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El futuro – Lo construimos ahora

El séptimo boletín de Panáfrica (2026)

Ghana tiene oro, pero las comunidades mineras son pobres, tiene petróleo, pero el combustible es una carga para los trabajadores: el veterano socialista Kwesi Pratt Jnr argumenta que el futuro de África pertenece a quienes se organizan para romper esta contradicción.

La ley marxista del movimiento no deja lugar a dudas de que el futuro ya está en construcción. La única pregunta es: ¿quién lo está construyendo y en beneficio de quién?

Para hacer frente a esta pregunta, debemos hablar con honestidad. El futuro no es un misterio esperando a ser revelado. No es una profecía. No es un sueño que flota por encima de la sociedad. El futuro se produce mediante la lucha. Es moldeado por el poder. Es construido por fuerzas sociales que actúan en el presente. Cada política adoptada hoy, cada recurso extraído hoy, cada salario denegado hoy, cada escuela desatendida hoy, cada río envenenado hoy, cada activo público privatizado hoy, cada trabajador silenciado hoy, ya está preparando un futuro determinado.

Si dejamos el futuro en manos del capital monopolista, el imperialismo, la guerra, la destrucción ecológica y la desigualdad, entonces el futuro será de una miseria más profunda para la mayoría. Pero si la clase trabajadora se organiza, si la juventud se organiza, si las mujeres se organizan, si los agricultores se organizan, si los estudiantes se organizan, si los sindicatos se organizan, si las comunidades se organizan, entonces el futuro puede convertirse en uno de dignidad, justicia, soberanía, igualdad y socialismo.

Es por eso que nuestro tema, “El futuro: lo construimos ahora”, no es un mero eslogan. Es un llamado profundo no solo a la acción, sino a la responsabilidad.

El futuro se produce mediante la lucha

El marxismo nos enseña que la sociedad siempre está en movimiento. Ningún sistema social es permanente. Ninguna clase dominante gobierna para siempre. Ninguna forma de explotación es eterna. La sociedad humana se desarrolla a través de contradicciones, conflictos y luchas. La ley marxista del movimiento nos ayuda a comprender que el futuro surge de las contradicciones del presente.

Bajo el capitalismo, los trabajadores producen la riqueza, pero el capital se la apropia. Los agricultores cultivan alimentos, pero permanecen atrapados por mercados que no controlan, sufriendo hambre o desnutrición con demasiada frecuencia. Los mineros extraen oro, pero viven en la pobreza. Los maestros educan a los niños, pero luchan por asegurar futuros dignos para los suyos. Las enfermeras protegen la vida, pero trabajan bajo una presión incesante. A los jóvenes graduados se les dice que sean innovadores, pero no encuentran un trabajo digno. Las mujeres realizan trabajo no remunerado en el hogar y trabajo mal remunerado en el mercado, la fábrica, la oficina y la granja; ambos invisibles para los contadores del capital. La sociedad produce más que suficiente para satisfacer las necesidades humanas, pero millones siguen pasando hambre, sin techo, desempleados e inseguros.

Esto no se debe a que la humanidad carezca de recursos. No es porque al mundo le falte conocimiento. Es porque la producción está organizada para el beneficio privado y no para la necesidad humana.

Un trabajador hambriento no experimenta la libertad como una bandera. Un graduado sin empleo no experimenta la soberanía como un himno nacional. Un agricultor estafado por el mercado no experimenta la independencia como un desfile. Para la gente trabajadora, la libertad debe significar pan, tierra, techo, dignidad, poder y control sobre las condiciones de vida.

El futuro, por lo tanto, no está determinado por la ilusión o el deseo. Está determinado por la lucha: la lucha entre el trabajo y el capital, entre el imperialismo y la liberación nacional, entre el beneficio privado y la necesidad pública, entre la destrucción ecológica y la supervivencia social, entre la dominación de unos pocos y el poder de la mayoría.

Ablade Glover (Ghana), Mercado [Market], 2020.

Un mundo en crisis

Miren al mundo de hoy.

Estamos viviendo una profunda crisis del sistema capitalista. Es una crisis de subsistencia, porque los trabajadores de todas partes enfrentan salarios bajos, empleo inseguro, precios al alza y ataques a la protección social. Es una crisis de soberanía, porque muchos países de África, Asia, América Latina y el Caribe están atrapados por la deuda, el comercio desigual, la dominación extranjera y los dictados de las finanzas internacionales. Es una crisis de supervivencia, porque la guerra, la militarización, el racismo, las crisis migratorias, la destrucción ambiental y el cambio climático amenazan las condiciones mismas de la vida humana.

El mundo tiene suficiente comida, pero el hambre persiste. El mundo tiene suficiente conocimiento, pero la ignorancia se reproduce. El mundo tiene suficiente ciencia médica, pero la gente muere porque la atención médica es tratada como una mercancía. El mundo tiene suficiente tecnología para reducir el sufrimiento humano, pero la tecnología se utiliza cada vez más para intensificar la explotación, la vigilancia, el control monopolista y la guerra. El mundo tiene suficiente riqueza para garantizar una vida digna para todos, pero esa riqueza está concentrada en manos de una minúscula minoría.

Esta es la locura del capitalismo.

África: Riqueza sin soberanía

África conoce muy bien esta locura. Nuestro continente es rico en oro, petróleo, gas, litio, bauxita, manganeso, cobalto, cacao, madera, agua, tierra, sol, viento, cultura y talento humano. Sin embargo, África sigue siendo pobre en la división internacional del trabajo. Exportamos materias primas e importamos bienes manufacturados. Producimos riqueza e importamos pobreza. Se nos elogia por nuestros recursos, pero se nos castiga cuando exigimos control sobre ellos. Se nos dice que abramos nuestros mercados mientras otros protegen los suyos. Se nos dice que privaticemos mientras los estados poderosos protegen sus industrias estratégicas. Se nos dice que recortemos el gasto público mientras el mismo sistema global gasta sin fin en armas, guerras y en el rescate de bancos.

En Ghana, esta contradicción es visible en todas partes. Tenemos oro, pero las comunidades mineras son pobres. Tenemos ríos, pero muchos están envenenados. Tenemos tierras fértiles, pero la inseguridad alimentaria crece. Tenemos petróleo, pero los precios del combustible son una carga para los trabajadores. Tenemos jóvenes educados, pero el desempleo y el subempleo destruyen la esperanza. Tenemos instituciones públicas, pero los servicios públicos se ven debilitados. Tenemos elecciones, pero la economía permanece bajo la presión de la deuda, los acreedores, las condicionalidades y los intereses del capital local y extranjero.

Es por eso que la lucha de clases debe permanecer en el centro de nuestra política.

La lucha de clases no es una frase abstracta. Es la realidad diaria del trabajador negociando salarios. Es la lucha del agricultor contra la explotación. Es la lucha del joven desempleado contra la exclusión. Es la lucha del maestro por condiciones dignas. Es la lucha de la enfermera por equipos adecuados y respeto. Es la lucha del trabajador informal por protección. Es la lucha del pensionado por su seguridad. Es la lucha de las comunidades contra las inundaciones, las malas vías, el mal drenaje, la contaminación y el abandono.

La lucha por los salarios no es una lucha reducida. Cuando los trabajadores exigen salarios dignos, están exigiendo el derecho a vivir con dignidad. Cuando los trabajadores defienden los derechos sindicales, están defendiendo la democracia donde se produce la riqueza. Cuando los trabajadores exigen condiciones de trabajo seguras, están exigiendo el derecho a regresar a casa vivos. El lugar de trabajo no está fuera de la política. Es uno de los espacios más importantes de la política porque es allí donde se organiza la explotación y donde se crea la riqueza.

Pero la lucha no puede terminar con los salarios. Debemos luchar por los servicios sociales como derechos. La educación, la atención médica, la vivienda, el transporte, el agua, el saneamiento, la electricidad y la protección social no son regalos de gobiernos benevolentes. No son caridad. Son derechos conquistados a través de la lucha y sostenidos por la inversión pública.

A ningún niño se le debería negar una educación de calidad porque sus padres sean pobres. Ningún paciente debería morir porque la atención médica sea inasequible. Un trabajador no debería gastar una gran parte de su ingreso diario simplemente viajando del hogar al trabajo. Una familia no debería vivir con temor cada vez que las nubes se forman porque los drenajes están obstruidos, los asentamientos no están planificados y la inversión pública ha fallado. Una sociedad que abandona los servicios públicos abandona a su gente.

Serge Attukwei Clottey (Ghana), Aprecia y valora [Appreciate and Value], 2019.

Contra toda forma de opresión

También debemos tomar en serio las luchas contra el racismo, la opresión de género, la exclusión juvenil, la manipulación étnica, los ataques a los derechos sindicales y todas las formas de discriminación. Estas no son luchas secundarias. El racismo fue fundamental para la esclavitud, el colonialismo y la dominación imperial. Las mujeres sufren la explotación tanto en la producción como en el trabajo no remunerado que sostiene a las familias y a la sociedad. A los jóvenes se les elogia como el futuro mientras se les niega trabajo, tierra, educación, crédito y participación significativa. Los sindicatos son atacados porque el capital teme al trabajo organizado.

Pero estas luchas no deben separarse de la lucha de clases ni convertirse en armas para dividir al pueblo. Un abordaje socialista reconoce formas específicas de opresión al tiempo que une a todos los oprimidos en torno a sus intereses materiales comunes. Rechazamos cualquier política que confronte a trabajadores contra trabajadores, a hombres contra mujeres, a ciudadanos contra migrantes, a grupos étnicos entre sí, a trabajadores formales contra trabajadores informales, o a jóvenes contra mayores. El enemigo no es la persona pobre que está a nuestro lado. El enemigo es el sistema que nos explota a todos de diferentes maneras.

La lucha ambiental también debe ser central en el futuro que construyamos. No podemos construir un futuro justo sobre ríos envenenados, bosques destruidos, aire contaminado, tierras degradadas y comunidades inundadas. En Ghana, la galamsey [minería ilegal] nos ha demostrado lo que sucede cuando la tierra y el agua se sacrifican por la codicia privada, la corrupción y el débil control público. Las inundaciones en nuestras ciudades nos muestran lo que sucede cuando la planificación se subordina al beneficio económico y a la negligencia. La destrucción ambiental no es simplemente un problema técnico. Es una cuestión de clase. Es una cuestión de propiedad, control, rendición de cuentas y sobre el propósito de la producción.

La justicia ecológica requiere un control público democrático sobre los recursos naturales. Requiere planificación. Requiere ciencia. Requiere participación comunitaria. Requiere que la producción se organice para proteger la vida, no para destruirla por lucro.

Unidad sin confusión

Esto nos lleva a la cuestión de la unidad.

Ninguna lucha individual puede ganar el futuro por sí sola. Los trabajadores no pueden luchar solos. Los agricultores no pueden luchar solos. Los estudiantes no pueden luchar solos. Las mujeres no pueden luchar solas. Los sindicatos no pueden luchar solos. Los movimientos ambientalistas no pueden luchar solos. Las organizaciones panafricanistas no pueden luchar solas. Las fuerzas socialistas no pueden hablar solo entre sí y esperar que la sociedad cambie.

La clase dominante sobrevive en parte porque divide al pueblo. Le dice al joven desempleado que los trabajadores son privilegiados. Les dice a los trabajadores formales que los trabajadores informales son desordenados. Les dice a los ciudadanos que los migrantes son el problema. Les dice a los hombres que la liberación de las mujeres es una amenaza. Les dice a los grupos étnicos que sus vecinos son enemigos. Les dice a los africanos que nuestros problemas son solo nacionales, cuando en realidad son también continentales y globales.

Frente a esto, debemos construir frentes amplios: frentes amplios de trabajadores, agricultores, jóvenes, mujeres, estudiantes, intelectuales, sindicatos, cooperativas, organizaciones comunitarias, movimientos ambientalistas, movimientos antirracistas, organizaciones panafricanistas y fuerzas socialistas.

Pero seamos claros. Unidad no significa confusión. Un frente amplio debe tener dirección política. Debe estar arraigado en el liderazgo de la clase trabajadora, la claridad ideológica, la disciplina y la organización. Debe conectar las luchas inmediatas de la gente con la lucha más amplia por el socialismo. La lucha por los salarios debe conectarse con la lucha por la propiedad pública. La lucha por las escuelas debe conectarse con la lucha por la planificación nacional. La lucha contra la galamsey debe conectarse con la lucha por el control sobre los recursos. La lucha contra la deuda debe conectarse con la lucha contra el imperialismo. La lucha por la unidad africana debe conectarse con la lucha por el control de la riqueza de África.

La cuestión que tenemos ante nosotros no es solo si Ghana necesita carreteras, escuelas, hospitales, fábricas y empleos. Por supuesto que los necesitamos. La pregunta más profunda es: ¿quién los posee, quién los controla, quién se beneficia de ellos y a qué intereses de clase sirven?

Es por eso que necesitamos un programa para la reconstrucción de la sociedad.

Carlos Idun-Tawiah (Ghana), Pastos más verdes [Greener Pastures], 2023.

Hacia un programa socialista

El capitalismo no puede resolver los problemas que ha creado. No puede abolir la explotación porque la explotación es la fuente del beneficio. No puede acabar con la desigualdad porque la desigualdad está integrada en la propiedad privada de los medios de producción. No puede proteger el medio ambiente porque la naturaleza está subordinada a la acumulación. No puede garantizar la paz porque la competencia imperialista produce guerra. No puede darle a África una soberanía completa porque la dependencia africana es rentable para el sistema capitalista global.

Por lo tanto, debemos luchar por una sociedad en la que la clase trabajadora controle en última instancia los medios de producción y distribución. Esto significa propiedad pública democrática de los sectores estratégicos. Significa desarrollo planificado. Significa industrialización basada en las necesidades nacionales y continentales. Significa soberanía alimentaria. Significa trabajo digno. Significa educación universal, atención médica accesible, vivienda pública, transporte público confiable, agua limpia, saneamiento y electricidad. Significa derechos de los trabajadores, producción cooperativa, desarrollo científico, renovación cultural e integración económica panafricana.

El socialismo no es simplemente un eslogan. Es la reorganización práctica de la sociedad en torno a la necesidad humana en lugar del beneficio privado. Es la democracia extendida a la economía, al lugar de trabajo, a la granja, a la escuela, al hospital, a la comunidad y al estado. Es la insistencia en que quienes producen la riqueza deben tener poder sobre cómo se utiliza esa riqueza.

Ghana, Nkrumah y el panafricanismo

En Ghana, esta lucha tiene profundas raíces históricas. La lucha anticolonial no fue simplemente una exigencia de cargos políticos. Fue una exigencia de dignidad, desarrollo y emancipación africana. Osagyefo Dr. Kwame Nkrumah comprendió que la independencia de Ghana no tendría sentido a menos que estuviera vinculada a la liberación total de África. Esa advertencia sigue siendo urgente hoy.

Ghana no puede ser verdaderamente libre mientras África esté dividida, explotada, endeudada y militarizada. Ghana no puede ser próspera mientras los recursos de África estén controlados desde el exterior. Ghana no puede construir un futuro socialista aislada de las luchas de África y del Sur Global.

Para construir el futuro ahora, debemos revivir el panafricanismo como un programa de acción. Debemos luchar por el control africano sobre los recursos africanos. Debemos construir industrias continentales, redes de transporte, instituciones científicas, plataformas de medios, sistemas educativos y mecanismos para defender la soberanía. Debemos estar junto a los pueblos que resisten al imperialismo, la ocupación, el racismo, las sanciones y la explotación. La solidaridad no es caridad. La solidaridad es un arma de liberación.

Olasunkanmi Oyelusi (Nigeria), Kwame Nkrumah, 2024.

El futuro le pertenece a quienes se organizan

Compañeros, el capital está construyendo su futuro. El imperialismo está construyendo su futuro. La industria armamentística está construyendo su futuro. Los bancos están construyendo su futuro. Las corporaciones mineras están construyendo su futuro. Los monopolios tecnológicos están construyendo su futuro. Las élites políticas están construyendo su futuro.

La pregunta es: ¿la gente trabajadora está construyendo el nuestro?

No podemos esperar a que la historia nos salve. La historia no se mueve por deseos. Se mueve a través de fuerzas organizadas. Se mueve cuando la gente estudia, se organiza, se moviliza, se sacrifica y lucha. Se mueve cuando los trabajadores descubren su poder. Se mueve cuando la juventud rechaza la desesperanza y abraza la disciplina. Se mueve cuando las luchas de las mujeres se vuelven centrales para la transformación. Se mueve cuando los intelectuales ponen el conocimiento al servicio del pueblo. Se mueve cuando los sindicatos van más allá del economicismo estrecho y se convierten en escuelas de conciencia de clase. Se mueve cuando las comunidades dejan de ser víctimas y se convierten en centros organizados de resistencia. Se mueve cuando actuamos en solidaridad con los pueblos de Cuba, Irán, Venezuela y la República Árabe Saharaui Democrática en su confrontación con el imperialismo en todas sus formas.

No nos entregarán el futuro. No será donado por los poderosos. No será entregado por el imperialismo, por el capital o por la caridad de la clase dominante. El futuro pertenece a quienes se organizan para construirlo. Y para la gente trabajadora de Ghana, África y el mundo, ese trabajo debe comenzar ahora.

Afectuosamente,

Kwesi

 

Este texto ha sido adaptado del discurso principal pronunciado por Kwesi Pratt Jnr en el seminario web de Tricontinental, “El futuro: lo construimos ahora”, celebrado el 4 de julio de 2026. El seminario web marcó los sesenta años de la Conferencia Tricontinental y diez años de Tricontinental: Instituto de Investigación Social.