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La tierra para quienes la trabajan: La reforma agraria y la agricultura socialista en la República Democrática Alemana

Hoy, cuando millones pasan hambre bajo el agronegocio capitalista, recuperamos la historia de la reforma agraria y las cooperativas socialistas en la DDR, que transformaron la realidad social y económica del campesinado.

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Acerca de Estudios sobre la RDA

La República Democrática Alemana (RDA) fue un Estado socialista fundado en Alemania Oriental en 1949 como reacción democrática y antifascista a la Segunda Guerra Mundial y la subsecuente restauración del capitalismo monopólico en Alemania Occidental. La RDA representó una nueva Alemania, una en la cual se redistribuyó la tierra, se socializaron los medios de producción, se organizó la producción agrícola en cooperativas y se lograron avances significativos en la igualdad de género, educación, salud y otras áreas de la sociedad. La RDA también cultivó relaciones económicas amistosas y estrechas con otros Estados socialistas y ejerció solidaridad política y material con países y movimientos que luchaban por su independencia en América Latina, Asia y África.

En 1990, después de la reunificación de Alemania, se desmanteló la economía de la RDA. Se la trató como prototipo de terapia de shock para las medidas de austeridad que pronto se impusieron en otros países, y no solamente en los antiguos Estados socialistas. Al mismo tiempo, la RDA fue política, judicial y moralmente deslegitimada. Las publicaciones de esta serie constituyen un rechazo a la narrativa propagada por enemigos del socialismo, tanto nuevos como antiguos, que plantea que la desaparición de la RDA, y de otros proyectos socialistas, demuestra el inevitable fracaso de cualquier política y economía socialista.

Con esta serie, Estudios sobre la RDA, el Internationale Forschungsstelle DDR [Centro Internacional de Investigación sobre la RDA] y el Instituto Tricontinental de Investigación Social buscan fomentar un compromiso renovado con la historia, los logros y los principios de la RDA. Al fin y al cabo, millones de personas en todo el mundo aún están luchando por los avances que alguna vez fueron un hecho en el sistema socialista de la RDA y que se perdieron con su caída.

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1. Introducción

El estado actual de la agricultura y la producción de alimentos a escala mundial exige alternativas de manera urgente. Si el suministro mundial de alimentos se distribuyera de manera justa e igualitaria, todas las personas tendrían suficiente para comer. Sin embargo, en 2025, 645 millones de personas en todo el mundo, aproximadamente una de cada 13, padecieron hambre (FAO et al., 2026: 4). Los precios son inflados aún más por la especulación financiera con los alimentos, las materias primas y la tierra. Esto garantiza de manera perversa que se obtengan ganancias no solo de los bienes básicos necesarios para la supervivencia, sino también de las crecientes tasas de hambre, ya que el aumento de los precios de las materias primas se convierte a su vez en blanco del comercio especulativo (FIAN Schweiz, 2013).

Si bien algo más de un tercio de los alimentos del mundo sigue siendo producido por el campesinado,1 las grandes corporaciones agrícolas, como el Grupo ABCD (Archer Daniels Midland, Bunge, Cargill y Louis Dreyfus), dominan el cultivo, el procesamiento, la comercialización y la distribución de alimentos a escala mundial (Lowder et al., 2021; Herre, 2017). El resultado es que empresas como las del Grupo ABCD poseen un cuasi monopolio sobre la tecnología agrícola avanzada y un control creciente sobre las cadenas de producción y procesamiento centralizadas a nivel global. Esta concentración de la propiedad de la tierra y de los medios de producción de alimentos refuerza los patrones establecidos durante la era colonial, impulsando los monocultivos, las relaciones comerciales desiguales y los desalojos de tierras. Estas dinámicas, a su vez, agravan la agricultura de subsistencia a pequeña escala, la explotación extrema de los trabajadores agrícolas, la pobreza, el hambre, la destrucción ambiental y el subdesarrollo rural. Aun cuando el desarrollo de las relaciones capitalistas en las tecnologías y la ciencia agrícolas ha liberado un potencial significativo para la producción de alimentos, es evidente que este no se ha utilizado para satisfacer la necesidad más elemental de alimentación de las personas.

Décadas después de la disolución de la RDA, miramos hacia atrás, hacia sus logros y hacia lo que se puede aprender de sus deficiencias, en busca de respuestas. En los apenas 45 años de existencia de la RDA, las condiciones en las zonas rurales cambiaron radicalmente. Este cambio se produjo en tres etapas:

  1. La primera etapa (1945-1948) tuvo lugar durante el cambio en la correlación de fuerzas en Alemania Oriental tras la Segunda Guerra Mundial, que marcó el punto de partida decisivo de la transformación agrícola de la RDA. Durante este período se implementó la reforma agraria, que disolvió las estructuras de propiedad de la tierra vigentes desde hacía siglos en el campo. Este proceso de democratización creó el primer marco para nuevas relaciones de producción basadas en la cooperación.
  2. La segunda etapa (1952-1960) estuvo caracterizada por la Genossenschaftsbewegung [movimiento cooperativo], que logró resolver las contradicciones entre la tecnología moderna y la producción a pequeña escala en interés de campesinos, campesinas y trabajadorxs agrícolas, sin arruinarlos, desplazarlos ni subordinarlos a los intereses de las grandes empresas, como ocurre bajo el capitalismo. Del mismo modo, las cooperativas agrícolas brindaron también a la población rural derechos y oportunidades sociales y culturales hasta entonces inalcanzados.
  3. La tercera y última etapa (de la década de 1970 a la década de 1980), construida sobre los cimientos de los períodos anteriores, fue testigo del desarrollo de grandes redes de producción agrícola y de la profundización de las relaciones cooperativas entre las distintas fases de la producción, desde la producción primaria hasta el procesamiento y la distribución.

La reforma agrícola de la RDA estuvo entre los programas más exitosos y abarcadores de la breve historia del país, y transformó la realidad del campesinado: de condiciones de trabajo y de vida cuasi feudales (que incluían la subordinación económica y política y la privación cultural) a una realidad marcada por la confianza, la democracia y la vitalidad cultural, así como por una agricultura industrial altamente productiva.

Cada país y cada región tiene su propia historia y sus propias condiciones, que deben analizarse con detenimiento y para las que deben encontrarse soluciones particulares. No obstante, las decisiones tomadas en el sector agrícola de la RDA ofrecen perspectivas prácticas para una alternativa a la competencia capitalista de mercado y a la búsqueda de ganancias. Este estudio busca contribuir a los debates contemporáneos sobre las perspectivas de la agricultura socialista mediante el examen del proceso histórico que transformó radicalmente las estructuras sociales y las formas de trabajar y pensar en el campo de Alemania Oriental. No es posible abarcar todos los aspectos de la agricultura de la RDA en este estudio. Cuestiones importantes como la silvicultura, la ecología, la agrociencia, el internacionalismo y el funcionamiento interno del Partido Democrático Campesino de Alemania (DBD, por su sigla en alemán) solo pudieron tratarse de manera tangencial y, sin duda, merecen ser exploradas con mayor profundidad en el futuro.

Este estudio está estructurado cronológicamente, siguiendo el desarrollo histórico concreto de la agricultura en Alemania: primero el yugo feudal de siglos impuesto al campesinado alemán, luego el período de la reforma agraria y, finalmente, la transición hacia una organización cooperativa de la agricultura y una producción agrícola industrial a gran escala.

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2. La vía prusiana hacia la agricultura capitalista y el ascenso del fascismo

La agricultura alemana transitó de condiciones feudales a condiciones burguesas-capitalistas durante el siglo XIX, relativamente tarde en comparación con otros países europeos como Inglaterra y Francia.2 Incluso entonces, el proceso se produjo de forma muy gradual y sin un derrocamiento radical de la aristocracia feudal, que conservó su dominio sobre la tierra. La unificación de Alemania en un Estado-nación burgués moderno fue resultado de las maniobras políticas y el belicismo de la clase dominante prusiana, liderada por Otto von Bismarck y el káiser Guillermo I.

Durante este período, al que la literatura marxista se refiere como la “vía prusiana al capitalismo”, el surgimiento del modo de producción capitalista estuvo estrechamente ligado a las relaciones de subordinación feudal. Las condiciones de vida y jurídicas de las diversas masas trabajadoras campesinas cambiaron, pero su dependencia económica y social de la nobleza terrateniente permaneció. Surgió una clase de pequeñxs y medianxs agricultorxs “libres”3, en su mayoría fuertemente endeudada con los terratenientes. Los sirvientes y aparceros que antes eran jornalerxs sin tierra al servicio del señor feudal se consolidaron ahora como una nueva clase de trabajadorxs agrícolas. El propio terrateniente feudal se convirtió en dueño de una especie de proto-agronegocio. La vida en los pueblos siguió marcada por los grandes terratenientes, que mantuvieron un papel económica y políticamente dominante hasta bien entrado el siglo XX, respaldado por leyes, costumbres, tradiciones y nuevas relaciones de dependencia capitalistas. Así, en el campo prevalecieron condiciones atrasadas, casi propias de la época medieval.

Las leyes feudales, que aparentemente habían sido abolidas en 1919 tras la caída de la monarquía alemana, siguieron siendo una realidad de facto para los trabajadores agrícolas y los sirvientes, a quienes se les prohibía organizarse política o sindicalmente, como en la Asociación Alemana de Trabajadores Agrícolas (Deutscher Landarbeiterverband, fundada en 1909). Extractos del Reglamento de Sirvientes de Prusia, establecido a comienzos del siglo XIX, revelan cómo la clase trabajadora seguía privada de derechos básicos:

Párrafo 77: “Si los sirvientes provocan la ira de los amos con una conducta indecorosa y, como consecuencia, son tratados por ellos con palabras de reproche o con agresiones leves, no podrán exigir reparación legal por ello”.

Párrafo 79: “Salvo en el caso en que la vida o la salud del sirviente se vean expuestas a un peligro inmediato e inevitable debido a los malos tratos de los señores, no debe oponerse activamente a ellos”.

Párrafo 74: “Sin el conocimiento previo y la autorización del señor, no debe ausentarse de la casa, ni siquiera para atender sus propios asuntos”.

Párrafo 76: “El servicio debe aceptar las órdenes de los señores y sus reprimendas con respeto y humildad” (Matern, 1995).

De comienzos del siglo XIX al siglo XX, la base económica de Alemania experimentó un cambio fundamental al pasar de una economía agroindustrial a una industrial. La población casi se triplicó, de alrededor de 18 millones en 1800 a más de 52 millones en 1900 (O’Neill, 2021). Aunque la mayoría de los alemanes vivía en el campo a comienzos del siglo XIX, entre 1871 y 1910, a raíz de la migración urbana que acompañó al desarrollo capitalista, el porcentaje de la población que vivía en las ciudades (definidas en la época como aquellas con más de 2.000 habitantes) pasó del 36% al 60% (Klemm et al., 1985: 55). Al mismo tiempo, entre 1882 y 1907, la proporción de trabajadorxs ocupados en la agricultura y la silvicultura cayó del 42,5% al 28,6%. Un número considerable de trabajadoras y trabajadores agrícolas sin tierra pronto superó en número a los propietarios y arrendatarios de fincas en las zonas rurales. En 1907, los grandes latifundios (de más de 100 hectáreas) empleaban un promedio de 51 trabajadores, y un tercio de los 9,5 millones de personas que trabajaban en la agricultura eran asalariadas (Klemm et al., 1985: 33, 55, 75, 76). Las personas asalariadas agrícolas se concentraban en las zonas al este del río Elba, donde las grandes empresas agrícolas estaban más extendidas. Los trabajadores estacionales extranjeros, especialmente los provenientes de las regiones polacas, eran particularmente explotados. A mediados del siglo XIX existía una concentración significativa de la propiedad de la tierra: menos del 1% de los terratenientes poseía más del 40% de la tierra cultivable, mientras que alrededor del 80% de los campesinxs poseía menos del 12%, en parcelas individuales de menos de 7,5 hectáreas (Klemm et al., 1985: 33).

Las condiciones en el campo alemán se desarrollaron de manera desigual a lo largo del siglo XIX debido a la fragmentación territorial del país en numerosos Estados pequeños. Al oeste del río Rin, la servidumbre feudal y la servidumbre por contrato fueron abolidas con la Revolución Francesa de 1789. En el centro y el sur de Alemania, entre el Rin y el Elba, pequeñxs y medianxs campesinxs trabajaban parcelas de tierra arrendadas a grandes terratenientes. Pero cuando la servidumbre fue abolida por ley en las zonas al este del Elba (que más tarde constituirían buena parte del territorio de la RDA), los campesinxs se vieron obligados a indemnizar a sus antiguos señores. En definitiva, para emanciparse de las obligaciones y deberes feudales, los campesinxs pagaron un total de 1.800 millones de marcos y tuvieron que entregar 425.169 hectáreas de tierra a los junkers, la nobleza terrateniente de Prusia (Klemm et al., 1985: 30). Esto agravó la ya muy desigual distribución de la tierra cultivable y dio origen a los grandes latifundios que marcaron el campo de Alemania Oriental antes de 1945.

Además, los junkers al este del Elba eran un pilar central del Estado prusiano reaccionario y militarista y, junto con influyentes monopolistas industriales, se convertirían más tarde en los facilitadores del fascismo de Hitler. Como señala el historiador Siegfried Kuntsche, la clase junker aristocrática utilizó las posiciones clave que conservaba en el aparato militar y la burocracia estatal de Alemania para apoyar abiertamente a las fuerzas reaccionarias durante la era de Weimar (1919-1933), con “representantes de varias familias nobles de larga tradición que se unieron al movimiento nazi” ya a comienzos de la década de 1920 (Kuntsche, 2005: 110). En la región de Mecklemburgo, uno de los bastiones de los junkers, una cuarta parte de todos los terratenientes se afilió al partido nazi (Kuntsche, 2005: 101). La mitad de los generales del alto mando de la Wehrmacht (fuerzas armadas) fascista provenía de la nobleza (Klemm et al., 1985: 142). Durante la Segunda Guerra Mundial, los junkers aprovecharon su papel ya dominante en la vida social de las aldeas para promover el robo de tierras de Europa Oriental, enfrentando a los campesinxs con sus contrapartes del Este y desviando la atención de su propia historia de apropiación de tierras campesinas.

Bajo el régimen de Hitler (1933-1945), el fascismo alemán llevó adelante una política de sometimiento total de los campesinxs y de la población rural para posibilitar su política de guerra imperialista. Se prohibieron las organizaciones y los sindicatos de trabajadores agrícolas. Todas las personas involucradas en la producción, el procesamiento y el comercio de productos agrícolas fueron obligadas a afiliarse al Reichsnährstand [Organismo Alimentario del Reich] nazi, bajo el mando de los grandes terratenientes. Durante la guerra se impuso una obligación de entrega total, y se confiscaron los ahorros y los saldos de crédito de los campesinxs para pagar el costo de la guerra. El Estado fascista compensó el rápido descenso del rendimiento de las cosechas durante los años de guerra imponiendo cuotas de entrega sobre los productos de los países ocupados de Europa Oriental y aplicando una despiadada política de hambruna contra las poblaciones locales. Solo mediante la explotación bárbara de millones de trabajadores forzados lograron los fascistas mantener a flote la agricultura alemana.

Las políticas de la Alemania nazi durante la guerra provocaron un gran retroceso del desarrollo agrícola del país. Ya a mediados de la década de 1930, se priorizó la economía de guerra sobre la agricultura. “Si es necesario, podemos prescindir de la mantequilla, pero nunca de los cañones”, como lo expresó en 1936 el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels (Bauer, 2008: 306). Los daños causados por la guerra dejaron la maquinaria y grandes extensiones de tierra en ruinas y el ganado diezmado. Esto fue especialmente cierto en Alemania Oriental, donde los fascistas procuraron asegurarse de que no quedara nada para el Ejército Rojo y procedieron a sacrificar sistemáticamente el ganado y arrasar el suelo, lo que Gerhard Grüneberg, secretario de agricultura del Partido Socialista Unificado de Alemania (SED por su sigla en alemán) entre 1960 y 1981, describió como la continuación de la “criminal política de tierra arrasada” de los nazis (Grüneberg et al.,1965: 11).

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3. La reforma agraria: las tierras de los junkers en manos campesinas

Destrucción y hambre de posguerra

Alemania Oriental fue el principal frente europeo de las batallas finales de la Segunda Guerra Mundial, lo que dejó en ruinas grandes extensiones de tierras agrícolas, instalaciones y plantas de procesamiento, con medios de transporte prácticamente inexistentes y capacidades de producción retrasadas en décadas. A medida que el Ejército Rojo avanzaba sobre el territorio alemán, muchos junkers huyeron a Alemania Occidental, llevándose con frecuencia su ganado, sus equipos técnicos y otras posesiones privadas, con lo que empeoraron aún más la situación de abastecimiento. La cabaña porcina se redujo al 20% de sus niveles de preguerra, la bovina al 66% y la avícola al 25% (Klemm et al., 1986: 163). Como resultado de todos estos factores, la industria alimentaria nacional colapsó por completo en 1945.

Fotografía 1. Campesinas y campesinos retiran escombros y piedras de un campo en la aldea de Podelzig, en Alemania Oriental, que quedó casi destruida en los últimos días de la Segunda Guerra Mundial, 1945.

Después de la guerra, Alemania quedó dividida en cuatro zonas de ocupación militar. La zona oriental (conocida como Zona de Ocupación Soviética (SOZ)) estaba bajo el control de la Administración Militar Soviética (SMAD, por su sigla en alemán), y las zonas occidentales estaban controladas por los Estados Unidos, el Reino Unido y Francia. Berlín, ubicada dentro de la SOZ, se encontraba dividida de manera similar entre las cuatro potencias aliadas. En la SOZ se creó la Administración Alemana de Agricultura y Silvicultura para hacer frente a la urgente tarea de asegurar la primera cosecha de posguerra. El 18 de junio de 1945, la SMAD abolió la obligación total de entrega impuesta por los nazis mediante la Orden n.º 40, que estableció metas de entrega de cereales, papas, hortalizas y oleaginosas, seguida poco después por la Orden n.º 18, del 29 de julio de 1945, que puso fin a la entrega obligatoria de productos ganaderos. Estas estuvieron entre las primeras medidas implementadas que promovieron una política agraria democrática y contribuyeron a despertar el interés del campesinado por aumentar la producción.

Poco después se estableció un sistema de dos precios: al campesinado se le pagaba un precio más bajo por los productos que debía vender obligatoriamente al Estado para garantizar alimentos suficientes para la población, y un precio más alto por los excedentes, que podía vender libremente. Los organismos administrativos, los sindicatos y los partidos recién autorizados, unidos en el bloque democrático antifascista, llamaron a la población a ayudar con la cosecha. Los ingenierxs y las trabajadoras y trabajadores industriales formaron brigadas para reparar la maquinaria agrícola, mientras la población urbana salía a los campos a ayudar con la cosecha y en las aldeas se formaban comités campesinos para coordinar el trabajo, combatir el acaparamiento y asegurar que la población recibiera sus raciones de alimentos.

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El programa de reforma agraria

La Zona de Ocupación Soviética

Durante la guerra, lxs comunistas alemanes exiliados en la Unión Soviética elaboraron un programa de reforma agraria para la posguerra. Edwin Hoernle fue uno de los principales artífices de este programa. Hoernle, experto agrario y parlamentario comunista durante la época de Weimar, regresó del exilio en mayo de 1945 y asumió como presidente de la Administración Alemana de Agricultura y Silvicultura (el principal cargo administrativo para la agricultura y la silvicultura en la recién creada Comisión Económica Alemana). La meticulosa planificación y la viabilidad de este programa concitaron el apoyo del Partido Comunista de Alemania (KPD, por su sigla en alemán) y de su base, que en junio de 1945 lanzó un llamado público a favor de una reforma agraria democrática bajo el eslogan ¡Junkerland in Bauernhand! [¡Las tierras de los junkers en manos campesinas!] e hizo campaña por una pronta deliberación e implementación por parte del bloque de los cuatro partidos. El 22 de agosto de 1945, el comité central del KPD adoptó una propuesta concreta para implementar un programa de reforma agraria antes de fin de año. Sus puntos centrales eran:

  1. Expropiar, sin compensación, las grandes propiedades privadas (de más de 100 hectáreas).
  2. Expropiar, sin compensación, todas las propiedades pertenecientes a funcionarios nazis y criminales de guerra, independientemente de su tamaño.
  3. Crear un fondo estatal de tierras integrado por las propiedades expropiadas, así como por los bienes estatales.
  4. Asignar la mayor parte del fondo de tierras como propiedad privada en parcelas pequeñas de propiedad individual (5 hectáreas en el caso de suelos de calidad alta y media, y de 8 a 10 hectáreas en el caso de suelos de calidad baja y muy baja).
  5. Distribuir ganado y equipos básicos de producción a los “nuevos campesinxs”, es decir, antiguos trabajadores agrícolas, campesinxs sin tierra o personas refugiadas.
  6. Transferir tractores y maquinaria agrícola de gran tamaño, así como talleres y plantas de procesamiento agrícola, a los comités de ayuda mutua campesina para su uso colectivo (Watzek, 2005: 16).

La iniciativa de reforma agraria se promovió en diversos ámbitos, desde la prensa hasta las iglesias y los comités de partido, y encontró un apoyo creciente entre la población.

Fotografía 2. El 11 de septiembre de 1945, tres municipios cercanos a Dresde, en Alemania Oriental, expropiaron y repartieron la antigua Hacienda Real. El letrero (adelante, a la izquierda) dice: “Campesino libre en suelo libre”, y la pancarta (arriba, a la derecha) dice: “El tiempo del amo se acabó”.

Imagen 3. Cartel de 1945 del comité central del KPD que dice: “Fuera el dominio de los junkers: ¡Las tierras de los junkers en manos campesinas!”.

Hoernle y el KPD argumentaron que compensar a los grandes terratenientes por sus tierras expropiadas sería irresponsable dadas la escasez de abastecimiento y la penuria económica general. Como señalaron, de ninguna manera los grandes terratenientes quedarían reducidos a la mendicidad si sus propiedades fueran expropiadas sin compensación, pues conservaban sus pertenencias privadas y su riqueza acumulada. Además, esto se consideraba un castigo apropiado por los crímenes de guerra y un acto de justicia histórica (Schumann, 2005: 75).

Debido a que la Unión Demócrata Cristiana de Alemania (CDU por su sigla en alemán) y el Partido Liberal Democrático de Alemania (LDPD, por su sigla en alemán), ambos miembros del bloque democrático antifascista junto al Partido Socialdemócrata de Alemania (SPD por su sigla en alemán) y el KPD, se oponían a la propuesta de expropiación sin compensación, hubo una serie de largas negociaciones antes de que las ordenanzas legales que preveían la expropiación sin compensación fueran finalmente aprobadas por los cinco gobiernos estatales de la SOZ a comienzos de septiembre de 1945.

La zona occidental

La presión popular y la aprobación de la reforma agraria en Alemania Oriental a comienzos de septiembre de 1945 impulsaron a las administraciones militares estadounidense y británica en Occidente a redactar propuestas legales de reforma agraria en sus zonas. No obstante, las disposiciones legales que redactaron ofrecían a las fuerzas políticas y a los grandes terratenientes suficiente margen de maniobra para impedir en última instancia las medidas de redistribución o retrasarlas hasta que la correlación de poder político se inclinara a su favor. Los partidos burgueses que se estaban formando en Alemania Occidental en esa época buscaban garantizar la preservación de las viejas relaciones de propiedad privada capitalistas, a pesar de los referendos populares que exigían la democratización de la economía mediante la nacionalización de la industria y otras medidas.

La región alemana occidental de Hesse es un ejemplo de este deseo de cambio. Allí, los socialdemócratas y los comunistas tenían la mayoría en el gobierno estatal y redactaron una constitución estatal que, en su artículo 41, planteaba planes para socializar industrias clave y colocar el sector bancario bajo administración pública. Aunque un referendo público en diciembre de 1946 mostró que el 72% de los votantes estaba a favor del artículo 41, la administración militar estadounidense se opuso, y el general estadounidense Lucius Clay prohibió su implementación.

Las leyes de reforma agraria redactadas en Alemania Occidental eran indicativas del deseo de cambio de la población rural. Sin embargo, al final la población rural quedó decepcionada, ya que las pocas medidas promulgadas en Occidente se aplicaban a solo el 5% del total de tierras cultivables. En la RDA, en tanto, fueron expropiadas y redistribuidas 3,2 millones de hectáreas, 14 veces más que en Alemania Occidental (Henkel, 2007: 108-109).

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El trasfondo político y económico de la reforma agraria

Después de la guerra, ni la Administración Militar Soviética ni los comunistas alemanes se propusieron la construcción socialista en Alemania Oriental. Por el contrario, entre 1945 y 1952, su principal objetivo fue impulsar una transformación antifascista y democrática de una Alemania unida; eliminar el imperialismo y el militarismo alemanes; y garantizar que la Alemania de la posguerra se convirtiera en una zona neutral y desmilitarizada en el contexto de la rivalidad internacional entre los Estados capitalistas y socialistas.4 Por lo tanto, la reforma agraria, es decir, la parcelación de la tierra como propiedad privada, no puede considerarse una política de la construcción socialista de la RDA, que solo se inició en 1952, siete años después de la guerra, sino como un esfuerzo por abordar cuestiones prácticas apremiantes de la posguerra. Entre ellas, estaba la necesidad de reconstruir el colapsado abastecimiento alimentario en Alemania Oriental mediante la promoción de la agricultura a pequeña escala, que motivaba al campesinado a producir más y le ofrecía la oportunidad de la autosuficiencia. Edwin Hoernle resumió las principales razones de la reforma agraria en estas condiciones específicas:

La gran reforma agraria es, ante todo, un medio decisivo para la erradicación completa del militarismo prusiano, cuyo principal sostén era la casta de los junkers. En lo económico, la entrega de la tierra al campesino independiente es también una necesidad urgente. Ante la actual ruina de la agricultura y la enorme falta de equipos técnicos, solo la proverbial diligencia campesina, el fanatismo con que el pequeño campesino se aferra a su tierra, puede provocar un rápido aumento de la producción agrícola (Schumann, 2005: 71).

No obstante, la reforma agraria fue un paso decisivo que más tarde posibilitó la eventual transición al socialismo. La democratización del campo y el fomento de la cooperación entre el campesinado sentaron las bases socioeconómicas para la creación eventual de relaciones socialistas en la agricultura. Esta política fue, ante todo, la realización de la demanda campesina de redistribución de la tierra y de poner fin a la opresión feudal. Walter Ulbricht, dirigente del SED, surgido de la fusión entre el KPD y el SPD en abril de 1946, resumió esta relación en una conferencia del partido en 1947:

Para ser franco, algunas personas nos preguntaron al comienzo de la reforma agraria: ¿Qué clase de socialistas son ustedes? Ni siquiera están a favor de la “colectivización de las tierras agrícolas”. Les respondimos: ¡A ustedes, señores, tal vez les convendría mantener unidos los grandes latifundios para que luego pudieran ser devueltos fácilmente a sus antiguos propietarios! No, nuestro rumbo es distinto: actuamos para que los grandes latifundios queden completamente divididos, de modo que los grandes terratenientes de Alemania nunca más puedan reclamar esta tierra (Ulbricht, 1947: 57).

A corto plazo, las estructuras creadas por la reforma agraria lograron mejorar significativamente el abastecimiento de alimentos, tanto para cada campesino y campesina como para todo el país. Sin embargo, desde el principio estaba claro que la agricultura a pequeña escala facilitada por la reforma agraria no podría satisfacer a largo plazo las crecientes demandas de producción de alimentos, ya que enfrentaba dificultades derivadas del tamaño de las tierras asignadas, la limitada disponibilidad de equipos y otros factores.

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La implementación y el impacto de la reforma agraria

En las asambleas públicas de las aldeas de Alemania Oriental, en septiembre de 1945, trabajadores agrícolas, campesinxs sin tierra, pequeños propietarios y personas refugiadas5 eligieron entre sus filas a los integrantes de las comisiones de reforma agraria, encargadas de coordinar la implementación de la reforma. Las comisiones determinaban qué tierras debían ser expropiadas; documentaban y aseguraban un inventario de los edificios y las existencias asociados; elaboraban listas de campesinxs pequeños propietarios y sin tierra, trabajadores agrícolas y personas refugiadas; y evaluaban las solicitudes de asignación de tierras presentadas por campesinxs independientes. Los planes de redistribución se discutían y ratificaban en reuniones públicas en las que participaban todas las personas solicitantes de asignación de tierras. Para evitar favoritismos, las decisiones sobre la asignación de parcelas, ganado e inventario se tomaban por sorteo. Las comisiones de reforma agraria también fueron responsables de crear los primeros comités de ayuda mutua campesina, establecidos en el tercer trimestre de 1945. Estos comités garantizaban que la maquinaria agrícola se utilizara de manera eficiente y que se organizara la ayuda mutua entre los nuevos campesinxs, desde asesorarse mutuamente sobre el manejo de plagas hasta echarse una mano durante la cosecha. La solidaridad debía reemplazar a la competencia y a la obediencia en el campo.

Fotografía 4. Miembros de una comisión de reforma agraria en la RDA miden una parcela de tierra en septiembre de 1945.

Fotografía 5. Jóvenes ayudan a desmantelar una antigua casa solariega para obtener materiales de construcción para nuevas casas de campo.

Más de 52.000 personas6 participaron en las 9.500 comisiones de reforma agraria: el 38% eran trabajadores agrícolas, el 35% eran pequeños campesinxs propietarios y arrendatarios, y el 12% eran personas refugiadas reasentadas. El 15% restante eran trabajadores industriales y artesanos de las aldeas. La responsabilidad de implementar la reforma agraria quedó así en manos de las fuerzas sociales con mayor interés en la reorganización de la propiedad de la tierra. Las juntas directivas de las comisiones, integradas por 5 a 7 miembros, solían estar presididas por el alcalde del distrito. Para finales de 1945, la mayor parte de las tierras destinadas a la reasignación individual había sido redistribuida, y la nobleza terrateniente fue, por lo general, expulsada de las haciendas y aldeas sobre las que había reinado.

Dado que la implementación de la reforma agraria estuvo supervisada por la población local, las comisiones llegaron a actuar como escuelas de democracia. Por ejemplo, la entrega de los títulos de propiedad de las tierras asignadas se convirtió en un día de celebración en las aldeas. El relato de Hermann Wesemann, militante local del partido, sobre una reunión pública en Torisdorf, distrito de Schönberg, ofrece un cuadro vívido de cómo se implementó la reforma agraria a nivel de las aldeas:

Torisdorf era una hacienda de unas 400 hectáreas. Pertenecía al junker Axel Bunger, un militarista acérrimo que dejaba que “su gente” lo llamara “Capitán Señor”. En la aldea había algunos trabajadores con conciencia de clase que nos ayudaron a preparar una reunión de aldea [mensual]. … Todas las personas estaban allí, incluidas las refugiadas reasentadas. Algunos trabajadores agrícolas intentaban nerviosos dar la impresión de que se habían topado con la reunión por casualidad. Sostenían cubos de agua o lecheras en las manos y permanecían al fondo. Sin duda, esto se debía a [su temor al] “Capitán Señor”, que vigilaba todo lo que ocurría en la aldea. (…)

Las opiniones fueron y vinieron durante un tiempo hasta que, finalmente, todas las personas acordaron dividir la hacienda. Se formó una comisión de tierras que debía estar encabezada por un trabajador agrícola. Pero ahora había que informar oficialmente al terrateniente de la decisión de la reunión. Cuando fuimos a verlo, ya nos estaba gritando y lanzándonos improperios. Le comuniqué brevemente la decisión y le pedí que entregara inmediatamente las llaves y todos los documentos de la hacienda a la comisión de tierras, que permaneciera en su habitación hasta nuevo aviso y que se abstuviera de toda interferencia. Al principio intentó intimidarnos, declarando que la reunión no tenía la autoridad y que de ninguna manera reconocería decretos orales. Ante la cuestión de la autoridad, le pregunté si creía que esto era una cuestión de poder político. Porque en ese sentido llegaba demasiado tarde: ya se había decidido a favor del pueblo trabajador. Él y sus pares habían perdido la partida. Lo mantuvimos bajo vigilancia constante hasta que la hacienda fue dividida, lo que sucedió poco después, y le impedimos enviar comunicaciones (Piskol et al., 1984: 52).

Torisdorf estaba entre los 3,3 millones de hectáreas de tierra, alrededor de un tercio de la tierra agrícola y forestal, y los 14.000 edificios que fueron expropiados sin compensación en la Zona de Ocupación Soviética como parte de la reforma agraria. De los 3,3 millones de hectáreas expropiadas, el 76% correspondía a 7.160 propiedades privadas (explotaciones con más de 100 hectáreas de tierra cultivable). El 4%, a 4.537 explotaciones pertenecientes a nazis activos y criminales de guerra con menos de 100 hectáreas de tierra. El 20% restante, a propiedad estatal y propiedad del partido nazi (Colectivo de autores, 1985: 170; Wolz, 2013).

Dos tercios de esta tierra (2,2 millones de hectáreas) fueron transferidos a un fondo central de tierras, que luego se distribuyó a las personas solicitantes individuales identificadas y registradas por las comisiones de reforma agraria. La tierra expropiada se distribuyó a pequeños agricultorxs, trabajadores agrícolas, campesinxs y personas refugiadas en forma de parcelas de propiedad privada, y podía transmitirse dentro de la familia con la condición de que las personas receptoras la trabajaran. No podía venderse, arrendarse ni hipotecarse. El 43% de la tierra expropiada se distribuyó a trabajadores agrícolas y campesinxs sin tierra, mientras que el 35% correspondió a personas refugiadas (Schmidt, 2009: 16). Como resultado de la reforma agraria, se duplicó la proporción de tierras agrícolas cultivadas por pequeños agricultores.

Se implementaron diversas medidas para mejorar la calidad de vida de los nuevos campesinxs y apoyar los negocios nacientes. Estas medidas incluían cuotas de entrega flexibles, créditos y el suministro de semillas y ganado. Se hicieron esfuerzos por promover la cooperación y la ayuda mutua durante las épocas de cosecha, así como un programa especial de construcción iniciado por la SMAD que derivó en la edificación de aproximadamente 95.000 casas, 104.300 establos y 38.470 graneros para 1953 (Colectivo de autores, 1985: 45). Debido a la escasez de mano de obra, maquinaria agrícola y animales de tiro, era importante y necesario asegurar la cooperación entre el campesinado y las autoridades, organizaciones y empresas locales. Por ejemplo, se movilizó a la población urbana para ayudar a los nuevos campesinxs a recolectar sus cosechas.

La tierra expropiada restante (1,1 millones de hectáreas) pasó a ser propiedad estatal, lo que dio lugar a la creación de 500 explotaciones agrícolas del Estado (Schmidt, 2009: 16). Inicialmente, estas explotaciones sirvieron como granjas de abastecimiento para el Ejército Rojo como parte de las reparaciones de posguerra a la Unión Soviética. Más tarde, se convirtieron en bienes de dominio popular (Volkseigene Güter, VEG, por su sigla en alemán), que se transformaron en importantes mecanismos de apoyo a otras empresas agrícolas, tanto públicas como privadas, como explotaciones para la producción de semillas y la cría de animales, la formación y la educación, y fines experimentales y de investigación. También brindaban apoyo al campesinado con dificultades económicas a través de asesoramiento, y desempeñaron un papel pionero en la introducción de nuevos métodos agrícolas.

Fuente: Klaus Schmidt. “Landwirtschaft in der DDR” [La agricultura en la RDA]. Agrimedia, 2009, p. 16.
* A principios del siglo XX, empresas sin fines de lucro compraron grandes extensiones de tierra y las dividieron en parcelas para arrendárselas a los aparceros.
** Personas y organizaciones afiliadas al partido nazi.

Fuente: Klaus Schmidt. “Landwirtschaft in der DDR” [La agricultura en la RDA]. Agrimedia, 2009, p. 16.

Esto significa, por ejemplo, que en 1939 solo el 1,1% de todas las explotaciones tenía más de 100 hectáreas de tierra. Sin embargo, estas pocas explotaciones representaban el 28,3% del total de la superficie agrícola. La reforma agraria no solo aumentó considerablemente el número de pequeñxs y medianxs agricultorxs sino que también incrementó enormemente su participación en la superficie agrícola total utilizada.
Fuente: Colectivo de autores. Früchte des Bündnisses – Werden und Wachsen der sozialistischen Landwirtschaft der DDR [Los frutos de la alianza: el desarrollo y el crecimiento de la agricultura socialista de la RDA]. Editorial Dietz, Berlín, 1985, p. 33.

A comienzos de 1946, la ciudadanía de Alemania Oriental acudió a las urnas para elegir comisiones locales de la Asociación de Ayuda Mutua de los Campesinos (VdgB, por su sigla en alemán), con lo que los comités campesinos de ayuda mutua surgidos orgánicamente se convirtieron en organismos administrativos oficiales. La Asociación de Ayuda Mutua de los Campesinos tenía la tarea de establecer estaciones de préstamo de máquinas (MAS, por su sigla en alemán), donde el campesinado podía alquilar maquinaria y equipos agrícolas, así como de crear empresas que procesaran productos agrícolas y construyeran talleres de reparación y centros de cría de ganado.

Para 1950, existían 32.621 explotaciones y empresas agrícolas estatales y 617.886 explotaciones agrícolas privadas de al menos una hectárea. En estas últimas se cultivaba alrededor del 88% de toda la tierra agrícola de la RDA (5,7 millones de hectáreas) (Schmidt, 2009: 131; Administración Central de Estadística del Estado, 1957: 350). En 1948, 40.000 explotaciones eran gestionadas de manera independiente por agricultoras, resultado tanto de la reforma agraria como del elevado número de soldados que murieron durante la guerra (Secretaría de la Mujer del SED, 1948: 2). Con un tamaño promedio de 9,3 hectáreas, las explotaciones privadas se dividían de la siguiente manera:

Fuente: Klaus Schmidt. Landwirtschaft in der DDR [La agricultura en la RDA]. Clenze: AgriMedia, 2009, p. 131.

En esa época, de los 8 millones de personas empleadas en la RDA, aproximadamente 2 millones trabajaban en la agricultura. Una cuarta parte eran trabajadores agrícolas (trabajadores con contrato). Otra cuarta parte eran agricultorxs (propietarios o arrendatarios de una finca que trabajaban por cuenta propia), y la mitad estaba integrada prácticamente por completo por trabajadores familiares (la familia del propietario o arrendatario que trabajaba sin contrato, seguridad social ni impuesto sobre la renta), que eran casi exclusivamente mujeres (Colectivo de autores, 1985: 63). De los aproximadamente 500.000 agricultorxs, 210.000 eran nuevos.7

Fotografía 6. Una celebración del tractor número 100 construido en la fábrica de tractores de Brandeburgo en octubre de 1949. El letrero (a la derecha) dice: “Luchar por la paz es luchar por el futuro de Alemania”; el mural (a la izquierda) dice: “La paz nutre, la guerra destruye”.

En síntesis, la implementación de la reforma agraria en Alemania Oriental marcó un punto de inflexión histórico en la democratización de las relaciones agrarias y mejoró radicalmente las condiciones de vida de la población rural. Con el poder económico y político de la nobleza terrateniente finalmente quebrado, el campesinado y los trabajadores agrícolas se desarrollaron cada vez más como clases seguras de sí mismas y con influencia social. Comenzaron a dar forma activamente a la sociedad a través de nuevas estructuras democráticas como la Comisión de Reforma Agraria, la Asociación de Ayuda Mutua de los Campesinos y el DBD.8 La cooperación y la participación en los procesos de toma de decisiones se convirtieron en rasgos centrales de la vida campesina, poniendo la cuestión del poder en primer plano en el campo. Este era un nuevo comienzo, un territorio inexplorado para un campesinado que solo había conocido siglos de opresión feudal y luego 12 años de belicismo fascista.

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4. La construcción de las cooperativas: “Del yo al nosotros”

En Alemania, las cooperativas y las asociaciones cooperativas de campesinxs existían antes de la RDA en forma de empresas agrícolas que ofrecían préstamos bancarios y organizaban la compra y la venta de productos agrícolas (semillas, fertilizantes, etc.). Con todo, dado que los junkers y los grandes agricultores ocupaban las posiciones dirigentes en las asociaciones, podían utilizarlas para fortalecer su dominio sobre las explotaciones pequeñas y medianas. Para 1950, como resultado del programa de reforma agraria, estas unidades organizativas habían sido reestructuradas e integradas en la VdgB como la Cooperativa de Comercio Campesino (Bäuerliche Handelsgenossenschaft), sustituyendo una lógica de sometimiento por una de solidaridad.

En el terreno de la producción, la primera Cooperativa de Producción Agrícola (LPG, por su sigla en alemán) fue fundada en 1952. Desde el principio, las LPG fueron concebidas no solo como instituciones para la producción colectiva de bienes agrícolas, sino como organizaciones sociales más amplias, encargadas de funciones económicas, sociales y culturales. El carácter socialista de la producción cooperativa se afirmó a través del propósito declarado de las LPG, sus operaciones y, sobre todo, su integración en las estructuras políticas y económicas de la RDA. No obstante, establecer este carácter socialista y continuar la transformación fundamental del campo resultó ser un proceso complejo.

Para que las políticas agrarias de la RDA pudieran satisfacer las necesidades materiales de la población, especialmente en un contexto marcado por la ruina de la posguerra y una economía con escasez de fuerza de trabajo, la cuestión de la escala y la eficiencia era clave. Bruno Kiesler, jefe del Departamento de Agricultura del Comité Central del SED, explicó que “la reforma agraria democrática fue una decisión estratégicamente correcta, aunque sus impulsores eran conscientes de que la producción a gran escala era, en última instancia, superior a una economía agrícola fragmentada y de pequeña escala”. Para “llevar a las masas rurales por este camino”, continuó, en lugar de imponerles desde arriba la idea de la producción a gran escala, los campesinxs “primero tenían que hallar su propio camino y ganar confianza en la dirección política. A través del trabajo cotidiano de la tierra, llegaron gradualmente a reconocer que el trabajo comunal y cooperativo era más eficaz” (Kiesler, 2005: 57).

La presión económica para superar la producción agrícola de pequeña escala aumentó a comienzos de la década de 1950 con la creciente demanda de productos agrícolas, tanto como materias primas para la industria como alimentos para la población, a medida que la escasez de la posguerra daba paso a las demandas del tiempo de paz. Paralelamente, había señales de estancamiento en la producción agrícola y en la productividad del trabajo. La difícil situación económica provocó el cierre de explotaciones, especialmente entre los nuevos campesinxs (Grüneberg et al. 1965: 63). Además, la producción agrícola parcelada en pequeñas explotaciones privadas obstaculizaba la distribución racional del trabajo y dificultaba el uso eficiente de la maquinaria agrícola, ya de por sí escasa. El trabajo manual seguía siendo predominante. En 1950, las 514 estaciones de máquinas y tractores (MTS, por su sigla en alemán) de la RDA contaban con apenas 10.834 tractores y 675 camiones para todo el país (Administración Central de Estadística del Estado, 1955: 198). Hacia 1952, antes de que comenzara el movimiento cooperativo, unos 30.000 nuevos agricultorxs habían abandonado sus explotaciones (Kuntsche, 2015: 144). Mientras las MAS, precursoras de las MTS, atendían a agricultorxs individuales y ofrecían equipos pequeños, las MTS buscaban ir más allá del alquiler individual de equipos, suministrando maquinaria agrícola de gran tamaño y organizando su despliegue de la manera más eficiente en LPG cada vez más numerosas y de mayor escala.

Fotografía 7. Patio de una MTS en Obhausen, Sajonia-Anhalt, RDA (1950).

El historiador socialista Kurt Gossweiler describió la creciente necesidad de tomar una decisión estratégica sobre el sistema político bajo el cual desarrollar el sector agrícola:

Ante la urgente necesidad de aumentar el rendimiento agrícola, la dirección de la RDA tuvo que decidir cómo abrir el camino hacia la agricultura a gran escala: si por la vía capitalista o por la socialista. Por esta razón, el debate sobre la construcción del socialismo en la RDA fue ante todo un debate sobre si se aprobaría la formación de cooperativas de producción agrícola (Gossweiler, 1998: 61-74).

Una política orientada hacia la producción agrícola cooperativa tendría un profundo impacto en las relaciones laborales y de propiedad de la vida rural. Era una decisión de largo alcance que no podía resolverse hasta que se zanjara la cuestión nacional en Alemania. En 1949, cuando la RDA fue fundada como Estado democrático y antifascista como reacción a la fundación de la República Federal de Alemania (RFA, comúnmente llamada Alemania Occidental), la Unión Soviética, así como los comunistas de Alemania Occidental y de Alemania Oriental, siguieron persiguiendo el objetivo estratégico de una república alemana unificada y no alineada en la que se aplicaran las “cuatro D” del Acuerdo de Potsdam de 1945.9

En última instancia, el SED y la dirección política de la Unión Soviética reconocieron la necesidad de cambiar de estrategia. En su congreso de 1952, el SED decidió iniciar la construcción del socialismo mediante la formación de LPG. Walter Ulbricht, secretario general del SED, subrayó la necesidad de que los campesinxs se incorporaran a las cooperativas de manera voluntaria, destacando “el principio de la voluntariedad absoluta en la organización de dichas cooperativas y la inadmisibilidad de aplicar cualquier tipo de coacción contra los campesinxs en este sentido”. Además, continuó Ulbricht, “el propio camarada Lenin había subrayado que la agricultura comunal no puede introducirse por decretos y leyes” (1952).

Imagen 8. Cartel de agitación del SED de la década de 1950 que dice: “El futuro pertenece al socialismo. Campesinos independientes trabajadores, háganse miembros de la LPG”.

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La construcción del socialismo, una LPG a la vez

Aunque la necesidad de desarrollar cooperativas y las estructuras para la producción agrícola a gran escala era clara, en muchos aspectos las condiciones subjetivas y objetivas para llevar a cabo semejante proyecto aún no se habían desarrollado. ¿Cómo lograría la RDA un cambio en la forma de pensar, trabajar y vivir del campesinado?

En algunos casos, fueron el propio campesinado y lxs trabajadores agrícolas quienes impulsaron una forma de producción colectiva. De hecho, esos campesinxs habían instado al SED a apoyar la fundación de cooperativas incluso antes de la decisión del partido de hacerlo en julio de 1952. Este enfoque fue el que condujo a la creación de la primera LPG en Turingia ese mismo año. Estaban a favor de las LPG porque las veían como una respuesta necesaria a la difícil situación económica de sus propias tierras o porque conocían la agricultura cooperativa de la Unión Soviética y estaban convencidos de la necesidad del socialismo.

Sin embargo, para la inmensa mayoría de lxs agricultorxs, especialmente entre medianos y grandes con explotaciones consolidadas, la idea de abandonar la explotación individual seguía siendo inconcebible en 1952. Muchos se mostraban escépticos, mientras que otros adoptaban una actitud expectante. Se necesitaba una reorientación sin precedentes para promover una forma de pensar y trabajar más colectiva, que llegó a conocerse con el eslogan Vom Ich zum Wir [Del yo al nosotros]. Gerhard Grüneberg, secretario de agricultura del SED, resumió algunas de las principales dificultades de este proceso:

El trabajo cooperativo hace necesario convertirse en miembro de un colectivo. Antes, el campesino decidía solo cómo organizar su trabajo. Ahora él10 recibe instrucciones o, si llega a ser jefe de una brigada, por ejemplo, debe organizar el trabajo de muchas personas (…) [y] aprender a superar ciertos prejuicios y respetar a los demás miembros de la cooperativa como sus iguales (Grüneberg et al., 1965: 70).

Fotografía 9. En enero de 1953, nueve campesinxs fundaron una cooperativa de producción agrícola en el municipio de Blochwitz (distrito de Grossenhain). Una campesina de apellido Godzina firma un documento para inscribirse como miembro de la cooperativa.

En la fase inicial, los nuevos campesinxs y los pequeños propietarios que manejaban explotaciones económicamente débiles de todos los tamaños fueron la principal fuerza impulsora del movimiento cooperativo (Kuntsche, 2015: 144). Los grandes agricultores fueron excluidos de la membresía de las LPG hasta 1955 para garantizar que los campesinxs con vínculos más estrechos con la clase trabajadora desempeñaran desde el principio el papel decisivo en las cooperativas.11 En general, los campesinxs, trabajadores agrícolas y nuevos campesinxs se incorporaban con facilidad a las LPG porque enfrentaban las mayores dificultades económicas y estaban menos apegados a su tierra.

Las nacientes LPG enfrentaron condiciones de producción desfavorables en los primeros años, como suelos degradados, la falta de experiencia en la organización de la producción colectiva a gran escala y la escasez de mano de obra y de graneros, establos y otros edificios agrícolas disponibles. El proceso se hizo aún más difícil por el hecho de que los campesinxs solían incorporarse a las cooperativas uno a uno. La integración de nuevos miembros y nuevas áreas de producción fue un desafío constante. Las rotaciones de cultivos y la organización de la producción debían ajustarse con frecuencia. En promedio, se necesitaron entre cinco y diez años para establecer estructuras sólidas y procedimientos operativos continuos en las LPG (Grüneberg et al., 1965: 71).

A pesar de estos y otros desafíos, hacia 1952 las primeras cooperativas ya cultivaban un promedio de 114 hectáreas de tierra agrícola (Administración Central de Estadística del Estado, 1955: 197). Esto significaba que los requisitos materiales para la producción a gran escala, como la nueva maquinaria y tecnología agrícola y los fondos necesarios para construir edificios agrícolas, debían asegurarse lo antes posible. Aunque la fabricación de maquinaria agrícola se aceleró en 1952, todavía faltaban equipos técnicos y formación suficientes para el campesinado cooperativista. Todo esto provocó una mayor presión sobre la economía nacional.

Fotografía 10. El 19 de mayo de 1954, la LPG Freie Erde [Tierra Libre] de Magdeburg-Salbke construye un gran patio agrícola. Las campesinas y campesinos de la cooperativa colocaron la piedra fundamental junto con trabajadores de empresas industriales vecinas. El cartel dice: “¡Como trabajamos hoy es como viviremos mañana!”.

Fotografía 11. La brigada de construcción de la LPG construye una nave de forraje el 19 de octubre de 1955. Entre abril y octubre de ese año, la brigada de construcción terminó tres nuevos establos. Hacia 1960, la brigada había construido parideras e instalaciones combinadas para cerdos, ganado vacuno y aves de corral. Todos estos grandes proyectos de construcción se completaron con la ayuda de trabajadores voluntarios de la construcción.

Para facilitar una transición gradual y accesible a las cooperativas, el Estado introdujo incentivos activos para el desarrollo y subsidió las LPG recién creadas mediante medidas como la reducción de atrasos fiscales y deudas pendientes, la provisión gratuita de conocimientos técnicos especializados, la asignación prioritaria de semillas de calidad y fertilizantes minerales, y la concesión de préstamos en condiciones favorables (Kuntsche, 2015: 143). Por la misma razón, se crearon tres tipos diferentes de LPG, que introdujeron una transición gradual desde el modelo de propiedad privada del sistema anterior hacia el enfoque colectivo de las LPG. Del tipo I al III, cada etapa introdujo un grado distinto de socialización de los medios de producción, exigió la participación en el trabajo comunal y reguló la distribución del ingreso:

  • En las LPG de tipo I, la tierra cultivable, la maquinaria, los equipos y los animales de tiro pasaron a ser propiedad colectiva, mientras que el ganado productivo y de cría seguía siendo propiedad de los campesinxs.
  • En las LPG de tipo II, los tractores, los animales de tiro, la maquinaria y los equipos también se transfirieron a la LPG.
  • Las LPG de tipo III funcionaban como empresas plenamente colectivas e independientes. En ellas, salvo el cultivo doméstico privado, toda la explotación agrícola de los campesinxs (tierra cultivable, praderas, bosques, ganado, tractores, maquinaria, equipos, edificios agrícolas) se transfería a la cooperativa.

En los tres tipos, la tierra que los campesinxs aportaban a la LPG seguía siendo propiedad suya y no del Estado, y se tenía en cuenta al distribuir los salarios.12 Cuanto más alto era el tipo, menos se tenía en cuenta la tierra aportada por los campesinxs para la remuneración.

En 1949, las estaciones de préstamo de máquinas, que habían sido organizadas por la VdgB para compartir las máquinas existentes entre los campesinxs, se transformaron en MTS de propiedad estatal. Este cambio reflejaba la creciente oferta de tractores y maquinaria agrícola. Las MTS desempeñaron un papel fundamental en la formación y la estabilización de las cooperativas. Mientras los equipos técnicos de mayor tamaño, los camiones y los sistemas de máquinas no podían ser adquiridos de forma privada por los campesinxs debido a su costo, su escasez y las restricciones políticas, en las MTS podían tomarse en préstamo según un sistema tarifario que favorecía a los pequeños agricultorxs sobre los grandes y a las cooperativas sobre las explotaciones individuales. Además, dado que el Estado ampliaba continuamente la base técnica de las MTS y su servicio de asesoramiento sobre la producción de cultivos y las condiciones del suelo, estas determinaron de hecho la dirección del desarrollo hacia una producción agrícola a gran escala de estilo industrial.

Además de satisfacer las necesidades económicas del campesinado, las MTS desempeñaron un papel central en el desarrollo político y cultural de las aldeas. A las MTS se anexaban edificios culturales, donde estas organizaban formación continua para lxs agricultorxs, consultas agroquímicas y zootécnicas, proyecciones de cine, excursiones al teatro, grupos de música y danza, bibliotecas y clubes deportivos, entre muchas otras actividades. Estas casas de cultura se convirtieron en un centro esencial para el desarrollo agrícola, la interacción social y cultural y la democratización de la sociedad. Además, las MTS sirvieron como centros de apoyo y bases de reclutamiento cooperativo para la clase trabajadora en las zonas rurales, vinculando a mecánicos, conductores de tractores y otros trabajadores con los campesinxs involucrados en las cooperativas.

Fotografía 12. Habitantes del pueblo leyendo en la biblioteca de la comunidad de Krien, en Mecklemburgo-Pomerania Occidental, RDA.

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La integración de las cooperativas en la economía planificada

Aunque el giro hacia la agricultura cooperativa se inició con la fundación de la primera LPG en 1952, la primera ley de las LPG solo se aprobó en 1959. Incorporando las experiencias de los siete años anteriores y las aspiraciones de los años venideros, esta ley y sus versiones posteriores incluyeron una definición integral del papel social y la tarea de las cooperativas. La versión de 1982 de la ley establecía lo siguiente:

1 Principios
(1) Las cooperativas de producción agrícola (en adelante, LPG) son asociaciones voluntarias de campesinos, agricultores, horticultores y demás ciudadanía que promueven la producción socialista conjunta para satisfacer las necesidades materiales, culturales y de abastecimiento alimentario de la población, así como para proveer de materias primas a las industrias. Las LPG garantizan un aumento significativo de la producción y una alta eficiencia en la producción agrícola mediante la mejora constante de la relación entre los insumos y el rendimiento.
(2) En las LPG, los agricultores cooperativistas organizan su trabajo conjunto y sus relaciones sociales de acuerdo con los principios de la democracia cooperativa y la gestión socialista de la empresa, como la igualdad, la cooperación camaraderil y la ayuda mutua. Las campesinas y campesinos deciden conjuntamente sobre la propiedad cooperativa y participan de las ganancias económicas de su LPG según los principios cooperativos de distribución (RDA, 1982).

A seis años de la transición hacia la agricultura socialista, el Quinto Congreso del SED, en 1958, fijó el objetivo de alcanzar la autosuficiencia en la producción agrícola, así como un acceso adecuado a materias primas para la industria agrícola, hacia 1962. Aparte de los productos que no podían cultivarse en la RDA debido a las condiciones climáticas y ambientales (por ejemplo, frutas tropicales, café, cacao, etc.), la soberanía alimentaria se logró en gran medida a partir de entonces.13

Para planificar y desarrollar la economía nacional, la producción agrícola cooperativa debía integrarse en el sistema económico de planificación centralizada de la RDA. El instrumento principal para planificar la producción agrícola era el Plan Estatal de Volumen de Producción de Productos Agrícolas, que se elaboraba mediante un complejo proceso de evaluaciones y discusiones. Primero, la demanda de bienes y productos agrícolas se determinaba a nivel central por la Comisión Estatal de Planificación, el Ministerio de Agricultura y Silvicultura y la Oficina Central Estatal de Registro y Compra de Productos Agrícolas. Esto incluía prioridades para el desarrollo de la producción, así como para el progreso cultural y social. Los objetivos establecidos en este borrador de plan se discutían luego a nivel de distrito y municipal, así como en las LPG individuales y las demás empresas agrícolas socialistas, antes de ser presentados nuevamente a nivel central y adoptados por la Cámara Popular (Volkskammer) de la RDA. Solo entonces, sobre la base del plan anual, cada LPG elaboraba sus planes operativos finales, trabajando en estrecha colaboración con los consejos municipales. La implementación del plan era supervisada luego por el consejo o la alcaldía del municipio.

A cada tarea en las LPG se le asignaba un valor en una escala de 0,8 a 1,6 unidades de trabajo, una clave de conversión que servía para clasificarlas según su importancia, su dificultad y las calificaciones requeridas para realizarlas. El trabajo complicado se remuneraba con más unidades que el trabajo más sencillo, y los miembros completaban una serie de tareas en un período dado, cada una con un valor específico en unidades de trabajo. Una unidad de trabajo correspondía a un valor monetario que se calculaba a partir de la suma total de los fondos generados disponibles para distribuir entre los miembros y el número de unidades de trabajo realizadas en las LPG. El Estado garantizaba un valor mínimo de siete marcos (la moneda oficial de la RDA) por unidad de trabajo. Dado que el valor exacto de las unidades de trabajo obtenidas solo podía determinarse al final del año, se utilizaba un sistema en el que se pagaba por adelantado aproximadamente el 70% del valor planificado de las unidades de trabajo (Grüneberg et al., 1965: 76). Solveig Leo, presidenta de una LPG durante muchos años, recordó el proceso de asignación de valor a las unidades de trabajo y los debates que surgían:

Por la noche, ellos [los campesinos de la LPG] solían evaluar el desempeño del día y anotaban las unidades de trabajo en un pizarrón de la LPG: 1,1 o 1,2 unidades de trabajo aproximadamente por día para cada nombre. Esto significaba que cada campesino cooperativista podía ver cuántas unidades de trabajo le habían asignado a su colega. Y, por supuesto, había debates. Por ejemplo, si alguien no estaba de acuerdo y pensaba que había trabajado con mucha más diligencia de lo que mostraba el cálculo, preguntaba: “¿Por qué tengo solo 1,1 y él tiene 1,3?”. Entonces el jefe de brigada tenía que explicar por qué (2024).

Cuando una LPG establecía su plan de producción, asignaba sus ingresos a diversos fondos en coordinación con el consejo municipal. Estos fondos se dividían en una reserva de consumo y una reserva de inversión con diversas subdivisiones, como el fondo básico (destinado a edificios agrícolas, maquinaria, equipos de larga vida útil, cuotas de ingreso de los miembros de la cooperativa, etc.), el capital de trabajo, la inversión, la remuneración y los gastos culturales y sociales.

Como ocurría en otros sectores de la RDA, para promover la producción se organizaban competencias dentro de las LPG y entre ellas, junto con los planes anuales y el trabajo cotidiano de las brigadas. El objetivo era movilizar recursos adicionales de tiempo de trabajo, atraer la atención pública hacia la importancia de la agricultura y concientizar a los habitantes de las aldeas sobre los resultados colectivos de todo el trabajo del sector agrícola, incluido el trabajo de las LPG. El autor Thomas Kupfermann describe cuánta atención pública atraían estas competencias:

La cosecha mecanizada de los cultivos a gran escala… era conocida como la “batalla de la cosecha”. Los hombres, y las mujeres, que trabajaban duro conduciendo sus cosechadoras por los grandes campos de las LPG y llevaban sus máquinas por los caminos hasta el siguiente trabajo… eran los “capitanes de la cosecha”. Cada año, la batalla de la cosecha arreciaba, y los medios la acompañaban con titulares e historias de éxito… Las cooperativas participaban en competencias de distrito, sobre las que también se informaba, y al final de la batalla de la cosecha había premios para los ganadores y sus fotografías se exhibían en las “Calles de los Mejores” (pizarras donde se mostraba a las y los mejores trabajadores) (2015: 69).

Fotografía 13. La contabilidad de las LPG era una tarea difícil y a menudo impopular, pero necesaria. Un agrónomo de la VdgB (a la izquierda) capacita a un campesino (a la derecha) que asumió este trabajo para una LPG en Neubredersdorf, RDA, mientras algunos de los demás miembros verifican los cálculos (octubre de 1954).

Fotografía 14. Colegas del Instituto de Agroeconomía de la Academia Alemana de Ciencias Agrícolas en Berlín apoyan a la contadora principal de la LPG de Schönemark, Anne-Margret Mielke, mientras prepara el arqueo de caja mensual.

Fotografía 15. Treinta y dos campesinas de la LPG Vorwärts [Adelante] en Groß Beuchow, RDA, cosecharon 100 toneladas de papas, que fueron llevadas de inmediato a las tiendas cercanas (septiembre de 1961).

Fotografía 16. En 1961, la Brigada de Ordeño “Amistad” de una LPG en Neßdorf produjo más de 80.000 kilogramos de leche, superando el plan de producción previsto para ese año.

Fotografía 17. Integrantes de la LPG de Priborn discuten los altos rendimientos de los cultivos y el uso eficiente de la tecnología en su asamblea general anual (enero de 1973).

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Lucha de clases y disputas políticas

El avance del movimiento cooperativo en la RDA estuvo determinado tanto por las condiciones internas como por las condiciones políticas de toda Europa en los años cincuenta. En la RDA y en Europa Oriental, el desarrollo del socialismo aún estaba en pañales. Al mismo tiempo, se intensificó la Guerra Fría que libraban Estados Unidos y sus aliados occidentales contra el campo socialista. Hubo muchos intentos de explotar las incertidumbres y las contradicciones de los países socialistas y de sus direcciones políticas, especialmente tras la muerte de Iósif Stalin en marzo de 1953. Las violentas crisis políticas y las protestas antigubernamentales en la RDA en 1953, en Polonia en 1956 y en Hungría ese mismo año pueden entenderse en este contexto.

Tan tarde como marzo de 1952, Heinrich von Brentano, entonces presidente del grupo parlamentario de la CDU/CSU en el Bundestag de Alemania Occidental, declaró abiertamente su intención de recuperar el control de Alemania Oriental: “Haremos cualquier cosa y todo, y lo digo explícitamente: cualquier cosa y todo, para recuperar la Zona de Ocupación Soviética” (Institut für Marxismus-Leninismus beim Zentralkomitee der SED, 1966: 226). En particular, la frontera abierta entre Berlín Occidental y Berlín Oriental ofrecía a Occidente una amplia gama de oportunidades para acciones subversivas, incluidos el espionaje, el sabotaje y la creación de organizaciones terroristas. Por ejemplo, la emisora de radio de Berlín Occidental, Rundfunk im amerikanischen Sektor [Radiodifusión en el Sector Estadounidense], utilizaba una cobertura informativa manipuladora y negativa para aumentar las dudas de los campesinxs sobre las perspectivas del camino socialista (Kuntsche, 2015: 322).

Occidente explotó los desafíos y el descontento existentes en la RDA, que derivaban principalmente del esfuerzo de la población por superar las consecuencias de la guerra, y los convirtió en armas contra su gobierno. Al ver cuán tensa se volvía la situación política a comienzos de junio de 1953, la dirección de la RDA implementó amplias medidas de alivio para la población. Sin embargo, semanas después, el 17 de junio de 1953, estallaron protestas que, con la ayuda de Occidente, fueron instigadas hasta convertirse en un intento de golpe contrarrevolucionario.

Tras los disturbios, la dirección del SED reflexionó crítica y públicamente sobre sus errores de política, también en lo referente al movimiento cooperativo que había comenzado un año antes. En un artículo periodístico, el Comité Central del SED escribió:

El partido, que había tomado el rumbo correcto hacia la construcción de los cimientos del socialismo en la RDA, tomó el camino equivocado de acelerar la solución de esta tarea sin tener en cuenta las condiciones reales internas y externas. Esto (…) tuvo consecuencias perjudiciales para el abastecimiento de alimentos de la población y, en cierta medida, condujo al deterioro de las relaciones adecuadas entre el partido y las masas trabajadoras. Se emplearon métodos administrativos donde debió haberse realizado una amplia y diligente labor educativa entre las masas.

Fue correcto que las organizaciones del partido apoyaran el movimiento de formación de cooperativas de producción agrícola que surgió en la RDA a partir de la iniciativa de los agricultorxs trabajadorxs. Sin embargo, en algunos círculos, las organizaciones del partido toleraron la violación del estricto principio de voluntariedad y trataron de aumentar el número de cooperativas sin dedicar la atención necesaria a la consolidación organizativa y económica de las cooperativas existentes, que es la tarea principal del partido al impulsar el desarrollo de las cooperativas en las aldeas (Comité Central del SED, 1953).

Con el tiempo, el esfuerzo requerido para establecer nuevas LPG dificultó una mayor expansión, lo que llevó al Estado a orientarse hacia la consolidación de las LPG existentes, el apoyo a sus esfuerzos por elevar la capacidad productiva y la incorporación de más campesinxs, al tiempo que brindaba mayor apoyo a las explotaciones privadas, cuya productividad seguía siendo esencial para cumplir los objetivos agrícolas generales.

Durante este período, se reabrió el debate sobre el futuro de la agricultura en la RDA, que giró en gran medida en torno a hasta qué punto el Estado debía seguir promoviendo las cooperativas. A mediados de los años cincuenta, la mayoría de las cooperativas seguían siendo menos productivas que las explotaciones medianas y las grandes explotaciones de propiedad privada, y debían ser sostenidas con subsidios estatales. Algunos políticos y analistas aprovecharon esto como oportunidad para hacer campaña contra el apoyo estatal a las cooperativas “improductivas” y a favor del fortalecimiento de las explotaciones de propiedad privada. Estas propuestas fueron rechazadas tajantemente por la dirección del SED encabezada por Walter Ulbricht, quien declaró en 1957 en una conferencia del Comité Central:

Se está diciendo que debe abandonarse el desarrollo ordenado de la agricultura y la promoción sistemática de la agricultura socialista (…) La prioridad, dicen, debe darse al desarrollo de las explotaciones familiares [privadas](…) Esta propuesta allana el camino de regreso a una economía capitalista, con lo cual los grandes agricultorxs se convertirían en la principal fuerza económica de la aldea (1961: 601).

Estas disputas revelan que, durante todo el período del movimiento cooperativo, hubo profundos conflictos y debates sobre cómo equilibrar la relación entre la voluntariedad y la promoción activa y decidida de las cooperativas por parte del Estado. Las exageraciones administrativas de los organismos gubernamentales y de los dirigentes políticos que violaban el principio de voluntariedad fueron criticadas y combatidas. Pero también lo fueron las ideas de un proceso autosostenido que asignaba al Estado un papel pasivo frente a lxs agricultorxs. También hubo una lucha activa contra las fuerzas que se proponían sabotear el desarrollo de la agricultura socialista.

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Primavera socialista: el apogeo del movimiento cooperativo

Hacia 1958, seis años después de la fundación de la primera LPG, se había producido una consolidación y estabilización gradual de la capacidad productiva dentro del movimiento cooperativo, aunque el apoyo estatal seguía siendo necesario en la mayoría de los casos. Aun así, mientras existieran explotaciones agrícolas privadas junto al sector cooperativo, la transformación socialista del campo permanecería incompleta. La coexistencia de diferentes estructuras socioeconómicas en la agricultura, la producción cooperativa y la agricultura individual, estaba destinada a frenar el crecimiento de la productividad. Al mismo tiempo, la mera existencia de empresas privadas en el campo daba municiones a los opositores políticos para argumentar contra el proyecto de la agricultura socialista en su conjunto. Aumentó la presión para incorporar las empresas privadas al movimiento cooperativo y crear un sistema unificado.

De 1958 a 1960, período comúnmente denominado “primavera socialista”, casi todos los pequeños agricultores restantes fueron incorporados a las LPG mediante iniciativas encabezadas por los partidos del bloque,14 las organizaciones de masas, el DBD, la VdgB y las MTS. Esta consolidación fue reforzada por medidas económicas que fortalecieron la capacidad técnica del sector, como un marcado aumento de la maquinaria agrícola disponible. A medida que la productividad de las LPG aumentaba visiblemente y el apoyo estatal se volvía más eficaz, los medianos y grandes agricultores que, durante mucho tiempo se mostraron reticentes, comenzaron a reconocer el valor de unirse al sector cooperativo.

Fotografía 18. Trabajadores industriales ayudan en la cosecha de papas. A las cooperativas se les asignaron empresas industriales en una etapa temprana para brindar apoyo, y lxs trabajadorxs ayudaban con la cosecha y las reparaciones.

Cuando la campaña fue declarada concluida en la primavera de 1960, su magnitud era visible en las estadísticas: las explotaciones agrícolas, en su mayoría pequeñas y de propiedad privada que habían caracterizado la agricultura en 1950, habían dado paso a más de 19.000 LPG, cada una de las cuales cultivaba un promedio de alrededor de 280 hectáreas. El 84% de toda la tierra agrícola era ahora trabajada cooperativamente (Administración Central de Estadística del Estado, 1962: 419).

Las mujeres campesinas desempeñaron un papel clave en la expansión y la consolidación del movimiento cooperativo, pues a menudo eran las actoras decisivas para ganar a sus familias. Las mujeres, que tradicionalmente habían trabajado en la cría de animales, una labor que consume mucho tiempo y es físicamente exigente, al tiempo que se ocupaban de sus hogares y del cuidado de la niñez, eran ciertamente quienes más tenían que ganar con la incorporación a las LPG y los beneficios sociales otorgados a sus integrantes.

Aunque la gran mayoría de los agricultorxs había aceptado incorporarse a las LPG en la primavera de 1960, en algunos casos solo llegaron a apreciar verdaderamente los beneficios de la producción cooperativa en los años siguientes. Una campesina, Elli I., reflexionó sobre su escepticismo hacia la cooperativa en los primeros años:

Como campesinxs, teníamos que trabajar de sol a sol. En 1957, mi hija nació prematuramente porque tuve que ayudar a mi esposo a cargar 30 sacos de fertilizante. En la cooperativa, ya no tuvimos que preocuparnos por esas cosas. Nos habíamos incorporado a la cooperativa bastante tarde y, después de años, pensé para mí: Dios mío, ¿qué tontos habíamos sido? No se puede vivir mejor que aquí. El trabajo se hizo más fácil. Teníamos atención médica, toda mujer podía ir al médico, teníamos días para las tareas del hogar y vacaciones. Cuando lo recuerdo, (…) aquellos fueron mis mejores años (Kuntsche, 2015: 333).

El sector agrícola socialista incluye las explotaciones estatales y las cooperativas. Otras pequeñas empresas agrícolas de propiedad estatal no se recogen por separado, lo que explica la diferencia entre la cuota total de las explotaciones socialistas y la suma de las cuotas de las explotaciones de propiedad pública y las cooperativas.
Fuente: Staatliche Zentralverwaltung für Statistik [Administración Central de Estadística del Estado], Statistisches Jahrbuch der DDR 1960/61 [Anuario estadístico de la RDA 1960/61], Berlín: VEB Deutscher Zentralverlag, 1962, p. 419.

Fuentes: Gerhard Seidel. Die Landwirtschaft der DDR [La agricultura de la RDA]. Berlín: VEB Deutscher Landwirtschaftsverlag, 1961, p. 37.
Autorenkollektiv unter Leitung von Volker Klemm [Colectivo de autores dirigido por Volker Klemm]. Von den bürgerlichen Agrarreformen zur sozialistischen Landwirtschaft in der DDR [De las reformas agrarias burguesas a la agricultura socialista en la RDA]. Berlín: VEB Deutscher Landwirtschaftsverlag, 1985, p. 220.
Staatliche Zentralverwaltung für Statistik. Statistisches Jahrbuch der DDR 1989 [Anuario estadístico de la RDA 1989]. Berlín: VEB Deutscher Zentralverlag, 1990, p. 196.

Fuente: Staatliche Zentralverwaltung für Statistik [Administración Central de Estadística del Estado, 1971]. Statistisches Jahrbuch der DDR 1971 [Anuario estadístico de la RDA 1971]. Berlín: VEB Deutscher Zentralverlag, 1971, p. 222; Statistisches Jahrbuch der DDR 1955 [Anuario estadístico de la RDA 1955]. Berlín: VEB Deutscher Zentralverlag, 1956, p. 224.

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Las cooperativas impulsan el progreso social y cultural

Desde su origen, las tareas de las LPG no se limitaban a la producción agrícola, sino que se extendían a la mejora de la vida rural en general. Con el tiempo, se convirtieron en centros del desarrollo social, comunitario, cultural-político y económico de las comunidades rurales. En coordinación con los municipios y las empresas urbanas, las LPG construyeron viviendas, centros culturales, jardines de infancia e instalaciones deportivas. Mejoraron los caminos y construyeron otros nuevos, instalaron tuberías de agua y sistemas de alcantarillado, cavaron zanjas de drenaje y abrieron tiendas y restaurantes. Las LPG retomaron y ampliaron el trabajo cultural de las MTS. Las funciones de grupos de teatro, las noches de baile para la juventud, los eventos deportivos y las proyecciones de cine trajeron un nuevo nivel de vida cultural a las aldeas.

Hans Luft, agrónomo y exempleado del Ministerio de Agricultura de la RDA, reflexiona sobre la transformación cultural provocada por las nuevas relaciones de producción del sistema de las LPG:

El trabajo conjunto en la cooperativa y [la resolución de] los problemas emergentes, como el uso de maquinaria compleja para recoger la cosecha lo más rápido posible, las dificultades con las reparaciones y la obtención de repuestos para la maquinaria agrícola, la terminación de las construcciones y de los sistemas de riego, [y] el manejo libre de epidemias de grandes poblaciones de ganado rompieron rápidamente generaciones de enemistad en las aldeas. Los hijos de los agricultores crecieron dentro de las nuevas formas de producción con nuevos conocimientos, experiencia y, sobre todo, niveles más altos de calificación (Luft, 1998: 43).

Las cooperativas mejoraron enormemente las condiciones de vida de la población rural, reduciendo el desgaste físico de los campesinxs mediante el trabajo comunal y el uso de maquinaria (Mahlich, 1999: 445). Además de los programas nacionales que garantizaban el acceso a los sistemas nacionales de seguridad social, salud y seguros, entre otros, las LPG lograron una serie de importantes avances sociales para sus miembros, que generaciones anteriores de campesinxs ni siquiera habrían podido soñar y que aún no estaban al alcance de las pocas explotaciones agrícolas privadas restantes, tales como:

  • Igual salario por igual trabajo
  • Remuneración especial por el trabajo en domingos y días festivos
  • Pago por enfermedad
  • Prestaciones por hijxs, como pagos mensuales en efectivo y subsidios por nacimiento
  • Vacaciones pagadas, con la opción de pasarlas en un centro vacacional subsidiado propiedad de la LPG
  • Horarios de trabajo fijos y previsibles, excepto durante los meses de cosecha
  • La inclusión de todxs lxs cooperativistas en un sistema uniforme de seguro social que cubría prestaciones como atención médica, pensiones y seguro de accidentes
  • “Exención” del pago del impuesto sobre la renta (Mahlich, 1999: 445-446).

Fotografía 19. Dos docentes y una asistente educativa cuidan a 47 niñas y niños en el jardín de infancia de la LPG Walter Ulbricht de Jahna, fundada en 1952.

Fotografía 20. La Comisión de Mujeres Campesinas de la VdgB del distrito de Stollberg siguió las resoluciones del Congreso Campesino de apoyar a las mujeres campesinas y a las niñas en su formación continua, ofreciendo cursos especiales de capacitación. Durante 15 semanas, 48 mujeres y niñas acudieron a la ciudad distrital para seguir formándose, con conferencias, seminarios, ejercicios prácticos y excursiones de campo. El foco era la cría y el cuidado del ganado, porque la mayoría de las participantes trabajaba en ese ámbito (febrero de 1962).

Además, el trabajo infantil, que había sido una práctica común en las fincas familiares, desapareció con la llegada de las LPG. Las escuelas centrales reemplazaron a las escuelas de una sola clase en las aldeas. La niñez y la juventud tuvieron acceso al sistema de enseñanza politécnica de la RDA, que les permitía elegir una carrera de manera independiente y les proporcionaba una base para los estudios agrícolas. Se crearon amplias oportunidades de educación y capacitación para los campesinxs cooperativistas, de las cuales las mujeres campesinas se beneficiaron significativamente, ya que por primera vez pudieron obtener calificaciones profesionales y asumir funciones de dirección en las explotaciones cooperativas.

Margarete Müller, agrónoma y política del SED, describió el progreso que logró su aldea:

Vivo en Kotelow desde 1960. En aquel entonces, a los 29 años, fui elegida presidenta de la LPG. Cuando comenzamos, no había caminos pavimentados y nuestras botas se atascaban profundamente en el lodo. Poco a poco, modernizamos la aldea y la mejoramos. Nos alegrábamos por cada casa nueva, cada establo nuevo, cada granero nuevo, por la granja lechera y las pocilgas que construimos juntos. Celebrábamos juntos y también nos frustrábamos juntos cuando las cosas no salían como queríamos. Éramos una comunidad. Incluso en verano, los campesinxs podían irse de vacaciones, y lxs jóvenes que se graduaban en las universidades y las escuelas técnicas a veces regresaban, porque veían un futuro para ellos y sus familias en el pequeño Kotelow (Müller, 2015: 58).

Fotografía 21. Anneliese Hartmann, especialista en mecanización de la LPG V. I. Lenin de Öttersdorf, opera una segadora-hileradora sobre áreas de forraje verde en junio de 1978.

Desde 1960, el apogeo del movimiento cooperativo, hasta la disolución de la RDA en 1990, las mujeres representaron aproximadamente el 40–45% de los miembros de las LPG (Administración Central de Estadística del Estado, 1989: 182-183). Mientras que en 1963 solo el 8,5% de las mujeres que trabajaban en la agricultura tenía un título universitario o formación profesional, en comparación con el 18,1% de los hombres, en 1984 esta cifra había alcanzado el 88,6% en el ámbito de la agricultura, en comparación con el 90,2% de la población general (Colectivo de autores del Ministerio de Agricultura, 1989: 66). En 1966, el 26% de todos los miembros de las juntas directivas de las LPG eran mujeres (Körner, 1969: 57). Se establecieron de manera integral estructuras concretas como los Comités de Mujeres y los Planes de Fomento de la Mujer en las LPG, destinados a fortalecer el papel de las mujeres, defender sus intereses y aumentar su presencia en los cargos de dirección. Hacia 1978, la proporción de mujeres en cargos de dirección había alcanzado el 35%, en parte debido al aumento de sus calificaciones profesionales y educativas. Sin embargo, el proceso de aumento del número de mujeres en la dirección se estancó a finales de los años ochenta y las mujeres siguieron subrepresentadas entre las presidencias de las LPG hasta el final de la RDA (Panorama DDR, 1988: 18).

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Solidaridad antiimperialista en la agricultura

Mientras la RDA buscaba acercar la calidad de vida de las zonas rurales y urbanas, se cultivaba entre los agricultorxs otro pilar de la construcción socialista: la solidaridad internacional.

El 1 de septiembre de 1960 se fundó el Instituto de Agricultura Tropical en la Universidad Karl Marx de Leipzig. ¿Por qué se estableció un instituto de este tipo en Alemania, un país situado en una zona climática templada fría? Tras perder sus colonias al final de la Primera Guerra Mundial, ya no existía ningún interés estatal en la investigación y la enseñanza relacionadas con la agricultura tropical. Esto cambió con la RDA, aunque con una premisa totalmente distinta: los jóvenes Estados-nación surgidos de las luchas anticoloniales debían ser apoyados activamente en su camino hacia la liberación económica. Miles de estudiantes de más de 60 países del Sur Global fueron formados para desarrollar la agricultura de sus países de origen en el Instituto de Leipzig y en un puñado de otras instituciones educativas, como la Escuela de Ingeniería Agrícola para la Agricultura Tropical de Altenburg y la VEB Interagrarkooperation.

Ciudadanxs de la RDA también asistían a cursos y seminarios diseñados específicamente para prepararlos para misiones agrícolas en el extranjero. Grupos de especialistas de la RDA, trabajando en estrecha colaboración con expertos y funcionarios locales, apoyaron el complejo y prolongado proceso de transformar estructuras agrarias feudales, distorsionadas por el colonialismo y atrasadas, en una producción agrícola soberana y controlada por el Estado.

Entre los ejemplos se encuentran los especialistas porcinos en Vietnam que intentaban combinar la fertilidad del cerdo barrigón vietnamita con la capacidad de engorde de las razas alemanas; un especialista en agricultora tropical en la República Democrática Popular de Yemen que, junto con funcionarios locales, llevó a cabo los primeros levantamientos estadísticos exhaustivos de la producción ganadera; o un grupo de 38 especialistas de la RDA que, sobre la base de un tratado de amistad entre la RDA y Mozambique y en estrecha cooperación con las fuerzas locales, ayudó a establecer una granja estatal, 8 de estos especialistas fueron asesinados por fuerzas contrarrevolucionarias en 1984 (Smardz, 2005: 277). Además, el desarrollo de las primeras regiones cafetaleras en Dak Lak, Vietnam, apoyado con 32 millones de rublos15, permitió al país convertirse en el segundo mayor productor de café del mundo (Böhme, 2015).

El envío de tractores y maquinaria agrícola, así como el establecimiento de talleres de reparación, se financió con donaciones de la ciudadanía de la RDA, incluidas las contribuciones de los agricultorxs. En miles de cooperativas, los campesinxs de la RDA crearon grupos de solidaridad y apoyaron campañas como “Los campesinxs ayudan a los campesinxs de Vietnam”, enviando equipos de aspersión a Vietnam para rehabilitar los cultivos envenenados por los ataques químicos de Estados Unidos.

Fotografía 22. Miembros de la LPG Oskar Schneller de Mansfeld expresan su solidaridad y amistad con el pueblo vietnamita en presencia de Bui Tru, segundo secretario de la embajada de la República Democrática de Vietnam en la RDA (julio de 1972).

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El camino hacia la producción agrícola a gran escala

A finales de los años sesenta, cuando la reforma agraria se había implementado plenamente y el movimiento cooperativo había alcanzado su apogeo, comenzó una tercera fase central del desarrollo agrícola. Durante esta fase se establecieron objetivos estratégicos que orientarían la planificación agrícola hasta comienzos de los años ochenta: la consolidación de las explotaciones agrícolas pequeñas y medianas en cooperativas más grandes, la especialización en partes del proceso productivo y la colaboración con las industrias de procesamiento como requisitos previos para una producción a gran escala de tipo industrial en el campo. Hans Reichelt, ministro de Agricultura durante muchos años, explicó la necesidad de la producción agrícola industrial en las condiciones de una sociedad socialista:

Este era el camino para crear unidades económicas más grandes en la agricultura: la agricultura a pequeña escala es tan ineficaz como mantener el ganado en establos pequeños. Algunos pueden objetar aquí: “¡Uy, la cría de ganado a gran escala!” Pero la producción de tipo industrial en la agricultura no es mala per se. Es objetivamente necesaria para alimentar a la humanidad. Esto no es posible con métodos de producción del siglo XIX. Lo malo es cuando todas las reglas morales y éticas, incluido el bienestar animal, se ignoran en aras del lucro. Sin embargo, esto proviene del carácter de la sociedad. Cuando los grandes compradores mayoristas corporativos obligan a los campesinxs a vender sus productos por debajo del precio de producción, y cuando accionistas y bancos especulan con alimentos en las bolsas de valores, esto inevitablemente tiene un impacto en la producción (Schmidt, 2009: 293).

Como resultado del aumento de las capacidades de inversión y de la eficiencia que trajeron consigo los años de experiencia acumulada en la producción de tipo cooperativo, todas las LPG se convirtieron gradualmente en LPG de tipo III (la estructura cooperativa más avanzada, a través de la cual los campesinxs incorporaban a la cooperativa toda su tierra y su explotación agrícola, que funcionaba como una empresa independiente). Mediante un decreto del Consejo de Ministros de 1963, la mayor parte de la maquinaria de las MTS fue entregada gratuitamente a las LPG de tipo III, mientras que las LPG de tipo I y tipo II pudieron adquirirla a bajo precio y en cuotas (Colectivo de autores, 1985: 170). Muchos trabajadores de las MTS, operadores de tractores y técnicos se convirtieron en miembros de las cooperativas. Esto significó que el uso de la tecnología podía coordinarse de manera más eficaz e integrarse en el trabajo de las LPG. Finalmente, las LPG también se fusionaron para formar “LPG conjuntas” más grandes. El número total de cooperativas disminuyó, mientras que la superficie agrícola trabajada por cada cooperativa aumentó. Mientras que en 1960 había 19.313 LPG que trabajaban aproximadamente 5,4 millones de hectáreas de tierra, en 1988 eran 3.855 las que trabajaban la misma cantidad de tierra (Administración Central de Estadística del Estado, 1990: 181).

Fuente: Autorenkollektiv des Ministeriums für Land-, Forst- und Nahrungsgüterwirtschaft [Colectivo de autores del Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Alimentación], “40 Jahre erfolgreiche Entwicklung zu einer leistungsfähigen sozialistischen Landwirtschaft in der DDR” [40 años de desarrollo exitoso hacia una agricultura socialista eficiente en la RDA], Eggersdorf: Agrabuch, 1989, p. 58.

Este aumento de la productividad agrícola fue impulsado por la necesidad de satisfacer la creciente demanda de alimentos y materias primas, insumos necesarios en una serie de industrias, como la textil, la del cuero y las pieles, la de pulpa y papel, la química y farmacéutica, la maderera y las industrias culturales. En 1988, casi el 65% de las materias primas primarias de la RDA se producía en el sector agrícola (Schmidt y Boew, 1988: 14). Este aumento de la productividad agrícola también liberó mano de obra urgentemente necesaria que pudo destinarse a otros sectores de la economía; promovió el uso eficiente de la maquinaria agrícola; y creó las condiciones para elevar el nivel de formación que recibían los campesinxs y los trabajadores agrícolas, todos factores que, a su vez, aumentaron aún más la productividad.

Fotografía 23. Los especialistas Klaus Ulrich y Franz Mally verifican un sistema de riego controlado por computadora en una LPG de Dambeck.

Fotografía 24. Trabajadores utilizan una cosechadora combinada en una LPG de Werben.

La planificación agrícola tenía lugar en los niveles central, local y en las explotaciones. Hasta entonces, las LPG habían sido relativamente autocontenidas. Ahora se integraban cada vez más en la planificación y la gestión social global de la economía de la RDA. Las Asociaciones Agrario-Industriales (AIV, por su sigla en alemán) que surgieron a mediados de los años setenta fueron la culminación de este proceso. Las AIV eran una forma institucionalizada de cooperación entre diversas LPG, los VEG, las instalaciones interempresariales utilizadas por más de una organización, y las empresas de los eslabones anteriores y posteriores de los sectores de servicios, procesamiento y manufactura. Hacia 1989, se habían formado 13 de estos complejos de producción (las AIV) en la RDA, que en conjunto trabajaban el 6,6% de la tierra agrícola total del país (Schmidt, 2009: 293).

A comienzos de los años ochenta, problemas concretos derivados de la tendencia hacia la especialización y los excesos de la producción a gran escala condujeron a correcciones de rumbo y debates. Por ejemplo, la especialización y la separación de la producción vegetal y la producción animal interrumpieron el intercambio directo de fertilizante natural y alimento para el ganado, y generaron dificultades logísticas. El aumento de los gastos de transporte y los costos de las grandes propiedades tensionó la producción. En la producción animal, el esfuerzo por atender la higiene veterinaria y la prevención de enfermedades aumentó notablemente. Los problemas ecológicos causados por el uso excesivo de fertilizantes minerales en lugar de opciones más respetuosas con el medio ambiente fueron corregidos con el tiempo. Los sistemas de máquinas de alto consumo energético eran susceptibles a los picos de los precios de la energía en el mercado mundial, lo que tuvo un impacto particularmente grave en la RDA, especialmente a comienzos de los años ochenta.

El esfuerzo por mejorar la integración de las LPG en los planes sociales y económicos de la RDA mediante las AIV no significaba un plan para cambiar la estructura de propiedad de la tierra. Como explicaba un folleto informativo oficial sobre la agricultura:

Una y otra vez, los visitantes de nuestra república preguntan si la tierra será nacionalizada y cuándo. Esta cuestión no está sobre la mesa, porque nadie está pensando en cambiar las formas de propiedad en el campo. La mayor parte de la tierra es propiedad privada de los agricultorxs. Su uso cooperativo, y la distribución de su rendimiento entre los miembros de la LPG según su participación en el trabajo realizado, crea todas las oportunidades para seguir impulsando la sociedad socialista desarrollada [de la RDA] (Panorama DDR, 1979: 29).

Aunque la propiedad privada indudablemente tenía una influencia en la conciencia de los campesinxs, en conjunto, la creciente integración de las LPG en las estructuras unitarias de planificación económica y democracia de la RDA impidió que la propiedad privada de la tierra adquiriera significación económica o política. La relación entre los diferentes actores de las zonas rurales y la producción agrícola no estuvo exenta de fricciones. Como señaló Klaus Schmidt, exdirector del Instituto de Agroeconomía de la RDA:

Particularmente donde las AIV administraban el territorio de un municipio completo, o donde su esfera de influencia incluso se extendía más allá de los límites del municipio, existía la tendencia de que asumieran cada vez más las funciones oficiales que hasta entonces habían sido gestionadas por órganos estatales. Un problema fundamental que surgió con el desarrollo de las AIV fue la cuestión de las perspectivas y oportunidades de las unidades individuales dentro de la AIV, específicamente en qué medida podían mantener su independencia (Schmidt, 2009: 294).

Estas contradicciones y problemas, junto con la errónea separación de la producción vegetal y animal en los años setenta, deberían haber dado lugar a un animado debate sobre el futuro de la agricultura. La cuestión de equilibrar la propiedad de la tierra y la independencia con la mayor integración y centralización de las LPG ciertamente habría seguido siendo objeto de debate político de haber continuado existiendo la RDA. Mientras el SED y las amplias estructuras democráticas de las zonas rurales, desde los consejos agrarios de los niveles municipal hasta el central, pasando por las organizaciones campesinas, y las numerosas instituciones científicas y publicaciones agrícolas de la época, respondieron a estas contradicciones y tareas de manera ágil, autocrítica y proactiva, fueron capaces de impulsar el desarrollo hacia adelante.

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5. Conclusiones

El desarrollo de las relaciones agrícolas socialistas llegó a un fin abrupto con la disolución de la RDA en octubre de 1990. Se impusieron cambios estructurales a una velocidad vertiginosa, que transformaron la realidad social y económica del campesinado.

En el momento de la disolución de la RDA, el 55% de la tierra cultivada por las LPG era propiedad de miembros individuales de las LPG. El 45% restante era propiedad del Estado o estaba arrendado a las LPG por propietarios privados. Después de 1990, este 45% fue rápidamente privatizado, lo que retiró tierras de las estructuras económicas existentes de las LPG y proveyó una palanca para su disolución en favor de la agricultura privada. Las LPG que buscaban seguir produciendo debían arrendar o comprar esas tierras, a menudo con costos adicionales, al tiempo que completaban la transición hacia una nueva forma jurídica empleada para las cooperativas en Occidente antes de finales de 1991. El proceso de transformación ejerció una presión considerable sobre las estructuras existentes de las LPG (Schmidt, 2009: 320).

Este y otros cambios de política en el período posterior a 1990 generaron un éxodo rural, especialmente de trabajadorxs jóvenes y calificadxs. De los antiguos 923.000 trabajadorxs agrícolas de la RDA, 743.900 personas fueron despedidas para 1993 y 4 de cada 5 se vieron empujadas a abandonar el campo (Jochimsen, 2010: 213). La infraestructura social y cultural fue destruida. Aunque la transformación de la propiedad de la tierra establecida por la reforma agraria quedó jurídicamente protegida por los llamados tratados de reunificación firmados por el último gobierno de la RDA, la élite terrateniente que había controlado el campo antes de 1945 pudo valerse de vacíos legales para reclamar partes de sus tierras expropiadas.

Sin embargo, a pesar del vuelco capitalista radical, la historia de la RDA ha dejado una huella visible en las estructuras agrarias de Alemania. En promedio, las explotaciones agrarias de Alemania Oriental cultivan superficies mucho mayores que las de Alemania Occidental y han mantenido elementos de las estructuras establecidas por las LPG, como el uso compartido de máquinas, bajo las nuevas categorías jurídicas de la economía de mercado (Jochimsen, 2010: 232).

En menos de 50 años, en Alemania Oriental se vivieron rupturas revolucionarias en las relaciones de vida y económicas del campo: desde los remanentes de un orden social y de propiedad semifeudal y jerárquico hasta una forma colectiva de trabajar y vivir basada en la cooperación. La reforma agraria iniciada en 1945 creó las condiciones para la transformación del campo y para el desmantelamiento del monopolio político y económico de las clases terratenientes. Solo poniendo fin a su dominio fue posible establecer y desarrollar nuevas relaciones económicas y sociales en Alemania Oriental. Con la expropiación de los grandes latifundios de los junkers, la reforma agraria en la RDA puso fin al dominio de la aristocracia feudal y de las clases capitalistas agrarias. Las y los trabajadores agrícolas, campesinos sin tierra y pequeños propietarios y la población general de las aldeas fueron liberados del sistema de explotación económica y de privación de derechos semifeudal que había imperado durante siglos. En las condiciones creadas por la realidad de la ocupación soviética tras la Segunda Guerra Mundial y bajo la dirección del movimiento y los partidos obreros, la reforma agraria se consumó en esta parte de Alemania, y los oprimidos se convirtieron en protagonistas que dieron forma a la agricultura y a la vida en las aldeas.

La fase de colectivización de los años de posguerra (aproximadamente 1952–1960) ilustra la complejidad del desarrollo social cuando un cambio en el pensamiento de quienes participan en él resulta crucial para su éxito. El SED tuvo que maniobrar entre los objetivos estratégicos de la construcción socialista y las condiciones adversas sobre el terreno. Entre retroceso y avance, entre contradicciones externas e internas, y entre las necesidades y perspectivas del desarrollo económico, el SED reevaluó constantemente la velocidad y la fuerza de su dirección en este proceso de desarrollo integral.

Hubo que tomar en cuenta y contrarrestar la complejidad del camino al socialismo, el carácter prolongado de algunos procesos, especialmente en la conciencia de las personas, y la influencia y el sabotaje de los adversarios políticos. Esto requirió agilidad y claridad de propósitos, pero también la capacidad de ser autocríticos, que la dirección política demostró en general durante largos períodos.

Aunque no pueden negarse las penurias sociales ni los casos individuales de injusticia, es necesario comprender tales situaciones en el contexto contradictorio y complejo de la Alemania Oriental de posguerra y entender que representan excepciones, no la regla. Sin el papel protagónico del campesinado, la transición hacia las cooperativas habría fracasado. Naturalmente, desde la perspectiva burguesa, la transición que abandona el dominio de la propiedad privada debe condenarse por principio. Las narrativas de la “colectivización forzada” que dominan hoy el discurso público en Alemania no buscan comprender los procesos de la RDA, sino promover prejuicios anticomunistas. Se utilizan destinos individuales, en los que también hubo conflictos y enredos trágicos, para oscurecer la visión del desarrollo más amplio e impedir un examen serio basado en los hechos históricos. Este método de encuadre se observa una y otra vez en las narrativas sobre los Estados socialistas.

Las formas cooperativas de producción agrícola fueron un pilar de Alemania Oriental y un componente decisivo del desarrollo de la RDA como Estado socialista. La angustia financiera existencial, inevitable bajo la “libertad” de la propiedad privada y la competencia, fue superada en la RDA mediante la ayuda mutua entre agricultorxs y su integración en la planificación estatal. Si bien algunos consideran la coexistencia de la propiedad cooperativa junto a la propiedad estatal como un gran obstáculo para la profundización de las relaciones económicas planificadas, no fue así en la RDA. Las experiencias de las AIV, sin duda, señalaron contradicciones entre las distintas formas de propiedad que debían resolverse, pero las cooperativas ya estaban profundamente integradas en los procesos económicos generales de la RDA mediante planes elaborados conjuntamente y, por tanto, mediante acuerdos vinculantes sobre la distribución de fondos, así como mediante el sistema de precios fijos. Aunque las LPG podían ejercer cierta autonomía económica respecto de su funcionamiento interno, esas decisiones autónomas no tenían un efecto significativo sobre la economía en su conjunto.

La forma cooperativa de pensar, trabajar y vivir en la RDA democratizó las aldeas al erosionar las jerarquías sociales, ampliar el tiempo libre y promover amplias oportunidades de actividades culturales, deportivas y sociales. Centros culturales, jardines de infancia, tiendas de aldea, comedores, atención médica integral, oportunidades de educación continua, sitios de vacaciones, equipos deportivos, grupos musicales y mucho más formaban parte integral de la infraestructura de las aldeas y las comunidades. Fue la propia población rural la que desempeñó un papel clave en la construcción de estas estructuras y en su sostenimiento.

La RDA pudo producir en gran medida sus propios productos agrícolas, y el hambre y la pobreza se convirtieron en cosas del pasado. Hoy, ante el vertiginoso aumento del hambre en el mundo, la omnipresente sobreexplotación de la naturaleza y el dominio del mercado por parte de las multinacionales agrícolas, algunos movimientos políticos buscan la solución en la producción en pequeña escala. La RDA siguió un camino distinto que, a pesar de una fuerza de trabajo decreciente, logró evitar los efectos negativos de la agricultura capitalista al tiempo que aumentaba los rendimientos mediante la industrialización de la producción agrícola a gran escala sobre la base de relaciones socialistas.

El fin abrupto de este proyecto en 1990 y los desarrollos de los años posteriores ponen de manifiesto las características esenciales de la transformación capitalista: privatización, desmantelamiento de la infraestructura social y cultural “no rentable”, especulación con la tierra y éxodo rural. Los campesinxs tuvieron y aún tienen que abrirse paso por sí mismos entre el caos de la liquidación, la privatización y la competencia feroz, enfrentados a un falso enemigo construido, un chivo expiatorio: la mano de obra “barata” provista mayoritariamente por personas migrantes.

El desmantelamiento de la infraestructura socialista en el campo fomentó la tendencia al aislamiento entre las poblaciones rurales. Si bien el renovado reinado de la propiedad privada se presentó a sí mismo como una oferta de mayor libertad de elección para el campesinado, esta “libertad” está intrínsecamente limitada por las coerciones del mercado y llega a costa del papel de los campesinxs como cocreadores de la sociedad. Junto con ella vino un nuevo orden: la ganancia como factor determinante de la agricultura. Aunque las condiciones actuales difieren enormemente de las de 1945, la consigna “La tierra para quienes la trabajan” vuelve a estar en la agenda en Alemania Oriental y en todo el mundo.

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Créditos de fotografías e imágenes

Fotografías 5, 6, 7, 12, 20, 23 y 24: Fotógrafos desconocidos, en obra colectiva, SED. Früchte des Bündnisses – Werden und Wachsen der sozialistischen Landwirtschaft der DDR [Los frutos de la alianza – El desarrollo y el crecimiento de la agricultura socialista en la RDA]. Berlín: Editorial Dietz, 1985.

Fotografía 1: Donath, Otto. ADN-ZB / Donath, Podelzig, 1945. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-N0816-313 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 2: Höhne, Erich y Pohl, Erich. Land Reform in the SBZ [La reforma agraria en la Zona de Ocupación Soviética]. 11 de septiembre de 1945. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-32584-0002 / CC-BY-SA 3.0.

Imagen 3: Autor desconocido. Publicado por el Comité Central del KPD, 1945. Cartel.

Fotografía 4: Autor desconocido. SLUB / Deutsche Fotothek. Septiembre de 1945. Fotografía, SLUB FZ-RV 1.0 / Exención de dominio público de Alemania.

Imagen 8: Editorial del SED para Materiales de Agitación y Educación. Dem Sozialismus gehört die Zukunft. Werktätige Einzelbauern werdet Mitglieder der LPG [El futuro le pertenece al socialismo. Campesinos independientes, trabajadores, háganse miembros de la LPG]. Década de 1950. Cartel.

Fotografía 9: Autor desconocido. LPG Blochwitz, ceremonia de ingreso a la LPG ZentralBild. 26 de enero de 1953. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-18079-0002 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 10: Biscan, Wilhelm. LPG Sabke, colocación de la primera piedra. 19 de mayo de 1954. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-24684-000 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 11: Klein. LPG Schönfließ, vista de la obra. 19 de octubre de 1955. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-33546-0003 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 13: Pietsch. LPG Neubredersdorf, contabilidad. Octubre de 1954. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-16767-0001 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 14: Klein. LPG Schönemark, Berlín, auditoría de caja. 16 de octubre de 1956. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-42037-0009 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 15: Leske, Peter. LPG Groß Beuchow, Mujeres cosechando papas. 15 de septiembre de 1961. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-86381-0001 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 16: Autor desconocido. LPG Neßdorf, Brigada de ordeño. 21 de septiembre de 1961. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-86543-0001 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 17: Bartocha, Benno. LPG Priborn, Asamblea General Anual. 9 de enero de 1973. Fotografía, Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-M0109-0030 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 18: Löwe. LPG Jahna, patio de recreo del jardín de niños. 11 de agosto de 1958. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-57461-0015 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 19: Gahlbeck, Friedrich. Stollberg, capacitación para agricultoras. 2 de febrero de 1962. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-90211-0001 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 21: Liebers, Peter. LPG Öttersdorf, mecanización. 8 de junio de 1978. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-T0608-0003 / CC-BY-SA 3.0.

Fotografía 22: Schaar, Helmut. LPG Mansfeld, Manifestación de solidaridad con Vietnam. 26 de julio de 1972. Fotografía, Wikimedia Commons / Archivo Federal Alemán, Fotografía 183-L0725-0030 / CC-BY-SA 3.0.

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Notas

1 Cinco de cada seis explotaciones agrícolas del mundo tienen una superficie inferior a dos hectáreas y, a pesar de que representan solo alrededor del 12% del total de las tierras agrícolas, producen aproximadamente el 35% de los alimentos del mundo. Véase Lowder, Sánchez y Bertini (2021).

2 La servidumbre se abolió de facto en Inglaterra a fines del siglo XIV y en Francia en el siglo XVIII.

3 En este estudio, “agricultxr” y “campesinx” se usan indistintamente para referirse a personas propietarias o arrendatarias de tierra que trabajan por cuenta propia (en alemán: Bauern). Esto refleja el lenguaje histórico de la RDA y evita una separación artificial entre términos que se tratan como sinónimos en el material fuente. “Trabajadorxs agrícolas” se refiere a los jornaleros sin tierras que trabajaban para los agricultorxs mediante contratos.

4 Un acuerdo de ese tipo se alcanzó en Austria, por ejemplo, donde el parlamento aprobó la Declaración de Neutralidad bajo la supervisión de las potencias aliadas en 1955. A partir de entonces, Austria permaneció al margen tanto de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) como de la Organización del Tratado de Varsovia (también conocida como Pacto de Varsovia).

5 Otro problema que enfrentaban las autoridades de Alemania Oriental era la afluencia masiva de personas refugiadas y la necesidad de alojarlas: 4,4 millones de ellas de origen alemán llegaron a la Zona de Ocupación Soviética, lo que representaba más del 24% de la población. Habían sido expulsadas por la fuerza de Europa Oriental por la Wehrmacht en retirada o por las poblaciones y los gobiernos locales, a medida que las regiones se liberaban de la ocupación fascista. La industria y las zonas residenciales de las ciudades habían quedado destruidas en gran parte durante la guerra, por lo que los graneros y las casas de campo solían convertirse en viviendas para alojar a las personas refugiadas.

6 En cuanto a la afiliación partidaria, las comisiones de reforma agraria se componían de la siguiente manera: 12.475 comunistas, 9.164 socialdemócratas, 974 miembros de los partidos burgués-democráticos y 29.679 personas sin afiliación partidaria (Piskol et al., 1984: 50).

7 Además de las personas reasentadas ya mencionadas, “nuevos campesinxs” se refiere a campesinxs sin tierra y a trabajadores agrícolas. En algunos casos, solo se denomina nuevos campesinxs a trabajadores no agrícolas y los empleados. De estos, 183.261 recibieron el 5% de la superficie de la reforma agraria y, por lo general, explotaban parcelas de menos de 2 hectáreas (Schmidt, 2009: 16).

8 El Partido Democrático Campesino de Alemania se fundó en 1948 para fortalecer la participación política y la representación del campesinado en la RDA. El partido contaba con una bancada permanente en la Volkskammer (Cámara Popular), lo que le permitía expresar los intereses rurales en el parlamento. En las comunidades rurales, desempeñó un papel activo en el desarrollo de la infraestructura, el apoyo a la vida cultural y el acompañamiento de las cooperativas agrícolas.

9 En la Conferencia de Potsdam de 1945, los jefes de Estado de la Unión Soviética, Estados Unidos y Gran Bretaña, las potencias vencedoras, se reunieron para discutir cómo proceder con la Alemania derrotada y debatieron el futuro del país. El Acuerdo de Potsdam de 1945 estableció las “cuatro D”: democratización (reestructurar la vida pública), descentralización (acabar con la concentración del poder económico en manos de empresas monopólicas), desmilitarización (desarmar por completo y destruir la industria armamentística alemana) y desnazificación (expulsar a todos los nazis de los cargos relevantes y castigar a los criminales de guerra).

10 El original alemán emplea formas masculinas genéricas, en consonancia con el uso estándar en la RDA. Esta traducción conserva estos términos únicamente para preservar el texto fuente.

11 Resolución de la III Conferencia de LPG de diciembre de 1954 (Mahlich, 1999: 107).

12 Esto difería de los kolkhozy de la Unión Soviética, una forma de cooperativa agrícola que existía junto a las granjas estatales (sovkhoz). Los kolkhozy se establecieron en 1929 durante el programa estatal de expropiación de las propiedades privadas. A diferencia del modelo cooperativo de la RDA, la tierra agrícola en la Unión Soviética era de propiedad estatal y se arrendaba a los kolkhozy por tiempo indefinido. El campesinado trabajaba la tierra colectivamente y recibía una compensación en función de su aporte de trabajo. Si bien eran principalmente autogestionados, los kolkhozy operaban dentro de un marco más amplio de planificación y supervisión estatal.

13 Los anuarios estadísticos de la RDA registran sistemáticamente cierto nivel de importaciones agrícolas, principalmente frutas tropicales. Sin embargo, como señaló el exministro de Agricultura Hans Watzek en nuestra entrevista, también se importaba algo de trigo, incluso de países capitalistas. Esta y otras entrevistas relacionadas están disponibles en ifddr.org.

14 Los cinco partidos políticos de la RDA que se habían unido para formar un bloque democrático antifascista (SED, CDU, LDPD, DBD, NDPD) recibían el nombre de partidos del bloque.

15 Aquí, “rublos” se refiere al “rublo de transferencia” (Transferrubel), una unidad de cuenta no monetaria utilizada dentro del Consejo de Ayuda Mutua Económica (Comecon) para regular el comercio y la ayuda entre los Estados socialistas. Se diferenciaba del rublo nacional soviético y se empleaba para las operaciones de compensación entre Estados miembros como la RDA y Vietnam.

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