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Boletín Semanal

El mundo necesita una izquierda viva | Boletín 24 (2026)

Mientras un sistema imperialista en declive arremete para preservar su orden moribundo, la organización de la clase trabajadora no solo se vuelve necesaria para las personas oprimidas del mundo, sino indispensable para la supervivencia humana.

Dumile Feni (Sudáfrica), African Guernica [Guernica africana], 1967.

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Del 29 al 31 de mayo, las fuerzas de la izquierda sudafricana se reunieron en Johannesburgo, Sudáfrica, en la Conferencia de la Izquierda. Es importante entender el contexto de esta reunión. Más de 30 años después del fin formal del apartheid, la población de Sudáfrica sigue luchando por satisfacer sus necesidades básicas, con una tasa de desempleo oficial del 32,7 % que llega al 43,7 % si se incluyen lxs trabajadorxs desalentados, personas disponibles para trabajar pero que ya no buscan empleo. Mientras tanto, las riquezas del país son extraídas por las corporaciones multinacionales. La incapacidad de abordar estos desequilibrios en la creación y distribución de la riqueza ha llevado a la fragmentación del partido Congreso Nacional Africano (CNA), que alguna vez fue el principal vehículo de la lucha de liberación nacional, y a su deterioro hasta convertirse en un partido de los ricos. Al mismo tiempo, las fuerzas de la izquierda están desmoralizadas, mientras que la derecha, incluida la vieja oligarquía del apartheid, campa a sus anchas.

Fue entonces cuando el Partido Comunista Sudafricano (SACP por su sigla en inglés) y el comité directivo de la conferencia reunieron a una variedad de fuerzas políticas, muchas de ellas formaciones que se separaron del CNA, para debatir cuestiones urgentes de estrategia para Sudáfrica y otros países que enfrentan crisis similares.

Durante una sesión plenaria sobre la coyuntura actual, hablé en nombre de nuestro instituto. Las reflexiones que siguen se han extraído de esa presentación.

Louis Maqhubela (Sudáfrica), St. George and the Dragon [San Jorge y el dragón], 1965.

Cuando luchamos, ganamos. Si tenemos demasiado miedo al fracaso, no haremos nada.

Hoy, 30 de mayo, se cumple el 56º aniversario de la fundación de la Central de Sindicatos Indios (CITU por su sigla en inglés), una federación que representa a más de siete millones de trabajadores. El 12 de febrero de 2026, la CITU se unió a otras centrales sindicales y organizaciones de agricultorxs en una huelga general contra los nuevos códigos laborales, que debilitan los derechos de lxs trabajadorxs a la negociación colectiva, promueven la contractualización y abren la puerta a jornadas laborales más largas. Se estima que 300 millones de trabajadorxs, agricultorxs y otros sectores de la clase trabajadora participaron en acciones de huelga y movilizaciones masivas en todo el país. Lxs trabajadorxs de la India siguen luchando en condiciones difíciles, siguiendo los pasos de la histórica revuelta campesina de 2020-2021, cuando cientos de miles de agricultorxs mantuvieron un movimiento de protesta de un año de duración que contó con el apoyo de cientos de millones de trabajadorxs y campesinado de todo el país y obligó al gobierno a retirar sus leyes contra lxs agricultorxs.

Cuando luchamos, ganamos, e incluso cuando no logramos nuestros objetivos de inmediato, ganamos confianza y experiencia para la próxima lucha.

Nos apoyamos en más de un siglo de luchas organizadas de la clase trabajadora, el campesinado y por la liberación nacional. Estas luchas encontraron su expresión en la Comuna de París (1871), la Revolución Rusa (1917), la Revolución Vietnamita (1945), la Revolución China (1949), la Revolución Cubana (1959) y una serie de victorias anticoloniales, incluidos los notables y poco comprendidos acontecimientos que están teniendo lugar en el Sahel. Un debate sobre la izquierda no tiene por qué comenzar con desesperanza. La clase trabajadora y el campesinado deben estar orgullosos de su papel clave en estas luchas y en el intento de ir más allá del capitalismo y forjar una sociedad socialista.

Sam Nhlengethwa (Sudáfrica), Very Ugly [Muy feo], 1992.

Desde la crisis financiera de 2008, la economía mundial ha experimentado crecimiento lento, deuda elevada, disminución de la inversión productiva y una profunda desigualdad social. Los descensos más dramáticos se han producido en las economías del Atlántico Norte, que siguen sufriendo lo que llamamos la Tercera Gran Depresión. Estados Unidos y sus aliados no han logrado resolver estos problemas económicos ni ofrecer un proyecto social creíble. A medida que se ha debilitado su control sobre las finanzas, la tecnología y los recursos naturales, las élites decadentes y peligrosas han intensificado su control sobre la información y han escalado la guerra para mantener su orden global. Esta es la fase del hiperimperialismo. Las pruebas de estos ataques hiperimperialistas son claras: China, Cuba, Irán, Líbano, Palestina, Venezuela y Yemen son todos objetivos. Estas dinámicas se ven intensificadas por la Nueva Guerra Fría, en la que Estados Unidos busca contener el ascenso de China en particular y el desplazamiento del centro de gravedad hacia Asia en general.

Estos acontecimientos dejan claro que la contradicción central de nuestra era se encuentra entre un sistema imperialista en declive que intenta preservar su dominio y las aspiraciones de los pueblos y las naciones que buscan soberanía, desarrollo y justicia social.

George Pemba (Sudáfrica), Homeless [Sin techo], 1973.

Sin embargo, el debilitamiento del poder imperialista no produce automáticamente la liberación. La historia no ofrece transiciones ni victorias automáticas. La fragmentación del viejo orden crea oportunidades, pero también peligros: rivalidad inter capitalista, guerras regionales, ideologías políticas tóxicas y una intensificación de la extracción de riqueza del Sur Global hacia el Norte Global. Por eso, la cuestión decisiva ante la que se encuentra la humanidad es la organización. ¿Pueden las clases trabajadoras y los pueblos oprimidos construir un poder organizado suficiente para intervenir de manera independiente en esta crisis? Este es el desafío central de nuestra era. Aquí debemos hablar con honestidad sobre la crisis de la propia izquierda. En muchos países, los movimientos comunistas y de trabajadorxs sufrieron derrotas históricas durante la ofensiva neoliberal de finales del siglo XX. Los sindicatos se debilitaron, la formación política decayó, el electoralismo reemplazó a la movilización de masas y las ONG desplazaron a las estructuras populares.

En los últimos 40 años, los partidos históricos de liberación nacional (como el Congreso Nacional Indio y el CNA) y los partidos socialdemócratas han agotado sus misiones: ya no se aferran a los requisitos básicos del bienestar social. Estos partidos ya no tienen fe en la redistribución y han adoptado como propio el marco de austeridad del Fondo Monetario Internacional. Este tipo de captura intelectual ha devastado el panorama político, permitiendo a los gobiernos ignorar las necesidades inmediatas de su pueblo mientras apoyan las necesidades de los ricos, incluidos los tenedores de bonos. El colapso de la socialdemocracia ha significado que la izquierda ha tenido que ampliar su misión histórica de luchar por la transformación revolucionaria para incluir la lucha por las necesidades inmediatas de la gente. A pesar de sus recursos limitados, es la izquierda la que ha estado al frente de la lucha para asegurar el bienestar social, los alimentos, el agua y la atención de salud para poblaciones cada vez más desesperadas.

Irma Stern (Sudáfrica), Watussi Chief’s Wife in Yellow, [La esposa del jefe watussi vestida de amarillo], 1946.

El futuro no lo decidirán los cálculos de las élites ni la benevolencia de las instituciones. Lo decidirá la organización. Las clases dominantes están organizadas a nivel global a través de corporaciones, bancos, sistemas mediáticos y alianzas militares. Los pueblos del mundo deben organizarse con la misma seriedad. Esto requiere paciencia, claridad ideológica y confianza en la política socialista, no como nostalgia, sino como necesidad. La unidad es esencial. Una izquierda viva siempre contendrá diferentes tradiciones y debates, pero debemos reconocer la contradicción principal entre el trabajo y el capital, entre la gran mayoría que produce la riqueza social y la pequeña minoría que se la apropia. Como dijo el secretario general del SACP, Solly Mapaila: “No somos enemigos a pesar de nuestras diferencias”. Cuando la izquierda está fragmentada, las fuerzas reaccionarias explotan la desesperación. Pero cuando los movimientos progresistas actúan juntos a través de la formación política, la movilización de masas y la lucha concreta, lxs trabajadorxs comienzan a reconocer su propio poder colectivo.

Por eso, reconstruir el poder de la clase trabajadora es la tarea estratégica que tenemos ante nosotros. Esto implica no solo alianzas electorales o negociaciones a puerta cerrada entre las élites, sino una organización arraigada entre los trabajadores, las personas desempleadas, las mujeres, los estudiantes, quienes trabajan en el sector informal, el campesinado y las comunidades. La izquierda debe recuperar las tradiciones de formación política, organización democrática de masas, disciplina colectiva e internacionalismo. Este último no es caridad entre naciones, sino el reconocimiento de que las clases trabajadoras del mundo se enfrentan a un enemigo común en el sistema de acumulación de capital y dominación imperial.

Gerard Sekoto (Sudáfrica), Township Street [Calle de un barrio marginal], 1958.

El socialismo ya no es solo una aspiración. Es una condición para la supervivencia humana. Pero el socialismo no llegará por sí solo. Debe construirse a través de la lucha, mediante instituciones de poder popular y a través de movimientos organizados arraigados en la vida cotidiana de la gente. Tenemos ejemplos de esa construcción en las cooperativas creadas por la izquierda en Kerala, los asentamientos del Movimiento de Trabajadores Sin Tierra en Brasil y las Caravanas Rojas del SACP. Estos proyectos son el “todavía no”: fragmentos de un futuro que aún no ha llegado por completo, pero que ya se está construyendo en el presente. Estos experimentos son lo que Karl Marx llamó “comunismo posible”.

Por eso son importantes encuentros como este. No pueden resolver todas las cuestiones estratégicas de inmediato, pero representan esfuerzos por reconstruir la capacidad política colectiva tras décadas de fragmentación. El camino por delante será difícil. Pero la historia sigue abierta. El imperialismo es poderoso, pero no es invencible. El capitalismo es violento, pero no es eterno. Las clases trabajadoras y los pueblos oprimidos siguen siendo los hacedores de la historia. Nuestra tarea es ayudar a organizar esa fuerza histórica de manera consciente, internacionalmente y con paciencia revolucionaria.

Dumile Feni (Sudáfrica), Hector Pieterson, 1987.

Nuestra reunión tuvo lugar no muy lejos de Soweto, donde hace 50 años, en la mañana del 16 de junio de 1976, estudiantes negrxs comenzaron una protesta contra la indignidad de que se les negara el derecho a aprender en sus propios idiomas y se les obligara a estudiar en afrikáans. Mientras miles de jóvenes estudiantes marchaban, la policía abrió fuego, matando al menos a 176 e hiriendo a más de 1.000. Hector Pieterson, de 12 años, fue uno de los primeros estudiantes en recibir un disparo. El fotógrafo Sam Nzima capturó la imagen del estudiante Mbuyisa Makhubo cargando a un Hector moribundo, con la hermana de Hector, Antoinette, corriendo a su lado. La fotografía, ahora icónica, inspiró la pintura de Dumile Feni de 1987, que se muestra arriba. Los disparos no cesaron.

Solo una pequeña atrocidad, en lo profundo de la ciudad
Soweto blues
Soweto blues

Estas fueron las palabras que Miriam Makeba, la cantante sudafricana y activista contra el apartheid, cantó en Soweto Blues, la poderosa canción escrita por Hugh Masekela tras la masacre. Cincuenta años después de Soweto, lxs niñxs de Sudáfrica aún necesitan una izquierda viva, y nosotros también.

Cordialmente,

Vijay