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Imaginar una nueva teoría del desarrollo desde el Sur Global | Boletín 29 (2026)

Las recetas del Norte Global para el desarrollo, incluidos los fatigados dogmas del FMI, han fracasado. Es hora de una nueva teoría del desarrollo arraigada en las experiencias del Sur Global.

Atribuido a Jacopo de Barbari (Italia), Portrait of Fra Luca Pacioli with a Pupil [Retrato de fray Luca Pacioli con un alumno], 1495-1500.

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

En 2015, la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD por su sigla en inglés) publicó un documento del influyente economista Robert H. Wade titulado “El papel de la política industrial en los países en desarrollo”. Wade sostenía que prácticamente todos los intentos exitosos de industrialización tardía (como los de Japón y Corea del Sur) recurrieron a políticas estatales intervencionistas para fomentar el desarrollo industrial y la modernización tecnológica. En 2024, casi una década después, la Organización de las Naciones Unidas para el Desarrollo Industrial (ONUDI) publicó su informe insignia Convertir los desafíos en soluciones sostenibles: la nueva era de la política industrial, que planteaba que la política industrial es un instrumento clave para el desarrollo sostenible. Entre la publicación del artículo de Wade en 2015 y el informe de la ONUDI en 2024, el contexto global había cambiado de manera significativa. La Iniciativa de la Franja y la Ruta (BRI) de China, anunciada en 2013, se había convertido en una fuente importante de inversión en infraestructura e industria. Entre 2013 y 2024, el compromiso acumulado de la BRI alcanzó los US$ 1,175 billones, y solo en 2024, datos preliminares mostraron cerca de 340 acuerdos de la BRI en 87 países. Buena parte de este compromiso tomó la forma de contratos de construcción, incluidos los de transporte e infraestructura energética, que siguen siendo pilares del desarrollo industrial.

El Fondo Monetario Internacional (FMI) no podía negar la importancia de la política industrial, pero tampoco respaldó el documento de Wade ni el informe de la ONUDI. Las reservas del FMI se reflejan en los títulos de sus publicaciones de blog más recientes, como “La política industrial puede elevar la productividad, pero conlleva riesgos y disyuntivas” (2025) y “La política industrial se adapta a la crisis, pero sigue siendo difícil de implementar con eficacia” (2026). Desde la perspectiva del FMI, la receta para el futuro sigue atada a un pasado fracasado que insiste en que la privatización y la desregulación abrirían el camino hacia el desarrollo. Esto ocurre pese a que las propias investigaciones del FMI muestran que los Estados del Norte Global, que controlan el organismo, hacen mayor uso de la política industrial que los del Sur Global. Sin embargo, en los bancos centrales y los organismos multilaterales, una fatigada élite de analistas de políticas, moldeada por la captura intelectual y el estrechamiento del pensamiento a través de la ortodoxia del FMI, sofocó el debate que el emblemático informe de la ONUDI debió haber suscitado.

Ilustración creada por Instituto Tricontinental de Investigación Social, 2026.

No obstante, en buena parte del Sur Global, las viejas certezas de los dogmas del FMI se han evaporado a medida que el modelo de austeridad del organismo pierde credibilidad. A pesar de ello, lo que lo reemplaza sigue siendo incierto. Distintos partidos políticos han ganado elecciones al cuestionar este modelo basado en la austeridad y prometer alternativas. Aún así, algunos de estos gobiernos no han logrado articular una alternativa genuina y han terminado siendo arrastrados de vuelta hacia el FMI, como Sri Lanka, que continuó su programa con el FMI, y Senegal, que retomó las negociaciones después de que se suspendiera su acuerdo.

Este dilema, la pérdida de credibilidad del modelo del FMI, junto con la ausencia de una alternativa ocupa un lugar central en el último número de Wenhua Zongheng. Titulado Construir una nueva teoría del desarrollo desde el Sur Global, el número plantea una pregunta engañosamente simple: si las teorías que rigieron el desarrollo durante el último siglo han fracasado, ¿de dónde vendrán las nuevas teorías? La preposición del título en inglés importa: from [desde], no for [para]. No se trata de una teoría elaborada en otro lugar e impuesta al Sur Global, sino de una que emerge de los experimentos de sus pueblos.

Las teorías del desarrollo hacen más que explicar el mundo. Moldean las expectativas políticas al establecer lo que los gobiernos y las instituciones sociales creen posible. Surgen de cómo imaginamos el futuro y, a su vez, influyen en cómo las sociedades persiguen ese futuro. En el ensayo introductorio del número, Qin Beichen y Jing Jun, de la Universidad Tsinghua, sostienen que las teorías ayudan a establecer el horizonte de la acción política. Cuando una sociedad pierde la capacidad de imaginar su camino hacia adelante, queda atrapada dentro de estructuras heredadas, incluso cuando esas estructuras ya no funcionan. Esa es la crisis más profunda de nuestra época. En buena parte del mundo existe una incapacidad generalizada para concebir el futuro. El discurso político oscila entre la nostalgia por un pasado desaparecido y el temor a una catástrofe inminente. El futuro, como mostramos en el dossier n° 100, aparece ya sea como una continuación de las desigualdades actuales o como una sucesión de crisis. Lo que falta es una visualización del desarrollo convincente que ponga las necesidades humanas por delante de la austeridad.

Mai Trung Thứ (Vietnam), Đọc sách [Leyendo], 1964.

Recuperar nuestra imaginación de teorías y modelos de desarrollo exige volver a algunas preguntas fundamentales, tales como:

  • ¿Cómo construyen las sociedades su capacidad productiva?
  • ¿Cómo generan empleo significativo?
  • ¿Cómo adquieren los Estados la capacidad de mejorar la vida de sus poblaciones?
  • ¿Cómo pueden los países escapar de las posiciones que se les asignan en una división internacional del trabajo desigual?

Las respuestas a estas preguntas no residen en modelos abstractos de desarrollo, sino en las teorías que emergen de intentos concretos por construir un futuro mejor.

Los ensayos de Li Xiang y Feng Chao, ambos profesores de la Universidad de Estudios Internacionales de Shanghái, resultan reveladores por la manera en que detallan los avances logrados en Pakistán y Vietnam, respectivamente. Ambos autores insisten en que estos avances muestran la centralidad de la cooperación Sur-Sur. Li Xiang examina el sistema energético de Pakistán y sostiene que el desarrollo debe entenderse no simplemente como crecimiento económico, sino como la expansión de la capacidad estatal. Los proyectos de infraestructura a gran escala, las redes eléctricas y las nuevas tecnologías, como la energía solar distribuida, se presentan no solo como logros técnicos, sino como mecanismos mediante los cuales las sociedades construyen la capacidad institucional necesaria para un nuevo tipo de modernización. La pregunta no es solo cómo generar electricidad, sino cómo la infraestructura reconfigura las relaciones sociales y fortalece la capacidad de los Estados para proveer bienes públicos.

Feng Chao, por su parte, explora la industria manufacturera de la Ruta de la Seda (SRM, por sus siglas en inglés), un nuevo modelo de colaboración industrial en el marco de la BRI, a través de la experiencia de la inversión industrial china en Vietnam. En lugar de tratar la globalización como un proceso inevitable regido por las fuerzas del mercado, Feng Chao concibe la integración industrial como algo que puede organizarse conscientemente para expandir las capacidades productivas en múltiples países. El énfasis se pone en la transferencia de tecnología, la modernización industrial, el desarrollo de la fuerza de trabajo y la construcción de redes de producción regionales que fortalecen, en lugar de debilitar, las perspectivas de desarrollo de los países participantes.

Sana Arjumand (Pakistán), Then Their Shadows Fell from the Sky – 2 [Entonces sus sombras cayeron del cielo 2], 2010.

Durante décadas, el desarrollo se concibió en gran medida como una relación entre el Norte industrializado y el Sur subdesarrollado. La aspiración era seguir caminos ya trazados en otros lugares. Sin embargo, las experiencias exploradas por estos autores sugieren que las innovaciones más importantes pueden surgir ahora de los intercambios entre los propios países del Sur Global. Los procesos chinos de industrialización, desarrollo de infraestructura, reducción de la pobreza y construcción del Estado no se presentan como modelos universales. Más bien, se tratan como recursos para el aprendizaje y la experimentación colectivos. Lo que estos académicos proponen, en última instancia, no es ni un rechazo del conocimiento global ni la celebración de un único modelo nacional, sino la construcción de un proyecto intelectual genuinamente sureño.

Un proyecto así comenzaría por abandonar el supuesto de que la teoría del desarrollo debe llegar siempre desde otro lugar. Pondría la producción por delante de la especulación, el empleo por delante de la eficiencia abstracta, y la capacidad pública por delante del dogma de mercado. Estudiaría las experiencias históricas de Asia, África, América Latina y el Caribe no como desviaciones de una norma universal, sino como fuentes de innovación teórica. En un período marcado por la fragmentación geopolítica, la crisis ecológica y la incertidumbre económica, este puede ser el aporte más importante de este número de Wenhua Zongheng. El desafío que enfrenta el Sur Global no es solo construir nueva infraestructura, nuevas industrias e instituciones, sino también construir nuevas formas de pensar. Antes de que las sociedades puedan construir un futuro distinto, primero deben recuperar la capacidad de imaginarlo.

Abel Beyene (Etiopía), Behind the Cover [Detrás de la portada], 2025.

Mientras releía estos ensayos, pensé en Riding Chinese Machines [Montando máquinas chinas], de la joven poeta etíope Liyou Mesfin Libsekal. Pese a su título, no hay ninguna referencia a China en el poema. Son las y los políticos africanos quienes diseñan la ciudad que describe Libsekal, y es la clase trabajadora africana la que la construye. El poema no condena la modernización desde una perspectiva romántica. Reconoce que cambios como este no llegan sin un precio.

Hay bestias en esta ciudad
crujen y chirrían
y gimen desde el primer amanecer
cuando sus amos de lengua africana despiertan
para guiarlas con mano laxa y humana
en medio del tráfico tardío
cuando son apagadas e inanimadas
quietas mientras dormimos, erguidas o inclinadas
siempre pesadas

vertemos cemento por las ciudades
los pueblos, por lo agreste
hacia delante, hacia fuera
como dedos de manos ansiosas
extendidos por la tierra
hundidos

los leones investigan
y un prodigio enterrado retumba
exprimido por el progreso.

Las nuevas bestias, las máquinas chinas, se adentran en el mundo de las viejas bestias, los leones africanos, pero el poema mantiene a ambas a la vista. El nuevo paradigma de desarrollo no debería repetir el viejo modelo, que consumió la naturaleza y a los seres humanos en nombre de las ganancias. Debe, en cambio, procurar incorporar los aspectos positivos del viejo modelo y gestionar con cuidado la relación entre la naturaleza y los seres humanos en beneficio de la sociedad. Ese es el ethos que promueven Qin y Jing en su ensayo, y es el punto de partida de cualquier teoría del desarrollo digna del Sur Global.

Cordialmente,

Vijay