Estados Unidos fuera de Corea: Notas de la Brigada de Solidaridad Jaju
En la República de Corea, la lucha contra las bases extranjeras transcurre a través de fosas comunes y cementerios de campamentos militares; este agosto, organizadores de seis países y territorios se sumaron a esa lucha.
Estimadxs amigxs:
Saludos desde la oficina de Tricontinental Asia.
Este agosto, Nodutdol —una organización antiimperialista de la diáspora coreana con sede en Estados Unidos— trajo a la República de Corea (RC) una delegación de 26 organizadores en representación de organizaciones antimilitaristas y progresistas de Estados Unidos, Hawái, Guåhan (Guam), Puerto Rico, Filipinas e India.
Esta delegación fue denominada Brigada de Solidaridad Jaju; jaju (자주) se traduce aproximadamente como soberanía, independencia o autosuficiencia. La brigada se unió a los movimientos de masas coreanos bajo el lema “Estados Unidos fuera de Corea”, el eslogan de las movilizaciones de este año por el Día de la Liberación Nacional (15 de agosto) en la RC.
Como delegados, participamos en actividades de masas por todo el país en diversos sitios de lucha activa y memoria histórica en el largo combate contra la ocupación militar y el imperialismo estadounidense.
La decisión de traer a una delegación internacional para forjar lazos de solidaridad con el movimiento progresista en este momento fue deliberada. La lucha en la RC se está intensificando debido a su importancia estratégica para el imperialismo en el este de Asia, el cual ahora redobla su agresión para prevenir una crisis. Esto se demuestra mejor con la alianza militar trilateral entre Japón, la RC y Estados Unidos, o JAKUS, bajo el mando de Washington. Los movimientos populares de la región y del mundo deben responder, contraponiendo a la consolidación de las alianzas imperialistas una alianza popular que una las luchas populares contra el imperialismo.
Brigada de Solidaridad Jaju. Crédito: Craig Birchfield.
Un puñal apuntando al corazón de Asia
La RC cuenta con la mayor presencia militar estadounidense permanente en el extranjero de cualquier país del Sur Global: 28.500 soldados distribuidos en 62 bases oficiales de Estados Unidos y al menos 18 instalaciones adicionales. Bajo los términos del Tratado de Mutua Defensa (1953), Estados Unidos también conserva acceso sin restricciones a toda la infraestructura militar de la RC. Si bien los portavoces diplomáticos de Washington presentan la ocupación de la RC como una fuerza en favor de la paz y la democracia, el ejército estadounidense es mucho más descarado.
El comandante de las Fuerzas Estadounidenses en Corea (USFK), Xavier Brunson, califica a la RC de “portaaviones fijo” o de “puñal apuntando al corazón de Asia”. Brunson, quien está bien versado en historia militar, ha elegido sus metáforas con cuidado: “portaaviones insumergible” era una descripción que el general estadounidense Douglas MacArthur —arquitecto del sistema militar imperialista de posguerra en la región de Asia-Pacífico y comandante de las fuerzas de las Naciones Unidas durante la guerra de Estados Unidos contra Corea— solía emplear para referirse a Taiwán. Por su parte, “puñal apuntando al corazón de Japón” fue el argumento que esgrimió Jacob Meckel, asesor militar alemán del Ejército Imperial Japonés, para explicar por qué el Japón Meiji necesitaba la colonización de Corea. Los comentarios de Brunson demuestran la continuidad de los intereses imperialistas en el emplazamiento geoestratégico de Corea en el corazón del noreste asiático.
A pesar del armisticio firmado en 1953, la guerra de Corea nunca ha terminado oficialmente mediante un acuerdo de paz. La situación ha tocado fondo desde 2024. La creciente agresión militar de Estados Unidos y la RC y décadas de obstrucción diplomática empujaron a la República Popular Democrática de Corea (RPDC) a abandonar la política de reunificación pacífica y el Acuerdo del 15 de Junio. A diferencia del estrecho de Taiwán o del mar de la China Meridional, la confrontación en Corea concierne a una frontera terrestre, lo que hace mucho más probable que un enfrentamiento militar rápido alcance un punto sin retorno.
De entre todos los países de Asia-Pacífico que forman parte del campo imperialista, la RC posee las fuerzas armadas más grandes medidas por el número de tropas activas y de reserva, superando incluso a Estados Unidos. Mientras que Japón no ha tenido un ejército oficial bajo su constitución pacifista desde 1945, la RC cuenta con una fuerza de combate masiva basada en el servicio militar obligatorio y bajo el control operacional del Pentágono desde 1950. Las fuerzas armadas de la RC pueden concebirse como un ejército auxiliar colonial de la época moderna. La metáfora del puñal resulta acertada: en las dos guerras terrestres que Estados Unidos ha librado en el este de Asia —Corea y Vietnam—, el ejército de la RC fue indispensable.
Mientras Washington anticipa su próxima guerra en la región, está afilando su “puñal” coreano. Los llamados a “modernizar” la alianza entre Estados Unidos y la RC aumentan día a día. En virtud del Tratado de Mutua Defensa, las tropas estadounidenses se encuentran ostensiblemente en la RC para librar una guerra peninsular limitada contra la RPDC. Ahora Washington quiere flexibilizar esos términos para permitir que las USFK y sus bases se utilicen para combatir en toda la región.
Un “mapa con el este hacia arriba” que representa la península coreana en el centro de Asia Oriental, con líneas que emanan desde Camp Humphreys hacia las principales ciudades de la región. Crédito: Fuerzas de los Estados Unidos en Corea.
La batalla por el futuro
En toda la RC, la batalla por el futuro se libra como una batalla por la memoria. Entre los muchos lugares que visitamos durante la Brigada de Solidaridad Jaju se encuentran Daejeon y Dongducheon, sitios donde dos fosas comunes separadas ofrecen diferentes perspectivas de la necropolítica del imperialismo estadounidense.
Del 28 de junio al 20 de julio de 1950, en la ciudad de Daejeon, soldados y policías de la RC, bajo la atenta mirada de oficiales del ejército estadounidense, ejecutaron entre 1.800 y 7.000 presos políticos, creando lo que los activistas llaman ahora “la tumba más larga del mundo”. Esta matanza formó parte de la Masacre de la Liga Bodo, una serie de miles de incidentes similares ocurridos en el sur de Corea durante los primeros días de la guerra de Corea. Hasta 1999, el Pentágono acusó oficialmente a la RPDC de ser la responsable y mantuvo confidenciales sus propias pruebas sobre los asesinatos.
En Dongducheon, cerca de la zona desmilitarizada, la ciudad en sí es un cementerio. Más del cuarenta por ciento de las tierras de Dongducheon se destinan a bases e instalaciones militares estadounidenses. En 1953, la ciudad pasó de ser una pequeña aldea agraria a un centro urbano tras la llegada de las bases estadounidenses, que sobresalían como islas de capital en un mar de pobreza. En las colinas de las afueras de la ciudad, hasta 3.000 mujeres, niñas y niños de las llamadas “mujeres de los campamentos militares” están enterrados en una fosa común anónima, una fracción del estimado de un millón de mujeres coreanas que fueron objeto de trata hacia el comercio de prostitución militar estadounidense patrocinado por el Estado en el siglo XX. Parte del lugar de enterramiento se ha convertido en un parque municipal, resplandeciente con arreglos florales y senderos bien cuidados, sin indicación alguna de los miles de cuerpos sepultados allí.
Un grupo de activistas en Dongducheon lucha ahora por preservar dos sitios significativos. El primero es el último “centro de gestión de enfermedades de transmisión sexual” (ETS) que queda: unas instalaciones del ejército estadounidense donde se encarcelaba a mujeres y niñas y se les inyectaba a la fuerza volúmenes peligrosamente altos de penicilina. Los soldados estadounidenses solían ver a las mujeres que intentaban escapar de las instalaciones colgadas de su segunda planta y le otorgaron al lugar un epíteto infame: “La Casa del Mono”. Durante los últimos dos años, los activistas han mantenido un campamento para evitar que el gobierno municipal derribe el lugar con excavadoras, bajo el argumento de que debe preservarse como monumento histórico.
Antiguo Centro de Tratamiento de Enfermedades de Transmisión Sexual del Ejército de los EE. UU. en Dongducheon. Crédito: Hannah Craig.
A pocos kilómetros de distancia, existe una lucha por preservar la casa de Yun Geum-I, una “mujer de confort” del ejército estadounidense cuyo brutal asesinato y mutilación a manos de un soldado estadounidense en 1992 desencadenó una lucha masiva contra la impunidad militar de ese país. Debido a los términos del Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas vigente en ese momento, el asesino de Yun Geum-I casi escapa de la justicia, ya que pudo esconderse en Camp Casey, donde las autoridades de la RC no podían detenerlo. En los años transcurridos desde el asesinato de Yun, la ciudad de Dongducheon y el ejército estadounidense han construido una “Plaza de la Amistad” en honor a la alianza entre Estados Unidos y la RC justo en la puerta de su antigua casa.
Al recorrer estos diversos sitios, resultó evidente que la batalla por la memoria es más que una lucha por el pasado. Lo que está en juego es el lugar que ocupan los mártires de la ocupación estadounidense en la identidad del pueblo coreano; si las lecciones del pasado servirán para orientar el futuro o serán silenciadas como parte de una aceptación miope de un imperialismo que solo puede prometer más crisis para Corea y la región.
Chun Mi-Kyung, presidenta de la Asociación de Familiares de las Víctimas de Daejeon, en el lugar de la masacre de Sannae Gollyeonggeol, donde su padre fue asesinado. Crédito: Craig Birchfield.
La construcción de un frente único internacional
El 14 de agosto, en la víspera del Día de la Liberación Nacional de Corea, delegados de todo el mundo se reunieron para debatir sobre la guerra, la ocupación, la paz y la liberación nacional. En sus palabras de apertura, el profesor Lee Jang-Hie, presidente de la Solidaridad del Pueblo para la Revisión del Acuerdo de Estatuto de las Fuerzas Desiguales entre Corea y EE. UU., afirmó que “las bases militares de Estados Unidos en la RC no protegen la seguridad de la RC”. Con el surgimiento de China como la segunda economía mundial, Estados Unidos ha intensificado sus “esfuerzos estratégicos para contener a China mediante la articulación de una cooperación militar trilateral entre la RC, Japón y Estados Unidos”.
Los activistas de la RC Koo Jung-seo —quien representa la lucha de la ciudad de Gunsan contra la expansión de una base local de la Fuerza Aérea de Estados Unidos— y Kang Hyunwook —en representación de la aldea de Soseong-ri y su lucha contra la instalación de sistemas de intercepción de defensa antimisiles de gran altitud de zona (THAAD) de Estados Unidos— hablaron sobre el impacto de las bases e instalaciones militares estadounidenses. Abordaron el desplazamiento forzado, el incremento de los problemas de salud, la pérdida de tierras agrícolas productivas y el daño irreparable a zonas ecológicamente sensibles como las marismas de Saemangeum, hogar de numerosas especies de flora y fauna y zonas de tránsito para aves migratorias en peligro de extinción.
Oradores de Japón, Filipinas, Hawái y Guam intervinieron sobre la creciente militarización de sus regiones y las resistencias de los pueblos frente a la ocupación. En el foro dedicado a la liberación nacional, los delegados conversaron sobre el auge del multilateralismo del Sur, la guerra entre Estados Unidos e Israel contra Irán, los movimientos en busca de soberanía en el Sahel y las luchas de los pueblos contra el racismo y el imperialismo en Estados Unidos.
Marcha en las manifestaciones en el Día de la Liberación Nacional el 15 de agosto. Crédito: Craig Birchfield.
El foro de clausura consistió en un análisis coyuntural de los movimientos antiimperialistas globales. Los ponentes expusieron la realidad del “hiperimperialismo”: el poderío militar de Estados Unidos y su control sobre las tecnologías avanzadas de la información y las comunicaciones, lo que le permite librar “guerras híbridas” contra los países que buscan trazar un camino soberano alejado de la hegemonía estadounidense. Los participantes consideraron que las guerras en Irán y Ucrania son frentes de una “tercera guerra mundial” ya existente que acelera su marcha hacia un conflicto abierto en el este de Asia y el Pacífico occidental. Los debates también abarcaron las luchas populares en América Latina y el impacto de la “doctrina Donroe”, la nueva guerra fría contra China y las contiendas antiimperialistas en países de la región como Filipinas y Japón.
A lo largo del recorrido de la Brigada de Solidaridad Jaju, fuimos testigos de marchas y mítines de masas contra la ocupación militar estadounidense, y participamos con diversos frentes en la lucha de los pueblos por la paz, la tierra y la soberanía. Nos resultó evidente que los movimientos de la clase trabajadora en la RC y en todo el mundo encabezan la lucha por un orden mundial justo.
Con afecto,
Park Ju-Hyun and Pindiga Ambedkar
Park Ju-Hyun es escritor y miembro de Nodutdol, y encabeza la campaña “Estados Unidos fuera de Corea”. También se desempeña como director de participación en BreakThrough News.
Pindiga Ambedkar es el coordinador de comunicaciones de Tricontinental: Instituto de Investigación Social. Participó en la Brigada de Solidaridad Jaju.