100 años después de Bruselas: renovar el internacionalismo, impulsar la liberación
Celebrado en Bruselas en 1927, el Congreso contra la Opresión Colonial y el Imperialismo de 1927 reunió a líderes anticoloniales, sindicalistas, intelectuales y activistas de todo el mundo en uno de los primeros intentos de construir un frente común contra el imperialismo.
Mientras se intensifica la guerra, la militarización, la austeridad y la agresión imperialista, los pueblos continúan organizándose y resistiendo. Desde Palestina hasta América Latina, desde África hasta Asia, los movimientos enfrentan la ocupación, la explotación y la dominación colonial en todas sus formas. En este contexto, el centenario del Congreso contra la Opresión Colonial y el Imperialismo de 1927 ofrece una oportunidad no solo para recordar un momento histórico, sino también para extraer lecciones para los desafíos del presente.
Celebrado en Bruselas en 1927, el Congreso reunió a líderes anticoloniales, sindicalistas, intelectuales y activistas de todo el mundo en uno de los primeros intentos de construir un frente común contra el imperialismo. El encuentro forjó nuevos vínculos entre los movimientos de liberación y ayudó a sentar las bases de la solidaridad y la coordinación internacional que influirían en las luchas anticoloniales durante décadas.
La Campaña del Centenario de la Liga contra el Imperialismo (LAI27) conmemora cien años de este acontecimiento histórico. Más que una conmemoración, es un esfuerzo colectivo por recuperar esta historia y ponerla en diálogo con las realidades actuales. La campaña reúne a movimientos, sindicatos, investigadores, artistas y activistas de distintas regiones para intercambiar experiencias, fortalecer relaciones y crear espacios de colaboración política y cultural.
A lo largo de 2026 y hasta el encuentro centenario en Bruselas en marzo de 2027, LAI27 organiza publicaciones, iniciativas educativas y reuniones internacionales. Al conectar organizaciones e iniciativas de distintos continentes, la campaña busca destacar historias compartidas de resistencia, fortalecer la solidaridad internacional y contribuir a la renovación del internacionalismo antiimperialista y anticolonial para el siglo XXI. Más allá de conmemorar el pasado, LAI27 pretende servir como una plataforma de coordinación, intercambio político y acción conjunta, brindando a los movimientos oportunidades para colaborar, organizar iniciativas comunes y fortalecer los vínculos entre regiones y luchas. Estos esfuerzos culminarán en un encuentro internacional en Bruselas en marzo de 2027, que reunirá a movimientos, sindicatos, investigadores, artistas y activistas de todo el mundo para reflexionar sobre un siglo de lucha antiimperialista y debatir los desafíos y tareas del futuro.
Voces de 1927
Voces de 1927 es uno de los proyectos emblemáticos de la campaña. A través de una serie de tres cuadernillos publicados durante 2026, revisita algunos de los discursos más importantes pronunciados en el Congreso de Bruselas y explora su relevancia para el presente.
Combinando textos históricos con materiales de archivo, reseñas biográficas, reflexiones de organizaciones y movimientos participantes en la campaña LAI27, así como nuevas obras artísticas encargadas especialmente para el proyecto, esta iniciativa pone las voces de 1927 en diálogo con las luchas contemporáneas. Presenta a figuras como Lamine Senghor, Jawaharlal Nehru y Carlos Quijano, cuyas intervenciones surgieron de contextos políticos y geográficos distintos, pero compartían un compromiso común con la liberación, la solidaridad internacional y la resistencia a la dominación imperial.
El objetivo no es simplemente preservar estos discursos como documentos históricos, sino recuperarlos como parte de una tradición viva de resistencia. Al poner estos materiales a disposición tanto en formato impreso como digital, Voces de 1927 busca conectar las luchas del pasado con las del presente y contribuir a la renovación del internacionalismo antiimperialista para una nueva generación.
Colaboradores
Daniel Kersffeld es licenciado en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires, magíster en Ciencias Sociales por FLACSO-Argentina y doctor en Estudios Latinoamericanos por la UNAM, donde también realizó investigaciones posdoctorales en Ciencia Política. Su premiada tesis doctoral sobre la Liga Antiimperialista de las Américas recibió el Premio de la Academia Mexicana de Ciencias (2009) y dio origen a su libro Contra el Imperio (Siglo XXI, 2012). Ha publicado extensamente sobre el tema y actualmente es investigador del CONICET (Universidad Torcuato Di Tella, Argentina), además de analista internacional para Página 12.
Laura Capote es una activista social e investigadora colombiana. Es co-coordinadora de la Oficina Nuestra América del Instituto Tricontinental de Investigación Social y coordinadora de la Secretaría Continental de la Articulación Continental de Movimientos Sociales y Populares hacia el ALBA, donde es responsable del área de Formación Política. Es licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires y cursa una maestría en Relaciones Internacionales en la Universidad Nacional de La Plata.
Carlos Quijano
Carlos Quijano nació en Montevideo en 1900. Influenciado por la Revolución Rusa y las ideas de José Enrique Rodó, cofundó el Centro de Estudios Ariel en 1917 y participó en los primeros movimientos estudiantiles por la reforma educativa. Estudió Derecho en la Universidad de la República, graduándose con los máximos honores en 1923, y posteriormente continuó estudios de economía y ciencia política en la Sorbona de París.
Mientras estuvo en Europa, participó activamente en la política estudiantil latinoamericana, desempeñándose como secretario general de AGELA y promoviendo la lucha contra el imperialismo estadounidense. En 1927 publicó Nicaragua: un ensayo sobre el imperialismo de los Estados Unidos. También estableció vínculos con destacados intelectuales y dirigentes políticos latinoamericanos, convirtiéndose en una voz importante de una nueva generación de pensadores antiimperialistas.
Tras participar en congresos internacionales en Bruselas, Moscú y La Habana, Quijano regresó a Uruguay en 1928. Fue diputado entre 1929 y 1932, fundó periódicos como El Nacional y Acción, y se opuso tanto a las dirigencias partidistas como a la dictadura. Con el tiempo se distanció del Partido Nacional y contribuyó a sentar las bases de la coalición de izquierda Frente Amplio.
En 1939 fundó el influyente semanario Marcha, que dirigió durante 35 años como plataforma de ideas de izquierda, nacionalistas y antiimperialistas. Durante la dictadura (1973-1974), el periódico fue censurado y finalmente clausurado. Quijano fue encarcelado brevemente antes de exiliarse en México, donde continuó su labor intelectual.
Reconocido pensador latinoamericano y autor de más de veinte obras, Carlos Quijano falleció en Ciudad de México en 1984.
La voz de Quijano
En nombre de las delegaciones de América Latina, que abarcan más de veinte naciones y ochenta millones de habitantes oprimidos por el imperialismo estadounidense, los saludo fraternalmente y les expreso mi solidaridad.
Nuestra lucha allá abajo se dirige principalmente contra el imperialismo estadounidense. Sin embargo, sabemos que nuestra acción es solo una parte de la lucha internacional contra el imperialismo mundial. Las batallas de los chinos, de los indios y de los egipcios son también nuestras batallas. El enemigo de todos los demás pueblos oprimidos es también nuestro enemigo. Por ello estamos aquí con ustedes, representando junto a ustedes a todos los movimientos antiimperialistas del mundo, procurando unir nuestras fuerzas y coordinar nuestras acciones para alcanzar nuestro objetivo por el camino más corto y seguro.
Con la última guerra imperialista de 1914 comenzó un nuevo capítulo para América Latina en sus relaciones con Estados Unidos. El Pacto de la Sociedad de Naciones reconoció la Doctrina Monroe, otorgando así a Estados Unidos plena autoridad para intervenir en América Latina.
Desde entonces, el capital estadounidense se ha más que triplicado. Ha tomado control de las fuentes más importantes de materias primas y explota a trabajadores y campesinos con tal brutalidad que estos se ven obligados a vivir en las peores condiciones.
Más de veinte repúblicas llamadas independientes reúnen precisamente las características que las convierten en presa fácil del imperialismo: debilidad nacional, extensos territorios escasamente poblados y economías de carácter feudal. Además, contienen importantes recursos naturales, especialmente petróleo. La mano de obra es tan barata como en los países coloniales y también sirven como mercados para los productos de las naciones imperialistas.
México constituye la frontera de América Latina. Allí Estados Unidos encontró un adversario difícil de someter. A cada agresión respondió una feroz resistencia. En las dos guerras que Estados Unidos impuso a México, este perdió vastas porciones de su territorio, y el presidente Huerta, agente del imperialismo británico, fue derrocado.
Los yanquis obligan a otras naciones a firmar tratados, despliegan tropas y provocan levantamientos según los intereses que persiguen y la resistencia que encuentran en los gobiernos locales. Esto ha ocurrido, por ejemplo, en Panamá, Nicaragua, Santo Domingo y Haití.
Actualmente han ocupado casi todo el territorio de Nicaragua para apoyar a un tal Adolfo Díaz, antiguo instrumento de los imperialistas, y brindarle ayuda militar contra la revolución popular.
También emplean el método de la infiltración, que aunque más diplomático, en ciertos casos resulta aún más criminal. Es la ayuda que prestan a las dictaduras nacionales. En Venezuela mantienen en el poder a Vicente Gómez, un tirano brutal que durante más de dieciocho años hizo asesinar a más de veinte mil compatriotas y encarceló a más de cinco mil, mientras que más de setenta mil solo pudieron salvar sus vidas huyendo del país.
La lucha contra el imperialismo apenas comienza. Sin embargo, entre todos los pueblos de América se percibe un rápido despertar de la confianza revolucionaria nacional.
En todas partes donde el imperialismo intenta imponer su dominio —en México, Centroamérica, las Antillas y Sudamérica— encuentra una resistencia cada vez más intensa.
Trabajadores, campesinos, estudiantes e intelectuales progresistas ya han comprendido la necesidad de formar un frente unido.
Este es apenas un panorama general de la situación de las fuerzas en lucha. Los informes de los distintos delegados americanos ofrecen una visión más detallada de cada país y de los crímenes cometidos por el imperialismo.
Para concluir, deseo subrayar que nuestro problema es también el suyo: es el problema de los trabajadores de los países imperialistas y de las fuerzas productivas de las naciones oprimidas.
Gracias a la Liga Antiimperialista en las Américas, la lucha contra el imperialismo en América Latina se libra ahora de manera unificada. Y puesto que hemos unido nuestra lucha a la lucha internacional contra toda forma de imperialismo, esperamos desarrollarla con mayor vigor, claridad y eficacia, aplicando para ello los principios y resoluciones de este Congreso.
Carlos Quijano
Bruselas, 1927
En Nuestra América al imperialismo siempre le pasará lo que le pasó en Playa Girón
Este aniversario de la Liga contra el Imperialismo llega en un momento trascendental de la historia de los pueblos a nivel global, y en particular de América Latina y el Caribe. Lastimosamente, las palabras aportadas por Carlos Quijano a pesar de ser escritas hace décadas, pareciera que retrataran con total precisión la realidad actual de nuestra región, y los efectos que el imperialismo ha causado en los pueblos de nuestra región y el mundo.
En ALBA Movimientos, nuestra Articulación Continental de Movimientos Sociales y Populares compuesta por cerca de 200 organizaciones sociales de 23 países de la región, impulsamos en 2023 la campaña “Bolívar vs. Monroe” en el marco del aniversario número 200 de la proclamación de la Doctrina Monroe impulsada por el secretario del presidente Monroe, John Quincy Adams, el 2 de diciembre de 1823. Esta campaña buscaba visibilizar de qué manera esta doctrina, documento por excelencia de la visión del continente latinoamericano y caribeña como uno de propiedad americana, haciendo referencia con ello a los Estados Unidos.
La Doctrina, que sistematiza la visión de que los países del vecindario pertenecen a EE.UU y marca terreno frente a posibles intereses europeos, se convirtió en el eje central de la política exterior de los Estados Unidos para la región. Como ya lo plantea Quijano, fue la oficialización de la intervención estadounidense en los designios de nuestro continente, como analizara posteriormente el Libertador Simón Bolívar en su conocida proclama “Los Estados Unidos parecen destinados por la Providencia a plagar la América de miserias en nombre de la libertad” dicha en 1829 como reacción a la expansión de EE.UU. en la región.
A pesar de haber impulsado esta campaña en este bicentenario, varias organizaciones sociales y redes de articulación continental nos planteaban que era errado plantear una campaña cuyo eje principal fuera el antiimperialismo, pues nuestros pueblos, en su cotidianidad, no conocen que es el imperialismo y no van a construir iniciativa y acción política alrededor de la lucha antiimperialista. Nos planteaban que debíamos enfocarnos en algunos enemigos más palpables y urgentes para la realidad de las grandes mayorías.
Sin embargo, la realidad de los últimos años nos ha dado -tristemente- la razón. Tal vez producto de la pluralidad de voces en los proyectos progresistas y alternativos de la región, o de las conquistas del posmodernismo y su declaración del “fin de la historia”, muchos sectores sociales de nuestro continente dejaron de hablar del Imperialismo con nombre propio, a pesar de la ininterrumpida presencia de los Estados Unidos y su intervención de caracter imperialista sobre nuestro continente.
Ya Quijano menciona en su artículo el rol de los Estados Unidos en la historia de nuestro continente en impulsar, directa o indirectamente, modificaciones en el destino de independencia y soberanía de los países de la región. El desarrollo del Plan Cóndor en el Cono Sur es sólo una de las muestras del nivel de intervención y financiamiento de golpes de Estado contra presidentes electos, que además de ser la antesala para el arribo del neoliberalismo en las economías nacionales, fue el escenario de escenas dantescas de tortura y desaparición forzada de millones de latinoamericanos y latinoamericanas.
El desarrollo de la denominada “Guerra contra las Drogas” que funcionó desde su lanzamiento en la década del 70 como un dispositivo de control y una excusa de naturaleza moral para permitir la intervención en nuestros países con financiamiento, capacitación y envío de armas a las fuerzas de seguridad de países de la región con la excusa de la “Guerra contra el Narcotráfico”, que en realidad se ha configurado es como una guerra contra los pobres -como se desarrolla en el Dossier 97º del Tricontinental-, y un beneplácito con los grandes carteles del narcotráfico que lavan sus inmensas ganancias en los principales bancos de los EE.UU.
El intento a inicios de siglo de consolidar en nuestra región un tratado de libre comercio de alcance continental denominado Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), que nos llevó a prestar una batalla histórica para evitar empeñar el futuro de las generaciones de nuestra región a perpetuar el modelo de dependencia impuesto por el centro sobre la periferia, donde no hubiéramos sido otra cosa que una gran despensa de materias primas y bienes comunes -o recursos estratégicos como lo ve el capital- sin posibilidades de desarrollo y producción de mercancías con valor agregado para la competencia brutal del mercado capitalista.
Durante este siglo XXI, intervenciones a través de “organismos de cooperación” y “asistencia para el desarrollo” con el objetivo de desarticular procesos de defensa de derechos de la vida y el territorio en diversos lugares de nuestra región, con la capitalización de agendas revolucionarias en agendas de ONG’s y cambios superficiales; el impulso del lawfare en nuestra región que ha logrado al proscripción y sacar del juego político en momentos trascendentales a varios de los principales líderes políticos de la región, siendo emblemáticos los casos de Fernando Lugo en Paraguay, Dilma Roussef y Lula da Silva en Brasil, Cristina Fernández en Argentina y Rafael Correa en Ecuador.
Entretanto, el imperialismo no cesó en castigar a aquellos procesos rebeldes, pioneros en experiencias revolucionarias que demostraron que la construcción de la utopía de la emancipación y el socialismo era posible en nuestra Patria Grande: la profundización de la violencia en Haití, con la llegada de las misiones de la MINUSTAH y la MINUNJUSTH que no llevó otra cosa a la isla que un aumento de la miseria, la llegada de enfermedades como el cólera, y una generación de niños y niñas producto de violaciones perpetradas por los cascos azules de las Naciones Unidas. Y por supuesto, el recrudecimiento cada vez más cruel y genocida del bloqueo ilegal impuesto contra Cuba desde hace más de seis décadas, buscando la asfixia de un pueblo que se levantó con valentía contra el imperialismo a solo noventa millas de sus costas.
Este 2026, lejos de la sorpresa, y haciendo uso de sus antiguos métodos, en los que tiene toda la experiencia acumulada de hacer guerras en territorios ajenos dejando países devastados, inició con el bombardeo en la madrugada del 3 de enero en la ciudad de Caracas y otros estados de Venezuela, y con el secuestro del presidente Nicolás Maduro Moros y la primera combatiente y diputada de la Asamblea Nacional, Cilia Flores. Esas imágenes, estremecedoras para todo el continente, fueron la prueba fehaciente, inclusive para aquellos que afirmaban que hablar de imperialismo estaba pasado de moda, que la codicia y el hambre imperialista, en esta fase, no tiene ningún límite, y puede pasar por encima de cualquier normativa internacional, si es que ya no nos había quedado claro con el genocidio cometido contra el pueblo palestino en vivo y en directo en medio del silencio aterrador de la “comunidad internacional”.
Como cualquier bestia que está por morir y da sus últimos coletazos con toda la fuerza que puede, la decadencia de los Estados Unidos y el imperialismo es evidente ante los ojos del mundo. La emergencia de otros polos de poder a nivel global ha dejado en evidencia que la única fortaleza del imperialismo estadounidense sigue estando radicada en su complejo militar industrial y su capacidad para desatar guerras y tirar bombas para demostrar su poder.
Desde el lugar de los movimientos sociales y populares de América Latina y el Caribe, hay una firme decisión de defensa de nuestra soberanía e independencia continental de los intentos de la Doctrina Monroe 2.0 y su Corolario Trump de adueñarse de lo que para ellos es un “patio trasero” y para nosotros es Nuestra América sagrada, que nos dejaron las y los libertadores la tarea de saber defender del hambre imperialista.
En nuestro continente sabemos que el imperialismo no va a caer solo, no estamos esperando que eso suceda, sería imposible, pues este es el continente que llevó adelante enormes combates y victorias sobre el imperialismo, simbolizadas en la histórica derrota del intento de invasión mercenaria en Playa Girón hace 65 años, pero materializadas en cada revolución y defensa de territorio donde defendemos la soberanía y construimos el socialismo.
Laura Capote
Bogotá, 2026