La turbulencia de la economía india
Desde el giro neoliberal de la India en la década de 1990 su desindustrialización se aceleró. Mientras el orden mundial cambia, la izquierda del país debe aprovechar las aperturas para impulsar un desarrollo nacional autónomo.
Este dossier presenta obras de arte del artista indio Gigi Scaria. Mediante una amplia gama de medios: pintura, fotografía, instalaciones artísticas, escultura y video, el trabajo de Scaria refleja las transformaciones urbanas y rurales en curso en la India y su impacto en las diferentes clases sociales y otros estratos de la sociedad. Las esculturas e instalaciones presentadas son un homenaje a la experiencia vivida por el pueblo indio en medio de las contradicciones, la creciente desigualdad y las aspiraciones no realizadas generadas por el subdesarrollo del país.
Gigi Scaria, Wheel [Rueda], 2009.
Introducción
El orden económico mundial está en constante cambio y la globalización se encuentra en una crisis prolongada. En la década de 1990, el capital occidental bajo la hegemonía de Estados Unidos promovió la liberalización del comercio y la expansión de las cadenas globales de suministro que explotaban las diferencias en los costos laborales entre el Sur Global y el Norte. Ahora, estos mismos procesos están siendo socavados por la misma potencia hegemónica, bajo el liderazgo del presidente estadounidense Donald Trump, para revertir una consecuencia no deseada de la globalización: la erosión de su dominio económico y tecnológico por parte de una potencia emergente del Sur Global.
Aunque el orden económico global está siendo reconfigurado, la economía india continúa agobiada por la inercia de 35 años de liberalización. Sus problemas estructurales, arraigados en desigualdades profundamente instaladas y agravados por las políticas neoliberales, han sofocado el desarrollo de una base industrial doméstica amplia y tecnológicamente avanzada. Debido al estado lamentable de la industria india, la mayor parte de la fuerza laboral permanece excluida de ella, confinada a empleos precarios, mal remunerados y de baja productividad, que se sostienen solo por la desesperación de ganarse la vida. Como resultado, gran parte de la población permanece atrapada en varios grados de pobreza, incluso cuando anuncios oficiales de un pronunciado descenso de las privaciones son invocados mediante trucos metodológicos (Misra, 2025).
El subdesarrollo persistente de la industria, particularmente la manufacturera, es el núcleo del encuentro de la India con la globalización. Las promesas de la liberalización, de desbloquear el supuesto potencial de la India, han producido una tendencia generalizada hacia la desindustrialización, lo que ha reducido drásticamente el empleo formal, debilitado la capacidad productiva y profundizado las desigualdades sociales.
A pesar de la evaluación grandilocuente del gobierno actual sobre la importancia de la India en el escenario mundial como Vishwaguru, literalmente “maestro del mundo”, un término popular en la retórica hindutva del primer ministro Narendra Modi y de las afirmaciones sobre las altas tasas de crecimiento, a menudo envueltas en controversias estadísticas, Modi se ha visto obligado a confrontar estos fracasos, lo que hace mediante evasivas y acusaciones. Desde que llegó al poder como primer ministro de la India en 2014, su estrategia política habitual ha sido culpar a la oposición y a los gobiernos anteriores de todos los hechos negativos, incluso ahora que su mandato ya se extiende más allá de una década. No hay duda de que las políticas neoliberales iniciadas por el Congreso Nacional Indio en la década de 1990, y posteriormente aplicadas por todos los gobiernos, incluido su adherente más ferviente, el partido derechista Bharatiya Janata Party [Partido Popular Indio], BJP (por su sigla en inglés), han llevado a la economía india a este estado lamentable. El largo mandato de Modi como ministro principal del estado occidental indio de Gujarat de 2001 a 2014 consolidó sus credenciales neoliberales ante los ojos del capital indio y extranjero.
Sin embargo, la respuesta de Modi ha sido redoblar la apuesta por las mismas políticas, peor aún, aplicarlas con esteroides, exacerbando así los problemas subyacentes, profundizando las desigualdades y acentuando aún más la crisis. Desde que asumió el cargo de primer ministro, ha anunciado un conjunto de iniciativas de políticas públicas como Make in India [Producir en India], Startup India, Skill India [Habilidades en India], Design in India [Diseño en India] y Design for the World [Diseño para el mundo]. El objetivo de estas iniciativas es atraer capital extranjero hacia el diseño y la producción indios para los mercados mundiales, fomentar que las empresas emergentes indias se adentren en nuevos sectores tecnológicos y mejorar el nivel de calificación de la mano de obra para alinearla con los estándares internacionales, todo ello con el fin aparente de revitalizar la producción india y satisfacer al mismo tiempo las necesidades de los mercados occidentales. En la práctica, estas iniciativas han fracasado en fortalecer la manufactura o revertir la tendencia de desindustrialización. La mayoría se limitó a ofrecer subsidios y rebajas fiscales a las empresas con la esperanza de que la expansión industrial se produjera automáticamente, pero, como se podía prever, los resultados fueron escasos.
Una iniciativa muy publicitada en esta línea fue el Programa de incentivos vinculados a la producción para 14 sectores industriales, entre los que destacaba la electrónica, con el que el gobierno concedió importantes subsidios a empresas, tanto extranjeras como nacionales, para la fabricación. Pero este programa ha supuesto en gran medida subsidiar el ensamblaje de componentes importados, con un impacto insignificante en los gastos totales de importación de la India o en su capacidad tecnológica. La mayor parte del valor agregado de los productos fabricados en la India, como los teléfonos inteligentes, aún se acumula en el extranjero, mientras que la carga de estos subsidios recae en última instancia en la población mediante recortes en la inversión pública y el gasto social del gobierno. Las limitaciones estructurales que obstaculizan el desarrollo de la economía y la industria de la India no pueden abordarse simplemente mediante subsidios a las empresas o flujos indiscriminados de inversión extranjera. En todo caso, tales políticas solo refuerzan el malestar estructural que la India heredó al independizarse, y que se agravó después de la liberalización.
Desigualdades arraigadas: los obstáculos a la industrialización tras la independencia
Cuando la India obtuvo su independencia en 1947, se consideraba que alcanzar la autosuficiencia tecnológica e industrial era esencial para mantener la independencia política, romper con el patrón colonial de relaciones económicas con Occidente e incorporar a la industria a la enorme mano de obra agrícola subempleada con el fin de elevar su nivel de vida. A través de un sistema de planes quinquenales –planes nacionales de desarrollo dirigidos por el Estado que establecían prioridades para la inversión y la producción– la India emprendió un programa acelerado de industrialización centrado en el desarrollo de la industria pesada bajo propiedad estatal. Mientras tanto, el capital privado, aprovechando esta base creada por el Estado, producía bienes de consumo. Como resultado de este impulso, la primera década y media después de la independencia (aproximadamente 1947-1962) fue testigo de una fase sin precedentes de industrialización liderada por el sector público, en la que la participación de la industria manufacturera en el PIB pasó de alrededor del 7% al 15,9%, un ritmo de crecimiento industrial inigualable desde entonces.1 Sin embargo, muy pronto la búsqueda de la industrialización encontró obstáculos debido a las profundas desigualdades agrarias y de clase en la sociedad india.
La propiedad de la tierra estaba concentrada en una reducida élite rural, mientras que las masas hambrientas de tierra luchaban por satisfacer incluso las necesidades básicas de subsistencia. En ausencia de reformas agrarias igualitarias, la pobreza generalizada redujo la demanda nacional, creando una limitación interna que impidió que la industria india alcanzara la escala necesaria para un crecimiento sostenido. Al mismo tiempo, los patrones de consumo de la élite, intensivos en importaciones y de estilo occidental, provocaron escasez recurrente de divisas, lo que impuso limitaciones externas al crecimiento.
No obstante, la estrategia india de industrialización por sustitución de importaciones, aunque no logró crear un sector industrial amplio y dinámico, fortaleció a una clase capitalista nacional dominada por un puñado de grandes empresas, que expandieron su presencia económica y consolidaron su influencia en la política estatal.
El Estado funcionó como mediador entre un bloque dominante de terratenientes y capitalistas, por un lado, y una masa empobrecida de campesinxs, trabajadorxs sin tierra y una pequeña clase trabajadora industrial, por el otro. El régimen evitó políticas que pudieran amenazar los intereses de la élite, como una verdadera reforma agraria o la imposición de impuestos sustanciales a las clases propietarias. En consecuencia, la industrialización impulsada por el Estado se basó en déficits fiscales y no en impuestos progresivos. Cada ronda de expansión fiscal transfirió mayores excedentes a la gran burguesía, profundizando las desigualdades. Su ansia de acumulación aumentó mientras el estrecho mercado interno imponía límites a su potencial de acumulación. Así, partes significativas del excedente invertible en manos de la burguesía india encontraron salidas distintas a la expansión industrial.
Como resultado de esta dinámica, la industrialización avanzó a trompicones, ya que cada intento del Estado de impulsar una expansión concertada pronto colisionaba con las mismas restricciones estructurales. Estas limitaciones no resueltas, que precipitaron una severa crisis de la balanza de pagos, junto con la pérdida de la Unión Soviética como un socio comercial y financiero clave (donde el comercio rublo-rupia había aislado a la India de las crisis monetarias globales), finalmente dejaron a la India expuesta al giro neoliberal de 1991, impulsado por las instituciones de Bretton Woods (el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial).
Después de la liberalización
La liberalización de la economía india, adoptada formalmente en 1991, no contribuyó en gran medida a eliminar las limitaciones que obstaculizaban el desarrollo industrial. Por el contrario, lo que sí hizo fue aliviar las restricciones a la acumulación de la burguesía india y levantar los controles a la importación que anteriormente habían restringido el consumo de la élite. Todo ello se logró sin el esfuerzo de desarrollar una base manufacturera nacional sólida.
A pesar de que las capacidades existentes se fueron reduciendo, la élite india pudo consumir bienes producidos en otros lugares y disfrutar de estilos de vida de clase mundial dentro de una economía por lo demás subdesarrollada. Este proceso permitió una acumulación de capital más rápida e ininterrumpida por parte del capital indio, ya fuera mediante la usurpación de activos del sector público y recursos naturales, a través de la expansión hacia una producción intensiva en importaciones para el mercado interno, o mediante el desplazamiento de pequeñxs productorxs, comerciantes e industriales a pequeña escala.
Gigi Scaria, Sin título, 2020.
Los cuatro principios del neoliberalismo indio
La trayectoria neoliberal de la India se basa en cuatro principios que han socavado directamente su industria manufacturera: la eliminación de las barreras comerciales; la privatización y el debilitamiento del sector público; el conservadurismo fiscal que restringió la inversión pública y la apertura de la economía al capital extranjero, tanto productivo (inversión extranjera directa o IED) como financiero (cartera). Juntos, estos principios han sostenido un patrón de crecimiento dependiente del crédito y los flujos financieros, pero desvinculado de una industrialización robusta y un desarrollo tecnológico autónomo.
Liberalización comercial
La India comenzó a derribar sus barreras arancelarias a principios de la década de 1990, lo que llevó a su adhesión a la Organización Mundial del Comercio (OMC) en 1995. En los primeros años, los agresivos recortes arancelarios en productos agrícolas desencadenaron una prolongada crisis agraria, provocando una severa reacción política.2 Como resultado, después de 1996 los recortes arancelarios en agricultura tuvieron que detenerse. Sin embargo, la liberalización continuó en la industria manufacturera.
A partir del año 2000, la liberalización comercial se aceleró aún más.3 Bajo la presión del mecanismo de Entendimiento sobre Solución de Diferencias (ESD) de la OMC, impulsado por Estados Unidos y la Unión Europea, la India eliminó la mayoría de las restricciones cuantitativas a la importación que aún mantenía y que habían protegido a algunos segmentos de la industria india (en particular, la pequeña industria).
La decisión de la India de subordinar el desarrollo industrial al “libre comercio” perjudicó a la industria manufacturera nacional, especialmente en los sectores de bienes de capital e intermedios. Incluso cuando los aranceles promedio se redujeron, los aranceles sobre bienes de capital e intermedios eran mucho más bajos que los de los aplicados a los bienes de consumo. Eso significó que, mientras lxs fabricantes de bienes de consumo indios disfrutaban de una protección moderada del régimen arancelario, lxs fabricantes de bienes intermedios y de capital no contaban con ese escudo.
El nuevo régimen arancelario benefició tanto a las empresas nacionales como extranjeras que operaban en el sector de bienes de consumo duraderos de la India. Las grandes empresas indias que históricamente se habían centrado en la producción de bienes de consumo para el mercado interno optaron entonces por importar maquinaria y bienes intermedios más baratos en lugar de desarrollar una cadena de suministro nacional. Las empresas multinacionales extranjeras fueron más allá, tratando a la India principalmente como una base para el ensamblaje. En consecuencia, la intensidad de importación de la industria manufacturera india aumentó considerablemente.4 En el sector farmacéutico, por ejemplo, la India era en gran medida autosuficiente en la producción de ingredientes farmacéuticos activos (API por su sigla en inglés). Pero después de la liberalización, la India pasó a depender de la importación de productos farmacéuticos intermedios (los ingredientes químicos utilizados para fabricar medicamentos acabados). Esta industria ahora importa el 70% de los API de China y algunos medicamentos, como la penicilina, dependen totalmente de las importaciones procedentes de ese país (Asian News International, 2020).
La fuerte dependencia de las importaciones erosionó la fabricación nacional de bienes de capital e intermedios.5 La contracción de la industria interna de bienes de capital, que actúa como incubadora de innovación tecnológica, a su vez atrofió las capacidades tecnológicas de la industria india. Este debilitamiento de las capacidades tecnológicas mermó aún más la capacidad de la manufactura india para resistir la competencia global.
La privatización del sector público
El debilitamiento sistemático del sector público después de 1991, a través de una privatización agresiva y un abandono crónico, jugó un papel importante en el desgaste de la manufactura. La industria india de bienes de capital, dominada por empresas públicas que producían maquinaria eléctrica, herramientas mecánicas, equipos de plantas de procesamiento, equipos de movimiento de tierras y electrónica industrial, se vio abocada al declive cuando se liberalizó el comercio y el Estado retiró su apoyo. Las pequeñas y medianas empresas auxiliares que suministraban componentes a estas industrias pesadas colapsaron bajo la competencia de las importaciones y la pérdida del apoyo institucional que se produjo a continuación.
En un momento en que la fabricación de productos electrónicos ocupa un lugar central en los debates mundiales sobre industria y tecnología, el destino del incipiente sector electrónico de la India en la década de 1990 se erige como un testimonio del daño infligido por la liquidación del sector público junto con la liberalización del comercio.
En la década de 1970, el Estado indio tomó medidas importantes para crear una industria nacional de hardware electrónico a través de empresas del sector público. Estas empresas, Electronics Corporation of India Limited y Bharat Electronics Limited, desarrollaron sistemas de control autóctonos para aplicaciones nucleares y de defensa. En la década de 1980, el Estado había creado Semiconductor Complex Limited (SCL) y Hindustan Computers Limited para desarrollar capacidades en semiconductores, circuitos integrados e informática. La India fundó SCL en 1984, tres años antes de la creación de Taiwan Semiconductor Manufacturing Company, la líder mundial en semiconductores.
El gobierno abandonó estos esfuerzos después de la liberalización e intentó liquidar el incipiente sector electrónico mediante la eliminación de la protección arancelaria y el retiro del apoyo estatal. La India adhirió al Acuerdo sobre Tecnología de la Información de la OMC en 1997, que eliminó los aranceles sobre una serie de productos electrónicos, eliminando el margen de maniobra necesario para desarrollar una industria local competitiva. En lugar de invertir en capacidades de fabricación en el sector electrónico, los sucesivos gobiernos promovieron un modelo orientado a la exportación centrado en servicios de tecnología de la información (TI) de baja y media calificación y en la prestación de servicios administrativos para empresas occidentales. Este enfoque atrofió el desarrollo tecnológico a largo plazo de la industria electrónica. Las consecuencias son evidentes: en la actualidad, la India importa el 80% de su hardware de TI, el 70% de sus componentes electrónicos (el 62% de China) y el 90% de sus equipos de telecomunicaciones (Indo-Asian News Service, 2023; Mallick y Aryan, 2024; Barik, 2024). Incluso los productos electrónicos ensamblados localmente dependen de componentes importados, con escaso valor agregado local. La iniciativa temprana del país en el sector público de la electrónica fue desperdiciada, y la India es ahora en gran medida tecnológicamente dependiente.6
Lo que se hizo con el sector electrónico de la India se ha repetido en otros sectores, con el gobierno descuidando o liquidando los bienes de capital y las industrias pesadas de propiedad estatal, áreas en las que el gran capital indio sigue sin estar dispuesto a invertir, pero que son no obstante esenciales para el avance tecnológico.
Gigi Scaria, Post Land [Tierra de postes], 2008.
Conservadurismo fiscal
Un factor clave en la crisis que rodea a la economía india, ya sea en los cimientos inestables de su crecimiento o en los problemas de la industria manufacturera, es el conservadurismo fiscal introducido por la era neoliberal. La búsqueda de la India del capital financiero internacional y los flujos de inversión asociados significó que los gobiernos indios no podían expandir significativamente el gasto en infraestructura ni proporcionar un apoyo adecuado a la industria sin arriesgarse a que esos flujos se agotaran. En 2003, para apaciguar al capital financiero internacional, la India promulgó la Ley de Responsabilidad Fiscal y Gestión Presupuestaria(FRBM por su sigla en inglés), que limitaba el déficit fiscal al 3% del PIB (Chakraborty y Chakraborty, 2018). Aunque este límite habitualmente se incumplía, sirvió como un punto de referencia utilizado para rechazar cualquier gasto estatal destinado a apoyar la industria nacional, el sector público o la agricultura. Los gobiernos han vendido regularmente participaciones en empresas rentables del sector público y han desviado fondos invertibles para cubrir gastos presupuestarios, incluso cuando los impuestos sobre las ganancias de las empresas se han reducido constantemente. Esto ha dejado a las empresas del sector público con una grave escasez de fondos para su expansión y modernización tecnológica. A pesar de disponer de abundantes fondos, las empresas privadas indias han mostrado poco interés en invertir en investigación y desarrollo, mientras que a las empresas del sector público se les ha privado de los medios para hacerlo. Como resultado, la producción industrial india sigue siendo muy dependiente de tecnologías importadas.
Inversión extranjera directa
Desde la liberalización en 1991, el gobierno indio ha desmantelado progresivamente las barreras al capital extranjero tanto en la industria como en las finanzas. Hoy, excepto en sectores como el juego, la energía atómica y los ferrocarriles, donde incluso las empresas privadas indias tienen prohibida la entrada, la IED está permitida en casi todas las áreas, a menudo con participación extranjera total. La India también ha suavizado las restricciones de la cuenta de capital, facilitando la entrada de grandes cantidades de financiamiento especulativo a corto plazo. Los datos oficiales muestran que, en promedio, alrededor del 30% de las entradas totales de inversión extranjera desde el año 2000 han procedido de inversiones de cartera extranjeras (ICE) volátiles. Incluso dentro de lo que se clasifica como IED, una parte considerable consiste en capital especulativo, ya que la amplia definición de IED de la India posterior al 2000 incluye las carteras que superan una participación del 10% del capital social de una empresa india.7
Si bien la inversión extranjera se promovió oficialmente como un medio para avanzar en la industrialización, la modernización tecnológica y el crecimiento de las exportaciones, estas promesas han permanecido en gran medida incumplidas. En la práctica, el capital extranjero ha servido principalmente para financiar el patrón de crecimiento intensivo en importaciones posterior a la liberalización, reforzando así la erosión de la industria nacional.
Esta eliminación de barreras vino acompañada de pocas regulaciones o directrices. El Estado indio no garantizó, por ejemplo, que la IED en las empresas nacionales estuviera condicionada a la transferencia y vinculación de tecnología, al abastecimiento local y el desarrollo descendente industrial, la inversión en I+D nacional o los límites a la repatriación de regalías. Los tímidos intentos de introducir algunas de estas directrices se abandonaron ante la más mínima presión del capital extranjero.
En consecuencia, la IED ha contribuido poco al avance tecnológico en la industria india, con empresas extranjeras estableciendo pocas instalaciones de I+D dentro del país. Las empresas de propiedad extranjera en la India siguen dependiendo en gran medida de las importaciones: sus importaciones superan a sus exportaciones, lo que debilita los vínculos industriales nacionales y refuerza el proceso de desindustrialización de la economía india.
Si bien la inversión extranjera no ha logrado entregar los beneficios prometidos, las grandes entradas de divisas inyectaron una liquidez sustancial en el sistema financiero indio, ampliando los pasivos de los bancos y obligándoles a buscar nuevas vías para la expansión del crédito. Esto ha dado lugar a un crecimiento inducido por el crédito e intensivo en importaciones, caracterizado por el consumo impulsado por las élites y la concentración del capital en manos de grupos monopolísticos nacionales a expensas de los bancos del sector público.
Al mismo tiempo, la inversión extranjera aumentó cada vez más la carga externa, ya que las empresas extranjeras importaban más de lo que exportaban y remitían cantidades crecientes al extranjero mediante pagos de regalías y repatriación de ganancias. En 2024, por cada US$ 100 de entrada bruta de inversión (IED e ICE combinadas), se sacaban US$ 50 en forma de ingresos por inversiones. Si se excluyen las ganancias reinvertidas, que no aportan divisas frescas, el desequilibrio es aún más marcado: se sacaron US$ 66 por cada US$ 100 de entrada neta. En los últimos años, estas salidas de ingresos a menudo han superado el déficit total de la cuenta corriente. En 2024, los ingresos por inversiones repatriados triplicaron el déficit en cuenta corriente. A medida que las repatriaciones aumentan, la cuenta externa de la India se vuelve cada vez más frágil, lo que prepara el terreno para un estrés más profundo en la balanza de pagos en los años venideros. En un atisbo de ese futuro, en 2023 se retiraron US$ 116 de la economía india en forma de ingresos por inversiones por cada US$ 100 de entradas de inversión extranjera en el país (Reserve Bank of India, 2025).
La liquidez generada por las entradas de capital alimentó una expansión basada en el crédito y las importaciones y provocó grandes déficits comerciales. Estos déficits a su vez hicieron necesarios nuevas entradas de capital extranjero, lo que agravó la fuga de divisas y creó un ciclo autosuficiente de dependencia cada vez mayor de los flujos financieros externos para gestionar la balanza de pagos de la India.
Un modelo de crecimiento donde el crecimiento industrial es secundario
En la trayectoria neoliberal de la India, con sus cuatro principios fundamentales, el crecimiento industrial ha sido secundario más que central para el modelo de crecimiento. En lugar de basarse en la planificación industrial, los sucesivos gobiernos han confiado en el crédito bancario (junto con las exportaciones de servicios) como motor del crecimiento, tanto para impulsar la demanda como para financiar la infraestructura industrial. En contraste, desde la independencia hasta 1991, el crédito institucional en la India se canalizaba en gran medida hacia la agricultura, la industria y el comercio dentro del marco más amplio de la planificación económica, con un papel marginal del crédito al consumo.
Desde 1991, el crédito al consumo ha mostrado una clara tendencia al alza, con el sector bancario, especialmente los bancos privados, redirigiendo progresivamente los préstamos hacia créditos hipotecarios, préstamos para la compra de vehículos, bienes de consumo duraderos y tarjetas de crédito. La proporción de los préstamos personales en el crédito bancario aumentó del 9,4% en 1990 al 25,2% en 2005, alcanzando el 32,4% en 2024 (Mujumdar, 2007; Asian News International, 2024).
En consecuencia, el crédito, particularmente para la compra de viviendas y automóviles, ha sido considerado un importante motor de crecimiento. La expansión del crédito hipotecario resultó en un aumento de la participación de la construcción en el PIB.
Del mismo modo, la expansión del crédito al consumo para la compra de automóviles distorsionó la estructura de la industria manufacturera a favor de los automóviles y generó patrones de transporte cada vez más dependientes del automóvil, agravando las limitaciones de infraestructura de la India.
El financiamiento de vehículos, junto con la fuerte presencia del gran capital en la producción de automóviles, ha profundizado el sesgo del Estado hacia el transporte privado y la construcción de carreteras, lo que ha resultado en que la India desarrolle la segunda red vial más grande del mundo, que pronto superará a la de Estados Unidos (Indo-Asian News Service, 2025). A pesar de tener un tercio de la superficie terrestre de China, la India tiene una red vial que ya es 2 millones de kilómetros más larga. La construcción de carreteras se ha acelerado en la última década, particularmente para autopistas y vías expresas. Uno de los problemas con esta expansión es que está limitada por las dificultades para la adquisición de terrenos. La alta densidad de población y la gran dependencia de la agricultura hacen que la adquisición de terrenos sea un tema políticamente sensible y socialmente conflictivo. El campesinado, dependiente de la tierra como su principal activo, a menudo resiste la expropiación. Como resultado, la adquisición de terrenos es lenta, costosa y frecuentemente controvertida, lo que crea cuellos de botella en el sistema logístico dominado por las carreteras.
Por otra parte, el hecho que el sistema de fabricación de medios de transporte dependa de los automóviles (incluidos los camiones) ha provocado un aumento de las importaciones de combustible, y más del 40% de los productos derivados del petróleo son consumidos por el sector del transporte (Gobierno de la India, 2014). Esto ha tenido un impacto negativo en el déficit comercial y no ha contribuido a la industrialización.
El cambio hacia el desarrollo del transporte por carretera ha debilitado el ecosistema industrial en general. Se estima que los costos de logística de la India son dos o tres veces más altos que los de China, debido en gran medida a la grave falta de inversión en infraestructura ferroviaria. El transporte ferroviario, que es más barato, requiere menos terreno, es más eficiente desde el punto de vista energético y se adapta mejor a las condiciones de la India, ha sido deliberadamente socavado en favor del transporte por carretera.
La falta de inversión en ferrocarriles se ha traducido en un deterioro de la calidad y la velocidad del transporte ferroviario: los trenes de pasajeros convencionales en la India tienen una velocidad media de 42 km/h, mientras que en China circulan a 86 km/h (la velocidad media de los trenes de mercancías en la India es de 25 km/h. En China circulan a 42 km/h).
El sistema de transporte financiado con crédito y basado en el automóvil ha provocado altos costos logísticos y tiempos de transporte lentos, lo que ha aumentado los costos de producción y ha socavado la competitividad de la industria manufacturera india en el marco del comercio liberalizado.
Gigi Scaria, Hesitant Attempt [Intento vacilante], 2018.
Inversión impulsada por el crédito y activos improductivos
No todo el crecimiento neoliberal de la India ha sido impulsado por el consumo. Entre 2004 y 2010, cuando el país experimentó un alto crecimiento del PIB, la expansión se sustentó no solo en el consumo, sino también en la inversión impulsada por el crédito bancario, alimentada por un exceso de liquidez creado por las entradas de capital extranjero. Con el sistema bancario saturado de liquidez, los bancos privados ampliaron el crédito minorista, mientras que los bancos del sector público canalizaron grandes préstamos a empresas para proyectos de infraestructura en los sectores inmobiliario, energético y siderúrgico, reforzando el crecimiento liderado por la inversión.
Este auge del crédito apoyó el crecimiento liderado por la inversión, pero incubó una crisis seria. La desalineación entre los largos períodos de gestación de estos proyectos y la naturaleza a corto plazo de los pasivos bancarios, combinada con la impunidad de las empresas y la supervisión deficiente, resultó desastrosa. Los bancos comerciales, mal equipados para evaluar y gestionar este tipo de proyectos, que deberían haber sido financiados por bancos de desarrollo, fueron empujados por el gobierno a conceder préstamos a proyectos de infraestructura de propiedad privada. El resultado fue una acumulación masiva de activos improductivos (AI), que alcanzó su punto máximo en US$ 82.300 millones en bancos del sector público, mientras que los activos físicos creados a través de estos préstamos pasaron a manos del gran capital indio a un costo mínimo, mediante el proceso de resolución de la crisis de los AI (Economic Times, 2018).
La naturaleza del crecimiento neoliberal en este período, significó que la anarquía del mercado determinara tanto la dirección como la estructura de la industria manufacturera india. La interacción de los intereses del capital nacional, las preferencias crediticias del sistema bancario y los patrones de consumo de la élite, operando dentro de un régimen de libre comercio global y flujos financieros sin restricciones, acabó por moldear la trayectoria de la industria india, sea hacia el crecimiento o hacia el declive.
Déficits comerciales y desindustrialización: dos caras de la misma moneda
La dependencia de bienes manufacturados importados, el combustible y financiamiento importados ha significado que la India ha tenido un déficit en cuenta corriente en casi todos los años, excepto durante el colapso temporal del comercio global en la pandemia de COVID-19. Los únicos períodos en los que el déficit en cuenta corriente se reduce son los de contracción económica. El déficit comercial de mercancías se situó en el 2% del PIB en 1991 y desde entonces ha aumentado al 7%, alcanzando un máximo del 10% en 2011 (Reserve Bank of India, s.f.). Los productos derivados del petróleo representan la mitad del déficit comercial. El déficit en cuenta corriente se ha mantenido más bajo que el déficit comercial de mercancías, solo debido al superávit en la exportación de servicios y la entrada de remesas de trabajadoras y trabajadores indios. Estas remesas han proporcionado el colchón para los déficits comerciales peligrosamente elevados que genera el modelo de crecimiento neoliberal de la India. Sin embargo, ni la exportación de servicios ni las remesas pueden contrarrestar la erosión de la capacidad industrial nacional de la India.
Desindustrialización
Durante mucho tiempo, los debates sobre la economía política de la India han utilizado el término “desindustrialización” para describir el declive de la artesanía no agrícola y las industrias tradicionales bajo el dominio británico, que desplazó a millones de personas de sus ocupaciones habituales y las sumió en la pobreza y el hambre.
Casi ocho décadas después de la independencia, una vez más el término desindustrialización está en circulación, esta vez para describir la trayectoria de la economía india bajo la liberalización, cuyos efectos se han vuelto inconfundibles en la última década. La tendencia subyacente hacia la desindustrialización, que se ocultó durante los períodos de alto crecimiento impulsado por el crédito, se ha manifestado plenamente en los últimos años, coincidiendo con el mandato del gobierno de Modi.
La participación de la manufactura en el PIB cayó del 18,9% en 2008 al 14,3% en 2023, un nivel que no se veía desde hacía más de 60 años, en la etapa inicial de la industrialización de la India. Dada la probable sobreestimación de la producción manufacturera en la nueva serie del PIB con el nuevo año base, la participación real puede ser incluso más baja de lo que sugieren las cifras oficiales. El Índice de Producción Industrial (IPI) refuerza esta imagen: la tasa de crecimiento anual promedio de la producción manufacturera medida por el IPI fue de solo el 3,3% de 2011-2012 a 2024-2025, mientras que fue del 10,1% de 2003-2004 a 2010-2011. Esta desaceleración en la industria manufacturera es evidente si se analiza a largo plazo. La tasa de crecimiento anual promedio del componente de manufactura del IPI fue del 7,5% de 1981-1982 a 1989-1990, del 8,0% de 1991-1992 a 1996-1997 y del 5,4% de 1997-1998 a 2002-2003 (Reserve Bank of India, 2025; Mazumdar, 2025: 6). De hecho, desde 2011, el crecimiento ha sido más bajo que en cualquier período comparable de las últimas tres décadas. La India ahora parece estar ahora en riesgo de una mayor desindustrialización.
El sector servicios: un pobre sustituto de la industria
El declive relativo de la industria manufacturera en los últimos 15 años ha reforzado los profundos desequilibrios estructurales de la economía india. Hoy, la mayor parte del PIB de la India proviene del sector servicios.
Después de 1947, la recién independizada República de la India emprendió un camino de desarrollo centrado en la construcción de una sólida base industrial. En 1951, al inicio del primer plan quinquenal, la industria manufacturera representaba el 12% del PIB, mientras que los servicios se situaban en el 36%. En 1990, estas cifras aumentaron al 19% para la industria y al 41% para los servicios. Esa vía de desarrollo hacia la industrialización fue abandonada en 1991, cuando el gobierno indio decidió liberalizar o más correctamente neoliberalizar, la economía india y orientarla más hacia los servicios.
Desde 1991, la participación de la industria manufacturera descendió al 14%, mientras que la de los servicios aumentó al 48% en 2008 y luego al 55% en 2024. Si bien el gobierno del BJP bajo Modi exacerbó los problemas de la industria manufacturera india, las bases para su debilitamiento las asentaron los sucesivos gobiernos que siguieron la vía neoliberal iniciada en 1991.
A diferencia de la industria manufacturera, que fortalece la base tecnológica y apoya el crecimiento de los salarios reales, la expansión de los servicios no necesariamente genera efectos similares. Un fuerte sector manufacturero puede mejorar las capacidades de los servicios en áreas como transporte, telecomunicaciones y TI, pero cuando los servicios predominan junto con una base industrial débil, dependen en gran medida de maquinaria importada y tecnologías extranjeras, como es el caso en la India.
El sector servicios en la India, por supuesto, es una categoría amplia que no se presta a una generalización fácil. No obstante, existe una clara dicotomía. Por un lado, hay una serie de servicios, de naturaleza muy variada pero similares en su informalidad, que proporcionan empleos de bajos salarios, inseguros y en gran medida no regulados, caracterizados por una baja productividad. La clase trabajadora en estas actividades a menudo se mueve entre áreas rurales y urbanas y entre empleo agrícola y de servicios, dependiendo de la disponibilidad de trabajo. Estos sectores actúan efectivamente como un refugio para el excedente de mano de obra de la agricultura, expulsada por el estancamiento del empleo agrario y atraída a los servicios debido a la incapacidad del sector manufacturero, especialmente en el contexto de la desindustrialización, para absorber la creciente fuerza laboral. Desde 2017-2018, la participación de esta industria en el empleo total ha disminuido.
El comercio minorista y el transporte son dos de esos sectores. Pero incluso en estas áreas, el empleo abarca un amplio espectro. Por ejemplo, en el comercio minorista incluye a pequeñas y pequeños comerciantes, vendedorxs ambulantes, trabajadorxs en negocios kirana [de barrio] y ayudantes en mercados mayoristas, mientras que en el transporte se incluye a conductorxs de automóviles y taxis, conductorxs de camiones, cargadores, cobradorxs de autobuses y trabajadorxs en manejo de carga y logística. El comercio minorista representa el 12,2% del empleo total y el transporte alrededor del 5,6% y contribuyen con participaciones aproximadamente similares al PIB (Gobierno de la India, 2024: 15-16).
Estas actividades a menudo se describen como parte del “sector informal” más que del “sector servicios”, un término típicamente reservado para los servicios modernos de TI, finanzas y otros que forman el otro lado de esta dicotomía. Ambos segmentos de la economía de servicios han experimentado tasas de crecimiento consistentemente altas durante las últimas tres décadas y media. Los sectores de TI y finanzas representan participaciones significativas del PIB, a pesar de ser altamente intensivos en capital y ofrecer un empleo limitado. A principios de la década de 1990, la contribución del sector de TI al ingreso nacional era insignificante (alrededor del 0,1% del PIB), y su participación en el empleo era aún menor. En 2024, esta industria predominantemente orientada a la exportación se ha expandido rápidamente para representar el 7,5% del PIB mientras emplea solo al 1% de la fuerza laboral (India Brand Equity Foundation, 2025).
Los servicios financieros siguieron una trayectoria similar, duplicando su participación en el PIB del 3% en 1990 al 6% en 2004 y manteniendo su participación en el empleo por debajo del 1 %.8
En conjunto, los sectores de TI y servicios financieros representan el 13,5% del PIB, lo cual es comparable al del sector manufacturero, pero contribuyen con menos del 2% al empleo, mientras que la industria manufacturera contribuye con el 11,4%9. En la economía no agrícola, la manufactura comprende el 17% del PIB y el 20% del empleo, mientras que los sectores de TI y servicios financieros (ambos altamente intensivos en capital) contribuyen con el 16,5% del PIB no agrícola y solo el 3,5% del empleo. El pequeño número de empleos bien remunerados que generan estos dos sectores tiene débiles efectos multiplicadores en la economía nacional, dados los patrones de consumo intensivos en importaciones de este segmento de la fuerza laboral.
Esta aguda divergencia subraya la débil absorción de mano de obra de las TI y las finanzas, los sectores más dinámicos de la India, e ilustra las consecuencias de desarrollar un sector de servicios de alta tecnología a expensas de la manufactura. Una de las razones por las que la India ha liberalizado completamente el comercio en productos electrónicos, una de las ramas más dinámicas y estratégicas de la industria manufacturera en la economía mundial contemporánea, a diferencia del sector automotriz, que todavía disfruta de una considerable protección arancelaria, es que dicha liberalización apoya ostensiblemente a los sectores de servicios de alta tecnología que exportan principalmente a Occidente, en particular a Estados Unidos. La consecuencia ha sido la desindustrialización, junto con la continua dependencia de la agricultura de casi la mitad de la fuerza laboral de la India.
Con una participación del 18% en el PIB, la agricultura emplea actualmente al 46% de la fuerza laboral de la India. A pesar de representar más del 50% del PIB, el sector servicios empleaba solo alrededor del 30% de la fuerza laboral en 2023-2024, lo que destaca su bajo nivel de absorción de mano de obra. La industria manufacturera, que en el momento de la independencia se concebía como una actividad que atraería a una gran parte de la población del sector agrícola, ahora contribuye con alrededor del 14 % de la producción y apenas proporciona el 11 % del empleo total (Gobierno de la India, 2024: 15-16; 2025a; 2025b).
Gigi Scaria, Settlement [Asentamiento], 2010.
En la versión india del desarrollo neoliberal, la industria manufacturera ha sido sacrificada para permitir la exportación de servicios de mano de obra cualificada y servicios a los mercados occidentales, con la esperanza de que estos ingresos compensen el aumento de las importaciones y la falta de un sector manufacturero robusto. Esto se ha traducido en sacrificar las capacidades industriales y tecnológicas a largo plazo de la India por fuentes de divisas frágiles y dependientes del exterior, lo que en última instancia ha socavado la soberanía económica y tecnológica del país, para la que un fuerte sector manufacturero es esencial.
Las consecuencias humanas de la desindustrialización
La India tiene una población juvenil, el llamado “dividendo demográfico” que podría haber sido la base para construir una economía industrial moderna y compartir los beneficios del progreso tecnológico. Deberían tener mejores niveles de vida y empleo seguro, permitiendo una vida equilibrada entre trabajo, descanso y ocio. A pesar de todo el bombo publicitario sobre la India como gran potencia económica, sigue siendo una economía subdesarrollada donde una gran parte de los ingresos de la clase trabajadora se destina al consumo básico como la alimentación, y donde la juventud tiene empleos precarios con futuros inciertos.
La India está desperdiciando la juventud de su fuerza laboral en empleos de supervivencia con salarios estancados. Ha visto un fuerte descenso en el número de personas dependientes, niñxs y adultas mayores, en relación con la población en edad de trabajar: del 83% en 1966 al 47% en 2024 (Banco Mundial, s.f.). Esto permitió cierta reducción de la pobreza extrema, pero con un impacto limitado. Sin embargo, dado que se prevé que la proporción comience a aumentar de nuevo después de 2041, el espacio para la transformación estructural de la India está destinado a estrecharse (Kapil, 2021). El crecimiento industrial, que debería haber absorbido el excedente de mano de obra e impulsado la productividad y el avance tecnológico, parece haber llegado a un callejón sin salida dentro del modelo actual de crecimiento económico.
El camino a seguir
Si la India quiere salir definitivamente de la trampa del subdesarrollo en la que se encuentra actualmente es absolutamente necesario situar la industrialización en el centro de la política económica. Hay muy pocos argumentos en contra. La importancia de la industrialización y los límites de una expansión económica basada en los servicios se han hecho evidentes incluso para lxs defensorxs del neoliberalismo en la India. Esto se refleja en la constante invocación de Modi de programas para promover la manufactura, incluso cuando su gobierno adhiere a los principios neoliberales con más fervor que cualquiera de sus predecesores, ya sea mediante el desmantelamiento del sector público, la eliminación de las barreras restantes al capital extranjero, la promoción de infraestructuras impulsadas por la industria automotriz y generosas exenciones fiscales y subsidios al sector empresarial con el pretexto de estimular la inversión. Si bien el gobierno de Modi ha aumentado moderadamente los aranceles sobre algunos productos manufacturados, el marco general de liberalización comercial permanece intacto. Como era de esperar, estas medidas han producido poca consecuencia en términos de expansión de la industria manufacturera. La desindustrialización de la economía india parece estar en curso.
Es evidente que para cualquier revitalización del programa industrial de la India es esencial una ruptura decisiva con los principios neoliberales que guían actualmente la política económica . Sin embargo, el largo período de liberalización ha creado dinámicas estructurales que hacen que cualquier alejamiento del neoliberalismo sea un desafío político formidable.
Esta era agravó las restricciones preexistentes discutidas anteriormente, aquellas que limitaban la industrialización incluso antes de la liberalización, y profundizó el proceso de desindustrialización. Las desigualdades que restringen el mercado interno se han multiplicado, mientras que la importancia de la gran burguesía india ha crecido enormemente, junto con su influencia sobre el Estado y su capacidad para moldear la política. Considerado el período desde la independencia, esta clase se encuentra actualmente en la cima de su poder, acumularon una riqueza significativa mientras la mayoría de la población solo ha obtenido ganancias marginales.
Los vastos complejos industriales de estos conglomerados indios en sectores como el automotriz, petroquímico, energético, siderúrgico y de telecomunicaciones se construyeron y operaron en gran medida utilizando maquinaria y tecnología importadas, aprovechando la liberalización del comercio. Su expansión se financió con capital barato disponible a través de altas valoraciones bursátiles y se mantuvo gracias a las grandes entradas de inversión de cartera en los mercados de valores indios. La gran burguesía india estableció una relación funcional con el capital extranjero, preservando sus intereses inmediatos y manejando cualquier conflicto mediante una combinación de acomodación y rechazo. Incluso cuando las empresas extranjeras desplazaron al sector público y marginaron a lxs pequeños productorxs locales en sectores clave, los grandes conglomerados de la India retuvieron y expandieron su posición. Aprovecharon su tamaño, su solidez financiera y su capacidad para influir en la política estatal para consolidar su dominio.
Por consiguiente, quedaron atrás los días en que la burguesía india negociaba con la clase terrateniente como un socio en igualdad de condiciones. Aunque la antigua clase terrateniente abarca hoy en día tanto zonas rurales como urbanas, agrícolas y no agrícolas, sigue formando parte de la élite india y comparte intereses de clase comunes con la gran burguesía. El timón de la política estatal está ahora mucho más firmemente en manos de la gran burguesía india, formada por poderosas empresas familiares, a pesar de algunos reveses ocasionales, como la oposición exitosa de las clases campesinas y terratenientes a las leyes agrícolas del gobierno de Modi.
Hoy, la gran burguesía está menos alineada con la clase terrateniente y más con el capital extranjero. El pacto entre la burguesía india y el capital extranjero, en gran parte occidental, ha acelerado la erosión de la independencia económica de la India y profundizado su dependencia de Occidente tanto para la inversión como en la alineación política.
Desinteresadas en desarrollar tecnologías a través de la inversión nacional en I+D, estas empresas buscan asociaciones con el capital occidental, en particular estadounidense, para expandir su presencia en nuevas áreas de manufactura. Esperan aprovechar las oportunidades creadas por la determinación del Estado estadounidense de reorientar las cadenas globales de suministro lejos de China.
Cada vez más, las empresas indias intentan colaborar con empresas occidentales en áreas como el sector de defensa, la electrónica y los sistemas de pago.
A pesar de sus planes, los intereses de esta clase son contrarios a la industrialización de la India. El espectáculo que rodeó las negociaciones comerciales entre la India y Estados Unidos bajo el mandato de Trump puso de manifiesto los límites de depender de la colaboración con Occidente para el desarrollo industrial. Incluso si se materializara un acuerdo comercial favorable con Estados Unidos, el resultado apenas variaría. Si la primera fase del neoliberalismo ha fracasado, su segunda iteración, el “neoliberalismo 2.0”, está igualmente condenada al fracaso por las mismas razones que paralizaron la industrialización en el período anterior a la liberalización: la profunda desigualdad y la falta de poder adquisitivo de las masas. Estos mismos problemas no han hecho más que intensificarse con la liberalización, ahora a una escala exponencialmente mayor. Hoy en día, la desigualdad ha alcanzado tal extremo que una persona debe estar entre el 11 % superior de la distribución de ingresos de la India para ganar el ingreso medio nacional. En otras palabras, el 89 % de las personas adultas ganan menos que este promedio nacional. La desigualdad de riqueza es aún más marcada: el 1 % más rico posee el 40,1 % de la riqueza total, la mayor concentración a nivel mundial. Dentro de este grupo, la desigualdad es aún mayor, ya que solo 162 personas poseen el 24,6 % de la riqueza del país en 2022. (Bharti et al., 2024: 1,3,44,77).
Atrás quedaron los días en que la reforma agraria por sí sola podía crear un mercado masivo al poner el poder adquisitivo en manos de una amplia población. Aunque la gran desigualdad en la propiedad de la tierra sigue siendo una realidad, el enorme crecimiento de la población y la fragmentación generalizada de la tierra significan que, si bien la reforma agraria todavía tiene margen de maniobra, ya no puede poner suficiente tierra en manos de la fuerza laboral de la India.
La época posterior a la independencia, cuando la gran burguesía india compartía con la clase trabajadora y el campesinado un interés común por el desarrollo industrial y tecnológico liderado por el Estado, hace tiempo que pasó. Ya no hay ningún terreno común. La burguesía india, que antes recelaba del capital internacional, ahora se ha ido acercando poco a poco hacia una asociación con él.
Por lo tanto, cualquier desviación de la trayectoria neoliberal, hacia la expansión del mercado indio y la reducción de la desigualdad, exige que la clase trabajadora se enfrente a la gran burguesía del país y a sus socios, sea cual sea la forma que adopte esta alianza. sin embargo, en la actualidad, bajo el estupor de la hiper-religiosidad y el yugo de la política religiosa fascista, financiada por esa misma gran burguesía, el pueblo indio tiene un largo camino por recorrer antes de poder enfrentar a esta poderosa clase.
No obstante, la actual inestabilidad del orden económico mundial y la incertidumbre que genera para el capital indio crean oportunidades para que la izquierda india revitalice su presencia política y oriente el discurso de la política económica hacia un desarrollo nacional autónomo.
Gigi Scaria, Human Pull [Tirón humano], 2018.
Notas
1 A menos que se indique lo contrario, todas las cifras del PIB en este dossier —incluidas las participaciones sectoriales— son cálculos de lxs autorxs basadxs en las Estadísticas de Cuentas Nacionales (NAS) de la India, serie 2011-2012 y serie retrospectiva correspondiente (precios corrientes) (Gobierno de la India (MoSPI), 2025c).
2 Entre 1990 y 1996, los aranceles promedio sobre productos agrícolas cayeron del 82% al 39%, mientras que los de los productos manufacturados descendieron del 51% al 40% (Pillai, 2007; Athreya, 2013; Sainath, 1996).
3 El gobierno redujo los aranceles a los productos manufacturados del 33,3% en 2000 al 9% en 2008. (Kumar y Dhar, 2020).
4 Por ejemplo, la intensidad de importación de las exportaciones manufactureras de la India aumentó del 12,89% en 1993-1994 al 24,04% en 2003-2004 y al 51% en 2013-2014 (Mahua y Kumar, 2020).
5 Esta erosión se refleja en la disminución del peso de los bienes de capital e intermedios en el Índice de Producción Industrial (IPI) del 35,5% en 1993-1994 al 29,63% en 2011-2012. (Reserve Bank of India, 2025).
6 Hoy, las exportaciones representan el 79% de los ingresos de la industria de TI india, mientras que el sector sigue siendo totalmente dependiente del hardware importado (Gobierno de la India. Ministerio de Comercio e Industria, 2019).
7 Sobre la adopción por parte de la India del umbral del 10 % de los derechos de voto y la consiguiente difuminación entre la inversión directa y la inversión de cartera, véase Rao y Dhar, 2011. Para la definición oficial actual de IED, véase Gobierno de la India, 2020.
8 Si utilizamos la estimación de Business Standard de 2 millones de trabajadores en el sector bancario y de seguros como aproximación al sector financiero, incluso un ajuste al alza generoso situaría el empleo total del sector financiero muy por debajo del 1 % de la población activa de la India. (Kant, 2024)
9 Las cuotas de empleo son cálculos de lxs autores con base en Gobierno de la India, 2024. Las cifras sectoriales son de Gobierno de la India, 2022.
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