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FIDEL x 100: un siglo en la batalla de ideas y emociones

Boletín de Arte Tricontinental nº 30 (agosto de 2026)

De la OSPAAAL a FIDEL x 100, la cultura revolucionaria de Cuba sigue formando conciencia política, portando memoria histórica y construyendo solidaridad a lo largo de movimientos, generaciones y fronteras.

Escucha Y en eso llegó Fidel (1959), de Carlos Puebla, interpretada en el ritmo vivaz de la guaracha que ayudó a llevar la canción desde la Cuba revolucionaria hasta los locales sindicales, las cantinas, las escuelas de formación política y los movimientos de liberación de toda América Latina .

La Habana, agosto de 2026

Del 6 al 9 de agosto, más de 180 personas delegadas de 27 países, en representación de más de 130 organizaciones, se reunieron en la Universidad de La Habana para la IV Asamblea Continental de ALBA Movimientos, un espacio de articulación de los movimientos populares en torno al proyecto del socialismo, el antiimperialismo y la integración continental. Como parte del programa cultural de la asamblea, FIDEL x 100 conmemoró el centenario del natalicio de Fidel Castro con más de 200 afiches creados por más de 100 trabajadorxs culturales de 32 países.

Izquierda: Abhinav (India, Young Socialist Artists/Tricontinental); Derecha: Daniela Ruggeri (Argentina, Tricontinental).

La exposición surgió de una convocatoria abierta organizada por la Asamblea Internacional de los Pueblos, ALBA Movimientos, Utopix, Young Socialist Artists, Panafricanism Today y el Instituto Tricontinental de Investigación Social. La diversidad de las obras, en estilo, técnica, lenguaje y tradición política, reflejó el alcance internacional del legado de Fidel. Sin embargo, la exposición no fue simplemente un acto de conmemoración. Constituyó una recuperación de las ideas de Fidel como herramientas de lucha: las ideas que ayudaron a hacer posible la Revolución y que hoy continúan sosteniéndola.

El archivo completo está disponible como una colección descargable lista para ser impresa, exhibida, estudiada y utilizada por organizaciones de todo el mundo. Al igual que los afiches que décadas atrás viajaban doblados dentro de Tricontinental, la revista fundada por la Organización de Solidaridad con los Pueblos de Asia, África y América Latina (OSPAAAL), estas obras están pensadas para circular: de las asambleas a las escuelas de formación política, de las oficinas sindicales a las aulas, de las sedes de los movimientos a los muros de los barrios. Te invitamos a usarlas de esta manera.

FIDEL x 100 pertenece a una historia mucho más larga. La Revolución Cubana no trató la cultura como algo secundario a la política, ni como mera decoración de los logros revolucionarios. Entendió el trabajo cultural como parte de la infraestructura material de la propia Revolución. Un medio para formar conciencia política, cultivar capacidades técnicas y artísticas, sostener la memoria colectiva y extender la solidaridad internacional más allá de las costas de la isla.

La Habana. 60 años después de la Conferencia Tricontinental

Esa tradición adquirió una de sus expresiones institucionales más claras en enero de 1966, cuando La Habana fue sede de la primera Conferencia Tricontinental. Más de 500 personas delegadas de movimientos de liberación, gobiernos revolucionarios, partidos comunistas y organizaciones populares de África, Asia y América Latina se reunieron para forjar una estrategia antiimperialista común contra el colonialismo, el capitalismo y la guerra.

Izquierda: Ian Matchett (Estados Unidos, Swords into Plowshares Peace Center and Gallery); Derecha: Ignacio Andrés Pardo Vásquez (Chile, Utopix y Quinmantú).

De la conferencia surgió la OSPAAAL, una de las instituciones más importantes del internacionalismo revolucionario del siglo XX. A través de sus publicaciones, sus campañas de solidaridad, su trabajo educativo y, especialmente, su extraordinaria producción de afiches, la OSPAAAL ayudó a construir un lenguaje político compartido para las luchas que se libraban en tres continentes.

A lo largo de tres décadas, la organización produjo alrededor de 9 millones de afiches distribuidos en más de 60 países, muchos de ellos, doblados dentro de las páginas de Tricontinental. La revista y los afiches viajaron a lugares donde la diplomacia revolucionaria no podía llegar, haciendo visibles entre sí las luchas de Vietnam, Palestina, Angola, Mozambique, Puerto Rico, Sudáfrica, Chile y decenas más, como parte de un frente común contra el imperialismo.

Muchxs de lxs diseñadorxs gráficxs que crearon estos afiches habían aprendido el oficio en las agencias de publicidad de La Habana antes de la Revolución. Después de 1959, utilizaron esas mismas técnicas contra el imperio. La tipografía, la fotografía, el color y el montaje, entre otras técnicas visuales, antes empleadas para vender mercancías, fueron reconvertidas para construir la solidaridad internacional, hacer legibles las luchas antiimperialistas más allá de las lenguas y forjar un lenguaje visual revolucionario capaz de cruzar fronteras.

Como reflexionó más tarde el diseñador cubano Félix Beltrán: “El afiche podía circular en países donde a un funcionario no se le permitía hablar de las ideas de la Revolución”.

El afiche se convirtió así en algo más que un medio de comunicación. En condiciones de bloqueo y aislamiento diplomático, se transformó en un instrumento de organización internacional. Junto al cine revolucionario del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), el trabajo editorial de Casa de las Américas y las instituciones educativas internacionales construidas por la Revolución en las décadas siguientes, la OSPAAAL formó parte de la infraestructura cultural a través de la cual Cuba internacionalizó su proyecto revolucionario.

Una revolución solo puede ser hija de la cultura y las ideas

A fines del siglo XX, la Revolución Cubana había sobrevivido lo que muchxs creían que sería su prueba final. La caída de la Unión Soviética sumió a la isla en el Período Especial, mientras Washington endurecía el bloqueo con la expectativa de que el socialismo finalmente colapsaría bajo el aislamiento económico. En gran parte del mundo, el triunfo del neoliberalismo fue proclamado como el “fin de la historia”, como declaró profusamente el politólogo Francis Fukuyama. Cuba era ampliamente presentada como una reliquia cuya desaparición era solo cuestión de tiempo.

Fue en esa coyuntura, en un discurso en el Aula Magna de la Universidad Central de Venezuela, el 3 de febrero de 1999, cuando Fidel retomó un principio que había ocupado a la Revolución desde sus primeros años: “Una revolución solo puede ser hija de la cultura y de las ideas”.

Izquierda: Ingrid Neves (Brasil, Tricontinental); Derecha: Isabela Molin (Brasil, MST).

No se trataba de una defensa de la cultura en abstracto, ni de un llamado a privilegiar la batalla de ideas por encima de la transformación material. Era una reafirmación de que las revoluciones no heredan simplemente seres humanos revolucionarios —incluidos lxs trabajadorxs culturales e intelectuales necesarios para sostenerlas—: deben contribuir a crearlos. La conciencia política, la capacidad técnica, la disciplina colectiva y el compromiso internacionalista no son productos espontáneos del cambio económico. Deben ser organizados, cultivados y reproducidos conscientemente a lo largo de las generaciones.

La Campaña Nacional de Alfabetización de 1961 fue una de las primeras demostraciones de este principio por parte de la Revolución. Más de 100.000 jóvenes brigadistas de las Brigadas Conrado Benítez viajaron al campo como parte de un ejército alfabetizador nacional. Al final de la campaña, más de 700.000 personas adultas habían aprendido a leer y escribir, lo que redujo el analfabetismo en Cuba al 3,9%. No obstante, la alfabetización fue solo uno de los resultados. Quienes enseñaban se transformaron junto a quienes aprendían, al encontrarse cara a cara con la pobreza rural y participar directamente en la reinvención de la sociedad cubana. La educación se convirtió no simplemente en transmisión de conocimientos, sino en la formación de un nuevo sujeto revolucionario.

El mismo principio dio forma a las editoriales y revistas de la Revolución, las instituciones cinematográficas, las escuelas de arte, los centros científicos, los programas de formación médica y los intercambios educativos de la Revolución con los pueblos de África, Asia y América Latina. En conjunto, formaron la infraestructura cultural a través de la cual la Revolución buscó no solo defenderse, sino reproducirse y contribuir a la lucha antiimperialista más amplia.

El Congreso Cultural de La Habana, 1968

Durante 8 días en enero de 1968, alrededor de 500 participantes de más de 70 países se reunieron en el Hotel Habana Libre para el Congreso Cultural de La Habana. El congreso suele ser recordado como un encuentro de escritoras y escritores, y artistas, pero eso apenas capta su alcance. Entre lxs participantes había novelistas, poetas, economistas, médicxs, científicxs, arquitectxs, cineastas, editorxs, educadorxs, sociólogxs, críticxs, administradorxs culturales y militantes de movimientos de liberación nacional. Lxs teóricxs de la dependencia compartieron comisiones con pintoras y pintores. Lxs docentes trabajaron junto a lxs guerrillerxs. Representantes de Estados recién independizados se encontraron con organizadorxs que operaban clandestinamente bajo el dominio colonial. Las delegaciones incluyeron participantes de la República Democrática de Vietnam y del movimiento de liberación survietnamita, así como de las luchas de liberación de Guinea-Bissau, Angola y Cabo Verde, junto a delegadxs de toda América Latina, África, Asia, Europa y Norteamérica. No se reunieron como representantes de culturas nacionales aisladas, sino como participantes de un proyecto antiimperialista común. El congreso reflejó la comprensión expansiva que la Revolución Cubana tenía de la cultura: no solo como producción artística, sino como el campo entero a través del cual las sociedades producen conocimiento, valores, instituciones, capacidades técnicas y conciencia política.

Izquierda: Kael Abello (Venezuela, Utopix/Tricontinental); Derecha: Olfer (Perú, Utopix).

El congreso planteó tres argumentos interrelacionados.

El primero concernía al rol del trabajo intelectual. La lucha revolucionaria requería mucho más que una representación artística solidaria. Mujeres y hombres escritores, científicos, médicos, docentes, economistas, cineastas, editores y trabajadores culturales poseían formas especializadas de conocimiento que podían reproducir la dominación imperial u organizarse al servicio de la liberación. Su tarea no era observar la Revolución desde afuera, sino situar su trabajo dentro del proyecto colectivo de liberación nacional y construcción socialista.

El segundo era organizativo. En su “Mensaje a la Tricontinental”, publicado en abril de 1967 mientras combatía en Bolivia, el Che Guevara llamó a crear “dos, tres, muchos Vietnam” para enfrentar al imperialismo a lo largo de múltiples frentes. Cuando el congreso se reunió en enero de 1968, el Che había sido asesinado en Bolivia tres meses antes. Al clausurar el congreso, Fidel extendió esa estrategia a otro terreno, con el llamado a crear “un Vietnam en el campo de la cultura”. La lucha contra el imperialismo no podía confinarse al campo de batalla o a la fábrica. Requería también instituciones capaces de disputar la producción de conocimiento, la circulación de imágenes, la autoridad científica y técnica occidental, la edición, la educación y los medios de comunicación internacionales.

El tercer argumento desafió la geografía de la historia misma. El poeta cubano y luego presidente de Casa de las Américas, Roberto Fernández Retamar, rechazó la conocida división entre países “desarrollados” y “subdesarrollados”. Insistió en cambio en que el mundo moderno estaba dividido entre países subdesarrollados y países subdesarrollantes, es decir, aquellos cuyo desarrollo se construyó produciendo el subdesarrollo de otros. La implicación iba más allá de la economía. Si el colonialismo había relegado a Asia, África y América Latina a la “periferia” de la historia, entonces las luchas de liberación que se desplegaban en el Tercer Mundo habían comenzado a subvertir esa geografía. El motor principal de la transformación histórica ya no residía en las metrópolis imperiales, sino en los pueblos que combatían el colonialismo, el imperialismo y la dominación capitalista.

Como Fernández Retamar materializaría más tarde en su ensayo Calibán, era el Tercer Mundo el que se situaba en el centro de la coyuntura revolucionaria y de la historia.

Este legado es el tema del dossier más reciente de Tricontinental, Un Vietnam en el campo de la cultura: el Congreso Cultural de La Habana, 1968 (agosto de 2026). Léelo aquí.

FIDEL x 100

Casi una década después de la muerte de Fidel Castro, la Revolución Cubana enfrenta uno de sus momentos más difíciles desde el Período Especial. Estados Unidos ha vuelto a endurecer el bloqueo económico más largo de la historia moderna. La permanente inclusión de Cuba en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo del Departamento de Estado de EE. UU. ha restringido aún más el acceso de la isla a las finanzas y el comercio internacionales, mientras Washington ha avanzado para imponer un bloqueo total a los envíos de petróleo a la isla, con la excepción de un buque petrolero ruso que logró pasar en marzo de 2026. Los efectos de las sanciones son las consecuencias deliberadas de una guerra económica diseñada para dificultar cada vez más la vida cotidiana y socavar los fundamentos sociales de la Revolución.

La guerra económica siempre ha estado acompañada de la guerra ideológica. El bloqueo busca no solo constreñir materialmente a Cuba, sino también aislar su experiencia revolucionaria de las nuevas generaciones y de los pueblos del mundo. Frente a esta estrategia, la defensa de la Revolución no puede reducirse a la resiliencia económica. Requiere también la organización continua de la cultura, la formación política, la memoria histórica y la solidaridad internacional. En esta coyuntura, propagar las ideas de Fidel no es un ejercicio de remembranza, sino parte de la defensa del propio proceso revolucionario.

Izquierda: Tings Chak (China, Tricontinental); Derecha: Vanshika Babbar (India, Tricontinental/Young Socialist Artists).

Es aquí donde FIDEL x 100 encuentra su lugar.

La exposición es una expresión contemporánea del frente cultural internacional que tomó forma en La Habana hace casi seis décadas. Reunió contribuciones de más de 100 trabajadorxs culturales, muchxs de ellxs militantes de organizaciones populares: desde los Young Socialist Artists en la India hasta el Movimiento de Trabajadores Rurales Sin Tierra (MST) en Brasil y el Partido por el Socialismo y la Liberación en Estados Unidos.

Los afiches abordan a Fidel desde diferentes ángulos. Algunos regresan al joven revolucionario de La historia me absolverá, su alegato de autodefensa tras el asalto al Moncada en 1953. Otros revisitan la batalla de ideas, la alfabetización, la reforma agraria, el internacionalismo médico y el internacionalismo antiimperialista. Su diversidad refleja los múltiples frentes en los que el legado de Fidel sigue hablándole a las luchas del presente.

La exposición ya ha viajado a la Escuela Mariátegui en Argentina, a campamentos del MST en Brasil, a movilizaciones en México que conmemoraban el Movimiento 26 de Julio, a encuentros de EE. UU. fuera de Asia en Sri Lanka y a cursos de formación política en Pakistán.

Descarga el archivo. Imprime los afiches. Cuélgalos en escuelas de formación política, oficinas sindicales, centros comunitarios, sedes partidarias, bibliotecas, universidades, espacios de los movimientos y asambleas de barrio. Úsalos para enseñar, para debatir, para conmemorar y, sobre todo, para organizar. Multipliquemos las imágenes y las ideas de la Revolución Cubana, llevemos adelante el legado de Fidel y continuemos la tarea de crear “un Vietnam en el campo de la cultura”. A un siglo del nacimiento de Fidel, la tarea sigue frente a nosotrxs.

 

En solidaridad,

Kael Abello, integrante del colectivo de arte Utopix y del Departamento de Arte y Cultura del Instituto Tricontinental de Investigación Social.

Tings Chak, coordinadora adjunta del Departamento de Arte y Cultura.