Nosotras contamos: historietas argentinas y feminismo para derribar mitos
El colectivo cultural Feminismo Gráfico rinde homenaje al 8 de marzo desmontando los mitos que rodean las historias de las mujeres, las personas trans y las personas no binarias que se dedican al cómic en Argentina.
Escucha Vivas y furiosas, una cumbia de Sudor Marika con Tita Print. Sobre un ritmo que se podría escuchar en cualquier calle de los barrios populares de Argentina, surgen en esta canción versos de resistencia feminista.
Marzo es un mes movilizado y movilizante. En Argentina, por ejemplo, el 8M –Día Internacional de la Mujer Trabajadora– activa los pies para salir a marchar, tiñendo las calles de violeta feminista e internacionalista. Luego, el 24 –Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia– cierra el mes con una movilización repleta de organizaciones, partidos, estudiantes y familias con niñxs, para seguir construyendo ese “Nunca Más”, la frase que une la lucha sostenida para esclarecer los múltiples crímenes de la dictadura cívico-militar respaldada por Estados Unidos (1976-1983). Un Nunca Más más necesario que nunca, en el marco del gobierno negacionista de ultraderecha de Javier Milei. Marzo moviliza todos los frentes en este país sudamericano y, desde el campo cultural, renueva las fuerzas de colectivos como Feminismo Gráfico, un proyecto cultural nacido en Argentina que busca difundir historietas desde coordenadas transfeministas.
La circulación de la cultura y el arte está llena de mitos, de obturaciones, de maravillas ocultas y ocultadas. El 8M presenta la oportunidad para poner en vidriera discusiones y prácticas que llevan adelante distintos espacios culturales militantes. Desde el lugar específico de la historieta, el archivo digital Nosotras Contamos intenta aportar a esto. Este es un archivo vivo, donde Feminismo Gráfico compila, difunde y recupera nombres de autoras mujeres, trans y no binaries en Argentina, desde inicios del siglo XX hasta la actualidad. En honor al 8M, iniciamos este mes el proceso de una nueva actualización, sumando autoras contemporáneas y continuando la búsqueda de colegas del pasado. Recuperando una genealogía feminista del cómic argentino, una historia brillante de lucha y creación que a menudo se invisibiliza.
Jules Mamone (Argentina). Portada del catálogo original de Nosotras Contamos, 2019.
Un mar de viñetas y papel barato
Ubiquemos un poco ese campo de producción cultural: historietas, humor gráfico, cómics. Seguramente has leído algunos. La historieta es un lenguaje artístico que disfruta el pueblo y es históricamente observada con desdén por campos artísticos “elevados”. Podemos intuir que ese carácter popular de las historietas y el humor gráfico se debe a haber nacido en el corazón de las publicaciones periódicas baratas y masivas. Desde el minuto uno, se ocupó de hacer humor, de satirizar, de narrar con imágenes los futuros posibles o mostrar monstruos en una diversidad de metáforas. Tiene, también, el enorme poder de contar historias a quienes están aprendiendo a leer. Más de una vez en la historia de la lucha de los pueblos, la historieta diseminó en viñetas afirmaciones de resistencia, en forma de ficciones, crónicas periodísticas o experimentaciones poéticas.
En Argentina, desde el origen de las historietas, se producen en gran cantidad, sin interrupciones, pero con cambios. Supimos sostener revistas populares que le hacían competencia a lo que venía del Norte sin timidez. Algunas de ellas sujetas a la persecución y la prohibición, especialmente durante la última dictadura cívico-militar. A ese momento pertenece, entre otrxs, Héctor G. Oesterheld, quién escribió el guión de El Eternauta. Un autor, editor y militante de Montoneros –una organización guerrillera de izquierda peronista activa principalmente en los años 70–, desaparecido durante esa misma dictadura parte del Plan Cóndor.
Este mes se cumplen en Argentina los 50 años de ese golpe que buscó quitarnos mucho más que nuestras narrativas. Los cambios que trajo la violenta imposición del neoliberalismo en este país impactaron en las dinámicas de la producción nacional de historietas. Pero aún así nunca dejamos de dibujar. Si no son revistas, son fanzines, o libros de cooperativas editoriales, o webcomics… Y en todos esos momentos, estuvieron las autoras.
Firmando como “Cerebella” o “Cotta”, la popular cocinera argentina Blanca Cotta publicaba su humor gráfico en la revista satírica Tía Vicenta. Estas dos piezas fueron publicadas en 1957.
El mito de la ausencia
Una herramienta del poder es la invisibilización. Si algo no se nombra, eventualmente no existe, y no podemos construir, porque iniciamos de cero constantemente. Un eterno resplandor de luchas sin memoria, narrativas sepultadas para que construir resistencia se sienta como levantar paredes sobre arena.
Sobre “el lugar de las mujeres y disidencias en la historieta” aparecen preguntas gastadas y mitos prevalecientes. El mito de la ausencia es el primero a quebrar: porque siempre hubo autoras de historieta. En Argentina, cuando se habla de autoras de historieta y humor gráfico suelen nombrarse tal vez dos o tres, cuando hay más de 100, y casi 100 son los años que cubre el Archivo Digital de Autoras de Historieta y Humor Gráfico Nosotras Contamos.
Este archivo fue creado por Mariela Acevedo, militante feminista, investigadora, editora y guionista de historietas. Abrevando de su experiencia militante, volvió colectiva una curiosidad furiosa para ir encontrando a aquellas que no aparecían nombradas. Buscó aportar a la mística del “somos un montón”, empleando la genealogía feminista como una metodología de investigación, con la convicción contagiosa de la importancia de responder con información, picardía y militancia a las afirmaciones casuales que construyen el sentido común del machismo. El grupo que se constituyó a partir de este espíritu contagioso continúa el proyecto hoy.
Preguntando a coleccionistas, entrevistando autoras y rebuscando en bibliotecas, fuimos encontrando que hay que dejar un margen para la duda cuando alguien afirma con rotundidad “ella es la primera en…”. Encontramos que, bajo ambiguos seudónimos, había mujeres que fueron asumidas varones, que cuando al mirar firmas en algunas viñetas, se lee una “G.” delante de “Dester”, tal vez imaginamos un “Gonzalo” o un “Gilberto”, nunca una “Gisela”. Pero Gisela, entre otras cosas, dibujó y firmó páginas de Ticonderoga, con guiones de aquel compañero desaparecido que nombramos párrafos arriba. También encontramos que, detrás del trabajo de los creadores masculinos, estaban las mujeres de sus familias, que se encargaban de todo lo demás, manteniendo la casa y los cuidados, o incluso las posibles huellas anónimas de hermanas o esposas que ayudaban a terminar las páginas para cumplir con los plazos de entrega.
Parece básico, encontrarlas y nombrarlas, pero en esos encuentros se esboza una genealogía y una certeza de que el sistema patriarcal se cuela en todos los espacios de la vida. Para quienes se están haciendo un lugar hoy en el campo, es importante saber que Martha Barnes trabajaba a la par de los hombres en la editorial Columba en la década de 1970 (una de las editoriales más importantes de historieta que hubo en Argentina), pero que siempre cobraba menos y además la mandaban a hacer romance cuando ella solicitaba hacer horror. Conocer nuestra historia y constituir memoria colectivizada es la clave.
Para el feminismo popular no hay novedad en esto: el cuidado no es visto como trabajo, los trabajos feminizados se hacen invisibles y los roles activos en la historia de algún rubro masculinizado se ocultan. Pero un paso fuera de los espacios feministas y podemos encontrar que las percepciones pueden seguir distorsionadas. Se profundiza la distorsión cuando esto está atado al campo cultural, donde hay que seguir afirmando que quienes producen arte forman parte, de hecho, de la clase trabajadora.
También no hay novedad en que, con los años, las mujeres y disidencias se fueron haciendo lugar a los codazos, figurativa o literalmente. Ya sea creando nuevos espacios u ocupando y transformando los instituidos, la presencia de autoras en la historieta es hoy innegable. “okupas”, solemos decir entre nosotras, un poco con humor, otro mucho con provocación. Y cuando se empieza a ver esta okupación, somos “demasiadas”.
Muestra de Feminismo Gráfico en la Feria de Editores, Buenos Aires, 2025. Foto: Cé, Archivo Intangible.
El mito del estilo y temática
Otro mito se suma al de la ausencia o la excepción. Es el de un estilo o estética homogéneo. Se asume que las autoras tratan solo ciertos temas, que dibujan de maneras determinadas (o directamente que “dibujan mal”). Esto se vuelve aún más brutal cuando se pinta como un halago: “que extraño, dibujás como un hombre”. Como si la relación mano y mente estuvieran conectadas de manera misteriosa al género al momento de tomar un lápiz y una hoja.
Cuando el archivo comenzó su recopilación encontró estilos clásicos, líneas experimentales, exploraciones plásticas, atisbos de bellas artes o tramas fanzineras. En pocas palabras: encontramos de todo, sin riendas.
Narrativamente aparecen también universos de todas las dimensiones: terror, ciencia ficción, crónicas políticas, autobiografías, experimentos narrativos, humor… Tal vez, si hay una observación transversal posible, es que identificamos una búsqueda para representar algo distinto que lo que usualmente la industria mainstream muestra. Vemos cuerpos diversos, pieles usualmente invisibilizadas, identidades y reclamos que aparecen de maneras más o menos explícitas. Sobre esto, el archivo propuso ejes temáticos, una manera de construir conexiones que superan la línea temporal y conectan las inquietudes de una autora de mitad de siglo XX con una joven que recién comienza. Una forma más de colectivizar, de pensarnos como parte de algo más grande que nos une con quienes estuvieron antes, quienes comparten el espacio hoy y las que vendrán en el futuro.
Diana Raznovich (dibujos) y Lucrecia Oller (textos). Manual de instrucciones para mujeres golpeadas, Argentina, 1989. Material hecho para Lugar de Mujer, colectivo clave para el feminismo organizado en la década de 1980. Donado a Feminismo Gráfico para su lectura gratuita.
Para romper mitos, nos organizamos y nos (re)presentamos
Nosotras Contamos está vivo y en constante expansión. Sabemos que nunca puede estar completo. También sabemos que estos esfuerzos deben ser parte de una red cultural internacionalista. Hay proyectos hermanos en la región, como es el caso de Chile, o en Europa, como es el proyecto español Presentes. Estamos en la búsqueda de pistas sobre otros, atentas a las escenas de historieta y narrativa gráfica, especialmente en el Sur Global.
El archivo de Feminismo Gráfico representa una genealogía con huecos, faltantes que no logramos encontrar (aún). Intuimos trabajos invisibles, colaboraciones poco registradas y firmas ausentes. También una potencia difícil de calcular de autoras emergentes en nuevos medios. Por esto tomamos las palabras de nuestra compañera Mariela como una bandera viñetaria: “Nosotras contamos esta historia: está incompleta e inconclusa, pero es coral y busca hacer visible que eso que falta podemos reconstruirlo de alguna forma, imaginarlo, escribirlo y hacerlo presente”.
El dossier de este mes, La agenda antifeminista de la extrema derecha latinoamericana, incluye arte seleccionado con la colaboración del archivo digital. Para conocer el acervo en constante expansión, pueden visitar feminismografico.com. Nosotras contamos con que tal vez, la próxima vez que alguien lea unas historietas, se imagine nombres diversos detrás de cada inicial firmada.
Cordialmente,
Dani Ruggeri
Diseñadora, departamento de Cultura del Instituto Tricontinental de Investigación Social
Co-coordinadora de Feminismo Gráfico
Valeria Reynoso (Argentina), fragmento del fanzine Se vos, Editorial In Bocca al Lupo, 2017. La frase es una cita literal de Lohana Berkins, líder travesti trans en Argentina, fundadora de ATTTA (Asociación de Travestis, Transexuales y Transgéneros de Argentina) e impulsora de la Ley de Identidad de Género (Ley 26.743).