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Manos Fuera de Asia

El vigésimo primer boletín de Asia

En cuanto el poder económico se desplaza hacia el este y el orden mundial convulsiona, el ex primer ministro nepalí, Prachanda, pregunta quién se beneficiará y por qué la unidad progresista importa más que nunca.

Lanzamiento del libro Manos Fuera de Asia durante el Foro Académico del Sur Global 2026 en Shanghái.

Queridxs amigxs:

Saludos desde la oficina de Tricontinental Asia

El 16 de octubre, en el Foro Académico del Sur Global en Shanghái, presentamos el libro “Bases Fuera de Asia: Un llamado de los pueblos por la soberanía y la solidaridad”, que recopila los discursos pronunciados en la conferencia Bases Fuera de Asia en Colombo, Sri Lanka.

En el volumen se incluye el discurso de apertura pronunciado por Pushpa Kamal Dahal (Prachanda), ex primer ministro de Nepal y alto dirigente del Partido Comunista Nepalí. Prachanda, quien lideró el movimiento comunista nepalí para derrocar a la monarquía, conoce bien los inmensos desafíos de luchar contra el imperialismo y gobernar bajo las limitaciones de una estructura internacional neocolonial. Su discurso se reproduce a continuación.

Ha ocurrido algo especial en Nepal: hay media docena de ex primeros ministros, pero lamentablemente, en la actualidad soy el único que tiene representación en el parlamento, y creo que también soy el único ex primer ministro con la oportunidad de exponer aquí. Eso es tanto una oportunidad como un desafío.

Distinguidos líderes y delegados, camaradas: me siento profundamente honrado de formar parte de esta importante conferencia de intelectuales progresistas en la hermosa ciudad de Colombo, una ciudad que durante mucho tiempo ha estado en la encrucijada de la civilización, la cultura, el comercio y las ideas políticas.

Expreso mi sincero agradecimiento a los organizadores por reunir a líderes políticos, intelectuales, activistas sociales y representantes de movimientos populares de toda Asia para deliberar sobre las cuestiones que influirán profundamente en el futuro de Asia y en el futuro de la humanidad mundial. Agradezco al Instituto Tricontinental de Investigación Social por apoyar este programa tan importante y único.

Nos reunimos en un momento en que el mundo experimenta una gran agitación, trauma y transformación: un momento de extraordinario dinamismo geopolítico internacional, en el que se está produciendo un cambio trascendental. El poder centrado en el Atlántico se está desplazando hacia Asia, nuestra propia región. Parece estar surgiendo un nuevo orden internacional; el epicentro del poder se mueve lenta pero inexorablemente hacia Asia, apuntando al ascenso de China y de otros países asiáticos. Se dice que el siglo XXI será el siglo asiático. El orden mundial también está cambiando de la unipolaridad a la multipolaridad. Esto es motivo de alegría para los países y los pueblos del Sur Global. La unipolaridad era hegemónica; la multipolaridad es más democrática, y el Sur Global tendrá la voz y la fuerza que le corresponden.

A medida que cambia el orden mundial, se están reconfigurando los cimientos geopolíticos, económicos, tecnológicos e ideológicos del sistema global. El monopolio de influencia del que disfrutó un puñado de países durante décadas está dando paso gradualmente a un panorama internacional más plural y disputado. La cuestión central ante nosotros, por lo tanto, no es simplemente si el poder se está desplazando de una región a otra. La pregunta importante es: ¿qué tipo de orden mundial surgirá de esta transición y a qué intereses servirá?

La principal contradicción ideológica del mundo en el presente es, como bien sabemos, la contradicción entre el imperialismo y el socialismo. Para muchas personas, el imperialismo sigue asociándose principalmente con la ocupación colonial, la conquista militar y la dominación política directa. Si bien esta forma no ha desaparecido por completo, los modelos y mecanismos de dominación han cambiado y se han vuelto más sofisticados, adoptando formas multidimensionales profundamente arraigadas en las estructuras de la globalización. En la era de la cuarta revolución industrial, el imperialismo opera a menudo a través de la dependencia económica más que de la ocupación territorial. El tecnoimperialismo es una versión más nueva del imperialismo.

El imperialismo siempre busca concentrar el poder y el dinero en manos de unas pocas élites a expensas de grandes sectores de la población. Tal sistema solo incrementa la pobreza, la desigualdad, la injusticia, el conflicto y la guerra. Nosotros, los pueblos progresistas de Asia, debemos mantenernos unidos para contrarrestar esta embestida imperialista en Asia y decir en voz alta: ¡Bases fuera de Asia!

K. P. Reji, María tenía un corderito [Mary Had a Little Lamb], 2020.

Los países en desarrollo ven sus opciones políticas limitadas por las instituciones financieras externas, las obligaciones de la deuda, los acuerdos comerciales desiguales, los movimientos de capital especulativo y las vulnerabilidades estructurales de las economías dependientes. La soberanía económica puede debilitarse sin que una sola bala cruce la frontera. Del mismo modo, la competencia estratégica entre las principales potencias se manifiesta cada vez más a través de alianzas militares, asociaciones de seguridad, bases militares, transferencias de armas y rivalidad geopolítica.

El control sobre los datos, la infraestructura digital, las redes de comunicación, la inteligencia artificial y el ecosistema de la información se está convirtiendo en otra fuente fundamental de poder geopolítico. Las plataformas digitales moldean la opinión pública, influyen en los procesos electorales y determinan el acceso a la información. La concentración del poder tecnológico en manos de un número limitado de actores plantea interrogantes fundamentales sobre la soberanía digital y la rendición de cuentas democrática. Estas son las áreas que el imperialismo busca controlar para imponer su hegemonía.

Estamos presenciando el auge de la guerra de la información. Las campañas de desinformación, la manipulación algorítmica, las operaciones cibernéticas, la influencia psicológica y el control narrativo se han convertido en herramientas poderosas en la política internacional contemporánea. La desestabilización política ocurre frecuentemente a través de medios indirectos: los actores externos suelen buscar influencia mediante palancas económicas, penetración ideológica, manipulación de los medios de comunicación e ingeniería política, en lugar de recurrir a la intervención abierta. Esto revela que el imperialismo contemporáneo opera como un sistema integrado que abarca la dominación económica, militar, tecnológica, política e ideológica.

La soberanía no puede reducirse meramente a la autoridad del Estado. La soberanía debe entenderse como la capacidad y la expresión colectiva del pueblo para determinar su propio destino político, económico, social y cultural. La independencia nacional significa muy poco donde los recursos de un país están controlados por intereses externos, donde los ciudadanos continúan excluidos de la toma de decisiones y donde el desarrollo beneficia únicamente a un puñado de élites privilegiadas.

Del mismo modo, la democracia no puede limitarse a elecciones periódicas. La democracia debe abarcar una participación significativa en la vida política, económica y social: una vida en la que los trabajadores, campesinos, mujeres, comunidades indígenas, jóvenes, grupos marginados y ciudadanos de a pie tengan una parte equitativa y una participación activa.

La transformación política moderna de Nepal surgió a través de la integración de la insurgencia armada, el movimiento democrático y la aspiración revolucionaria. La Guerra Popular no fue simplemente un conflicto armado; representó una respuesta política a la profunda desigualdad estructural, la exclusión social, la explotación feudal, el poder estatal centralizado y la escasa participación democrática. El movimiento popular generó posteriormente una convergencia histórica de fuerzas democráticas y progresistas. La abolición de la monarquía feudal y el establecimiento de una república democrática federal representan una profunda transformación en la historia política nepalí. Nepal demuestra cómo los conflictos armados pueden resolverse a través de medios pacíficos y un proceso democrático.

Fuimos el primer partido en defender la elección de una Asamblea Constituyente y la promulgación de una nueva constitución a través de ella. La constitución promulgada por la Asamblea Constituyente, elegida democráticamente, institucionalizó los principios del federalismo, la inclusión, la representación proporcional, el laicismo, la justicia social y el republicanismo.

Hit Man Gurung (Nepal), Dios ha abandonado mi lugar II [God Has Left My Place II], 2018.

Pero la transformación política no produce automáticamente una transformación económica. El cambio político debe ir acompañado de reformas institucionales, democratización económica y transformación social. Los movimientos progresistas deben aprender de la experiencia de Nepal en la transformación de la sociedad desde una estructura feudal hacia un nuevo sistema democrático y de orientación socialista.

A lo largo de la historia, las fuerzas progresistas a menudo han logrado notables victorias cuando han estado unidas, y han sufrido graves reveses cuando han estado divididas. Si los pueblos progresistas actuamos en unidad, definitivamente podemos lograr el resultado deseado; Nepal es un claro ejemplo de ello. La unidad requiere la comprensión de principios fundamentales: democracia, soberanía, justicia social, igualdad, paz, sostenibilidad ambiental y dignidad humana. Las organizaciones progresistas deben situar los intereses del pueblo por encima de los estrechos intereses partidistas. El futuro de la política transformadora no depende, por tanto, de la competencia sectaria, sino de la cooperación estratégica.

El surgimiento de los movimientos de la Generación Z —popularmente llamados movimientos Gen Z— en Sri Lanka, Bangladés, Nepal y otros lugares plantea muchos interrogantes serios sobre la transformación social y económica. Los actores políticos tradicionales a menudo malinterpretan estos movimientos. Muchos jóvenes no están rechazando la política en sí; están rechazando la política excluyente, las instituciones insensibles, la corrupción, el desempleo y la concentración del poder. Sus exigencias son legítimas y están profundamente conectadas con la realidad contemporánea. Sin embargo, en este sentido, también debemos tener en cuenta el papel negativo desempeñado por las potencias imperialistas.

Camaradas, delegados: la prueba definitiva de cualquier partido y proyecto político es si mejora la vida de la gente común. Un sistema económico que genera riqueza sin mejorar los medios de subsistencia produce inevitablemente inestabilidad. La concentración extrema de la riqueza socava la democracia, la cohesión social y la sostenibilidad económica. Asia se encuentra entre las regiones más vulnerables al cambio climático, a pesar de contribuir relativamente poco a él. La industrialización sostenible, la transición hacia energías renovables, la protección ecológica y las estrategias de adaptación climática deben convertirse, por lo tanto, en pilares centrales de nuestra posición sobre el desarrollo. El desarrollo debe servir a las necesidades humanas y no a la búsqueda exclusiva del lucro.

El futuro de Asia depende de nuestra capacidad para elegir la cooperación por encima de la confrontación. La creciente competencia estratégica entre las grandes potencias presenta tanto buenas oportunidades como desafíos. Los países asiáticos deben resistir las presiones que buscan dividir la región en campos geopolíticos rivales. Los principios de coexistencia pacífica, igualdad soberana, no alineamiento y respeto mutuo siguen siendo profundamente relevantes; el espíritu de Bandung sigue siendo vital e importante para nosotros. La prosperidad de Asia se fortalecerá no a través de la confrontación, sino de la cooperación. En el plano internacional, la solidaridad sigue siendo la necesidad imperiosa del momento. Reafirmamos nuestro apoyo al derecho del pueblo palestino a tener un Estado. Nos oponemos a la ocupación, a la violencia indiscriminada y a las violaciones del derecho internacional humanitario por parte de cualquier país bajo cualquier pretexto. La cooperación Sur-Sur debe convertirse en una piedra angular del emergente mundo multipolar, y todos los pueblos progresistas deben unirse para contrarrestar cualquier forma de imperialismo e intervención bajo cualquier pretexto. Si nos unimos y actuamos juntos, sin duda tendremos éxito en alcanzar nuestro objetivo.

Los movimientos progresistas deben participar activamente en el trabajo intelectual e ideológico para construir confianza, conciencia crítica y una ciudadanía informada. Por lo tanto, propongo que adoptemos una agenda de desarrollo común para los pueblos asiáticos. Dicha agenda debe unir a las fuerzas progresistas en torno a la paz, la soberanía, la democracia económica, la soberanía alimentaria, la justicia climática, la soberanía digital, la igualdad de género, el empoderamiento juvenil y la solidaridad regional. Los partidos políticos, sindicatos, organizaciones campesinas, movimientos de mujeres, organizaciones juveniles, comunidades indígenas, académicos e intelectuales progresistas deben trabajar juntos a través de estas plataformas de cooperación significativa.

Finalmente, como personas progresistas, debemos apegarnos al espíritu del internacionalismo. El emergente mundo multipolar no debe reproducir las viejas jerarquías bajo ninguna forma, incluidas las llamadas nuevas formas; debe basarse en la igualdad, el respeto mutuo, el aprendizaje compartido y la responsabilidad colectiva. Avancemos juntos con valentía, sabiduría, solidaridad y determinación. Definitivamente tendremos éxito en la creación de un mundo justo y pacífico.

Pushpa Kamal Dahal (Prachanda) hablando durante la Conferencia Manos Fuera de Asia en Colombo, Sri Lanka.

El discurso de Prachanda nos recuerda que los cambios en el orden mundial, por sí mismos, no son un garante necesario del progreso. Mucho depende de la capacidad de los partidos políticos y de los movimientos sociales para articular e implementar una agenda de cambio social. Bases Fuera de Asia, por lo tanto, nos exige involucrarnos más activamente en la organización, el diseño de políticas y la gobernanza si queremos construir un futuro más prometedor para los pueblos de Asia.

Para leer los demás discursos de la conferencia, descargue el libro Bases Fuera de Asia aquí. Además, puede ver las mesas redondas de la conferencia aquí.

Afectuosamente,

Tings Chak y Atul Chandra

Tings y Atul son co-coordinadores de Tricontinental Asia.