La guerra contra Irán llega al océano Índico
El hundimiento de una fragata iraní desarmada en el océano Índico expone lo vacío de la política exterior de India y su silenciosa subordinación a la agresión estadounidense-israelí, poniendo en riestgo la soberanía regional y la propia autonomía estratégica india.
Gulam Mohammed Sheikh (India), Whose World, Mappamundi [El mundo de quién, mappamundi], 2017.
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Saludos desde la oficina de Tricontinental Asia.
El 4 de marzo, dos días después de que Estados Unidos e Israel atacaran a Irán —causando la muerte del ayatolá Alí Jamenei y de cientos de personas más, incluidos más de 170 niñas en un ataque contra una escuela—, el submarino nuclear estadounidense USS Charlotte torpedeó y hundió una fragata iraní desarmada, la IRIS Dena, en el océano Índico.
El ataque contra la IRIS Dena tuvo lugar en la Zona Económica Exclusiva de Sri Lanka, a unas veinte millas náuticas del puerto de Galle. La marina de Sri Lanka respondió conforme al derecho internacional y rescató a 32 marineros, muchos de los cuales fueron ingresados en el hospital Karapitiya en Galle para recibir tratamiento. La marina esrilanquesa también recuperó los cuerpos de 84 marineros muertos en el ataque. Cables filtrados del Departamento de Estado de EE. UU. han revelado que Washington está presionando a Sri Lanka para que no repatríe a los marineros a Irán.
Apenas unos días antes, la IRIS Dena y su tripulación habían sido recibidos como invitados de la Armada de la India. La fragata iraní fue atacada mientras regresaba de participar en MILAN, el ejercicio naval multilateral insignia de la India. Días atrás, el buque había estado atracado en Visakhapatnam, en el estado indio de Andhra Pradesh, como participante invitado, y formó parte de eventos ceremoniales, incluido un desfile al que asistió la presidenta de la India, Droupadi Murmu.
La destrucción de un invitado naval dentro de la vecindad marítima de la India (por parte del ejército de EE. UU., con quien el primer ministro Narendra Modi ha buscado un mayor alineamiento) plantea preguntas incómodas para el país. El subsiguiente silencio del gobierno indio es sorprendente al omitir tanto la condena pública del ataque como las condolencias por los marineros fallecidos, Nueva Delhi se arriesga a una humillación autoinfligida. Que un barco acogido por la India sea hundido sin una respuesta formal sugiere una preocupante subordinación del prestigio regional a la conveniencia diplomática.
Mientras tanto, en Washington, el secretario de Guerra de EE. UU., Pete Hegseth, se jactó públicamente del hundimiento de la fragata iraní en el océano Índico. El presidente Donald Trump bromeó diciendo que un general de la Marina estadounidense dijo que era «más divertido» hundir el barco que capturarlo. El contraste no podría ser más marcado. A pesar de que EE. UU. violó la soberanía iraní y expandió sus actos de agresión al océano Índico, la India ha permanecido en silencio.
Saleh Kazemi (Irán), Eram Gardens [Jardín de Eram], 2025.
La aquiescencia de Modi ante Israel
El ataque contra Irán y el asesinato del ayatolá Alí Jamenei comenzaron poco después de la visita del primer ministro Modi a Israel y su discurso ante la Knesset (25 y 26 de febrero). La naturaleza de la visita fue humillante en sí misma. Según se informó, Modi no fue invitado como huésped oficial de Estado, sino como invitado personal de Benjamín «Bibi» Netanyahu, un criminal de guerra contra quien la Corte Penal Internacional ha emitido una orden de arresto.
Modi se dirigió a una sesión de la Knesset boicoteada por la oposición, mientras que personas que no eran miembros ocuparon los escaños vacíos. También se le concedió una «Medalla del Portavoz de la Knesset», inexistente hasta entonces y fabricada específicamente para él. Sonrió, se mostró servil y proclamó su solidaridad con Israel contra el terrorismo, todo esto mientras Israel y EE. UU. se movilizaban para una guerra contra Irán. Este comportamiento humillante degradó la dignidad de la India y la hizo parecer cómplice de la agresión estadounidense-israelí.
Irán fue atacado a los dos días de la visita de Modi a Israel. Nadie puede decir que la India no anticipó un ataque que era obvio para el resto del mundo. Esta es una continuación de la política de la India de dar la espalda a Gaza en el ámbito internacional, cuidándose siempre de no condenar a Israel por su genocidio en curso contra los palestinos, mientras expresa su apoyo a Israel contra el supuesto «terrorismo».
Bajo el mandato de Modi, la India ha pasado de ser uno de los primeros países en reconocer a Palestina a abandonar vergonzosamente la causa palestina para deslizarse hacia el abrazo de un Israel genocida. Bajo la mirada benevolente del gobierno indio, los principales industriales del país han participado en la producción de drones israelíes que se utilizan contra los palestinos y contra Irán.
Colección de afiches del Medio Oriente, The U.S. Can Do Nothing [EE. UU. no puede hacer nada], ca. 1980.
Las pérdidas estratégicas de la India en Irán
Irán ha sido durante mucho tiempo un aliado sólido y un vecino civilizatorio para la India, como incluso ha afirmado el actual gobierno indio. Sin embargo, desde finales de la década de 2000, la India ha rebajado sus relaciones económicas con Irán en un intento de acercarse a Washington.
En 2008, la India firmó un acuerdo nuclear con EE. UU. a cambio de abandonar los gasoductos de Irán, un proyecto que habría sido vital para la seguridad energética india. No obstante, el acuerdo nuclear con EE. UU. ha aportado escasos beneficios en el campo de la energía nuclear.
Irán solía ser el segundo mayor proveedor de petróleo de la India, pero bajo las sanciones de EE. UU. desde 2019, las exportaciones de petróleo iraní a la India se han reducido a cero. El gobierno indio no ha tenido la iniciativa de buscar formas de importar petróleo iraní con grandes descuentos, como sí lo ha hecho China.
A pesar de todo, Irán ha sido un amigo de confianza para la India. Dadas las hostilidades prolongadas con Pakistán, la única ruta viable de la India hacia Asia Central ha sido a través del puerto de Chabahar en Irán. Irán permitió a la India desarrollar este puerto, facilitando el comercio continuo con Afganistán y la región de Asia Central. Aun así, bajo la presión de las sanciones estadounidenses, la India retrasó el desarrollo del puerto.
La importancia estratégica del proyecto del puerto de Chabahar para la India es incalculable. Ofrece una ruta hacia Eurasia que evita los puntos de estrangulamiento marítimo dominados por Occidente, otorgando potencialmente a la India una mayor autonomía económica y geopolítica en su acceso a Asia Central, Rusia y Europa.
Recientemente, EE. UU. puso fin a la exención que permitía a la India financiar y construir el puerto, sin que el gobierno indio emitiera una sola palabra de protesta. Se informó que Chabahar fue bombardeado el primer día de la campaña estadounidense-israelí. A pesar de las implicaciones para los propios intereses estratégicos y económicos indios a largo plazo, Nueva Delhi ha optado por guardar silencio ante los ataques a Irán.
A pesar de ocasionales declaraciones críticas sobre la postura de la India en Cachemira, Irán a menudo ha apoyado los intereses indios en diversos foros internacionales, incluyendo el ayudar a bloquear resoluciones promovidas por la Organización para la Cooperación Islámica que podrían haber llevado a sanciones contra India. Bajo el liderazgo del ayatolá Alí Jamenei, cuyas posiciones guiaron la política exterior iraní, Irán fue un aliado fiable. Sin embargo, el gobierno indio no tuvo la firmeza necesaria para condenar su asesinato a manos de EE. UU.
Colección de afiches del Medio Oriente, Advertisement for Gathering of World Liberation Movements, Teherán. [Publicidad para Encuentro de Movimientos de Liberación Mundial, Teherán], 1980.
Cálculos superficiales y oportunistas
El abandono total por parte de la India de la no alineación, la autonomía y la integridad política frente a la hegemonía de EE. UU. proviene de los cálculos superficiales y oportunistas del gobierno de Modi. Más concretamente, responde a los intereses económicos de las grandes corporaciones indias, que Modi ha defendido durante toda su carrera política y cuyas prioridades han sido la piedra angular de la política nacional y exterior desde que asumió el cargo.
Los principales monopolios corporativos de la India han buscado con entusiasmo asociaciones con empresas tanto estadounidenses como israelíes. Con escaso interés por invertir en el desarrollo de capacidades soberanas en tecnología, investigación e innovación, estas corporaciones indias han aceptado asociaciones tecnológicas subordinadas con firmas de EE. UU. como estrategia para su próxima fase de crecimiento. Estas corporaciones buscan acceder al mercado estadounidense mientras dejan la economía doméstica y la base tecnológica de la India subdesarrolladas y empobrecidas.
La política exterior y la estrategia económica interna del gobierno de la India se han estructurado en torno a estos intereses corporativos. El gobierno ha venido buscando asiduamente una asociación subordinada con los EE. UU. con este único fin. Esta relación de subordinación que la India ha cultivado con los EE. UU. ciertamente no está alineada con los intereses de su propio pueblo.
Colección de afiches del Medio Oriente, Silhoutte of Crowd with Shahada [Silueta de muchedumbre con shahada], ca. años 1970-1980.
Una estrategia fallida
Los actos de agresión de EE. UU. contra los invitados de la India, dentro de una zona marítima donde la India se ha posicionado como un «proveedor neto de seguridad», solo subrayan que es poco probable que esta asociación subordinada rinda beneficios para la economía india, su pueblo o la región del sur de Asia.
Recientemente, el subsecretario de Estado de EE. UU., Christopher Landau, hablando en la India, no se anduvo con rodeos al decir que EE. UU. no tiene intención de permitir que la India se desarrolle como lo hizo China aprovechando los mercados estadounidenses. La imposición por parte de Trump de aranceles del 50% (luego reducidos al 18%) y la presión para que la India adopte aranceles cero sobre los productos de EE. UU. e interrumpa la compra de petróleo ruso con descuento, ilustran aún más este punto. Mientras que EE. UU. está determinado a hacer de la India cómplice en sus desventuras internacionales, también ha resuelto que India nunca madure su propio poder tecnológico e industrial.
El cierre efectivo del Estrecho de Ormuz, por donde pasa una parte importante de los suministros de petróleo de la India, deja al país con solo unos 25 días de reservas, un golpe demoledor para la economía. El 6 de marzo de 2026, el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, sugirió generosamente que a la India se le podría «permitir» temporalmente comprar petróleo ruso; después de eso, tendría que comprar petróleo estadounidense a precios mucho más altos. El gobierno de Modi parece aceptar ciegamente esta extorsión económica.
La vacuidad intelectual de la economía y la política del gobierno de Modi es cada vez más evidente. El seguidismo de la India ante las aventuras militares de EE. UU. no solo es moral y éticamente incorrecto, sino que va en contra de los intereses materiales de la India y su pueblo. La responsabilidad recae ahora en los trabajadores y los movimientos sociales de la India para ayudar al país a recuperar su firmeza y defender al resto del Sur Global.
Afectuosamente,
Bodapati Srujana
Bodapati Srujana es una economista india. Su investigación se centra en las relaciones agrarias, la banca y la desigualdad.
Descargo de responsabilidad: Las opiniones expresadas por el autor no reflejan necesariamente los puntos de vista del Instituto Tricontinental de Investigación Social.