Quien se considera intelectual y no lucha por la revolución en todo momento es una o un falso intelectual
Durante el extenso período de limpieza étnica, apropiación de tierras y migración forzada impuestas por el sionismo, el pueblo palestino ha seguido utilizando la producción cultural como herramienta de resistencia.
Escucha Ya Habib, de la banda palestina Darbet Shams, que incluye en su letra: “Vuelve, estarás a salvo. No les creas y no tengas miedo. Construiremos nuestra patria”.
El 29 de noviembre de 1947, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la Resolución 181, que sentó las bases para la Nakba, un acto de limpieza étnica que se apoderó del 78% del territorio palestino, destruyó más de 500 ciudades y pueblos, desplazó a más de la mitad de la población y condujo a la creación del Estado de Israel. Setenta y ocho años después, la lucha por la liberación persiste, mientras el genocidio intensificado de Israel sigue devastando la vida palestina. Durante este largo período de despojo y lucha, el trabajo cultural ha sido fundamental para la resistencia palestina. Por ejemplo, una tradición de literatura de resistencia, o adab al-muqawama (أدب المقاومة), surgió de las cenizas de la Nakba y ha sostenido la identidad palestina, documentado la violencia colonial y movilizado la solidaridad internacional. Wisam Rafeedie es uno de los muchos escritorxs que han contribuido a esta tradición. Su novela, La trinidad de los fundamentos, publicada por primera vez en árabe en 1998, ofrece una profunda visión de la subjetividad revolucionaria, el compromiso político y el papel de la cultura en la liberación nacional.
Publicado en torno al Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, el 29 de noviembre, mismo día en que se adoptó la Resolución 181, este boletín de arte examina la tradición de la literatura militante palestina a través de la obra de Rafeedie y la reciente traducción al inglés de la novela mencionada, The Trinity of Fundamentals (2024) por parte del Movimiento Juvenil Palestino (PYM por su sigla en inglés). A partir de una entrevista con Kaleem Hawa, investigador palestino y referente del PYM, exploramos cómo la literatura de resistencia ha funcionado como arma en la lucha por la liberación palestina.
El papel de la literatura de resistencia palestina
Tarjeta de identificación de Wisam Rafeedie en una prisión israelí.
La literatura de resistencia palestina surgió de las condiciones del colonialismo sionista respaldado por el imperialismo occidental. Hawa explica que los palestinos teorizan estas condiciones “como si tuvieran al menos tres predicados específicos: la alienación de la tierra para la acumulación primitiva; la sustitución de la población, o limpieza étnica; y un régimen racial que produce segregación y organiza la sociedad sobre la base de la supremacía judía”. Dado que el sionismo desea inculcar la derrota ideológica, la cultura desempeña un papel importante en la resistencia a estos predicados. El pueblo palestino lucha a través de una literatura que transmite su compromiso político, o iltizam (الْتِزام), y que puede incluir el intercambio de estrategias para la defensa de la tierra. “Nuestra producción cultural también tiene una función ‘ofensiva’”, señala Hawa, “que consiste en contrarrestar la propaganda sionista, ampliar la base de la lucha popular y construir una solidaridad internacional duradera”.
Frente a la dispersión y la desarticulación, la cultura une al pueblo palestino en torno a tradiciones e historias compartidas. Ghassan Kanafani, escritor palestino y miembro del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP), popularizó las teorías de la literatura de resistencia. Asesinado por las fuerzas israelíes en Beirut el 8 de julio de 1972, Kanafani entendía la literatura de resistencia como una forma de producción cultural que surgía de formaciones sociales periféricas comprometidas con la lucha de liberación nacional. Esta literatura hablaba de las realidades del sujeto palestino en condiciones de despojo y reconstitución. Para Kanafani, la literatura de resistencia era una literatura de compromiso político en la tradición del iltizam árabe. Su carácter revolucionario estaba relacionado tanto con la producción como con la circulación: las ideas se articulaban y compartían de forma colectiva y creativa para combatir la desubjetivización y la deshumanización sionistas. La literatura se convirtió en un arma, o lo que Kanafani denominó “la recuperación de la pierna amputada”.
El mundo árabe en general ha sido esencial para la producción y difusión de textos culturales palestinos, tanto literarios como cinematográficos. Ante la limpieza étnica sionista y los ataques contra las instituciones productoras de conocimiento, lxs palestinxs recurrieron a la región en general en busca de apoyo estratégico. Hawa destaca la importancia de las editoriales árabes, que han apoyado la producción de literatura de resistencia palestina, entre ellas Dar al-Adab y Dar al-Farabi en Beirut, Ittihad al-Kuttab al-‘Arab en Damasco, Dar al-Ahliyyah en Ammán y la Organización General Egipcia del Libro en El Cairo. Además, el cine revolucionario árabe de las décadas de 1970 y 1980, canalizado a través de la Organización Nacional de Cine de Siria, produjo declaraciones políticas perdurables como Kafr Kassem (1975), rodada en la aldea siria de al-Shaykh Saad, sobre la masacre sionista del pueblo palestino en 1956, y Al-Manam (El sueño, 1987), sobre los recuerdos colectivos de palestinas y palestinos en el exilio, rodada en los campos de refugiadxs del Líbano.
El régimen sionista no solo ha atacado sin descanso los lugares de producción cultural palestina y árabe, sino que también ha destruido los lugares de reunión pública y memoria colectiva, como lo demuestra el saqueo de los archivos de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP) en Beirut en 1982. En el actual bombardeo intensivo de Israel sobre el sur del Líbano, el ejército israelí ha atacado estratégicamente plazas, mercados, mezquitas y bibliotecas, además de bases de la resistencia, con el objetivo de dispersar y aislar a palestinas y palestinos de los espacios comunitarios donde se intercambia y desarrolla la cultura. Este ataque se lleva a cabo mediante violencia física y también mediante la destrucción institucional.
Amor, revolución y vida
Wisam Rafeedie encarna la tradición del escritor militante, o artista miembro de una organización política que lucha por la liberación nacional. Se unió al FPLP a los 16 años. Tras vivir escondido durante 9 años durante la Primera Intifada, Rafeedie fue capturado por las fuerzas de ocupación israelíes en 1991, condenado a 34 meses de prisión y recluido en la cárcel de al-Naqab, en el desierto del sur de Palestina.
Allí, Rafeedie escribió La trinidad de los fundamentos en 1993, una novela narrada desde la perspectiva del protagonista Kan’an Subhi, un revolucionario palestino y miembro del partido que se esconde durante un periodo de reconstitución de la resistencia en Cisjordania. Además de “describir sus luchas a través del aburrimiento, la desesperación y la frustración de su aislamiento, y su maduración hacia la lucha, la disciplina y el compromiso político”, dice Hawa, “la novela también explora varios escenarios de tarakum [acumulación política, تَرَاكُم] en este periodo y trata principalmente sobre la subjetividad revolucionaria palestina, como co-constitutiva de la construcción de instituciones populares y la liberación de la mente”. La trinidad de fundamentos que estructura la vida de Kan’an en la clandestinidad se compone del amor, la revolución y la vida misma.
La circulación de la novela encarna la práctica colectiva de la resistencia palestina. La trinidad de los fundamentos se extendió por toda la prisión de al-Naqab, introducida de contrabando en cápsulas de pastillas y doblada en bolas de masa que se lanzaban a través de las celdas. Cuando un guardia de la prisión interceptó el manuscrito, Rafeedie creyó que se había perdido. Sin que él lo supiera, un compañero de prisión de Gaza había escrito a mano otra versión y la había sacado de contrabando de Al-Naqab a la prisión de Nafha tragándose hojas dobladas en cápsulas de pastillas. A partir de ahí, una segunda copia del manuscrito circuló por la mayoría de las prisiones de Palestina, convirtiéndose en un elemento básico del plan de estudios del Movimiento de Prisioneros Palestinos. La novela documenta momentos importantes de la lucha palestina, como la Primera Intifada y la Guerra del Golfo, y ofrece a los lectores una visión de los debates internos entre los partidos políticos palestinos durante ese periodo.
La trayectoria de Rafeedie refleja la de otros trabajadores culturales revolucionarios: Kanafani, que escribió novelas mientras editaba la revista al-Hadaf (El objetivo) del FPLP y redactaba programas políticos; Mahmoud Darwish, que en 1988 redactó la Declaración de Independencia de Palestina mientras formaba parte del comité ejecutivo de la OLP (dimitió en 1993 para protestar contra los Acuerdos de Oslo); y Kamal Nasser, poeta y jefe del departamento de medios de comunicación de la OLP, mártir de las fuerzas israelíes en Beirut el 10 de abril de 1973. Hawa señala que estos trabajadores culturales y sus luchas encarnan la idea de que un/a intelectual “que no lucha por la revolución en todo momento es un falso intelectual, y su intelecto es engañoso y superficial”, citando al teórico marxista libanés Mahdi Amel.
Nuestro pueblo no es tan fácil de doblegar
Ilga (Palestina y Chile), Palestina resiste, 2016. [Cortesía de Utopix.]
En 2023, varios miembros de PYM formaron un comité para producir colectivamente La trinidad de los fundamentos en inglés. Publicada en enero de 2024 por 1804 Books y traducida por el Dr. Muhammad Tutunji, la nueva edición lleva la obra de Rafeedie a un público más allá del mundo árabe. “Pensamos que esta novela contenía varias formas de conocimiento que serían valiosas para quienes estaban adquiriendo conciencia política y comenzando sus actividades en los movimientos estudiantiles y laborales, o en sus comunidades locales”, explica Hawa. “Al releerla ahora, en un momento de brutal e interminable sadismo y destrucción en Gaza, me sorprende lo cierta que es como descripción del golpe y cómo puede ayudarnos a continuar la lucha, a renovar nuestro compromiso”.
El proyecto de traducción ejemplifica cómo funciona hoy en día la cultura revolucionaria. Hawa describe la característica más importante como “la conexión entre la cultura juvenil y la experiencia colectiva de los ancianos palestinos”. Después de que los Acuerdos de Oslo viciaran muchas instituciones sociales y culturales palestinas mediante la “compradorización” de la burguesía palestina, la juventud palestina recurrió a la producción de vídeos y a los diarios en las redes sociales para narrar su experiencia colectiva, incluyendo su alienación y su firmeza. Las y los ancianos palestinos han luchado contra los esfuerzos concertados de los gobiernos árabes para hacerles olvidar su historia. “Consideramos que esta conexión entre generaciones y geografías es una rama de nuestro espíritu de lucha como palestinos, que debe ser alimentada por nuevas instituciones conectadas con una base popular, con la lucha de masas, y que se mantengan firmes en lo que respecta al derecho inalienable de los palestinos a resistir al sionismo”, afirma Hawa.
Un reto importante ha sido el escolasticidio y el epistemicidio en Gaza, es decir, la destrucción total de los repositorios culturales e intelectuales en forma de personas, instituciones y archivos. “El corazón de Palestina y su cultura revolucionaria se encuentran en Gaza, y la pérdida inimaginable de ese conocimiento y esa práctica acumulados es un revés de magnitud histórica”, afirma Hawa. Sin embargo, el pueblo palestino permanece y resiste, escribiendo poesía, canciones y testimonios desde la zona cero de la eliminación sionista. El People’s Centre for Palestine, 1804 Books y Liberated Texts han completado recientemente la traducción de Witness to the Hellfire of Genocide: A Testimony from Gaza [Testigo del infierno del genocidio: un testimonio desde Gaza], de Wasim Said, publicada por 1804 Books en octubre de 2025. El libro entrelaza relatos de las atrocidades que se están cometiendo en Gaza, contados en parte desde la casa del autor en Beit Hanoun, ahora arrasada. “El programa de contrainsurgencia del sionismo busca destruir el espíritu palestino —su voluntad de resistir y permanecer, su promesa de regresar— y, sin embargo, nuestro pueblo no es tan fácil de quebrantar”, afirma Hawa.
La cultura es vida
Para Hawa, la liberación palestina significa reconocer que “en el mundo occidental, la cultura es una mercancía, y la producción y circulación actuales son una cultura de muerte. En cierto sentido, esto es inevitable y estamos implicados en ello, pero creo que hay valor en una práctica colectiva, aunque solo sea para producir nuevos espacios para la expresión de la cultura palestina, que en su esencia trata sobre la vida”. Para lxs palestinxs, la escritura es un conducto hacia universos de pensamiento y experiencia alejados de la comprensión popular en Occidente, una conexión frágil y asediada.
El legado de la literatura de resistencia palestina —desde Kanafani hasta Darwish y Rafeedie— nos invita a reconocer que la cultura es inseparable de la lucha política. La trinidad de los fundamentos, escrita en cautiverio y sacada clandestinamente gracias a una acción colectiva, llega ahora a nuevos públicos gracias al trabajo dedicado de la juventud palestina. Casi ocho décadas después de la Nakba, mientras el genocidio continúa en Gaza, la tradición de la literatura militante nos recuerda que el trabajo cultural sigue siendo esencial para la liberación palestina. Como afirma Hawa, el papel de lxs excritorxs militantes hoy en día es seguir comprometidxs con la lucha; fortalecer el sumud (صُمُود), el concepto palestino de firmeza y determinación para permanecer en la tierra; y resistirse a la colaboración con los regímenes sionistas occidentales y a la normalización de la violencia y el genocidio. La solidaridad internacional construida a través de la literatura de resistencia amplía la base de la lucha popular y mantiene viva la promesa del retorno.
En otras noticias…
Kael Abello (Venezuela), Símbolos de resistencia, 2024. [Cortesía de Utopix.]
A principios de este mes, publicamos nuestro último dossier, A pesar de todo: resistencia cultural por una Palestina libre, en el que se examina cómo los artistas palestinos han respondido a la cambiante coyuntura desde la Nakba a través de su trabajo cultural y político.
El 30 de noviembre de 2025, el Instituto Tricontinental de Investigación Social junto con la Asamblea Internacional de los Pueblos y Utopix, organizan un seminario web para presentar el dossier. El seminario web reunirá al novelista palestino Bassem Khandaqji, que estuvo encarcelado por el régimen israelí durante 19 años y fue liberado recientemente en un intercambio de prisioneros, al actor y cineasta palestino Mohammad Bakri y al artista visual chileno-palestino Rasan Abu Apara. Tendré el honor de moderar el evento, que busca inspirar nuestro continuo trabajo de solidaridad, tanto cultural como político, hasta que Palestina sea libre.
Cordialmente,
Tings Chak
Directora de Arte del Instituto Tricontinental de Investigación Social