillas por la naturaleza de las plantaciones azucareras. Sidney Mintz explica en qué sentido la producción en las plantaciones de azúcar era singular: “Se trataba, por supuesto, de empresas agrícolas, pero, dado que buena parte del procesamiento industrial de la caña se realizaba también en las plantaciones, tiene sentido ver las plantaciones como una síntesis de campo y fábrica” (1985: 83). Tanto la producción agrícola como el procesamiento inicial de la cosecha hasta convertirla en “producto industrial” se realizaban en la propia plantación. En consecuencia, las mismas personas esclavizadas eran asignadas a distintas tareas a lo largo del ciclo de producción, desde plantar y cuidar la caña de azúcar hasta cosecharla, molerla para extraer el jugo y hervir ese jugo hasta obtener azúcar moreno y melaza. Esto difiere del sistema en las plantaciones de algodón, donde el cultivo solo se procesaba en parte in situ y luego se enviaba a las fábricas textiles, sobre todo en Gran Bretaña y más tarde en Nueva Inglaterra, para su manufactura posterior.</p>
<p>Aunque arraigado en la esclavitud, el sistema de cuadrillas extraía excedente mediante formas de cálculo que se asemejan a la gestión capitalista moderna. Las personas esclavizadas eran concebidas como activos de capital, y su mantenimiento se calculaba para minimizar los costos de subsistencia teniendo en cuenta, a la vez, su reemplazo. Se llevaban libros de contabilidad detallados de las plantaciones, que se compilaban en informes, muy parecidos a las hojas de cálculo actuales, con los que los dueños, a menudo en la lejana Gran Bretaña, podían examinar el rendimiento financiero de su inversión. Los estudios de tiempos y movimientos, tan apreciados por los modelos tayloristas de gestión fabril, estuvieron precedidos por estudios similares en las plantaciones trabajadas con trabajo esclavo en el Caribe y, más tarde, en el Sur anterior a la guerra de Secesión (Rosenthal, 2018). El valor de reemplazo de las personas africanas esclavizadas estaba determinado por el mercado: si su precio subía, aumentaba la necesidad de mantenerlas con vida. Si el precio bajaba, se incrementaba la intensidad de su explotación, y con ella el riesgo de muerte. Por eso, los cálculos del administrador de la plantación sobre la vida útil tomaban en cuenta el precio de reemplazo de una nueva persona esclavizada y estaban tan determinados por el mercado como las consideraciones del capital moderno en la actualidad.</p>
<p>En la práctica, el sistema de cuadrillas dividía a las personas esclavizadas según la edad y la capacidad física. La primera “cuadrilla” estaba compuesta por hombres y mujeres jóvenes, a finales de la adolescencia, que realizaban el trabajo físicamente más agotador durante 10 a 12 años, tras lo cual eran relegados a la segunda cuadrilla. Después de unos 20 años en la segunda cuadrilla, una persona que para entonces tenía cerca de 40 años, si sobrevivía, estaría exhausta y pasaría a integrar, junto con otras personas ancianas y niños pequeños, la tercera cuadrilla (conocida también como “cuadrilla de la hierba”), que desyerbaba los cultivos y recogía hierba para alimentar a los animales (Cartwright, 2021).</p>
<p>A comienzos del verano, la primera y la segunda cuadrilla preparaban los campos para la siembra despejándolos, quemándolos y removiendo la tierra con azadas. Las cuadrillas también debían construir y mantener las redes de riego. Luego, a fines del verano y comienzos del otoño, la primera cuadrilla plantaba la caña de azúcar, a menudo mediante el extenuante “ahoyado” (<em>cane-holing</em>): cavar a mano los hoyos de siembra por todo el campo. Se esperaba que una persona esclavizada de la primera cuadrilla cavara entre 60 y 100 hoyos al día, con dos plantas de caña sembradas en cada uno. Las personas esclavizadas de la primera y la segunda cuadrilla llevaban luego sobre la cabeza enormes y pesados cestos de estiércol animal hasta los hoyos y lo colocaban alrededor de cada planta. Un hectárea de plantas de caña de azúcar requería hasta 3 toneladas de estiércol.</p>
<p>Una vez cosechada, cinco o seis meses después de la siembra en el caso de las plantaciones más fértiles, la caña debía procesarse con rapidez para evitar que disminuyera su contenido de azúcar. Por eso, durante la temporada de zafra, cuando se trituraba y hervía la caña, las personas esclavizadas en los molinos y las casas de calderas trabajaban turnos de 18 a 20 horas, seis días a la semana. En Brasil, la observancia religiosa exigía formalmente que los ingenios<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> suspendieran el trabajo los domingos y días festivos. No obstante, esta exigencia no se cumplía de manera generalizada. A menudo se obligaba a las personas esclavizadas a seguir trabajando los domingos y los días festivos. Quedaban tan exhaustas que “tan soñoliento como un ingenio” se convirtió en un dicho extendido, y perder miembros por las máquinas se volvió rutinario (Schwartz, 2011: 177). Otras actividades importantes incluían transportar la caña a los molinos, acarrear la pesada madera para los hornos con que se hervía el jugo, y enviar a los puertos el azúcar y otros productos, incluido el ron.</p>
<p>En el Caribe, los domingos no eran días de descanso para las personas esclavizadas. Los pasaban trabajando sus propias parcelas, conocidas como “parcelas de subsistencia”. Sin los alimentos que cultivaban en estas pequeñas parcelas, habrían sucumbido a la dieta sumamente deficiente que proporcionaba la cocina de la plantación. William Taylor, un crítico de la esclavitud, testimonió que, si una persona esclavizada dedicaba “todos los domingos al descanso, no podría mantenerse a sí misma ni a su familia trabajando los 26 días [al mes] que la ley le permitía” (Schwartz, 2011; Sheridan, 1985: 166).</p>
<p>Cada año, un plantador compraba en África personas esclavizadas recién importadas para reemplazar a las que habían muerto. Un plantador de Barbados llamado Edward Littleton calculó que un plantador de azúcar que poseyera 100 personas esclavizadas y las pusiera a cultivar y procesar caña de azúcar las mataría a todas en 19 años. Bosma, citando al clérigo anglicano reverendo Robert Robertson, calculó que dos quintas partes de las personas esclavizadas recién llegadas morirían en el plazo de un año desde su llegada (Cartwright, 2021; Bosma, 2023: 38).</p>
<p>Hay suficientes pruebas para demostrar que la tasa de mortalidad entre las personas esclavizadas en las plantaciones de azúcar era más alta que la de otras plantaciones de trabajo esclavo, ya fueran de algodón, café o tabaco (Bosma, 2023: 63). La esclavitud desincentivaba reemplazar el trabajo por máquinas tanto en las plantaciones de algodón como en las de azúcar, donde las condiciones de vida eran brutales. Aun así, la población esclavizada en las plantaciones de algodón aumentó a pesar de ello (mientras que en las plantaciones de azúcar de Luisiana disminuyó).</p>
<p>Esto se debe en parte a los múltiples procesos de producción integrados en el cultivo de la caña de azúcar, en los que la molienda, la concentración del jugo de la caña y la cristalización del azúcar implicaban trabajo esclavo. Otra razón era la mala alimentación de las personas esclavizadas, ya que los dueños sopesaban el costo de alimentarlas frente a su costo de reemplazo: el costo de comprar nuevas personas esclavizadas. Con la prohibición de la trata de personas esclavizadas a comienzos del siglo XIX, las plantaciones de algodón consideraban a los niños nacidos en la esclavitud como un “producto” económico, es decir, como una forma de reproducir internamente su fuerza de trabajo y su propiedad. Las plantaciones de azúcar de Luisiana buscaban el mismo resultado, pero, como la mortalidad allí era tan alta, los nacimientos no compensaban las muertes (Aronson y Budhos, 2017).</p>
<p>Se requerían equipos no solo para moler la caña de azúcar, sino también para procesarla, y todos ellos debían construirse, operarse y mantenerse con regularidad. Las primeras plantaciones usaban prensas manuales para extraer el jugo de la caña, pero con el tiempo se reemplazaron por prensas de tres cilindros más eficientes, impulsadas por animales y, más tarde, por el viento o, más comúnmente, por el agua. Por eso, las plantaciones solían establecerse cerca de ríos o arroyos para aprovechar la energía hidráulica.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> El viento o el agua movían grandes rodillos a través de los cuales las personas esclavizadas introducían la caña en los molinos. Era un trabajo peligroso, pues estas personas esclavizadas a menudo estaban exhaustas y, a veces, no soltaban la caña a tiempo y sus brazos eran arrastrados hacia los rodillos. Cuando esto ocurría, se usaba un hacha para cortar el brazo triturado. En algunas plantaciones azucareras, los hombres y las mujeres con un solo brazo eran una imagen habitual.<a href="#_ftn14" name="_ftnref14"><sup>14</sup></a></p>
<p>La proximidad a los puertos y ríos era esencial, ya que reducía el costo de transportar el azúcar y otros productos de la plantación. Según el tamaño de la plantación, los ingenios necesitaban entre 60 y 200 personas trabajando, la mayoría de ellas esclavizadas, para funcionar (Cartwright, 2021). El pico de demanda de trabajo durante la temporada de zafra determinaba la cantidad de personas esclavizadas que se necesitaban en una plantación.</p>
<p>Las personas esclavizadas también cargaban con la agotadora tarea de recoger la madera necesaria para alimentar los hornos de la refinería. En la mayoría de las plantaciones caribeñas, la leña estaba disponible con facilidad. La excepción era Barbados, que tenía una disponibilidad limitada de madera. Allí, el bagazo, el residuo fibroso que quedaba tras moler la caña de azúcar, se usaba como combustible, una práctica muy probablemente importada de Egipto.</p>
<p>Quienes tenían las habilidades para operar y mantener la maquinaria de los ingenios azucareros eran muy solicitados. Algunos trabajadores calificados de los molinos provenían de la fuerza de trabajo esclavizada, pero solo su supervisor principal, el “maestro azucarero”, gozaba de un salario generoso. Con el tiempo, a medida que evolucionaban las poblaciones de las colonias, personas locales mestizas de ascendencia europea, así como personas libertas y, a veces, incluso esclavizadas, con las habilidades técnicas requeridas, fueron puestas a trabajar en estos puestos en la mayoría de las plantaciones caribeñas.</p>
<p>Las mujeres esclavizadas tenían que realizar trabajos extenuantes en los campos, algunas con sus hijos recién nacidos a la espalda. También sufrían una desnutrición extrema, que provocaba altas tasas de aborto espontáneo y de mortalidad infantil. La temporada de zafra era la peor. La caña en pie debía cortarse y procesarse con rapidez, lo que significaba que las personas africanas esclavizadas eran sometidas a una explotación aún más intensa. Cortar la caña, llevarla a los trapiches, triturarla para extraer el jugo y hervirla debía hacerse de manera simultánea: las personas esclavizadas apenas tenían tiempo de comer (Bosma, 2023: 57). Las mujeres participaban plenamente en la molienda de la caña junto con los hombres, donde perder la concentración significaba arriesgar desde los dedos hasta un brazo, o la vida, en el trapiche.</p>
<p>Podemos identificar las siguientes características de la tecnología empleada para sostener las plantaciones de azúcar basadas en la esclavitud:</p>
<ul>
<li>La introducción de máquinas, como los molinos de viento, los molinos de agua y las máquinas de vapor, a menudo intensificaba la explotación de las personas esclavizadas.</li>
<li>La tecnología podía ahorrar trabajo o conducir a una explotación más intensa del trabajo, ya que las mejoras tecnológicas estaban determinadas por las relaciones sociales.</li>
<li>Las personas esclavizadas eran vistas como prescindibles, ya frecuentemente a los hacendados les resultaba más barato reemplazar a quienes morían que mantenerlas con vida. Las plantaciones de azúcar a menudo tenían que adquirir nuevas personas esclavizadas porque las brutales exigencias de la producción de azúcar mataban a las y los trabajadores a un ritmo muy alto. A diferencia de las plantaciones de algodón y tabaco, donde el procesamiento estaba menos integrado en el trabajo de la plantación, las fincas azucareras requerían que el cultivo se procesara in situ casi de inmediato tras la recolección (Aronson y Budhos, 2017).</li>
</ul>
<p>Tras ser cosechada, la caña de azúcar se pasaba por rodillos hacia un trapiche (dispositivo de molienda) para extraer su jugo. Este líquido se hervía luego en grandes calderas y, mediante un proceso llamado curado, se separaba en melaza y azúcar cristalizado. La mezcla resultante se vertía en grandes ollas o moldes de barro, donde se endurecía hasta formar panes de azúcar con forma de cono.</p>
<p>Muchos consumidores en Europa llegaron a preferir el azúcar blanco al azúcar moreno que se forma de manera natural. Para crear un producto más blanco, se colocaba una mezcla espesa de arcilla y agua sobre la parte ancha de un molde de azúcar con forma de cono, a medida que la melaza goteaba hacia afuera. El agua bajaba desde la arcilla, atravesaba el cono y lavaba la melaza u otros materiales del azúcar. Una vez completamente escurridos, los panes de azúcar se retiraban de los moldes, se secaban en rejillas en una sala amplia, se recortaban hasta darles su forma final y se envolvían en papel. El procesamiento final para blanquear el azúcar se llevaba a cabo en localidades británicas o holandesas. Los consumidores europeos percibían el azúcar blanco como más puro y deseable, sobre todo a medida que el discurso racial vinculaba cada vez más la blancura con el valor durante la consolidación de la esclavitud moderna en las plantaciones.<a href="#_ftn15" name="_ftnref15"><sup>15</sup></a> En una planta azucarera moderna, el azúcar se “blanquea” para quitarle su tono pardusco natural.</p>
<p>¿Por qué el paso final del refinado no se realizaba en las plantaciones ni en el Caribe británico? La respuesta reside en gran medida en la política colonial británica. La política tributaria, en particular después de que la India se convirtiera en colonia británica, ayudó a eliminar cualquier incentivo para refinar más azúcar en el Caribe. Como señala Bosma, los altos aranceles sobre el azúcar refinado penalizaban la modernización tecnológica y hacían de la exportación de mascabado la opción más rentable (Bosma, 2023: 111).</p>
<p>La industria azucarera se adaptó a la demanda generalizada de muchos tipos de azúcar. El azúcar se vendía a los consumidores en todas las etapas de refinado, incluidos el mascabado, el azúcar blanco refinado y el doblemente refinado. Cuanta más refinación requería el azúcar, más caro se volvía. En el siglo XVII, la melaza, subproducto del azúcar, también se volvió rentable: no solo era un edulcorante, sino un ingrediente del ron, un licor cada vez más popular.</p>
<p>Se produjeron innovaciones tanto en el cultivo de la caña de azúcar como en los métodos empleados para procesarla y convertirla en azúcar, entre ellas la aplicación de la energía de vapor y el uso de mejores cilindros (como el molino horizontal de dos rodillos), que se adaptaron además con barras de hierro salientes para aumentar la capacidad de molienda, así como tachos al vacío, centrífugas y evaporación de múltiple efecto, de doble a quíntuple.<a href="#_ftn16" name="_ftnref16"><sup>16</sup></a> También hubo avances importantes en los sistemas de transporte que vinculaban el cultivo con el procesamiento. Entre ellos el uso de rieles móviles y fijos, a menudo impulsados por motores de vapor, además de cintas transportadoras. Hubo asimismo varias modificaciones en el ámbito agrícola, como el desarrollo de nuevas variedades de caña, la modificación de las distancias de siembra y de los arados, la mejora del drenaje y el riego, y la aplicación de estiércol y fertilizantes (Oostindie y Boomgaard, 1989: 3-22).</p>
<p>Los tachos al vacío, recipientes sellados que se usaban para hervir y concentrar el jugo o el jarabe de caña a temperaturas más bajas reduciendo la presión del aire, se desarrollaron primero en Gran Bretaña para refinar el azúcar de caña en bruto importado, y solo más tarde se adoptaron de manera más amplia en la producción colonial de azúcar de caña. Entretanto, la producción de azúcar de remolacha en Europa, sobre todo en Francia, se expandió después de que los bloqueos británicos cortaran el acceso al azúcar de caña en bruto de las Indias Occidentales. En las plantaciones de las Indias Occidentales trabajadas con trabajo esclavo, los hacendados tenían muy pocos incentivos para introducir ese equipamiento intensivo en capital: ampliar las plantaciones con más personas esclavizadas era la opción a la vez “más barata” y “más eficiente” para el capital, entendida la eficiencia bajo el capitalismo como la eficiencia del dinero para generar un producto requerido, no la eficiencia del proceso en sí.</p>
<p>En el Caribe, dado que la tierra era “gratis” —consecuencia de la violencia genocida contra la población indígena— y el trabajo esclavo era barato, no había incentivo para mejorar la eficiencia de la producción de azúcar. La única excepción era mejorar la eficiencia de la molienda, ya que, de lo contrario, la caña no podía procesarse dentro de la breve temporada de maduración. Por eso, a comienzos del siglo XIX se introdujeron mejores molinos: de tracción eólica en Barbados y de vapor en la Guayana Británica (la actual Guyana) y Jamaica. Esto ayuda a explicar las distintas trayectorias de los tachos al vacío y las centrífugas. Aunque los tachos al vacío se abrieron paso en Java, Indonesia, durante este período, no se consideraban necesarios en las plantaciones de trabajo esclavo ni del Caribe británico ni de Luisiana. La política tributaria colonial británica lo reforzaba: el azúcar refinado pagaba aranceles más altos que el azúcar en bruto, lo que hacía menos rentable seguir refinando en el Caribe (Bosma, 2023: 101-107). Las centrífugas, en cambio, redujeron el tiempo necesario para separar la melaza del azúcar, de meses en los conos de barro a unas pocas horas. Introducidas en la década de 1830, se convirtieron rápidamente en práctica habitual incluso en las plantaciones de trabajo esclavo (Bosma, 2023: 111).</p>
<p>La tecnología importaba, pero por sí sola no explica la rentabilidad del azúcar del Caribe. Para entender esa rentabilidad, debemos pasar de la maquinaria de la plantación al sistema colonial en su conjunto: los mercados interrelacionados del azúcar y las personas esclavizadas, la organización del refinado y la reexportación en Europa, y las políticas que vinculaban las colonias a la “metrópoli”.</p>
<div class="single-post--content--media-block" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-150670" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header.png" alt="" width="1024" height="218" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header-300x64.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header-768x164.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></div>
<h2 style="margin:3em 0;">Esclavitud y azúcar: mercados, exportaciones, reexportaciones y ganancias</h2>
<p>Sidney Mintz sostuvo que la producción de azúcar, aunque se basaba en el trabajo esclavo, era profundamente industrial y moderna, y que los hacendados y los propietarios de personas esclavizadas empleaban métodos capitalistas modernos para organizar la producción, medir la productividad y calcular las ganancias (1985). Hacia los siglos XVI y XVII, el azúcar se había convertido en una de las mercancías más importantes y rentables del “Nuevo Mundo”.</p>
<p>Había tres mercados distintos para el azúcar del Caribe. En un principio, solo se producía para el mercado internacional, centrado en la “metrópoli” europea. Más tarde, se desarrollaron mercados locales y regionales en el Caribe y sus alrededores. Los mercados locales eran pequeños, autónomos y por lo general estaban ubicados en el interior, mientras que los mercados regionales giraban en torno a grandes ciudades como Lima y Ciudad de México, así como ciudades de toda Nueva Inglaterra. El mercado internacional del azúcar del Caribe era el más competitivo, con el mercado de refinado y reexportación radicado en Lisboa, Amberes, Ámsterdam y varias localidades de Inglaterra y Francia.</p>
<p>En un principio, con Brasil bajo dominio portugués como principal productor de azúcar en bruto de las Américas, Lisboa se erigió en el mayor mercado para reexportar azúcar en bruto a los centros de refinado, y así se mantuvo durante mucho tiempo. Desde Lisboa, los holandeses transportaban el azúcar primero a Amberes y Ámsterdam para refinarlo y luego al mercado mundial. Amberes albergó la mayor refinería de azúcar del siglo XVI, pero, hacia el siglo XVII, había perdido la batalla del azúcar, primero frente a Ámsterdam y luego frente a varias localidades de Inglaterra. Hacia el siglo XVIII, las refinerías de azúcar proliferaron en Gran Bretaña, desde Plymouth hasta Glasgow y desde Londres hasta Liverpool. Estas refinerías usaban grandes calderas de cobre al aire libre y una gran cantidad de carbón para generar calor, y fueron precursoras de las fábricas de la Revolución Industrial. Estuvieron entre los primeros centros de trabajo de tipo fabril en Gran Bretaña y constituían un vínculo directo entre el azúcar de la esclavitud y la gran divergencia entre Asia y Europa.</p>
<p>Las fábricas azucareras de Gran Bretaña existían mucho antes que las fábricas textiles asociadas con la Revolución Industrial. No es de extrañar que también fueran centros importantes del comercio de personas esclavizadas. Durante la gran peste de 1665, varias refinerías de azúcar se trasladaron de Londres, entonces asolada por la peste, a otros puertos ingleses. Los barcos de las Indias Occidentales que transportaban azúcar usaban los muelles de otros puertos de Inglaterra para evitar el contagio. Esto contribuyó a expandir el refinado de azúcar por toda Gran Bretaña. Esta expansión ayudó a ampliar el acceso al azúcar refinado más allá del consumo de las élites.</p>
<p>Aunque a quienes refinaban azúcar se los llamaba panaderos, el proceso de “horneado” del azúcar implicaba lo que hoy se consideraría trabajo de fábrica. El término inglés <em>factory</em> [fábrica] aludía en su origen a un lugar de actividad comercial ligado a la labor del agente<a href="#_ftn17" name="_ftnref17"><sup>17</sup></a> de un comerciante –el <em>factor</em>–, como un puesto comercial o un centro de acopio, incluidos los sitios donde se compraban y vendían personas esclavizadas. Solo más tarde pasó a designar un lugar de manufactura. El refinado de azúcar ya tenía las características asociadas a la industria: espacios de trabajo concentrados, procesamiento intensivo en calor, equipos especializados y trabajo disciplinado. Sin embargo, como era inseparable de la esclavitud, rara vez aparece como punto de partida de la Revolución Industrial en el propio relato histórico de Europa.</p>
<p>La escala y la dirección de las exportaciones de azúcar del Caribe muestran cuán estrechamente ligadas estaban las plantaciones a la industria de refinado británica. Los datos de David Eltis sobre Barbados entre 1665 y 1701 muestran que los productos del azúcar representaron el 91,2% de las exportaciones totales de la isla en 1665-1666, el 91,6% en 1688 y 1690-1691, y el 95,6% en 1699-1701. También calcula que, entre 1682 y 1701, Gran Bretaña fue el destino de más del 95% de las exportaciones de azúcar de Jamaica (Eltis, 1995: 642, 644). Impulsado en parte por su combinación con el té y el café, el consumo de azúcar en Gran Bretaña aumentó considerablemente a lo largo del siglo XVIII, mientras que la reexportación de azúcar refinado a las Américas, incluido el Caribe, resultó muy rentable. Las tasas arancelarias variables ofrecían el nivel de protección necesario para sostener el funcionamiento de numerosas refinerías de azúcar en ciudades como Bristol, Glasgow y Londres. Esto significaba que la política colonial funcionaba de modo que la producción de azúcar refinado en Gran Bretaña quedaba protegida por aranceles más altos frente a las importaciones de azúcar refinado, mientras que no se brindaba tal protección para el refinado de azúcar en las colonias del Caribe. Tras su conquista de la India, por ejemplo, Gran Bretaña añadió un arancel adicional del 25% para proteger a sus refinerías y a sus plantaciones de azúcar del Caribe de la competencia de la India (Bosma, 2010: 58).</p>
<p>Esto formaba parte de la política colonial británica más amplia según la cual las colonias solo podían producir materias primas para la “potencia colonial”, y los bienes terminados solo se fabricaban en el centro colonial. La famosa directriz era que en las colonias no debía fabricarse ni un clavo (una excepción, curiosamente dado el ejemplo, era el hierro, porque enviar mineral de hierro a Inglaterra era voluminoso y, por tanto, costoso). En otras palabras, la política británica consistía en garantizar que la producción industrial no se desarrollara en las colonias, para que estas siguieran dependiendo de la metrópoli. En cambio, las colonias debían proporcionar materias primas o productos para facilitar las industrias de Gran Bretaña.<a href="#_ftn18" name="_ftnref18"><sup>18</sup></a></p>
<p>Eltis y otros sostienen que las economías de plantación impulsadas por la esclavitud se expandieron a tasas equiparables a las de la Gran Bretaña y los Estados Unidos en plena industrialización, pese a sus fundamentos contrastantes (Eltis et al., 2005: 673-700). El comparar los precios del azúcar y de las personas esclavizadas, para calcular la productividad media de una persona esclavizada, demuestra que la producción de azúcar con trabajo esclavo era muy rentable. El análisis se realizó a partir de registros de aproximadamente 230.000 personas africanas esclavizadas transportadas a las Américas entre 1674 y 1807, alrededor del 6% del número total de personas esclavizadas desembarcadas en las Américas mediante travesías transatlánticas durante esa época.<a href="#_ftn19" name="_ftnref19"><sup>19</sup></a> Para evaluar los cambios tanto en la demanda de trabajo esclavo como en la productividad total de los factores en la agricultura caribeña basada en la esclavitud a partir de 1674, los investigadores combinaron estimaciones de las poblaciones esclavizadas y las cifras de importación con datos sobre los precios de venta de las personas esclavizadas.<a href="#_ftn20" name="_ftnref20"><sup>20</sup></a> Junto con esto, el aumento del precio del azúcar produjo un incremento considerable en la demanda de trabajo esclavo, lo que hizo el comercio de personas esclavizadas cada vez más lucrativo.</p>
<p>En Jamaica, por ejemplo, el crecimiento de la población esclavizada estuvo estrechamente correlacionado con el éxito de la producción de azúcar. Entre la década de 1720 y 1788, la población esclavizada en las cinco principales parroquias productoras de azúcar aumentó más de seis veces.<a href="#_ftn21" name="_ftnref21"><sup>21</sup></a> Esta expansión fue impulsada por el aumento de la producción de azúcar y las altas ganancias que obtenían los hacendados y comerciantes, sobre todo en zonas recién colonizadas como la costa noroeste, y el número de personas africanas esclavizadas transportadas a Jamaica alcanzó su punto máximo en los prósperos primeros años de la década de 1790.</p>
<p>Los debates posteriores en torno a la tesis de Eric Williams a menudo redujeron su argumento más amplio a una pregunta específica: si la riqueza obtenida mediante el comercio de personas esclavizadas y el sistema de plantación se reinvirtió en las fábricas de algodón de Lancashire y otras industrias centrales de la Revolución Industrial.</p>
<p>Incluso cuando los estudiosos reconocen el sustancial crecimiento de la producción de las economías de plantación, a menudo se contrasta con argumentos según los cuales los sistemas basados en el trabajo esclavo experimentaron mejoras de productividad escasas o nulas a largo plazo, que la esclavitud y la agricultura de plantación tenían perspectivas de futuro sombrías, y que la decisión de Gran Bretaña de poner fin a la trata de personas esclavizadas se debió a la recesión económica de la industria azucarera.<a href="#_ftn22" name="_ftnref22"><sup>22</sup></a> El impulso detrás de este argumento parece ser una necesidad ideológica de demostrar que el capitalismo con trabajo asalariado “libre” es una forma de producción más eficiente que la esclavitud. Según esta lógica, hay que refutar la idea de que la esclavitud de plantación funcionaba conforme a una economía capitalista “sólida”, con las personas esclavizadas tratadas como máquinas.</p>
<p>Findlay se apoya en la tesis de Williams al citar al historiador económico Stanley Engerman, quien calculó que, en 1770, cerca del 40% del capital utilizado para la expansión comercial e industrial de Gran Bretaña provenía de las ganancias de la trata de personas esclavizadas (Findlay, 1990: 25). Las ganancias combinadas del comercio de personas esclavizadas y del azúcar constituían hasta el 5% del ingreso nacional británico. Sin embargo, esta cifra subestima enormemente el total de ganancias que Gran Bretaña usurpó a partir de la trata de personas esclavizadas y del comercio de azúcar. A ello hay que sumar las ganancias del refinado del azúcar y de su reexportación desde Gran Bretaña al mercado mundial. Otra forma de evaluar los rendimientos es comparar las ganancias en las plantaciones azucareras con las de la metrópoli. Las inversiones en las colonias eran <em>de cuatro a siete veces</em> más rentables que las de Inglaterra (Bosma, 2023: 69).</p>
<p>En un estudio reciente sobre la importancia de la esclavitud y la agricultura de plantación para la economía británica, Klas Rönnbäck calcula el valor agregado total generado por la producción y el comercio de azúcar de Gran Bretaña. Este enfoque de valor agregado capta el excedente apropiado en cada etapa de la cadena de valor del azúcar, desde su cultivo en las plantaciones caribeñas hasta el refinado, la reexportación y la venta final del azúcar en Gran Bretaña. Sobre esta base, Rönnbäck estima que el valor agregado total a la economía británica aumentó drásticamente de 500.000 libras<a href="#_ftn23" name="_ftnref23"><sup>23</sup></a> durante la primera década del siglo XVIII a 5.500.000 libras un siglo después. El valor de este comercio también dependía de lo que los economistas llaman “bienes intermedios”: en este caso, las personas africanas esclavizadas transportadas desde África hasta el Caribe y tratadas como insumos en la producción de azúcar.</p>
<p>El enfoque de Rönnbäck muestra que el excedente apropiado por los hacendados jamaicanos que poseían personas esclavizadas pasó del 40% de los costos de subsistencia en 1750 al 100% en 1790, lo que significa que, para el final de este período, el excedente que extraían equivalía a lo que gastaban en la subsistencia de las personas esclavizadas. Al observar las tendencias de los precios de las distintas calidades de azúcar durante el mismo período, Rönnbäck muestra también que había una diferencia de cuatro veces entre el precio del azúcar mascabado en Jamaica y el del azúcar refinado en Inglaterra, completamente desproporcionada respecto del costo de transporte y refinado. Esto indica que el diferencial de precios era muy probablemente consecuencia de una forma de precios de transferencia, es decir, la fijación de precios internos para desplazar ganancias entre las colonias e Inglaterra. En pocas palabras, había un enorme margen sobre el azúcar refinado, lo que permitía a los refinadores británicos retener las ganancias de la producción de azúcar en Gran Bretaña. Esto se aprecia en los altos aranceles de importación sobre el azúcar terminado, que afectaban las importaciones de azúcar de la India a Gran Bretaña, y en los bajos aranceles de importación sobre el azúcar en bruto de las plantaciones, que desincentivaban el refinado en las colonias.</p>
<p>Findlay también ha demostrado que las innovaciones en las técnicas de producción y la tecnología aumentaron considerablemente la producción en las plantaciones (1990). Entre ellas se cuentan el desarrollo de nuevas variedades de caña de azúcar con mayores rendimientos, como la variedad Otaheite, introducida desde las islas del Pacífico (como Tahití) a fines del siglo XVIII, junto con avances en la tecnología de molienda, una mejor gestión del agua y una tendencia creciente hacia la especialización agrícola. En algunas partes del Caribe, las colonias azucareras se orientaron cada vez más hacia el monocultivo, y dependían de alimentos importados en lugar de cultivarlos localmente. En general, la infraestructura también mejoró en muchas de las colonias que dependían del trabajo esclavo, lo que facilitó y agilizó el traslado de los bienes de exportación a los puertos. Estas mejoras también favorecieron el desarrollo de sistemas financieros que ampliaron el acceso al crédito para los propietarios de plantaciones. Así, muchas de las características asociadas a la expansión capitalista y al aumento de la productividad ya estaban presentes en el sistema de plantación azucarera basado en la esclavitud.</p>
<p>Estos aumentos de productividad se tradujeron en altos rendimientos no solo para los hacendados, sino también para Gran Bretaña. De 1713 a 1775, los ingresos brutos de los hacendados caribeños por las exportaciones de azúcar a Gran Bretaña aumentaron en un factor de 3,2, impulsados por la creciente demanda de azúcar en Inglaterra y por la rentable reexportación de azúcar refinado a otras partes del mundo, lo que dio al azúcar del Caribe un mercado enorme (Richardson, 1987: 747). Para 1774, el azúcar en bruto representaba una quinta parte de todas las importaciones británicas, superando por amplio margen a todos los demás bienes importados. En el mismo período, la producción de azúcar en las Américas pasó de aproximadamente 50.000 toneladas en 1700 a alrededor de 200.000 toneladas hacia el final de la Revolución estadounidense. Entre 1700 y 1800, las importaciones británicas de azúcar aumentaron <em>siete veces</em>, de 430.000 quintales (unas 21.845 toneladas métricas) a 3 millones de quintales (unas 152.407 toneladas métricas), lo que ayudó a convertir a Gran Bretaña en un centro importante, si no <em>el</em> centro, del comercio mundial de azúcar (Morgan, 1993: 184-185).</p>
<div class="single-post--content--media-block" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-150670" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header.png" alt="" width="1024" height="218" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header-300x64.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header-768x164.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></div>
<h2 style="margin:3em 0;">La trata de personas esclavizadas y el auge de la construcción naval en Gran Bretaña</h2>
<p>La mayor parte del azúcar importado a Gran Bretaña provenía de plantaciones caribeñas en las que trabajaban personas esclavizadas. A medida que estas plantaciones se expandieron considerablemente entre los siglos XVII y XIX, requirieron un número creciente de personas esclavizadas. Portugal y Gran Bretaña concentraron cerca del 70% de todas las personas africanas esclavizadas transportadas a las Américas. Entre 1640 y 1807, los barcos británicos transportaron por la fuerza a unos 3,1 millones de personas de África, de las cuales alrededor de 2,7 millones sobrevivieron a la travesía atlántica y fueron llevadas a las colonias británicas del Caribe, América del Norte, América del Sur y otros lugares (The National Archives, s/f). Los principales centros del comercio de personas esclavizadas en Gran Bretaña eran Glasgow, Bristol, Manchester y Londres. Todas estas ciudades eran también importantes centros de construcción naval, ya que la demanda de barcos para transportar personas esclavizadas fue la principal fuerza motriz de la industria naviera de Gran Bretaña.</p>
<p>Una dimensión importante en cuanto a la naturaleza lucrativa y fundamentalmente capitalista del comercio de personas esclavizadas, y del sistema de producción bajo la esclavitud, es lo que los economistas denominan los mercados internos de personas esclavizadas. Es decir, el comercio interno de personas esclavizadas dentro de las colonias o dentro de las Américas. Al igual que la exportación y la reexportación de azúcar, este comercio se organizaba en etapas diferenciadas, cada una moldeada por cálculos de ganancia. Los puertos marítimos no solo eran importantes como destinos de las personas esclavizadas, sino también como centros comerciales donde estas se compraban, vendían y revendían como cualquier otra mercancía. Así, la rentabilidad del sistema de trabajo esclavo provenía no solo de la producción de las plantaciones, sino también de estas transacciones sucesivas de personas esclavizadas.</p>
<p>Kingston, en Jamaica, es un caso ilustrativo. El comercio de personas esclavizadas transformó la ciudad de un simple puerto en un centro neurálgico de “procesamiento”, donde las personas cautivas se desembarcaban inicialmente para luego ser vendidas y distribuidas por toda la isla. Se entendía ampliamente que, para los comerciantes británicos que buscaban fortuna en ultramar, intercambiar mercancías por personas africanas esclavizadas y, después, venderlas en las Américas ofrecía mejores perspectivas financieras que las inversiones más seguras en su país. Con base en un precio medio estimado de 30 libras por persona esclavizada durante el siglo XVIII, el valor total de la población esclavizada podría haber alcanzado casi 25 millones de libras, una cantidad que coincidía estrechamente con la riqueza total registrada de Jamaica en 1774 (Burnard y Morgan, 2001: 209). Una dinámica similar existía en las plantaciones de algodón de los Estados Unidos. Como muestran los datos bancarios, el valor de la plantación se fijaba según el número de personas esclavizadas que trabajaban en ella. Los dueños de las plantaciones obtenían préstamos y capital de los bancos ofreciendo a las personas esclavizadas como garantía.</p>
<p>Para reducir la posibilidad de un desastre financiero una vez desembarcadas las personas africanas esclavizadas, los comerciantes británicos empleaban a los llamados “factores” (agentes mercantiles que gestionaban la venta y distribución de las personas esclavizadas). Uno de esos factores en la Jamaica del siglo XVIII fue Thomas Hibbert, cuya familia era prominente en la industria del algodón. Llegó a Kingston, Jamaica, en 1734, estableció un negocio especializado en la venta de personas esclavizadas y más tarde cofundó la firma comercial de las Indias Occidentales Hibbert, Purrier and Horton, con sede en Londres. Entre 1764 y 1774, la operación de Hibbert gestionó la carga de 61 barcos y participó en la venta de 16.254 personas africanas esclavizadas (Burnard y Morgan, 2001: 213).</p>
<p>En el Caribe, los factores radicados en las ciudades portuarias no solo comerciaban con personas esclavizadas como mercancías. También las compraban y retenían, las evaluaban y clasificaban, gestionaban el “acondicionamiento”, el proceso de restablecer su salud tras la brutal travesía oceánica, y organizaban su venta y reventa para maximizar su precio. El factoraje era un negocio especializado y arriesgado, porque las ganancias dependían de sincronizar las ventas con la demanda de los hacendados, de conceder y cobrar crédito, y de gestionar la enfermedad y la muerte en cautiverio, todo ello conservando bajos los costos de manutención.</p>
<p>Las economías de escala hacían que buena parte del comercio de personas esclavizadas se concentrara en relativamente pocas manos y estuviera dominada por un pequeño número de casas mercantiles. Entre el 28 de septiembre de 1751 y el 27 de mayo de 1752, 31 barcos que transportaban personas esclavizadas llegaron a Jamaica con 7.123 personas africanas esclavizadas que habían sobrevivido a la travesía atlántica. Estos cautivos fueron entregados a 9 firmas de factoraje, pero su comercio de venta estaba muy concentrado: 3 firmas gestionaron el 83% de esas llegadas (Burnard y Morgan, 2001: 212). Los factores estaban ansiosos por vender a las personas esclavizadas con rapidez y al precio más alto posible, ya que las demoras significaban mayores gastos de alimentación y mantenimiento. Por ello, procuraban sincronizar las ventas con los períodos de fuerte interés de los compradores y con los momentos en que se podía asegurar el pago completo sin demora. El momento más favorable para vender personas esclavizadas solía ser al comienzo de la zafra y a lo largo de esta, cuando la demanda de los hacendados era mayor.</p>
<p>Como otras mercancías, el comercio de personas esclavizadas incluía una dimensión minorista, con lotes o patios mercantiles que operaban en paralelo con las ventas al por mayor realizadas directamente desde los barcos. Entre su llegada y su puesta a trabajar, la mayoría de las personas esclavizadas pasaban un tiempo en las ciudades portuarias como propiedad de comerciantes (los factores del comercio de personas esclavizadas), que las aclimataban a la esclavitud y a las islas específicas a las que habían sido llevadas. El comprador inicial también era responsable de tratar a las personas enfermas con el fin de revenderlas con ganancia. El desplazamiento de las personas africanas esclavizadas, desde el desembarco en los puertos hasta los patios de retención en las ciudades y, con el tiempo, hacia los pueblos o las plantaciones, intensificaba su sufrimiento, sobre todo por la frecuente y a menudo irreversible separación de los miembros de la familia.</p>
<p>A lo largo de los siglos XVII y XVIII, el mercado de personas esclavizadas cambió de varias maneras: una proporción creciente de personas cautivas se vendía a través de asociaciones mercantiles en lugar de directamente por los capitanes de los barcos. Las personas esclavizadas eran retenidas frecuentemente durante períodos más largos en las ciudades portuarias o en los patios de factoraje antes de ser vendidas. Las ventas se alejaron cada vez más del antiguo sistema de <em>scramble<a href="#_ftn24" name="_ftnref24"><sup>24</sup></a></em>, un método brutal en el que los compradores se abalanzaban para reclamar a las personas esclavizadas a precios preestablecidos, hacia transacciones más negociadas (Radburn, 2015: 243-286). Hacia finales del siglo XVIII, como señalan Trevor Burnard y Kenneth Morgan:</p>
<blockquote><p>Las personas esclavizadas no se vendían ni por subasta ni por <em>scramble</em>, sino mediante cuidadosas negociaciones entre compradores astutos, experimentados y bien informados, y vendedores bien enterados que evaluaban con detenimiento los riesgos que debían asumir para obtener las ganancias que los habían impulsado a entrar en el negocio. El mercado de personas esclavizadas era competitivo, complejo y sofisticado: una institución muy moderna que se ocupaba de un comercio antiquísimo y particularmente siniestro (2001: 224).</p></blockquote>
<p>A medida que la demanda de personas esclavizadas se expandió por el mundo atlántico, los precios subieron considerablemente. Tanto los factores como los Estados de África implicados en la exportación de personas esclavizadas fijaban los precios en respuesta a la demanda siempre creciente. El precio de las personas esclavizadas se cotizaba frente a las mercancías exportadas a África, entre ellas armas, pólvora y textiles de algodón de la India. Eltis y Jennings mostraron que, entre 1701 y 1750, el valor de los términos de intercambio brutos de Gran Bretaña con África —que miden el valor relativo de las exportaciones británicas a África frente a las exportaciones africanas a Gran Bretaña— aumentó de un índice base de 100 a 112, antes de caer abruptamente a 40 en 1800. Según Eltis y Jennings, mientras a comienzos del siglo XVIII una sola persona esclavizada podía intercambiarse por apenas dos mosquetes, hacia finales de siglo esa cifra había ascendido a al menos 15 (1988: 936-959). Estas cifras sugieren que las ganancias compensaban con creces el aumento de los precios de las personas esclavizadas.</p>
<p>Esta misma lógica aparece también en la obra de Ronald Findlay. Sostiene que las armas de fuego, una importación clave en África en este período, podrían considerarse un “insumo” en la “producción” de personas esclavizadas, es decir, el intercambio de personas esclavizadas por armas de fuego estaba moldeado por cálculos económicos rigurosos (1990). A medida que los Estados de África comenzaron a enfrentar deseconomías de escala (el acceso decreciente a cautivos debido a la brutalidad implicada en las incursiones para capturar personas esclavizadas y a la destrucción de las sociedades que atacaban), el precio de las personas esclavizadas subió. Para quienes las suministraban, la creciente demanda de personas esclavizadas generaba precios más altos y mayores ganancias, a pesar de la brutalidad de su captura. El punto que se quiere subrayar aquí es que el mercado de personas esclavizadas, tanto en el lado de la demanda como en el de la oferta, se caracterizaba por claros cálculos económicos capitalistas. Por tanto, el comercio de personas esclavizadas solo puede describirse como “primitivo” en su brutalidad, dada la “sofisticación” de su economía.</p>
<div class="single-post--content--media-block" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter size-full wp-image-150670" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header.png" alt="" width="1024" height="218" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header-300x64.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Chapter-Header-768x164.png 768w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"></div>
<h2 style="margin:3em 0;">Colonialismo, trata, azúcar y sistema financiero</h2>
<p>Como hemos discutido, el auge del capitalismo moderno está intrínsecamente ligado a las economías de plantación basadas en el trabajo esclavo, y las plantaciones azucareras figuran entre las más importantes por su impacto en la economía mundial. En las secciones anteriores, discutimos la naturaleza de la economía azucarera que surgió en el Nuevo Mundo. Aquí nos centraremos en las dinámicas globales más amplias del ascenso de Europa occidental y su surgimiento como motor del capitalismo mundial.</p>
<p>Se han propuesto muchas teorías para explicar este ascenso de Occidente y el declive del resto. La mayoría de los teóricos eurocéntricos han sostenido que el capitalismo como sistema-mundo comenzó en Europa occidental y que su integración de la ciencia en la producción fue la fuerza dinámica que le permitió conquistar el mundo. Dentro de la tradición marxista, la teoría de los sistemas-mundo de Immanuel Wallerstein y la teoría de la dependencia de Andre Gunder Frank han sido influyentes, aunque ambas se apartan de los enfoques marxistas que subrayan la centralidad del Estado en el desarrollo del capitalismo, incluida su fase imperial.</p>
<p>En este estudio no nos centramos directamente en ese debate. Más bien, subrayamos que la configuración actual del poder y el surgimiento del capitalismo moderno se remontan al menos a unos 500 años atrás. Tres puntos son centrales aquí:</p>
<ol>
<li>El auge del capital mercantil, el poderío naval, las armas y la pólvora solo importa en relación con el poder estatal y su uso en el comercio y la expansión colonial.</li>
<li>Los encuentros entre el núcleo de Europa occidental y los otros tres continentes (las Américas, África y Asia) fueron profundamente distintos, sobre todo entre 1500 y 1800, cuando un puñado de países de Europa occidental emergió como las principales potencias imperiales. En las Américas, este encuentro fue primordialmente genocida: se destruyeron civilizaciones y estructuras sociales enteras. Las Américas también suministraron la plata, en particular de Bolivia y México, que financió el comercio de Europa occidental con Asia, especialmente con la India y China, las mayores economías de Asia en aquel momento.</li>
<li>La trata de personas esclavizadas procedentes del África subsahariana proporcionó a las potencias imperiales occidentales no solo mano de obra para las colonias, sino también una “mercancía” que contribuyó al auge del capital en Gran Bretaña, los Países Bajos y Francia. Las personas esclavizadas eran llevadas a las Américas y el Caribe para producir cultivos de plantación, de los cuales el azúcar era a la vez el más importante y la primera mercancía mundial. Si añadimos la plata como una forma de dinero-mercancía, entonces el papel del trabajo esclavo en las minas de plata y las plantaciones de las Américas convierte la trata de personas esclavizadas en un pilar central del auge del capitalismo moderno.</li>
</ol>
<p>El surgimiento de un sistema financiero capitalista fue intrínseco a la trata de personas esclavizadas, a sus vínculos con las potencias coloniales emergentes y al auge del azúcar como mercancía mundial. Un instrumento que vinculó la trata de personas esclavizadas con el crecimiento del sistema financiero fue el <em>asiento</em>, una licencia de la Corona española que autorizaba a los comerciantes a participar en la venta de personas africanas esclavizadas a las colonias españolas. Emitido por primera vez en 1513, el asiento se concedió, hasta 1595, a un individuo o grupo de cualquier nacionalidad un contrato para importar un número determinado de personas esclavizadas a cambio del pago de una regalía. Para España, los principales destinos de las personas esclavizadas eran inicialmente las minas de plata de Bolivia y México. Los asientos se otorgaron más tarde a sociedades anónimas extranjeras: primero a empresas portuguesas; luego, en 1685, a las holandesas; en 1702, a las francesas; y de 1713 a 1739, a la Compañía Británica de los Mares del Sur. Esta se asoció con la Real Compañía Africana, propiedad de la Corona británica. La obtención del asiento permitió a Gran Bretaña dominar la trata de personas esclavizadas desde la década de 1740 en adelante (Newman, 2026).</p>
<p>El asiento fue uno de los elementos para el ascenso de una moneda de reserva mundial. España también introdujo una moneda común llamada real de a ocho a mediados del siglo XVI. Conocida también como peso de ocho o dólar de plata español, esta moneda era esencialmente dinero-mercancía y llegó a aceptarse en transacciones comerciales en toda Asia, las Américas y buena parte de Europa. El comercio internacional entre los siglos XV y XVIII se realizaba en gran medida en plata, lo que hacía que el dólar español fuera demandado en todo el mundo. A través del sistema del asiento, la Corona española ayudó a organizar el suministro de trabajo esclavo a sus colonias americanas, sobre todo a las zonas mineras de plata como las de Potosí, en Bolivia. La plata extraída allí se acuñaba luego en reales de a ocho, que se convirtieron en un medio de intercambio internacional ampliamente aceptado. Fue la plata española la que expandió significativamente el mercado mundial de mercancías. España usó esta plata para comerciar con China a través de la ruta de los galeones de Manila, la ruta comercial transpacífica que unía Acapulco, en la América española, con Manila, en las Filipinas españolas, así como a través de otros países europeos que comerciaban con Asia occidental y meridional. Como escriben Dennis O. Flynn y Arturo Giráldez: “El producto individual más responsable del nacimiento del comercio mundial fue la plata” que sustentó el comercio mundial de mercancías y permitió a Europa, y a España en particular, acceder a los mercados de China, las Indias Orientales y la India (Flynn y Giráldez, 2010).</p>
<p>La plata extraída de la América española, especialmente de México y Potosí (Bolivia),  representó el 80% del suministro mundial de plata entre 1494 y 1850. El dólar de plata español era principalmente dinero-mercancía, con un valor equivalente a su peso en plata. La libra esterlina británica y el dólar estadounidense eran, y son, principalmente monedas de reserva más que dinero-mercancía. Dado que el costo de producir plata era bajo en comparación con su valor de mercado, y que había depósitos de plata muy grandes en Potosí, la plata española funcionaba del mismo modo en que lo harían después la libra británica o el dólar estadounidense (Quinn y Roberds, 2016: 63-103).</p>
<p>China tenía una fuerte demanda de plata, que recibía en grandes cantidades al exportar seda y té a los países europeos. Al mismo tiempo, China importaba textiles de algodón de la India, que financiaba con la plata que fluía desde Europa. Tras la victoria británica en la Batalla de Plassey en 1757, Gran Bretaña ya no tuvo que enviar plata a la India para pagar los textiles importados. En cambio, financió esos bienes con los impuestos sobre la tierra recaudados de los campesinos indios, lo que invirtió efectivamente el anterior flujo de plata de Gran Bretaña a la India. Sin embargo, el déficit de Gran Bretaña con China continuó, ya que sus cuantiosas importaciones de bienes chinos seguían pagándose con plata. Ese flujo solo se invirtió más tarde, cuando Gran Bretaña comenzó a vender a los chinos opio cultivado por la fuerza en la India, un comercio también impulsado a punta de fusil durante las guerras del Opio de 1839 a 1860.</p>
<p>Al dejar España de dominar la trata atlántica de personas esclavizadas, el florín holandés se convirtió en la moneda de reserva del mundo atlántico en el siglo XVII.<a href="#_ftn25" name="_ftnref25"><sup>25</sup></a> El casi monopolio de Ámsterdam sobre el refinado de azúcar en Europa, primero con azúcar de Brasil y más tarde con azúcar del Saint-Domingue francés (el actual Haití) y su papel central en la trata transatlántica de personas esclavizadas –con hasta el 20% de la trata de personas esclavizadas hacia las Américas y el Caribe– se consolidaron después de que los holandeses aseguraran el asiento en 1675, con Elmina, en la actual Ghana, como un centro importante. En otras palabras, el florín holandés ascendió a esta posición porque los Países Bajos controlaban una parte importante del comercio mundial de dos grandes mercancías: las personas esclavizadas y el azúcar, y las islas azucareras del Caribe y Brasil las que impulsaban la demanda de ambas mercancías.</p>
<p>Más tarde, la Real Compañía Africana y Gran Bretaña les arrebataron a los holandeses la trata de personas esclavizadas en el Atlántico y se convirtieron en los principales proveedores de azúcar. Con la expansión de las plantaciones de azúcar del Caribe británico y la creciente participación de Gran Bretaña en la trata de personas esclavizadas, la libra esterlina británica emergió como la moneda de reserva mundial y Londres se convirtió en el principal centro financiero del mundo.</p>
<p>Los orígenes del sistema financiero mundial residieron no solo en el azúcar y la esclavitud, sino también en la manera en que el asiento vinculó la trata de personas esclavizadas con la extracción de plata y el comercio asiático. Los asientos expandieron la trata de personas esclavizadas y el suministro de plata española al mercado mundial, y crearon un sistema financiero mundial que entrelazó la trata de personas esclavizadas en África, la extracción de plata en las Américas y el comercio con Asia, en particular con China, la India y el Sudeste Asiático.</p>
<p>Hemos considerado algunas de las implicaciones para el comercio mundial de los dos grandes “mercancías” que llegaron a definir el naciente mercado mundial desde el siglo XVI en adelante: las personas esclavizadas y el azúcar. Este período también vio un gran aumento de la circulación de oro y plata, extraídos en las Américas bajo el dominio español. Fue la sed de oro y plata la que impulsó el imperio de España en las Américas. No nos hemos centrado en el genocidio cometido por los españoles y otros países europeos, ni en su destrucción de los sistemas de producción existentes, ya que esa historia exige un tratamiento más detallado del que es posible aquí. En cambio, nos hemos centrado en el impacto de la trata de personas esclavizadas, el azúcar y el surgimiento de las monedas de reserva: el florín holandés en los siglos XVII y XVIII, seguido de la libra esterlina británica. Estos desarrollos fueron anteriores a la Revolución Industrial y muestran la vacuidad de la tesis de que fue el liderazgo de Occidente en la Revolución Industrial lo que creó su hegemonía sobre el mundo. Examinar un arco más largo de la historia muestra que el ascenso de Occidente se basó, en realidad, en el genocidio, la esclavitud y el saqueo colonial. El sistema financiero moderno debe entenderse como inseparable del genocidio en las Américas, la trata de personas esclavizadas y el sistema de plantación construido sobre el trabajo esclavo por las grandes potencias europeas.</p>
<h3 class="single-post--content--citations-title" style="margin:2em 0;">Notas</h3>
<div class="single-post--content--citations-block">
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>1</sup></a> En este estudio empleamos el término persona (s) <em>esclavizada</em> (s) en lugar de <em>esclavo/a</em>. Este último puede leerse como una identidad fija y, así, normalizar una condición impuesta mediante la violencia, ocultando la captura, la mercantilización y la deshumanización de millones de personas africanas sometidas a trabajo forzado para construir la riqueza de los imperios europeos. El primero, en cambio, conlleva la comprensión de que la esclavitud no definía a las personas esclavizadas, sino que era una condición de su sometimiento. Describe lo que se les hizo a las personas y, de ese modo, restituye su humanidad y pone de relieve las estructuras de colonialismo, racismo y capitalismo que produjeron esas condiciones. El lenguaje no es neutral: o refuerza el poder o lo resiste.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> En su Historia de las Indias (1561; publicada en 1875), Bartolomé de las Casas, un misionero que navegó con Colón en su tercer viaje, describe a Colón como un asesino y un violador. Subrahmanyam (1997) relata los actos de pillaje y matanza masiva de Vasco da Gama.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Para los fines de este estudio, definimos la esclavitud en sentido estricto como propiedad enajenable. Otras formas de trabajo forzado, como los sistemas de encomienda y mita impuestos a las comunidades indígenas bajo el dominio colonial español, quedan fuera del alcance de esta discusión, aunque forman parte de una historia conexa de genocidio y trabajo coercitivo en las Américas (Reséndez, 2016).</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> Nuestros cálculos se basan en las cifras de población de A. M. Carr-Saunders, John D. Durand y Patrick Manning (1936; 1967: 136-159; 2014: 131-149)</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> Véanse, por ejemplo, Eric Williams, Sidney Mintz, David Richardson y David Eltis sobre el complejo de plantación del Caribe y su papel en el desarrollo capitalista de Gran Bretaña.</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> El salitre representaba el 75% de la composición de la pólvora, y el 75% del costo de la pólvora correspondía al salitre. La región de Bengala, en la India, era la mayor proveedora y productora de salitre de la más alta calidad, que constituía más del 90% del consumo europeo de salitre para producir pólvora destinada a la guerra y el comercio (East India Company, 1793 (1976); Whatley, 2018: 80-104)</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Findlay cita datos de Eltis y Jennings que muestran que “los textiles constituían el 56% de las importaciones africanas en la década de 1780”, mientras que “las armas y la pólvora [representaban] el 8%, cifra que ascendió a casi el 15% hacia la década de 1820” (1990; 1988: 939-959; Kobayashi, 2019).</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> Existe una conocida anécdota sobre el rey Enrique III de Inglaterra, quien, en 1226, estaba dispuesto a pagar lo que hoy equivaldría a unos US$ 450 por tres libras de azúcar (Aronson y Budhos, 2017: 24).</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>9</sup></a> Galloway comenta que la corvea era mucho más importante en Creta y Chipre que en los países musulmanes, donde la tierra dominical, es decir, la tierra poseída y trabajada directamente para el gobernante o el señor, era mucho más extensa (1977: 177-194).</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>10</sup></a> Si bien en todos estos lugares se empleó trabajo servil y prestaciones de corvea en los cañaverales, no se empleó trabajo esclavo. Bosma escribe: “Solo en Santo Tomé, la isla deshabitada frente a la costa de África occidental, se utilizó trabajo africano esclavo en las plantaciones azucareras del siglo XVI de un modo comparable al de las Américas” (2023: 28-29). Por otra parte, Bosma menciona una rebelión del siglo IX, durante el califato abasí, de miles de personas africanas orientales esclavizadas que trabajaban en los cañaverales del delta del Éufrates. El caso abasí del siglo IX puede entenderse como una excepción que confirma la regla. Sugiere que la esclavitud de plantación era más difícil de estabilizar allí donde las personas esclavizadas tenían algún conocimiento de la geografía circundante, de posibles rutas de escape o de la cercanía de las comunidades de las que habían sido arrancadas. En cambio, el sistema de plantaciones del Atlántico intensificó el poder coercitivo de la esclavitud al transportar a las personas africanas esclavizadas a través del océano hacia las islas del Atlántico, el Caribe y las Américas, donde el terreno desconocido y la separación forzada de su hogar hacían mucho más difíciles la fuga y la revuelta sostenida.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>11</sup></a> La práctica de usar bagazo era habitual en Egipto durante el período mameluco (1250-1517), cuando los bosques habían menguado considerablemente y estaban protegidos por el Estado.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>12</sup></a> El término ingenio designa tanto el molino como las personas esclavizadas que trabajan en él.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>13</sup></a> Como escribió Bosma en <em>The World of Sugar</em> (página 53): “Hacia 1670, unos 400 pares de aspas movían los rodillos trituradores de Barbados, lo que permitía prescindir en gran medida de la extensa cría de ganado, para la cual la isla tenía poco espacio. Los molinos de viento sobrevivirían a la Revolución Industrial, que vio extenderse por todo el planeta los trituradores de caña impulsados por vapor. Todavía en vísperas de la Primera Guerra Mundial, 219 haciendas azucareras de Barbados seguían funcionando con energía eólica”.</p>
<p><a href="#_ftnref14" name="_ftn14"><sup>14</sup></a> Una ilustración de <em>The Illustrated London News</em> (9 de junio de 1849, vol. 14, p. 388) muestra a mujeres y hombres introduciendo caña en un molino de azúcar de rodillos verticales, con un cuchillo cañero o machete en primer plano (Aronson y Budhos, 2017: 388).</p>
<p><a href="#_ftnref15" name="_ftn15"><sup>15</sup></a> Sobre cómo el azúcar blanco se convirtió en un símbolo aglutinador de la política de la “Australia Blanca”, véase Stefanie Affeldt (2014).</p>
<p><a href="#_ftnref16" name="_ftn16"><sup>16</sup></a> El molino horizontal de dos rodillos surgió en el oeste de la India en los siglos XIII y XIV. Se ha sugerido que los portugueses introdujeron esta tecnología, cuya capacidad de molienda era el doble que la del antiguo molino <em>trappeto</em>, en el “Nuevo Mundo”, pero Bosma considera más probable que llegara al Caribe por una ruta indirecta, desde el oeste de la India hasta Madeira y de allí, vía las Canarias, hasta La Española (Bosma, 2023:45).</p>
<p><a href="#_ftnref17" name="_ftn17"><sup>17</sup></a> N. de la t. Esa labor se denominaba factoría o factoraje en español.</p>
<p><a href="#_ftnref18" name="_ftn18"><sup>18</sup></a> Las colonias americanas, por ejemplo, estaban obligadas a vender ciertos productos, “enumerados” por ley, solo a comerciantes británicos. Entre estos productos estaban el azúcar, el tabaco, el algodón y el índigo. Había algunos productos que a los colonos no se les permitía comerciar ni siquiera entre ellos o con regiones vecinas. Para una breve ilustración de las restricciones coloniales en el otro extremo del mundo véase Mukherjee, 2010: 73-82.</p>
<p><a href="#_ftnref19" name="_ftn19"><sup>19</sup></a> Las estimaciones de las poblaciones esclavizadas y de las importaciones de personas esclavizadas se combinan con los precios a los que se vendían las personas esclavizadas para estimar los cambios en la demanda de trabajo esclavo y la variación de la productividad total de los factores en la agricultura de trabajo esclavo, para todo el Caribe, a partir de 1674 (Eltis et al., 2005: 676).</p>
<p><a href="#_ftnref20" name="_ftn20"><sup>20</sup></a> Al analizar el aumento de la productividad en las plantaciones de algodón del Sur anterior a la Guerra Civil, Edward E. Baptist señala que incrementos similares en dichas plantaciones se basaron casi por completo en una explotación más intensa de la mano de obra esclava (2014).</p>
<p><a href="#_ftnref21" name="_ftn21"><sup>21</sup></a> Entre 1734 y 1788, la población esclavizada aumentó un 206% en aquellas parroquias en las que el 65% o más de todas las personas esclavizadas se empleaban en la producción de azúcar, frente al 46% en los interiores de Kingston y St. Jago de la Vega, donde la producción de azúcar era relativamente poco importante, (Ryden, 2001: 504-507).</p>
<p><a href="#_ftnref22" name="_ftn22"><sup>22</sup></a> Un argumento al estilo de Adam Smith que hoy en día muy pocos defenderían.</p>
<p><a href="#_ftnref23" name="_ftn23"><sup>23</sup></a> Todos los valores monetarios están en libras esterlinas, salvo indicación en contrario.</p>
<p><a href="#_ftnref24" name="_ftn24"><sup>24</sup></a> N. de la t. <em>Scramble</em> quiere decir rebatiña, revuelo, disputa.</p>
<p><a href="#_ftnref25" name="_ftn25"><sup>25</sup></a> A diferencia de las otras dos monedas de reserva que surgieron más tarde, la libra esterlina británica y el dólar estadounidense, el florín no estaba respaldado por el Estado holandés, sino por el Banco de Ámsterdam. Como Ámsterdam era el principal centro comercial de Europa occidental, se lo reconocía dentro de las potencias emergentes de Europa occidental como una moneda de reserva, aunque los comerciantes del resto del mundo solo aceptaban oro o plata.</p>
</div>
<h3 class="single-post--content--citations-title" style="margin:2em 0;">Referencias bibliográficas</h3>
<div class="single-post--content--citations-block">
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</div>
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		<title>Fidel Castro: una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas</title>
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		<pubDate>Wed, 12 Aug 2026 23:41:26 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En 2026 celebramos el centenario de Fidel Castro Ruz (1926-2016), uno de los dirigentes revolucionarios más importantes que ha tenido América Latina en su historia. La Unión Internacional de Editoriales de Izquierda (IULP) junto al Centro Fidel Castro, organizó esta publicación con fragmentos de distintos discursos de Fidel a lo largo de su vida para celebrar el centenario de su nacimiento.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--content--media-block" style="text-align:center; margin:3em 0;"><a href="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/fidel-Iulp-espanol_Final.pdf"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-152747 size-full" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/tapa-fidel-Iulp-espanhol-1.jpg" alt="" width="550" height="850" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/tapa-fidel-Iulp-espanhol-1.jpg 550w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/tapa-fidel-Iulp-espanhol-1-194x300.jpg 194w" sizes="auto, (max-width: 550px) 100vw, 550px"></a></div>
<p class="rm-b-e-md" style="text-align: center;"><a class="btn btn-primary btn-large" href="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/fidel-Iulp-espanol_Final.pdf">Descargue el libro</a></p>
<p>Las varias editoriales que se suman a esta publicación trabajan para mantener vivo este legado, fundamental para las luchas de los pueblos del Sur Global en busca de la emancipación y la construcción del socialismo. Agradecemos al Centro Fidel Castro, en la figura de su director René González Barrios, quien seleccionó y organizó los discursos presentes en este libro.</p>
<p>En un contexto en que la ofensiva imperialista estadounidense busca asfixiar la economía, el pueblo y la revolución en Cuba, difundir las ideas de Fidel y las políticas implementadas por la revolución, por medio de esta publicación, es una forma de solidaridad. Con ello, buscamos fortalecer los lazos internacionalistas en la construcción de una sociedad sin dominación de clases.</p>
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		<title>Un Vietnam en el campo de la cultura: el Congreso Cultural de La Habana, 1968</title>
		<link>https://thetricontinental.org/es/dossier-congreso-cultural-habana/</link>
		
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		<pubDate>Tue, 11 Aug 2026 08:00:28 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[En 1968, delegados de 70 países se reunieron en La Habana para hacer frente al imperialismo cultural y concebir la cultura como un frente decisivo de la lucha antiimperialista.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--content--acknowledgments"><span style="font-weight: 400;">Los collages que ilustran este dossier fueron realizados por el Instituto Tricontinental de Investigación Social, con imágenes y discursos del Congreso Cultural de La Habana (1968), cortesía de Cubarte.</span></div>
<blockquote class="single-post--content--quote-outlined-block">
<p style="text-align: right;"><em>“</em>No puede haber nada más antimarxista que el dogma, no puede haber nada más antimarxista que la petrificación de las ideas. Y hay ideas que incluso se esgrimen en nombre del marxismo y que parecen verdaderos fósiles”.</p>
<p style="text-align: right;">– Fidel Castro, discurso de clausura, Congreso Cultural de La Habana, 12 de enero de 1968 (1968: 57-71).</p>
</blockquote>
<blockquote class="single-post--content--quote-outlined-block">
<p style="text-align: right;">“Hago la revolución, y por tanto existo, por tanto existimos”.</p>
<p style="text-align: right;">– René Depestre, Comisión I, Congreso Cultural de La Habana, 1968 (1968: 42-46).</p>
</blockquote>
<p>En la mañana del 4 de enero de 1968, en el Hotel Habana Libre, el presidente cubano Osvaldo Dorticós inauguró el Congreso Cultural de La Habana. Durante los 9 días siguientes, 470 delegados de 70 países llenarían las salas de las comisiones. Juntos, buscaban comprender cómo opera el imperialismo a través de la cultura en todas sus dimensiones y qué significaría construir un frente antiimperialista capaz de enfrentarlo y desmantelarlo.<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a></p>
<p>El congreso tuvo lugar en un momento en que la revolución se sentía no solo posible, sino inminente. Vietnam mantenía en jaque al ejército más poderoso de la Tierra. Los movimientos de liberación armada en las colonias portuguesas de Angola, Guinea-Bissau y Mozambique construían nuevas sociedades en las zonas ya liberadas.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>2</sup></a> En toda América Latina, los movimientos guerrilleros se multiplicaban a raíz de la Revolución cubana. Los pueblos del Tercer Mundo estaban en movimiento en todos los frentes. El duelo por el asesinato de Ernesto “Che” Guevara en Bolivia, tres meses antes, no había hecho sino agudizar la resolución colectiva de las personas delegadas y de los movimientos que representaban. La pregunta ya no era si el imperialismo podía ser derrotado, sino por quién y en qué frentes.</p>
<p>El Congreso Cultural de La Habana se organizó en cinco comisiones que trazaban los frentes en que se libraba la batalla cultural: Cultura e independencia nacional (Comisión I); Formación integral del hombre (Comisión II); Responsabilidad del intelectual (Comisión III); Cultura y medios de comunicación de masas (Comisión IV); y Creación artística y trabajo científico-técnico (Comisión V).<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>3</sup></a> Como observó Dorticós en su discurso de apertura, “según nuestras noticias, se reúnen por primera vez hombres que proceden de todos los continentes, que pertenecen a distintas profesiones” reunidos en torno a un mandato cultural común (1968: 4). La decisión de invitar no solo a trabajadorxs culturales como artistas y escritores, sino también a médicxs, economistas, sociólogxs, científicxs, técnicxs y trabajadorxs intelectuales de toda procedencia, fue una elección política deliberada, que insistía en que la cultura no era simplemente un complemento de la lucha política y militar, sino un frente de lucha antiimperialista por derecho propio.</p>
<p>El congreso no se limitó a las salas de comisiones y los discursos. Tuvo repercusión en toda la ciudad a través de vallas publicitarias, afiches y transmisiones radiales. En la antesala del congreso, el Instituto del Libro publicó ediciones populares de obras de varios escritores participantes y se proyectaron películas de algunos delegados en cines de toda La Habana. En la noche del 9 de enero, se inauguró en el Pabellón Cuba, en el Vedado, la exposición <em>Del Tercer Mundo</em>. Concebida como un recorrido cinematográfico más que como una exposición convencional, empleaba luz, sonido, montaje y movimiento para guiar a los visitantes a través de la historia inconclusa de Asia, África y América Latina. Los visitantes recorrían seis zonas que narraban la historia no concluida del Tercer Mundo, desde el mito de las tierras “vírgenes”, pasando por la violencia y la privación de la dominación imperialista, hasta las luchas revolucionarias del presente. La exposición recurría a animaciones de neón, historietas, montajes cinematográficos satíricos y efectos sonoros que incluían un túnel del horror sobre el hambre y cajas de luz giratorias que multiplicaban la imagen icónica del Che tomada por el fotógrafo cubano Alberto Korda, junto a la pregunta: “¿Y nosotros, los explotados del mundo, cuál es nuestro papel?”. La exposición, producida colectivamente por más de 100 personas, fue visitada por más de 250.000 personas durante sus tres meses de duración, con un horario que permitía a estudiantes y trabajadorxs asistir de camino a casa, como quien visita un cine popular (Berríos, 2019: 101-119).</p>
<p>La participación masiva y la amplitud cultural del congreso encarnaban su argumento fundacional: que la cultura contiene la totalidad de cómo una sociedad produce y reproduce la vida humana. Como concluyó la declaración general del congreso: “si la derrota del imperialismo es el prerrequisito inevitable para el logro de una auténtica cultura, el hecho cultural por excelencia para un país subdesarrollado es la revolución” (CCLH, 1968: 49-50).</p>
<p>Los debates que tuvieron lugar a lo largo de esos nueve días produjeron uno de los análisis colectivos más ricos sobre el imperialismo cultural del siglo XX y una visión de la cultura antiimperialista cuyo alcance y ambición siguen interpelando hoy a los movimientos a pensar la cultura no simplemente como arte o propaganda, sino como un terreno de lucha que atraviesa todas las dimensiones de la vida social. Sin embargo, el congreso ha sido poco estudiado y ha estado prácticamente ausente desde entonces de muchos relatos históricos del período. Este dossier presenta una síntesis de algunos de esos debates, organizada en cinco secciones: el diagnóstico de cómo opera el imperialismo cultural, la praxis de la cultura dentro de las luchas de liberación activas, las formulaciones teóricas surgidas del congreso, la visión del nuevo ser humano y el papel del trabajador/a intelectual en la revolución.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-152533 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-1-1-716x1024.jpg" alt="" width="716" height="1024" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-1-1-716x1024.jpg 716w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-1-1-210x300.jpg 210w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-1-1-768x1099.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-1-1.jpg 950w" sizes="auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px"></div>
<h2 style="margin:3em 0;">Hacia el Congreso Cultural de La Habana</h2>
<p>El congreso fue el tercero de una secuencia de eventos internacionalistas celebrados en La Habana. El primero fue la Conferencia Tricontinental (enero de 1966), que reunió a fuerzas revolucionarias de África, Asia y América Latina para construir una alianza político-militar contra el imperialismo y que creó la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL). En agosto del año siguiente, la reunión de la Organización Latinoamericana de Solidaridad institucionalizó la lucha armada como estrategia principal de la liberación continental. En 1968, el Congreso Cultural de La Habana extendió esa estrategia hacia un terreno ideológico y cultural que, durante dos décadas, había sido objeto de una ofensiva imperialista masiva y en gran medida encubierta.</p>
<p>El congreso respondía a la necesidad material de combatir no solo la agresión militar directa liderada por Estados Unidos (como la invasión de Playa Girón en 1961), sino también una guerra cultural y de información de larga data. De hecho, fue convocado como la respuesta directa al Congreso por la Libertad de la Cultura (CCF, por su sigla en inglés), la operación cultural insignia de Estados Unidos durante la Guerra Fría. Con el propósito expreso de construir hegemonía cultural, el CCF promovía las ideas de que no existía alternativa al orden capitalista occidental, que los movimientos revolucionarios eran amenazas a la “libertad” y que los intelectuales debían ser críticos autónomos y apolíticos. Fundado en 1950 con operaciones en 35 países, publicó más de 20 prestigiosas revistas literarias y políticas (<em>Encounter</em> en Londres, <em>Preuves</em> en París y <em>Cuadernos</em> en América Latina, entre otras), patrocinó conferencias, financió intercambios académicos y cultivó una red internacional de intelectuales comprometidos, consciente o inconscientemente, con un consenso liberal anticomunista.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>4</sup></a> Aunque la revelación en 1967 de que el CCF era financiado por la Agencia Central de Inteligencia (CIA) desprestigió a la organización, la infraestructura que había construido permaneció intacta, desde revistas, fundaciones y redes académicas hasta hábitos de pensamiento. Eric Hobsbawm, historiador marxista británico y delegado, describiría más tarde al Congreso Cultural de La Habana como el “opuesto exacto” del CCF. Mientras el CCF se presentaba como defensor de la autonomía intelectual, al tiempo que operaba bajo patrocinio imperialista, el Congreso Cultural de La Habana buscaba establecer la infraestructura cultural y el programa para quienes luchaban contra el imperialismo (Hardesty, 2019: 61).</p>
<p>La idea del Congreso de La Habana nació de Casa de las Américas, institución fundada en abril de 1959 que se había convertido, a través de su revista y su premio literario anual, en el principal puente cultural de Cuba con América Latina y el Caribe. En enero de 1967, el comité de colaboración de la revista emitió una declaración para reunir a intelectuales de Asia, África y América Latina, en respuesta al llamado de la Conferencia Tricontinental de 1966 a construir un frente activo contra la intervención cultural en el Tercer Mundo. Esta convocatoria propuesta se convirtió en el Congreso Cultural de La Habana de 1968. Entre octubre y noviembre de 1967, un seminario nacional de preparación reunió a 1.343 escritorxs, artistas, científicxs y técnicxs cubanxs en la misma estructura de cinco comisiones que luego adoptaría el congreso internacional, con meses de trabajo intelectual y organizativo colectivo realizados antes de que llegara un solo delegado internacional (OSPAAAL, 1966: 217-40; González Lage, 2019: 276-277).</p>
<p>La estrategia de invitación del congreso fue deliberadamente amplia: trotskistas y surrealistas se sentaron junto a militantes de partidos comunistas. Editores de <em>New Left Review</em> junto a militantes del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA). Existencialistas y antipsiquiatras junto a economistas de la teoría de la dependencia y teólogos de la liberación y las 212 personas delegadas de naciones “desarrolladas” se sentaron junto a las 205 personas delegadas de naciones subdesarrolladas, entre ellas 53 de países socialistas (González Lage, 2019: 283-284). Aunque la estrategia cubana buscaba construir un frente antiimperialista que alcanzara a los sectores progresistas del centro imperialista, decisiones estructurales aseguraron que fueran las perspectivas del Tercer Mundo las que marcaran el rumbo de las deliberaciones. Con este fin, la jefatura de todas las comisiones recayó en personas delegadas de proyectos socialistas y de liberación nacional del Tercer Mundo. El testimonio de las personas delegadas que hablaban desde luchas de liberación activas tuvo un peso político y moral que enmarcó la totalidad del congreso (CCLH, 1968; Parmelin, 1968: 3-20).</p>
<p>El congreso se convocó en un momento de agudas contradicciones. Dos días antes de la apertura, Fidel Castro anunció que la Unión Soviética reduciría el suministro de petróleo a la isla. Días después de la clausura, el Comité Central del Partido Comunista de Cuba se reunió para actuar contra una “microfacción” de militantes del partido acusados de buscar subordinar la estrategia revolucionaria cubana a la línea de Moscú (González Lage, 2019: 276; Comité Central del Partido Comunista de Cuba, 1968). Tras el congreso, la Organización de los Estados Americanos (OEA) elaboró un extenso informe clasificado que calificó al congreso de “acción subversiva del comunismo internacional” y detalló a los asistentes, así como sus afiliaciones políticas, historiales de viaje e intervenciones en el congreso (Organización de los Estados Americanos, 1968).</p>
<h2 style="margin:3em 0;">El diagnóstico: cómo opera el imperialismo a través de la cultura</h2>
<p>Aunque las personas delegadas provenían de una amplia gama de historias coloniales y etapas de lucha distintas, compartían un diagnóstico del imperialismo cultural de su época. El imperialismo, sostenían, opera mediante una ofensiva sistemática que atraviesa todas las dimensiones de la sociedad y la cultura, incluyendo la colonización de la conciencia, el control de la información, la extracción del trabajo intelectual, la “fuga de cerebros” de médicos y científicos del Tercer Mundo y el control de la producción de conocimiento.</p>
<p>Durante el congreso, Roberto Fernández Retamar, poeta cubano que más tarde dirigiría Casa de las Américas, ofreció una lectura estructural del orden global y de los intelectuales que este producía. El mundo, argumentó, no se divide entre países “desarrollados” y “subdesarrollados”, sino entre <em>países subdesarrollados</em> y lo que él llamó <em>países</em> <em>subdesarrollantes</em>, es decir, cuyo propio desarrollo depende de producir activamente subdesarrollo en otras partes.</p>
<p>Para Fernández Retamar, los intelectuales de esos países “subdesarrollantes” adquirían su conocimiento a través del mismo sistema: uno construido sobre el trabajo explotado y la riqueza del Tercer Mundo. Sostuvo que “la ciencia y el arte de los países explotadores pertenecen también a los países explotados sobre los cuales se han construido”. Devolverlos, dijo, “no será una forma de paternalismo, sino una forma de reintegrarles lo arrancado”. Para él, esto significaba que lxs intelectuales de izquierda de los centros imperialistas tenían la responsabilidad de poner su conocimiento, científico, económico, lingüístico y técnico, al servicio de los movimientos de liberación cuyos pueblos habían hecho posible ese conocimiento. Si la reparación era lo que Fernández Retamar exigía de lxs intelectuales en los países que “subdesarrollan”, lo que exigía de quienes estaban en los países subdesarrollados era lo inverso: apropiarse del conocimiento del colonizador y de sus productos y utilizarlos para su propia liberación.</p>
<p>En 1971, tres años después del congreso, la formulación de Fernández Retamar cristalizaría en su ensayo emblemático <em>Calibán</em>. En él, reivindicó la figura de Calibán, el sujeto esclavizado de <em>La tempestad</em> de Shakespeare, cuya isla ha colonizado Próspero, como símbolo de América Latina y el Caribe: “Próspero invadió las islas, mató a nuestros ancestros, esclavizó a Calibán y le enseñó su idioma para poder entenderse con él: ¿qué otra cosa puede hacer Calibán sino utilizar ese mismo idioma, hoy no tiene otro, para maldecirlo, para desear que caiga sobre él la ‘roja plaga’?” (Fernández, 1974: 34-35).</p>
<p>En los años siguientes, Calibán se convirtió en una figura compartida a través de la cual los intelectuales de América Latina y el Caribe exploraron la dominación colonial, el lenguaje, la revuelta y la agencia histórica. El congreso contribuyó a consolidar esta reelaboración al poner en diálogo en La Habana a pensadores anticoloniales caribeños, entre ellos Fernández Retamar, C. L. R. James y Aimé Césaire (González Seligmann, 2019: 49-54, 76-77). En 1969, por ejemplo, Césaire publicó <em>Une tempête</em> [Una tempestad], una reescritura anticolonial de la obra de Shakespeare y el poeta barbadense Kamau Brathwaite publicó su poema <em>Calibán</em>. Junto con el ensayo de Fernández Retamar, estas obras contribuyeron a una importante inversión cultural y política, que colocó al Tercer Mundo, como sujeto colonizado colectivo, en el centro y no en la periferia de la historia.</p>
<p>Esta disputa en torno al lenguaje, la representación y la acción histórica formaba parte del diagnóstico más amplio del congreso sobre el imperialismo cultural. En el congreso, Fernando Martínez Heredia, quien había fundado la influyente revista <em>Pensamiento Crítico</em>, sostuvo que la capa más insidiosa de la dominación imperialista era la colonización cultural (Sánchez, 2018). Planteó que, “la colonización cultural penetra fuertemente en todos los órdenes de la vida, hasta influir en el pensamiento y en la acción de los propios luchadores contra el colonialismo”, produciendo “un molde mental de castración, de incapacidad para representarse un destino alcanzable con fuerzas propias” (Martínez, 1968: 15-19; Tricontinental, 2026a). Esta “castración mental” se produce a lo largo de un período extenso y a través de varios frentes, entre ellos, el aparato mediático. Durante el congreso, el historiador cubano Moreno Fraginals describió un vasto sistema imperialista de comunicaciones: 850 horas semanales de transmisiones de onda corta de Estados Unidos hacia América Latina, dos redes radiales que controlaban más del 90% de los oyentes y radios de frecuencia fija preconfiguradas para estaciones estadounidenses que circulaban por toda la región. Para el escritor cubano Edmundo Desnoes, los medios de masas eran las “armas secretas” del imperialismo, eficaces precisamente porque eran invisibles (Moreno, 1968: 71-74; Desnoes, 1968: 13-17).</p>
<p>El economista indio Lajpat Rai mostró cómo las instituciones educativas y culturales también habían sido dominadas por intereses imperialistas. En su país, dijo, “Las universidades, institutos, escuelas, organizaciones sociales y culturales de la India están infestados hoy de agentes culturales norteamericanos bajo la apariencia de profesores visitantes, expertos en educación, cuerpos de paz, e incluso agentes de la CIA”.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>5</sup></a> Documentó un “programa de castración política de los intelectuales”, haciendo eco de las palabras de Martínez Heredia, con las fundaciones Asia, Ford y Rockefeller y el ya desenmascarado CCF, operando abiertamente dentro de la academia india (Rai, 1968: 10-17).</p>
<p>Un tercer frente de la ofensiva cultural imperialista operaba a través del registro histórico y el archivo físico. Delegados del mundo árabe, de la península coreana y del sur de África aportaron testimonios de supresión cultural. Gisèle Halimi, una abogada nacida en Túnez que había defendido a militantes del Frente de Liberación Nacional argelino (FLN) durante la guerra de independencia, trajo al congreso su propio testimonio de colonización cultural. Criada bajo el sistema educativo colonial francés en Túnez, describió la exclusión de la historia y la cultura árabes y cómo “[ ] la belleza, la inteligencia, la libertad no podían ser más que valores franceses; la fuente de toda cultura, la civilización era Francia” (Halimi, 1968: 136-144).</p>
<p>Hablando desde un país que aún se reconstruía, Kim Youn Seun y Pak Hai Chin, de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) (Corea del Norte), a apenas 15 años de una guerra en que los bombardeos estadounidenses destruyeron prácticamente toda estructura en pie en el norte del país, ofrecieron al congreso el concepto de <em>juche</em> (주체). Traducido a menudo como “autosuficiencia”, el <em>juche</em> se refiere a la capacidad de un pueblo colonizado de convertirse en sujeto de su propia historia, en lugar de objeto pasivo de la dominación imperialista. “Sin la liberación completa y la independencia del país”, dijeron las personas delegadas de la RPDC al congreso, “no puede haber esperanza de una verdadera cultura nacional, ni puede hablarse de la formación integral del hombre”, condensando, en una sola frase, el vínculo entre el diagnóstico del congreso sobre el imperialismo cultural y su horizonte del nuevo ser humano (Kim Youn Seun y Pak Hai Chin, 1968).</p>
<p>Lo que revelaban estos testimonios, provenientes de todos los continentes, era un único aparato colonial integrado que abarca la manera en que una sociedad se narra a sí misma: sus transmisiones, sus universidades, su lenguaje, sus archivos. Varias personas delegadas señalaron que este aparato está también indisolublemente ligado a la estructura económica y a la lógica extractivista del imperialismo. Como planteó Alex La Guma, novelista y ex preso político del apartheid sudafricano: “Somos los primeros productores de oro del mundo, pero nuestros mineros cobran un salario de 40 centavos por 8 horas de trabajo”. Mientras que cirujanos sudafricanos habían realizado en Ciudad del Cabo el primer trasplante de corazón del mundo apenas semanas antes del congreso de La Habana, el 80 % de la población vivía en un nivel de hambruna. El planteamiento de La Guma no buscaba condenar el logro científico en sí, sino exponer la contradicción de la sociedad del apartheid: una riqueza y una capacidad técnica inmensas que coexistían con la privación masiva y la dominación racial. La Ley de Educación Bantú (1953) dio a este sistema una forma explícitamente cultural, al imponer una educación inferior y segregada a la población negra sudafricana, preparándola para el trabajo subordinado bajo el apartheid (La Guma, 1968; Silber, 1970: 48-53).</p>
<p>El congreso de La Habana también abordó la extracción imperialista de la capacidad humana. El Dr. Horacio Zalce, médico mexicano que presentó en tres de las cinco comisiones del congreso, trazó el circuito de la fuga de cerebros en su campo. Médicos formados a expensas públicas en países subdesarrollados eran atraídos hacia Estados Unidos, sometidos a la “transculturación” (la adopción gradual de los valores, hábitos y formas de vida de otra cultura) y absorbidos por el imperialismo o enviados de vuelta a sociedades donde ningún trabajo correspondía a su especialización. En palabras del Dr. Zalce, “se ha exportado ‘materia prima’, ésta se ha ‘elaborado’ en el extranjero y entonces es substraída” (Zalce, 1968: 30-31).</p>
<p>De manera similar, el delegado cubano José Fernández-Britto Rodríguez informó que, entre 1956 y 1965, cerca de 40.000 científicos y técnicos latinoamericanos emigraron a Estados Unidos (CCLH, 1968: 34-39). Por su parte, los investigadores cubanos Aníbal Rodríguez y Fernando Barral describieron la colonización de la propia producción de conocimiento sobre el Tercer Mundo, en la cual América Latina suministraba “materia prima científica”, datos e investigadores, a think tanks estadounidenses como la RAND Corporation, la Special Operations Research Office y el Hudson Institute. Esas instituciones devolvían luego los “productos terminados” de esa investigación a la región en forma de intervención política, económica, de inteligencia y militar (Rodríguez y Barral, 1968: 2-6).</p>
<p>A través de las cinco comisiones, las personas delegadas describieron a intelectuales, médicxs y científicxs colonizadxs como materia prima que es extraída, procesada y sustraída. Cada médico de la periferia formado en el ámbito público que termina ejerciendo en el núcleo imperialista representa una transferencia de valor económico: años de inversión social capturados a través de la propia estructura de la dependencia imperial. Como concluyó la resolución de la Comisión IV (Cultura y medios de comunicación de masas), “la industria de la cultura de masas no se limita a funciones superestructurales, es hoy parte integral del sistema de producción económica” (CCLH, 1968: 30).</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-152541 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-2-1-716x1024.jpg" alt="" width="716" height="1024" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-2-1-716x1024.jpg 716w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-2-1-210x300.jpg 210w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-2-1-768x1099.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-2-1.jpg 950w" sizes="auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px"></div>
<h2 style="margin:3em 0;">Praxis: la liberación como acto cultural</h2>
<p>El congreso rechazó la idea de que la cultura es algo que se restaura o se crea solo después de haber ganado la liberación. Por el contrario, las personas delegadas, que hablaban desde el interior de las guerras de liberación nacional, sostuvieron que la cultura es la sustancia a través de la cual se construye la liberación, creando, en el proceso mismo de la lucha, nuevos sujetos, lenguajes, instituciones y conocimientos. La liberación nacional, en esta visión, no es la condición previa para la renovación cultural: es en sí misma un acto de cultura.</p>
<p>Vietnam, entonces dividido entre la República Democrática de Vietnam en el norte y la República de Vietnam, respaldada por Estados Unidos, en el sur, estuvo representado en el congreso por dos delegaciones: una de la República Democrática de Vietnam y otra del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur (FNL), el frente revolucionario que combatía al régimen sureño y a sus patrocinadores estadounidenses. Cù Huy Cận, viceministro de Cultura de la República Democrática de Vietnam (Vietnam del Norte) y uno de los poetas más celebrados del país, informó sobre la importancia de construir vida cultural pese al bombardeo estadounidense: “La supresión de la cultura nacional de los pueblos es la consigna de los conquistadores”. Tư Huỳnh, reconocido pintor y representante del Frente Nacional de Liberación de Vietnam del Sur (FNL), describió cómo los informes mensuales del FNL registraban el número de habitantes liberados del analfabetismo junto al número de soldados enemigos abatidos.<a href="#_ftn6" name="_ftnref6"><sup>6</sup></a> En un territorio donde un túnel subterráneo podía servir a la vez de escuela y de refugio, cultura y liberación estaban indisolublemente ligadas. En la resolución de la Comisión IV (Cultura y medios de comunicación de masas), las personas delegadas señalaron que los equipos de cine vietnamitas trabajaban desde sótanos en las provincias más bombardeadas. “El canto acalla el sonido de las bombas”, escribieron (CCLH, 1968: 30).</p>
<p>Desde las zonas liberadas en la África bajo ocupación portuguesa, donde la lucha armada de Angola contra el colonialismo entraba en su séptimo año y las guerras en Guinea-Bissau y Mozambique también avanzaban, el poeta angoleño Mário Pinto de Andrade, cofundador y primer presidente del Movimiento Popular de Liberación de Angola, habló de la transformación cultural en curso en las zonas liberadas, donde surgían escuelas, imprentas, talleres de artistas y canciones revolucionarias.<a href="#_ftn7" name="_ftnref7"><sup>7</sup></a> Una “revolución semántica”, dijo, estaba abriendo el portugués colonial, remodelándolo a través de estructuras lingüísticas africanas y generando nuevas formas literarias. De manera similar, Abílio Duarte, dirigente caboverdiano del PAIGC (Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde), habló de los cimientos fundacionales de la nueva sociedad dentro del cascarón de la vieja. “Siendo nuestra lucha de liberación nacional armada”, declaró Duarte, “el acontecimiento cultural más importante ocurrido en nuestro país desde el inicio de la colonización” (1968: 104-107).</p>
<p>Desde Cabo Verde hasta Cuba y Vietnam, atravesando continentes y tradiciones nacionales de liberación distintas, la vida cultural no se concebía como algo que debía simplemente preservarse de la destrucción o posponerse hasta la victoria, sino como el medio mismo a través del cual se construía la liberación. Lo que unía a estas luchas era una comprensión compartida, extraída de la práctica vivida: que la cultura es la sustancia misma de la lucha y que la liberación nacional es, en efecto, un acto de cultura. Como declaró la resolución de la Comisión III, “Toda lucha contra el imperialismo y neocolonialismo se convierte automáticamente en una lucha por el acceso del pueblo a la cultura: las luchas de liberación nacional toman, así, la forma hermosa y heroica de la defensa del conocimiento y la belleza” (CCLH, 1968: 28).</p>
<h2 style="margin:3em 0;">La síntesis: la revolución como fenómeno total</h2>
<p>Junto a los diagnósticos del imperialismo y los testimonios de las luchas activas, el congreso de La Habana generó formulaciones teóricas para comprender la cultura, la revolución y el sujeto humano. Los debates del congreso fueron tan amplios como las personas delegadas que asistieron a él y abarcaron desde la teoría de la dependencia y la relación entre ciencia y cultura hasta los términos en que podía construirse la solidaridad antiimperialista. Entre las intervenciones que generaron el debate más agudo estuvo un ajuste de cuentas con la <em>negritud</em>, un movimiento literario, filosófico y político que sostenía que los pueblos negros poseían una identidad cultural distinta, forjada en la experiencia de la esclavitud y el colonialismo, que exigía reconocimiento frente al universalismo occidental. El debate de La Habana interpelaba directamente preguntas que hoy siguen siendo relevantes sobre la relación entre identidad racial y cultural y lucha de clases.</p>
<p>En el congreso, el poeta haitiano René Depestre rastreó los orígenes de la <em>negritud</em> como “la operación cultural mediante la cual los intelectuales negros de África y de las dos Américas tomaban conciencia de la validez de la originalidad de las culturas negro-africanas”. En su origen, reflejaba una doble alienación de los pueblos negros: como trabajadores en el mercado capitalista y como sujetos de una deshumanización racializada. Para Depestre, expresaba “la conciencia de esta doble alienación y de la necesidad histórica de superarla mediante la praxis revolucionaria” (Depestre, 1968: 42-46). Pero, separada del análisis de clase, la <em>negritud</em> pronto sería apropiada para fines contrarrevolucionarios.</p>
<p>En Haití, dijo Depestre, “pseudosociólogos” como el entonces dictador François Duvalier, conocido como “Papa Doc”, aislaron la cuestión racial del desarrollo económico, reduciendo la historia haitiana a “una sucesión caótica de conflictos únicamente entre mulatos y negros” (Depestre, 1968: 42-46). La pequeña burguesía negra había utilizado esta interpretación para convencer a las masas de que ahora estaban en el poder, cuando la realidad no podía estar más alejada de esa afirmación. Depestre vio lo que ocurrió cuando la <em>negritud</em> pasó de ser una revuelta literaria anticolonial a convertirse en ideología de Estado, bajo la forma de lo que se conoció como <em>noirisme</em>, la ideología racial esencialista empleada por Duvalier que convirtió la defensa de la cultura negra que propugnaba la <em>negritud</em> en una justificación para la dictadura, aterrorizando al pueblo haitiano y a la izquierda en nombre de la autenticidad negra. Puesto bajo arresto domiciliario, Depestre partió hacia Cuba en 1959 por invitación del Che Guevara (Miller, 2015: 159-178).</p>
<p>Depestre también señaló la conocida formulación de Léopold Senghor, primer presidente de Senegal y uno de los pensadores fundadores de la <em>negritud</em>, según la cual “la emoción es negra, como la razón es blanca”. Para Depestre, el problema no era la afirmación original de <em>negritud</em> de las culturas negras, sino la manera en que tales formulaciones podían esencializar la identidad racial cuando se separaban del análisis de clase, abriendo la puerta a que las burguesías negras de África y de las Américas explotaran a lxs trabajadorxs negrxs “en nombre de una espiritualidad común”.<a href="#_ftn8" name="_ftnref8"><sup>8</sup></a> Separada de las exigencias concretas de la revolución, la <em>negritud</em> se había convertido en lo que Depestre llamó “un inaceptable ‘sionismo negro’” (1968: 46). Más bien, afirmó Depestre, la lucha contra el racismo debe basarse en la práctica revolucionaria; cuando “la negritud se ha incorporado a la revolución socialista”, el racismo “ha encontrado su superación a través de un proceso histórico en que blancos y negros y mulatos dejan cada día más de oponerse entre sí”. El nuevo Orfeo negro, continuó, “será revolucionario o no será, pues se trata de un contemporáneo y un aliado de Ho Chi Minh, de Fidel Castro y de Ernesto Che Guevara” (1968: 46).</p>
<p>Mientras que Depestre había rastreado la captura histórica de la <em>negritud</em>, el escritor y delegado guineano Condetto Nénékhaly-Camara hizo un planteamiento filosófico más incisivo: los valores que la <em>negritud</em> atribuía a la identidad negra: coraje, creatividad y profundidad espiritual, no eran propiedades raciales en absoluto, sino parte del “patrimonio común de la humanidad”. Esencializarlos era entregar a las élites gobernantes de la África recién independizada el mismo instrumento mistificador que había empleado el racismo colonial. El debate de La Habana fue, en efecto, una advertencia contra los nacionalismos culturales que ganarían terreno en África y el Caribe recién independizados. El trabajo de construir una cultura antiimperialista requiere, por tanto, un análisis de clase en su centro, sin el cual cualquier frente cultural podría disolverse en las mismas identidades que el imperialismo había construido.</p>
<p>En el congreso, el testimonio del poeta sudafricano Dennis Brutus señaló el mismo problema bajo otra forma. Mientras Depestre y Nénékhaly-Camara advertían contra el esencialismo racial, Brutus mostró cómo la dominación racial organizaba cada esfera en que se desarrolla el ser humano. Baleado por la espalda por la policía en Johannesburgo en 1963 y encarcelado más tarde durante 18 meses en Robben Island junto a Nelson Mandela, Brutus, cofundador del Comité Olímpico No Racial de Sudáfrica, mostró cómo el apartheid extendía su deshumanización incluso al deporte. En el período previo a los Juegos Olímpicos de Tokio de 1964, Brutus y otros hicieron campaña con éxito para que la Sudáfrica del apartheid fuera excluida de participar. Las contradicciones raciales del apartheid eran visibles también en otros ámbitos del deporte y la vida pública, como lo evidenció el caso del halterófilo sudafricano de nacimiento Precious McKenzie, a quien se le impidió representar a su propio país en los Juegos de la Mancomunidad, por lo que ganó tres medallas de oro para Inglaterra y luego una cuarta para Nueva Zelanda. “No puede haber discusión sobre el amplio desarrollo del hombre”, concluyó Brutus, “mientras el racismo sea permitido y tolerado en el deporte” (1968: 34-37).</p>
<p>Tomadas en conjunto, estas intervenciones mostraron que el racismo no podía superarse ni mediante la inclusión liberal ni a través del esencialismo cultural. Para resistir la reducción de la lucha social a identidades fijas, la cultura debía comprenderse en su totalidad. El filósofo sirio Antun Maqdesi, cofundador del Movimiento Socialista Árabe, ofreció un marco dentro del cual las diversas intervenciones del congreso encontraron un terreno común.<a href="#_ftn9" name="_ftnref9"><sup>9</sup></a> La revolución, sostuvo, es un “fenómeno total” que debe transformar “el sentido de la existencia” y “al hombre en cuanto hombre”. Continuó: “una revolución y una educación revolucionaria, es un porvenir que se hace presente, que se encarna y por ese mismo, lanza sobre el pasado una luz nueva” (1968: 99-102). Su insistencia en la totalidad, en la revolución como transformación que abarca la conciencia, el cuerpo, las instituciones, los sistemas de conocimiento y cada dimensión de la vida social, dio expresión filosófica al hecho de que la cultura, en toda su amplitud, es un frente esencial en el que se gana o se pierde la liberación.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-152549 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-3-1-716x1024.jpg" alt="" width="716" height="1024" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-3-1-716x1024.jpg 716w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-3-1-210x300.jpg 210w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-3-1-768x1099.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-3-1.jpg 950w" sizes="auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px"></div>
<h2 style="margin:3em 0;">El horizonte: el nuevo ser humano</h2>
<p>Si la revolución es un fenómeno total, entonces su horizonte es la formación del nuevo ser humano a través de la práctica revolucionaria. Este fue el tema de la Comisión II, cuyo título, “formación integral del hombre”, anunciaba un programa que Che Guevara había esbozado en 1965 en <em>El socialismo y el hombre en Cuba</em>. En su discurso de clausura del congreso, Fidel Castro lo llamó “el magnífico folleto que nos dejó el Che… cómo expresó su idea de cómo debe ser el hombre nuevo, cómo debe ser el hombre del mañana, cómo debe ser el hombre del siglo XXI” (1968: 57-71; 2020: 28).</p>
<p>El congreso de La Habana tradujo la visión del Che en términos concretos. En esa línea, el delegado cubano Eduardo Lara describió el trabajo no solo como una necesidad económica, sino como un medio de formar al nuevo ser humano, citando tanto la caracterización que hacía el Che del trabajo como un proceso que “purifica los mejores atributos del ser humano” como la perspectiva de Marx de que el trabajo es “el único método de producir hombres plenamente desarrollados” (1968: 62-65).</p>
<p>Bajo el gobierno revolucionario cubano, la visión del Che se convirtió en praxis en la forma del trabajo voluntario, la participación masiva en el trabajo agrícola y las brigadas organizadas para desbrozar miles de hectáreas de tierra improductiva. Estas no eran simples medidas productivas, sino instrumentos de transformación humana dirigidos a romper la división entre el trabajo manual e intelectual y las jerarquías y prejuicios sociales asociados a ella. Otras intervenciones cubanas extendieron este argumento a los campos científico, técnico y otros, insistiendo en que la formación del nuevo ser humano no podía separarse del desarrollo de la tecnología. En una ponencia colectiva titulada “El hombre nuevo”, presentada ante la Comisión II, la delegación cubana nombró al Che como la encarnación más clara de este ideal: “un trabajador no impulsado por la necesidad física de venderse a sí mismo como mercancía, capaz de adquirir las cualidades del ser humano del futuro, libre de las cargas del pasado, que da todo de sí mismo sin esperar ninguna recompensa material, guiando cada una de sus acciones con los sentimientos más profundos de amor por el pueblo y por los oprimidos de todo el mundo y con odio eterno hacia el enemigo opresor y criminal” (CCLH, 1968: 73-79).</p>
<p>La resolución de la Comisión II definió al nuevo ser humano en términos que excedían cualquier concepción estrecha de la cultura: alguien “capacitado ideológica, científica, técnica y culturalmente para participar de modo activo y consciente en la construcción de la nueva sociedad” y “que es apto para desarrollar tareas manuales de carácter productivas o actividades intelectuales, indistintamente” (CCLH, 1968: 22-25). La salud, el deporte, la ciencia, el trabajo manual, la defensa militar y la apreciación artística no eran suplementarios a esta visión, sino constitutivos de ella y esenciales para la defensa de cualquier revolución. Lejos de sugerir un modelo fijo, en su declaración general el congreso insistió en que el nuevo ser humano “cambiará con las épocas, se transformará al paso de la ciencia y la técnica y de la imaginación incesante” (CCLH, 1968: 54). Esta visión transformadora y dinámica del nuevo ser humano exigía un proceso continuo de rehumanización.</p>
<p>Ese proceso también debía enfrentar la subordinación de género arraigada en las relaciones sociales burguesas. Las delegadas cubanas Elena Díaz y Natasha Klein señalaron que la formación del nuevo ser humano exigía la liberación de la mujer respecto de la objetivación y la subordinación inherentes a las relaciones sociales burguesas. Su intervención extendió el argumento más amplio del congreso sobre la transformación humana hacia un terreno que había sido planteado, pero no plenamente elaborado: “La real y efectiva liberación femenina sólo comienza a partir de su premisa única: la remoción de la estructura socio-económica burguesa que elimina la opresión del hombre por el hombre, de la cual la discriminación de la mujer es una consecuencia inherente” (1968: 116-132). La liberación de la mujer no era un añadido al programa revolucionario, sino una condición estructural del ser humano integral que el congreso imaginaba.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">Trabajadorxs intelectuales y la revolución</h2>
<p>El discurso de clausura de Fidel Castro planteó una pregunta que había recorrido todas las comisiones: ¿qué papel debían jugar lxs intelectuales, o lxs “trabajadorxs intelectuales”, como él los llamó, en la revolución? En la comisión dedicada a esta cuestión, “responsabilidad del intelectual”, muchas de las personas delegadas cuestionaron la tendencia a exigir que lxs intelectuales se convirtieran en guerrillerxs mientras no se pedía nada equivalente a lxs trabajadorxs, técnicxs, docentes o deportistas. El poeta uruguayo Mario Benedetti criticó la idea de que mientras otras profesiones cumplían “una función necesaria dentro del ámbito revolucionario… el escritor o el artista sólo asumen, dentro de ese ámbito, un papel de artículos suntuarios<em>”</em><i><span style="font-weight: normal !msorm;">.</span></i> La resolución de la comisión desarrolló el mismo argumento, insistiendo en que “su oficio no es un lujo, sino una necesidad social” vinculándolo a la visión del congreso sobre la formación del hombre nuevo (1968: 5-9; González Lage, 2019; Tricontinental, 2026b). La revolución, afirmó la resolución, “crea las condiciones para que se extinga el concepto de ‘intelectual’ como miembro de una élite de la cultura. Un esfuerzo tenaz y múltiple permitirá que en el futuro todo hombre sea un hombre integral, es decir, también un intelectual en el sentido más amplio del término” (CCLH, 1968: 29-30).</p>
<p>La visión del intelectual como “lujo” no desaparecería subordinando al intelectual a la acción militar. Más bien, la distinción entre intelectual y no intelectual se superaría a medida que el pueblo en su conjunto accediera a la vida intelectual. En la misma comisión, C. L. R. James, intelectual trinitense que había pasado décadas en el centro de los debates panafricanos, marxistas y anticoloniales, llevó el argumento más lejos. “La función de este congreso”, declaró, “es que los intelectuales deben preparar el camino para la extinción de los intelectuales como personificación de la cultura” (1968: 67-68; Silber, 1970: 118; González Seligmann, 2019). En otras palabras, el intelectual como categoría social separada debía ser abolido y el conocimiento debía volver al pueblo que había producido las condiciones materiales que lo hicieron posible.</p>
<p>En su discurso de clausura, Fidel reunió estos argumentos. Comenzó señalando que la respuesta más fuerte a la muerte del Che Guevara no había venido de organizaciones ni de partidos, sino de “trabajadores intelectuales”, a quienes describió como “hombres y mujeres honestos, sensibles, los que tuvieron la actitud de asimilar, de comprender, de admirar”. Los intelectuales habían mostrado mayor combatividad que “otras organizaciones de las que se esperaba mayor militancia”. El intelectual, entonces, no era un “bien de lujo”, la idea que Benedetti había criticado, pero tampoco era una figura para elevar por encima de la lucha. En su discurso de clausura, Fidel leyó íntegramente una declaración presentada por un grupo de sacerdotes católicos en la Comisión III, que afirmaba que “es el marxismo el que proporciona el análisis científico más exacto de la realidad imperialista” y que Camilo Torres Restrepo, muerto combatiendo con la guerrilla colombiana, “dio el más alto ejemplo de un intelectual cristiano comprometido con el Pueblo”. Fidel continuó: “¿Cómo cuando vemos a sectores del clero devenir en fuerzas revolucionarias vamos a resignarnos a ver sectores del marxismo deviniendo en fuerzas eclesiásticas?” (1968: 62-63).</p>
<p>Fidel continuó “Pero necesita el marxismo desarrollarse, salir de cierto anquilosamiento, interpretar con sentido objetivo y científico las realidades de hoy, comportarse como una fuerza revolucionaria y no como una iglesia seudorrevolucionaria” (1968: 65-66). Esta imagen sirvió como síntesis de muchos de los testimonios compartidos a lo largo del congreso: el marxismo debía interpretarse y aplicarse según las condiciones y necesidades concretas de cada lucha para realizar su potencial revolucionario. La cultura, en esta lectura, no puede concebirse como un dominio administrado por burocracias, ya sean capitalistas o socialistas, ni construirse como una “iglesia seudorrevolucionaria”. Como planteó Fidel en su discurso de clausura, había que entenderla como un sitio de lucha activa “un Vietnam en el campo de la cultura” y esa lucha exigía una revolución permanente del pensamiento dentro y a través de los movimientos revolucionarios y de las propias instituciones de la cultura (1968: 67).</p>
<p>De hecho, las personas delegadas se negaron a dejar que el congreso terminara como un simple registro de análisis y transformaron su resolución-declaración de clausura en un programa de acción antiimperialista práctica conocido como el Llamamiento de La Habana (Salkey, 1971: 217-218). Este llamamiento exhortó a “los escritores y hombres de ciencia, a los artistas, a los profesionales de la enseñanza y a los estudiantes” a romper los lazos institucionales con el imperialismo estadounidense, rechazando becas, invitaciones y otras formas de cooperación, frente a lo que identificaba como el método del enemigo: “un esfuerzo sistemático tiende a movilizar a los técnicos, hombres de ciencia e intelectuales en general, al servicio de los intereses y los objetivos capitalistas y neocolonialistas” (CCLH, 1968: 46-47). Cuando las personas delegadas abandonaron el Hotel Habana Libre, se llevaron consigo un diagnóstico, un cuerpo de teoría, una visión del nuevo ser humano y un programa de acción. Regresaron a países en guerra, bajo ocupación, construyendo el socialismo, o luchando por respirar dentro de las instituciones del imperialismo.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">Los ecos de La Habana 1968</h2>
<p>El Congreso Cultural de La Habana no terminó cuando las personas delegadas abandonaron el Hotel Habana Libre. La energía de esos nueve días se canalizó en una década de producción cultural revolucionaria que constituyó, en la práctica si no de nombre, el frente antiimperialista que el congreso había convocado. En marzo de 1968, apenas semanas después de la clausura del congreso de La Habana, la Asociación de Escritores Afroasiáticos publicó el primer número de <em>Afro-Asian Writings</em>, más tarde renombrada <em>Lotus</em>, una revista trilingüe que, hasta 1991, llevaría adelante el tipo de solidaridades literarias que el congreso había encarnado. <em>Liberación nacional y cultura</em> (1968), de Cabral, extendió el marco que las personas delegadas del PAIGC habían llevado a La Habana hacia una teorización más amplia sobre la liberación nacional. En <em>Pedagogía del oprimido</em> (1970), el educador brasileño Paulo Freire, elaboró la visión de la formación del nuevo ser humano hasta convertirla en método. <em>Las venas abiertas de América Latina</em> (1971), del escritor uruguayo Eduardo Galeano, se convirtió en la contrahistoria del continente. <em>Calibán</em> (1971), de Fernández Retamar, ayudó a invertir el paradigma político existente, situando al Tercer Mundo en el centro de la historia y de la producción cultural. <em>Cómo Europa subdesarrolló a África</em> (1972), del historiador guyanés Walter Rodney, desarrolló más tarde, en términos históricos y materialistas, uno de los diagnósticos centrales del congreso: que el colonialismo no se había limitado a explotar a África, sino que había producido activamente su subdesarrollo.</p>
<p>Esta ola se extendió por campos y tradiciones artísticas. En el terreno del cine, los cineastas argentinos Fernando Solanas y Octavio Getino estrenaron <em>La hora de los hornos</em> (1968) y publicaron su manifiesto <em>Hacia un tercer cine</em> (1969), que planteaba un programa cinematográfico explícitamente antiimperialista. En el terreno del teatro, <em>Técnicas latinoamericanas de teatro popular</em> (1975), del dramaturgo brasileño Augusto Boal, declaraba que las naciones latinoamericanas, hasta entonces “satélites del arte metropolitano”, debían convertirse en “el centro de nuestro propio universo artístico” y que el objetivo no era distribuir productos culturales terminados sino “popularizar los medios de producción” del propio arte.<a href="#_ftn10" name="_ftnref10"><sup>10</sup></a></p>
<p>La <em>Nueva canción</em>, movimiento latinoamericano de música políticamente comprometida y arraigada en las tradiciones populares y folclóricas, llevó la lucha al canto a través de la obra del chileno Víctor Jara, la argentina Mercedes Sosa y los cubanos Silvio Rodríguez y Pablo Milanés. En el sur de África, inspiradas en exiliados de la Brigada Ramona Parra tras el golpe de Estado de 1973 en Chile, las brigadas culturales del Frente de Liberación de Mozambique (FRELIMO) y las pinturas del artista mozambiqueño Malangatana Ngwenya fusionaron la producción artística con la liberación armada.<a href="#_ftn11" name="_ftnref11"><sup>11</sup></a> El arte gráfico de la OSPAAAL, diseñado en La Habana y distribuido por todo el mundo a través de la revista <em>Tricontinental</em>, dio al movimiento tricontinental su lenguaje visual. La ola se extendió también por el mundo de la literatura, desde Ghassan Kanafani escribiendo sobre literatura y resistencia en Palestina hasta Ngũgĩ wa Thiong’o volcándose hacia la lengua indígena gĩkũyũ para escribir contra el neocolonialismo en Kenia. Estos proyectos y muchos otros como ellos, muestran la amplitud del frente cultural que La Habana ayudó a consolidar. En todo el mundo, cada uno de ellos llevó adelante la intuición central del congreso: que la cultura no era un reflejo secundario de la lucha política, sino uno de sus frentes decisivos.</p>
<p>El Congreso Cultural de La Habana tuvo lugar en enero de 1968, meses antes de que la revuelta estudiantil en el Barrio Latino de París se convirtiera en el símbolo más célebre del Mayo del 68 mundial. Sin embargo, el frente cultural que estalló en los años siguientes tuvo su raíz no en las ocupaciones universitarias de la metrópoli europea, sino en las luchas de liberación del Tercer Mundo. En este sentido, fue en La Habana 1968 y no en el más aclamado Mayo francés, donde se encendió un “Vietnam en el campo de la cultura”. Pese a ello, el congreso fue quedando relegado del registro histórico junto con el mundo que lo había producido. ¿Por qué, entonces, volver a él ahora?</p>
<p>Las preguntas que planteó el congreso no son menos urgentes hoy. ¿Podemos desarrollar una cultura nacional bajo la dominación colonial y neocolonial? ¿Es posible pensar la formación del nuevo ser humano sin una transformación radical de la sociedad? ¿Cuál es la responsabilidad de la intelectualidad frente a su medio y frente al mundo? ¿Cuál debería ser el papel de los medios de comunicación de masas en relación con la lucha antiimperialista? (CCLH, 1968: 16-17)</p>
<p>A medida que el imperialismo ha alcanzado la etapa peligrosa y decadente del hiperimperialismo, los mecanismos que el congreso identificó se han metastatizado con la Nueva Guerra Fría contra el Sur Global.<a href="#_ftn12" name="_ftnref12"><sup>12</sup></a> El aparato mediático expuesto en el congreso se ha convertido en un monopolio de plataformas que coloniza algorítmicamente la atención y el deseo y fabrica consenso para el orden imperialista. La fuga de cerebros que el congreso diagnosticó se ha visto agravada por la extracción de datos y de trabajo digital, la materia prima de la economía de guerra de Silicon Valley. Los “agentes culturales” del Congreso por la Libertad de la Cultura, financiado por la CIA, han reaparecido en la “oenegización” de la producción de conocimiento. Esto incluye las redes académicas que buscan desprestigiar o desacreditar a los sistemas políticos y económicos alternativos al orden capitalista occidental, desde los proyectos socialistas de China, Cuba y Venezuela hasta los países que afirman su soberanía frente a la dominación occidental en Irán, Rusia, el Sahel y más allá.</p>
<p>El congreso de La Habana diagnosticó la producción cultural como parte del propio sistema económico. Hoy, mientras la hegemonía económica estadounidense entra en declive relativo, Washington busca compensar ese declive intensificando el militarismo. El frente cultural es arrastrado cada vez más a esa misma lógica, en la medida en que las guerras culturales, la fabricación de consenso para la confrontación y la propia maquinaria de guerra operan como un único aparato integrado.</p>
<p>El congreso de La Habana fue una intervención en la Guerra Fría cultural. Si el Congreso por la Libertad de la Cultura buscaba producir una intelectualidad global comprometida con la idea de que no existe alternativa al orden occidental, el congreso de La Habana buscaba producir lo opuesto: un frente internacional de nuevxs intelectuales, científicos, médicos, educadores y artistas comprometidos con la construcción de alternativas soberanas, avanzando hacia el socialismo. ¿Cómo puede ese ejemplo interpelarnos hoy y empujar a los movimientos populares a pensar de manera amplia y estratégica la cultura como terreno de lucha política y a construir un frente cultural antiimperialista a la altura de nuestro momento? ¿Qué significaría hacerlo ahora: rechazar la compartimentación que relega el “trabajo cultural” al arte y la propaganda, mientras trata la salud, la ciencia, la educación, el deporte y la producción de conocimiento como dominios técnicos separados, ajenos al ámbito de la estrategia política? ¿Qué significaría construir instituciones, redes y formas de producción intelectual colectiva insertas en los movimientos del presente, tal como el congreso estuvo inserto en las luchas de liberación de su tiempo? El Instituto Tricontinental de Investigación Social ha buscado llevar adelante esta tradición, acompañando las luchas políticas de hoy, cultivando la nueva intelectualidad que esas luchas exigen y trabajando desde las trincheras de la batalla de las ideas y las emociones.<a href="#_ftn13" name="_ftnref13"><sup>13</sup></a> El trabajo de recuperar el Congreso Cultural de La Habana forma parte de ese esfuerzo, no como un ejercicio de nostalgia histórica sino como una contribución al pensamiento estratégico que hoy necesitan los movimientos.</p>
<p>Dorticós inauguró el congreso al declarar que “crear en un país en vías de desarrollo revolucionario para los intelectuales no es sólo crear una obra literaria o artística, científica o técnica; es crear toda una obra más hermosa y, en última instancia, beneficiaria de aquella creación científica, literaria o artística. ¡Es crear un nuevo pueblo, un nuevo país, una nueva sociedad!” (1968: 10) Volver al Congreso Cultural de La Habana es volver a esa proposición, e insistir en que cada dimensión de la vida humana es un frente del imperialismo y, por lo tanto, un frente de resistencia. La batalla de las ideas y las emociones continúa y el frente cultural, en su totalidad, sigue por construirse.</p>
<hr class="single-post--content--separator-section single-post--content--separator-section-end">
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="aligncenter wp-image-152557 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-4-1-716x1024.jpg" alt="" width="716" height="1024" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-4-1-716x1024.jpg 716w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-4-1-210x300.jpg 210w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-4-1-768x1099.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/08/Web_Grid-4-1.jpg 950w" sizes="auto, (max-width: 716px) 100vw, 716px"></div>
<h2 class="single-post--content--citations-title" style="margin:3em 0;">Notas</h2>
<div class="single-post--content--citations-block">
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>1</sup></a> Las cifras de asistencia varían según las distintas fuentes, pero los números aquí utilizados son los que figuran en los documentos de clausura del congreso (CCLH, 1968: 46, 48, 57).</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>2</sup></a> Para más información sobre el programa cultural del Partido Africano para la Independencia de Guinea y Cabo Verde (PAIGC) véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2022.</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>3</sup></a> Los términos <em>hombre</em> y <em>formación integral del hombre</em>, tal como se usan en los documentos del congreso, se citan aquí en su forma original. Aunque de género marcado, <em>hombre</em> se refería en este contexto no solo a los varones sino al ser humano en su totalidad. A lo largo de este dossier se utiliza “formación” para reflejar a concepción del congreso de que el nuevo ser humano se desarrolla a través de la práctica revolucionaria, la educación, el trabajo y la transformación social colectiva. A diferencia de “creación”, que puede sugerir un acto más absoluto o instantáneo, “formación” mantiene el énfasis en un proceso continuo.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>4</sup></a> Para más información sobre el Congreso por la Libertad de la Cultura, véase Stonor Saunders, 2000.</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>5</sup></a> Lajpat Rai entabló amistad con el delegado pakistaní Abdullah Malik durante el congreso. Malik, periodista comunista radicado en Londres, fue invitado porque el poeta más destacado de Pakistán, Faiz Ahmed Faiz, tenía impedida su asistencia por la dictadura militar (Raza, 2019: 223-246).</p>
<p><a href="#_ftnref6" name="_ftn6"><sup>6</sup></a> Tu Huynh, co-presidente de la Comisión V, citado en <em>Voices</em> (Silber, 1970: 102).</p>
<p><a href="#_ftnref7" name="_ftn7"><sup>7</sup></a> Para más información sobre Mário Pinto de Andrade, véase Review of African Political Economy (ROAPE).</p>
<p><a href="#_ftnref8" name="_ftn8"><sup>8</sup></a> A diferencia del discurso de Depestre en el CCLH aquí citado, la formulación original de Senghor usa <em>hellène</em> [helénica] en vez de <em>blanche</em> [blanca] (1939).</p>
<p><a href="#_ftnref9" name="_ftn9"><sup>9</sup></a> Para más información sobre Antun Maqdesi (1914–2005), véase Prince Claus Fund.</p>
<p><a href="#_ftnref10" name="_ftn10"><sup>10</sup></a> Para más información sobre el enfoque de Augusto Boal, véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2025.</p>
<p><a href="#_ftnref11" name="_ftn11"><sup>11</sup></a> Para más información sobre el golpe de Estado chileno de 1973, véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2023.</p>
<p><a href="#_ftnref12" name="_ftn12"><sup>12</sup></a> Para más información sobre el <em>Hiperimperialismo</em>, véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2024.</p>
<p><a href="#_ftnref13" name="_ftn13"><sup>13</sup></a> Para más información sobre <em>La nueva intelectualidad</em>, véase Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2022.</p>
</div>
<h2 class="single-post--content--citations-title" style="margin:3em 0;">Referencias bibliográficas</h2>
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			</item>
		<item>
		<title>Asaltar las cimas de la cultura: el arte público en la República Democrática Alemana</title>
		<link>https://thetricontinental.org/es/boletin-arte-publico-republica-democratica-alemana/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 26 Jul 2026 03:00:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Boletín de Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Exposición Documenta]]></category>
		<category><![CDATA[Realismo socialista]]></category>
		<category><![CDATA[East Germany]]></category>
		<category><![CDATA[Resistencia al nazismo]]></category>
		<category><![CDATA[German Democratic Republic]]></category>
		<category><![CDATA[Vía de Bitterfeld]]></category>
		<category><![CDATA[República Democrática Alemana]]></category>
		<category><![CDATA[Gerhard Bondzin]]></category>
		<category><![CDATA[Völkerfreundschaft]]></category>
		<category><![CDATA[Walter Womacka]]></category>
		<category><![CDATA[Arte integrado en la arquitectura]]></category>
		<category><![CDATA[Willi Neubert]]></category>
		<category><![CDATA[Arte público]]></category>
		<category><![CDATA[Comité de Solidaridad de la RDA]]></category>
		<category><![CDATA[Derrota del nazismo]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://thetricontinental.org/?p=150557</guid>

					<description><![CDATA[Hoy, se reconoce cada vez más el arte integrado en la arquitectura promovido por la República Democrática Alemana (RDA), y el tipo de sociedad basada en la educación, la dignidad y la imaginación de la clase trabajadora que ese país buscaba construir.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align:center;">Boletín de Arte Tricontinental n° 29 (julio de 2026)</h4>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-150506" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/AB29_Header-1.jpg" alt="" width="950" height="550" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/AB29_Header-1.jpg 950w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/AB29_Header-1-300x174.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/AB29_Header-1-768x445.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></div>
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<p class="single-post--content--text-small text-center">Escucha <a href="https://www.youtube.com/watch?v=LI0M8APQNhw"><em>Aufbaulied</em></a> (1948), a veces llamada <em>Aufbaulied der FDJ</em> [La canción de la reconstrucción de la Juventud Libre Alemana], con letra de Bertolt Brecht y música de Paul Dessau.</p>
</div>
<p>Si en una tarde cálida de 1977 usted conducía hasta la orilla norte del lago Aasee en Münster, que entonces formaba parte de Alemania Occidental, se encontraría con tres bolas de billar de concreto del tamaño de autos pequeños descansando sobre el césped junto a la orilla: las<em> Giant Pool Balls </em>[Bolas de billar gigantes] de Claes Oldenburg. Las esculturas se instalaron originalmente ese año para la primera edición de Skulptur Projekte Münster [Proyectos de Escultura de Münster], uno de los experimentos más emblemáticos de Alemania Occidental para llevar el arte contemporáneo al espacio público, cuyo lenguaje de abstracción, arte pop y objetos de consumo agrandados se alejaba en gran medida de las representaciones de la vida cotidiana de la clase trabajadora.</p>
<p>Ese mismo año, al otro lado de la frontera interalemana, la República Democrática Alemana (RDA) celebraba el 25º aniversario de su propio programa de arte público. Uno de sus ejemplos más ambiciosos aún se encuentra en Berlín. Cruce hoy la Alexanderplatz [Plaza Alexander] en Berlín y mire hacia arriba. En la Haus des Lehrers [Casa del Maestro] —un edificio de 12 pisos diseñado por el colectivo de Hermann Henselmann y terminado en 1964—, la obra de Walter Womacka, <a href="https://denkmaldatenbank.berlin.de/daobj.php?obj_dok_nr=09011381"><em>Unser Leben </em></a>[Nuestra vida], envuelve la torre como un friso monumental de azulejos de cerámica, una banda mural horizontal. Sus aproximadamente 800.000 azulejos cortados a mano forman un panorama de 125 metros de largo y 7 metros de alto que representa la vida socialista en la RDA. Comencemos por la fachada norte: una mujer da una clase frente a una pizarra; una brigada se reúne alrededor de una mesa; un trabajador se inclina sobre un modelo atómico junto a una pareja joven con un niño; un campesino blande una guadaña. Un espejo parabólico. Un cohete. Una paloma. Detrás y entre ellos: manos, pancartas, una bandera roja.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image single-post--content--image--scroll-x" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div class="single-post--content--image--scroll-x--container"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-150514 size-full" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/01-womacka-unser-leben-haus-des-lehrers.jpg" alt="" width="3685" height="733" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/01-womacka-unser-leben-haus-des-lehrers.jpg 3685w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/01-womacka-unser-leben-haus-des-lehrers-300x60.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/01-womacka-unser-leben-haus-des-lehrers-1024x204.jpg 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/01-womacka-unser-leben-haus-des-lehrers-768x153.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/01-womacka-unser-leben-haus-des-lehrers-1536x306.jpg 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/01-womacka-unser-leben-haus-des-lehrers-2048x407.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 3685px) 100vw, 3685px"></div>
<p class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Walter Womacka, <em>Unser Leben </em>[Nuestra vida], 1962–1964.</small></p>
</div>
<p>Womacka terminó el friso mientras la RDA aún tenía en sus escuelas y fábricas personal compuesto por antifascistas que habían sobrevivido a los campos de concentración nazis de Buchenwald y Ravensbrück. Treinta y seis años después de la disolución del Estado que lo encargó, el friso sigue en la Alexanderplatz, con colores tan vivos como si Womacka acabara de bajar del andamio. Este Boletín de Arte trata sobre el programa de Alemania Oriental que puso obras de arte como esta a la vista del público en la vida cotidiana, las tradiciones socialistas a las que pertenecía y lo que se ha destruido y conservado desde entonces.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Baubezogene Kunst [Arte integrado en la construcción]</h3>
<p>La RDA se fundó en octubre de 1949 entre los escombros de la derrota nazi, en la zona de ocupación soviética, y se embarcó en un rápido programa de reforma agraria, nacionalización masiva y ajuste de cuentas antifascista. Mientras tanto, la República Federal de Alemania, al otro lado de la frontera occidental, reincorporaba discretamente a los oficiales de la Wehrmacht a la Bundeswehr, las fuerzas armadas recién creadas de Alemania Occidental, y a los juristas nazis al poder judicial. El<a href="https://www.museum-der-1000-orte.de/museum/kabddr"> 22 de agosto de 1952</a>, el Consejo de Ministros de la RDA aprobó la <em>Verordnung über die künstlerische Ausgestaltung von Verwaltungsbauten </em>[Reglamento sobre la decoración artística de los edificios administrativos], una norma que obligaba a los proyectos de construcción estatales a destinar entre el uno y el dos por ciento del presupuesto aprobado a “obras de <em>volksverbundener, realistischer Kunst</em> [arte realista vinculado al pueblo]” tanto en el interior como en el exterior de los edificios. Escuelas, guarderías, ayuntamientos, hospitales, cines, grandes almacenes, bloques de apartamentos, subestaciones eléctricas, los vestíbulos de los comedores de las fábricas: todos ellos debían incluir arte en su interior o en su exterior, y el Estado tenía que pagarlo.</p>
<p>En alemán, esto se denominaba <em>baubezogene Kunst </em>[arte integrado en la construcción]. Los alemanes occidentales, partiendo del mismo antecedente de la era de Weimar, llevaron a cabo un programa paralelo denominado<em> Kunst am Bau</em> [Arte en la arquitectura]. La diferencia política no radicaba en el mecanismo, sino en lo que los dos Estados pedían a sus artistas que colocaran en las paredes, y para quién. Un contraste relacionado surgió en 1955, cuando se inauguró la primera exposición de<em> documenta </em>en la ciudad de Kassel, en Alemania Occidental, a poca distancia en auto de la frontera con Alemania Oriental. Fundada por Arnold Bode, <em>documenta</em> se convirtió en una de las principales exposiciones periódicas de arte contemporáneo del mundo y se entendió desde sus inicios como el contrapeso estético de Alemania Occidental al realismo socialista regulado por el Estado —la doctrina artística oficial del bloque socialista, que exigía representaciones realistas y accesibles de trabajadorxs, campesinado y la construcción socialista—. La exposición puso en primer plano a los pintores abstractos: Wassily Kandinsky, Paul Klee, Max Beckmann y, más tarde, Jackson Pollock y Willem de Kooning, a quienes el Congreso por la Libertad Cultural de la CIA y el programa internacional del Museo de Arte Moderno (MoMA) también promovieron a lo largo de esa misma década de la posguerra. En oposición a esta lógica, la RDA creó arte público para una clase trabajadora que estaba construyendo el socialismo.</p>
<p>A lo largo de cuatro décadas, la RDA encargó aproximadamente <a href="https://www.museum-der-1000-orte.de/museum/kabddr">diez mil obras de este tipo</a>. Las obras de mayor envergadura se adjudicaban mediante concurso abierto y, a menudo, eran producidas por colectivos de artistas, una de las razones por las que la autoría individual tiene menos importancia en esta tradición que en la historia del arte burgués.</p>
<p><span style="font-size: inherit; letter-spacing: -0.01em;">El programa puede entenderse como parte de una transformación integral de la sociedad, que reduce la brecha entre el arte y la producción, entre los artistas y los trabajadores. Este espíritu fue resumido de manera óptima por el secretario de Estado de la RDA, Walter Ulbricht cuando <a href="https://www.dhm.de/archiv/ausstellungen/auftrag/62.htm">afirmó</a>: “[La clase trabajadora] debe tomar por asalto las cimas de la cultura y hacerla suya”. La ocasión fue el Bitterfelder Weg [Camino de Bitterfeld], una conferencia de escritores celebrada el<a href="https://www.bpb.de/themen/deutsche-teilung/ddr-kompakt/521481/bitterfelder-weg/"> 24 de abril de 1959</a> en el Kulturpalast [Palacio de la Cultura] del Complejo Químico de Bitterfeld, donde un trabajador y escritor llamado Werner Bräunig le dio al movimiento su lema: <em>“¡Greif zur Feder, Kumpel!</em> [¡Toma la pluma, camarada!]”. La conferencia instó a lxs escritorxs a entrar en las fábricas, a lxs pintorxs a unirse a las brigadas y a lxs trabajadorxs a ir a los estudios. En esta visión, las paredes del Estado se convirtieron en el periódico del pueblo, y el Unser Leben de Womacka en Alexanderplatz fue una de sus portadas.</span></p>
<h3 style="margin:2em 0;">Muros en Dresde y Eisenhüttenstadt</h3>
<p>Tome un tren que lo lleve solo dos horas al sur de Berlín, hacia Dresde. En la fachada oeste del Kulturpalast [Palacio de la Cultura], diseñado por Wolfgang Hänsch y terminado en 1969, hay un mural de 30 metros de largo y 10,5 metros de alto, compuesto por 466 paneles de concreto recubiertos con fragmentos de vidrio de colores: <a href="https://www.dresden.de/de/kultur/kulturentwicklung/kulturpalast/weg-der-roten-fahne.php"><em>Der Weg der roten Fahne</em></a> [El camino de la bandera roja], creado entre 1968 y 1969, por un colectivo de profesores y estudiantes de la Hochschule für Bildende Künste de Dresde [Academia de Bellas Artes de Dresde] en torno a Gerhard Bondzin. El mural se lee de izquierda a derecha como una historia del movimiento obrero alemán: las revoluciones de 1848 y la publicación del <em>Manifiesto comunista</em>; la fundación del Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD); la Revolución de Noviembre y los revolucionarios asesinados Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht; lxs voluntarixs alemanxs de la Guerra Civil Española; la resistencia al nazismo; y la fundación de la RDA en octubre de 1949.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><div id="attachment_150522" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-150522" class="wp-image-150522 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/02-bondzin-weg-der-roten-fahne-dresden-1024x545.jpg" alt="" width="1024" height="545" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/02-bondzin-weg-der-roten-fahne-dresden-1024x545.jpg 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/02-bondzin-weg-der-roten-fahne-dresden-300x160.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/02-bondzin-weg-der-roten-fahne-dresden-768x409.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/02-bondzin-weg-der-roten-fahne-dresden-1536x817.jpg 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/02-bondzin-weg-der-roten-fahne-dresden-2048x1090.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-150522" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Gerhard Bondzin y colectivo, <em>Der Weg der roten Fahne </em>[El camino de la bandera roja], 1969.</small></p></div></div>
<p>La composición se aprecia claramente desde el bulevar Schloßstraße: una mujer en el centro, con un brazo en alto, se encuentra frente a la puerta de una fábrica, junto a trabajadores armados en una barricada y soldados con banderas rojas donde antes aparecía la esvástica. Los paneles de concreto representan estas figuras con los colores primarios de un folleto de huelga ampliado a escala arquitectónica. El colectivo Bondzin terminó el mural en el verano de 1969 con motivo del vigésimo aniversario de la RDA. Desde entonces ha sido declarado monumento cultural, aunque el Kulturpalast que lo rodea ha sido remodelado dos veces: primero a principios de la década de 1990 y luego nuevamente durante la renovación de 2012 a 2017, que transformó la sala de conciertos en la sede de la Orquesta Filarmónica de Dresde.</p>
<p><span style="font-size: inherit; letter-spacing: -0.01em;">Si viaja hacia el noreste, llegará a Eisenhüttenstadt, donde la RDA construyó, a partir de 1950, Stalinstadt —su primera ciudad socialista planificada— en terrenos anteriormente sin urbanizar alrededor de la acería Eisenhüttenkombinat Ost, atrayendo a toda una generación de personas refugiadas de la posguerra hacia un nuevo centro industrial. A pocos pasos de la alcaldía, en la fachada norte de lo que entonces era la tienda de departamentos Magnet en Lindenallee (antes Leninallee), se encuentra un segundo mural de Womacka terminado en 1965: <em>Frieden durch technisches Wissen, technischen Fortschritt </em>[Paz a través del conocimiento técnico, progreso técnico]. La mano de un trabajador libera una paloma blanca contra un fondo industrial de banderas estatales; en la manga hay imágenes de herramientas, trabajadores y trabajo tecnológico. Es una imagen de paz: la paz de un país que había perdido entre cinco y siete millones de personas en la Segunda Guerra Mundial, cuyo vecino occidental ya se había rearmado dentro de la OTAN en 1955, y cuyos propios niñxs aprendían en el jardín de niñxs a reconocer a la paloma como parte de un lenguaje visual compartido de paz.</span></p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><div id="attachment_150530" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-150530" class="wp-image-150530 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/03-womacka-frieden-durch-technisches-wissen-eisenhuettenstadt-1024x768.jpg" alt="" width="1024" height="768" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/03-womacka-frieden-durch-technisches-wissen-eisenhuettenstadt-1024x768.jpg 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/03-womacka-frieden-durch-technisches-wissen-eisenhuettenstadt-300x225.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/03-womacka-frieden-durch-technisches-wissen-eisenhuettenstadt-768x576.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/03-womacka-frieden-durch-technisches-wissen-eisenhuettenstadt-1536x1152.jpg 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/03-womacka-frieden-durch-technisches-wissen-eisenhuettenstadt-2048x1536.jpg 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-150530" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Walter Womacka, <em>Frieden durch technisches Wissen, technischen Fortschritt </em>[Paz a través del conocimiento técnico, el progreso técnico], 1965.</small></p></div></div>
<h3 style="margin:2em 0;">Paz mundial e internacionalismo</h3>
<p>La paloma es un motivo recurrente en el arte público de la RDA. La obra<em> Friedenstaube </em>[Paloma de la Paz] de Ortraud Lerch, en Berlín, lleva este símbolo a la fachada de un edificio de apartamentos común mediante un mosaico de vidrio. La influencia era evidente: la paloma de Picasso, litografiada para el Congreso de la Paz de París de 1949, fue plasmada en cerámica, vidrio y esmalte en los edificios de arte público de la RDA por artistas que trabajaban en un Estado cuya identidad antifascista convertía la paz en una cuestión de política.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><div id="attachment_150538" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-150538" class="wp-image-150538 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/04-ortraud-lerch-683x1024.jpg" alt="" width="683" height="1024" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/04-ortraud-lerch-683x1024.jpg 683w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/04-ortraud-lerch-200x300.jpg 200w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/04-ortraud-lerch-768x1152.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/04-ortraud-lerch-1024x1536.jpg 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/04-ortraud-lerch-1366x2048.jpg 1366w" sizes="auto, (max-width: 683px) 100vw, 683px"><p id="caption-attachment-150538" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Ortraud Lerch, <em>Friedenstaube </em>[Paloma de la Paz], 1977.</small></p></div></div>
<p>La paloma no era el único elemento del lenguaje visual de la paz de la RDA. Con el tiempo, a ese símbolo se sumaron imágenes de personas de diferentes países, vinculando la paz con la liberación anticolonial, el internacionalismo socialista y la <em>Völkerfreundschaft</em>: la amistad entre los pueblos.</p>
<p>La pintura esmaltada de Willi Neubert, titulada <em>Internationale Solidarität</em> [Solidaridad Internacional], se encontraba originalmente en la Stadthalle, o salón municipal, de Suhl, Turingia, pero fue retirada a principios de la década de 1990. En<a href="https://www.mz.de/kultur/thale-grosser-bahnhof-fur-willi-neubert-2248066"> 2010</a> se reinstaló en Thale, la ciudad industrial donde Neubert había vivido y trabajado durante mucho tiempo. La obra muestra la paz y la liberación no como una condición ya alcanzada, sino como algo conquistado a través de la lucha: bajo las alas de una paloma, el mundo se presenta como un campo de solidaridad internacional.</p>
<p>La lucha de clases internacional, el proceso dinámico de liberación y la <em>Völkerfreundschaft</em> adoptaron muchas formas en la cultura pública de la RDA. Aunque los recursos propios de la RDA eran limitados, esta apoyó a los movimientos de liberación y a los jóvenes Estados nacionales de todo el mundo mediante proyectos concretos que incluían la construcción de escuelas, hospitales y fábricas; la capacitación gratuita de miles de estudiantes; y la impresión y distribución de revistas de los movimientos, además de proporcionar oficinas a algunos movimientos de liberación en Alemania Oriental. Una parte significativa de este trabajo solidario fue impulsada y sostenida por la gente común a través de campañas masivas en los lugares de trabajo, las escuelas y los barrios.</p>
<p><em>¡Solidarität üben! </em>[¡Practica la solidaridad!] fue el grito de guerra del <a href="https://ifddr.org/en/interview-reichardt-solidarity-committee-gdr/">Solidaritätskomitee der DDR</a> [Comité de Solidaridad de la RDA], el organismo central que coordinaba esta labor. Informaba a la población sobre las luchas anticoloniales y de liberación y solicitaba donaciones a través de campañas a nivel nacional, utilizando carteles y materiales informativos creados por artistas visuales para explicar, fomentar y dar a conocer esta labor solidaria. Practicar la solidaridad significaba dos cosas a la vez: estar al tanto de lo que sucedía en el mundo y actuar en consecuencia.</p>
<p><span style="font-size: inherit; letter-spacing: -0.01em;">Por ejemplo, entre 1965 y 1989, el Comité de Solidaridad canalizó aproximadamente 1.300 millones de marcos de la RDA en ayuda humanitaria recaudada entre la población hacia <a href="http://ddr-kabinett-bochum.blogspot.com/2013/07/die-humanitare-hilfe-der-ddr-fur-vietnam.html">Vietnam</a>, lo que incluyó ambulancias, prensas de impresión y apoyo al Krankenhaus der Deutsch-Vietnamesischen Freundschaft [Hospital de la Amistad Vietnam-RDA, hoy Hospital Việt Đức] en Hanói, que sigue siendo uno de los principales centros quirúrgicos de Vietnam. A lo largo de estas campañas, la solidaridad se hizo visible a través de carteles, sellos, exposiciones y otros materiales impresos. De esta manera, el internacionalismo no se limitaba a discursos o acuerdos estatales. Aparecía en las paredes de las ciudades, en imágenes impresas y en actos cotidianos de generosidad, haciendo visible la solidaridad como parte de un futuro esperanzador.</span></p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image single-post--content--image--scroll-x" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div class="single-post--content--image--scroll-x--container"><img loading="lazy" decoding="async" class="wp-image-150546 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/05-Willi_Neubert_Internationale_SolidaritaI_t_Email_BahnhofstraA_e_Thale_01-2048x654.jpg" alt="" width="2048" height="654" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/05-Willi_Neubert_Internationale_SolidaritaI_t_Email_BahnhofstraA_e_Thale_01-2048x654.jpg 2048w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/05-Willi_Neubert_Internationale_SolidaritaI_t_Email_BahnhofstraA_e_Thale_01-300x96.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/05-Willi_Neubert_Internationale_SolidaritaI_t_Email_BahnhofstraA_e_Thale_01-1024x327.jpg 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/05-Willi_Neubert_Internationale_SolidaritaI_t_Email_BahnhofstraA_e_Thale_01-768x245.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/05-Willi_Neubert_Internationale_SolidaritaI_t_Email_BahnhofstraA_e_Thale_01-1536x490.jpg 1536w" sizes="auto, (max-width: 2048px) 100vw, 2048px"></div>
<p class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Willi Neubert, <em>Internationale Solidarität </em>[Solidaridad Internacional], 1977–1978.</small></p>
</div>
<h3 style="margin:2em 0;">Lo que se destruyó y lo que sobrevivió</h3>
<p>Después de 1990, la República Federal de Alemania [Bundesrepublik Deutschland, BRD] reunificada se dedicó a desmantelar gran parte de la infraestructura cultural pública de la RDA. Ese año, el pintor de Alemania Occidental Georg Baselitz declaró públicamente que “no hay artistas en la RDA”; el consiguiente <em>Bilderstreit, </em>literalmente “disputa de imágenes”, la batalla posterior a la reunificación sobre cómo juzgar el arte de Alemania Oriental, ocupó las páginas de los periódicos durante una década. Una gran parte del <em>baubezogene Kunst</em> (aunque nadie tiene un recuento exacto) fue pintada por encima, desmantelada durante renovaciones o retirada junto con los propios edificios, a menudo con el pretexto de eliminar la “propaganda de la RDA”.</p>
<p>El Palast der Republik [Palacio de la República] —el parlamento y centro cultural de la RDA, ubicado en el sitio del antiguo Berliner Stadtschloss— se convirtió en el símbolo más visible de este proceso. Cerrado en 1990 supuestamente debido a la contaminación por asbesto (aunque la mayor parte ya había sido extraída), el Bundestag [el parlamento federal de Alemania] votó a favor de su demolición en 2003 y fue demolido entre 2006 y 2008. Con ello desapareció el edificio que había albergado la Palast-Galerie [Galería del Palacio], una exposición permanente curada por Fritz Cremer —cuya escultura de Bertolt Brecht se encuentra frente al Berliner Ensemble— bajo el título <em>Dürfen Kommunisten träumen? </em>[¿Se les permite soñar a los comunistas?]. La galería incluía obras de muchos artistas importantes de la RDA; después de 1990, estas obras pasaron a estar bajo custodia federal y fueron almacenadas. El sitio es ahora el Foro Humboldt, un complejo museístico y cultural ubicado detrás de la fachada reconstruida del Palacio de Hohenzollern, cuyo regreso al centro de Berlín ha sido ampliamente cuestionado tanto como eliminación de la memoria de la RDA como una restauración de la imaginería imperial prusiana. Se inauguró por etapas a partir de 2020 y costó aproximadamente 680 millones de euros.</p>
<p>En los casos en que el arte y la arquitectura sobrevivieron a las dos primeras décadas tras el fin de la RDA, ahora parece haber un mayor reconocimiento de su valor histórico y cultural, así como un creciente deseo de preservarlos. Quizás 30 años de austeridad hayan aumentado el deseo de la gente de que se le recuerde su humanidad y dignidad —y del socialismo—. El Kunstarchiv Beeskow en Brandeburgo, un archivo y colección, alberga más de 23.000 obras de arte encargadas por la RDA que fueron retiradas de los edificios públicos después de 1990. Una serie de importantes exposiciones de reevaluación: <a href="https://www.smb.museum/ausstellungen/detail/kunst-in-der-ddr/"><em>Kunst in der DDR</em></a> [Arte en la RDA] en la Neue Nationalgalerie de Berlín en 2003, <a href="https://www.klassik-stiftung.de/service/presse/pressemitteilung/abschied-von-ikarus-bildwelten-in-der-ddr-neu-gesehen-neues-museum-weimar-praesentiert-ausstellung-zur-kunst-in-der-ddr/"><em>Abschied von Ikarus: Bildwelten in der DDR – neu gesehen</em></a> [Adiós a Ícaro: Mundos visuales en la RDA – una nueva mirada] en el Neues Museum de Weimar en 2012, y <a href="https://www.museum-barberini.de/en/ausstellungen/468/behind-the-mask-artists-in-the-gdr"><em>Behind the Mask: Artists in the GDR</em></a> [Detrás de la máscara: Artistas en la RDA] en el Museo Barberini de Potsdam en 2017, han desplazado el debate un poco más allá de donde lo dejó Baselitz.</p>
<p>Estas reevaluaciones no se limitan a recuperar obras de arte de los depósitos o a restaurar murales para que vuelvan a ser vistos por el público. También reabren la pregunta de qué intentó construir la RDA: una sociedad en la que el arte no se tratara como un objeto de lujo para la propiedad privada, sino como parte de la educación cotidiana, la dignidad y la imaginación de la clase trabajadora.</p>
<p><span style="font-size: inherit; letter-spacing: -0.01em;">La RDA también está siendo reinterpretada dentro de la tradición socialista a través de la investigación del <a href="https://zetkin.forum/">Foro</a> <a href="https://zetkin.forum/">Zetkin para la Investigación Social,</a> con sede en Berlín, y del <a href="https://ifddr.org/en/home/">Internationale Forschungsstelle DDR</a> [Centro Internacional de Investigación sobre la RDA]. Junto con el Instituto Tricontinental de Investigación Social, el centro publica la serie <a href="https://thetricontinental.org/es/estudios/republica-democratica-alemana/">Estudios sobre la RDA</a>, que reexamina la historia, los principios y las experiencias vividas de este Estado socialista para los movimientos progresistas de hoy.</span></p>
<p>Un cordial saludo,</p>
<p>Foro Zetkin para la Investigación Social</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La arquitectura del poder: el dólar, la financiarización y la lucha por la soberanía</title>
		<link>https://thetricontinental.org/es/dossier-desdolarizacion/</link>
		
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		<pubDate>Tue, 07 Jul 2026 08:00:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dossier]]></category>
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					<description><![CDATA[El papel del dólar como principal moneda de intercambio en el comercio mundial otorga a Estados Unidos un poder desmesurado. Este dossier analiza el auge de esta moneda, los mecanismos de su dominio y los límites estructurales para construir una alternativa al dólar.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En una sociedad capitalista, el dinero cumple una función esencial. Es la representación material de una relación social inmaterial: el “valor”, que se establece a través del trabajo de millones de personas en todo el mundo. El dinero sirve como medio de intercambio, unidad de cuenta y también como forma de almacenar ese valor. Con todo, el dinero nunca es neutro. Cuando una moneda nacional específica trasciende sus fronteras para convertirse en la moneda del mundo, pasa a ser un poderoso instrumento de hegemonía, disciplina y poder imperial.</p>
<p>La historia de los últimos 200 años es la historia del ascenso y la impugnación de dos de esas monedas clave: la libra esterlina y, de forma mucho más amplia, el dólar estadounidense.</p>
<p>El actual orden global, sustentado por el dólar, otorga a Estados Unidos lo que se ha denominado acertadamente un “privilegio exorbitante”: el poder de emitir la moneda que el resto del mundo necesita como reserva de valor, medio de pago y unidad de cuenta (Batista Jr., 2024). Eso permite a Estados Unidos financiar sus déficits, consumir por encima de su producción y proyectar su poderío militar, simplemente porque su deuda pública se considera el activo más seguro del planeta. Además, permite a Estados Unidos tener el mercado financiero más importante del mundo, base de formación de expectativas que trascienden la dimensión financiera e influyen en las decisiones de inversión y producción; establece las condiciones más importantes para definir la dirección de los flujos financieros globales que limitan la autonomía de los países dependientes y subordinados.</p>
<p>Existe una jerarquía entre las monedas nacionales en relación con el dólar. Algunas de ellas gozan de aceptación internacional, como el euro y el renminbi. Para los países del Sur Global, esta arquitectura impone un costo elevado. Sus monedas son tratadas como activos financieros volátiles, y sus economías quedan rehenes de la disciplina impuesta por el capital financiero internacional. La necesidad de acumular dólares como defensa contra ataques especulativos y para garantizar las importaciones resulta en una transferencia líquida y perversa de riqueza del Sur hacia el Norte Global, especialmente hacia inversionistas y especuladores de Europa Occidental y de Estados Unidos.</p>
<p>Ante estas cuestiones estructurales del capitalismo contemporáneo, comprender el ascenso del dólar, los mecanismos de su dominio actual y los límites estructurales a los que se enfrenta cualquier alternativa es, por lo tanto, una tarea central para quienes buscan un orden internacional más justo y cooperativo.</p>
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<h2 style="margin:3em 0;">El dinero, el valor y la necesidad de una moneda mundial</h2>
<p>En cualquier sociedad basada en la división del trabajo y el intercambio de mercancías, el dinero surge como una necesidad práctica. Cuando diferentes productores se especializan — uno cultiva trigo, otro fabrica telas, otro extrae minerales — necesitan intercambiar sus productos entre sí para satisfacer sus necesidades. Pero el intercambio directo, o trueque, presenta dificultades evidentes: la agricultora que quiere tela necesita encontrar una tejedora que, en aquel exacto momento, quiera trigo, en la cantidad exacta, y acepte la proporción de intercambio propuesta.</p>
<p>El dinero resuelve ese problema al funcionar como un <em>equivalente general</em>: una mercancía especial que todos aceptan a cambio de cualquier otra. Con el dinero, la agricultora puede vender su trigo a cualquier comprador, guardar el valor recibido y, cuando quiera, comprar tela de cualquier vendedora. El dinero cumple así tres funciones básicas: sirve como <em>medio de circulación</em>, facilita los intercambios; como <em>unidad de cuenta</em>, permite comparar el valor de mercancías diferentes; y como <em>reserva de valor</em>, permite guardar riqueza para uso futuro.</p>
<p>En el análisis marxista, el dinero no es una invención arbitraria ni un simple instrumento técnico. Es la <em>expresión material</em> de una relación social: el valor. El valor de una mercancía corresponde al tiempo de trabajo socialmente necesario para producirla. Cuando millones de productores independientes intercambian mercancías en el mercado, están, en la práctica, comparando cantidades de trabajo humano. El dinero es la forma mediante la cual esa comparación se vuelve posible y visible. Representa, de forma condensada, el trabajo social (Marx, 2023).</p>
<p>Dentro de un mismo país, el uso del dinero es relativamente sencillo: existe una moneda nacional, emitida y garantizada por el Estado, que todos los habitantes reconocen y aceptan. Pero ¿qué sucede cuando productores de diferentes países quieren comercializar entre sí?</p>
<p>Consideremos un ejemplo concreto. Una empresa brasileña exporta café a Alemania. La empresa importadora alemana tiene euros; la exportadora brasileña necesita reales para pagar a sus trabajadorxs, proveedores e impuestos. ¿Cómo conciliar estas dos monedas?</p>
<p>El problema se desdobla en varias dimensiones. Primero, es necesario establecer una <em>tasa de cambio</em>: ¿cuántos reales equivalen a un euro? Segundo, se necesita un mecanismo para <em>convertir</em> efectivamente una moneda en la otra. Tercero, se requiere que ambas partes <em>confíen</em> en que la moneda recibida tendrá un valor estable y será aceptada por otros.</p>
<p>Cuando el comercio internacional era pequeño y esporádico, esos problemas podían resolverse caso por caso, frecuentemente con el uso de metales preciosos (oro y plata), que tenían aceptación universal. Pero a medida que el mercado mundial se expandió, esa solución se volvió insuficiente.</p>
<p>Con el crecimiento del comercio internacional, surge la necesidad de un sistema organizado para <em>liquidar</em> (ajustar) las cuentas entre países. No es práctico que cada transacción individual implique la transferencia física de oro o la conversión directa entre dos monedas cualesquiera. Se necesita un mecanismo de <em>compensación</em>.</p>
<p>Imaginemos que, en un período determinado, Brasil exporte 100 millones de dólares en café a Alemania e importe 80 millones de dólares en maquinaria. En lugar de realizar dos transferencias separadas, basta con que Alemania transfiera a Brasil la diferencia neta de 20 millones. Este es el principio de la compensación.</p>
<p>Pero para que este mecanismo funcione a escala global, involucrando a decenas de países con monedas diferentes, es necesario que exista una <em>referencia común,</em> una divisa que todos acepten como unidad de cuenta y medio de pago para liquidar los saldos. Históricamente, esa función fue desempeñada por el oro y, posteriormente, por las monedas nacionales de los países económicamente dominantes.</p>
<p>Por lo tanto, las ventajas asociadas al control de la moneda de referencia son todo menos simples. Entre ellas se incluyen:</p>
<p>(i) La posibilidad de que el Estado emisor amplíe de forma desproporcionada su capacidad de endeudamiento y de gasto con relación a los demás Estados nacionales.</p>
<p>(ii) El uso de la moneda como instrumento de política y dominación externa, por medio del control de canales centrales de liquidez internacional, como en el caso de la aplicación de sanciones económicas.</p>
<p>(iii) Los beneficios garantizados a la actuación internacional de sus bancos que, insertos en un sistema de reservas fraccionarias respaldado por esa moneda expansiva, pasan a ocupar una posición privilegiada en el circuito de las altas finanzas globales.</p>
<p>Surge aquí una pregunta fundamental: ¿<em>quién</em> emite esta moneda de referencia? ¿Cómo se <em>elige</em>? ¿Y cuáles son las consecuencias de que un país vea elevada su moneda nacional a la condición de moneda mundial?</p>
<h2 style="margin:3em 0;">El mercado mundial se expande, el problema se agrava</h2>
<p>El mercado mundial no creció de forma gradual y pacífica. Su expansión fue impulsada, desde el siglo XV, por la conquista colonial, el tráfico de personas esclavizadas, la apropiación de tierras y recursos naturales y la imposición de relaciones comerciales asimétricas a las poblaciones subyugadas. La acumulación primitiva de capital, que Marx analizó en el primer volumen de <em>El Capital</em>, fue un proceso global y violento (Marx, 2023).</p>
<p>A medida que el capitalismo se consolidó como modo de producción dominante, el volumen del comercio internacional creció exponencialmente. En el siglo XVIII, la Revolución Industrial intensificó este proceso: las potencias europeas necesitaban materias primas de todo el mundo (algodón, minerales, productos agrícolas) y buscaban mercados para sus productos manufacturados.</p>
<p>Este crecimiento hizo que el problema de la moneda internacional en cada vez más urgente. Con millares de transacciones diarias entre decenas de países, era indispensable un sistema monetario internacional organizado: un conjunto de reglas, instituciones y prácticas que definieran cómo se relacionan las monedas entre sí, cómo se liquidan los pagos y cómo se ajustan los desequilibrios comerciales.</p>
<p>La solución encontrada entre el siglo XIX y principios del XX refleja la estructura de poder de la época: un mundo dividido entre imperios coloniales rivales. Cada potencia imperial organizó su propia <em>zona monetaria</em>, integrando sus colonias y áreas de influencia al espacio de circulación de su moneda nacional.</p>
<p>Como mayor potencia industrial, comercial y financiera del siglo XIX, Gran Bretaña convirtió a la libra esterlina en la principal moneda del comercio internacional, imponiendo sus “preferencias imperiales”. El llamado <em>patrón oro</em>, que estuvo vigente desde el último cuarto del siglo XIX hasta 1914, era en la práctica un <em>patrón libra-oro</em>: la libra era la moneda en que se denominaban la mayoría de los contratos comerciales, en la que se cotizaban las principales <em>commodities</em> y en la que se realizaban los préstamos internacionales.</p>
<p>El sistema de la libra esterlina como moneda internacional dominante fue posibilitado por el drenaje de riqueza de las colonias. La India mantenía elevados superávits en la balanza de pagos con Europa continental, Estados Unidos, Canadá y Japón. Pero mantenía un déficit en la balanza de pagos con Gran Bretaña, en parte debido a las exportaciones británicas a la India, y, principalmente, por las obligaciones impuestas por los británicos a la colonia, incluidas enormes cantidades de “regalos” de la India Británica a la metrópoli (Patnaik y Patnaik, 2024). Según el informe <em>Estudios sobre comercio ultramarino británico</em>, presentado por los autores, “la clave de todo el patrón de pagos de Gran Bretaña residía en la India, que probablemente financiaba más de dos quintas partes del déficit total británico”.</p>
<p>Las colonias británicas —desde la India hasta África, desde el Caribe hasta Oceanía— se integraron al espacio monetario de la metrópoli mediante el sistema de preferencias imperiales británico. Sus exportaciones se cotizaban en libras y sus importaciones, en gran parte procedentes de la propia Gran Bretaña debido al exclusivismo comercial metropolitano, se pagaban en libras. Sus sistemas bancarios operaban con la libra como referencia. Las poblaciones coloniales se veían obligadas a obtener libras para pagar impuestos y adquirir bienes esenciales, lo que las subordinaba enteramente a los términos de intercambio definidos por la metrópoli.</p>
<p>El imperio colonial francés, que se extendía por el norte y oeste de África, por Indochina y las islas del Pacífico y del Caribe, constituía una zona monetaria propia, organizada en torno del franco. Hasta hoy, vestigios de esa estructura sobreviven en el <em>franco CFA</em>, moneda utilizada por 14 países africanos que permanece vinculada al euro y antes, al franco francés (Metri, 2023).</p>
<p>Aunque no poseía un imperio colonial formal comparable al de los europeos, Estados Unidos ejercía una hegemonía económica sobre gran parte de las Américas desde finales del siglo XIX. La Doctrina Monroe (“América para los estadounidenses”) expresaba esa pretensión. El dólar circulaba ampliamente en Centroamérica, el Caribe y partes de Sudamérica, frecuentemente impuesto por intervenciones militares y por la presencia de empresas estadounidenses que controlaban sectores estratégicos (como United Fruit Company en Centroamérica).</p>
<p>Alemania, Japón, Holanda, Bélgica y Portugal también mantenían sus propias esferas monetarias coloniales, aunque menores.</p>
<p>El resultado de esta configuración era un <em>sistema monetario internacional fragmentado</em>. No había una única moneda mundial, sino varias monedas regionales compitiendo entre sí, cada una dominante en su esfera de influencia. La libra era la más importante a nivel global, pero no era universal.</p>
<p>Ese sistema reflejaba la estructura del <em>imperialismo</em> tal como la analizaron Lenin y otros marxistas de inicios del siglo XX: un mundo dividido entre potencias capitalistas rivales, cada una controlando su propio bloque de territorios coloniales y semicoloniales. Las tensiones entre estos bloques —la disputa por mercados, materias primas y áreas de inversión— fueron una de las causas profundas de la Primera Guerra Mundial (Lenin, 2012).</p>
<p>La guerra de 1914-1918 destruyó ese orden. El conflicto exigió gastos colosales, financiados por la emisión monetaria y el endeudamiento. La mayoría de los países suspendió la convertibilidad de sus monedas en oro. El Reino Unido, antes el gran acreedor mundial, emergió como deudor. Estados Unidos, que entró tarde en la guerra y suministró provisiones a los aliados, se convirtió en el principal acreedor internacional.</p>
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<p>El período entreguerras (1918-1939) estuvo marcado por intentos fallidos de restaurar el patrón oro, por inestabilidad cambiaria crónica, por devaluaciones competitivas, las llamadas guerras cambiarias, y por el colapso del comercio internacional tras la crisis de 1929. La Gran Depresión demostró que un sistema monetario internacional desorganizado era incompatible con la estabilidad del capitalismo.</p>
<p>La Segunda Guerra Mundial creó las condiciones para una reorganización radical. Estados Unidos salió del conflicto como la única gran potencia con su economía intacta y fortalecida. Aunque compartía la hegemonía mundial con la antigua URSS, solo Estados Unidos se destacó como una potencia capitalista líder dispuesta a no imponer controles de capital, a permitir la venta de sus activos y a utilizar su moneda como moneda mundial.</p>
<p>Al final del conflicto mundial, Estados Unidos mantenía cerca de dos tercios de las reservas globales de oro. Su industria representaba casi la mitad de la producción manufacturera mundial. Su territorio no había sido devastado por la guerra (Mazzucchelli, 2013).</p>
<p>Esta asimetría de poder permitió a Estados Unidos imponer una nueva arquitectura monetaria internacional. En 1944, en la conferencia de Bretton Woods, se creó un sistema que, por primera vez en la historia, establecía una <em>única moneda nacional</em> como eje del sistema monetario mundial: el dólar estadounidense.</p>
<p>El sistema de Bretton Woods marcó la transición de un escenario de zonas monetarias en competencia vinculadas a imperios rivales hacia una hegemonía monetaria unificada bajo el liderazgo de Estados Unidos. Este proceso representó el cambio de un sistema inter imperialista, caracterizado por la disputa entre múltiples potencias, a un modelo imperialista de orden unipolar liderado por Estados Unidos, en el cual una única potencia dominante organiza el conjunto (Tricontinental, 2024).</p>
<p>Esa transición no fue automática ni puramente económica. Fue el resultado de la guerra, de la destrucción de las potencias rivales, de la ocupación militar de antiguos imperios (Alemania, Japón) y de la construcción de una vasta red de bases militares, alianzas e instituciones internacionales bajo liderazgo estadounidense.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">Cómo el dólar se volvió hegemónico</h2>
<p>La verdadera consolidación del dólar como moneda dominante fue un proyecto estratégico meticulosamente ejecutado por Estados Unidos durante e inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial. El ascenso del dólar no fue un accidente histórico; fue el resultado de tres movimientos estratégicos decisivos.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">1. El financiamiento de las guerras</h3>
<p>Estados Unidos utilizó su posición como “arsenal de la democracia” para estructurar la dependencia global de su moneda. Inicialmente, la regla <em>cash-and-carry</em> [pague y lleve] de 1937 exigía que quienes compraban suministros de Estados Unidos pagaran inmediatamente en dólares u oro.</p>
<p>Posteriormente, el programa <em>Lend-Lease</em> [Préstamo y Arriendo] suministró financiamiento vital para las importaciones de los países aliados. No obstante, esto tuvo un efecto estructural profundo: al final de la guerra, las potencias aliadas y decenas de otros países acumularon deudas masivas en dólares. Dada la vulnerabilidad de los demás países, Estados Unidos pudo imponer la moneda de denominación de sus créditos. Esto creó una demanda estructural y permanente de la moneda estadounidense; los países ahora necesitaban exportar bienes reales o contraer nuevas deudas para obtener los dólares necesarios para liquidar sus pasivos (Metri, 2023).</p>
<h3 style="margin:2em 0;">2. El control del petróleo</h3>
<p>El segundo pilar fue garantizar el control sobre la fuente de energía que alimentaría el capitalismo industrial de la posguerra. El petróleo, debido a la transformación que provocó en la lógica de los conflictos —ya desde la Primera Guerra Mundial— terminó convirtiéndose en el recurso natural central del sistema internacional. El control de las regiones productoras pasó a formar parte del núcleo de las disputas geopolíticas globales. Más específicamente, el petróleo se convirtió en el principal combustible de las Fuerzas Armadas; ocupó una posición decisiva en la matriz de transportes a escala mundial; y sus derivados pasaron a ser ampliamente empleados en numerosas cadenas productivas.</p>
<p>De ello se derivó una implicación adicional para las relaciones internacionales: el petróleo pasó a ser manejado como instrumento recurrente en el “tablero diplomático”, funcionando como mecanismo de presión, represalia, disuasión, apoyo o sustento, siempre vinculado a cálculos, intereses e iniciativas que reflejan las disputas geopolíticas más amplias propias de la competencia entre Estados.</p>
<p>En 1940, Estados Unidos era la potencia petrolífera dominante, produciendo 63% del petróleo mundial (Quintas, 2020). Sin embargo, a medida que quedaba claro que el centro de gravedad de la producción futura se trasladaría a Oriente Medio, Estados Unidos actuó de forma decisiva.</p>
<p>Desde 1933, empresas estadounidenses habían adquirido derechos de explotación en Arabia Saudita. En 1943, el presidente Roosevelt incorporó el Reino de Arabia Saudita al “territorio monetario del dólar”, autorizando el financiamiento del reino de Ibn Saud a través del programa <em>Lend-Lease</em>. La intensa actividad diplomática y militar de Estados Unidos en la región, que consolidó su dominio sobre Arabia Saudita, garantizó que a partir de 1970, las cotizaciones y las transacciones del petróleo exportado desde este nuevo centro neurálgico fueran exclusivamente en dólares. Así se produjo la transformación de Arabia Saudita en zona de influencia y espacio económico de Estados Unidos, así como su incorporación a la esfera monetaria del dólar (Metri, 2015).</p>
<p>Esta decisión obligó a la mayoría de los países, especialmente a las naciones industrializadas e importadoras de energía, a unirse al territorio monetario del dólar. Para comprar energía, primero era necesario obtener dólares.</p>
<p>En este sentido, más que el control directo sobre la producción fue decisiva la imposición de una arquitectura monetaria para el mercado petrolero global. A partir de la década de 1970, principalmente con las crisis del petróleo, este movimiento se institucionalizó a través de los “petrodólares”. Con la Guerra de Yom Kippur, el precio del petróleo se cuadruplicó y la economía mundial entró en colapso. En ese contexto, el gobierno de Nixon negoció un acuerdo secreto con Arabia Saudita. Los términos eran los siguientes: los sauditas se comprometieron a vender su petróleo exclusivamente en dólares y a invertir los excedentes en bonos del Tesoro estadounidense. A cambio, Estados Unidos garantizó protección militar al reino saudita. Los demás países de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) pronto siguieron el mismo modelo.</p>
<p>Al vincular la principal <em>commodity</em> del mundo a su moneda, Estados Unidos amplió de manera estructural el alcance internacional del dólar.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">3. Los Acuerdos de Bretton Woods</h3>
<p>En 1944, en la Conferencia de Bretton Woods, Estados Unidos formalizó e institucionalizó su hegemonía, principalmente en el ámbito económico. Un año después, en 1945, tuvo lugar la Conferencia de Yalta, que reorganizó el orden geopolítico y militar y, desde el punto de vista monetario, acordó que las reparaciones de guerra de Alemania serían contabilizadas en dólares.</p>
<p>En Bretton Woods chocaron dos visiones opuestas sobre el orden de la posguerra. La propuesta inglesa, liderada por John Maynard Keynes, era radicalmente diferente de la vencedora. Keynes proponía el “bancor”, una moneda de cuenta internacional supranacional, controlada por un órgano multilateral (la<em> Unión de Compensación</em>). El objetivo de Keynes era crear un sistema simétrico, que penalizara tanto países con déficit crónico como a los países con <em>superávit</em> crónico. Esencialmente, la propuesta de Keynes tenía como objetivo impedir el paso del “privilegio exorbitante” de la libra al dólar.</p>
<p>La propuesta de Keynes fue sumariamente derrotada. Dada la correlación de fuerzas, prevaleció el plan de Estados Unidos, liderado por Harry Dexter White. El plan de White era simple y centrado en el poder estadounidense: el dólar sería establecido como la moneda de cuenta internacional y sería la <em>única</em> moneda con plena convertibilidad en oro, a una tasa fija de 35 dólares por onza de oro. Todas las demás monedas mantendrían su convertibilidad al dólar a tasas de cambio fijas, pero ajustables.</p>
<p>Para administrar este nuevo orden, se crearon el Fondo Monetario Internacional (FMI) y el Banco Internacional de Reconstrucción y Fomento (BIRF, hoy Banco Mundial). El capital de ambos se fijó en dólares y la estructura de estas instituciones fue diseñada para garantizar su control por parte de Estados Unidos.</p>
<p>El poder de voto de cada país miembro se vinculó a sus cuotas o suscripciones de capital. En el FMI, estas suscripciones se pagaban en parte en oro y en parte en la moneda nacional. En el BIRF, parte del capital debía aportarse en oro o en dólares. Dado que Estados Unidos tenía la mayor participación en ambas instituciones, mientras que el Reino Unido ocupaba el segundo lugar, se consolidó una estructura de toma de decisiones asimétrica. En el caso del FMI, dado que las decisiones cruciales requieren una mayoría calificada del 85% de los votos, Estados Unidos pasó a ejercer, en la práctica, poder de veto sobre las reformas fundamentales (Batista Jr., 2019).</p>
<h2 style="margin:3em 0;">Centralidad y declive de la hegemonía del dólar en el siglo XX</h2>
<p>El sistema de Bretton Woods, a veces llamado “patrón oro-dólar”, consolidó la centralidad estadounidense. Sin embargo, este sistema no funcionaba solo, necesitaba liquidez. Las economías devastadas de Europa y Japón no contaban con los dólares necesarios para importar insumos y reiniciar sus exportaciones o reconstruir las ciudades, infraestructuras y aparatos productivos.</p>
<p>Estados Unidos resolvió este problema mediante el Plan Marshall para Europa y el Plan Dodge para Japón, que proporcionaron los dólares necesarios para financiar esa reconstrucción. Estos planes “salvaron” el sistema de Bretton Woods, garantizando que sus aliados estratégicos se recuperaran ya plenamente integrados al territorio monetario del dólar. Al mismo tiempo, Estados Unidos estimuló la expansión global de sus empresas multinacionales, que realizaban inversiones directas en dólares.</p>
<p>Dado que los recursos en dólares se utilizaban, en gran medida, para la compra de bienes y servicios producidos en los propios Estados Unidos, el plan acabó recibiendo apoyo interno de diversos segmentos económicos. En una conjuntura de enfriamiento de la actividad interna, agravada por el aumento de la capacidad industrial durante los años de guerra en Europa y el Pacífico, ese flujo de demanda externa ayudaba a sustentar la economía estadounidense.</p>
<p>Del punto de vista estratégico, Estados Unidos no solo viabilizó los llamados “milagros” de reconstrucción y crecimiento en varios países, estabilizando regiones clave para la lógica de la Guerra Fría, sino que también fortaleció, de forma duradera, la posición hegemónica de su moneda. En las décadas siguientes, las áreas bajo su influencia experimentaron un largo ciclo de expansión y prosperidad, anclado en la centralidad del dólar.</p>
<p>Más concretamente, al mismo tiempo que financiaban la recuperación económica de las regiones clave para la contención de la URSS, Estados Unidos reforzó la primacía del dólar porque:</p>
<p>i) Inyectó dólares directamente en las economías aliadas, por medio de programas como el Plan Marshall (1948-1951)</p>
<p>ii) Amplió significativamente sus gastos militares en el exterior, denominados en dólares, como en el caso de la Guerra de Corea</p>
<p>iii) Abrió, de manera unilateral, su mercado a las exportaciones de socios estratégicos, garantizándoles ingresos en dólares</p>
<p>iv) Aceptó que esos países mantuvieran tasas de cambio artificialmente devaluadas, teniendo el dólar como referencia</p>
<p>v) Estimuló la inversión extranjera directa de sus grandes corporaciones, que naturalmente se realizaba en dólares, dado el origen de estas empresas.</p>
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<p>Además, toleró la adopción de controles unilaterales sobre movimientos de capitales internacionales (en cualquier moneda), aceptó la inconvertibilidad de las demás monedas, no reaccionó de manera contundente ante políticas proteccionistas e incluso envió misiones de asistencia técnica.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">El dilema de Triffin</h2>
<p>A pesar de su aparente solidez, el sistema de Bretton Woods encerraba una contradicción fatal, identificada por el economista Robert Triffin. El dilema de Triffin expuso la falla lógica de utilizar una moneda <em>nacional</em> como moneda <em>internacional</em>.</p>
<p>La contradicción era la siguiente: para que el comercio global y el crecimiento económico se expandieran, el mundo necesitaba una oferta creciente de liquidez internacional, es decir, más dólares. Pero, para suministrar esos dólares al resto del mundo, Estados Unidos se veía <em>obligado</em> a incurrir en déficits en su balanza de pagos, es decir, enviar más dólares al exterior de los que recibía del exterior. No obstante, al emitir cada vez más dólares (pasivos) de los que poseía en oro (activos) en sus arcas, Estados Unidos erosionaría inevitablemente la confianza global en la convertibilidad del dólar en oro (Akyüz, 2010: 147-185).</p>
<p>El sistema estaba, por lo tanto, condenado. Si Estados Unidos detuviera sus <em>déficits</em>, el comercio mundial se estancaría. Si continuaran, la confianza en el dólar se derrumbaría.</p>
<p>Durante los años 70, esta contradicción se agudizó. El aumento masivo del gasto público de Estados Unidos, impulsado simultáneamente por la Guerra de Vietnam y los programas sociales internos, condujo a <em>déficits </em>crecientes y a una emisión descontrolada de moneda. Al mismo tiempo, la hegemonía de Estados Unidos era cuestionada por las revoluciones en la periferia y por las críticas de los aliados europeos, especialmente los franceses. Incluso en 1969, el FMI creó los Derechos Especiales de Giro (DEG), apodados “oro-papel”, un activo de reserva sintético y supranacional, cuyo valor se basaba en una canasta de monedas. Era un intento de crear una fuente de liquidez que no dependiera de los <em>déficits </em>de Estados Unidos.</p>
<p>En 1971, el dilema de Triffin llegó a su punto de ruptura. A medida que los países con superávit (liderados por Francia) cambiaban dólares por oro, las reservas de Estados Unidos se fueron reduciendo drásticamente. El 15 de agosto de 1971, el presidente Richard Nixon tomó medidas. En una decisión unilateral que reconfiguró todo el sistema que había sido creado de manera multilateral, Nixon suspendió indefinidamente la convertibilidad del dólar en oro. El “patrón oro-dólar” había muerto. El mundo entró en una nueva era: la del dólar “flexible, financiero y fiduciario”. La moneda hegemónica ya no tenía ningún respaldo en una mercancía física. Su valor estaba determinado puramente por la confianza o, más precisamente, por la imposición de poder.</p>
<p>Después de 1973, ante las sucesivas devaluaciones y la inestabilidad del valor del dólar, los principales países capitalistas pasaron a adoptar un régimen de “tasa de cambio flotante”, o sea, las monedas dejaron de tener paridad fija con relación al dólar y su valor pasó a determinarse en el mercado de divisas de cada economía nacional.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">El choque de las tasas de interés y la “diplomacia del dólar fuerte”</h2>
<p>Para completar este panorama, ante el creciente cuestionamiento a la economía estadounidense, especialmente en los ámbitos económico y monetario, Estados Unidos decidió actuar en lo que se conoció como “golpe de las tasas de interés”. Ante las presiones inflacionarias internas y la amenaza a la hegemonía del dólar, Paul Volcker, presidente de la Reserva Federal (FED por su sigla en inglés), decidió elevar la tasa básica de interés estadounidense. Así, la tasa de interés a corto plazo en Estados Unidos se elevó de niveles cercanos al 10–11% a niveles próximos al 20% anual, en un movimiento que comenzó en 1979 y se extendió hasta 1980, lo que representó prácticamente una duplicación del costo del dinero a escala mundial (Tavares, 1985).</p>
<p>Según la economista brasileña Maria da Conceição Tavares (1985), en un texto seminal titulado <em>El resurgimiento de la hegemonía estadounidense</em>, antes del “golpe de las tasas de interés” el sistema bancario privado funcionaba prácticamente al margen del control de los bancos centrales, en especial de la FED. Las redes de filiales transnacionales estructuraban una división regional de trabajo dentro de las propias empresas, muchas veces en desacuerdo con los intereses nacionales de Estados Unidos, y alimentaban un aumento de la competencia entre capitales que resultaba desfavorable para la economía estadounidense. En términos generales, la configuración de una economía mundial sin un polo hegemónico definido contribuía a la desorganización del orden establecido en la posguerra y a la creciente fragmentación de los intereses privados y regionales. A partir de 1979, con el “golpe de las tasas de interés”, la conducción de la política económica interna y externa de Estados Unidos se orientó precisamente en el sentido de revertir esas tendencias y recuperar el control sobre las finanzas internacionales.</p>
<p>Maria da Conceição Tavares (1985) utilizó la expresión “diplomacia del dólar fuerte” para referirse a esta acción unilateral estadounidense, que hizo uso deliberado de su poder monetario y financiero como instrumento de política exterior y de reconstrucción de su hegemonía. No es posible entender el aumento de las tasas de interés únicamente como una medida de política monetaria para hacer frente a los problemas macroeconómicos internos de Estados Unidos, sino como una acción central para la recuperación de la hegemonía del dólar y la reconstrucción completa del sistema monetario y financiero internacional.</p>
<p>Si la tasa de interés estadounidense es elevada, quienes poseen riqueza financiera comienzan a salir de sus posiciones en los demás países y buscan obtener ganancias con el diferencial de interés de la deuda pública estadounidense. Con ello, ese mercado de eurodólares que se estaba gestando fuera del control del Banco Central estadounidense, en Europa, regresa casi en su totalidad a la plaza financiera de Wall Street. Esto refuerza el dominio del capital financiero por parte de Estados Unidos y refuerza el poder de su sistema bancario. Por lo tanto, se utilizó la moneda estadounidense como “arma geoeconómica”: al controlar las tasas de interés, la liquidez y el acceso al crédito internacional, Estados Unidos disciplina a sus aliados, pone en su lugar a competidores y profundiza la dependencia de la periferia. Por lo tanto, la política de tasas de interés altas y dólar fuerte no es solo economía, es una estrategia de poder.</p>
<p>Con todo, esta acción tuvo repercusiones. La primera de ellas es que sumió a Estados Unidos y al resto del mundo en una “recesión prolongada”, quebrando empresas e incluso bancos estadounidenses. En segundo lugar, se produjo una contracción repentina del crédito internacional, causando daños especialmente a la periferia capitalista que había aprovechado el período de elevada liquidez internacional para endeudarse en dólares con tasas de interés prefijadas. En tercer y último lugar, el “golpe de las tasas de interés” hizo que el crédito interbancario y los grandes bancos internacionales volvieran a centralizarse en Nueva York bajo el paraguas de la FED, que desde entonces comanda el sistema bancario privado internacional.</p>
<p>Otro objetivo del “golpe de las tasas de interés” fue poner en jaque a los competidores de Estados Unidos. Japón había alcanzado un fuerte dinamismo industrial y tecnológico, obteniendo crecientes superávits comerciales con Estados Unidos, en una trayectoria para convertirse en el mayor acreedor del mundo, a diferencia de Estados Unidos que estaba (y está) en la posición de mayor deudor.</p>
<p>Con las tasas de interés muy altas, el dólar se mantuvo sobrevalorado y, gracias a los enormes rendimientos de los bonos de la deuda pública estadounidense hubo un flujo de capitales hacia Estados Unidos, inclusive japoneses, con empresas y bancos comprando bonos del Tesoro estadounidense.</p>
<p>A pesar de sus superávits comerciales, Japón se vio en una posición en la que financiaba el déficit estadounidense comprando activos en dólares y su propio desarrollo fue vinculándose cada vez más al sistema financiero y al ciclo de activos de Estados Unidos.</p>
<p>Cuando el déficit comercial de Estados Unidos con Japón se dispara y aumenta la presión política interna, viene la segunda parte del ajuste. En 1985, el gobierno Reagan amenaza con medidas proteccionistas severas y fuerza una coordinación en el G5, en lo que se conoce como el Acuerdo del Plaza. El objetivo era promover una devaluación coordinada del dólar frente al yen y al marco alemán. Resultado rápido: entre septiembre de 1985 y abril de 1986, el yen se aprecia cerca de un 35% frente al dólar (Melin, 1997).</p>
<p>Después viene el Acuerdo del Louvre (1987) que intentó estabilizar las paridades tras esa fuerte corrección. Según la interpretación de Tavares y Melin (1997), no se trató de un ajuste “técnico” neutro, sino de un movimiento político destinado a consolidar su poder: Estados Unidos utilizó su posición en el centro del sistema para obligar a Japón a aceptar una fuerte apreciación del yen y una reorganización de su patrón de crecimiento.</p>
<p>Por lo tanto, Estados Unidos obligó a Japón a ajustar su trayectoria de crecimiento y su política cambiaria y financiera a los intereses de la hegemonía estadounidense, asegurando que el yen no se convirtiera en una moneda de reserva rival y que los superávits japoneses se reciclaran en beneficio del financiamiento del déficit y del liderazgo financiero de Estados Unidos. En lugar de una ruptura, hay una reabsorción de Japón dentro de un orden comandado por el dólar: el país mantiene una alta sofisticación productiva, pero bajo un fuerte condicionamiento financiero y geopolítico definido en Washington.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">Cómo se mantiene el dólar</h2>
<p>El colapso de Bretton Woods, paradójicamente, no debilitó al dólar. Por el contrario, liberó a Estados Unidos de cualquier restricción material a su política monetaria y consolidó una nueva forma de hegemonía, basada ya no en el oro, sino en tres nuevos pilares: el petróleo, la profundidad de sus mercados financieros y el uso de la moneda como arma de guerra.</p>
<p>Para entender el orden posterior a 1971, es crucial recurrir al análisis marxista de la “financiarización”. El abandono del respaldo metálico (oro) fue un punto de inflexión. Eliminó la restricción material a la creación infinita de dinero. El dinero, que antes era una representación de una mercancía (oro), se convirtió en una representación de sí mismo — puros números en cuentas computarizadas. En otras palabras, hubo autonomización de la “moneda del mundo”.</p>
<p>Esto permitió que el capital migrara masivamente de la esfera de la producción de valor (la inversión en manufactura, agricultura, etc., basada en la aplicación del trabajo social) a la esfera de la circulación, del “capital ficticio”. El capital ficticio es la inversión en títulos de propiedad (acciones) y, principalmente, en títulos de deuda (hipotecas, deuda pública), cuyo valor no se basa en el valor ya producido, sino en la <em>anticipación</em> de rendimientos futuros.</p>
<p>Este proceso, posibilitado por la creación ilimitada de dinero fiduciario, permitió que el capital ficticio se autoalimentara, generando más capital ficticio desconectado de la base de valor del trabajo social.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Pilar 1: El reciclaje del petrodólar</h3>
<p>Con el fin del patrón-oro, Estados Unidos actuó rápidamente para volver a anclar el dólar en otra <em>commodity </em>esencial. Reforzó su alianza estratégica y militar con Arabia Saudita, asegurándose de que la OPEP continuara fijando el precio y negociando el petróleo exclusivamente en dólares. Esto recreó la demanda estructural: como toda nación industrializada necesita petróleo, toda nación necesita dólares. Esto también creó un nuevo mecanismo de reciclaje. Los países productores de petróleo (OPEP) acumulaban enormes superávits en dólares (“petrodólares”), que luego se “reciclaban” de vuelta a los bancos de Wall Street, financiando los déficits de Estados Unidos.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Pilar 2: La dictadura de la liquidez (bonos del Tesoro)</h3>
<p>El dominio del dólar hoy en día se basa en algo pragmático: el dólar es la única moneda que garantiza el <em>acceso</em> a los mercados financieros más líquidos y profundos del mundo. El pilar central de este sistema son los bonos de la deuda pública de Estados Unidos (<em>U.S. Treasuries, </em>bonos del Tesoro). Son considerados universalmente como el “refugio seguro” global, el activo financiero más noble, con un riesgo de crédito mínimo y liquidez inmediata.</p>
<p>Esto permite a Estados Unidos subvertir completamente la lógica económica: es el mayor deudor del mundo, pero los otros países consideran su deuda como el activo más valioso. En momentos de crisis financiera global —incluso en crisis originadas en Estados Unidos, como la de 2008 — el capital internacional no huye del dólar; corre <em>hacia</em> el dólar, buscando la seguridad de los bonos del Tesoro. Esto sustenta el Mecanismo Global de Reciclaje de Excedentes (MGRE), una versión ampliada del reciclaje de los petrodólares:</p>
<ol>
<li>Estados Unidos absorbe los excedentes de productos del mundo, incurriendo en déficits comerciales masivos con países como China, Alemania y Japón.</li>
<li>Las ganancias de esas exportaciones (dólares) acumuladas por estos países superavitarios regresan a Wall Street, ya que estos países reinvierten los dólares obtenidos por sus exportaciones en deuda pública estadounidense.</li>
<li>Wall Street utiliza este flujo de capital extranjero para comprar bonos del Tesoro, financiando el déficit del gobierno estadounidense y proporcionando crédito a los consumidores del país para sostener el consumo de productos importados.</li>
</ol>
<p>En este sistema, el resto del mundo es forzado a financiar los déficits gemelos (comercial y fiscal) de Estados Unidos, subsidiando el consumo estadounidense y, crucialmente, el poderío militar global de los Estados Unidos.</p>
<p>En América Latina este proceso se aceleró después de las recomendaciones del Consenso de Washington, que sugirió que los países deberían renunciar al control de sus cuentas de capital. Esto significa que el capital puede entrar y salir libremente de cada país, pero ello tiene impactos directos en la volatilidad de las tasas de cambio nacionales. Los países, a su vez, para protegerse de esa volatilidad, acumulan reservas de divisas en deuda pública estadounidense. Por eso, podemos afirmar que el dólar es un arma de extorsión de la periferia, que necesita, para protegerse internamente, sostener los déficits gemelos de Estados Unidos, los cuales a su vez sirven, entre otras cosas, para financiar las guerras imperialistas.</p>
<p>La crisis de 2008 fue el momento en que las “pirámides de dinero privado” (capital ficticio) construidas por Wall Street sobre este mecanismo colapsaron. Sin embargo, la crisis no quebró el sistema. La FED, el banco central de Estados Unidos, actuó como el banco central “del mundo”, proporcionando líneas de <em>swap</em> (protección contra la volatilidad del tipo de cambio) en dólares a otros bancos centrales, demostrando que, en el colapso, la dependencia del dólar era total, y no al contrario.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Pilar 3: La moneda como activo de violencia</h3>
<p>El pilar final de la hegemonía del dólar es el uso explícito de la moneda como arma. Dado que la mayor parte del comercio global, las finanzas y las transacciones de <em>commodities </em>(especialmente petróleo) se denominan en dólares y se liquidan a través del sistema financiero de Estados Unidos, Washington obtiene un inmenso poder de coerción.</p>
<p>La diplomacia monetaria se utiliza para restringir a los enemigos estratégicos y recompensar a los aliados. Estados Unidos puede imponer sanciones financieras, congelar las reservas de bancos centrales extranjeros (como lo hizo con Irán, Venezuela y, de manera más dramática, con Rusia) y excluir a países enteros del sistema de pagos internacional (SWIFT).</p>
<p>Cuando un país es sancionado, como ocurrió con Rusia y Venezuela, se le excluye de las redes de pago en dólares y se le pueden congelar activos en el extranjero. Esto encarece importaciones, perjudica a las empresas y desorganiza el comercio de ese país.</p>
<p>El dólar, por lo tanto, no es solo una herramienta económica; es un “activo de violencia”, un instrumento de disciplina geopolítica que garantiza que prevalezcan los intereses de Estados Unidos.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">¿Ya está en marcha la desdolarización?</h2>
<p>Los datos sobre las monedas de facturación en el comercio y en las finanzas internacionales son escasos y presentan desfases mayores que los datos comerciales (Gopinath, 2024). Aun así, las evidencias disponibles indican que la preponderancia del dólar es superior al peso de la economía de Estados Unidos en los agregados globales del Producto Interno Bruto, el comercio y las finanzas internacionales, lo que refleja una asimetría estructural en el uso internacional de las monedas.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_149478" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-149478" class="size-large wp-image-149478" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_1-1024x789.png" alt="" width="1024" height="789" data-original-src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_1.png" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_1-1024x789.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_1-300x231.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_1-768x592.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_1-1536x1184.png 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_1.png 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-149478" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuentes: BIS Triennial Survey 2025 · SWIFT Watch 2024 · IMF COFER 2024 · Federal Reserve 2025</small></p></div>
</div>
<p>Los datos del SWIFT muestran que la moneda representa más del 80% del financiamiento del comercio internacional, en gran medida debido a que una parte significativa del comercio de <em>commodities </em>aún es facturada y liquidada en dólares. Además, el dólar mantiene una participación próxima al 60% en las reservas de divisas globales.</p>
<p>Por otro lado, la evolución de las reservas de divisas globales en 2022-2023 estuvo marcada por un aumento significativo de las adquisiciones de oro por parte de los bancos centrales. Considerado un activo seguro, el oro ofrece protección contra los riesgos geopolíticos, aunque presenta limitaciones como medio de transacción. Este patrón sugiere que la intensificación de las compras de oro por parte de determinados bancos centrales está asociada a la búsqueda de mitigar riesgos económicos y geopolíticos, en especial aquellos relacionados con sanciones internacionales. En el caso de China, la participación del oro en las reservas totales aumentó de menos del 2% en 2015 al 4,3% en 2023, mientras que la proporción de activos denominados en bonos del Tesoro y de agencias de los Estados Unidos retrocedió de cerca del 44% a aproximadamente el 30%, lo que refleja la reestructuración de su cartera (Gopinath, 2024).</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_149489" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-149489" class="size-large wp-image-149489" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_2-1024x815.png" alt="" width="1024" height="815" data-original-src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_2.png" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_2-1024x815.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_2-300x239.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_2-768x612.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_2-1536x1223.png 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_2.png 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-149489" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuente: World Gold Council Gold Demand Trends Full Year 2024 (gold.org)</small></p></div>
</div>
<p>Aunque se observa una reducción de la participación del dólar en las reservas cambiarias globales en las últimas décadas, los datos indican que ese movimiento no corresponde a una sustitución directa por otra moneda. Al contrario, esa reducción fue absorbida por un conjunto que el FMI presenta como monedas no tradicionales: dólar australiano, dólar canadiense, won surcoreano, corona sueca y renminbi, en menor proporción. Esto, sumado al aumento de las reservas en oro, sugiere que el proceso en curso no está impulsado principalmente por un proyecto político coordinado de desdolarización, sino por estrategias de diversificación de cartera adoptadas por autoridades monetarias, orientadas a la gestión del riesgo y a la búsqueda de mayor seguridad en un contexto de creciente inestabilidad financiera global.</p>
<p>Este movimiento puede interpretarse como una respuesta a las propias contradicciones de la financiarización liderada por Estados Unidos y Europa, cuya dinámica tiende a generar episodios recurrentes de volatilidad y formación de burbujas. En este sentido, la diversificación de las reservas se presenta menos como una ruptura política y más como un ajuste técnico ante las fragilidades del sistema, lo que hace que el proceso de transformación del sistema monetario internacional sea simultáneamente más robusto y más lento de lo que sugieren las narrativas geopolíticas más inmediatas.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_149500" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-149500" class="size-large wp-image-149500" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_3-1024x792.png" alt="" width="1024" height="792" data-original-src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_3.png" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_3-1024x792.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_3-300x232.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_3-768x594.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_3-1536x1188.png 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_3.png 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-149500" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuente: IMF COFER | Federal Reserve, International Role of the U.S. Dollar 2025 Edition | *CNY no incluye el dato del 4T de 2016</small></p></div>
</div>
<p>El análisis del comercio internacional hasta el primer cuarto del siglo XXI indica que la participación combinada del dólar y el euro en la facturación del comercio global permaneció relativamente estable a lo largo del período, el dominio del dólar y el euro se mantuvo con un predominio mayor dentro del propio bloque de la Unión Europea. Aunque China ha ampliado significativamente su participación en las exportaciones globales desde la década de 2000, acercándose al peso comercial de Estados Unidos, el uso del renminbi en el volumen de negocios del comercio internacional sigue siendo limitado, sin que se haya producido una internacionalización de su moneda. Es decir, los datos apuntan a la resiliencia del dólar como principal moneda de facturación del comercio internacional, al mismo tiempo que sugieren un proceso aún incipiente de diversificación monetaria.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_149512" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-149512" class="size-large wp-image-149512" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_4-1024x819.png" alt="" width="1024" height="819" data-original-src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_4.png" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_4-1024x819.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_4-300x240.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_4-768x614.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_4-1536x1228.png 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_4.png 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-149512" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuente: IMF Working Paper (2025) Patterns of Invoicing Currency in Global Trade in a Fragmenting World Economy</small></p></div>
</div>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_149523" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-149523" class="size-large wp-image-149523" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_5-1024x723.png" alt="" width="1024" height="723" data-original-src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_5.png" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_5-1024x723.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_5-300x212.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_5-768x542.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_5-1536x1084.png 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_5.png 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-149523" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuente: IMF Working Paper (2025) Patterns of Invoicing Currency in Global Trade in a Fragmenting World Economy</small></p></div>
</div>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_149534" class="wp-caption aligncenter"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-149534" class="size-large wp-image-149534" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_6-1024x768.png" alt="" width="1024" height="768" data-original-src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_6.png" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_6-1024x768.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_6-300x225.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_6-768x576.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_6-1536x1152.png 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Web-Charts-ES_6.png 1920w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-149534" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Fuente: IMF Working Paper (2025) Patterns of Invoicing Currency in Global Trade; IMF DOTS</small></p></div>
</div>
<p>Impulsados por los avances en la tecnología financiera y en la infraestructura de pagos, se observa el auge de sistemas alternativos de pago, custodia y liquidación, que pasan a constituir opciones concretas frente al sistema financiero internacional centrado en el dólar. Más que un debate reciente, se trata de la materialización de nuevas arquitecturas institucionales capaces de viabilizar transacciones fuera de los circuitos tradicionales. En este contexto, se destacan iniciativas como el Sistema de Transferencia de Mensajes Financieros (SPFS por su sigla en ruso), desarrollado por Rusia, y el Sistema de Pagos Interbancarios Transfronterizos (CIPS por su sigla en inglés), liderado por China, que amplían la capacidad de liquidación internacional en monedas locales y reducen la dependencia de infraestructuras dominadas por los países centrales.</p>
<p>Paralelamente, los países del BRICS han intensificado sus esfuerzos para fortalecer los sistemas nacionales de pago digital y desarrollar soluciones para operaciones transfronterizas, con el objetivo de expandir el comercio internacional denominado en monedas locales y avanzar en la construcción de un sistema monetario más multipolar (Atlantic Council, 2024a). China, en particular, ha ampliado el uso internacional del renminbi mediante la expansión del CIPS y su participación en proyectos de moneda digital de banco central (CBDC por su sigla en inglés)<sup> <a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>1</sup></a></sup>. Se observa también la rápida diseminación global de proyectos de CBDC: 137 países y uniones monetarias, que representan alrededor del 98% del PIB mundial, se encuentran en alguna etapa de desarrollo de estas monedas digitales (Atlantic Council, 2024b).</p>
<p>Mientras iniciativas como el mBridge, que involucra al Banco Popular de China, el Banco Central de Hong Kong, el Banco Central de Emiratos Árabes Unidos y el Banco de Tailandia, con apoyo del Bank for International Settlements, y el sistema ACUMER, desarrollado por el Banco Central de Irán, señalan el potencial de nuevas infraestructuras digitales de liquidación en monedas locales entre bancos centrales a través de las CBDC, sin la necesidad de intermediarios tradicionales, como bancos corresponsales o sistemas como SWIFT.</p>
<p>A este panorama se suma el papel creciente de los acuerdos bilaterales de <em>swap</em> de divisas, especialmente a partir de la crisis financiera de 2007-2008. Estos instrumentos han sido utilizados tanto para proporcionar liquidez en momentos de tensión como para reducir los costos asociados a la acumulación de reservas internacionales, lo que permite a los países acceder a monedas extranjeras sin depender exclusivamente de los mercados financieros internacionales. En ese sentido, los <em>swaps</em> de divisas se consolidan como un componente central de las estrategias contemporáneas de diversificación monetaria y de mitigación de la dependencia del dólar (Council on Foreign Relations, 2025).</p>
<p>En resumen, los datos disponibles indican que el papel del dólar sigue siendo dominante y relativamente estable en el sistema monetario internacional. Sin embargo, estos datos también revelan cambios importantes en la composición y el funcionamiento de dicho sistema. Un ejemplo significativo es el caso del renminbi, cuya participación en las reservas internacionales pasó de prácticamente cero a comienzos de la década de 2010 a cerca de 2,2% en menos de una década — un movimiento sin precedentes históricos para la moneda de un país que aún mantiene controles relevantes sobre su cuenta de capital.</p>
<p>Por lo tanto, el análisis de la desdolarización requiere distinguir entre las diferentes dimensiones del sistema monetario internacional. En lo que se refiere a las reservas de divisas, el proceso es lento, gradual y aún está lejos de constituir una ruptura con la centralidad del dólar. En el ámbito de los pagos bilaterales, se observa un mayor dinamismo, aunque geográficamente concentrado en acuerdos específicos, como en el caso de las transacciones entre Rusia y China, que, según un reportaje de noviembre pasado, pasaron a liquidarse en un 99,1% en rublos y yuanes (Politics Today, 2025). Por último, en el ámbito de la infraestructura financiera, que incluye los sistemas de pago, compensación y liquidación, el proceso aún es incipiente, pero tiene un carácter estructural, ya que la creación de estas plataformas tiende a reducir, de forma duradera, la dependencia del sistema financiero centrado en el dólar.</p>
<p>En este sentido, la relevancia de la desdolarización reside en la dirección de su proceso y, sobre todo, en la construcción de alternativas institucionales y productivas capaces de reducir los costos de salida del sistema dólar para un número creciente de países.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">Desdolarizarse es luchar por soberanía</h2>
<p>Para la gran mayoría de los países del Sur Global, el sistema monetario y financiero internacional centrado en el dólar no es una red de seguridad, sino una camisa de fuerza. En la medida en que los países necesitan acumular reservas internacionales (monedas fuertes, como el dólar), están siendo extorsionados por el sistema del dólar, ya que deben mantener esas reservas, y lo hacen comprando bonos de la deuda estadounidense, financiando así la capacidad desmesurada de Estados Unidos para financiar guerras, por ejemplo. Por otro lado, es un mecanismo de castigo, ya que Estados Unidos puede decretar, mediante sanciones y bloqueos la exclusión del sistema de pagos internacional de aquellos países que no le sean sumisos. En las últimas décadas, Washington aumentó en un 933% las sanciones económicas contra los blancos de su política exterior (Metri, 2023).</p>
<p>En la práctica, las monedas nacionales no se consideran una reserva de riqueza, sino “activos financieros” volátiles. La demanda internacional de estas monedas es especulativa, sujeta a pánicos y fugas de capital. Además, los países del Sur Global sufren la incapacidad estructural de emitir deuda externa en sus propias monedas. Se endeudan en dólares, pero generan ingresos en moneda local, creando un desajuste cambiario devastador.</p>
<p>La hegemonía del dólar no se limita, por lo tanto, a su centralidad como medio de pago o reserva de valor, sino que se expresa también en la forma en que sus dinámicas internas se transmiten al resto del mundo. En momentos de apreciación del dólar, las monedas periféricas tienden a devaluarse, encareciendo las importaciones y presionando la inflación interna, especialmente en economías dependientes de energía, alimentos y bienes intermedios. Dado que gran parte de las <em>commodities</em> internacionales se cotizan en dólares, estos efectos se amplifican incluso en ausencia de cambios en las condiciones reales de oferta y demanda.</p>
<p>En el plano financiero, las decisiones de política monetaria de Estados Unidos, como las subidas de las tasas de interés, frecuentemente desencadenan flujos de capital hacia los activos denominados en dólares. Esto provoca devaluaciones cambiarias, eleva el costo del financiamiento externo y restringe el margen de maniobra de la política económica en los países del Sur Global, que a menudo se ven obligados a adoptar medidas contraccionistas para contener la inflación y estabilizar sus monedas, incluso en contextos de bajo crecimiento. En economías con elevado endeudamiento en moneda extranjera, la apreciación del dólar aumenta inmediatamente el peso de la deuda en términos nacionales, lo que agrava las fragilidades estructurales.</p>
<p>Para atraer el capital internacional volátil, los activos del Sur Global deben ofrecer tasas de interés mucho más altas que los activos “seguros” del Norte. Esto resulta en una transferencia líquida y constante de riqueza de los países más pobres hacia los centros financieros más ricos.</p>
<p>Con las políticas neoliberales y la liberalización de los movimientos de capital se ha debilitado la capacidad de los Estados para dirigir la macroeconomía. Cualquier gobierno que intente implementar políticas fiscales o monetarias expansionistas, como reducir intereses para estimular la inversión, es inmediatamente castigado por el “mercado” con una fuga de capitales, que devalúa la moneda, genera inflación y puede llevar al colapso. Los gobiernos son rehenes de la “confianza” de los financistas.</p>
<p>Para protegerse de esta volatilidad, los países del Sur Global se ven obligados a acumular reservas internacionales masivas. Brasil, por ejemplo, según el Banco Central do Brasil, tenía más de US$ 358.000 millones en diciembre de 2025 (2026). Estas reservas se invierten, en su mayoría, en activos en dólares, especialmente bonos de la deuda de Estados Unidos. Esta es la paradoja final: para defenderse del sistema, el Sur Global se ve obligado a financiar a su opresor, prestando miles de millones de dólares al Tesoro de los Estados Unidos a bajos intereses.</p>
<p>La hegemonía del dólar impone costos insostenibles al Sur Global. La insatisfacción con esta “asimetría desestabilizadora” no es nueva, pero ha adquirido una nueva urgencia en un mundo que camina hacia la multipolaridad. La desdolarización se ha convertido en una “tendencia secular”, pero se enfrenta a inmensos obstáculos estructurales.</p>
<p>Según el economista Bruno de Conti (2025), se observan hoy algunos movimientos que pueden, a mediano o largo plazo, desencadenar cambios en el sistema monetario y financiero internacional:</p>
<p>i) la redefinición del papel de ciertos países en la jerarquía de la economía mundial;</p>
<p>ii) el recrudecimiento de las tensiones geopolíticas entre las principales potencias;</p>
<p>iii) el aumento de la desconfianza hacia el dólar, intensificada durante el gobierno de Trump, sumado a la disposición política de un amplio conjunto de países por buscar caminos, de forma aislada o coordinada, para reducir su dependencia de la moneda estadounidense.</p>
<p>El debate sobre la desdolarización, sin embargo, no puede limitarse a la protección contra sanciones o a la mitigación de las vulnerabilidades externas. Un análisis más profundo exige cuestionar su propósito mismo. La sustitución de una moneda hegemónica por otra no implica necesariamente una transformación cualitativa del orden internacional, ni garantiza una mayor estabilidad o beneficios para los países periféricos. La experiencia histórica sugiere que la jerarquía monetaria tiende a reproducirse, aunque sea bajo nuevas configuraciones.</p>
<p>En este sentido, la desdolarización debe entenderse no solo como una disputa entre monedas, sino como parte de un debate más amplio sobre la naturaleza de las relaciones económicas internacionales. Para los países del Sur Global, esto implica trasladar el foco de la mera sustitución de instrumentos hacia la construcción de alternativas estructurales, incluidas nuevas formas de inserción comercial, cooperación tecnológica, integración productiva y coordinación política.</p>
<p>Una transformación efectiva del sistema monetario internacional exigiría, por lo tanto, más que la creación de mecanismos financieros alternativos. Exigiría hacer frente a los pilares que sostienen la hegemonía del dólar, incluida la centralidad de la fijación de precios de las <em>commodities</em>, el dominio de los mercados financieros denominados en dólares y la capacidad de coacción geopolítica. En este horizonte, la desdolarización no es un fin en sí misma, sino parte de una lucha más amplia por la soberanía económica y por la construcción de un orden internacional más equitativo, capaz de interrumpir la transferencia sistemática de riqueza del Sur Global hacia los centros de poder.</p>
<p>La lucha por la desdolarización, por lo tanto, no es un mero ajuste contable. Es una lucha política fundamental por la soberanía económica y por el fin de la transferencia de riqueza del Sur Global hacia los centros imperiales.</p>
<hr class="single-post--content--separator-section single-post--content--separator-section-end">
<h3 class="single-post--content--citations-title" style="margin:2em 0;">Notas</h3>
<div class="single-post--content--citations-block">
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>1</sup></a> Cabe distinguir que las monedas digitales de los bancos centrales (CBDC) son dinero en sentido estricto, emitidas y garantizadas por las autoridades monetarias nacionales, y que desempeñan las funciones clásicas de la moneda. Las criptomonedas privadas, como el bitcoin y similares, no cuentan con respaldo estatal, siendo activos de carácter especulativo sin base productiva, cuya existencia y valorización están subordinadas al propio orden monetario basado en el dólar.</p>
</div>
<h3 class="single-post--content--citations-title" style="margin:2em 0;">Referencias bibliográficas</h3>
<div class="single-post--content--citations-block">
<p>Akyüz, Yilmaz. “Política de resposta à crise financeira global: questões fundamentais para os países em desenvolvimento”. <em>Revista Tempo do Mundo</em> (RTM), Brasilia, v. 2, n. 3, p. 147-185, diciembre de 2010.</p>
<p>Atlantic Council. “Dollar Dominance Monitor”. Washington, DC: Atlantic Council, 2024a. Disponible en: <a href="https://www.atlanticcouncil.org/programs/geoeconomics-center/dollar-dominance-monitor/">https://www.atlanticcouncil.org/programs/geoeconomics-center/dollar-dominance-monitor/</a> .</p>
<p>Atlantic Council. “Central Bank Digital Currency Tracker”. Washington, DC: Atlantic Council, 2024b. Disponible en: <a href="https://www.atlanticcouncil.org/cbdctracker/">https://www.atlanticcouncil.org/cbdctracker/</a>.</p>
<p>Banco Central do Brasil. “Série Temporal 13621: Investimento direto – passivo – ingresso líquido (US$ milhões)”. Brasilia, DF: BCB, 2026. Disponible en: <a href="https://www3.bcb.gov.br/sgspub/consultarvalores/consultarValoresSeries.do?method=consultarSeries&amp;series=13621">https://www3.bcb.gov.br/sgspub/consultarvalores/consultarValoresSeries.del?method=consultarSeries&amp;series=13621</a>.</p>
<p>Batista Jr., Paulo Nogueira. <em>O Brasil não cabe no quintal de ninguém: bastidores da vida de um economista brasileiro no FMI y nos BRICS y outros textos sobre nacionalismo e nosso complexo de vira-lata</em>. São Paulo: LeYa, 2019.</p>
<p>_______. “Los BRICS y el desafío de la desdolarización”. Wenhua Zongheng vol. 2 num 1. Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2024. Disponible en: <a href="https://thetricontinental.org/es/wenhua-zongheng-2024-1-editorial-brics-desafio-desdolarizacao/">https://thetricontinental.org/es/wenhua-zongheng-2024-1-editorial-brics-desafio-desdolarizacao/</a>.</p>
<p>Council on Foreign Relations (CFR). <em>Central Bank Currency Swaps Tracker.</em> New York: CFR, 2025. Disponible en: <a href="https://www.cfr.org/trackers/central-bank-currency-swaps-tracker">https://www.cfr.org/trackers/central-bank-currency-swaps-tracker</a>.</p>
<p>De Conti, Bruno.<strong> “</strong>As iniciativas dos BRICS para a transformação do sistema monetário y financeiro internacional”. <em>Nota n. 15</em>. Campinas: Projeto Transforma Economia – Unicamp, 2025. Disponible en: <a href="https://transformaeconomia.org/as-iniciativas-dos-brics-para-a-transformacao-do-sistema-monetario-e-financeiro-internacional/">https://transformaeconomia.org/las-iniciativas-de los-brics-para-a-transformacao-del-sistema-monetario-y-financeiro-internacional/</a>.</p>
<p>Fondo Monetario Internacional. <em>Patterns of Invoicing Currency in Global Trade in a Fragmenting World Economy</em><strong>.</strong> Series: IMF Working Paper, 2025. Disponible en: <a href="https://www.imf.org/en/publications/wp/issues/2025/09/12/patterns-of-invoicing-currency-in-global-trade-in-a-fragmenting-world-economy-570297">https://www.imf.org/en/publications/wp/issues/2025/09/12/patterns-of-invoicing-currency-in-global-trade-in-a-fragmenting-world-economy-570297</a>.</p>
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<p>Gopinath, Gita. “Geopolitics and its impact on global trade and the dollar”<strong>.</strong> Washington, DC: <em>International Monetary Fund</em>, 8 de mayo de 2024. Disponible en: <a href="https://www.imf.org/en/news/articles/2024/05/07/sp-geopolitics-impact-global-trade-and-dollar-gita-gopinath">https://www.imf.org/en/news/articles/2024/05/07/sp-geopolitics-impact-global-trade-and-dollar-gita-gopinath</a>.</p>
<p>Instituto Tricontinental de Investigación Social. <em>Hiperimperialismo: una nueva etapa decadente y peligrosa.</em> Estudios sobre Dilemas Contemporáneos, n° 4, Enero de 2024. Disponible en: <a href="https://thetricontinental.org/es/estudios-sobre-dilemas-contemporaneos-4-hiper-imperialismo/">https://thetricontinental.org/es/estudios-sobre-dilemas-contemporaneos-4-hiper-imperialismo/</a>.</p>
<p>Lenin, Vladimir. <em>Imperialismo: fase superior do capitalismo</em>. São Paulo: Expressão Popular, 2012.</p>
<p>Marx, Karl. <em>O capital – Livro 1: Crítica da economia política. O processo de produção do capital. </em>Boitempo: São Paulo, 2023.</p>
<p>Mazzucchelli, Frederico. <em>Os dias de sol: a trajetória do capitalismo no pós-guerra</em>. Campinas, SP: Facamp, 2013.</p>
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<p>Patnaik, Utsa y Prabhat Patnaik. <em>Uma teoria do Imperialismo</em>. São Paulo: LavaPalavra, 2024.</p>
<p>Politics Today. “Russia and China settle 99% of trade in national currencies”. <em>World</em>. 6 de noviembre de 2025. Disponible en: <a href="https://politicstoday.org/russia-and-china-settle-99-of-trade-in-national-currencies/">https://politicstoday.org/russia-and-china-settle-99-of-trade-in-national-currencies/</a>.</p>
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<p>Tavares, Maria Conceição. “A retomada da hegemonia norte-americana”. <em>Revista de Economia Política</em>, São Paulo, v. 5, n. 2 (18), p. 157-167, abril/junio de 1985.</p>
<p>Tavares, Maria Conceição y Luis Eduardo Melin. “A reafirmação da hegemonia norte americana”. En: José Luís Fiori (ed.) <em>Poder e dinheiro.</em> Petrópolis: Vozes, 1997.</p>
</div>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Alerta Roja nº 22 &#124; La verdad entre los escombros</title>
		<link>https://thetricontinental.org/es/alerta-roja-22-venezuela/</link>
		
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		<pubDate>Thu, 02 Jul 2026 08:00:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Alerta Roja]]></category>
		<category><![CDATA[revolución bolivariana]]></category>
		<category><![CDATA[Bienes públicos]]></category>
		<category><![CDATA[Latin America]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra económica de EE. UU.]]></category>
		<category><![CDATA[medidas coercitivas unilaterales]]></category>
		<category><![CDATA[international solidarity]]></category>
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		<category><![CDATA[bolivarian revolution]]></category>
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					<description><![CDATA[Las narrativas falsas empañan la respuesta de Venezuela al terremoto. Desmontamos los mitos, documentamos el socorro y llamamos a que se levanten las sanciones y se liberen los activos públicos que siguen siendo inaccesibles en el extranjero.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone wp-image-149092 size-full" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Red-Alert-21-Cards_ES_TT.jpg" alt="" width="1200" height="630" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Red-Alert-21-Cards_ES_TT.jpg 1200w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Red-Alert-21-Cards_ES_TT-300x158.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Red-Alert-21-Cards_ES_TT-1024x538.jpg 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/07/Red-Alert-21-Cards_ES_TT-768x403.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 1200px) 100vw, 1200px"></div>
<p>Los desastres naturales revelan más que el movimiento de las placas tectónicas: la fortaleza de las sociedades, la resiliencia de las comunidades y las fallas políticas que determinan qué sufrimiento se ve y cuál se explota. A pocas horas de los devastadores terremotos que sacudieron a Venezuela el 24 de junio de 2026, las redes sociales y algunos sectores de la prensa internacional ya estaban difundiendo narrativas familiares. Antes incluso de que las operaciones de rescate pudieran comenzar en serio, el desastre se había transformado en otro campo de batalla en la larga campaña liderada por Estados Unidos para socavar el proceso bolivariano puesto en marcha por la elección de Hugo Chávez en 1998.</p>
<p>Nada de esto debe restar importancia a la inmensa tragedia que enfrenta el pueblo venezolano. Barrios enteros han quedado devastados. Cientos de edificios se han derrumbado. Hospitales, carreteras, puentes y otras infraestructuras públicas están en ruinas. Familias siguen buscando a sus seres queridos mientras los equipos de rescate luchan contra la lluvia, las réplicas y las dificultades de acceso por carretera. Pero la solidaridad requiere más que simpatía, requiere la verdad. Por eso, la alerta roja nº 22, <em>La verdad entre los escombros</em>, examina algunos de los mitos más comunes que circulan sobre el terremoto y los compara con la evidencia disponible.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Mito 1: El gobierno de Venezuela no ha respondido de manera efectiva al terremoto</h3>
<p>Es necesario comprender la magnitud de la catástrofe antes de poder emitir un juicio serio. El número de muertes aumenta cada día a medida que los equipos de primera respuesta y las personas voluntarias peinan los escombros, con decenas de miles de personas aún desaparecidas. Casi <a href="https://vtv.com.ve/atenciones-medicas-sismos-doce-mil/">200</a> edificios se derrumbaron por completo, y cientos más quedaron parcialmente destruidos. Los hospitales que normalmente recibirían a los heridos resultaron dañados a su vez. Un puente importante y varias carreteras sufrieron daños en el estado de La Guaira, que de los 6 estados afectados fue donde el terremoto golpeó con mayor intensidad, lo que dificulta extraordinariamente el traslado de equipos y efectivos de rescate a las zonas afectadas. Las lluvias continuas y las casi 800 réplicas han complicado aún más las operaciones de rescate, mientras que el derrumbe parcial del aeropuerto de Caracas ha obligado a los equipos de rescate internacionales a llegar a través de aeropuertos más distantes y luego desplazarse por carretera. Ningún país cuenta con una capacidad de emergencia ilimitada ante una destrucción de esta magnitud.</p>
<p>Sin embargo, Venezuela entró en esta catástrofe cargando con un peso adicional que pocos países han experimentado a esta escala: años de guerra económica a través de <a href="https://observatorio.gob.ve/#numeros-bloqueo-ingles-xpag-1/1/">medidas coercitivas unilaterales</a> impuestas principalmente por Estados Unidos y sus aliados. Estas medidas han congelado más de<a href="https://www.globovision.com/nacional/30875/viceministro-castillo-venezuela-tiene-unos-30-mil-millones-de-dolares-bloqueados-y-han-sido-usados"> 30.000 millones</a> de dólares en activos públicos venezolanos que, de otra manera, podrían haber fortalecido la preparación ante desastres, modernizado la infraestructura y financiado las reservas de emergencia. Han restringido gravemente la capacidad del país para adquirir equipo especializado de rescate, maquinaria pesada, medicamentos, repuestos y materiales de construcción, y han causado una migración masiva.</p>
<p>El endurecimiento de las sanciones impulsadas por Estados Unidos en 2017 impulsó la emigración y provocó una profunda fuga de trabajadorxs de los servicios públicos clave. La relatora especial de las Naciones Unidas, Alena Douhan, <a href="https://www.ohchr.org/en/statements-and-speeches/2021/02/preliminary-findings-visit-bolivarian-republic-venezuela-special">informó</a> que, para 2021, los servicios públicos habían perdido entre el 30% y el 50% de su personal, incluidos muchos médicxs, enfermeras, ingenierxs, maestrxs, jueces y otrxs profesionales calificadxs, y muchos hospitales públicos informaron que entre el 50% y el 70% de los puestos de especialistas estaban vacantes. Esta pérdida de personal debilitó la capacidad de respuesta ante emergencias del país: menos trabajadores capacitados, mayores cargas de trabajo para quienes se quedaron y servicios públicos menos capaces de responder cuando se producía un desastre.</p>
<p>Los efectos de los desastres naturales no pueden separarse de las condiciones políticas y económicas en las que ocurren. Sin embargo, Venezuela no es una víctima indefensa. A pesar del devastador costo en vidas humanas, el país comenzó a recuperarse lentamente. Tras una <a href="https://www.imf.org/-/media/files/publications/dp/2022/english/rsvcea.pdf">contracción</a> del 75 % en el PIB entre 2013 y 2021, el PIB de Venezuela <a href="https://www.reuters.com/world/americas/venezuela-economy-grew-over-9-2024-president-says-2025-01-01/">creció</a> alrededor del 9 % en 2024 y <a href="https://www.reuters.com/world/americas/venezuelas-maduro-says-economy-grew-9-2025-will-grow-7-2026-2025-12-10/">nuevamente</a> en 2025. <a href="https://mexico.embajada.gob.ve/2026/03/24/venezuela-consolida-produccion-alimentaria-y-fortalece-soberania-economica/">Pasó</a> de importar más del 70 % de su suministro de alimentos en 2017 a producir el 96 % a nivel nacional para marzo de 2026. Los ingresos petroleros, que habían caído de 93.000 millones de dólares en 2012 a 4.200 millones de dólares en 2020, se habían <a href="https://coha.org/venezuela-the-double-catastrophe/">recuperado</a> hasta alcanzar alrededor de <a href="https://www.reuters.com/business/energy/venezuela-oil-exports-brought-18-billion-2025-central-bank-says-2026-03-24/">18.000 millones de dólares</a> en los últimos años. La vida no estaba exenta de desafíos importantes, ni el país había regresado a los niveles previos a la crisis, pero —a pesar de las cerca de 1.000 medidas coercitivas unilaterales que siguen vigentes— la economía, la infraestructura, los servicios públicos y la calidad de vida de gran parte de la población de Venezuela habían comenzado a mejorar, incluida la respuesta ante desastres.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Mito 2: El gobierno venezolano está bloqueando la ayuda humanitaria</h3>
<p>Quizás la afirmación que más se ha difundido ha sido que las autoridades venezolanas han impedido deliberadamente que las personas voluntarias y la ayuda lleguen a las comunidades afectadas. Sin embargo, las operaciones modernas de búsqueda y rescate dependen de una coordinación minuciosa. Los perros de rescate necesitan silencio para detectar a personas sobrevivientes bajo los escombros. La maquinaria pesada requiere rutas de acceso despejadas. Las ambulancias necesitan carreteras sin congestión. El movimiento descoordinado de miles de civiles por las zonas de desastre, por muy bien intencionado que sea, puede obstaculizar las operaciones de rescate y costar vidas.</p>
<p>Los informes desde el terreno indican que los vehículos de rescate quedaban atrapados en el tráfico civil. Trayectos que normalmente toman 40 minutos tardaban horas. Las ambulancias que transportaban a víctimas con heridas graves se veían retrasadas por carreteras congestionadas e intransitables. Restringir el acceso a las zonas de desastre no es, por lo tanto, evidencia de represión, sino más bien una práctica estándar de emergencia empleada en todo el mundo.</p>
<p>Al mismo tiempo, la participación organizada de personas voluntarias ha sido amplia desde el inicio, con miles registradas formalmente después del 26 de junio para realizar esfuerzos coordinados de socorro junto a los servicios profesionales de emergencia, asegurando que la solidaridad fortalezca, en lugar de entorpecer, las operaciones de rescate. La cuestión nunca ha sido si los civiles deben ayudar, sino si la asistencia se organiza de manera que salve vidas.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Mito 3: Las comunidades afectadas están siendo desatendidas por el gobierno venezolano</h3>
<p>El primer día de la tragedia, los esfuerzos conjuntos de Protección Civil, las Fuerzas Armadas Nacionales Bolivarianas (FANB), la policía y las familias y comunidades de las víctimas <a href="https://www.youtube.com/watch?v=TFgC2GVblOY&amp;t=4s">permitieron</a> rescatar a 2.407 personas de las zonas más afectadas de La Guaira. Para el primero de julio, una semana después del terremoto, se habían desplegado en toda la zona del desastre aproximadamente 26.000 <a href="https://www.youtube.com/watch?v=efYakl-0si0">efectivos</a> de organismos de protección civil, servicios de emergencia, policía, fuerzas armadas y otras instituciones públicas. Alrededor de 17.000 personas <a href="https://albaciudad.org/2026/06/jorge-rodriguez-balance-30-junio-terremotos-venezuela/">voluntarias</a> se habían sumado formalmente a las operaciones de socorro. En todas las zonas afectadas, se ha rescatado a 6.461 personas. Las autoridades han coordinado los esfuerzos de rescate con más de 4.000 integrantes de equipos de rescate extranjeros y al menos 41 delegaciones internacionales que participan en las iniciativas humanitarias. La respuesta humanitaria ya ha entregado directamente casi 9 millones de kilogramos de alimentos, alrededor de 28.000 paquetes de alimentos y 3,2 millones de litros de agua potable a las zonas afectadas —cifras que aumentan significativamente cada día gracias a los esfuerzos de socorro en curso y a los informes diarios de la Asamblea Nacional—. Más de 80.000 familias han recibido asistencia, que incluye alimentos, transporte, atención médica, apoyo psicológico y refugio de emergencia.</p>
<p>Los equipos médicos han atendido a más de 17.000 personas en hospitales, clínicas de campo y centros de triaje de emergencia. El servicio eléctrico se ha restablecido en gran medida en todas las zonas afectadas. Las acusaciones de que las viviendas construidas a través de la Gran Misión Vivienda Venezuela —el programa emblemático de vivienda del gobierno, que ha proporcionado vivienda a<a href="https://ultimasnoticias.com.ve/economia/gran-mision-vivienda-venezuela-entrego-mas-de-5-millones-de-hogares-en-2025/"> 5,2 millones</a> de familias— estaban mal construidas se desmoronaron cuando las construidas en gobiernos anteriores y por contratistas privados sufrieron daños similares. Se han abierto 13 grandes centros de acogida en La Guaira, y hay 12 más en funcionamiento en Caracas, Miranda y otros estados afectados, además de que se están llevando a cabo esfuerzos de expansión. Ninguno de estos logros borra el enorme sufrimiento que persiste. Pero demuestran que, lejos de quedarse de brazos cruzados, las instituciones públicas de Venezuela y miles de ciudadanxs organizadxs continúan con los esfuerzos de socorro en condiciones extraordinariamente difíciles.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Mito 4: La preocupación de Estados Unidos por Venezuela puede separarse de su guerra híbrida</h3>
<p>Toda contribución humanitaria genuina merece reconocimiento, independientemente de su origen. Pero los gestos humanitarios no pueden separarse de la realidad política más amplia ni del registro histórico. Estados Unidos sigue imponiendo sanciones que han debilitado sistemáticamente la economía de Venezuela, restringido su acceso a las finanzas internacionales, bloqueado las importaciones de bienes esenciales y congelado miles de millones de dólares que pertenecen al pueblo venezolano. No se puede elogiar la asistencia humanitaria y, al mismo tiempo, mantener políticas que agravan las emergencias humanitarias.</p>
<p>Las sanciones y otras medidas coercitivas unilaterales suelen ser políticamente efectivas precisamente porque son invisibles. A diferencia de las bombas, rara vez producen imágenes dramáticas. En cambio, erosionan lentamente los sistemas de salud pública, la infraestructura, la capacidad productiva y las instituciones estatales a lo largo de muchos años. Cuando finalmente ocurre un desastre, las instituciones debilitadas se presentan entonces como evidencia de la incompetencia gubernamental, en lugar del efecto acumulativo de una guerra económica deliberada. El costo humano de esta guerra económica ha sido devastador: las sanciones de EE. UU. <a href="https://cepr.net/images/stories/reports/venezuela-sanctions-2019-04.pdf">causaron</a> más de 40.000 muertes entre 2017 y 2018 y pusieron a 300.000 personas en riesgo de correr la misma suerte al carecer de acceso a medicamentos o tratamientos esenciales.</p>
<p>Aproximadamente 31 toneladas de oro venezolano —valoradas en unos<a href="https://www.theguardian.com/business/2026/jan/06/bank-of-england-venezuelan-gold-nicolas-maduro-us-uk"> 1.950 millones</a> de dólares en 2020— siguen retenidas en el Banco de Inglaterra después de que el Reino Unido se alineara con la campaña de presión de Washington contra Venezuela. El país también enfrenta una carga de deuda estimada en alrededor <a href="https://elpais.com/america/2026-05-13/venezuela-anuncia-la-reestructuracion-formal-de-su-deuda-externa-tras-casi-una-decada-en-default.html">de 240.000 millones de dólares</a>, que incluye bonos soberanos y de PDVSA en mora, intereses devengados, facturas impagas, laudos arbitrales y préstamos bilaterales. Aunque las sanciones financieras impuestas en 2017 no generaron toda esta carga de deuda, aislaron a Venezuela de los mercados financieros de EE. UU. y limitan gravemente su capacidad para pagar los intereses y reestructurar sus obligaciones. La retención continuada de activos y el exceso de deuda obstaculizan los esfuerzos del país por reconstruir la infraestructura, proporcionar vivienda y atender a las personas sobrevivientes con dignidad.</p>
<p>El gesto humanitario más significativo hoy no sería otra declaración de preocupación. Sería el levantamiento inmediato de todas las medidas coercitivas unilaterales y la liberación de los activos soberanos congelados de Venezuela para la reconstrucción.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Mito 5: El terremoto demuestra que el proceso bolivariano ha fracasado</h3>
<p>El desastre ha puesto de manifiesto la capacidad de una sociedad organizada, capaz de actuar colectivamente bajo una presión extraordinaria. Las comunas, las organizaciones vecinales, las redes de salud pública, los sistemas de distribución de alimentos, las brigadas de personas voluntarias y las instituciones locales construidas a lo largo de décadas se han vuelto indispensables para la respuesta de emergencia. En todo el país, las comunidades organizadas han movilizado alimentos, refugio, transporte, atención médica y voluntarios a través de estructuras que datan de mucho antes del terremoto.</p>
<p>Ninguna sociedad puede eliminar el sufrimiento que produce un desastre de esta magnitud. Pero las sociedades con comunidades organizadas suelen estar mejor preparadas para resistir y responder a tales crisis que aquellas que dependen exclusivamente de los mercados y la iniciativa privada. Esta resiliencia no surgió de manera espontánea. Se basa en <a href="https://thetricontinental.org/es/dossier-chavez-pensamiento-estrategico/">décadas</a> de inversión en educación pública, alfabetización, atención de salud y organización comunitaria. Desde el inicio del proceso bolivariano, <a href="https://www.counterpunch.org/2026/05/18/communal-consults-and-venezuelas-fight-for-the-future/">millones</a> de venezolanxs han tenido acceso a la educación, se ha <a href="https://mppp.gob.ve/wp-content/uploads/2023/11/VEC_enero2023.pdf">erradicado</a> el analfabetismo, nuevas universidades públicas han ampliado la educación superior y la inversión pública en salud ha aumentado drásticamente. A pesar del daño infligido por <a href="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2019/06/190604_Dossier-17_ES-Web-Final-2.pdf">la guerra híbrida</a> liderada por Estados Unidos, estos <a href="https://peoplesdispatch.org/2026/01/12/washingtons-war-on-sovereignty-and-development-in-venezuela/">avances</a> han fortalecido no solo los indicadores sociales, sino también las formas de organización colectiva que se vuelven indispensables en momentos de emergencia nacional.</p>
<p>Para el pueblo venezolano, se deben adoptar las siguientes medidas:</p>
<ol>
<li>Todas las medidas coercitivas unilaterales, incluidas las sanciones económicas, impuestas a Venezuela deben levantarse de inmediato, y los activos públicos venezolanos que permanezcan congelados, retenidos o inaccesibles de cualquier otra forma en el extranjero deben ser liberados.</li>
<li>Se debe poner fin a toda forma de intervención extranjera.</li>
<li>Se debe cancelar la deuda externa de Venezuela.</li>
<li>La ayuda humanitaria debe coordinarse con las instituciones públicas y las comunidades organizadas de Venezuela, en lugar de utilizarse como un instrumento de intervención política o militar.</li>
<li>Los movimientos internacionales deben seguir apoyando al pueblo venezolano mucho después de que la atención de los medios internacionales, inevitablemente, se desvíe hacia otros temas.</li>
</ol>
<p>Los desastres naturales no se pueden prevenir. Pero el hecho de que se conviertan en catástrofes humanitarias depende de decisiones políticas. El pueblo venezolano enfrenta ahora el inmenso desafío de reconstruir hogares, escuelas, hospitales y comunidades, al tiempo que soporta las consecuencias de décadas de guerra económica. Por lo tanto, la solidaridad internacional debe significar más que simpatía: debe rechazar los mitos promovidos por los enemigos de Venezuela, exigir el fin de las sanciones y las restricciones a los activos que han debilitado la capacidad de respuesta de Venezuela, y defender el derecho del país a recuperarse, reconstruirse y determinar su propio <a href="https://thetricontinental.org/es/dossier-el-futuro/">futuro</a> libre de coacción externa.</p>
<p>Cordialmente,</p>
<p>Vijay</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Cincuenta años después de Soweto: una lucha que no se registra no es una lucha</title>
		<link>https://thetricontinental.org/es/boletin-de-arte-no-lucha-sin-registro/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 28 Jun 2026 03:00:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Boletín de Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Nakba]]></category>
		<category><![CDATA[journalism]]></category>
		<category><![CDATA[anti-apartheid struggle]]></category>
		<category><![CDATA[cultural resistance]]></category>
		<category><![CDATA[apartheid]]></category>
		<category><![CDATA[africa]]></category>
		<category><![CDATA[soweto]]></category>
		<category><![CDATA[Black Consciousness Movement]]></category>
		<category><![CDATA[Black Consciousness]]></category>
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					<description><![CDATA[Las y los fotógrafos sudafricanos que lucharon contra el apartheid no se limitaron a registrar la brutalidad. Conservaron pruebas, construyeron una memoria colectiva y convirtieron la cámara en un arma de formación política y solidaridad internacional.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align:center;">Boletín de Arte Tricontinental n° 28 (junio de 2026)</h4>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-148168" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/AB28_Header.jpg" alt="" width="950" height="550" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/AB28_Header.jpg 950w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/AB28_Header-300x174.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/AB28_Header-768x445.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></div>
<div>
<div class="rm-b-e-md">

<p class="single-post--content--text-small text-center">Este boletín de arte está dedicado a Abdullah Ibrahim (1934-2026), el legendario músico sudafricano de jazz y militante contra el apartheid que falleció este mes. Durante su vida, convirtió la expresión cultural en un arma de lucha, en particular el piano, en un profundo acto de resistencia política, entre otras formas a través de su canción <a href="https://www.youtube.com/watch?v=HhACPRwzIOo"><em>Soweto</em></a>.</p>
</div>
</div>
<p>Ubícate en la esquina de las calles Moema y Vilakazi, en Orlando West, Soweto, Sudáfrica. Aquí fue baleado <a href="https://sahistory.org.za/people/hector-pieterson">Hector Pieterson</a> de 12 años, a las nueve y media de la mañana del 16 de junio de 1976, hace ya medio siglo este mes. Ahora mira hacia abajo. Cerca de este lugar, el fotógrafo <a href="https://sahistory.org.za/people/masana-sam-nzima">Masana Samuel “Sam” Nzima</a> tomó seis encuadres con una Pentax SL y un lente de 50 mm. El tercero se convirtió en una imagen que recorrió el mundo: Mbuyisa Makhubo, de 18 años, corriendo con el cuerpo de Hector en brazos, mientras su hermana Antoinette Sithole corría a su lado. En el suelo, a sus pies, una profunda sombra se proyecta sobre el asfalto. Esa sombra es una evidencia: registra el ángulo del sol de la mañana, el tramo específico de la carretera de Soweto y el instante exacto en que el Estado del apartheid disparó contra un niño en edad escolar.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_148060" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-148060" class="wp-image-148060 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/01_Sam-Nzima-Hector-Pieterson-June-16-1976-830x1024.jpeg" alt="" width="830" height="1024" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/01_Sam-Nzima-Hector-Pieterson-June-16-1976-830x1024.jpeg 830w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/01_Sam-Nzima-Hector-Pieterson-June-16-1976-243x300.jpeg 243w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/01_Sam-Nzima-Hector-Pieterson-June-16-1976-768x948.jpeg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/01_Sam-Nzima-Hector-Pieterson-June-16-1976-1245x1536.jpeg 1245w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/01_Sam-Nzima-Hector-Pieterson-June-16-1976-1660x2048.jpeg 1660w" sizes="auto, (max-width: 830px) 100vw, 830px"><p id="caption-attachment-148060" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Hector Pieterson siendo trasladado por Mbuyisa Makhubo, 16 de junio de 1976. Créditos: Fotografía de Sam Nzima.</small></p></div>
</div>
<p>Esta imagen se convirtió en un símbolo internacional. Fue reproducida innumerables veces en afiches y serigrafiada en millones de camisetas durante la década de 1980 por el movimiento internacional de solidaridad antiapartheid, desde la Organización de Solidaridad de los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), en La Habana, y el Movimiento Antiapartheid (AAM por su sigla en inglés), en Londres, hasta el <a href="https://thetricontinental.org/es/dossier-71-ensamble-de-arte-medu/">Medu Art Ensemble</a> en Gaborone, Botsuana. En conjunto, estos grupos hicieron visibles las brutalidades del régimen del apartheid y ayudaron a poner en marcha un movimiento mundial para derrotarlo. Sin embargo, este boletín no trata sobre una sola fotografía, sino sobre una generación de fotógrafas y fotógrafos que registró el apartheid, revelando sus sombras y la lucha de liberación en su contra.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Fotografiando el levantamiento de Soweto</h3>
<p>El 16 de junio de 1976, entre 3.000 y 10.000 estudiantes marcharon en 11 columnas hacia el estadio Orlando. Su reivindicación inmediata era la imposición del afrikáans como lengua de enseñanza en las escuelas para africanos, decretada sin consulta alguna. Su agravio más profundo era la <a href="https://sahistory.org.za/archive/bantu-education-act-act-no-47-1953">Educación Bantú</a> o, como la había concebido durante más de dos décadas el primer ministro Hendrik Verwoerd, un sistema “separado e inferior”, diseñado para enseñar a lxs niñxs negros que no había lugar para ellxs más allá de determinadas formas de trabajo.</p>
<p>El Consejo Representativo Estudiantil de Soweto, encabezado por Teboho “Tsietsi” Mashinini y Murphy Morobe, ambos de 19 años, y Seth Mazibuko, de 16 años, había decidido iniciar la marcha desde la escuela secundaria Naledi el 13 de junio.</p>
<p>Los primeros disparos se produjeron alrededor de las 09h30. Lesley “Hastings” Ndlovu, de 15 años, fue el primer niño asesinado. Hector Pieterson fue el segundo. Al finalizar ese día, al menos 23 personas habían muerto en Soweto, la mayoría estudiantes y jóvenes. Al terminar el año, más de 700 personas habían sido asesinadas en todo el país.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_148068" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-148068" class="wp-image-148068 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/02_Ernest-Cole-Students-kneel-on-floor-to-write.-Government-is-casual-about-furnishing-schools-for-blacks.-South-Africa-1960s-1024x696.png" alt="" width="1024" height="696" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/02_Ernest-Cole-Students-kneel-on-floor-to-write.-Government-is-casual-about-furnishing-schools-for-blacks.-South-Africa-1960s-1024x696.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/02_Ernest-Cole-Students-kneel-on-floor-to-write.-Government-is-casual-about-furnishing-schools-for-blacks.-South-Africa-1960s-300x204.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/02_Ernest-Cole-Students-kneel-on-floor-to-write.-Government-is-casual-about-furnishing-schools-for-blacks.-South-Africa-1960s-768x522.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/02_Ernest-Cole-Students-kneel-on-floor-to-write.-Government-is-casual-about-furnishing-schools-for-blacks.-South-Africa-1960s-1536x1045.png 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/02_Ernest-Cole-Students-kneel-on-floor-to-write.-Government-is-casual-about-furnishing-schools-for-blacks.-South-Africa-1960s-2048x1393.png 2048w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-148068" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Estudiantes escribiendo arrodillados en el piso, década de 1960. Créditos: Fotografía de Ernest Cole.</small></p></div>
</div>
<p>Junto a lxs estudiantes estaban los fotógrafos. Sam Nzima trabajaba para <em>The World</em>, el periódico negro más importante del país en ese momento, Peter Magubane fotografiaba para el <em>Rand Daily Mail</em> y Alf Kumalo trabajaba para el <em>Sunday Times</em>. Fotografiaron, fueron golpeados y algunos detenidos. Sacaron clandestinamente los negativos por todos los medios a su alcance.</p>
<p>Kumalo, que vivía en Soweto y documentó el poblado durante medio siglo, fue perseguido por las mismas fuerzas del apartheid que fotografiaba. <a href="https://www.npr.org/sections/pictureshow/2012/10/25/163557205/remembering-alf-kumalo-chronicler-of-life-under-apartheid">Recordó</a>, “Fui arrestado, golpeado. Me partieron el cráneo”.</p>
<p>No fueron solo los fotógrafos quienes fueron testigos de las atrocidades aquel día en Soweto. Dentro del Hospital Chris Hani Baragwanath, el Dr. Malcolm Klein <a href="https://brandsouthafrica.com/109018/hastings-ndlovu-150605/">notó</a> que algunas de las personas heridas llegaban con “heridas extrañas: pequeños orificios de entrada en la parte superior del cuerpo, con orificios de salida más grandes en la parte inferior”. Lxs médicxs se dieron cuenta más tarde de que la policía había disparado desde helicópteros que sobrevolaban la zona. Cuando la policía exigió una lista de todas las personas ingresadas con heridas de bala para que pudieran ser procesadas por “disturbios”, el personal médico y los encargados de admisión se negaron. En su lugar, registraron el motivo de ingreso como “absceso”. “De esta manera”, dijo Klein, “protegimos a un número desconocido de pacientes de ser victimizadxs dos veces por la brutalidad policial”.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">La cámara fue mi arma</h3>
<p>Las cámaras siguieron funcionando después de esa mañana y, durante décadas, la fotografía se convirtió en algo más que un registro de los hechos. Se transformó en una práctica de formación política, memoria colectiva y resistencia. “Una lucha sin registro no es una lucha”, <a href="https://www.thejournalist.org.za/kau-kauru/camera-gun-legend-peter-magubane/">recordó</a> Peter Magubane que les dijo a los jóvenes manifestantes que se negaban a que les tomaran fotos aquella mañana en Soweto. El propio Magubane había pasado 586 días en confinamiento solitario en 1969 por su trabajo fotográfico, escondiendo a menudo su cámara en una Biblia ahuecada.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_148077" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-148077" class="wp-image-148077 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/03_Peter-Magubane-funeral-procession-in-Zwelitsha-King-Williams-Town-Eastern-Cape-1978-1024x917.png" alt="" width="1024" height="917" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/03_Peter-Magubane-funeral-procession-in-Zwelitsha-King-Williams-Town-Eastern-Cape-1978-1024x917.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/03_Peter-Magubane-funeral-procession-in-Zwelitsha-King-Williams-Town-Eastern-Cape-1978-300x269.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/03_Peter-Magubane-funeral-procession-in-Zwelitsha-King-Williams-Town-Eastern-Cape-1978-768x688.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/03_Peter-Magubane-funeral-procession-in-Zwelitsha-King-Williams-Town-Eastern-Cape-1978.png 1342w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-148077" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Procesión fúnebre en Zwelitsha, King William’s Town (hoy Qonce), Cabo Oriental, 1978. Créditos: Fotografía de Peter Magubane.</small></p></div>
</div>
<p>Observa una de las fotografías de Magubane, publicada en <em>Soweto: The Fruit of Fear</em> [Soweto: el fruto del miedo] (1986). Un autobús repleto de dolientes, con los puños en alto a través de las ventanas, más personas en el techo, una fila de autos detrás y colinas abiertas más allá. El año es 1978. El lugar es el Cabo Oriental, la región de <a href="https://sahistory.org.za/people/stephen-bantu-biko">Steve Biko</a>, cofundador del Movimiento de la Conciencia Negra que inspiró el Levantamiento de Soweto. Biko había sido asesinado bajo custodia policial el septiembre anterior. Aquí, Magubane documenta una nueva forma política bajo el apartheid, en la que las procesiones fúnebres se convirtieron en sustitutos de las reuniones y marchas que habían sido prohibidas. En este contexto, las cámaras también adquirieron un nuevo significado. Como <a href="https://www.thejournalist.org.za/kau-kauru/camera-gun-legend-peter-magubane/">dijo</a> Magubane: “Pude llevar mi arma; la cámara era mi arma. Pude terminar con el apartheid con mi arma”.</p>
<p>Veamos otra imagen, esta vez de Ernest Cole. Una fila de hombres negros, desnudos y de espaldas a una pared, levantan los brazos mientras son sometidos al examen médico de los trabajadores mineros bajo el sistema de mano de obra migrante del apartheid. El mismo aparato que clasificaba esos cuerpos había catalogado a Cole. Para obtener el pasaporte que le permitió salir de Sudáfrica con sus negativos, se reclasificó de “negro” a “mestizo” y cambió su apellido de Kole al más anglófono Cole. Los negativos que sacó, incluida la imagen de los mineros, se publicaron en Estados Unidos en 1967 como el libro <em>House of Bondage</em> [La casa de la esclavitud]. El libro fue prohibido en su país. Después de que la embajada sudafricana se negara a renovar su pasaporte, Cole pasó años viviendo en las calles. En 1990, uno de los más grandes fotógrafos de Sudáfrica murió apátrida en Nueva York. Sus cenizas fueron devueltas más tarde a Sudáfrica y enterradas en Mamelodi.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><div id="attachment_148086" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-148086" class="wp-image-148086 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/04_Lesley-Lawson-Night-cleaner-polishing-the-boardroom-table-Johannesburg-1984-1024x688.jpg" alt="" width="1024" height="688" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/04_Lesley-Lawson-Night-cleaner-polishing-the-boardroom-table-Johannesburg-1984-1024x688.jpg 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/04_Lesley-Lawson-Night-cleaner-polishing-the-boardroom-table-Johannesburg-1984-300x202.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/04_Lesley-Lawson-Night-cleaner-polishing-the-boardroom-table-Johannesburg-1984-768x516.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/04_Lesley-Lawson-Night-cleaner-polishing-the-boardroom-table-Johannesburg-1984-1536x1032.jpg 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/04_Lesley-Lawson-Night-cleaner-polishing-the-boardroom-table-Johannesburg-1984.jpg 1696w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-148086" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Night Cleaner Polishing the Boardroom Table [Limpiadora nocturna puliendo la mesa de la sala de reuniones], Johannesburgo, 1984. Créditos: Fotografía de Lesley Lawson.</small></p></div></div>
<p>Fijémonos en el libro de Lesley Lawson <em>Working Women </em>[Mujeres trabajadoras] (1985). Ella pasó los primeros años de la década de 1980 fotografiando a mujeres negras trabajando en toda Sudáfrica. Desde trabajadoras domésticas en cocinas suburbanas blancas y obreras en líneas de producción hasta jornaleras agrícolas en granjas de propietarios blancos. El libro acompañaba sus fotografías con las propias palabras de las mujeres sobre horas, salarios y el viaje al trabajo, ofreciendo un registro visual a mujeres cuyo trabajo sostenía la economía del apartheid, pero era en gran medida invisible en la iconografía mediática de la década. Lawson trabajó con el Comité Sudafricano para la Educación Superior (SACHED por su sigla en inglés), organismo encargado de la educación de lxs trabajadorxs, y <em>Working Women</em> funcionó no solo como una herramienta de enseñanza para grupos de estudio de trabajadorxs, sino también como un registro documental.</p>
<p>Veamos la serie fotográfica de Santu Mofokeng de 1986, <em>Train Church</em> [Iglesia en el tren]. Una imagen captura un vagón de la línea de cercanías Soweto-Johannesburgo al amanecer: lxs trabajadorxs están de pie con las manos en alto, en medio de un canto, mientras un hombre golpea la pared interior del tren como si fuera un tambor. El tren de cercanías, el mecanismo diario de la economía del apartheid que transportaba a las personas trabajadoras negras hacia y desde la ciudad blanca antes del amanecer y después del anochecer, se transformó en una iglesia, donde en su mayoría mujeres de mediana edad con ropa de trabajo cantaban, predicaban y encontraban consuelo. Era “un ritual diario”, como lo <a href="https://americansuburbx.com/2012/05/santu-mofokeng-photographing-resistance-to-the-menace-and-alienation-of-apartheid-transport-santu-mofokengs-train-churches-1996.html">llamó</a> Mofokeng. A pesar de la lógica deshumanizadora de la economía del apartheid, las trabajadoras negras construían activamente la vida cultural y espiritual que el sistema quería negarles. El compromiso de Mofokeng, como dijo, era fotografiar “a los sudafricanos negros comunes y corrientes en el quehacer cotidiano de la vida”, la supervivencia y la vida colectiva como resistencia.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><div id="attachment_148094" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-148094" class="wp-image-148094 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/05_Santu-Mofokeng_Hands-in-Worship-From-Train-Church-1986-1024x671.webp" alt="" width="1024" height="671" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/05_Santu-Mofokeng_Hands-in-Worship-From-Train-Church-1986-1024x671.webp 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/05_Santu-Mofokeng_Hands-in-Worship-From-Train-Church-1986-300x197.webp 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/05_Santu-Mofokeng_Hands-in-Worship-From-Train-Church-1986-768x503.webp 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/05_Santu-Mofokeng_Hands-in-Worship-From-Train-Church-1986-1536x1007.webp 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/05_Santu-Mofokeng_Hands-in-Worship-From-Train-Church-1986.webp 1654w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-148094" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Hands in Worship, Johannesburg–Soweto Line from the series Train Church [Manos en adoración, línea Johannesburgo-Soweto, de la serie Iglesia en el tren], 1986. Créditos: Fotografía de Santu Mofokeng.</small></p></div></div>
<p>Ninguno de estxs fotógrafxs trabajaba por su cuenta. Todxs formaban parte de esta vida colectiva, y muchos participaban en la organización política. <a href="https://sahistory.org.za/people/omar-badsha">Omar Badsha</a>, nacido en la comunidad india de Durban en 1945, fue sindicalista antes de convertirse en fotógrafo. Se desempeñó como el primer secretario general del Sindicato Industrial de Trabajadores Químicos. Compró su primera cámara en 1975 para documentar las condiciones en las fábricas e impartir clases a los trabajadores. En 1981, Badsha ayudó a fundar Afrapix, un colectivo de unas 40 fotógrafas y fotógrafos, que operaba desde la Casa Khotso del Consejo Sudafricano de Iglesias en Johannesburgo ⎯allanada y posteriormente bombardeada en 1986⎯ que tenía cuartos oscuros en Durban y Ciudad del Cabo.</p>
<p>El hilo conductor que unía toda esta obra fotográfica y política fue Conciencia Negra, un movimiento y un conjunto de ideas articuladas por primera vez por Steve Biko. En el <a href="https://consciousness.co.za/the-definition-of-black-consciousness-by-bantu-stephen-biko/">Manifiesto Político de la Organización de Estudiantes Sudafricanos</a> de 1973, Biko escribió que el Movimiento de Conciencia Negra “busca infundir en la comunidad negra un orgullo renovado por sí misma, por sus esfuerzos, sus sistemas de valores, su cultura, su religión y su visión de la vida”. El “hombre negro” tal como lo definió Biko era una categoría política que abarcaba a todas aquellas personas a quienes el Estado del apartheid había clasificado en sus categorías de no blancas. Es decir, los trabajadores africanos de las minas y los barrios marginales, los trabajadores de color de las fábricas y los muelles del Cabo, los descendientes de los trabajadores indios y chinos contratados que Gran Bretaña había traído para cosechar caña de azúcar o trabajar en las minas de oro, considerados como una mayoría definida por su relación con el capital blanco. Por esta razón, subrayó Biko, “no se debe subestimar la importancia de la solidaridad negra para los diversos segmentos de la comunidad negra”. La fotografía del movimiento contra el apartheid también tenía como objetivo visibilizar todo un orden visual y racial colonial y forjar la solidaridad necesaria para desmantelarlo.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">Solo una pequeña atrocidad, en lo profundo de la ciudad</h3>
<p>Cincuenta años después, más de tres décadas desde el fin legal del apartheid, el sistema racial-capitalista persiste. La fotografía de Hector Pieterson y la conmemoración anual del 16 de junio en Soweto siguen inspirando a nuevas generaciones de jóvenes en Sudáfrica, en todo el continente y en toda la diáspora en sus propias luchas por la obra inconclusa de la liberación.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_148102" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-148102" class="wp-image-148102 size-large" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/06_Alf-Kumalo_Youths-in-Diepsloot-Soweto-are-silhouetted-against-the-night-sky-1970s-1024x689.png" alt="" width="1024" height="689" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/06_Alf-Kumalo_Youths-in-Diepsloot-Soweto-are-silhouetted-against-the-night-sky-1970s-1024x689.png 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/06_Alf-Kumalo_Youths-in-Diepsloot-Soweto-are-silhouetted-against-the-night-sky-1970s-300x202.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/06_Alf-Kumalo_Youths-in-Diepsloot-Soweto-are-silhouetted-against-the-night-sky-1970s-768x517.png 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/06_Alf-Kumalo_Youths-in-Diepsloot-Soweto-are-silhouetted-against-the-night-sky-1970s-1536x1034.png 1536w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/06_Alf-Kumalo_Youths-in-Diepsloot-Soweto-are-silhouetted-against-the-night-sky-1970s.png 1682w" sizes="auto, (max-width: 1024px) 100vw, 1024px"><p id="caption-attachment-148102" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Jóvenes en Diepsloot, Johannesburgo, silueteados contra el cielo nocturno, década de 1970. Créditos: Fotografía de Alf Kumalo.</small></p></div>
</div>
<p>La lucha no es solo sudafricana. Desde que comenzó el genocidio israelí respaldado por Estados Unidos en octubre de 2023, más de 200 periodistas palestinos, entre ellos fotógrafas y fotógrafos, han sido asesinados. Entre quienes han obligado al mundo a seguir prestando atención a Gaza se encuentran <a href="about:blank">Bisan Owda</a>, cuyos videos diarios en redes sociales desde Gaza han llegado a decenas de millones de personas. Wael Dahdouh, jefe de la oficina de Al Jazeera que siguió informando después de enterrar a su hijo, el camarógrafo Hamza Dahdouh, en enero de 2024. Junto a ellos hay innumerables fotógrafxs, periodistas y personas comunes palestinas que documentan la destrucción de su propio mundo a medida que ocurre. El dossier de Tricontinental, <a href="https://thetricontinental.org/es/dossier-resistencia-cultural-palestina/"><em>A pesar de todo: resistencia cultural por una Palestina libre</em></a>, traza la trayectoria a largo plazo de lxs trabajadorxs culturales palestinxs que documentan la resistencia desde la Nakba, insistiendo en que una lucha sin registro no es una lucha.</p>
<p>Como cantó Miriam Makeba en “<a href="https://www.youtube.com/watch?v=YGbEQ210_J4">Soweto Blues</a>”, el Estado intentó reducir la masacre a “una pequeña atrocidad, en lo más profundo de la ciudad”. Cincuenta años después, las fotografías, las canciones, los testimonios y los archivos de la lucha siguen resistiéndose a ese borrado:</p>
<blockquote><p>Los niños recibieron una carta del amo<br>
Decía: ya no más xhosa, sotho, ya no más zulú<br>
Negándose a obedecer, dieron su respuesta<br>
Y entonces llegó la policía al rescate<br>
Niños volaban, balas, morían<br>
Las madres gritaban y lloraban<br>
Los padres trabajaban en las ciudades<br>
El noticiero de la noche difundió la noticia:<br>
Solo una pequeña atrocidad, en lo más profundo de la ciudad</p></blockquote>
<p>En solidaridad,</p>
<p>Tings Chak</p>
<p>Directora de Arte, Instituto Tricontinental de Investigación Social</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Amílcar Cabral</title>
		<link>https://thetricontinental.org/es/libro-amilcar-cabral/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jun 2026 18:11:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Amílcar Cabral]]></category>
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					<description><![CDATA[Este es el séptimo libro conjunto de la Unión Internacional de Editoriales de Izquierda (IULP) y reúne tres artículos de Amílcar Cabral, revolucionario y líder del proceso de liberación de Guinea-Bissau y Cabo Verde, poco conocidos y difundidos hasta la fecha.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<p>En esta edición participan 17 editoriales de diversos países del Sur Global, además de la Fundación Amílcar Cabral, de Cabo Verde, y el Instituto Tricontinental de Investigación Social. Son textos que recuperan la importancia de la Revolución Rusa y del legado de Lenin para las luchas anticoloniales, en especial para los procesos de liberación en África en los 1970. Este libro cuenta con una presentación de Desmond Fonseca que contextualiza la vida y el pensamiento de Amílcar Cabral en la historia de Guinea-Bissau, Cabo Verde y del movimiento de izquierda. Además, los textos de Luiz Fonseca, presidente de la Fundación Amílcar Cabral, en Cabo Verde, y de João Pedro Stedile, de la coordinación del Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra de Brasil, recuperan la importancia y la actualidad del pensamiento y la praxis de Amílcar Cabral para las luchas sociales de hoy.</p>
<p style="text-align: center;"><a class="btn btn-primary" href="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Amilcar-IULP-espanhol-1.pdf">Descargar PDF</a></p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="size-large wp-image-145279 aligncenter" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Amilcar-Cabral-book-cover-662x1024.jpg" alt="" width="662" height="1024" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Amilcar-Cabral-book-cover-662x1024.jpg 662w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Amilcar-Cabral-book-cover-194x300.jpg 194w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Amilcar-Cabral-book-cover-768x1187.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Amilcar-Cabral-book-cover-994x1536.jpg 994w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Amilcar-Cabral-book-cover-1325x2048.jpg 1325w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Amilcar-Cabral-book-cover.jpg 1790w" sizes="auto, (max-width: 662px) 100vw, 662px"></div>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La encrucijada de Asia Oriental: contradicciones y posibilidades en la nueva Guerra Fría</title>
		<link>https://thetricontinental.org/es/dossier-este-de-asia-doble-vinculo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 02 Jun 2026 08:00:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Dossier]]></category>
		<category><![CDATA[New Cold War]]></category>
		<category><![CDATA[multilateralismo]]></category>
		<category><![CDATA[Cerco de China]]></category>
		<category><![CDATA[lucha de clases]]></category>
		<category><![CDATA[Seguridad cooperativa]]></category>
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		<category><![CDATA[Imperialist war]]></category>
		<category><![CDATA[National sovereignty]]></category>
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					<description><![CDATA[Japón, Corea del Sur, Filipinas y Taiwán atrapados entre la dependencia militar de EEUU y una profunda integración económica con China, se enfrentan a contradicciones cada vez mayores a medida que la “Nueva Guerra Fría” reconfigura Asia Oriental.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<div class="single-post--content--acknowledgments">Las imágenes de este dossier, editadas por el departamento de arte de Tricontinental, destacan la obra de Kinjo Minoru, un escultor de Okinawa que rinde homenaje a las generaciones que se han resistido a la guerra y a la ocupación. Durante décadas, Kinjo ha plasmado en sus obras las atrocidades cometidas durante y después de la Guerra Mundial Antifascista (conocida comúnmente como la Segunda Guerra Mundial). Kinjo trabaja con hormigón, yeso y metal, los mismos materiales que ahora se están vertiendo en Okinawa para construir otra base militar estadounidense. En Okinawa —hoy una primera línea de la Nueva Guerra Fría—, las esculturas de Kinjo se erigen como memoria y refutación material: una historia cruda y pesada que se niega a ser suavizada<a href="#_edn1" name="_ednref1"><sup>1</sup></a>.</div>
<div class="single-post--content--logos-block">
<p class="wider-150"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-145074" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/ISC-300x100.jpeg" alt="" width="300" height="100" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/ISC-300x100.jpeg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/ISC-1024x342.jpeg 1024w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/ISC-768x257.jpeg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/ISC.jpeg 1278w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px"></p>
<p><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-123601" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2025/06/ncw-logo-300x260.jpg" alt="" width="300" height="260" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2025/06/ncw-logo-300x260.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2025/06/ncw-logo-768x666.jpg 768w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2025/06/ncw-logo.jpg 785w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px"></p>
<p class="wider-125"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-145111" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/IPA_ES-300x111.png" alt="" width="300" height="111" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/IPA_ES-300x111.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/IPA_ES.png 663w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px"></p>
<p class="wider-150"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-medium wp-image-145122" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Logo_ES_Tricontinental-300x72.png" alt="" width="300" height="72" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Logo_ES_Tricontinental-300x72.png 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/06/Logo_ES_Tricontinental.png 674w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px"></p>
</div>
<p>Cuando Estados Unidos e Israel iniciaron su guerra de agresión ilegal contra Irán el 28 de febrero de 2026, era inevitable que Irán retaliara con restricciones al tránsito por el Estrecho de Ormuz. Aunque este país nunca había cerrado ni restringido el paso por el estrecho, el gobierno de Teherán había dejado claro que esta geografía formaría parte de su estrategia defensiva si era provocado. Para los países de Asia, el Estrecho de Ormuz y el Estrecho de Malaca son vías vitales, puntos de atasco estratégicos para el flujo de productos, en especial de energía. Alrededor del 90% del petróleo de Japón y el 75% del de Corea del Sur pasan por el estrecho. Cualquier desaceleración en la vía marítima afecta de manera dramática a las economías industriales de Asia Oriental, ávidas de energía. Desde una perspectiva económica, la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán es también una guerra contra los intereses de Japón y Corea del Sur, y de hecho contra los de todos los países asiáticos que dependen del petróleo del Golfo Pérsico. A pesar de este hecho, muchos países asiáticos han mantenido silencio diplomático o, como en el caso de Japón y Corea del Sur, han respaldado abiertamente a Estados Unidos.</p>
<p>Países como Japón y Corea del Sur se alinean con Estados Unidos en contra de sus propios intereses económicos porque fueron absorbidos por la arquitectura militar estadounidense tras el fin de la Guerra Mundial Antifascista (conocida comúnmente como la Segunda Guerra Mundial) (Tricontinental, 2025). La presencia continua de enormes bases militares de EE. UU. en estos países los arrastra inexorablemente hacia las guerras perpetuas de Estados Unidos. Estos países no pueden romper con EE. UU. en lo que respecta a la guerra contra Irán mientras estén subordinados militarmente a él.</p>
<p>El objetivo militar central estadounidense en Asia no es Irán sino China, uno de los principales socios comerciales de Japón, Corea del Sur, Filipinas, Taiwán y de la mayoría de los demás países asiáticos. Dada la centralidad de China en las cadenas industriales de la región, cualquier agresión contra ella alteraría todo el paradigma de desarrollo de Asia Oriental. Por otro lado, EE. UU. sigue siendo el principal patrocinador militar de Japón, Corea del Sur, Filipinas y Taiwán, además de ser un importante mercado de exportación para varios de ellos. Estas economías se encuentran así en una <em>encrucijada</em>: no pueden romper fácilmente su dependencia militar y económica de Estados Unidos, ni tampoco su relación económica vital con China, la nueva fábrica del mundo.</p>
<p>En este dossier <em>La encrucijada de Asia Oriental: contradicciones y posibilidades en la nueva Guerra Fría</em>, analizamos cómo Japón, Corea del Sur, Filipinas y Taiwán están atrapados en una contradicción insoluble que persiste independientemente de los cambios de gobierno. Aunque nuestro foco está en Asia Oriental, también analizamos brevemente el papel de Estados como Australia e India en esta coyuntura. Las contradicciones que se exploran en este dossier son principalmente económicas y geopolíticas, pero plantean posibilidades para avanzar en la lucha de clases en estas sociedades, al poner en evidencia la necesidad de romper con las alianzas subordinadas al imperialismo.</p>
<hr class="single-post--content--separator-section">
<h2 style="margin:3em 0;">Asia Oriental y el rol de China</h2>
<p>En los últimos 30 años, Japón, Corea del Sur, Filipinas y Taiwán han experimentado un cambio radical en sus patrones comerciales y en sus trayectorias de desarrollo (Glawe y Wagner, 2021; Banco Asiático de Desarrollo, 2025). Durante la Guerra Fría, Estados Unidos fue el principal pilar del orden económico de la región, seguido por Japón hacia finales del siglo XX (Johnson, 1982; Aoki, 1995). Hoy, el nuevo centro de gravedad es China, que desempeña un papel fundamental, aunque desigual, en estas economías. Aunque cada una tiene su propio modelo de desarrollo y su propia relación política con Beijing, las cuatro están profundamente integradas en una red de producción en la que China funciona como centro manufacturero, base de la cadena de suministro y mercado principal.</p>
<p>Estudios del Banco Mundial y del Banco Asiático de Desarrollo han demostrado claramente la importancia económica de China en Asia Oriental (2026). China es el principal socio comercial de Japón y Corea del Sur, y representa aproximadamente el 20–25% de las exportaciones de cada uno de estos países. La relación de Taiwán es aún más estrecha: entre el 30 y el 40% de sus exportaciones van a China. Filipinas está menos integrada, pero China sigue siendo uno de sus principales socios comerciales, y absorbe aproximadamente el 15–20% de sus exportaciones. Estas cifras indican que una parte significativa de la actividad económica de Asia Oriental está directamente vinculada a la demanda de las industrias chinas (Lin, 2012).</p>
<p>Si se analiza en relación con la producción económica total, la importancia de China resulta aún más evidente. El comercio con China, es decir, el total de exportaciones representa una décima parte del Producto Interno Bruto (PIB) de Corea del Sur. Una cuarta parte del PIB de Taiwán depende del comercio con China continental. Japón, con una economía mucho más orientada al mercado interno, tiene, no obstante, el 5% de su PIB relacionado con las exportaciones a China (aproximadamente el mismo porcentaje de su PIB está ligado con EE. UU., lo que incluye el impacto económico de las 120 instalaciones militares estadounidenses en Japón). Filipinas, con menor intensidad exportadora, tiene alrededor del 6% de su PIB vinculado a las exportaciones a China<a href="#_ftn1" name="_ftnref1"><sup>2</sup></a>. La vitalidad de la economía china está, por tanto, directamente relacionada con los niveles de producción, empleo e inversión en el conjunto de Asia Oriental.</p>
<p>En la cumbre de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN por su sigla en inglés) celebrada en 2011 en Bali, Indonesia, los Estados miembros debatieron la necesidad de crear un marco regional para la integración económica. Esas discusiones condujeron finalmente a la Asociación Económica Integral Regional (RCEP por su sigla en inglés), un acuerdo comercial firmado en 2020 y que entró en vigor en enero de 2022. El RCEP representa aproximadamente el 30% de la población mundial y el 30% del PIB global. Abarca economías que van desde Nueva Zelanda hasta Japón, reúne una amplia gama de industrias, desde la minería hasta la alta tecnología y un mercado de 2.200 millones de consumidorxs. Los signatarios acordaron reducir o eliminar los aranceles en un 92% en el transcurso de 20 años. Japón, Corea del Sur y Filipinas forman parte del RCEP, lo que refuerza los flujos comerciales y formaliza el espacio económico interconectado en el que China es la mayor economía (Cheng, 2023).</p>
<p>Más allá de las cifras agregadas del comercio, la estructura de la producción refuerza aún más esta integración. China no es solo un mercado final, sino también un nodo central en las cadenas industriales regionales y globales, en tanto consumidora y productora de bienes intermedios. Las empresas japonesas y surcoreanas exportan componentes de alto valor, como maquinaria y piezas de automóvil, petroquímicos y semiconductores, que suelen ensamblarse o procesarse en China antes de ser reexportados al mundo. La industria de semiconductores de Taiwán está profundamente imbricada con la manufactura china: los chips producidos en Taiwán suelen enviarse a China para su integración en productos electrónicos terminados (Tinn, 2025; Sinha, 2026). Estas estructuras de producción integradas han generado interdependencias sectoriales. La industria de semiconductores de Corea del Sur, liderada por empresas como Samsung Electronics y SK Hynix, depende de la demanda de la industria electrónica china. El sector automotriz y de maquinaria de Japón, liderados por empresas como Toyota, Honda, Nissan, Mazda, Komatsu, Hitachi y Mitsubishi, dependen de lxs consumidorxs y de las redes de producción chinas.</p>
<p>Tomados en conjunto, estos vínculos comerciales y productivos demuestran que las cuatro economías están estructuralmente ligadas a China, aunque el grado de integración varía, es el más elevado en Taiwán y Corea del Sur, y más moderado en Japón y Filipinas. Esto crea tanto oportunidades de crecimiento como vulnerabilidades, a medida que la presión de EE. UU. sobre China repercute en toda la región.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">La red de bases militares estadounidenses</h2>
<p>Durante la última década, Estados Unidos ha consolidado una estrategia militar coherente destinada a cercar a China. Esta “estrategia de negación” se oficializó en sucesivos documentos de la Estrategia de Defensa Nacional de EE. UU. y se expuso claramente en el libro de Elbridge A. Colby de 2021, <em>The Strategy of Denial: American Defense in an Age of Great Power Conflict</em> [La estrategia de negación: la defensa estadounidense en una era de conflicto entre grandes potencias]. Colby dirigió la elaboración de la Estrategia de Defensa Nacional de 2018 como subsecretario adjunto de Defensa para Estrategia y Desarrollo de las Fuerzas Armadas durante el primer mandato de Trump. Actualmente es subsecretario de Guerra para Política del gobierno estadounidense y además de uno de sus principales estrategas frente a China (Colby, 2021).</p>
<p>La idea central de la estrategia de negación es que el Indo-Pacífico, que se extiende desde África Oriental hasta la costa oeste de Estados Unidos y abarca los océanos Índico y Pacífico, es la región de mayor importancia económica del mundo. Los intereses estratégicos de EE. UU. dependen de impedir que China desplace la primacía estadounidense en la región Indo-Pacífico. La estrategia se sustenta en la disuasión a través de la superioridad militar y la coordinación de alianzas, institucionalizada a través del Diálogo de Seguridad Cuadrilateral (Quad, por su sigla en inglés), que reúne a Australia, India, Japón y Estados Unidos (2017); la asociación trilateral de seguridad entre Australia, el Reino Unido y Estados Unidos (AUKUS, por su sigla en inglés) (2021); la Iniciativa de Disuasión del Pacífico (PDI, por su sigla en inglés), un marco de financiamiento militar y despliegue de fuerzas para el Indo-Pacífico (2021) y el Acuerdo Trilateral Estados Unidos-Japón-Corea del Sur (2023) (Fernandes, 2022; Fowler, 2024; Wagner y Song, 2023).</p>
<p>En lugar de una confrontación directa, como ocurre con Irán, EE. UU. busca elevar el costo de defensa de China a un nivel inaceptable, mediante el fortalecimiento del sistema de alianzas liderado por Washington y el posicionamiento avanzado de bases militares. Actualmente existen alrededor de 270 instalaciones militares estadounidenses que se extienden desde Diego García, en el Archipiélago de Chagos, hasta Guam. Un elemento central de esta estrategia es la convicción de Washington de que una capacidad militar estadounidense creíble puede limitar las opciones estratégicas de China, al mismo tiempo que preservar el orden regional liderado por EE. UU. y seguir aprovechando el papel de China como motor económico de la región.</p>
<p>Taiwán ocupa un lugar clave en este marco estadounidense (Zhao y Yang, 2024). El 1 de enero de 1979, Estados Unidos reconoció formalmente a la República Popular China y aceptó la postura de Beijing de que existe “una sola China”, de la que Taiwán forma parte. Sin embargo, el 10 de abril de 1979, el Congreso de EE. UU. aprobó la Ley de Relaciones con Taiwán, que proporcionó la base legal para que Washington mantuviera una relación no oficial con Taiwán. Esto permitió a EE. UU. jugar un doble papel: reconocer formalmente el marco de una sola China mientras provocaba a Beijing mediante ventas de armas a Taiwán y mantenía vínculos económicos y culturales directos con Taipei. Desde 1950, Estados Unidos ha vendido a Taiwán cerca de 50.000 millones de dólares en equipos y servicios de defensa (Council on Foreign Relations, 2023). Para EE. UU., el estatus de Taiwán no es solo político sino estratégico, porque la reunificación de Taiwán con el continente otorgaría a China un acceso significativamente mayor al océano Pacífico. Para Washington, Taiwán es un instrumento para presionar a Beijing y limitar a China.</p>
<p>La estrategia de contención estadounidense está organizada geográficamente a través de un sistema de cerco que comienza con la primera cadena de islas (un arco de islas que abarca desde Japón hasta Filipinas y actúa como barrera al acceso de China al océano Pacífico). Esto se extiende a la “profundidad del cerco” más amplia de Diego García, Sri Lanka y las bases de EE. UU. en la región del Golfo Pérsico.<a href="#_ftn2" name="_ftnref2"><sup>3</sup></a> Estados Unidos ha desarrollado una red de bases y acuerdos de acceso a lo largo de esta cadena para controlar nodos clave y rutas marítimas, y para limitar la movilidad militar china. Esta estrategia de cerco incluye no solo grandes instalaciones militares permanentes, como las de Japón y Corea del Sur, sino también, cada vez más, una red dispersa de sitios más pequeños y flexibles en los océanos Pacífico e Índico, diseñados para mejorar la resiliencia militar. Las bases están integradas con sistemas de vigilancia, inteligencia y misiles que permiten el monitoreo y la respuesta rápida. En conjunto, esta red militar constituye un sistema estructurado de contención. Si bien los documentos de seguridad nacional de Estados Unidos lo presentan como una medida de disuasión defensiva, el despliegue efectivo de sus fuerzas a lo largo de la frontera con China <em>crea</em> tensiones en lugar de <em>resolverlas</em>.</p>
<p>Este marco estratégico de contención y cerco se ha operacionalizado a través de una expansión sostenida de las capacidades e infraestructuras militares estadounidenses en Asia Oriental, en especial durante las últimas dos décadas y con creciente intensidad desde 2020. Estados Unidos también ha financiado ejercicios militares a gran escala, como el Ejercicio Balikatan (con Filipinas), el Ejercicio Malabar (con Australia, India y Japón) y el Ejercicio Talisman Sabre (con Australia). Estos esfuerzos buscan mejorar la interoperabilidad militar y convertir a los aliados de EE. UU. de socios regionales en participantes de primera línea en la contención de China.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-145011" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/D101_Kinjo_1.jpg" alt="" width="505" height="780" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/D101_Kinjo_1.jpg 505w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/D101_Kinjo_1-194x300.jpg 194w" sizes="auto, (max-width: 505px) 100vw, 505px"></div>
<p>Uno de los marcos más recientes impulsados por Estados Unidos es la Iniciativa de Disuasión del Pacífico (PDI, por su sigla en inglés), establecida mediante la Ley de Autorización de Defensa Nacional de Estados Unidos de 2021 (Prashad et al., 2022). La PDI garantiza financiamiento específico para el despliegue de fuerzas, la infraestructura de bases, la defensa antimisiles y los ejercicios conjuntos con aliados de EE. UU. como Japón, Corea del Sur y Filipinas. En Japón, ha asegurado mejoras en la defensa antimisiles y en las fuerzas de despliegue rápido. En Corea del Sur, ha permitido ejercicios conjuntos, mientras que en Filipinas ha modernizado las bases y los sistemas de vigilancia de Estados Unidos. La PDI también respalda la integración y el despliegue de sistemas de misiles de precisión de largo alcance en todo el Indo-Pacífico. Esto incluye la ampliación de las capacidades de defensa aérea y antimisiles construidas en bases militares estadounidenses en lugares como Guam y las Islas Marianas, así como en la Base Aérea Basa, en Filipinas (para la cual el gobierno de EE. UU. destinó alrededor de 66 millones de dólares en 2023) (Heydarian, 2023). La PDI garantiza sistemas de inteligencia, vigilancia y reconocimiento que mejoran el seguimiento de la actividad militar regional y posibilitan lo que se conoce como “ataque de precisión”: la identificación rápida y el ataque preciso de blancos militares.</p>
<p>Estos desarrollos han transformado a países como Japón, Corea del Sur y Filipinas en plataformas operativas de avanzada para la agresión estadounidense.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">Sembrar el conflicto: contradicciones de clase y los límites de la democracia</h2>
<p>La estrategia de negación de Estados Unidos no depende solo de la integración militar, sino también de la alineación de las clases dominantes a lo largo de la primera cadena de islas en una postura coordinada contra China, en particular en Japón, Taiwán y Filipinas y en general en la vecina Corea del Sur. Esta alineación refleja los intereses de las élites industriales, militares y políticas nacionales vinculadas al poder estadounidense. En Japón, Corea del Sur, Filipinas y Taiwán, la profundización de esa integración militar agudiza las contradicciones de clase existentes y expone la estrechez de los sistemas electorales. Aunque esto genera resistencia desde abajo, estos sistemas políticos están diseñados para impedir el crecimiento de cualquier fuerza adversa a la intervención extranjera. Además, cada una de estas sociedades carga con las cicatrices de la Guerra Mundial Antifascista y de la presencia militar estadounidense en la posguerra, incluidas las bases militares que hoy parecen permanentes, una experiencia que ha continuado definiendo el horizonte político de estos “Estados clientes”<a href="#_ftn3" name="_ftnref3"><sup>4</sup></a>.</p>
<h3 style="margin:2em 0;"><em>Japón</em></h3>
<p>El sistema político japonés de la posguerra ha estado dominado por el Partido Liberal Democrático (PLD), una organización política de derecha a extrema derecha con estrechos vínculos con el Estado y el capital estadounidenses. Aunque formalmente democrático, el sistema político japonés está dominado en la práctica por un solo partido, el PLD, que desde su fundación en 1955 ha estado en el poder todos los años menos cuatro. Aunque el artículo 9 de la Constitución japonesa de 1947, en ocasiones denominado la “cláusula pacifista”, prohíbe un rearme que vaya más allá de la defensa mínima, la derecha ha pedido su derogación desde el mandato de primer ministro de Nobusuke Kishi (1957–1960). En 2014, durante el mandato del nieto de Kishi, Shinzō Abe (2012–2020), el artículo 9 fue reinterpretado para permitir la “autodefensa colectiva”, lo que facilitó la expansión del gasto militar japonés, que ha aumentado especialmente desde 2022 bajo lxs primeros ministros Fumio Kishida, Shigeru Ishiba y Sanae Takaichi. Entre 2023 y 2024, el gasto militar japonés aumentó un 21%, y representa el 1,4% del PIB del país (Stockholm International Peace Research, 2025). En abril de 2026, bajo el mandato de Takaichi, Japón levantó la prohibición de exportar armas letales, establecida partiendo de la lógica de que un país pacifista no debería lucrar de las guerras.</p>
<p>La contradicción entre el gasto militar y las demandas democráticas para que la riqueza de Japón se invierta en necesidades sociales, ejemplificada en las protestas contra las bases en regiones más empobrecidas como Okinawa, pone de manifiesto las limitaciones de la democracia formal japonesa. La sociedad japonesa sigue subordinada a las prioridades militares definidas por una élite japonesa permanente alineada con Estados Unidos.</p>
<p>La construcción de una nueva base del Cuerpo de Marines en la zona de la bahía Henoko-Oura, en Okinawa, destinada a reemplazar la Base Aérea Futenma, largamente criticada por su ubicación en medio de la densamente poblada ciudad de Ginowan, enfrenta una oposición continua desde 1996. En 2018, Denny Tamaki fue elegido gobernador de Okinawa con una plataforma contraria a las bases. En un referéndum provincial celebrado en 2019, el 70% de lxs encuestadxs rechazó la construcción de la base. A pesar de esos mandatos democráticos y de décadas de impugnaciones legales, el gobierno central de Japón avanza con las obras de relleno que destruyen los ecosistemas de coral de la bahía de Oura en beneficio del ejército de EE. UU. (Mitchell, 2026). Organizaciones como el All Okinawa Council Against Construction of New Base in Henoko [Consejo de Todo Okinawa contra la Construcción de la Nueva Base en Henoko], el Okinawa Peace Movement Center [Centro del Movimiento por la Paz de Okinawa], el Okinawa Environmental Justice Project [Proyecto de Justicia Ambiental de Okinawa] y lxs manifestantes del plantón de Henoko, que mantienen una resistencia diaria desde hace más de dos décadas, encarnan una política que vincula la lucha local con las grandes cuestiones del imperialismo y la autodeterminación (McCormack y Norimatsu, 2018).</p>
<h3 style="margin:2em 0;"><em>Corea del Sur</em></h3>
<p>La historia política de Corea del Sur está marcada por una intensa lucha de clases. Creada en el contexto de la Guerra de Corea, iniciada en 1950 y formalmente sin resolver desde que el armisticio de 1953 no produjo un tratado de paz, Corea del Sur ha sido tratada por Estados Unidos como una base militar y un bastión económico contra el comunismo. Aunque ha estado bajo gobiernos pro-estadounidenses, incluida una dictadura militar de 1967 a 1988, su sistema político ha parecido más fluido que el japonés: ningún partido ha gobernado de manera continua. No obstante, los gobiernos electos, tanto conservadores como liberales, siguen dependiendo estructuralmente de EE. UU. Este es el caso, por ejemplo, bajo el mandato tanto de Yoon Suk-yeol, un conservador fuertemente alineado con Estados Unidos y con los <em>chaebols</em> (conglomerados surcoreanos), como de Moon Jae-in, un liberal que buscó una autonomía limitada pero permaneció ligado al capital orientado a la exportación y a los <em>chaebols</em>. De hecho, en 2018, durante la presidencia liberal de Moon Jae-in, el gasto militar de Corea del Sur se elevó al 2,5% del PIB, estableciendo un nivel que los presupuestos anuales posteriores mantienen (y que ascendió al 2,6% en 2022) (Banco Mundial).</p>
<p>Desde mediados de la década de 2010, Corea del Sur ha presenciado una oleada de luchas democráticas: desde la Revolución de las Velas o <em>Chot-bul Hyuk-myung</em> (2016–2017), que destituyó a la presidenta Park Geun-hye, hasta la Revolución de las Luces o <em>Bit-eh Hyuk-myung</em> (2024–2025), que buscó defender la democracia surcoreana contra la ley marcial impuesta por el presidente Yoon Suk-yeol en diciembre de 2024. A pesar de la reiterada movilización de la clase trabajadora y la sociedad civil contra la desigualdad y en favor de una mayor independencia en política exterior, la subordinación de Corea del Sur a EE. UU. ha impedido dicha transformación. Además, esta dependencia económica y militar la obliga a adoptar medidas profundamente impopulares, como el envío de tropas coreanas a Irak o la instalación del sistema antimisiles balísticos de defensa de área a gran altitud (THAAD, por su sigla en inglés). Desde sus inicios, Corea del Sur ha subordinado su política exterior a la de EE. UU. Una consecuencia de esto es que la fallida Cumbre de Hanói de 2019 entre Corea del Norte y Estados Unidos derivó en un congelamiento de las relaciones intercoreanas (Song, 2024a). Mientras tanto, el fortalecimiento de los vínculos de la República Popular Democrática de Corea (RPDC) con Rusia ha ampliado el margen de maniobra de Pyongyang.</p>
<p>En junio de 2025, Lee Jae-myung ganó la presidencia tras haber contribuido a impedir que el presidente Yoon impusiera la ley marcial unos meses antes. Abogado de derechos humanos y laborales, el presidente Lee, sin embargo, ha continuado involucrando el complejo militar-industrial de Corea del Sur con EE. UU. Aun intentando recuperar el control operacional en tiempo de guerra del ejército coreano, sus concesiones económicas al presidente de Estados Unidos Donald Trump integran a Corea del Sur más profundamente en la maquinaria de guerra de EE. UU.</p>
<p>Lee no solo ha aceptado el llamado de Estados Unidos a que sus aliados destinen el 3,5% del PIB a defensa, Corea del Sur también invertirá 350.000 millones de dólares en los próximos diez años para aumentar la fabricación de semiconductores en Estados Unidos, cuyo doble uso permite la expansión de la inteligencia artificial militar y ampliar la construcción naval para la marina estadounidense, contribuyendo a aliviar los crónicos atascamientos en la base industrial marítima de EE. UU. Un impulso que queda sintetizado en el servil eslogan coreano MASGA: Make American Shipbuilding Great Again [Hagamos grande de nuevo la construcción naval estadounidense]. Más concretamente, la adquisición del Astillero de Filadelfia por parte del Grupo Hanwha en 2024 lo posiciona como una solución potencial al retraso acumulado en la construcción de submarinos de propulsión nuclear de la Armada estadounidense y una contribución a su producción de buques de guerra. Además, Corea del Sur alberga una presencia de la Fuerza Espacial de EE. UU. que coopera con Washington en la creación de una red de satélites interoperables para el Golden Dome de Trump (Song, 2024b). Todas estas acciones han permitido a Corea del Sur unirse a Israel en el club de EE. UU. de los “aliados modelo” (Departamento de Defensa de Estados Unidos, 2026).</p>
<h3 style="margin:2em 0;"><em>Filipinas</em></h3>
<p>Filipinas ha luchado por afirmar su soberanía desde que fue anexada por Estados Unidos en 1898. El poder político en el país ha estado dominado por unas pocas familias de élite. El actual presidente, Bongbong Marcos, es hijo de Ferdinand Marcos, quien fue presidente de 1965 a 1986. El país dependió enteramente de EE. UU. para sus planes de seguridad hasta 1991, y en 1995 puso en marcha el Programa de Modernización de las Fuerzas Armadas de Filipinas, que permitió la expansión de la marina y la fuerza aérea filipinas, en gran medida mediante la compra de material militar de estadounidense. El ejército filipino quedó integrado con el de EE. UU. a través de la contratación y los ejercicios conjuntos.</p>
<p>La estructura del poder de EE. UU. sobre Filipinas queda muy bien ilustrada por el Acuerdo de Cooperación para la Defensa Ampliada (EDCA, por su sigla en inglés), firmado por primera vez en 2014 y luego ampliado en 2022. El EDCA otorga acceso rotativo a bases militares filipinas, lo que permite el preposicionamiento de equipos, el entrenamiento conjunto y la construcción de infraestructura militar de EE. UU. en las bases, con una supervisión mínima por parte del gobierno filipino.</p>
<p>En 2023, al comienzo del gobierno de Marcos Jr., los sitios designados bajo el EDCA casi se duplicaron, de cinco a nueve. La Base Naval Camilo Osias y el Aeropuerto de Lal-lo están ubicados en el extremo norte de Filipinas, lo que permite una “respuesta rápida” a los conflictos en el Estrecho de Taiwán (De Guzman, 2023). Estas dos bases cuentan con el respaldo del Camp Melchor F. Dela Cruz, en el montañoso valle de Cagayán, que actúa como retaguardia logística. La presencia de EE. UU. en estas bases ayuda a Washington a proyectar fuerza a través del Estrecho de Luzón, que Filipinas comparte con Taiwán. El cuarto sitio de reciente designación no ha sido revelado públicamente, pero su ubicación deja en claro su papel en la proyección de EE. UU. en el Mar del Sur de China.</p>
<p>A través del EDCA, las fuerzas de EE. UU. llevan a cabo el Ejercicio Balikatan, que ha alcanzado una escala sin precedentes bajo el gobierno de Marcos Jr., con incluso Japón sumándose en 2025. Las organizaciones de la sociedad civil y lxs activistas por la paz continúan debatiendo las implicaciones de la estrecha alineación del gobierno de Marcos Jr. con EE. UU. Esta alineación se ha desarrollado en paralelo a una represión intensificada de activistas y militantes rurales, incluido el asesinato de 19 personas por parte de tropas filipinas en Toboso, Negros Occidental, en abril de 2026. Un incidente que los grupos de derechos humanos han exigido que sea investigado de manera independiente.</p>
<h3 style="margin:2em 0;"><em>Taiwán</em></h3>
<p>Tras su derrota en la Revolución China, el partido nacionalista Kuomintang (KMT) huyó a la isla de Taiwán bajo el liderazgo de Chiang Kai-shek y estableció allí su gobierno. El KMT gobernó Taiwán bajo ley marcial durante 38 años, hasta 1987, y continuó gobernando en un sistema electoral de partido dominante hasta el año 2000. Desde entonces, el Partido Democrático Progresista (PDP) ha estado en el poder durante la mayor parte del tiempo, llevando la política taiwanesa hacia un mayor separatismo respecto de China continental e integrando la isla más profundamente en los planes estratégicos de EE. UU. El PDP refleja una coalición de tecnocapitalistas, élites separatistas e instituciones militares, mientras que el KMT obtiene su apoyo de los sectores empresariales con intereses en el comercio transestrecho con China. Ambos, sin embargo, operan dentro de un marco moldeado por las prioridades estratégicas de Estados Unidos Desde 2022, el gasto militar de Taiwán y el apoyo militar de EE. UU. han mostrado un patrón de fortalecimiento sostenido y coordinado, más que un rearme repentino. El presupuesto militar de Taiwán se ha disparado y alcanza aproximadamente 30.000 millones de dólares en 2026. El gasto militar ha aumentado del 2% del PIB en la década de 2010 al 3,3% en 2026, con planes de llegar al 5% para 2030. Esta enorme desviación de recursos recae sobre una sociedad que ya enfrenta salarios estancados y un costo de vida en alza.</p>
<p>El presupuesto militar financia compras de armas y enriquece a los contratistas de defensa de EE. UU. Las ventas militares a Taiwán se han vuelto más regulares, con frecuentes paquetes de armamento centrados en misiles, defensa aérea y drones. Entre 2019 y 2024, Estados Unidos aprobó más de 32.000 millones de dólares en ventas de armas a Taiwán, incluidos cazas F-16V (8.000 millones), tanques M1A2 Abrams (2.000 millones), sistemas de cohetes HIMARS (436 millones) y misiles costeros Harpoon, con enormes nuevos paquetes por más de 11.000 millones anunciados en 2025 (Basta de Guerra Fría, 2023b; 2023a). Pero la venta de armas ya no es el límite de la participación militar de EE. UU. Desde 2024, Fuerzas Especiales del Ejército estadounidense, conocidas como Boinas Verdes, están estacionadas en las islas de Kinmen y Penghu, la primera presencia militar estadounidense duradera en territorio taiwanés en más de 40 años. La escalada militar está impulsada de manera inequívoca por EE. UU., que crea las condiciones para una crisis autocumplida a través de la militarización, al tiempo que califican las respuestas chinas de “provocaciones”.</p>
<p>La fragilidad política de este camino hacia la militarización merece énfasis. Lai Ching-te, del PDP, asumió el cargo el 20 de mayo de 2024 tras obtener solo el 40,1% de los votos, con el KMT obteniendo el 33,5% y el Partido del Pueblo de Taiwán (PPT) el 26,5%. Es fundamental señalar que la oposición del KMT y el PPT controla el Yuan Legislativo, el máximo órgano legislativo de Taiwán, por primera vez desde 2016. De los 113 escaños, 52 corresponden al KMT, 8 al PPT y 51 al PDP. Esta apertura política quedó subrayada en abril de 2026, cuando la presidenta del KMT, Cheng Li-wun, visitó Beijing y se reunió con Xi Jinping, la primera visita de este tipo por parte de una presidenta del KMT en una década, lo que indica que parte de la oposición intenta reabrir el diálogo entre ambos lados del estrecho en lugar de seguir el camino de escalada militar del PDP. El poder legislativo no votó a favor de la escalada militar que el PDP promueve.</p>
<p>Las encuestas de opinión pública del Centro de Estudios Electorales de la Universidad Nacional Chengchi revelan que solo el 3,8% de la población, el porcentaje más bajo desde 2002, apoya la “independencia inmediata”, mientras que el 1,2% apoya la unificación inmediata. Mientras tanto, entre el 83 y el 88% prefiere el statu quo, con un récord del 33,2% que desea el “statu quo indefinidamente” (National Chengchi University Election Study Center, 2025). La postura confrontacional del PDP con el continente, intensificada con la Ley Antiinfiltración de 2019, orientada a frenar la supuesta influencia política de China en Taiwán, carece ahora tanto de mandato legislativo como de respaldo popular.</p>
<p>Organizaciones unionistas de izquierda como el Partido Laborista de Taiwán han argumentado que la base social del separatismo del PDP tiene sus raíces en lxs colaboracionistas japoneses de la era colonial, y que la cuestión de Taiwán es un legado de la intervención estadounidense en la Guerra Civil China. Estados Unidos no necesita expandir formalmente su presencia en Taiwán como lo hace en Japón o Filipinas, ya que el PDP apoya sin reservas la estrategia de contención de EE. UU. Estas tendencias apuntan a una mayor integración militar entre Estados Unidos y Taiwán, que en la práctica se acerca a una cuasi-alianza, ya que un tratado formal provocaría una respuesta de Beijing. EE. UU. ha llegado incluso a sugerir volar las fábricas de semiconductores taiwanesas para proteger sus intereses en la isla.<a href="#_ftn4" name="_ftnref4"><sup>5</sup></a></p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-144941" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/D101_Kinjo_2.jpg" alt="" width="505" height="780" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/D101_Kinjo_2.jpg 505w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/D101_Kinjo_2-194x300.jpg 194w" sizes="auto, (max-width: 505px) 100vw, 505px"></div>
<h2 style="margin:3em 0;">Más allá de la primera cadena de islas</h2>
<p>La estrategia de EE. UU. para contener a China se extiende más allá de la primera cadena de islas a través de agrupaciones como AUKUS y el Quad. Estos acuerdos crean capas superpuestas de cooperación militar que limitan la movilidad de China en las aguas cercanas y en todo el Indo-Pacífico. También revelan tensiones entre la interdependencia económica con China y las alianzas militares orientadas a la confrontación. Las contradicciones resultantes plantean interrogantes sobre la durabilidad de estas formaciones. Dos grandes actores destacan como protagonistas clave en esta arquitectura más amplia: Australia e India.</p>
<h3 style="margin:2em 0;"><em>Australia</em></h3>
<p>Australia es miembro de los Five Eyes [Cinco Ojos], una red de intercambio de inteligencia liderada por EE. UU. y uno de los seis “Enhanced Opportunities Partners” [Socios con Oportunidades Ampliadas] de la OTAN. Como tal, Australia siempre ha desempeñado un papel clave en la estrategia de EE. UU. en Asia. El avance más significativo de los últimos tiempos en la alianza Estados Unidos-Australia es el acuerdo AUKUS de 2021, cuyo primer pilar prevé dotar a Australia de submarinos de ataque de propulsión nuclear.</p>
<p>El programa comenzó con visitas cada vez más frecuentes de submarinos de EE. UU. a puertos australianos, seguidas de despliegues rotativos en bases australianas. Se espera que culmine con la adquisición por parte de la Armada Real de Australia de al menos ocho submarinos de propulsión nuclear a partir de la década de 2030, con una parte construida internamente mediante cooperación conjunta en la década de 2040. Con un costo total estimado en más de 264.000 millones de dólares, estos submarinos de propulsión nuclear son estratégicos porque permiten operaciones de largo alcance en los océanos Índico y Pacífico. Aunque no se declara de manera explícita, la interoperabilidad y la profunda dependencia operativa convertirían a Australia en parte de esa postura frente a China, incluso en los esfuerzos por controlar las rutas marítimas y apoyar las operaciones en el Estrecho de Taiwán o en el Mar del Sur de China.</p>
<p>Aunque Australia ya pagó a Washington más de 1.000 millones de dólares en el marco de AUKUS, el gobierno de Trump, que enfrenta su propio cuello de botella en materia de submarinos, revisa si entregarle a Australia los submarinos prometidos.<a href="#_ftn5" name="_ftnref5"><sup>6</sup></a> Un informe del Congreso incluso consideró la posibilidad de mantener los submarinos bajo control de EE. UU. y operarlos desde bases australianas, dada la reticencia de Australia a comprometerse a intervenir militarmente en una posible guerra entre EE. UU. y China, ya que este es el mayor socio comercial de Australia (Doherty, 2026). Esto ilustra las contradicciones y tensiones entre los intereses nacionales y los compromisos de alianza.</p>
<h3 style="margin:2em 0;"><em>India</em></h3>
<p>La posición de India en la arquitectura de contención difiere de la de Japón o Taiwán. India no tiene una alianza formal con EE. UU., mantiene su membresía en los BRICS y en la Organización de Cooperación de Shanghái (OCS), y hereda una poderosa tradición de no alineamiento. Sin embargo, la trayectoria de la política exterior india en la última década revela una tendencia de cumplimiento con las preferencias estratégicas de Estados Unidos, muchas veces enmascarada por la retórica de la autonomía estratégica. India ha firmado acuerdos marco de defensa con EE. UU. que integran sus fuerzas en las arquitecturas de mando, control e inteligencia estadounidense.</p>
<p>El giro de India hacia Washington resulta más instructivo cuando se analiza en el contexto de su debilitada relación con Irán, un amigo y aliado tradicional. Cuando el gobierno de Trump volvió a imponer sanciones a Irán en 2018 y exigió el cese de las compras de petróleo iraní, India cumplió reduciendo sus importaciones de 500.000 barriles diarios a casi cero para mayo de 2019. El cumplimiento de India implicó renunciar al petróleo iraní más barato y poner en riesgo sus inversiones en el Puerto de Chabahar, un proyecto de importancia estratégica para India porque garantiza el acceso a Asia Central sin necesidad de pasar por Pakistán (Prashad, 2013; Karat, 2007; Bhadrakumar et al., 2007). El 12 de marzo de 2025 entraron en vigor aranceles globales del 25% sobre el acero y el aluminio, lo que elevó los aranceles sobre el acero y el aluminio indios al 26%. El 6 de agosto, Trump impuso un arancel adicional del 25% sobre los productos indios por las compras de petróleo ruso con descuento que realizaba India, con lo que la tasa acumulada llegó al 50%. India finalmente acordó suspender las compras de petróleo ruso, pero no llegó a firmar un acuerdo comercial decisivo con EE. UU. tras el fallo de la Corte Suprema que anuló los aranceles de Trump.</p>
<p>A pesar de estos acuerdos con EE. UU., India sigue siendo miembro del proceso de los BRICS y mantiene importantes relaciones económicas tanto con China como con Rusia. El comercio bilateral India-China creció un 12% interanual en 2025 y alcanzó los 155.600 millones de dólares. La participación de India en la OCS se ha profundizado, en especial tras la presencia del primer ministro indio Narendra Modi en la Cumbre de la OCS de 2025 en Tianjin. En 2018, India firmó un acuerdo de 5.400 millones de dólares para adquirir el sistema de defensa aérea S-400 de Rusia, pese a las amenazas de sanciones de EE. UU. El comercio entre India y Rusia se ha incrementado de manera significativa en los últimos años, impulsado en particular por las compras de petróleo crudo ruso con descuento, que pasaron de niveles insignificantes antes de 2022 a un pico de 2 millones de barriles diarios en 2025, con lo que Rusia se convirtió en el mayor proveedor de petróleo de India. Este continuo comercio contrasta con su participación en el Quad y en los acuerdos de asociación con EE. UU., lo que pone de manifiesto una contradicción en el núcleo del posicionamiento de India. India ilustra un patrón de coerción gradual por parte de EE. UU.: incluso como socio estratégico, India no está protegida de la coerción imperial (Bodapati, 2025; Tricontinental, 2026).</p>
<h2 style="margin:3em 0;">Fragilidad de las alianzas y contradicciones económicas</h2>
<p>La estrategia de negación supone que EE. UU. puede lograr que sus aliados se comprometan a contener a China, una suposición que se desmorona al examinarse con detenimiento. La prosperidad material de los aliados de EE. UU. depende cada vez más de la integración económica con China, aun cuando las alineaciones militares los comprometen con un posible conflicto. Cada región examinada en este dossier enfrenta la misma contradicción fundamental: entre la integración económica <em>con</em> China y la alineación militar <em>contra</em> China. En 2025, el comercio de estos países con China, 331.000 millones de dólares en el caso de Corea del Sur, 322.000 millones de Japón, 73.000 millones de Filipinas y 207.000 millones de Australia— superó con creces su comercio con EE. UU.,: 241.200 millones de dólares para Corea del Sur, 228.000 millones para Japón, 27.000 millones de Filipinas y 89.600 millones para Australia. Incluso el comercio de India con China (156.000 millones de dólares) es mayor que su comercio con EE. UU. (149.000 millones de dólares). Estos flujos representan riqueza, empleo e ingresos fiscales que una guerra o una confrontación sostenida con China devastaría. Cuando el conflicto efectivo se acerca, estos intereses económicos pueden resultar más determinantes que los compromisos militares abstractos.</p>
<p>Durante la guerra estadounidense contra Irak, importantes aliados de EE. UU. se negaron a participar a pesar de las enormes presiones de Washington y de la invocación de los compromisos de alianza. En Asia, Japón y Corea del Sur se negaron a aportar fuerzas de combate, aunque sí prestaron asistencia logística y fondos para la reconstrucción. Más recientemente, ningún aliado de EE. UU., incluidos Japón y Corea del Sur, ha respondido a las exigencias de Trump de enviar barcos para abrir el Estrecho de Ormuz. Si los aliados resultaron poco fiables para una guerra contra un adversario más débil, ¿qué tan probable es su participación en una guerra contra China, una potencia industrial y nuclear? ¿Enviaría Australia fuerzas de combate para luchar contra China, arriesgando represalias contra sus ciudades y la pérdida de su principal socio comercial? ¿Participaría Corea del Sur, cuando una guerra regional podría desencadenar la intervención de Corea del Norte? ¿Aceptaría el pueblo japonés, traumatizado por el bombardeo nuclear de EE. UU., sufrir bajas en combate? ¿Enviaría India sus fuerzas cuando el estatus de Taiwán carece de relevancia directa para la seguridad india y la participación pondría en riesgo sus relaciones con China y Rusia? ¿Lucharía Filipinas si ello significase arriesgarse a represalias chinas?</p>
<p>Las alianzas funcionan sin problemas cuando los costos permanecen hipotéticos y abstractos: ejercicios conjuntos, intercambio de inteligencia, compras de armas y coordinación diplomática. Enfrentan pruebas severas cuando una guerra real exige sacrificar vidas, aceptar la devastación económica y arriesgar la existencia nacional en beneficio de los intereses de otra potencia, en especial cuando esa potencia es la agresora. La dependencia de la estrategia de negación en la participación aliada puede ser su falla fatal si estalla un conflicto, sobre todo cuando las alianzas se basan en la subordinación y la coerción en lugar de intereses compartidos genuinos.</p>
<h2 style="margin:3em 0;">Resistir la maquinaria de guerra y construir el multilateralismo</h2>
<p>La Nueva Guerra Fría emergente, centrada en Asia Oriental, es la respuesta estratégica de EE. UU. al desplazamiento del centro de gravedad de la economía mundial. A medida que las capacidades económicas y tecnológicas de China se expanden, la política de EE. UU. recurre cada vez más a la fuerza militar y a las estructuras de alianza para mantener la influencia estratégica en el Indo-Pacífico (Tricontinental, 2024). Esta estrategia de negación busca contener a China a través de la militarización, la coordinación de alianzas y la modernización de la defensa. Washington construye una arquitectura militar provocadora en la región a través de una red de iniciativas y asociaciones.</p>
<p>En todo el conjunto de Asia Oriental y el Indo-Pacífico, las implicaciones de la creciente militarización son profundas. Japón, Corea del Sur, Filipinas, Taiwán, Australia e India albergan infraestructuras militares significativas o participan en una cooperación militar que podría situarlos en el centro de una confrontación de gran envergadura. Para muchas sociedades de la región, la perspectiva de una mayor militarización genera preocupaciones sobre los costos de oportunidad, ya que los recursos destinados al gasto en defensa compiten con las inversiones en bienestar social, infraestructura, resiliencia climática y desarrollo económico.</p>
<p>Analistxs de política exterior y responsables políticxs progresistas de la región han propuesto varias reformas orientadas a la paz y la distensión. Entre ellas, se incluyen medidas de fomento de la confianza en zonas conflictivas como el Estrecho de Taiwán, nuevas iniciativas de control de armamentos y mecanismos multilaterales para gestionar las disputas marítimas en el Mar del Sur de China. Las organizaciones regionales, en particular la ASEAN, suelen citarse como posibles plataformas para el diálogo y la gestión de conflictos.</p>
<p>Si bien estas propuestas son bienvenidas, cualquier transformación debe provenir inevitablemente de los propios pueblos organizados de la región. Diversos movimientos sociales en toda la región siguen abogando por la diplomacia, la cooperación regional y la desmilitarización. En Okinawa, organizaciones como el Proyecto de Justicia Ambiental de Okinawa y No More Battle of Okinawa protestan contra la expansión de las bases de EE. UU. En Filipinas, organizaciones como Bagong Alyansang Makabayan (Bayan) [Nueva Alianza Patriótica] se oponen a los acuerdos ampliados de acceso militar y reivindican una mayor soberanía nacional. En Corea del Sur, partidos políticos y movimientos sociales, como Acción Internacional de los Pueblos contra Trump [People’s International Action Denouncing Trump], apoyan una renovada participación diplomática para reducir las tensiones en la Península Coreana. Debates similares tienen lugar en Taiwán, Australia, India y otras regiones que navegan el militarismo de EE. UU.</p>
<p>La Asamblea Internacional de los Pueblos (AIP), una red de alrededor de 200 movimientos sociales, partidos políticos y sindicatos fundada en 2015, ha trabajado estrechamente con organizaciones de base en la región, construyendo solidaridad y consenso sobre cuestiones clave. En esta coyuntura crucial, cuando la militarización amenaza la paz y el desarrollo en Asia y en el mundo entero, la AIP ha lanzado la campaña “¡<a href="https://ipa-aip.org/es/campaign/bases-fuera-de-asia/">Bases Fuera de Asia</a>!”. Esa campaña se articula en torno a cuatro demandas para desescalar esta Nueva Guerra Fría en Asia:</p>
<ol>
<li><strong>Retirar todas las bases militares extranjeras y democratizar la seguridad</strong>. Los cientos de bases militares extranjeras que salpican la región asiática deben ser retiradas para que la política regional pueda democratizarse y la paz sea algo más que la preparación para la próxima guerra. Los Estados deben evitar la formación de bloques militares rígidos, limitar los despliegues avanzados y comprometerse a prevenir una carrera armamentista. La política militar debe rendir cuentas ante la ciudadanía: debe existir supervisión del Parlamento, de los gobiernos locales y de la sociedad civil sobre los acuerdos militares, los presupuestos de defensa y los despliegues de tropas extranjeras.</li>
<li><strong>Ampliar el contacto entre los pueblos</strong>. Apoyar la cooperación entre sindicatos, grupos estudiantiles, organizaciones por la paz y movimientos sociales en toda Asia para oponerse a las carreras armamentistas, las bases extranjeras y la escalada de la confrontación. Fomentar los intercambios entre los pueblos, los lazos culturales y la diplomacia de base a través de las fronteras, en especial entre sociedades en conflicto o en situaciones de gran tensión, para construir una cultura regional compartida de paz.</li>
<li><strong>Institucionalizar un diálogo sostenido</strong>. Establecer canales regulares de comunicación de alto nivel, tanto políticos como entre las fuerzas armadas para gestionar las crisis, reducir los errores de cálculo y generar confianza. Promover mecanismos prácticos de fomento de la confianza, como líneas directas y acuerdos de prevención de incidentes.</li>
<li><strong>Priorizar la seguridad cooperativa y los desafíos compartidos</strong>. Desplazar el foco de la competencia de suma cero hacia la colaboración en cuestiones clave como el cambio climático, la salud pública, la estabilidad económica y el desarrollo, reforzando la interdependencia como base para la paz. Promover reducciones en el gasto militar y la reasignación de recursos hacia la atención de salud, la acción climática, la educación y la reducción de la desigualdad, vinculando la paz con la justicia social.</li>
</ol>
<p>A estas luchas subyace en un cambio estructural más amplio en la economía global. El crecimiento de China como principal potencia industrial ha reconfigurado las redes de producción mundiales y alterado la distribución de la influencia económica. Estos cambios han dado un nuevo impulso a los movimientos que luchan por la soberanía en todo el Sur Global. Si esta transición conduce a un multilateralismo estable y pacífico o a una competencia más intensa sigue siendo incierto. Mucho depende de si la lucha de clases puede avanzar de modo tal que empuje la agenda hacia la paz y el desarrollo, en lugar de la guerra y la austeridad.</p>
<hr class="single-post--content--separator-section single-post--content--separator-section-end">
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-144933" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/D101_Kinjo_3.jpg" alt="" width="505" height="780" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/D101_Kinjo_3.jpg 505w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/D101_Kinjo_3-194x300.jpg 194w" sizes="auto, (max-width: 505px) 100vw, 505px"></div>
<h3 class="single-post--content--citations-title" style="margin:2em 0;">Notas</h3>
<div class="single-post--content--citations-block">
<p><a href="#_ednref1" name="_edn1"><sup>1</sup></a> Aunque Okinawa solo representa el 0,6 % de la superficie terrestre de Japón, alberga aproximadamente el 70% de todas las instalaciones militares estadounidenses del país. Para saber más sobre Kinjo y la historia de Okinawa, consulta nuestro Boletín de arte 26 (abril de 2026), “No se puede tragar una aguja, por pequeña que sea: el escultor de la resistencia en Okinawa”. <a href="https://thetricontinental.org/es/boletin-de-arte-escultor-resistencia-okinawa/">https://thetricontinental.org/es/boletin-de-arte-escultor-resistencia-okinawa/</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref1" name="_ftn1"><sup>2</sup></a> Estos datos están disponibles en el sitio web de la base de datos Comtrade de la Organización de las Naciones Unidas <a href="https://comtradeplus.un.org/">https://comtradeplus.un.org/</a>.</p>
<p><a href="#_ftnref2" name="_ftn2"><sup>3</sup></a> Sobre el papel de Sri Lanka en el epicentro de la estrategia indopacífica de EE. UU., véase Illanperuma (2024); sobre Diego García, véase Sands (2022).</p>
<p><a href="#_ftnref3" name="_ftn3"><sup>4</sup></a> Seguimos la línea argumental expuesta en McCormack, 2007.</p>
<p><a href="#_ftnref4" name="_ftn4"><sup>5</sup></a> La propuesta de esta estrategia de “tierra quemada” se planteó por primera vez en el artículo de Jared McKinney y Peter Harris (2021) y fue retomada dos años más tarde por el exasesor de seguridad nacional de EE. UU. Robert O’Brien (Clemons, 2023).</p>
<p><a href="#_ftnref5" name="_ftn5"><sup>6</sup></a> En febrero de 2025, Australia pagó 500 millones de dólares y, en julio, otros 525 millones de dólares (Mahadzir, 2025; Reuters, 2025).</p>
</div>
<h3 class="single-post--content--citations-title" style="margin:2em 0;">Referencias bibliográficas</h3>
<div class="single-post--content--citations-block">
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</div>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas</title>
		<link>https://thetricontinental.org/es/boletin-arte-cultura-e-ideas-en-la-revolucion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 31 May 2026 03:00:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Boletín de Arte]]></category>
		<category><![CDATA[Nuestra América]]></category>
		<category><![CDATA[Casa de las Américas]]></category>
		<category><![CDATA[Arte]]></category>
		<category><![CDATA[resistência cultural]]></category>
		<category><![CDATA[batalla de ideas]]></category>
		<category><![CDATA[revolución cubana]]></category>
		<category><![CDATA[Mario Benedetti]]></category>
		<category><![CDATA[poesía]]></category>
		<category><![CDATA[cultural resistance]]></category>
		<category><![CDATA[socialist art]]></category>
		<category><![CDATA[Human dignity]]></category>
		<category><![CDATA[arte socialista]]></category>
		<category><![CDATA[dignidad humana]]></category>
		<category><![CDATA[fidel castro]]></category>
		<category><![CDATA[boom latinoamericano]]></category>
		<category><![CDATA[literatura latinoamericana]]></category>
		<category><![CDATA[Guerra Fría]]></category>
		<category><![CDATA[José Martí]]></category>
		<category><![CDATA[cultura revolucionaria]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://thetricontinental.org/?p=144993</guid>

					<description><![CDATA[El imperialismo utiliza la cultura como arma para neutralizar la resistencia, pero el arte, la literatura y la imaginación nunca están separados de la lucha política; son una forma necesaria de desafío colectivo hacia una nueva sociedad.]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h4 style="text-align:center;">Boletín de Arte Tricontinental n°27 (mayo de 2026)</h4>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-144984" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/AB27_Header-1.jpg" alt="" width="950" height="550" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/AB27_Header-1.jpg 950w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/AB27_Header-1-300x174.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/AB27_Header-1-768x445.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></div>
<div class="rm-b-e-md">

<p class="single-post--content--text-small text-center"><a href="https://www.youtube.com/watch?v=tPvHCfYDIik">Escucha</a>: <em>Por qué cantamos / Canción nueva</em> del disco <em>A dos voces</em>, una colaboración de Mario Benedetti y Daniel Viglietti.</p>
</div>
<p>En América Latina, los caminos de las luchas de los pueblos y el desarrollo de su cultura se entrelazan constantemente. Desde la colonización española y portuguesa en los siglos XV y XVI, pasando por las luchas de independencia y por la Doctrina Monroe (1823), los pueblos de América Latina resisten a la dominación. José Martí, una de las figuras centrales en la lucha por la independencia, formuló el concepto de Nuestra América, en un texto del mismo nombre, sobre la unidad política y cultural del continente.</p>
<p>Para Martí, la noción de Nuestra América no se limitaba a un aspecto geográfico de ese vasto territorio que se extiende desde el Río Bravo hasta el estrecho de Magallanes, sino que era también un proyecto basado en las diversas culturas, historias y luchas de los pueblos originarios de esa región. Esa era la fuerza antiimperialista de la reflexión de Martí: América Latina solo podría liberarse si conocía y valoraba las raíces indígenas, africanas, campesinas y populares que el colonialismo y la intelectualidad europea habían menospreciado.</p>
<p>Como el propio Martí plantea en su texto: “Resolver el problema después de conocer sus elementos es más fácil que resolver el problema sin conocerlos. […] Conocer es resolver. Conocer el país y gobernarlo conforme al conocimiento es el único modo de librarlo de tiranías”. La literatura latinoamericana a lo largo de su historia ha sido una de las principales formas a través de las cuales ha sido posible conocer la diversidad de pueblos y culturas de este territorio. A través de poemas, novelas y canciones, los pueblos del continente han representado sus distintas realidades no como abstracciones, sino como experiencias vividas.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_144815" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-144815" class="size-full wp-image-144815" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/01_writers-on-the-truck.jpeg" alt="" width="994" height="426" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/01_writers-on-the-truck.jpeg 994w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/01_writers-on-the-truck-300x129.jpeg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/01_writers-on-the-truck-768x329.jpeg 768w" sizes="auto, (max-width: 994px) 100vw, 994px"><p id="caption-attachment-144815" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Escritores viajando en camión hacia Minas de Frío, Cuba, s.f. Fuente: <em>Revista Casa de las Américas</em>.</small></p></div>
</div>
<p>América Latina experimentó profundas transformaciones políticas y sociales en la segunda mitad del siglo XX. La Revolución Cubana, en 1959, rompe con la dependencia directa de Estados Unidos e inicia la construcción del socialismo en la isla, como un soplo de esperanza para los pueblos en lucha en los demás países de la región. Este proceso desencadena una nueva ola de acometidas imperialistas en Nuestra América con EE. UU. intensificando su ofensiva mediante la fallida invasión de Playa Girón, en Cuba, en 1961; el patrocinio y apoyo político al golpe empresarial-militar en Brasil, en 1964; el golpe contra el gobierno de la Unidad Popular y el derrocamiento del presidente Salvador Allende, en Chile, en 1973, además de apoyar otras dictaduras y proyectos de contrainsurgencia sanguinarios en la región en la década de 1970.</p>
<p>La literatura, en este contexto, sigue desempeñando un importante papel de resistencia, principalmente debido al llamado boom de la literatura latinoamericana, en los años 1960-1970 en el que algunos escritores alcanzaron fama en Europa. En este período cobra fuerza un debate ya antiguo sobre la relación entre arte y política, teniendo a Cuba, su revolución y su política cultural como uno de los ejes principales de la polémica.</p>
<p>Ya en 1959, el primer año de la revolución, se crearon varias instituciones culturales en la isla; entre otras, cabe mencionar el Teatro Nacional, el Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica (ICAIC) y la Casa de las Américas, dirigida por Haydée Santamaría, referencia ineludible para pensar la cultura, el arte y la literatura en América Latina. El escritor uruguayo Mario Benedetti (1920-2009) tuvo un papel central en la profundización de la labor cultural de la Casa de las Américas, contribuyendo, sobre todo, a reforzar el papel de la literatura como frente de resistencia en América Latina. Su propio desarrollo literario e intelectual, así como el de muchos otros escritores latinoamericanos de la segunda mitad del siglo XX, está directamente vinculado con la política y las actividades desarrolladas en la Casa de las Américas.</p>
<p>La Revista de la Casa, cuyo primer número fue publicado en 1960, fue responsable de circular y divulgar el pensamiento en torno de la cultura y el arte latinoamericano y caribeño desde una perspectiva emancipatoria, con el fin de fortalecer la construcción de una nueva sociedad.</p>
<p>En lo que respecta a la revolución cubana, cabe destacar la atención prestada al tema de la cultura. Además de las diversas instituciones creadas ya en el primer año de la revolución, las reflexiones de Fidel Castro en su discurso “Palabras a los intelectuales”, en 1961, en el que traza las líneas generales de una política cultural para la revolución, la iniciativa de las brigadas Conrado Benítez que acabaron con el analfabetismo en Cuba o incluso la impresión de millones de ejemplares de libros de la literatura clásica para la población de la isla. Cabe destacar que el primer título impreso y distribuido por la Revolución Cubana fue el clásico Don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes.</p>
<p>Sin embargo, la ofensiva imperialista estadounidense contra Cuba también cobró fuerza en el ámbito cultural. Buscaba combatir la proyección y el prestigio cada vez mayor de la Casa de las Américas entre la intelectualidad mundial, por medio de su revista y de su premio literario. Para ello, el infame Congreso por la Libertad de la Cultura, organización financiada por la CIA, creó la revista <em>Mundo Nuevo</em> con el objetivo de reunir escritores para hacer frente a las iniciativas de la institución cubana. Dirigida por el crítico uruguayo Emir Rodríguez Monegal, quien mantenía excelentes relaciones con los escritores, <em>Mundo Nuevo </em>disputó la atención de las principales figuras literarias de la época presentándose como una publicación literaria independiente al mismo tiempo que trabajaba para alejar a los escritores del boom latinoamericano del proyecto cultural de la Revolución Cubana y procuraba acercarlos a la órbita del anticomunismo liberal.</p>
<p>A medida que la contradicción entre revolución y contrarrevolución avanza en la región, los escritores y escritoras se posicionaron de diferentes maneras tanto frente a la construcción del socialismo en la isla caribeña como frente a la guerra cultural estadounidense, parte de la Guerra Fría y del intento de contener y sofocar las experiencias revolucionarias. Escritores de proyección mundial, del llamado boom latinoamericano, como Julio Cortázar, Mario Vargas Llosa, Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes, entre otros, se posicionaron, cada uno a su manera, ante este debate fundamental que expresa la estrecha relación entre literatura, arte y política.</p>
<p>En este sentido, es importante recuperar una formulación de Mario Benedetti en una entrevista para la revista <em>Cuba</em> en 1968, poco después del Congreso Cultural de La Habana, para pensar el papel del escritor en la lucha de clases:</p>
<blockquote><p>Si el deber de todo revolucionario es hacer la revolución, el deber de todo escritor, en cuanto tal, es hacer literatura […] la literatura, entre otras funciones, cumple la de ampliar los horizontes del hombre. En la medida en que el pueblo puede captar los significados, últimos o intermedios, de una gran literatura de ficción, estará más cerca de nuestra lucha, y más todavía si es capaz de analizar la enajenación que el enemigo le impone. Por eso no vemos razones para plantear la obligación de que el escritor militante se reduzca genérica o temáticamente a una línea muy estrecha.</p></blockquote>
<p>Así, el potencial de la literatura va más allá de la posición política personal del escritor, aunque en un contexto de ofensiva imperialista esta sea fundamental para el fortalecimiento o debilitamiento de un proceso político. El punto central de Benedetti era que la fuerza revolucionaria de la literatura no puede ser reducida a un tema, género o consigna determinados. La literatura puede ampliar los horizontes de los pueblos, agudizar su capacidad de reconocer la alienación y llevarlos a la lucha justamente a través de su potencialidad formal que toca la sensibilidad humana.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">La cultura no es un lujo, es un derecho</h3>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;"><img loading="lazy" decoding="async" class="alignnone size-full wp-image-144831" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/03_Mario-Benedetti_950x950.jpg" alt="" width="950" height="950" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/03_Mario-Benedetti_950x950.jpg 950w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/03_Mario-Benedetti_950x950-300x300.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/03_Mario-Benedetti_950x950-150x150.jpg 150w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/03_Mario-Benedetti_950x950-768x768.jpg 768w" sizes="auto, (max-width: 950px) 100vw, 950px"></div>
<p>Mario Benedetti fue uno de los escritores uruguayos más importantes del siglo XX, conocido por su literatura comprometida y sensible, que retrató las complejidades sociales y afectivas de su país. Su obra abarca poesía, novela, cuento y ensayo, siempre marcada por un lenguaje directo y profundamente humano.</p>
<p>Además de su importancia en el ámbito literario, desempeñó un papel fundamental en el panorama político cultural de izquierda en América Latina. Su labor en la Casa de las Américas, primero como jurado del premio literario de esta institución y luego como fundador y director del Centro de Investigaciones Literarias (CIL), contribuyó a concebir una cultura literaria latinoamericana que, al tiempo que valoraba el desarrollo literario europeo, también enfatizaba la importancia política, estética y cultural de las producciones literarias de Nuestra América. Entre otros aspectos, cabe destacar sus reflexiones sobre el papel del intelectual y de las y los trabajadores de la cultura en el proceso revolucionario.</p>
<p>En 1968, en el Congreso Cultural de La Habana, Benedetti realizó una exposición sobre las contradicciones entre las personas de acción y las de intelecto. En un contexto en el que la lucha armada era una de las principales formas de acción política, se instaba a los intelectuales y artistas a participar en la primera línea de batalla. El escritor uruguayo esbozó algunos rasgos de la actividad intelectual importantes para el desarrollo revolucionario. Según él: “el intelectual, a su vez, es casi por definición alguien inconforme, un crítico de su medio social, un testigo de memoria implacable”.</p>
<p>Además, también destaca el papel de la cultura y de las y los trabajadores de la cultura como un derecho y no como un lujo: “[…] el artista que defiende su derecho a soñar, a crear belleza, a crear fantasía, con el mismo encarnizamiento y la misma convicción con que defiende su derecho a comer, a tener un techo, a salvaguardar su salud, ese artista será el único capaz de demostrar que su oficio no es un lujo, sino una necesidad, y no sólo para sí mismo, sino también para su semejante”.</p>
<p>Para Benedetti, la cultura revolucionaria no puede ser tratada como algo secundario en la lucha política. El arte y la literatura son expresiones que posibilitaron a los pueblos comprender sus condiciones de vida y defender su dignidad y su lucha por una nueva sociedad.</p>
<div class="single-post--content--media-block single-post--content--image" style="text-align:center; margin:3em 0;">
<div id="attachment_144823" class="wp-caption alignnone"><img loading="lazy" decoding="async" aria-describedby="caption-attachment-144823" class="size-full wp-image-144823" src="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/02_mario_benedetti_jurado_premio_casa_americas_haydee_santamaria_alejo_carpentir_1978_s.jpg" alt="" width="300" height="445" srcset="https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/02_mario_benedetti_jurado_premio_casa_americas_haydee_santamaria_alejo_carpentir_1978_s.jpg 300w, https://thetricontinental.org/wp-content/uploads/2026/05/02_mario_benedetti_jurado_premio_casa_americas_haydee_santamaria_alejo_carpentir_1978_s-202x300.jpg 202w" sizes="auto, (max-width: 300px) 100vw, 300px"><p id="caption-attachment-144823" class="wp-caption-text" style="text-align:center;"><small>Benedetti con Haydée Santamaría y Alejo Carpentier en el jurado del Premio Casa de las Américas, 1978. Fuente: <em>Fundación Mario Benedetti.</em></small></p></div>
</div>
<p>La poesía constituye la mayor parte de su obra y, dentro de ella, transitó por diversas formas poéticas, dedicándose, por ejemplo, al final de su vida a los <em>haikus, </em>una estructura de origen japonés compuesta por sólo tres versos. Su poesía, así como toda su escritura, está marcada por lo cotidiano y, sobre todo, por la apertura hacia el otro, como podemos ver en este haiku:</p>
<blockquote><p>la más cercana<br>
de todas las fronteras<br>
es con mi prójimo</p></blockquote>
<p>La prosa también es fundamental en su contribución literaria. Con más de nueve volúmenes de cuentos publicados y tres novelas, Benedetti trata temas como la memoria, la dictadura uruguaya, el amor y la vida cotidiana. Entre sus libros de cuentos vale mencionar <em>Geografías</em>, <em>Correo del tiempo</em> y <em>Montevideanos</em>. Entre sus obras más impactantes está <em>Primavera con una esquina rota</em> (1982).</p>
<p>La vida y la obra de Benedetti son expresiones de una experiencia militante en el campo de la cultura y del arte, aspectos fundamentales de la construcción revolucionaria. Sus poemas y su prosa son a la vez sutiles y profundos, sacando a la luz las contradictorias relaciones cotidianas y afectivas que vivimos atravesadas por los dilemas políticos para la construcción de un nuevo ser humano en una nueva sociedad.</p>
<h3 style="margin:2em 0;">¿Por qué cantamos?</h3>
<p>La dinámica de la lucha de clases en el siglo XXI sigue intensa con el imperio en decadencia realizando una ofensiva cada vez más feroz sobre los territorios y pueblos del Sur Global, que siguen resistiendo: Palestina, Venezuela, Cuba. La batalla de ideas y de sentimientos, en palabras de Fidel Castro, adquiere cada vez más un papel central en nuestra época.</p>
<p>El legado de Mario Benedetti como escritor y hombre de acción es fundamental para pensar cómo un intelectual puede y debe actuar no solo como trabajador de la cultura, sino también como organizador y militante de un proyecto revolucionario. La Casa de las Américas sigue siendo una de las instituciones culturales más importantes en Nuestra América para difundir y fomentar la producción artística arraigada en las experiencias de nuestros pueblos, al tiempo que mantiene viva la convicción de que la cultura, además de ser parte de la lucha política, es una de sus formas necesarias.</p>
<p>En este momento en que la ofensiva estadounidense intenta sofocar la isla, la solidaridad de las diferentes organizaciones populares es más que fundamental para mantener encendida la llama de la revolución y para que las generaciones actuales y futuras sigan luchando y respondan, así, como el poema de Benedetti ¿Por qué cantamos?</p>
<blockquote><p>[…] Cantamos porque llueve sobre el surco<br>
y somos militantes de la vida<br>
y porque no podemos ni queremos<br>
dejar que la canción se haga ceniza.</p></blockquote>
<p>Cordialmente,</p>
<p>Miguel Yoshida</p>
<p>Integrante del Departamento de Arte y Cultura y de la oficina Nuestra América del Instituto Tricontinental de Investigación Social y editor de Expressão Popular, en Brasil.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
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