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Boletín de Asia

El acto de equilibrio de Sri Lanka en una era de unilateralismo

El Sexto Boletín de Asia (2026)

En una era de maniobras imperialistas agresivas, ¿puede un país endeudado mantener su soberanía sin provocar la ira de las potencias globales?

Gayan Prageet (Sri Lanka), What are You Trying to Hide? [¿Qué intentas esconder?], 2015.

Estimadxs amigxs,

El 20 de marzo de 2026, el presidente de Sri Lanka, Anura Kumara Dissanayake, hizo una revelación sorprendente en el parlamento. Reveló que el gobierno había rechazado una solicitud de los Estados Unidos para permitir el aterrizaje de dos aeronaves armadas con misiles antibuque en el aeropuerto de Mattala, en el sur del país. El presidente afirmó que el gobierno rechazó la petición estadounidense para mantener la neutralidad de Sri Lanka en la guerra en curso contra Irán.

La declaración del presidente Dissanayake recibió una atención significativa en los medios internacionales. Esta fue la segunda vez que Sri Lanka fue objeto de tal atención. Anteriormente, cuando EE.UU. torpedeó el navío de guerra iraní no armado IRIS Dena en el océano Índico, dentro de la Zona Económica Exclusiva de Sri Lanka, el gobierno esrilanqués ofreció asistencia humanitaria a los sobrevivientes y admitió a una segunda embarcación iraní (IRIS Busehr) en los puertos de Sri Lanka, ayudando a evacuar a su tripulación. Al explicar el motivo de esta decisión, el presidente declaró: ‘… mientras salvaguardamos la neutralidad, ponemos la humanidad por encima de todo lo demás… Si hay acciones que deben tomarse para proteger vidas humanas, no dudaremos en tomarlas bajo ninguna circunstancia’.

Pushpakanthan Pakkiyarajah (Sri Lanka), Blooded Flowerscape [Jardín teñido de sangre], 2024–2025.

El acto de equilibrio

Al revelar su decisión de no permitir aviones de guerra estadounidenses en Sri Lanka, el presidente respondía a los críticos que alegan que el gobierno de Sri Lanka ha estado siguiendo una política destinada a apaciguar a los EE.UU. Desde que fue elegido al gobierno en septiembre de 2024, el Poder Popular Nacional (PPN), liderado por Dissanayake, ha estado caminando por la cuerda floja en política exterior.

El PPN fue formado por el partido de izquierda Janatha Vimukthi Peramuna (JVP) en 2019 como un frente más amplio destinado a atraer a un electorado más extenso. El JVP se identifica como un partido marxistaleninista y ha sido un crítico vocal del imperialismo desde su fundación como organización insurgente militante en la década de 1960. Cuando estaba en la oposición, el partido organizaba frecuentemente eventos y protestas en solidaridad con países bajo la agresión de EE.UU., como Cuba y Venezuela; el JVP también estuvo fuertemente involucrado en el activismo pro-Palestina.

El PPN llegó al poder tras la crisis económica de Sri Lanka de 2022; las masas, desilusionadas con los partidos políticos establecidos, se movilizaron en torno al programa del PPN. Las consignas del partido criticaban principalmente la corrupción desenfrenada entre la élite política establecida. La situación política y económica que el PPN heredó una vez en el gobierno era extremadamente compleja. El gobierno tuvo que funcionar dentro de las limitaciones impuestas por el programa del Servicio Ampliado del FMI en el que el gobierno anterior había entrado. A pesar de que los críticos de izquierda fuera del gobierno le instaban a abandonar el programa, la posición pragmática del PPN fue mantener la continuidad y la estabilidad mientras se renegociaban los términos para aliviar la carga de la austeridad sobre las masas.

La línea oficial del gobierno del PPN es que el país se encuentra en una posición difícil y vulnerable y, por lo tanto, se debe lograr un grado de estabilidad económica antes de considerar reformas económicas drásticas. Esta actitud cautelosa se refleja también en sus posiciones de política exterior. Un desafío principal que heredó el gobierno fue equilibrar la relación de Sri Lanka con las dos potencias regionales: India y China. Como vecino inmediato, India ha visto con escepticismo durante mucho tiempo los vínculos de Sri Lanka con China, que habían crecido en el marco de la Iniciativa de la Franja y la Ruta. Una vez en el gobierno, Dissanayake visitó India en su primera gira al extranjero y declaró que Sri Lanka nunca permitiría que su territorio fuera utilizado contra los intereses de seguridad nacional de la India.

A esta visita le siguió un viaje a China. En Beijing, el gobierno del PPN firmó un acuerdo para acelerar la construcción de una refinería de petróleo por parte de la empresa china Sinopec en la ciudad sureña de Hambantota. Con una inversión de 3,700 millones de dólares, esto traería beneficios significativos a Sri Lanka si se materializa. A pesar de los fuertes lazos fraternales del JVP con el Partido Comunista de China, el gobierno del PPN ha tenido cuidado de no provocar a la India en sus tratos con Beijing.

Gayan Prageet (Sri Lanka), Bitter Kitchen IV [Cocina amarga IV], 2021.

Ambivalencia en la diplomacia

El pragmatismo que el gobierno del PPN ha mostrado en asuntos exteriores ha dado lugar a varias controversias. Por ejemplo, el gobierno decidió continuar con un acuerdo preexistente para enviar trabajadores esrilanqueses a Israel para trabajar. Además, la afluencia de turistas israelíes a Sri Lanka y la decisión del gobierno de conceder a los israelíes la entrada sin visado, junto con otros ciudadanos extranjeros, provocó una protesta entre los activistas pro-Palestina.

El gobierno justifica estas concesiones por motivos económicos, ya que la débil economía de Sri Lanka requiere divisas desesperadamente. A nivel diplomático, el gobierno ha apoyado varias iniciativas en las Naciones Unidas, incluyendo la condena de las acciones de Israel en Palestina. Sin embargo, esta postura formal resulta incómoda frente a las continuas relaciones económicas con el estado genocida.

El otro factor que ha complicado las cosas para Sri Lanka es el giro agresivo en la política exterior de la segunda administración del presidente de EE.UU., Donald Trump. El Departamento de Estado de EE. UU., en un informe de 2025 sobre el clima de inversión en Sri Lanka, describió la situación de la siguiente manera:

‘… El compromiso del PPN con el programa de Servicio Ampliado del FMI de 3,000 millones de dólares y cuatro años (2023–2027) tranquilizó a los inversionistas, pero muchos siguen siendo cautelosos dada la ideología históricamente antioccidental e influenciada por el marxismo del liderazgo del PPN’.

El informe también critica la decisión del gobierno del PPN de detener la privatización de las empresas estatales planeada bajo la administración anterior, y su negativa a implementar la neoliberal Ley de Transformación Económica (2024) promulgada por la misma. En abril de 2025, durante la proclama del “Día de la Liberación” de Trump sobre aumentos de aranceles, las exportaciones de Sri Lanka fueron gravadas con un arancel del 44%. Dada la dependencia de Sri Lanka del mercado estadounidense (que representa alrededor del 40% de las exportaciones de ropa de Sri Lanka), esto podría haber sido devastador para la ya débil economía del país. Posteriormente, el gobierno negoció y redujo la tasa arancelaria al 20%.

Mahela ‘Marco’ Manamperi (Sri Lanka), Exodus [Éxodo], n.d.

En el contexto del agresivo unilateralismo de los EE.UU., el gobierno del PPN ha ejercido una gran cautela al comentar sobre asuntos internacionales, probablemente por temor a represalias. Por ejemplo, tras la reciente agresión de EE.UU. contra Irán, el ministerio de exteriores de Sri Lanka emitió una declaración cuidadosamente redactada destacando la necesidad de respetar la Carta de la ONU y la soberanía e integridad territorial de los estados, evitando cualquier referencia a los EE. UU.

No obstante, Sri Lanka también se negó a sumarse a una Resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que condenaba a Irán, patrocinada por los estados del Golfo junto con más de 130 naciones, incluyendo India y Pakistán. Al dirigirse al parlamento, el ministro de Asuntos Exteriores de Sri Lanka, Vijitha Herath, calificó la resolución de desequilibrada, ya que solo atribuía responsabilidad a una de las partes:

‘… Como país, aunque seamos pequeños, tomamos la decisión firme y clara de que no apoyaremos propuestas desequilibradas’.

Tras el secuestro del presidente venezolano Nicolás Maduro y la primera dama Cilia Flores el 3 de enero de 2026, el gobierno de Sri Lanka emitió un comunicado similar enfatizando la importancia de respetar los derechos soberanos del pueblo venezolano sin denunciar explícitamente a los EE.UU. Sin embargo, el JVP, en su calidad de partido político, emitió una declaración redactada en términos enérgicos condenando ‘la agresión militar de los Estados Unidos de América contra el Estado independiente y soberano de Venezuela y el secuestro del presidente democráticamente elegido Nicolás Maduro.’

Jagath Weerasinghe (Sri Lanka), The Troubled Land [La tierra convulsa], 2025.

La contradicción

La ambivalencia de la política exterior de Sri Lanka bajo la presidencia de Dissanayake refleja una contradicción más profunda dentro de la cual opera el gobierno del PPN. Por un lado, el PPN está liderado por un partido político (el JVP) con un fuerte trasfondo de izquierda, antiimperialista, y con cuadros comprometidos y disciplinados bajo los principios organizativos leninistas. Es esta disciplina entre los cuadros la que le dio al partido la reputación de ser una fuerza política con integridad e incorruptibilidad.

Por otro lado, el gobierno está funcionando en un ambiente adverso, caracterizado por numerosas restricciones internas y externas. Al ser un país pequeño en la periferia capitalista global y enfrentar graves limitaciones económicas, Sri Lanka está expuesta a vulnerabilidades externas significativas. La actual crisis del precio del petróleo tras la guerra contra Irán ha empeorado las cargas económicas del país. Estas vulnerabilidades requieren que el gobierno ejerza cautela y acuerdo en la toma de decisiones.

El comportamiento abiertamente agresivo del imperialismo estadounidense restringe aún más la autonomía de los países pequeños y endeudados como Sri Lanka. Una cultura de unilateralismo está eclipsando cada vez más las relaciones internacionales. La situación se ha vuelto más complicada debido a la posición ambigua de la India en el ámbito internacional. India, que en su día fue un miembro activo del Movimiento de Países No Alineados, ha buscado una alianza estratégica con EE.UU. y ha ampliado sus relaciones con el estado de Israel bajo el gobierno del primer ministro Narendra Modi. El hecho de que la India no condenara el ataque de EE.UU. al IRIS Dena, que de hecho fue acogido por la India durante un ejercicio conjunto, ha causado una gran indignación dentro del país. Aunque no está ligada a las posiciones de política exterior de la India, Sri Lanka tampoco puede darse el lujo de ignorar totalmente a la India al hacer sus cálculos.

La contradicción entre mantener sus convicciones antiimperialistas históricas y equilibrar las realidades geopolíticas en un entorno internacional hostil seguirá definiendo la trayectoria de la política exterior del gobierno del PPN de Sri Lanka en el futuro previsible.

Un saludo cordial,

Ramindu Perera

Ramindu Perera es investigador de doctorado en Derecho Internacional en el Instituto Universitario Europeo de Florencia. Actualmente se encuentra de permiso para estudios del Departamento de Estudios Jurídicos de la Universidad Abierta de Sri Lanka. Posee una maestría (LLM) en Derecho Internacional de los Derechos Humanos por la Universidad de Lund, Suecia.

Descargo de responsabilidad: Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente las opiniones del Instituto Tricontinental de Investigación Social.