De la Conferencia a la producción: Construyendo el poder económico de la izquierda
A lo largo de África, la libertad formal no ha roto el poder de la propiedad heredada; la tarea urgente es convertir las declaraciones en instituciones, las luchas por la tierra en medios de vida y la solidaridad en una fuerza popular organizada.
Sudáfrica en 2026 atraviesa una profunda crisis política y social. El histórico movimiento de liberación gobierna ahora en coalición con el partido del capital blanco, el desempleo oficial se sitúa por encima del treinta por ciento y tres décadas de democracia formal han dejado las estructuras de propiedad racial y colonial prácticamente intactas. En esta coyuntura –marcada por la austeridad, el hambre, la desigualdad y el estrés ecológico– la cuestión no es si Sudáfrica necesita alternativas, sino si las fuerzas organizadas pueden construirlas.
Fue en estas condiciones que se convocó la Conferencia de la Izquierda a finales de mayo de 2026. Lejos de ser un encuentro más de una izquierda sudafricana fragmentada, la Conferencia abrió –aunque de manera desigual e incompleta– un camino hacia la vinculación de la política socialista con las cuestiones prácticas de la propiedad, la producción, la tierra, los medios de vida, el poder público y la reconstrucción económica democrática.
La frase más importante que dejó la Conferencia no es una consigna. Es una tarea: “el futuro no se nos dará; debe ser organizado”. La Conferencia declaró que la izquierda no se había reunido para lanzar un nuevo partido, ni para disolver las formaciones existentes en una sola estructura, sino para reconstruir el poder organizado de la clase trabajadora y de los pobres a través de la unidad en la acción contra el capitalismo, el imperialismo, el patriarcado, el racismo, la austeridad, el desempleo, el hambre, la desigualdad, la destrucción ecológica y el poder monopolista.
Sudáfrica no padece por ausencia de declaraciones. Padece por ausencia de un poder popular organizado capaz de cambiar las relaciones materiales de propiedad y producción. Por lo tanto, la Conferencia de la Izquierda no será juzgada por la elegancia de su declaración, sino por su capacidad para generar instituciones, campañas, escuelas, cooperativas, luchas por la propiedad pública, ocupaciones de tierras, alianzas entre trabajadores y comunidades, y alternativas económicas democráticas arraigadas en la vida cotidiana de la clase trabajadora y las clases populares.
Willie Bester (Sudáfrica), Barómentro de pobreza [Barometer of Poverty], 2021.
La cuestión central: La propiedad
El marco de la Conferencia situó la cuestión de la propiedad en el centro. La democracia política sin poder económico permanece incompleta. La tierra, las minas, los bancos, el sistema energético, el sistema alimentario, la infraestructura de transporte, las cadenas de distribución y los activos productivos siguen concentrados en manos privadas, organizados en función del lucro y no de las necesidades sociales. Una estrategia de izquierda que no confronte esta estructura no será transformadora; equivaldrá a una gestión de la crisis dentro del orden existente.
Por eso importa el énfasis de la Conferencia en la propiedad pública, social, de los trabajadores, cooperativa y comunitaria. Demuestra que la lucha por el socialismo no consiste únicamente en capturar el Estado en algún momento futuro. Consiste también en construir formas de poder obrero y popular desde ahora: defendiendo los activos públicos de la privatización, construyendo cooperativas, afirmando el control comunitario sobre la tierra y el agua, estableciendo empresas propiedad de los trabajadores, exigiendo el control democrático sobre las finanzas y creando instituciones de economía solidaria que trasladen la toma de decisiones económicas a las manos de las comunidades.
Una de las Comisiones de la Conferencia propuso un Fondo de Desarrollo de la Izquierda para apoyar:
- Iniciativas manufactureras, comerciales, agrícolas e industriales de base comunitaria.
- La nacionalización de minas, bancos y sectores estratégicos bajo propiedad pública democrática.
- La propiedad de los trabajadores y participación significativa en el capital.
- La transformación y propiedad pública del Banco de Reserva.
- Instituciones financieras cooperativas.
- Modelos de propiedad comunitaria.
Asimismo, situó la tierra, la agricultura y el desarrollo rural en el centro de la transformación económica, incluyendo la expropiación de tierras sin compensación, la ocupación organizada de tierras para uso productivo, el acceso a los mercados para los pequeños productores y el desarrollo rural como parte de la organización de la izquierda.
Esto no es un asunto menor. Apunta hacia una estrategia económica basada en el poder estructural, no solo en la defensa de políticas.
Por qué importa la Economía Solidaria
A menudo se malinterpreta la economía solidaria como un complemento blando de la política radical, reduciéndola a pequeños proyectos, huertos comunitarios, clubes de ahorro o cooperativas de supervivencia. Entendida correctamente, se trata de la reconstrucción de la sociedad desde abajo: quién controla los recursos, quién decide qué se produce, quién se beneficia de la producción y cómo se reorganiza la vida económica en torno a la necesidad, el cuidado, la sostenibilidad ecológica y la propiedad democrática.
En la reforma agraria y de la tierra, esto es decisivo. La estructura agraria heredada de Sudáfrica se construyó mediante el despojo colonial, las leyes de tierras del apartheid, la mano de obra negra barata, el apoyo estatal masivo a la agricultura comercial blanca y, más tarde, la desregulación y liberalización neoliberales. El Estado post-apartheid adoptó una reforma agraria basada en el mercado –la lógica del comprador dispuesto y el vendedor dispuesto– y desreguló los mercados agrícolas de manera que benefició al capital agrario, dejando a los beneficiarios de la reforma agraria sin las protecciones y el apoyo de los que históricamente disfrutaron los agricultores blancos.
Por ello, la redistribución de la tierra no puede reducirse a títulos de propiedad, fórmulas de compensación o transferencias aisladas de fincas. La reforma agraria debe transformar toda la estructura agraria: la propiedad de la tierra, el agua, las infraestructuras, el financiamiento, los insumos, la extensión, los mercados, el procesamiento, el almacenamiento, el transporte y el poder de la agroindustria en toda la cadena de valor.
Un enfoque de economía solidaria para la tierra combina la redistribución con la inversión pública, la producción cooperativa, la agroecología, los mercados locales, los fondos gestionados por los agricultores, las redes de recursos y el poder de las masas desde abajo. Significa que las comunidades y los trabajadores reorganizan la producción, la tierra y los recursos de acuerdo a su propio interés, a través de ocupaciones de tierras, producción comunitaria, apoyo a los pequeños propietarios, sistemas de semillas, el procesamiento local, el control democrático sobre el agua y contratación pública que apoye los sistemas alimentarios locales. En resumen: es el trabajo organizado de cambiar las relaciones de propiedad en la práctica.
Willie Bester (Sudáfrica), Minero [Miner], 2021.
Crisis climática, tierra y soberanía alimentaria
La cuestión de la tierra es también una cuestión climática. El sistema alimentario industrial es ecológicamente destructivo. Depende en gran medida de los combustibles fósiles, los fertilizantes químicos, los pesticidas, el transporte de larga distancia, la refrigeración, el envasado y la producción intensiva con agua. Destruye el suelo, los bosques, los sistemas hídricos y la biodiversidad. Produce hambre al tiempo que degrada la base ecológica de la vida.
La soberanía alimentaria ofrece una vía diferente: el derecho de las comunidades y los países a definir sus propios sistemas agrícolas y alimentarios. Requiere el control democrático sobre la tierra, el agua, las semillas, la biodiversidad, los mercados locales y la producción de alimentos; alimentos culturalmente apropiados, nutritivos y al alcance de todos. Un alejamiento del poder concentrado de la agroindustria mediante el apoyo a los pequeños productores y la construcción de sistemas agroecológicos que puedan alimentar a las personas mientras reparan la naturaleza.
Por lo tanto, la izquierda debe entender la reforma agraria y de la tierra como parte de la respuesta a la crisis climática. La redistribución radical de la tierra, la agroecología, la producción cooperativa y los sistemas alimentarios locales no son retornos nostálgicos al pasado. Son la base de un futuro más allá del capital fósil, la dominación de la agroindustria y la dependencia del mercado.
Ya existen ejemplos vivos de este trabajo. El movimiento por la soberanía alimentaria de Sudáfrica ha construido redes de agricultores orgánicos y agroecológicos, cooperativas dirigidas por mujeres, bancos de semillas indígenas, mercados locales y sistemas de producción comunitaria. Organizaciones como el Centro de Desarrollo Siyavuna, el Instituto de Formación y Agricultura Orgánica Umgibe y el Movimiento Nacional por la Tierra Inyanda –dentro de una red que llega a unos 20.000 agricultores orgánicos en todo el país– muestran lo que resulta posible cuando las comunidades cuentan con apoyo e infraestructura organizada. La tarea consiste en escalar y coordinar estos esfuerzos en una estrategia nacional.
La Ley de Expropriación: Un terreno, no el destino
La Ley de Expropiación (firmada el 20 de enero de 2025) es un terreno de lucha fundamental. La derecha tiene razón al temer la expropiación porque desafía la santidad de la propiedad capitalista. Pero la izquierda no debe confundir la aprobación de una ley con la transformación de las relaciones de propiedad.
La ley sigue siendo limitada. Está moldeada por negociaciones, apelaciones judiciales, criterios de compensación y la sombra continua de la reforma agraria basada en el mercado. No sitúa adecuadamente en el centro la función social y ecológica de la tierra, ni va lo suficientemente lejos al exigir que el uso de la tierra aborde la injusticia racial y de género histórica y continua, sirva para la adaptación y la producción, respete la dignidad de los trabajadores y las comunidades, y potencie la vida ecológica.
Por consiguiente, la izquierda debe defender la ley frente a la derecha y, al mismo tiempo, ir más allá de ella, construyendo una campaña más amplia para que la tierra cumpla su función social y ecológica. Necesitamos la expropiación para la redistribución, la soberanía alimentaria, la vivienda, la reparación ecológica, el uso público y la producción cooperativa. Necesitamos una reforma agraria impulsada por los sin tierra, los trabajadores agrícolas, las mujeres rurales, los pequeños productores, los habitantes de asentamientos informales, los movimientos sociales, los sindicatos y las comunidades; no solo por funcionarios, tribunales y tecnócratas.
La Ley de Expropiación debería convertirse en un espacio de educación masiva, movilización y lucha político-legal. Pero el terreno más amplio sigue siendo la transformación de las relaciones de propiedad.
Willie Bester (Sudáfrica), Se necesita un pueblo [It Takes a Village], 2018.
Lecciones de la Caravana Roja del Pueblo
La Caravana Roja del Pueblo –una campaña e iniciativa del Partido Comunista Sudafricano (SACP)– ofrece lecciones útiles. Su valor reside en llevar la política al terreno: aldeas, poblaciones, comunidades, cooperativas, luchas locales, espacios municipales y centros de producción. Demuestra que la política socialista debe organizarse allí donde la gente vive, trabaja, cultiva, comercia, estudia, cuida y lucha.
Pero la Caravana debe pasar de la movilización a la construcción de instituciones productivas. No debe limitarse a convocar reuniones; debe ayudar a cartografiar la tierra, identificar las capacidades de producción locales, apoyar a las cooperativas, vincular a las comunidades con las competencias técnicas, crear campañas de rendición de cuentas municipales, establecer centros de demostración de agroecología, capacitar a los jóvenes y conectar las demandas de la comunidad con la inversión pública y las luchas políticas.
Cada sitio de la Caravana Roja debería preguntarse: ¿qué se puede producir aquí? ¿Qué tierras hay disponibles? ¿Qué cooperativas existen? ¿Qué activos públicos están sin usar? ¿Qué capacidades están presentes? ¿Qué fuentes de agua existen? ¿Qué alimentos se importan que podrían producirse localmente? ¿Qué contratación municipal puede apoyar la producción local? ¿Qué obras públicas pueden emplear a la gente? ¿Qué sindicatos operan aquí? ¿Qué ONG, iglesias, escuelas, clínicas, instituciones tradicionales y organizaciones comunitarias pueden vincularse a un plan de desarrollo local? Esto convertiría a la Caravana en un método de reconstrucción socialista desde abajo.
La educación en economía política como organización
La Conferencia reconoció la necesidad de reconstruir la educación política y pidió un programa común de educación política vinculado a las campañas y arraigado en las comunidades, los lugares de trabajo, las universidades y las zonas rurales. Insistió en que los desempleados, los trabajadores informales, los trabajadores migrantes, los trabajadores agrícolas, los habitantes de las granjas, los jóvenes y las mujeres deben ser las fuerzas centrales de la renovación de la izquierda, y que las cooperativas, la producción basada en la tierra y las instituciones económicas alternativas deben convertirse en elementos prácticos de la reconstrucción socialista.
Esto es fundamental. La educación en economía política debe ayudar a las comunidades a comprender por qué suben los precios de los alimentos, por qué colapsan los municipios, por qué fracasa la reforma agraria, por qué dominan los bancos, por qué se precariza a los trabajadores, por qué las mujeres cargan con el trabajo de cuidados no remunerado, por qué persiste el desempleo juvenil, por qué la crisis climática golpea con más fuerza a los pobres y por qué importa la propiedad pública. No debe funcionar como una abstracción de aula.
La educación política debe estar ligada a la práctica: una escuela cooperativa vinculada a una cooperativa real; una escuela de la tierra vinculada a una campaña por la tierra; una escuela de economía municipal vinculada a la planificación del desarrollo municipal y a las luchas presupuestarias; una escuela de propiedad pública vinculada a las campañas contra la privatización; una escuela de soberanía alimentaria vinculada a los huertos agroecológicos y a los bancos de semillas.
Los sindicatos, las ONG y la política económica
Los sindicatos tienen un papel indispensable en la transformación económica que va más allá de la negociación salarial. Debe organizarse un bloque de la clase trabajadora más amplio, que vincule a los trabajadores con empleo y a los desempleados, a los trabajadores informales, a los cooperativistas, a los trabajadores comunitarios de la salud, a los trabajadores agrícolas y a los trabajadores del sector público. Los fondos de pensiones, los consejos de negociación, los departamentos de educación obrera y la capacidad de investigación pueden movilizarse para apoyar la propiedad pública, la política industrial, el financiamiento de cooperativas y la producción local.
Las ONG progresistas, como el Instituto para la Justicia Económica (Institute for Economic Justice), pueden ayudar a conectar esta construcción de movimientos con una política económica seria sobre cuestiones fiscales y monetarias, empleo público, seguridad social, estrategia industrial, política comercial, sistemas alimentarios, financiamiento climático, banca pública y propiedad democrática. Pero la política no debe flotar por encima de la lucha: debe responder ante los movimientos, los sindicatos y las comunidades.
La izquierda necesita una división del trabajo. Los sindicatos aportan la organización de los trabajadores. Las ONG progresistas aportan capacidad de investigación, asesoramiento político y litigio. Las cooperativas aportan la producción práctica. Los movimientos aportan las luchas por la tierra, la vivienda, el clima y los servicios. Las organizaciones políticas aportan coherencia ideológica y estrategia. El Consejo de la Izquierda tiene el potencial de coordinar estas capacidades de manera eficaz.
Willie Bester (Sudáfrica), Cuidado de los niños [Care for the Children], 1995.
Hacia una estrategia africana de desarrollo económico
La izquierda sudafricana también debe pensar a nivel continental. La crisis de África no es la falta de espíritu empresarial, sino la estructura de la dependencia: exportación de materias primas, deuda, importación de alimentos, dominación financiera, industrialización débil, control extranjero sobre los minerales y la tierra, y la subordinación del desarrollo nacional al capital global. La declaración de la Conferencia se comprometió con el panafricanismo, la desconexión estratégica de la dependencia imperialista, la industrialización regional, el control público sobre los recursos estratégicos, los sistemas financieros alternativos y la solidaridad con el Sur Global.
Una estrategia económica de la izquierda africana debe vincular la reforma agraria, la soberanía alimentaria, la propiedad pública, el procesamiento local de materias primas, la manufactura regional, el desarrollo cooperativo, los bancos públicos, la justicia climática y la planificación democrática. Debe plantearse: ¿cómo construimos la capacidad africana para alimentarnos a nosotros mismos, fabricar lo que necesitamos, procesar nuestros minerales, controlar nuestra energía, proteger nuestra agua y construir la propiedad social a través de las fronteras?
La izquierda sudafricana debe aprender del Movimiento de los Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) de Brasil, de la planificación popular de Kerala, de la agroecología y la salud pública de Cuba, de las comunas de Venezuela, de los movimientos africanos por la soberanía alimentaria, de las cooperativas de trabajadores y de otras iniciativas anticapitalistas.
Pasos prácticos después de la Conferencia
La Conferencia debe convertirse ahora en un programa. Los siguientes pasos son urgentes:
- Establecer el Consejo de la Izquierda con un sólido bloque de transformación económica centrado en la propiedad pública, las cooperativas, la economía solidaria, la tierra, la soberanía alimentaria y las economías democráticas locales.
- Crear un Fondo de Desarrollo de la Izquierda para apoyar la manufactura comunitaria, la agroecología, el comercio minorista cooperativo, las adquisiciones de empresas por parte de los trabajadores, el procesamiento de alimentos, los bancos de semillas, el transporte local, las energías renovables y las economías de reparación.
- Lanzar una Campaña Nacional por la Tierra, la Soberanía Alimentaria y la Agroecología que vincule la expropiación, la ocupación de tierras, la producción de pequeños propietarios, la soberanía de las semillas, la democracia del agua y la contratación pública.
- Desarrollar proyectos piloto de economía solidaria municipal en municipios seleccionados, vinculando a concejales, sindicatos, comunidades, cooperativas, productores locales, ONG e instituciones técnicas.
- Convocar indabas (asambleas) sectoriales sobre minería, finanzas, sistemas alimentarios, energía y comercio minorista para identificar dónde se puede avanzar en la propiedad pública, de los trabajadores, comunitaria y cooperativa.
- Desarrollar un plan de estudios nacional de economía política sobre capitalismo, propiedad pública, tierra, agroecología, cooperativas, política fiscal, finanzas, crisis climática y desarrollo africano.
- Conectar la lucha de la Ley de Expropiación con una campaña más amplia por la función social y ecológica de la tierra.
- Medir el progreso no por las resoluciones, sino por las instituciones construidas: cooperativas formadas, tierras accedidas, trabajadores organizados, jóvenes capacitados, activos públicos defendidos, campañas sostenidas y comunidades capaces de alimentarse por sí mismas.
La Conferencia de la Izquierda hace sonar la alarma sobre la urgencia de este trabajo. La prueba consistirá en ver si la izquierda puede convertir las palabras en producción, la solidaridad en organización y la educación en economía política en poder estructural, construyendo a gran escala lo que ya existe de forma fragmentada en instituciones coordinadas y duraderas.
El socialismo no llegará en forma de discurso. Debe ser plantado, construido, fabricado, enseñado, organizado y defendido.
Afectuosamente,
Mazibuko
Mazibuko Kanyiso Jara es un educador popular panafricanista, estratega, activista, analista y una respetada voz nacional y regional con tres décadas de experiencia en la profundización de la democracia, la reforma municipal, la justicia de género, la reforma agraria, la justicia ecológica, el acceso a tratamientos para el VIH/SIDA y los derechos LGBTQIA+. Es miembro del Comité Directivo de la Conferencia de la Izquierda, y exmiembro del Partido Comunista Sudafricano y de su Liga de la Juventud Comunista. También es miembro de la Junta Directiva del Instituto Chris Hani. |