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Boletín de Noticias

Nada es más precioso que la independencia y la libertad

El noveno Boletín de Asia (2026)

Mujeres intelectuales y activistas asiáticas expusieron una verdad: las bases militares estadounidenses en el continente no protegen a sus anfitriones; importan la guerra, envenenan la tierra y se cobran un precio en cuerpos rotos.

Dinh Q. Lê (Vietnam), Sin título, 2004.

Estimadxs amigxs,

Saludos desde el escritorio de Tricontinental Asia.

En el aniversario de la liberación de Vietnam, la Asamblea Internacional de los Pueblos y Tricontinental Asia lanzaron la campaña ‘¡Bases Fuera de Asia!’, exigiendo la retirada de las bases de EE. UU. y la OTAN de Asia, el fin de los pactos militares agresivos y el respeto a la soberanía asiática. Con este motivo, organizamos un seminario web con intelectuales y organizadoras asiáticas —procedentes de Hanói, Isfahán, Naha, Taipéi, Manila y Seúl— que trajeron consigo diferentes capítulos de un mismo libro imperial.

Vietnam: Los ‘Cuatro No’

La traductora marxista-leninista Luna Nguyễn insistió en que la liberación de Saigón en 1975 no puso fin al imperialismo estadounidense. Hoy, Vietnam está menos asediado por ejércitos que por el poder blando de las sanciones, las redes de ONG y lo que ella llamó ‘actividad contrarrevolucionaria clandestina’ por parte de agencias de financiamiento occidentales y otras instituciones financieras globales. Para normalizar las relaciones con Washington en la década de 1990, Hanói se vio obligada a asumir una deuda de 145 millones de dólares acumulada por el régimen derrotado de Saigón. Vietnam pagó a Estados Unidos, en efecto, por las bombas que habían masacrado a sus propios civiles. Ese pago odioso se liquidó hace apenas siete años.

De esta experiencia surgieron los ‘Cuatro No’ de la política de defensa de Vietnam: no a las alianzas militares; no a alinearse con un país contra otro; no a las bases militares extranjeras en suelo vietnamita; no al uso o la amenaza de la fuerza en las relaciones internacionales. Aunque Washington ha presionado durante décadas para obtener derechos de base naval a lo largo de la costa vietnamita, la respuesta siempre ha sido no.

Kidlat Tahimik (Filipinas), Magallanes, Marilyn, Mickey y el Padre Dámaso. 500 años de conquistadores estrellas de rock. [Magellan, Marilyn, Mickey & Fr. Dámaso. 500 Years of Conquistador RockStars], sin fecha.

Irán: La protección se convirtió en exposición

Hablando desde Isfahán, Irán, semanas después de un alto el fuego en la agresión estadounidense-israelí contra su país, la Dra. Setareh Sadeqi de la Universidad de Teherán se refirió a una región donde muchos habían dicho que sí. Las monarquías del Golfo Pérsico han alquilado su tierra y espacio aéreo al militarismo estadounidense. Desde la Base Aérea de Al Udeid en Qatar hasta la Actividad de Apoyo Naval en Baréin y la Base Aérea Príncipe Sultán en Arabia Saudita, estas monarquías se han unido a una densa red de nodos logísticos de EE. UU.

Estas bases se vendieron como un escudo; la guerra reciente reveló que son un objetivo. Desde octubre de 2023, las instalaciones de ocupación de EE. UU. en la región han sufrido más de 170 ataques documentados, y las pérdidas regionales superan ya los 50 mil millones de dólares. Como dijo Sadeqi: ‘El país anfitrión no solo alberga el escudo, alberga el conjunto de objetivos’.

El mito, explicó, se mantiene mediante la ideología. En su artículo Guerreros hiperreales y los enemigos orientalistas, escrito junto a Christopher Weaver, Sadeqi rastrea cómo el discurso occidental fabrica a Irán como algo atemporalmente irracional e invenciblemente amenazador. En esta narrativa, la única respuesta es la dependencia permanente de Washington. Su conclusión aporta la claridad necesaria: ‘La seguridad requiere distancia del poder imperialista, no dependencia de él’.

Okinawa, Japón: La tormenta de hierro no ha terminado

Keiko Yonaha, de No More Battle of Okinawa [No Más Batalla de Okinawa], trazó una cadena de traiciones experimentadas por su pueblo. En la Batalla de Okinawa (1945), uno de cada tres o cuatro okinawenses murieron. Dos pactos secretos añadidos al Tratado de Paz de San Francisco entre EE. UU. y Japón (1951) otorgaron a Washington el derecho a mantener bases en cualquier lugar de Japón y a asumir el mando operativo de las fuerzas japonesas en cualquier crisis. Las incautaciones forzosas de tierras por parte del ejército estadounidense mediante bayonetas y excavadoras empujaron a los agricultores de Okinawa al exilio, algunos tan lejos como Bolivia. Hoy, Okinawa, con el 0,6% del territorio de Japón, alberga aproximadamente el 70% de las instalaciones militares de EE. UU. en el país.

El costo de la militarización se paga física, psicológica y ecológicamente. Okinawa Women Act Against Military Violence [Mujeres Okinawenses Actúan contra la Violencia Militar] ha documentado crímenes sexuales cometidos por tropas estadounidenses desde 1945. Una niña de cinco años fue violada y asesinada en 1945. Un bebé de nueve meses en 1949. Una estudiante de quinto grado fue violada por tres soldados estadounidenses en 1995. Una mujer de veinte años fue asesinada en 2016. Una niña menor de 16 años fue violada en 2023, y su caso fue ocultado durante seis meses por Tokio. La contaminación del agua potable por ‘químicos permanentes’ como las sustancias perfluoroalquiladas no puede investigarse porque el Acuerdo sobre el Estatuto de las Fuerzas entre EE. UU. y Japón prohíbe a los okinawenses acceder a su propio suelo.

En diciembre de 2021, ambos gobiernos confirmaron que Okinawa sería la línea de frente de cualquier supuesta ‘contingencia en Taiwán’; es decir, una plataforma de lanzamiento para la intervención de EE. UU. en caso de crisis en el estrecho de Taiwán. Keiko nos recordó que las protestas masivas de 1969 derrotaron una vez la ‘teoría del loco’ del presidente Richard Nixon para expandir la guerra de Vietnam con armas nucleares. Su punto fue que los movimientos aún pueden derrotar a los imperios.

Nakamura Hiroshi (Japón), dibujos de la base militar estadounidense en Tachikawa,1955.

Taiwán, China: Colonización ideológica

La profesora Chen Meei-shia, emérita de la Universidad Nacional Cheng Kung y presidenta fundadora de la Asociación de Educación Diaoyutai, enmarcó a Taiwán, China, como la tercera en una línea de interrupciones imperiales: la holandesa (1624–1662), la japonesa (1895–1945) y el ‘control militar e ideológico de EE. UU., casi interminable’, desde 1950 hasta hoy. Cuarenta años de ley marcial (1947–1987) y el Terror Blanco respaldado por Washington produjeron las fosas comunes de quienes lucharon por la democracia o la reunificación con la China continental.

Cuando Washington normalizó las relaciones con la República Popular China en 1979, retiró sus tropas de Taiwán, pero mantuvo la correa. A través de la Ley de Relaciones con Taiwán, cada presidente de EE. UU. ha autorizado ventas de armas. La más reciente es un paquete de 400 mil millones de dólares que incluye entrenamiento de tropas estadounidenses al ejército de Taiwán.

El aparato más profundo es ideológico: un sistema educativo, canales de becas como el East-West Center [Centro Este-Oeste] y una industria mediática complaciente han diseñado una conciencia mayoritaria que Chen describe como ‘pro-estadounidense, anticomunista y anti-China’. El retiro de las tropas advirtió Chen, ‘no significa un mal menor que el control ideológico’.

Afiche de una protesta contra la guerra contra Vietnam y el presidente estadounidense, Richard Nixon, 1970.

Filipinas: De cable trampa a ‘Pax Silica’

Corazón Valdez Fabros, copresidenta de la Oficina Internacional por la Paz, habló contra la maquinaria activa de Balikatan 2026, los juegos de guerra más grandes en la historia de su país. Diecisiete mil soldados de siete naciones están en suelo filipino; se han posicionado misiles japoneses Tipo-88 en tierra soberana; se han excavado depósitos de combustible y centros de municiones en el municipio de Súbic, al noroeste de Manila.

Según el SIPRI, el gasto militar mundial en 2025 alcanzó la cifra sin precedentes de 2,9 billones de dólares, siendo Estados Unidos el responsable de 954 mil millones, un tercio del presupuesto bélico del planeta. ‘Cada peso y dólar despilfarrado en la guerra’, dijo Fabros, ‘es un robo directo al derecho fundamental del pueblo a la supervivencia’.

La economía de guerra llega hasta el comedor. La inflación en Filipinas es del 4,1%. El estrecho de Ormuz, cerrado por la guerra de EE. UU. e Israel contra Irán, mantiene como rehenes a dos millones de trabajadores filipinos en el extranjero. Mientras tanto, bajo la marca Pax Silica, se ha delimitado una zona de fabricación de alta tecnología de EE. UU. de 1.600 hectáreas en New Clark City. Es, en palabras de Fabros, ‘un enclave colonial al que se le concede inmunidad diplomática y que se rige por el derecho consuetudinario de EE. UU. hasta por 99 años’.

Lockheed Martin, Intel, Micron y Applied Materials no son empresas tecnológicas. Son los arquitectos de los sistemas de misiles que se prueban en mares filipinos. ‘Esto no es innovación. Es ocupación disfrazada de progreso’. Sus demandas, extraídas de la Stop the War Coalition Philippines [Coalición de Filipinas de Detén la Guerra], son directas: recortar los presupuestos militares, rechazar la Pax Silica, derogar los acuerdos desiguales y defender el Mar de Filipinas Occidental como un bien común global.

Corea: Un ‘portaaviones fijo’

Desde Seúl, Hwang Jeongeun, del Centro de Estrategia Internacional, leyó en voz alta las palabras que el imperio pronuncia ahora sin disimulo. En agosto de 2025, Donald Trump dijo en una cumbre que deseaba ‘obtener la propiedad de la tierra donde tenemos una base militar masiva’ en Corea. En mayo de 2025, el comandante de las Fuerzas de EE. UU. en Corea, el general Xavier Brunson, llamó a la República de Corea ‘un portaaviones fijo que flota en el agua entre Japón y la China continental’, la presencia aliada más cercana a Beijing. Brunson también anunció una ‘red letal’ que fusiona a los ejércitos de Corea del Sur, Japón y posiblemente Filipinas en un único sistema en red dirigido contra la República Popular Democrática de Corea, China y Rusia.

Los 28.500 soldados estadounidenses, las 62 bases y los 95 millones de metros cuadrados en Corea del Sur están siendo readaptados. Presentados como defensa de Corea, se están convirtiendo en un instrumento contra China, mientras se presiona a Seúl para que eleve el gasto militar al 3,5% del PIB. Esta arquitectura, advirtió Hwang, amenaza con enterrar el sueño coreano de reconciliación dentro de la península.

¡Bases Fuera de Asia! Seminario web

La larga negativa

El mapa del mundo está salpicado de unas 902 bases militares estadounidenses conocidas, muchas de ellas en Asia. El mito común a todas ellas es que protegen a sus anfitriones. La lección, desde Okinawa hasta Manila, de Baréin a Seúl, es que importan la guerra y se cobran un precio en cuerpos rotos, agua envenenada, tierras robadas y hambre en los hogares. La ocupación siempre se vende como protección.

Pero Asia no ha olvidado cómo luchó contra el imperio. La Batalla de Okinawa no silenció a los testigos de Okinawa. El Terror Blanco no extinguió el movimiento obrero de Taiwán. El pueblo iraní, tras cuatro décadas de brutales sanciones, rechaza la humillación. Como insistió Hồ Chí Minh: ‘Nada es más precioso que la independencia y la libertad’. Esa es la herencia de la liberación, y es la exigencia del presente

¡Fuera de Vietnam! ¡Fuera de Irán! ¡Fuera de Okinawa! ¡Fuera de Taiwán! ¡Fuera de Filipinas! ¡Fuera de Corea! ¡Bases fuera de Asia!

Afectuosamente,

Tricontinental Asia