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Todxs vinimos de alguna parte | Boletín 37 (2026)

El capitalismo necesita mano de obra migrante precaria para disciplinar a la clase trabajadora, profundizar divisiones y extraer riqueza, mientras la retórica antimigrante encubre la destrucción neoliberal de los servicios públicos.

Jiang Zhaohe (China), detalle de Liumin Tu [Refugiadxs], 1943.

Queridas amigas y amigos,

Saludos desde las oficinas del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Hoy, dondequiera que vayamos en el mundo, del Norte Global al Sur Global, nos vemos inundadxs por una retórica cada vez más hostil hacia las personas inmigrantes. Parece ser una parte ineludible del discurso público particularmente tóxico en el Norte Global, donde se ha convertido en un pilar central de la extrema derecha actual. En diciembre de 2025, el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, calificó de “basura” a lxs inmigrantes somalíes en ese país y dijo que tenían “que volver al lugar de donde vinieron”. El vicepresidente de Donald Trump, JD Vance, dijo que la inmigración es “la mayor amenaza” tanto para los Estados Unidos como para Europa. En Gran Bretaña, el entonces primer ministro británico, Keir Starmer, expresó en mayo de 2025 que su país corría el riesgo de “convertirse en una isla de desconocidos”, frase que repitió más adelante ese mismo año Andrew Hastie, “ministro de la Oposición” de Asuntos Internos de Australia: “Estamos empezando a sentirnos como desconocidos en nuestro propio hogar”.

El Sur Global no es inmune a este discurso. En Sudáfrica ha habido una explosión de xenofobia, con grupos antimigrantes como Operation Dudula (2021) y March (2024) que surgieron de la nada, con fondos para crear un grave caos antiinmigrante. Estas organizaciones popularizaron la consigna Abahambe Makwerekwere [Que se vayan los extranjeros] entre sectores de la población sudafricana que han quedado marginados por el acuerdo posterior al apartheid. Han proyectado sus ansiedades socioeconómicas sobre sus vecinos, inmigrantes empobrecidos que llegaron a Sudáfrica desde países como Botsuana, Lesoto, Mozambique y Zimbabue. Estos grupos xenófobos han lanzado amenazas y fijado plazos para que lxs inmigrantes abandonen el país, obligando a personas desesperadas y vulnerables a buscar seguridad o a salir de Sudáfrica por miedo.

Este aumento de la xenofobia refleja un sentimiento generalizado de que las miserables condiciones de vida de la clase trabajadora se deben a la competencia de las personas inmigrantes por recursos escasos y no a los rasgos estructurales del capitalismo. Se afirma que lxs inmigrantes empobrecidxs y despojadxs de poder han vaciado, de algún modo, al Estado y han desplazado a otras personas del mercado laboral, dejando a lxs trabajadorxs nacidxs en el país sin posibilidad de llevar vidas estables y dignas.

Josef Herman (Polonia), Mother and Child Fleeing [Madre e hijx huyendo], 1942.

El discurso sobre la inmigración está plagado de inexactitudes fácticas, hipérboles e irritabilidad. Los apóstoles de la xenofobia inflan la escala y la geografía de la migración y envenenan el debate en torno al tema. Esta distorsión opera de tres maneras:

  1. Escala exagerada. Lxs migrantes internacionales constituyen apenas el 3,6% de la población mundial. La mayoría de las personas que migran no abandonan su país de nacimiento, ya que se desplazan del campo a la ciudad o de una localidad a otra. Si se tiene en cuenta la difícil situación de lxs desplazadxs internxs, solo una cuarta parte de lxs migrantes y desplazadxs viaja del Sur Global al Norte Global, como me señaló un funcionario de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM).
  2. Geografía exagerada. Por razones obvias, la cobertura de los medios occidentales se concentra en las travesías del Mediterráneo, la frontera entre los Estados Unidos y México y el canal de la Mancha. Esto presenta la migración como un problema que solo afecta al Norte Global. Pero la realidad es que la mayoría de los desplazamientos ocurre dentro de los países o entre países vecinos. La abrumadora carga de la protección de las personas refugiadas recae sobre las naciones más pobres del Sur, no sobre el Norte rico.
  3. Lenguaje exagerado. Quienes avivan el fuego de la retórica antiinmigrante casi siempre dicen que se oponen a las personas inmigrantes “ilegales” y no a las “legales”. En la práctica, la categoría amenazante del “inmigrante ilegal” empieza a moldear la forma en que la gente piensa sobre la migración en general. Las personas refugiadas, solicitantes de asilo, trabajadoras indocumentadas, lxs estudiantes, familiares, trabajadorxs temporales e incluso inmigrantes que llegaron por vías legales pasan a ser vistas como “ilegales” o, al menos, sospechosas de serlo. El adjetivo “ilegal” da forma al significado del sustantivo “inmigrante” y luego lo impone. El adjetivo, incluso cuando no aparece, empieza a definir al sustantivo. De este modo, el simple hecho de ser inmigrante se trata como un acto de transgresión.

Jēkabs Kazaks (Letonia), Bēgļi [Refugiadxs], 1917.

Las clases dominantes de las naciones más ricas, principalmente en el Norte Global, quieren la mano de obra de las personas inmigrantes, pero no sus vidas socioculturales ni su participación política. Grandes sectores económicos del Norte Global, como la agricultura, la construcción, la logística y el trabajo de cuidado, dependen de la mano de obra inmigrante. La retórica xenófoba y los regímenes legales restrictivos crean un entorno que facilita el disciplinamiento y la explotación de estxs trabajadorxs mediante la amenaza de la deportación y la negación de los derechos legales y de negociación colectiva. Sin embargo, es innegable que las personas inmigrantes generan riqueza para la clase dominante del lugar donde viven y trabajan. Sus remesas también sostienen a las familias en sus países de origen. El discurso en torno a la inmigración y la economía es tan confuso y embrollado como el debate político.

  1. El argumento económico. Ciertamente, lxs inmigrantes aumentan la demanda inmediata de vivienda, escuelas, transporte y atención médica, especialmente donde las llegadas se concentran geográficamente. Pero las personas inmigrantes también trabajan, producen, pagan impuestos y sostienen sectores económicos que sufren escasez de mano de obra. La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) muestra que contribuyen a los mercados laborales, las finanzas públicas, el empleo y la creación de puestos de trabajo, aunque los beneficios y los costos se distribuyen de manera desigual. Un amplio estudio del Fondo Monetario Internacional (FMI) en 34 países de la OCDE entre 1980 y 2018 encontró que una afluencia de personas inmigrantes equivalente al 1% del empleo total elevaba la producción económica en casi 1% en cinco años, y que dos tercios del aumento provenían de una mayor productividad laboral. Fundamentalmente, en ese estudio no se encontró evidencia de que grandes afluencias de inmigrantes reduzcan el empleo de las personas nacidas en el país.
  2. La cuestión laboral. A veces, los empleadores utilizan mano de obra inmigrante precaria para rebajar las condiciones de trabajo o debilitar la organización sindical. No obstante, el problema no es el trabajador inmigrante en sí mismo, sino el poder del empleador para diferenciar y dividir a lxs trabajadorxs según su estatus legal. Sindicatos más fuertes y mejor organizados ayudarían a lxs trabajadorxs a resistir estas tácticas divisionistas, a mejorar los salarios y las condiciones de trabajo y a garantizar los derechos de residencia, los derechos legales y la negociación colectiva.

Paritosh Sen (India), Refugees [Refugiadxs], 1946.

El neoliberalismo es el elefante en la habitación del discurso antiinmigrante. Las personas inmigrantes llegan a sociedades que ya han sido devastadas por la austeridad y la deuda. La crisis de la vivienda, el desempleo crónico, las enfermedades mentales y el abuso de drogas no son condiciones que crean las personas inmigrantes. Se trata de los efectos sociales de sociedades capitalistas que han priorizado la ganancia de unos pocos por encima del bienestar de la mayoría. La privatización de los servicios públicos, los recortes a los presupuestos municipales y el posterior colapso de la capacidad del Estado y del bienestar social fueron políticas neoliberales implementadas al servicio de las clases ricas y propietarias. Los mismos partidos políticos que implementaron estas políticas neoliberales y que, por lo tanto, son responsables del caos social que han desatado convierten ahora a lxs inmigrantes en chivos expiatorios.

Ismail Shammout (Palestina), Where To? [¿A dónde?], 1953.

La retórica antiinmigrante funciona para ocultar las causas reales del malestar social que enfrentan miles de millones de personas en todo el mundo. El gasto militar desmesurado y las guerras catastróficas de nuestro tiempo, las sanciones despiadadas contra los Estados que desafían al bloque de la OTAN+, la servidumbre forzada por la deuda de los Estados que no pueden romper el ciclo del subdesarrollo, el alto costo del cambio climático, el despojo de tierras y la destrucción de los medios de vida no son causados por la migración. Son originados por el capitalismo y el imperialismo, que preferirían destruir el mundo por ganancias antes que sanarlo. De hecho, la propia migración es resultado del imperialismo capitalista, que destruye las bases de la vida en el Sur Global mediante la guerra, la deuda, las sanciones y la explotación.

Lamentablemente, el carácter omnipresente del discurso antiinmigrante ha hecho que sea más fácil para un trabajador alienado incendiar una spaza [tienda de barrio] en Soweto, Sudáfrica, que pensar en la brutal asimetría de la propiedad de la tierra en su país. Lxs sudafricanxs blancxs constituyen aproximadamente el 7% de la población, pero poseen el 72% de las tierras agrícolas y de cultivo, mientras que lxs sudafricanxs negrxs representan casi el 82% de la población y poseen solo el 4%. Imaginar una reforma agraria es infinitamente más difícil y complejo que incendiar la tienda de un pobre comerciante inmigrante de Botsuana. Armar a la clase trabajadora con claridad frente a la retórica mistificadora de la xenofobia es una de las tareas que la izquierda enfrenta hoy. Por su parte, el Partido Comunista Sudafricano ha adoptado una postura firme y clara contra la xenofobia y a favor de la solidaridad.

Razieh Gholami (Afganistán), Hoping to Survive [Con la esperanza de sobrevivir], 2019.

El gran poeta caribeño-británico Benjamin Zephaniah pasó gran parte de su vida reflexionando sobre su ascendencia y su desplazamiento. Viviendo entre dos mundos, comprendió las luchas profundamente humanas y los sentimientos de soledad y aislamiento que acompañan el hecho de ser inmigrante. En su poema We Refugees [Nosotrxs, los refugiados] (2000), Benjamin Zephaniah capta, con calidez y sencillez, la irracionalidad y la inhumanidad de la xenofobia:

Todxs podemos ser refugiados.
A veces solo se necesita un día.
A veces solo se necesita un apretón de manos
o un papel firmado.
Todxs vinimos de refugiados.
Nadie solo apareció.
Nadie está aquí sin una lucha.
¿Y por qué debemos vivir con miedo
al clima o a los problemas?
Todxs vinimos de alguna parte.

Cordialmente,

Vijay