Un método sistemático para controlar el estilo de redacción de la IA
El estilo es una especificación, no una preferencia. Un marco estilístico de siete niveles convierte la instrucción sobre cómo escribir en un proceso de ingeniería repetible.

El estilo no es una preferencia. Es una especificación. Sin ella, la máquina escribe con un tono único.
Todos los grandes modelos de lenguaje (LLM, por sus siglas en inglés) producen prosa con los mismos rasgos reveladores. La retórica del contraste (“X no es solo Y, es Z”), el uso excesivo de guiones, la regla del tres, el giro fluido hacia una profundidad genérica… Una vez que la audiencia reconoce el patrón, es inconfundible. El año pasado, el artículo de Forbes “Seven Tells of AI Writing” [Las siete señales delatoras de la escritura con IA] los catalogó; “The Field Guide to AI Slop” [Guía de campo sobre el “AI slop”] llegó al mismo diagnóstico desde un ángulo diferente. Y esa prosa está ahora por todas partes. Un informe de Graphite reveló que, desde noviembre de 2024, los artículos generados por IA en Internet han superado en número a los escritos por humanos. Una única voz, uniforme y mecánica, se ha convertido en la voz mayoritaria de la web escrita.
El coste de esa uniformidad no se aprecia en una sola frase. Se hace evidente cuando el registro predeterminado se aplica a textos cuya singularidad residía precisamente en el contenido analítico. Consideremos un pasaje del dossier n.º 69 de Tricontinental, Cómo el Fondo Monetario Internacional está exprimiendo a Pakistán (2023):
Los problemas de la balanza de pagos de Pakistán se han gestionado durante mucho tiempo gracias al principal “producto de exportación” del país: su valor geoestratégico para Washington. Cuando Estados Unidos invadió Afganistán en 2001, necesitaba el apoyo de Pakistán, por lo que eliminó las sanciones contra el país y le proporcionó ayuda económica, de seguridad y militar. En el mismo periodo, debido a la importancia estratégica de Pakistán en la “Guerra contra el Terror”, el Club de París reprogramó 12.500 millones de dólares del total de 13.500 millones de la deuda que Pakistán tenía con él (Club de París, 2001).
Si le pides a un LLM que genere un párrafo sobre el mismo tema —Pakistán, el FMI, los intereses estratégicos de EE. UU. tras 2001—, el resultado, por muy fluido que sea, será de otro tipo. Una respuesta representativa, generada por ChatGPT en mayo de 2026, fue la siguiente:
Tras la invasión de Afganistán liderada por Estados Unidos en 2001, Pakistán se convirtió en un aliado estratégico fundamental en la denominada “Guerra contra el Terror”, un cambio que reconfiguró significativamente sus relaciones económicas exteriores. A cambio de cooperación militar y apoyo logístico, Pakistán recibió nueva ayuda financiera, alivio de la deuda y respaldo diplomático por parte de las potencias occidentales y las instituciones financieras internacionales. En diciembre de 2001, el Club de París acordó reestructurar aproximadamente 12.500 millones de dólares de la deuda bilateral de Pakistán, incluyendo condiciones concesionales sustanciales y plazos de amortización ampliados. Esta reestructuración alivió las presiones fiscales inmediatas y ayudó a estabilizar las reservas de divisas de Pakistán, pero también profundizó la dependencia a largo plazo del país respecto a los acreedores externos y su alineamiento geopolítico con Estados Unidos. El período posterior a 2001 ilustró así la estrecha relación entre la cooperación estratégica en materia de seguridad y la gobernanza internacional de la deuda en el orden mundial contemporáneo.
La información objetiva es la misma. Se conservan algunos elementos clave: la “supuesta ‘guerra contra el terror’” entre comillas, la cifra de 12.500 millones de dólares y las consecuencias concretas de la “dependencia” y la “alineación”. Pero el núcleo analítico se ha desvanecido. El rasgo característico del informe —tratar el valor geoestratégico de Pakistán como la principal “exportación” del país, una reasignación crítica del vocabulario comercial que pone de manifiesto la mercantilización de la soberanía— no tiene equivalente. La proporcionalidad de la reestructuración (12.500 millones de dólares de un total de 13.500 millones, casi la totalidad de la deuda bilateral) se reduce a una única cifra que ya no tiene el mismo peso político. La gramática del informe, que presenta la situación económica de Pakistán como gestionada estructuralmente por Washington antes de denominar así a la relación, se sustituye por una prosa activa en la que Pakistán “se convirtió en un aliado estratégico central” —un actor que entra en un intercambio, no un país sometido a él—. Y el párrafo concluye con el recurso característico del registro de IA: una formulación equilibrada del tipo “pero también” que absorbe la crítica política en una perspectiva más amplia, seguida de un giro hacia una afirmación genérica sobre “el orden mundial contemporáneo”. El modelo no es incapaz de ser crítico. Es incapaz de realizar los movimientos conceptuales que convierten el vocabulario crítico en un argumento estructural.
Dar instrucciones vagas al modelo —“escribe de manera formal”, “que suene analítico”, “escribe como Tricontinental”— no recuperan lo que se ha perdido. Cuando una instrucción es poco específica, el modelo recurre a un registro por defecto: una media estadística del texto con el que se entrenó, que resulta fluido, atractivo e indiferenciado. El reto para cualquier instituto de investigación con una voz analítica distintiva es, por lo tanto, el mismo: cómo instruir a un modelo con la precisión suficiente para que produzca textos con esa voz, en lugar de con la voz promedio. Si se pudiera encontrar un método, el registro de la IA —el registro por defecto que tienen los escritos generados por IA, tomando prestado el término de estilística, que se refiere a la variedad de lenguaje que genera un contexto de producción— podría eliminarse sistemáticamente.
El registro de la IA es estructural, no incidental
La primera reacción de la mayoría ante el registro de la IA es modificar la indicación. Si “escribe de forma formal” no funciona, se prueba con “escribe como un analista político sénior” o “utiliza frases más cortas”. Cada instrucción produce un resultado ligeramente diferente, pero en el fondo persiste la misma fluidez mecánica. El instinto no está equivocado. El diagnóstico sí lo es. El problema no es la instrucción; es a lo que el modelo recurre cuando cualquier instrucción no cumple con todas las especificaciones.
El patrón de “imitación de estilos” del artículo publicado en PLoP titulado “A Pattern Language for Knowledge Engineering with Large Language Models” [Un lenguaje de patrones para la ingeniería del conocimiento con grandes modelos de lenguaje] (2025) ofrece un diagnóstico preciso. Un LLM tiene un estilo de redacción predeterminado, neutro y, en cierto modo, útil por su neutralidad. Los usuarios pueden modificarlo con comandos sencillos, pero estos a menudo no logran captar las reglas implícitas de un estilo genuinamente específico. El resultado “no funciona”: puede que técnicamente cumpla el requisito (que sea “formal”, por ejemplo), pero carece de la autoridad, el ingenio o la intimidad característicos de la voz deseada. El problema es estructural. El modelo se ha entrenado con enormes cantidades de texto, y su estilo por defecto representa una media estadística de todo ese material escrito: fluido, competente, atractivo y totalmente genérico. Es el equivalente en prosa de una pared gris neutra: inofensivo, funcional y totalmente olvidable.
El promedio no es políticamente neutral. Los corpus de entrenamiento son abrumadoramente del Norte, anglófonos y producidos por las instituciones que crean, alojan y consumen herramientas de IA: la web corporativa, las revistas académicas, los blogs sobre política de EE.UU. El registro predeterminado es el tono que tiene la escritura en el centro de ese corpus. Para cualquier institución cuya voz se haya formado distante a ese centro, el estilo predeterminado del modelo se percibe como el acento de otra persona.
Pensemos en una persona encargada de redactar un informe de políticas. Este género exige una estricta disciplina estilística: altamente formal, analítico, directo y conciso. Los informes de políticas se escriben para responsables de la toma de decisiones que disponen de minutos, no de horas. Cada frase debe ganarse su lugar. Cuando esta persona le indicó a la IA simplemente que “escribiera un informe formal sobre este tema”, el resultado parecía lo suficientemente profesional a primera vista, pero, al examinarlo más detenidamente, carecía de las características fundamentales del género. Era demasiado largo. Carecía de un tono contundente. Requería una revisión exhaustiva. El problema radicaba en lo impreciso de la instrucción. Una instrucción abstracta como “escribe de forma formal” no puede transmitir las reglas implícitas acumuladas a lo largo de años de una tradición de escritura concreta, la cadencia específica de la argumentación política, la expectativa de que las afirmaciones estén respaldadas por pruebas en lugar de adornadas con elementos superfluos, ni el requisito tácito de que un informe suene como si quien esté a cargo de su autoría hubiera dedicado su carrera al gobierno en lugar de a escribir entradas de blog. Nadie le indicó a la IA cómo debía redactarse un escrito de este tipo, por lo que recurrió a su estilo predeterminado, produciendo un texto que, aunque formalmente adecuado, resultaba genéricamente insípido.
Este diagnóstico apunta a una línea de actuación clara. Si la causa fundamental del registro de la IA es un retorno al estilo por defecto impulsada por instrucciones imprecisas, entonces la solución consiste en descomponer el estilo, pasando de una impresión sensorial holística a descripciones específicas y operativas, para luego introducir esas descripciones en la IA como instrucciones precisas. Esto requiere un marco analítico sistemático capaz de convertir una instrucción sobre cómo escribir de un deseo a un proceso de ingeniería.
La estilística convierte el estilo de la intuición a la ingeniería
Pensemos de nuevo en la redacción del informe de políticas. El primer intento, con una instrucción abstracta, dio lugar a un texto que requirió una revisión exhaustiva. En el segundo intento se cambió por completo el enfoque. La diferencia radicaba en la precisión de la instrucción. Esa precisión procedía de una disciplina académica específica.
La lingüística cuenta con una subdisciplina dedicada por completo al estudio del estilo lingüístico: la estilística. En Stylistics: A Resource Book for Students [Estilística: un manual de recursos para estudiantes] (2025), Paul Simpson propone un marco analítico de siete niveles que descompone el estilo de un texto en siete niveles lingüísticos observables y analizables: patrones fonológicos (los efectos sonoros, el ritmo y la prosodia del texto), representación gráfica (presentación visual, incluyendo la puntuación y la maquetación), estructura morfológica (cómo se forman y se declinan las palabras), elección léxica (características del vocabulario, como la formalidad y el registro emocional), estructura sintáctica (organización, longitud y construcción de las oraciones), implicación semántica (significado literal y figurado, metáfora e imaginería) y uso pragmático (rasgos a nivel del discurso: tono, punto de vista y estructura general).
El marco estilístico de siete niveles: descomposición del concepto holístico de “estilo” en niveles lingüísticos observables y analizables
El valor fundamental del marco es el siguiente: convierte el “estilo”, de ser una impresión holística y sensorial, en descripciones específicas y operativas. Cuando se aplica a un texto de referencia, los siete niveles dan como resultado un “perfil de estilo” estructurado que establece cómo debe seleccionarse cada nivel lingüístico. La transformación es decisiva. Mientras que antes solo se podía decir “haz que suene como The Economist”, ahora la instrucción especifica exactamente qué significa eso en cada nivel lingüístico: qué tipo de oraciones, qué registro de vocabulario, qué estructuras retóricas, qué relación entre autores y audiencia. La intuición de “lo reconozco cuando lo veo” se sustituye por una especificación que cualquiera, incluida una máquina, puede seguir.
Imitar un estilo se convierte así en un proceso de ingeniería de dos pasos. Paso uno: analizar el texto de referencia con el marco de siete niveles para generar un perfil de estilo estructurado. Paso dos: utilizar el perfil de estilo como parte de las instrucciones, indicando a la IA que genere un nuevo texto de acuerdo con las características establecidas en cada nivel.
El proceso de ingeniería de dos pasos: transformación de preferencias estilísticas imprecisas en instrucciones precisas y ejecutables para la IA mediante la generación de perfiles de estilo
El experimento con los informes de políticas pone a prueba este marco. El primer intento, en el que se utilizó la instrucción abstracta “escribe de forma formal”, fracasó. En el segundo intento se cambió por completo el enfoque. Se proporcionaron dos ejemplos de informes de políticas de alta calidad y se pidió a la IA que los analizara utilizando el marco estilístico de siete niveles y que elaborara una guía de estilo detallada. La guía ofrecía recomendaciones precisas en cada nivel. En el apartado de léxico, por ejemplo, señalaba que el vocabulario es sistemáticamente formal y oficial, carece de lenguaje emocional y prefiere términos técnicos específicos a generalidades. En el apartado de representación gráfica, observaba que la numeración (“primero, segundo, tercero…”) aporta claridad, orden y una impresión de sistematicidad. En cuanto a la sintaxis, indicaba que las frases son largas y estructuralmente complejas, y utilizan conectores lógicos formales (“por lo tanto”, “sin embargo”, “en vista de”) para condensar una cantidad considerable de información en una sola frase. A continuación, esta guía de estilo se incorporó como parte de las instrucciones para redactar un nuevo informe. El resultado: la estructura, el tono y el vocabulario se ajustaban estrechamente al género deseado. El tiempo de edición se redujo significativamente.
La guía de estilo tiene otra propiedad importante: la reutilización. Una vez generada, pasa a formar parte de la reserva de información, aplicable a innumerables tareas de redacción futuras. La creación de un perfil de estilo es una inversión única con beneficios continuos. Para un instituto de investigación que elabora informes de políticas de forma regular, el mismo perfil puede servir de guía para docenas de tareas de redacción sin necesidad de modificaciones, garantizando la coherencia entre distintas autorías y a lo largo del tiempo.
Un pasaje de “Sovereignty or Surrender: Confronting Africa’s Comprador Class” [Soberanía o rendición: enfrentarse a la clase compradora de África] (2025), de Dalaya Ashenafi Esayiyas, publicado en el séptimo número del Boletín de Panáfrica, ofrece un ejemplo concreto de este marco en acción:
La trayectoria de la economía política de Ghana ilustra cómo una burguesía compradora facilitó la subyugación neoliberal, pasando del panafricanismo socialista de Kwame Nkrumah a convertirse en un “caso de éxito” del FMI. El golpe de Estado de 1966 contra Nkrumah, respaldado por la intervención de la CIA según revelan documentos desclasificados, inició el desmantelamiento de sus proyectos de industrialización. En la década de 1980, Jerry Rawlings, que en su día fue un líder revolucionario, adoptó los programas de ajuste estructural del FMI, privatizando las empresas estatales y recortando el gasto social en Ghana. Este cambio se institucionalizó a través de tres mecanismos clave. En primer lugar, mediante la captura de las políticas, ya que el Equipo de Gestión Económica, formado por el Banco Mundial, asumió el gobierno de facto, dejando de lado la autoridad ministerial. En segundo lugar, mediante la aplicación de la deuda como medida disciplinaria, con unas condiciones de los préstamos del FMI que daban prioridad a las exportaciones de cacao en bruto y oro frente al desarrollo industrial, afianzando así la dependencia extractiva. En tercer lugar, mediante la cooptación de las élites que neutralizó a la oposición, ya que los antiguos aliados socialistas de Rawlings fueron absorbidos en consultoras y puestos en ONG, lo que supuso, en la práctica, la eliminación de la disidencia. En conjunto, estos procesos reconfiguraron la economía de Ghana para que sirviera al capital global a expensas del desarrollo soberano.
La aplicación del marco de siete niveles a este pasaje permite obtener un perfil preciso. En el nivel pragmático: el pasaje expone su diagnóstico estructural (la burguesía compradora como agente transmisor del neoliberalismo) en la cláusula inicial, antes de que se presenten pruebas alguna —el argumento es la premisa retórica más que el destino retórico—; la frase final (“En conjunto, estos procesos reconfiguraron la economía de Ghana para que sirviera al capital global a expensas del desarrollo soberano”) expone la consecuencia política en términos claros, cerrando el arco argumentativo en lugar de apuntar hacia fuera. En el plano léxico: “historia de éxito” aparece entre comillas, reutilizando críticamente el propio vocabulario triunfalista del FMI para desenmascararlo como una designación de sometimiento más que de logro; los neologismos analíticos —“captura de políticas”, “deuda como disciplina”, “cooptación de la élite”, “supresión de la disidencia”— condensan cada mecanismo estructural en una categoría denominada según los términos del analista, en lugar de adoptar el marco conceptual de la institución; la precisión en los nombres propios (Nkrumah, Rawlings, el Equipo de Gestión Económica formado por el Banco Mundial, el golpe de Estado de 1966) ancla el argumento en actores históricos y organismos institucionales concretos. En el plano sintáctico: las frases son largas y subordinadas, pero la estructura es enumerativa (“En primer lugar… En segundo lugar… Tercero…”) en lugar de causal-cronológica: el argumento se presenta como una tipología de mecanismos, cada uno de los cuales se nombra antes de explicarse, con verbos de acción integrados (“asumió”, “priorizó”, “absorbió”, “suavizó”) que especifican lo que hace cada mecanismo, en lugar de limitarse a describir lo que es. Una vez extraído, este perfil se convierte en el conjunto de instrucciones. La IA genera un nuevo texto en el registro de la fuente, en lugar de utilizar su propio registro predeterminado.
Este proceso cuenta ahora con herramientas de código abierto. La skill “stylistics” agrupa el análisis estilístico de siete niveles en un único comando. Se ejecuta dentro de un entorno de IA agéntica, como Claude Code. La instalación es muy sencilla:
npx skills add eXtremeProgramming-cn/stylistics
Tras la instalación, al ejecutar /stylistics extract article.md sobre cualquier texto se genera una guía de estilo completa, que incluye un resumen del análisis, reglas normativas, una lista de verificación de referencia rápida y un vocabulario específico del ámbito. Lxs investigadorxs no necesitan redactar sus propias instrucciones analíticas; un único comando extrae el perfil estilístico de cualquier texto de referencia.
La instrucción analítica detallada para el marco de siete niveles fue elaborada por la propia IA a partir del libro de texto de Paul Simpson. Un investigador guió a la IA a través del material para sintetizar un método analítico estructurado y práctico: el conocimiento académico transformado en una herramienta para la propia IA. El marco “IA para las ciencias sociales” (AI4SS) —la intervención de Circuitos Bandung sobre la soberanía de la investigación en la era de la IA— denomina a esto “Sinergia Interdisciplinaria”: la disciplina proporciona la estructura analítica; la IA proporciona la capacidad de sintetizarla y ejecutarla; ninguna de las dos podría producir el instrumento por sí sola.
Un perfil de estilo puede hacer que cualquier voz se parezca más a sí misma. Lo que no puede determinar es si esa voz tiene algo que valga la pena decir.
Un perfil de estilo solo responde a la quinta pregunta
Con al método sistemático de la estilística y al proceso de ingeniería de la elaboración de perfiles de estilo, el registro de la IA parece eliminable. Sin embargo, la eliminación del registro de la IA puede dar lugar a un resultado pulido que siga careciendo de contenido analítico, al no contar con la visión que solo una perspectiva humana puede aportar.
En “Ingeniería del conocimiento: seis preguntas críticas para la producción de conocimiento en la era de la inteligencia artificial” (2026), la “forma de expresión” se sitúa como la quinta pregunta (la sexta —la contribución distintiva de lxs investigadorxs— es la metapregunta a la que sirve el marco, más que un paso dentro del mismo). El mismo conjunto de conocimientos puede reexpresarse rápidamente en múltiples formatos: artículos académicos, informes de políticas, guiones de vídeo, publicaciones en redes sociales. Pero las cuatro primeras preguntas —orientación al problema, marco epistemológico, reserva de información y metodología— definen la estructura de soporte de la producción de conocimiento. Poseer habilidad estilística no confiere ideología, base de conocimiento ni método analítico. Un perfil de estilo solo resuelve la cuestión de cómo decir algo. Qué decir sigue siendo responsabilidad exclusiva de quien realiza la investigación.
A modo de contraste, el popular marco de ingeniería de prompts CO-STAR sirve como ejemplo aleccionador. Sus seis elementos son: Contexto (información de fondo), Objetivo (la tarea), Estilo (cómo se presenta la información), Tono (cualidad emocional), Audiencia (quién lo lee) y Respuesta (formato de salida, como JSON o prosa). Cuatro de los seis elementos (Estilo, Tono, Audiencia y Respuesta) abordan cómo se dice o cómo se formatea. Lo que falta es qué decir: el marco epistemológico, la base de información, la metodología, el punto de vista y la perspectiva —las dimensiones sustantivas que determinan si un texto dice algo que merezca la pena leer—. El experimento con el informe de políticas ilustra directamente esta laguna: el perfil de estilo especificaba la longitud de las frases, el registro léxico y los conectores lógicos; no decía nada sobre qué postura adoptar respecto al papel del FMI en la crisis de la deuda de Pakistán, qué cifras citar o en qué análisis confiar.
El hecho de que el marco de la Ingeniería del Conocimiento sitúe la “forma de expresión” como la quinta cuestión —después de la orientación del problema, el marco epistemológico, la reserva de información y la metodología— refleja un principio que va más allá del propio marco. Confucio habló de wén zhì bīn bīn (Analectas 6.18: “质胜文则野,文胜质则史。文质彬彬,然后君子”): el refinamiento y la sustancia mantenidos en proporción. Tanto wén (expresión estilística) como zhì (conocimiento sustantivo) son indispensables, pero no son simétricos. La prioridad de zhì sobre wén es la prioridad que Marx denominaría más tarde en términos materialistas: “no es la conciencia de los hombres la que determina su ser, sino, por el contrario, su ser social el que determina su conciencia” (Prefacio a Una contribución a la crítica de la economía política, 1859). La sustancia fundamenta la forma, y no al revés. Las palabras sin elegancia no llegan muy lejos. Pero la elegancia sin sustancia carece incluso de la capacidad para llegar a ninguna parte.
Una guía de estilo es en sí misma un activo reutilizable: un instituto de investigación con recursos limitados puede desarrollar una que se adapte al posicionamiento de la organización, y todo el equipo puede compartirla. Pero esa guía no puede decidir por quien investiga de qué lado ponerse, qué preguntas plantear o en qué fuentes confiar. El estilo es una “forma de expresión”, una capacidad que se puede desarrollar, pero no puede sustituir a las dimensiones más fundamentales de la ingeniería del conocimiento: la orientación al problema, el marco epistemológico, la reserva de información y la metodología.
La intervención humana aporta un propósito, no una aprobación
La importancia de las herramientas estilísticas solo queda clara cuando se considera el panorama general.
El marco AI4SS propone cuatro capacidades fundamentales, una de las cuales es la “Producción Omnicanal”. La idea central es que un análisis en profundidad puede llegar simultáneamente a diferentes públicos en forma de artículo académico, informe de políticas, columna de boletín informativo o publicación en redes sociales, y cada canal exige sus propias convenciones estilísticas y de formato. Esto significa que se debe encontrar la forma de expresión adecuada de la investigación para cada medio. Sin herramientas estilísticas, se debe buscar un editor con el estilo adecuado para cada canal o dedicar un tiempo considerable a pulir los diferentes géneros por su cuenta. Para las instituciones de investigación del Sur Global, donde los recursos editoriales son escasos y las barreras lingüísticas agravan el desafío, esta limitación tiene consecuencias prácticas: un buen análisis no llega a los públicos que lo necesitan, debilitado por una presentación inadecuada más que por ideas débiles.
Las herramientas estilísticas cambian la ecuación. Una vez generado un perfil de estilo, este pasa a formar parte de la reserva de información de la institución: un activo de conocimiento reutilizable que puede aplicarse a innumerables tareas de redacción y compartirse entre los miembros del equipo. Un instituto de investigación con recursos limitados puede encargar a una sola persona que desarrolle múltiples perfiles de estilo y los distribuya entre el equipo. El mismo análisis de las condiciones impuestas por el FMI en Pakistán puede enviarse a los lectores de medios progresistas a través del registro de dossiers de Tricontinental, o entregarse a una mesa del Ministerio de Hacienda en forma de informe de políticas. El conocimiento es único. Las voces son plurales.
La IA se encarga del trabajo repetitivo de pulir el estilo. Lxs investigadorxs se ocupan de lo que ninguna máquina puede hacer: decidir de qué lado ponerse, qué preguntas plantear y en qué fuentes confiar. El marco AI4SS denomina a esto el principio del “Humano en el Bucle” —no porque el ser humano apruebe el resultado de la máquina, sino porque el trabajo analítico del ser humano es lo que da sentido a ese resultado—. La ingeniería estilística aporta el wén. Lo que el Sur Global necesita de sus instituciones de investigación es el zhì: la posición analítica, el compromiso político, el conocimiento de las condiciones con las que ningún modelo ha sido entrenado.
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