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Wenhua ZonghengVol. 4, No. 1

Editorial

La praxis del desarrollo en el Sur Global

Vivimos en un interregno. El orden neoliberal que reorganizó la producción y el pensamiento globales desde la década de 1980 ha perdido su legitimidad, incluso entre sus propios arquitectos. El Consenso de Washington -que pregona austeridad fiscal, liberalización comercial, privatización, subordinación del Estado a la “disciplina” del mercado- ha sido repudiado no solo por las estadísticas de estancamiento en África y América Latina, sino por el comportamiento del propio Norte Global, que ahora sigue abiertamente políticas industriales y proteccionismo, mientras niega las mismas al Sur Global.

Sin embargo, el interregno es precisamente lo que hace que el momento presente sea tan peligroso: el viejo orden decae sin morir, y el nuevo aún no puede nacer. El Sur Global navega en una coyuntura donde las reglas del juego están siendo reescritas por las mismas potencias que las escribieron la primera vez, solo que ahora con instrumentos abiertamente coercitivos, desde “aranceles recíprocos” hasta nuevos tratados desiguales, pasando por sanciones y ataques decapitantes.

Es en esta coyuntura que deben leerse los cuatro textos de este número de Wenhua Zongheng. En conjunto, constituyen una contribución china emergente a la teoría y la práctica de la modernización en el Sur Global. El hilo que los une no es cultural ni ideológico en sentido estricto. Es resueltamente material: cada texto se ocupa de preguntas concretas acerca de cómo los Estados construyen capacidad productiva, aseguran las condiciones de su propia reproducción y resisten la subordinación a un orden internacional diseñado para su subdesarrollo permanente.

Qin Beichen y Jing Jun, en “Construir una nueva teoría del desarrollo desde el Sur Global”, proporcionan el andamiaje teórico de todo el número. Demuestran que el Consenso de Washington nunca fue solamente un conjunto de prescripciones económicas. Fue una construcción ideológica que logró combinar exitosamente la libertad del capital con la libertad misma, deslegitimando cualquier acción estatal que amenazara los márgenes de ganancia de las empresas multinacionales. Instrumentalizó las instituciones internacionales, el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y los mecanismos de solución de disputas incorporados en los acuerdos comerciales, para oponerse a las estrategias de desarrollo autónomas del Sur Global. Las consecuencias están documentadas con precisión: desindustrialización prematura en toda África y América Latina, acumulación de mano de obra en sectores de servicios de baja productividad, vaciamiento de la capacidad estatal y clausura de la vía histórica que siguió toda economía actualmente industrializada. Los autores sostienen con razón que esto no fue un fracaso del neoliberalismo, sino su logro. El subdesarrollo sistemático de las economías periféricas es la condición previa, no el subproducto desafortunado, de la acumulación que ocurre en el centro (Norte Global).

Lo que resulta especialmente valioso en la contribución de Qin y Jing es su identificación de los tres obstáculos estructurales que enfrenta el catch-up posneoliberal: las tendencias de ahorro de mano de obra de la tecnología digital en la manufactura, el control oligopólico de las empresas multinacionales sobre los activos intangibles (patentes, datos, valor de marca, protocolos de cadena de suministro), y la intensificación de la competencia geopolítica entre grandes potencias, que comprime el espacio de política disponible para los gobiernos del Sur Global. Estas no son crisis separadas, sino un sistema unificado de restricciones. La tarea que plantean para el Sur Global es, consecuentemente, ambiciosa. No se trata de corregir los excesos neoliberales dentro de un marco existente, sino de construir un paradigma teórico completamente nuevo, arraigado en las experiencias del Sur Global, centrado en la producción y el empleo más que en la eficiencia del intercambio y transparente acerca del papel constitutivo del Estado en toda industrialización históricamente exitosa.

Es precisamente esta exigencia teórica, la de una explicación fundamentada y materializada de cómo los Estados desarrollan las fuerzas productivas, la que el texto de Li Xiang, “China y la electrificación del Sur Global: el caso de Pakistán”, intenta responder en el nivel de la práctica. Pakistán no es un estudio de caso abstracto, sino un sitio de diagnóstico. Aquí, la herencia colonial es inusualmente legible: la inversión en infraestructura británica fue explícitamente diseñada para conectar puertos con las regiones del interior, fuentes de materias primas, en lugar de construir una economía doméstica integrada. Los ferrocarriles que convirtieron a la India británica en la cuarta red ferroviaria más grande del mundo eran corredores comerciales coloniales, no infraestructura de desarrollo nacional. Pakistán heredó esta lógica punto a línea, incluyendo sus consecuencias políticas: una red eléctrica que concentra la distribución en las grandes ciudades y centros militares, dejando a las regiones periféricas desatendidas.

El aporte de la experiencia y las capacidades de China a esta situación no es únicamente la electricidad, sino la reorganización material de las relaciones Estado-sociedad. Li Xiang es más penetrante cuando distingue entre “poder despótico” y “poder infraestructural”. El primero caracteriza la autoridad jerárquica de arriba abajo. El segundo, la penetración del Estado, en red y negociada, a través de la sociedad, a nivel del hogar y la aldea. Las grandes represas y centrales hidroeléctricas encarnan el poder despótico. Las redes, y sobre todo la generación fotovoltaica distribuida, constituyen el poder infraestructural. La idea de que los paneles fotovoltaicos están reemplazando a los generadores diésel en los asentamientos informales de Lahore, permitiendo a los agricultores alimentar sus sistemas de riego con paneles de energía solar y poniendo microrredes independientes a disposición de las comunidades excluidas de los servicios eléctricos formales, no es una historia sobre energía limpia. Es una historia sobre la expansión material de la capacidad del Estado desde abajo, la extensión del alcance infraestructural del Estado pakistaní a espacios sociales que el colonialismo dejó deliberadamente sin integrar.

La lección estratégica aquí se generaliza poderosamente. La combinación de infraestructura centralizada a gran escala (que concentra el poder estatal e impulsa la demanda industrial) con tecnología descentralizada distribuida (que democratiza el acceso y construye el tejido social del desarrollo) ofrece un modelo de dos vías para la construcción de capacidad estatal. Esta alude directamente a las condiciones fragmentadas y de herencia colonial de gran parte de África subsahariana, el sur y sudeste asiático, y partes de América Latina. El Corredor Económico China-Pakistán es, desde esta perspectiva, no solo una relación de inversión bilateral, sino un laboratorio para un nuevo modo de cooperación Sur-Sur para el desarrollo; uno que explícitamente apunta a fortalecer la capacidad estatal en lugar de erosionarla, como históricamente han hecho las condicionalidades de los préstamos multilaterales del Norte.

El texto de Feng Chao, “La industria manufacturera de la Ruta de la Seda: una vía alternativa hacia la globalización”, examina una dimensión complementaria de la misma problemática: no la infraestructura energética, sino la arquitectura de la producción industrial. El modelo de industria manufacturera de la Ruta de la Seda que Feng propone (empresas chinas que construyen redes manufactureras transnacionales en Vietnam mediante inversión extranjera directa, transferencia tecnológica e integración de cadenas industriales) se presenta como una respuesta a la crisis de la desglobalización y al intento sistemático de Estados Unidos de utilizar la hegemonía tecnológica, los regímenes de propiedad intelectual y las barreras arancelarias para congelar el desarrollo industrial de China. Estas no son medidas comerciales neutrales en ningún sentido. Son instrumentos de contención hiperimperialista, diseñados para impedir el surgimiento de redes de producción transnacionales que puedan ofrecer a los países del Sur Global una alternativa a la dependencia de las cadenas de valor corporativas del Norte Global.

La contribución más significativa de Feng es el concepto de “país de origen móvil”: la idea de que las empresas chinas pueden construir ecosistemas fuertemente localizados en Vietnam y, por extensión, en toda la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) y más allá, logrando una genuina creación de valor agregado, transferencia tecnológica, desarrollo de la fuerza laboral y mejora industrial, en lugar de simplemente reubicar el ensamblaje intensivo en mano de obra para aprovechar el arbitraje arancelario. El argumento es que la Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI por su sigla en inglés) puede funcionar como un marco para una integración productiva genuina, una que sirva a las estrategias de industrialización de los países receptores en lugar de subordinarlos a las demandas de exportación del país inversor.

La pregunta de si la expansión industrial china en Vietnam y en otros lugares replica la lógica extractiva de las oleadas anteriores de inversión extranjera, o transfiere genuinamente capacidad productiva y tecnológica a las economías receptoras, es precisamente la pregunta que distingue a la cooperación Sur-Sur de una nueva variante de la dependencia. La respuesta de Feng no es concluyente, pero el marco analítico que ofrece, centrado en la fuerte localización, las proporciones de valor agregado doméstico, el desarrollo de la fuerza laboral y la construcción de conglomerados de suministro establecidos localmente, brinda los criterios mediante los cuales puede evaluarse el carácter progresivo o regresivo de cualquier relación de inversión específica. Para los movimientos y gobiernos de todo el Sur Global, esto tiene un valor práctico considerable.

Finalmente, la reseña de Wang Li sobre la biografía intelectual que Qiu Shijie dedica a Liu Shinkei, un economista taiwanés, ilumina la profundidad histórica de estos debates de maneras inesperadas. La trayectoria intelectual de Liu, desde las teorías marxistas japonesas de la “no transición”, pasando por encuentros con la teoría de la dependencia y el análisis del sistema-mundo, hasta un retorno final hacia la teoría del desarrollo endógeno y el nacionalismo económico, no es solo un episodio en la historia de las ideas. Es un mapa comprimido de los dilemas teóricos que aún enfrenta el Sur Global. Lo que Wang Li recupera de esta trayectoria es la tensión productiva misma: la insistencia en que comprender cualquier economía particular requiere tanto el rigor del análisis de clase interno como la honestidad acerca de su integración en un sistema mundial estructuralmente desigual. Ni las teorías del desarrollo endógeno ni la teoría del sistema-mundo son suficientes por sí solas. La síntesis dialéctica, una teoría de cómo las fuerzas de clase endógenas interactúan con las estructuras de la acumulación global, sigue siendo el proyecto inconcluso.

A lo largo de los cuatro textos, emerge un argumento convergente con creciente claridad. La construcción de una nueva teoría del desarrollo para el Sur Global requiere, simultáneamente, una ruptura teórica con los marcos epistémicos del Norte que naturalizan la subordinación de los Estados del Sur, el despliegue activo del poder estatal para desarrollar las fuerzas productivas, con la manufactura en el centro, el uso estratégico de la cooperación Sur-Sur como vehículo para construir capacidad estatal en lugar de crear nueva dependencia, y la recuperación de las tradiciones intelectuales del propio Sur Global como recursos para una teoría del desarrollo genuinamente del Sur.

Los textos aquí reunidos no ofrecen un programa completo, pero brindan las herramientas para pensar el problema en toda su complejidad: ya sea la desideologización teórica de la economía del desarrollo, la relación entre la gran infraestructura y la capacidad estatal, las condiciones bajo las cuales la cooperación industrial transnacional sirve o socava el desarrollo de las naciones receptoras, o la larga historia del compromiso marxista con el problema del desarrollo tardío. Quienes contribuyen a este número participan en la construcción de un patrimonio teórico común que pertenece, por derecho de experiencia y necesidad, al Sur Global.